ԐPreparativosЗ

Hacer llorar a Eren no era parte del plan, ni mucho menos algo que esperara que sucediera. Me ha dejado bastante impactado, estaba preparado para hacer promesas bobas o una explicación larga, incluso a qué hiciera algún comentario burdo sobre irme. Pero definitivamente no lo que ha pasado en realidad.

Mamá termina por consolarme y decir que es algo que podría pasar dentro de las miles que pudieron haber pasado. No debo sentirme tan responsable por ello, después de todo, se permite estar tristes porque alguien se va lejos por un tiempo indefinido.

No puedo dormir bien por la molestia, me cuesta conciliar el sueño, pero a eso de las tres de la madrugada termino rendido ante el cansancio de las emociones en todo el día.

—¿Crees que este bien? —le pregunto a mi hermana cuando se prepara para ir a la cafetería.

—Si, estará bien. —dice con confianza. —Es más fuerte de lo que parece.

Me da una palmada en el hombro a modo de apoyo emocional.

Cómo siempre termino quedándome solo en la casa, Farlan envía mensajes diciendo que tiene todo listo para la fiesta de despedida, solo falta poner la casa, hace la pregunta del millón en si puede ser en la casa de Eren porque es más grande que la mía. Isabel le dice que porque no pone él su casa ya que le gusta tanto festejar. Entre ellos se arma una discusión infantil al respecto.

No digo nada acerca del leve contratiempo entre nosotros.

Preparo las cosas que tengo que hacer en el día, según esto, será lo último que tenga que hacer aquí al menos. Una vez en Australia tendré que hacer otro tanto de trámites que realizar como formalidades.

Entregar papeles, llevar documentos, formalizar algunas cosas, firmar, hablar, fotocopiar, volver a entregar, volver a hablar. Me distrae un poco de mis actuales problemas emocionales y de relación.

—Leí la tesis que enviaste. —me dice una de las profesoras con las que entrego documentación.

No sé qué contestarle, así que hago un asentimiento un poco raro para darle a entender que la he escuchado. Es absurdo porque solo nos divide una mesa. ¿Qué se supone que debo decirle?

—Fue interesante. —dice al ver que no hago nada más. —Mejor que muchos trabajos de universitarios debo decir. ¿Planeas hacer alguna especialización en autismo? ¿O tuviste algún tipo de inspiración al respecto? ¿Fue la psiquiatra Zöe quien te guío?

Me han hecho esa pregunta varias veces, en distintos formatos. ¿Qué me llevo a escribirla?

—Fue gracias a la doctora Zöe. —aún estoy resentido con ella, pero aún se merece los créditos. —Pero en realidad, fue alguien más quien me inspiró a hacerla.

Ella me mira aún más interesada.

Mis respuestas anteriores se basan más en los trabajos de Zöe y mi experiencia con ella en el hospital, así como sus pacientes.

—¿Tienes familia, amigos con TEA? — insiste.

—No, ninguno. Mi... novio tiene síndrome de Asperger.

Siento el calor en el cuello cuando lo digo, es la primera vez que lo hago en voz alta. Me hace sentir un poco extraño.

—Oh. —parpadea sorprendida. —¿De verdad? Vaya, genial.

Luego sonríe. Acomoda unos papeles en un folder con mi nombre, irónicamente, del mismo tamaño que tenía mi folder de reportes indiciplinarios.

—Debe ser toda una experiencia. —agrega. —Mi mejor amiga es autista a nivel funcional, claro, siempre tenía unas ocurrencias que jamás en toda la vida me pasarían por la mente.

Sorprendentemente termino bastante antes de lo esperado, los pensamientos también vuelven, menos intrusivos que antes, al menos por el momento. La breve charla con la profesora me relajo un poco.

Eren es mi novio.

»Deseos de cosas imposibles«

Llego a la casa a eso de las cinco de la tarde, he salido antes de la facultad, pero también he perdido un poco el tiempo dando tumbos por el parque, sintiendo nostalgia inútil por lugares de frecuencia.

Planeo darme un baño, jugar algo en internet y después dormir una larga siesta, ya que no dormir muy bien que digamos. También me pregunto si será prudente llamar a la señora Carla para ver cómo va todo. Supongo que debe tenerme algo de rencor, entre hacer que Eren de avances buenos a dar un retroceso gigante, de seguro puede convertir su cariño en odio.

Desgraciadamente, eso no es necesario, antes de llegar al edificio, noto la inconfundible y familiar camioneta de la mujer. Ella está parada a un lado de la puerta corrediza, posiblemente dándole una plática a su hijo sobre algo que desconozco. Sé que es su hijo con quién habla, me doy cuenta que reconozco sus manos, aun cuando no estoy tan cerca.

La señora Jaeger me nota tan solo unos pasos antes, se gira a verme y me sonríe con timidez. Cómo su madre ya no le presta atención, Eren asoma la cabeza para ver qué ha atraído la atención de su madre.

—Cariño. —grita desde su asiento mientras agita las muñecas.

—Hola. ¿Cómo estás? —acorto la distancia, no con tanta urgencia, porque aparece estar bastante bien.

—Mejor. —responde.

—Lamento molestarte ahora, pero...—se disculpa su mamá. —Debes estar cansado.

No sé cómo es que luzco justo ahora, pero su mirada me dice que no muy bien que digamos.

—Está bien. ¿Quieren pasar?

Ambos asienten.

Caminamos hasta el edificio, subimos al elevador, Eren no me dirige la mirada en ningún momento, pero sorprendentemente sé que no está enojado, se balancea sobre sus puntas y talones, tararea y hace muecas imitadas. Supongo que algo está tramando, no me preocupa, ya me enteraré pronto de ello.

No hay nadie en casa, por supuesto. Dejo que entren y les digo que tomen asiento en la sala. Sirvo algo de jugo de manzana procesado en tres vasos antes de unírmeles.

—¿Sucede algo? —pregunto luego de todo el ritual.

—Quiero quedarme contigo. —suelta Eren.

Ya decía yo.

—Ah, ¿Cómo? No entiendo.

—La doctora Zöe le dijo que hiciera una lista de las cosas que le gustaría hacer contigo antes de que te fueras. Y bueno...

—Quiero que durmamos abrazados. —dice sin pizca de pudor.

No puedo evitar ver de reojo a su mamá. Que parece ya rendida, ella ni siquiera sé inmuta. Estoy seguro de que ha revisado esa lista antes y posiblemente ese era el tema antes de que yo llegara.

—¿Qué tan larga es la lista?

Supongo que no debería preocuparme sobre lo largo o corto de las actividades, si no, de la intensidad de estás.

Eren saca la lista de color azul del bolsillo de su sudadera y la desdobla, mostrando a con orgullo.

—No está completa, porque la Doctora Zöe y mi mamá dijeron que no podemos tener relaciones sexuales aún. Así que solo podemos dormir abrazados por ahora.

¿Por qué dice eso es voz alta enfrente de su mamá? Intento fingir demencia con respecto a lo que recién ha dicho, como si no hubiera oído nada. Lo único bueno del viaje es que no volveré a tocar ese tema en un muy buen rato.

—¿Qué es lo primero? —pregunto cambiando el rumbo.

—¿Estás de acuerdo con esto? —interrumpe la mujer, antes que nada. —Eren siempre antepone sus deseos a los de los demás, yo soy su madre así que es en parte mi culpa porque yo lo crie de esa manera, pero...

Muy tarde, mi opinión en nuestra relación pocas veces es pedida. Aun antes de que existiera una relación.

—No tengo problema con ello. —contesto. —Voy a irme y no nos veremos por un buen tiempo.

Aun así, si realmente no quisiera hacer las cosas que él siempre pide antes de todo, no las haría, difícilmente alguien puede obligarme de verdad a hacer algo. Pueden preguntarle al psicólogo escolar y a mis reportes de mala conducta.

—Bien. —termina aceptando ella.

—¿Puedo quedarme está noche? —al verse desplazado, Eren se abre camino en la conversación.

Asiento y él salta en su sitio.

Su madre le ayuda a subir su mochila con sus cosas.

—Antes no te felicité por este logro. —dice de repente la señora Jaeger. —Lo siento, si soy sincera, estaba un poco molesta, pero es parte de la vida, las personas ni las relaciones son eternas y nosotros debemos vivir con ello. Pero me alegro de verdad porque estés teniendo estos logros, eres un excelente chico, Levi. Lo mereces.

Hay sinceridad en su voz, aunque eso no evita que me haga sentir algo mal.

—Y yo estoy muy agradecida contigo, por eso no es justo que yo me haya molestado. Aprecio todo lo que has hecho por mi hijo y eso nunca voy a olvidarlo.

—Lo entiendo y gracias.

Antes de decir algo, Eren vuelve en sus pasos y me jala hasta llevarme de nuevo en la sala. Ignora a su madre cuando ella se despide, nos recuerda portarnos bien y llamar si sucede algo. Él apenas le presta atención.

—No hay mucho tiempo y quiero hacer esto.

Me da la lista comenzando a leerla.

Gracias por leer.
Parlev.