¡Hola chicas!
Tuve una idea, he seguido escribiendo un poco entre mi tiempo libre algo de esta historia, y la idea que tuve es subir capítulos cortos... acabo de leer una historia que llevaba 125 capítulos, pero eran cortos, espero les guste de esta manera, aunque no prometo actualizar muy seguido, ya que estoy un poco más concentrada en "Déjame ser el chico de tus sueños".
Espero que disfruten este primer vistazo a nuestro angelito favorito! :)
DISCLAIMER: CUALQUIER DIALOGO Y PERSONAJES RECONOCIBLES SON OBRA DE STEPHENIE MEYER, LO DEMÁS ES DE MI OBRA.
Capítulo 1. ROMPIENDO LAS REGLAS
¡Rayos!
Esto era mil veces – sino más – mejor que hacerlo con una humana. Sentía cada parte de mí cuerpo arder, y era ardor del bueno. Nada como aquel fuego al que éramos sometidos aquí abajo. Tampoco era como si me importara demasiado, valía la pena el sufrimiento comparado con el placer obtenido. Claro ejemplo era el placer que me estaba brindando tan fácilmente Tanya.
Oh, Tanya... era el angelito más caliente y sexy que había por aquí. Había visto a muchas chicas en la Tierra, pero nada como ella. Esa era exactamente la razón por la que estaba aquí. Había sido un poco, bueno, muy traviesa durante su vida. Lo cual no me molestaba en absoluto, estaba disfrutándolo, no me podía quejar.
Tanya era lo que se podía llamar una bomba sexy; tenía cabello rubio y largo, que caía en ondas con un tono fresa coqueto, sus ojos eran de un profundo azul frío y sin emoción, tenía el cuerpo de una supermodelo, aunque me atrevía a asegurar que era mucho más ardiente, unos labios que sabían muy bien que hacer, como moverse... unas largas y suaves piernas, manos pequeñas pero seguras; sin ataduras, ese era el tipo de relación que buscaba. Era el tipo de mujer con el que me encantaría cometer toda clase de pecados antes de morir. Solo que ahora no tenía nada que perder, ya estaba en el infierno.
Gruñí cuando sentí sus labios donde más los quería. Tanya era muy habilidosa, y hermosa. Solo había una mujer más que era más hermosa que ella, Rosalie.
Claro, era imposible superar la belleza de Rosalie, siendo ella misma la Reina del Infierno, ese era su trabajo. Tener una hermosura incomparable e insuperable, muy difícil de resistir, cosa que era comprensible.
Ella era la descripción perfecta de belleza. El sueño de todos los hombres, los cuales visitaba muy seguido.
Tenía una profunda mirada de un extraño color púrpura, ojos enmarcados de pestañas espesas y voluminosas – aunque eso no era lo único voluminoso en ella – y unas cejas que arqueaban su mirada perfectamente. Cabello de un rubio brillante y casi cegador, ondulado y tan largo que llegaba a su cintura. Una cintura diminuta, y más curvas de las que un hombre pudiera desear. Sí, era el pecado en su absoluta presencia.
No realmente mí tipo... aunque no era tan diferente de Tanya. Pero en realidad no pensaba meterme con la Reina de la Oscuridad, ni aunque no me quedara de otra. Ella era la jefa.
Rodé mis ojos, la jefa estaba llamándome ahora mismo. Podía sentirla buscándome. Esto era algo en verdad beneficioso.
No había mucha perdida de tiempo.
Me aparté de Tanya de un tirón, gruñendo y maldiciendo ante la falta de contacto. Bueno, tendría tiempo para volver a lo que habíamos estado haciendo antes de la interrupción.
"Vete, Tanya," le dije de mal humor.
Tanya simplemente me ignoró, y desapareció. Bien.
Dicho y hecho, Rosalie apareció frente a mí unos segundos después, en toda su gloria, lo usual en ella. Su conjunto no podía ser más sensual; seguramente tenía algún objetivo que dañar y recibir pronto aquí abajo.
No necesitaba mostrar demasiado, ese no era una necesidad para ella. Traía puestos unos pantalones de cuero negro que se amoldaban a su figura a la perfección y una blusa roja con el escote justo, sin mostrar de más ni muy poco. Sí, cualquier hombre caería a sus pies si quería en este momento.
Rosalie levantó una de sus perfectas cejas, con una expresión desdeñosa; sabía que estaba mirando con atención sus atributos.
No me podía acostar con ella, pero podía ver. Se lo había dicho ya otras veces.
"¿Qué necesitas, Rosalie?"
Me molestaba cuando llegaba con nuevas misiones, en especial cuando eran con humanos fáciles de arrastrar al lado del mal. Lo sabía, y aun así, seguía dándomelos.
Todavía podía recordar con claridad como era querer proteger a una persona buena, que siempre estuviera intentando mantenerse en la línea del bien, sin pasarse a la del mal. Cuidarlos de aquellos ángeles de la oscuridad, con sus penetrantes y frías miradas, esas alas que los llevaban a donde sean, que los hacían terroríficos a quienes podían verlos. Ahora era uno de ellos.
No me importaba, estaba bastante contento con la vida que había elegido. Lo único molesto era mi familia.
Carlisle Cullen había muerto hace 200 años en Londres, asesinado. Había mantenido la vida de un santo, casi, tanto que había llegado directo al cielo, y décadas después lo habían declarado Jefe o Guía – como preferían llamarlo – de los ángeles de la guarda. Allí había conocido a Esme, un hermoso ángel, que como él, había mantenido una vida tan pura que había sido designada ángel guardián desde un principio. Se habían enamorado tan rápido que ni se habían dado cuenta.
Aun no estaba seguro de que tan bueno o "correcto" era que dos ángeles de la luz follaran o hicieran el amor.
No era como si quisiera pensar en mis padres mientras lo hacían, así que nunca le había puesto mucho pensamiento. Ni siquiera ahora, no era un pervertido.
Así que, cuando Carlisle y Esme tuvieron a Alice, mí hermana menor, decidieron que al estar crecida y lo bastante madura, nos enviarían a ambos a la Tierra para conocer a los humanos mejor, y ayudarlos de forma más directa y efectiva.
¡No sabían entonces que error sería ese!
Estaba seguro que de haberlo sabido, me habrían atado y obligado a permanecer en el cielo con ellos, mientras Alice cumplía con su parte del trabajo obedientemente.
Lo acepto, el mal me había atrapado fácilmente.
O más exactos, Rosalie me había arrastrado – sin mucho esfuerzo, que digamos – hacia el lado oscuro. Caí sin remordimientos en el pecado, e hice a Rosalie la malvada más complacida del Universo, en más de una sola forma.
No era completamente mí culpa, o quizá sí lo era. No iba a aceptar ninguna de las dos. Alice había sido quien insistió hasta convencer a nuestros padres de mandarnos un tiempo a la Tierra. Alice quería conocer la vida humana de más cerca antes de comenzar su trabajo – misión, como la llamaba – encomendada. Quería saber de primera mano como se comportaba la gente, que los alejaba del buen camino, como vivían, en que creían y un millar de cosas más que no me importaba demasiado para recordar ahora.
Sí, por ella, habíamos vivido en la Tierra. Por ella, y el plan inicial de Carlisle y Esme, algo que había mantenido oculto de Alice. Dejándola creer que aunque se negaran aparentemente, le darían lo que quería. Algo manipuladores para unos ángeles de la luz.
Al menos le tenía una cosa de que estar agradecido. Aun recordaba sus lloriqueos finales, antes que Carlisle y Esme se rindieran y dieran su permiso.
"¡Por favor, papi!" la niña consentida rogaba a Carlisle, dando brinquitos como si aún fuera un angelito de cinco años. "¡Anda! ¡Te lo ruego! ¡Por favor! ¿Sí?"
Yo mismo me estaba enfadando. Alice podía ser una molestia en el trasero si se lo proponía, o aunque no se lo propusiera. Carlisle y Esme voltearon a verme, como sí la idea hubiera sido yo. Ja, claro. ¡Yo ni siquiera quería ir!
Y sabía que sí Carlisle y Esme accedían, yo tendría que ir para cuidar de mí hermanita.
"Ni lo piensen," les había advertido, pero la duendecilla que llamaban ángel de la guarda arrancó su atención de mí hacia ella.
"Es perfecto. Tengo que vivir entre ellos, conocerlos para así poder cuidarlos mejor, papi," Alice había seguido en su insistencia. "Edward estará conmigo todo el tiempo. Y volveremos preparados para empezar con nuestra misión."
YO estaba preparado, pero seguía esperando por mí inmadura hermana.
A veces me preguntaba sí en verdad éramos hermanos. Quizá las adopciones eran permitidas también en el paraíso, ¿cierto?
"No lo sé," Esme había sido la más difícil de convencer, pero Carlisle había ayudado.
Estaba seguro, que de haber sabido en lo que me convertiría, nunca hubiera permitido que Alice y yo dejáramos el paraíso.
Alice había rogado hasta el cansancio, y Esme y Carlisle habían cedido.
Nos habían aconsejado, hablado una y otra vez sobre algunas de las cosas que nos esperarían al bajar a la Tierra, de que nos debíamos cuidar y un montón más de idioteces que ahora adoraba. Claro, la única que había seguido tales consejos al pie de la letra, había sido Alice; aun las seguía. Yo simplemente había estado cansado y enfadado. Las emociones y la diversión que causaban en mí todas esas cosas malas o prohibidas me habían jalado hacia el lado oscuro, como le llamaban a mí hogar ahora.
"Esto es tan emocionante," Alice y su usual forma de ser burbujeante estaban regocijándose mientras "bajábamos" a la Tierra. "Apenas puedo creer que mamá y papá nos hayan dejado venir."
Yo solo había respondido con ajas y con mmm o con un seco claro. Alice ni siquiera había notado que no le prestaba mucha atención.
"Vamos a pasarla muy bien, hermano," su voz seguía subiendo de volumen, y der ser posible, estaba seguro que me hubiera dado una jaqueca. "Estaremos muy preparados para cuando regresemos al Cielo, podremos cuidar de la persona que nos sea asignada como reales Ángeles de la guarda."
"Ya quiero llegar,"
"Tenemos esta oportunidad,"
"Papá y mamá estarán muy orgullosos,"
"Gracias por venir conmigo,"
Eso y mucho más siguió repitiendo hasta el cansancio. Solo pretendía escucharla la mitad del tiempo. Por suerte, Alice estaba demasiado ocupada brincando arriba y abajo mientras nos acercábamos cada vez más a la Tierra.
Carlisle y Esme nos habían explicado como estarían las cosas al llegar, para que no tuviéramos problema alguno.
Alice y yo teníamos a nuestro alcance una gran – gran era decir poco – suma de dinero a nuestra disposición; lo cual Alice encontraba tonto, creía que debíamos trabajar para conseguir dinero. Yo creía que eso era tonto. Un departamento con todas las cosas que pudiéramos necesitar, incluso aquellas que no tuviéramos necesidad de usar. Otra cosa más que Alice consideraba tonto. De nuevo, yo no. Quizá por esa razón había sido yo y no mí hermana quien cayó en el lado equivocado del camino. Pero estaba para nada arrepentido de mis decisiones.
Me reí, recordando todas las cosas que habían pasado.
Habíamos tenido un poco de dificultades al principio. Alice y yo nunca habíamos sido humanos, como Carlisle y Esme, que habían nacido humanos y al fallecer, se habían convertido en ángeles. Nosotros éramos producto de su amor, así que nunca fuimos humanos. No teníamos idea de que era vivir como una persona en la Tierra. Teníamos que comer, ir al baño, bañarnos, esforzarnos por recordar… cuidarnos de no golpearnos o lastimarnos para no llorar; lo cual era demasiado fácil de lograr, dado que no estábamos acostumbrados. Escuché llorar a Alice muchas veces más de las que podría contar. Los ángeles no podían llorar; o no tenían porque llorar, más bien.
Alice apenas tenía veinte años de vida, yo ya tenía casi cuarenta; aunque lucíamos mucho más jóvenes, los años no se cuentan de la misma en ángeles que en los humanos. Así que mi hermana decidió que entráramos a la Universidad para conocer un poco más.
Y así lo hicimos. Primer gran error. Y sin nadie que nos aconsejara, no teníamos idea a que abismo nos dirigíamos. La vida de los universitarios, en el territorio de los Estados Unidos de América era completamente diferente a cualquier otro lugar que hubiéramos elegido; totalmente diferente, incluso, de cómo nos hubiéramos imaginado encontraríamos.
"Creo que vamos encaminados correctamente," Alice me había preguntado el día que habíamos decidido ir a la escuela por primera vez en nuestras vidas. "¿No crees, Edward?"
Yo solo había asentido. Y Alice tomaba mi antipatía como estar de acuerdo con ella.
Primer paso: ir a la Universidad. Hecho.
Segundo paso: estudiar y romperse la cabeza. Hecho.
Tercer paso: tener a cientos de chicas detrás de mí. Hecho.
Cuarto paso: cuidar a mí hermana de los cientos de chicos tras ella, y luego darles una lección de cómo tratarla. Hecho.
¡Era mi hermana después de todo!
Quinto paso: recibir y aceptar invitaciones a fiestas. Hecho.
Sexto paso: descuidar mis estudios – falsos, claro – por parrandear. Hecho.
Séptimo paso: mí primer beso. Hecho.
Octavo paso: mi primera cita. Hecho.
Noveno paso: tomar mi primera bebida alcohólica. Hecho.
Decimo paso: probar el cigarro. Hecho.
Onceavo paso: tener sexo con una chica después de parrandear en una noche de escuela. Hecho.
Doceavo paso: gustarme todo lo que hice y repetirlo. Hecho.
Decimotercero paso: encontrar a Rosalie. Hecho.
Había sido un proceso más o menos corto. No había pensado demasiado en lo que hacía. Mi excusa al principio había sido el de conocer las razones por la que "bueno" chicos caían en la tentación. Pero desafortunadamente – no estaba seguro de quien – había comprendido y me había gustado. Allí había sido cuando conocí a Rosalie, la Reina de la Oscuridad. Aunque nadie tenía idea de quién era realmente. Claro, que ella me había hecho caer mucho más rápido, sabiendo a la perfección quien y que era yo.
"¿Por qué querrías seguir donde siempre has estado, Edward?" Rosalie me había dicho seductivamente, sonriendo traviesa y coquetamente. Era imposible resistirse a tal imagen de belleza. Había estado tan sorprendido y en shock cuando la había escuchado susurrar esas palabras en mí oído, que apenas había sentido los estremecimientos recorriendo mí cuerpo como reacción a ella.
"Sé quién eres," su voz era como la miel, con el justo toque de picante. "Pero más importante, se quien quieres ser. Yo te puedo ayudar."
Oh, y que ayuda había recibido de ella.
"¿Qué rayos?"
Rosalie había sonreído de una forma que había derretido todo mi interior. "No pienses, solo siente."
Y luego, me había besado como ninguna otra chica humana hubiera podido, ni siquiera hubieran logrado causar en mí un poco de lo que Rosalie había hecho.
Supe en ese mismo instante que estaba arruinado, y no me importaba.
¿Así que, qué les pareció? ¿Empezamos bien?
Espero les haya gustado, y ojalá me dejen algunos comentarios para saberlo!
GRACIAS!
