–¡NO! –gritó Lisa Hayes desde el fondo de sus entrañas. Ese alarido la despertó sobresaltada por el horrible sueño que había tenido. Estaba con la respiración agitada y completamente transpirada. Hace años que no la invadía en su subconsciente esa horrible pesadilla donde gigantes zentraedi la tenían atrapada pidiéndole que haga la famosa "demostración" de cómo se hacía un bebé microniano. Siempre había tenido esa pesadilla con diferentes escuadrones del SDF-1, pero nunca antes había soñado esa situación junto al escuadrón Bermellón. Pero ahora, su mente le había jugado una mala pasada a Lisa, y con horror vio en sus sueños como Dolza aplastaba con su puño a Max Sterling y a Ben Dixon porque ella se había negado a hacer la demostración con Hunter. Ver la sangre y las tripas salpicadas por doquier de esos dos hombres fue una sensación espantosa.
En la pesadilla aparecía también como algo completamente nuevo a lo que soñaba en el pasado a su prometido, Karl Riber, quien los miraba a ella y a Rick desde un monitor con temor, pidiéndole a Lisa que no hiciera nada con Hunter. Karl le insistía que no se dejara tocar por otro hombre que no fuera él. Asi fue que de tanto dudar si debia o no tener sexo con Rick para cumplir con las demandas de sus captores, finalmente la impaciencia de Dolza ante la indesicion de Hayes hizo que termine aplastando con su puño a esos dos integrantes del escuadrón Bermellón.
Toda la situación la había dejado bastante intranquila. ¿Por qué había cedido a las exigencias de Karl, negándose a continuar con la demostración junto a Rick?
–¿Mamá estás bien? –preguntó con voz de dormida su hija desde la puerta del cuarto.
–Sí, mi amor. Solo fue una pesadilla. ¿Te desperté?
–No. Todavía no me había dormido. No puede conciliar el sueño. ¿Puedo acostarme contigo?
–Claro que si, Grace. Ven aquí –dijo Lisa mientras abría las sábanas que la cubrían para permitir que su hija se acostara junto a ella en la gran cama matrimonial que usaba Lisa Hayes para dormir.
–Gracias, mamá –dijo la niña mientras que se acurrucaba junto a su madre envolviendola en un abrazo.
Lisa se dió cuenta que su hija estaba intranquila al igual que ella. Comenzó a acariciar su cabello color miel el cual era exactamente igual al suyo.
–¿Qué ocurre, cariño? –dijo Lisa con ternura.
–En unos días tengo la prueba de aritmética que no pude dar en su momento porque estaba internada.
–¿Eso te preocupa?
–Tengo que sacarme una buena nota para lograr pasar el trimestre.
–¿Quieres que llame a esa profesora particular de matemáticas que te ayudó la otra vez?
–No. Ella no explica tan bien. Me cuesta entenderla. Quiero sacarme una buena nota como lo hizo Sarah. Quiero que el Tio Rick venga a explicarme a mí lo mismo que le explicó a ella.
«¿Eh?» Lisa miró con escepticismo a su hija. –¿Por qué quieres a Hunter, tesoro?
–Porque Sarah me dijo que le entendió absolutamente toda la explicación.
–Pero querida, el Tio Rick es un hombre muy ocupado. Es un Almirante igual que mamá. No creo que tenga tiempo de venir a explicarle a una niña de nueve años algo que puedes resolver con tu maestra.
–Y porque entonces pudo explicarle a Sarah y no puede hacerlo conmigo. Además me dijo Sarah que el Tio Rick le dijo que siempre le explicaba matemáticas a Dana Sterling y que no era ninguna molestia para él.
–Hmm, ¿estás segura? –la miró su madre con ojos sospechosos.
–Completamente segura –afirmó con certeza Grace.
–Veré que puedo hacer –dijo Lisa derrotada.
–¡Gracias mamá! –le agradeció su hija.
Lisa no podía creer lo rápido que la había vencido su hija. Claramente tenía un capricho por tener lo mismo que tuvo la hermana. Hayes había visto la misma determinación de los Archer en la mirada de Grace y sabía que no podría ganarle. Sus hijas eran la combinación perfecta de sus dos padres. Por un lado era impresionante como sin conocer a Rick, tenían tantos modismos y formas de ser que claramente habían heredado por tener el ADN de los Hunter, sobre todo lo boca floja que podían llegar a ser esas dos niñas cuando se sinceraban con alguna compañerita en el colegio y por su extrema franqueza la hacían llorar. También solían enfrentarse a la autoridad de alguna maestra con vehemencia haciendo respetar su punto de vista, el cual a veces resultaba ser diferente a la opinión de la maestra que estaba frente al aula. Más de una vez Lisa tuvo que ir a la escuela para disculparse con la maestra, o por la tarde terminar llamando a alguna madre ofendida porque sus gemelas habían ofendido a tal o cual compañerita por sus sinceros exabruptos.
Pero además de los genes Hunter, también habían adquirido muchas cosas de Archer. Al convivir junto a Jack y quererlo como su padre, era inevitable para las niñas imitarlo en lo bueno, pero también en lo malo. La determinación de obtener lo que quisieran a toda costa, era algo típico de su ex-marido. Incluso cuando Jack adoptó a las dos niñas para que sean legalmente sus hijas, lo había logrado bajo sus propios términos. La única vez que Archer no había podido imponer su voluntad fue cuando Lisa le solicitó el divorcio.
Cuando veía esos defectos en sus hijas, a veces hacía que Lisa Hayes se cuestionara cómo llegó a enamorarse alguna vez de esos dos hombres.
–¿Y cuando es la prueba, mi amor?
–Justo después de tu boda, mamá. Pero como siempre insistes en que debemos comenzar a estudiar con tiempo, me gustaría poder recibir la explicación del Tio Rick lo antes posible.
«¿Me desobedecen en casi todo y justo ahora se le ocurre querer estudiar con tiempo? Pequeño demonio», pensó Lisa con ironía. –Me parece bien que quieras estudiar con anticipación. Ahora intenta descansar, sino mañana por la mañana vas a estar hecha un zombie.
–Sí mamá. Hasta mañana –dijo Grace mientras se recostaba de lado junto a su madre.
Lisa apagó la luz y se quedó mirando el techo perdida en sus pensamientos. Ahora definitivamente no tenía escapatoria. Debía enfrentar a Rick con la verdad si iba a pedirle que le explicara matemáticas a su hija, a la hija de ambos. Vanessa tenía razón. Hunter haría demasiadas preguntas cuando se enterara que una de sus hijas tiene el mismo nombre que la madre del Piloto Pervertido.
¿Pero cómo le diría la noticia? «Mis hijas también son tus hijas… No». Lisa desestimó esa primera alternativa. «Jack adoptó a mis hijas pero en realidad tú eres su padre biológico… No, tampoco». Eso había sonado demasiado horrible en la cabeza de la atormentada Almirante Hayes. «Eres el "donante anónimo" de mis hijas… No, definitivamente no»…
…El Dr. Tanaka estaba leyendo la historia clínica de su próxima paciente. La última vez que había visto a la Vicealmirante Hayes en su consultorio había sido por un control de rutina donde detectaron con un estudio que la Vicealmirante tenía un leve quiste en el útero. Por esa razón decidió quitarle el DIU que ella tenía colocado desde sus épocas en el SDF-1 y hacerle una pequeña intervención para quitarle ese quiste que por suerte había sido solo un inconveniente benigno a pesar de los antecedentes de la madre de su paciente. Habían quedado en verse en seis meses, pero vio que la Vicealmirante había decidido ir a verlo antes de tiempo. Se preguntaba que le estaría pasando a la máxima autoridad a bordo del SDF-2.
–Doctor, su próxima paciente ya está aquí. ¿La hago pasar?
–Si, por favor. Gracias, Alicia.
–Buenos Días, Doctor –saludo Lisa cuando entró al consultorio.
–¿Qué la trae por aquí, Almirante? Pensé que la vería recién dentro de un mes para el próximo control.
–Es cierto, Doctor. Vine antes porque noté algo extraño con mi período y creo que es por excesivo estrés. Quiero que me haga un análisis de sangre para ver qué es lo que me está pasando.
–Mhm. ¿Qué le pasa a su período?
–Suelo ser muy regular, pero ahora no puedo recordar cuándo fue la última vez que me vino.
–¿Ha tenido algún otro malestar? ¿Náuseas? ¿Mareos?
–No realmente. Solo un poco de cansancio. Siempre estoy hasta altas horas trabajando pero ahora necesito cortar antes porque me siento muy débil. ¿Cree que podría ser anemia?
–Veremos con el análisis. ¿Algo más?
–No. Bueno, quizás sí. Siento algo extraño en mis pechos. Como si estuviera reteniendo líquido.
–Permítame su brazo así le mido la presión y luego le hago la extracción de sangre. Vuelva en dos horas. Seguramente ya tendré los resultados de los análisis.
Lisa saludó a su ginecólogo y decidió regresar al puente para ultimar unos detalles antes de regresar al consultorio.
–¿Y Doctor? ¿Qué tengo? ¿Es anemia?
–No tiene anemia. Está en perfecto estado de salud.
–Y entonces cree que no tengo mi periodo por estrés.
–No es eso exactamente. Usted está embarazada, Almirante.
Lisa se queda inmovil en su silla. Comenzó a pestañear con cara pensativa. ¿Había escuchado bien? ¿Embarazada?
–¿Qué dijo?
–Dije que está embarazada…
–Si, si. Ya lo escuché, pero lamento decirle Doctor que está equivocado. Ese análisis está arrojando datos erroneos.
–Permítame hacerle una ecografía. Acérquese a la camilla –le dijo amablemente el doctor.
El ginecólogo se dio cuenta que su paciente estaba comenzando a estar algo alterada, seguramente por el shock de la noticia. Algunas mujeres entraban en una etapa de negación por no haber tomado recados al momento del sexo cuando se enteraban de que tenian un embarazo no deseado. No quería alterar a la Vicealmirante más de la cuenta. Su presión estaba en el límite superior, y eso no era algo bueno para esta etapa de gestación en la que se encontraba el embarazo de Lisa Hayes. Cuando le colocó el gel sobre su vientre y comenzó a girar el sensor para detectar si tenía algún embrión implantado en su útero, el Dr. Tanaka esbozó una leve sonrisa. Los análisis no eran erróneos. Su paciente definitivamente estaba embarazada. Según los registros de sangre y junto a las mediciones que le estaba haciendo al feto que tenía frente a su pantalla, Lisa estaba cursando un embarazo de casi 11 semanas. Sorpresivamente el médico levantó el volumen del ecógrafo, y en todo el consultorio comenzó a escucharse con fuerza los latidos acelerados de un feto.
–Almirante, le presento a su bebé. Y aquí al costado, tiene otro bebé más. Felicidades, está embarazada de gemelos.
Lisa Hayes estaba estupefacta mirando la pantalla con su boca abierta y escuchando con extrema atención los latidos de sus dos bebés. Lágrimas comenzaron a salir de manera descontrolada por sus verdes ojos, y se le erizó toda la piel al observar cómo latía con fuerza el pequeño corazoncito de la dos vidas que tenía en su vientre.
–Pero…, ¿pero cómo es posible?
–Bueno, Almirante. Recuerda que para operarla de su quiste tuve que quitarle el DIU. Le dije que era necesario tomar otros recaudos al momento de tener sexo si usted planeaba evitar un embarazo –dijo con paciencia y tranquilidad su medico.
–¡¿De qué está hablando?! ¡Yo no tuve sexo con nadie! ¡CON NADIE!
–Calmese por favor, Almirante. Seguramente se olvidó de…
–¡¿Cómo quiere que me calme?! Y no vuelva a decirme que me olvidé de cuidarme durante alguna relación sexual –la amenazó Lisa Hayes apuntándolo con su dedo–. La forma más efectiva de evitar un embarazo es la abstinencia. ¿Cierto? Mi padre me lo dejó bien claro el día que tuve mi primera menstruación cuando era una adolescente.
Lisa comenzó a hiperventilar. Estaba mareada de lo acelerado que estaba su pulso y comenzó a temblar de los nervios.
–Por favor Almirante, cálmese. Por favor –se preocupó su médico–. Debe calmarse. No quiero aplicarle un calmante porque no es algo bueno para los dos fetos que lleva en su vientre, pero si no se tranquiliza voy a tener que hacerlo.
Lisa intentó respirar hondo, tratando de alargar más la respiración para pausar el ritmo y tratar de calmarse. Luego de estar casi quince minutos acostada en la camilla intentando poner todo su cuerpo más relajado, volvió a sentarse en la silla frente al escritorio del Dr. Tanaka.
–La última vez que tuve sexo fue hace dos años, cuando todavia estaba en la Tierra –le explicó Lisa a su medico–. Solo tuve sexo con un solo hombre desde que perdí mi virginidad, y él no se encuentra a bordo de esta nave. ¿Cómo es posible que esté embarazada de gemelos? –preguntó Lisa con voz temblorosa–. Es imposible…
–Almirante, hace dos días estuve en un parto donde una mujer zentraedi micronizada, una meltran, como se hacen llamar, tuvo a su primer hijo. Esa mujer estuvo llorando de la emoción durante casi un dia entero. Le pregunté porqué estaba tan sensible, y me respondió que hace tan solo cinco años atrás ella era una gigante guerrera, que no tenía ni la mas palida idea de lo que era el amor, y el único sufrimiento que conocía era la lucha despiadada durante la batalla. Ahora estaba sufriendo porque no sabia porque su bebe lloraba. Si llora por frío, por hambre, porque quería mover el vientre, o simplemente porque necesita sentir el calor de su madre. Así que no creo que nada sea imposible –le dijo el ginecólogo tratando de calmar a su paciente–. Vamos a encontrar la razón por la cual usted está embarazada. No se preocupe por eso. Déjeme ver con el Dr. Lang si podemos descubrir la causa. Usted solo trate de descansar y alimentarse lo más sano posible desde ahora. También quiero que comience una actividad para embarazadas. Eso la va a ayudar a conectarse más con sus bebés. Y debe reducir las horas de trabajo. Un embarazo múltiple es mas riesgoso. Debe comenzar a delegar en su tripulación algunas tareas.
–¿Pero qué les digo? Cuando me pregunten por el padre de los bebés –Lisa estaba pensando en el escrutinio que recibiría por parte de Sammy y de Vanessa cuando les contara que estaba embarazada. Enseguida pensarían que finalmente Archer había logrado tener una cita con ella y la había llevado a la cama.
–Voy a colocar en el expediente que usted logró con éxito un embarazo gemelar tras un tratamiento de fertilidad con un donante anónimo.
–Pero eso no es cierto. No hice ningún tratamiento.
–Es verdad. Pero eso será lo que voy a colocar aquí en su historia clínica. Solo usted, el Dr. Lang y yo sabremos por el momento que eso es una mentira.
–De acuerdo. Donante Anónimo. Bien, eso es lo que voy a decirle a la tripulación si es que me preguntan algo– dijo Lisa sosteniéndose la frente con ambas manos.
El doctor se levantó de su asiento y se acercó a Lisa, colocando una mano sobre el hombro de la abatida mujer frente a él en señal de apoyo.
–Trate de concentrarse en sus dos bebés. La proxima consulta quizas ya podamos identificar el sexo. No se preocupe tanto. Tarde o temprano vamos a encontrarle una explicación.
–Gracias doctor –dijo Lisa al borde de la emoción.
Quizás eran las hormonas del embarazo que la tenían más sensibilizada a flor de piel, pero haría exactamente eso. Pondría todo su foco en esos dos bebés que tenía en su vientre. Algo dentro de ella le decía que el padre de sus hijos no era un donante anónimo. El padre de sus bebés era el hombre al cual ella amaba con locura, y después de dos largos años todavía no había podido olvidarlo a pesar de que ya no estaba junto a ella. Él se había quedado en la Tierra justamente por otro embarazo, también gemelar como el de ella. Comenzó a acariciar su vientre y a pensar en ese hombre de ojos azules y sonrisa franca que había conquistado su corazón como ningún otro hombre lo había logrado hasta el momento.
«¡Oh, Rick!», suspiró Lisa en silencio. «Estoy embarazada. Y tengo a tus bebes creciendo dentro mío», pensó emocionada hasta las lágrimas. « Mis hijos…, tus hijos…, nuestros hijos»…
