ԐTú y yoЗ

Eren suspira subiendo demasiado los hombros para después dejarlos caer de manera brusca. No me mira en ningún momento, se mira los dedos de las manos.

En realidad, desde que nos conocimos pocas veces hemos hecho contacto visual, él no mira a la gente a la cara, siempre lo hace como si viera atrás de ti u otro punto de la cara, nunca directamente. Pero en esta ocasión es como si lo evitara a toda costa.

Ya lo sabe, obviamente, pero aun así tengo que volver a repetírselo, como si las noticias no fueran ya demasiado malas por sí mismas.

—Te quiero ¿Lo sabes, ¿no? —digo, eso atrae su atención.

—Si. —responde, parece que le han arrancado las palabras de la boca. —Yo también te quiero.

—Los resultados de la universidad llegaron y fueron positivos, fui aceptado. —suelto.

—Felicidades. Yo sabía que así iba a ser. —estira los labios en una sonrisa amable pero extraña.

—Pero voy a tener que irme a Australia por al menos un año, por un proyecto de la escuela.

—Tengo un regalo en mi habitación, le dije a mamá que como sabía que te quedarías debía comprarlo con anticipación. — desvía la mirada hacia el cielo, como si buscará cambiar el tema.

—Mi vuelo sale en unos días. —prosigo.

Frunce el ceño al ver que lo he ignorado de manera olímpica. Sin embargo, por extraño que parezca no repite lo que ya ha dicho. Así que eso hace que yo tenga razón y solo lo ha dicho al azar.

No dice nada, mira sus manos, mueve los dedos como si estuviera tejiendo algo, sus labios se mueven sin despegarse demasiado. Me pregunto qué es lo que está pensando, que es lo que se maquila en esa mente suya. No hago que hable o que me diga lo que hay allí dentro, espero, al menos si es que quiere hablar, lo cual me genera a mi algo de ansiedad por esperar.

Tiene el cabello despeinado, disparado en muchas direcciones, otra vez está algo largo, supongo que ha tenido otra batalla con su madre para poder cortárselo. Su piel está ligeramente pálida, haciendo que sus pecas resalten un poco con la iluminación blanca del lugar, siempre me han causado una infinidad de cosas esos detalles en su nariz y mejillas, no siempre se notan como ahora, son como una sorpresa cuando te acercas demasiado. Tiene los labios resecos, posiblemente se los ha estado mordiendo porque hay rastros de sangre en ellos. Sus pestañas siempre me han parecido bastante largas, curvas y con una capacidad impresionante para no enredarse entre ellas cada que parpadea, aparte de que sirven como una castaña cortina para cubrir sus grandes ojos de esmeralda. Otra de esas curiosidades que hay en su rostro, a simple vista son de un verde brillante, pero hay veces en las que se notan de un gris metálico, otras veces de un dorado brillante y también de un color cobre deslumbrante.

Tiene mejillas rellenas de color rosa pálido y labios abultados en forma de corazón, un cuerpo esbelto, pero algo flácido, dedos largos con uñas rotas, un andar torpe, rodillas nudosas. Una mente brillante pero también algo infantil, un vocabulario amplio, pero también algo torpe, es desesperado, ansioso, apasionado, intenso, agresivo, sin filtros, tierno y bobo, siempre dice la verdad, incapaz de mentir, más informado que la mayoría de la gente, pero inocente en algunos casos.

Y lo quiero tanto.

Puede ser mil cosas y al mismo tiempo ninguna, odia el color amarillo y armaría una guerra por ello, detesta las colillas de cigarro, pero le gusta la playa y el color azul. Está obsesionado con los dragones, la música, los besos y los motes. Hace las mejores batallas de soldaditos de juguete y también los mejores momentos de mi vida.

—¿Vas a terminar conmigo?

Escuchar su voz me saca de mí mismo, un poco atolondrado, no sé cuánto tiempo llevo aquí.

—¿Cómo? —pregunto algo torpe.

—Si te vas a ir, terminarás conmigo. ¿No? —repite.

—No voy a irme por siempre, solo será un tiempo. Después estaré de vuelta.

—Conocerás a más gente y puede que alguien más te guste. —aprieta los labios disgustados.

—¿Tú quieres terminar conmigo? —pregunto en su lugar.

—Yo no me voy a ir a ningún lado. —hace un puchero extraño.

—¿Tú quieres terminar conmigo? —repito.

—Por supuesto que no. —frunce la nariz, recordándome a un conejo.

—Entonces está bien, porque yo tampoco quiero terminar contigo. Me iré y volveré, el tiempo pasa muy rápido después de todo. ¿Me esperarás?

—Bien, te esperaré. —deja salir el aire. —Más te vale no engañarme con alguien, porque estaré muy molesto.

No sé si son los nervios, pero que diga eso me hace reír.

—Deberías dejar de ver telenovelas con tu mamá.

Volvemos a quedarnos en silencio, como si de repente no tuviéramos más que decir.

Su rostro es neutro, como siempre, igual que el día que lo conocí, sin expresión alguna, pareciera que no le importa lo que le he dicho o que simplemente está aburrido sobre ello. Sin embargo, sé que está pensando mucho sobre ello, porque siempre piensa demasiado. Es malo demostrando sus emociones, no sé si sea algo bueno o no, ser una máscara fría por fuera y ser un caos completo por dentro.

De repente, sus hombros tiemblan ligeramente, como si tuviera frío, aun cuando hace calor, es una noche fresca definitivamente no tanto como para sentir frío. Su rostro permanece en esa expresión tan suya, a excepción de un par de lágrimas que salen de sus ojos brillantes. Al inicio pienso que son lágrimas por resequedad o algún tipo de basurita, incluso pienso en levantarme para ver qué sucede, pero esas dos lágrimas de convierten en cuatro, en ocho, dieciséis, treinta y dos...

Está llorando.

Sus labios también tiemblan, los separa para poder respirar porque de repente se vuelve como un sismo humano, todo su cuerpo vibra quedamente.

Veo en su mirada que no sabe que está pasando, no tiene idea de que es lo que sucede con él en este momento.

—Eren. —dejo salir, sorprendido.

Aun puedo escuchar lo que una vez dijo, que era incapaz de llorar. Pero ahora lo está haciendo. Entonces ¿Cómo?

Niega sin saber bien que hacer, respira más rápidamente, hasta que su expresión es de dolor.

—¿Qué pasa? ¿Te sientes mal? ¿Te duele algo?

Salto de mi silla a la suya, intentando averiguar qué es lo que está mal.

—No sé, me duele el pecho y...—el hipo del llanto lo interrumpe. —Siento como si...

—Llamaré a tu mamá.

—No. —me toma de los brazos y de un jalón me rodea hasta esconderse en mi pecho. —Me siento muy triste, pero no entiendo porque, yo estoy feliz de que te hayas quedado en la universidad, de verdad, pero también me siento mal, no lo entiendo.

Lo siento temblar en mis brazos sin saber exactamente qué debería hacer o cómo reaccionar ante ello.

Así que solo me queda devolverle el abrazo con palmadas torpes, dejando que llore descontroladamente todo lo que tenga que llorar.

Es desordenado, diferente a como es usualmente, berrea, se remueve y habla entre balbuceos inentendibles, a veces respira descoordinadamente y otras tengo que recordarle que lo haga antes de quedarse sin aire. Es horrible de verdad.

Su madre se asoma al notar que aún no volvemos, me mira preguntando qué ha sucedido y al entenderlo, se cubre la boca sorprendida, de inmediato, también hay lágrimas en sus ojos.

—Mamá—chilla él como bebé. —No soy una mala persona, yo de verdad estoy feliz por Levi, no entiendo porque me siento así.

Me suelta y busca los brazos de ella como un niño pequeño, no tengo ya mucho que hacer. Siento como algo se estruja en mi pecho, se remueve en mis vísceras y grita en mi cabeza que yo soy una horrible persona.

—Creo que... deberías irte por ahora. —dice su madre. —Llamaré a la doctora Zöe.

Tiene razón, lo sé. Pero...

Mientras abraza a su hijo, con su mano intenta liberar su teléfono celular y hacer una llamada rápida.

Eren sigue llorando, cada vez de manera más descontrolada, haciendo que incluso su respiración se agitada e irregular, como si le costará mantener un ritmo. Intento acercarme, pero su madre lo impide.

—De verdad, deberías irte por ahora. —dice con el móvil en el oído. —Si pasa algo te lo diré.

No está molesta, solo preocupada y lo entiendo, no puedo estorbar en una situación que no conozco, así que aun sintiéndome miserable, simplemente opto por hacer caso e irme de allí cuánto antes.

Escucho a la mujer hablando rápidamente con Zöe mientras hace un control de daños, no sé qué ocurre después y en realidad no sé si me gustaría saberlo.

Cuando ya he caminado un buen tramo, mis propias emociones me juegan en contra y se desbordan cuál avalancha.

Vi su primera sonrisa sincera, escuché su primera risa y ahora, he provocado su primer llanto. No es justo, así no deberían ser las cosas.

Gracias por leer.
Parlev.