¡NO!

Su enorme cuerpo la había inmovilizado y ahora ella no podía escapar, estaba sola, sin su mamá.

Sólo tenía 5 años.

Y se suponía que estaba con alguien que debía cuidarla, no atacarla

.

Su asquerosa mano se estaba introduciendo en su corpiño para tocarla y ella se estaba revolviendo con todas sus fuerzas. Gritar no iba a ayudar, estaban solos en aquel lugar.

Nadie iba a protegerla...


¡Que flojera levantarte temprano en tu día de descanso! Estaba todavía acostado en su cama y había encendido la tele para verla aún acurrucado como niño pequeño.

Afuera parecía estar nevando así que la idea de moverse del cuadro caliente en el que estaba, no era opción, al menos no a esa hora de la mañana. Lo bueno es que a su lado en su mesa de noche tenía su charola con el hitter, su grinder, la palita y un poco de María para un "gallito".

¿Qué más podía pedir en una mañana helada de diciembre? Un café, pero no se iba a levantar para hacérselo a esa hora. ¡Qué flojera!... Y frío.

Preparó un poco de su yerba y la metió en su hitter, la prendió con su encendedor zippo y dio una larga calada, luego otra. Eso era apenas para dormirse otro rato.

Mientras esperaba a relajarse por completo veía en la pantalla "Tom Jerry" y pensaba que no debía quedarse dormido por tanto tiempo porque debía recoger a la "Bratz" a tiempo.

Eran a penas las 6 de la mañana, seguro podía dormir sin problemas hasta las 10 am porque ellos habían quedado de verse hasta la 1 pm cerca del trabajo de ella, luego se la comería y si ella quería quedarse a dormir, lo permitiría porque era muy bonita, y luego la echaría.

Él sólo quería un bueeen polvo y correr. Mientras lo pensaba se quedó dormido sin darse cuenta...

¡Qué equivocado estaba!


-¿Vas al club a esta hora, princesa?-. Preguntó su madre al verla tan bonita muy temprano un sábado por la mañana en la cocina tomando su licuado proteíco. Generalmente ellas solían pasar ese día descansando en casa a menos que las invitaran a pasear al club, a comer, a una fiesta o al cine con la familia o amigas.

-Creí que irías a trabajar hoy hasta las 12-. Se le acercó y le dio un beso de buenos días en la mejilla.

A Sakura su pregunta la tomó por sorpresa.

-Si trabajaré, pero luego saldré con Tomoyo-. Dio un largo sorbo a su vaso.

-¿Ah, sí? ¿A dónde irán?- rodeó la isla de la cocina y fue directo al refrigerador para sacar fresas, leche de almendras, nueces entre otras cosas para prepararse unos panqueques de avena.

-Iremos a comer y luego compraré algunas cosas que anoté en mi journal que me faltan-.

-Sakura, te he dicho que si necesitas algo puedes pedírmelo y se lo encargaré a Raki, no me gusta que salgas así como a así a la calle, puede pasarte algo.

Sakura no lo dijo, pero le molestaba que su madre hiciera ese tipo de comentarios, no sólo le quitaba individualidad y la oportunidad de aprender a comprar sin despilfarrar, sino que también le daba tareas extras al señor Raki, además de todas las que ya tenía, que eran muchísimas para lo que le pagaban.

-Puedo hacerlo sola, además, Tommy, que me va a acompañar, tiene un gusto increíble para decorar porque eso es lo que está estudiando. Nadie mejor que ella para asesorarme en lo que necesito.- La contradijo.

-¡Mejor gusto que el tuyo, lo dudo, mi vida! Además le he dicho a tu tía que esa carrera "de mentirita" que lleva tu prima la hace únicamente perder su tiempo. Decoradora de interiores, permíteme reírme. - Dijo mientras se preparaba su desayuno.

Sakura no quiso decirle lo terriblemente mal que había sonado al demeritar la carrera de su prima por no ser una ingeniería como la que ella estudió, sólo terminó su desayuno y se dispuso a irse escaleras arriba cuando su madre la llamó.

-¿Sakura, sólo tomaste ese licuado? Tu nutriólogo dijo que estabas en volumen y debías comer más que eso si quieres aumentar musculatura.

-Con eso estoy bien madre.- Dicho esto salió de la cocina molesta.

Su madre no sabía nada y Tomoyo iba a ganar miles ejerciendo su profesión, sobre todo estando tan bien posicionada como lo estaba, después de todo su papá tenía nexos con los más grandes empresarios/políticos del país y tenía un apellido que hablaba por ella.

Pero pensar en esos temas sólo la mareaba. Por lo menos Tomoyo si había podido estudiar lo que había querido, no como ella que había tenido que renunciar a su sueño de ser dibujante porque su madre no se lo permitió.

Extrañaba a su padre, él seguro si se lo hubiera permitido. Al llegar a su baño se lavó los dientes y luego tomó sus cosas dispuesta a irse. Llegaría media hora antes a su trabajo, pero era eso o quedarse a escuchar la mierda que salía de la boca de su madre y sinceramente prefería adelantar su trabajo de muestreo en el laboratorio que soportarla.

El saber que iba a ver a Shaoran la ponía contenta y ya quería que llegara la hora de salir con él. La idea de pensar a dónde la llevaría la ponía nerviosa.


-¡Mierda! -. Gruñó.

Se había quedado dormido hasta las doce treinta y no había limpiado la casa, eso sin contar que no había preparado los filetes de pescado y no había comprado los ingredientes para la pasta Alfredo.

La idea de comprar una pizza ahora era bastante tentadora y eso haría. Llamaría a Raphaelo's y pediría una de triple queso con albóndigas que era una maravilla.

Seguro le gustaría a la "Bratz", porque era lo más caro que tenían en esa pizzería y a eso estaba acostumbrada, aunque Raphaelo's no era ni de cerca el mejor local del barrio.

Como pudo recogió muy rápido y metió mucha de la basura de su piso bajo los sillones de la sala y su ropa sucia bajo la cama. Esta vez se había pasado por no limpiar la noche anterior, pero es que sólo quería relajarse su noche de viernes.

Se arregló rápidamente, se cubrió lo suficiente y salió a la fría calle nevada a correr porque no iba a llegar a tiempo a recogerla. Ni de broma iba a llegar a la hora acordada.


Okay, ya habían pasado treinta minutos y él no se había comunicado a pesar de que ella le hubo mandado mensajes previo para confirmar si se verían y eso la había hecho deprimirse por saberse ya plantada.

Se dijo que si esperaba 5 minutos más cuando eran la 1:10 pm tal vez llegaría, pero pasaron veinte minutos más y él no aparecía por ningún lado.

Nadie nunca la hizo esperar, ni siquiera su prima que era muy impuntual lo había hecho alguna vez porque sabía que le molestaba demasiado, y ahora llegaba este hombre y la hacía pasar por eso.

Eran ya la una con treinta y seis y decidió no esperar ni un maldito segundo más. Salió del café en el que estaba y se puso bien su bufanda para no respirar el aire helado. Justo cuando estaba a punto de llegar a su carro alguien la tomó del hombro, era él.

Sakura se enojó muchísimo porque le sonrió como si nada.

-¿Apenas?-. Su voz salió sardónica.

-Pero ya estoy aquí.- Respondió así nomás, cínicamente.

Ella frunció el ceño y rodeó el carro para subirse en él, visiblemente enfadada. Él la siguió y la detuvo.

-Discúlpame, mi intención no era llegar tarde. Tuve un inconveniente.- Se puso serio. -Lo siento.

Ella lo miró bien, parecía haber corrido porque su piel desprendía humo y tenía las mejillas sonrojadas detrás de su gruesa bufanda azul oxford. Su cabello castaño bajo el gorro estaba despeinado y lucía más guapo que la ocasión en que lo vio por primera vez.

¿Iba a perdonarlo por hacerla esperar? Sí, pero no porque fuera guapo, sino porque su disculpa fue creíble y aceptable... ¡Sí, cómo no!

-Está bien, sólo vámonos ya.- Trató de minimizarlo, eso le puede pasar a cualquiera en una primera cita. Y molestarse en pensar que ella había planeado que fuera de otra manera, quedaba relegado porque ya había sucedido otra situación. Las cosas no siempre salen como uno desea. Guardó sus llaves en el bolsillo y suspiró. -¿A dónde iremos?

-A mi apartamento.- Él sonrió de forma pícara.


Se habían ido en su coche porque el apartamento de él quedaba bastante lejos. Habían subido hasta un quinto piso en un elevador bastante viejo que cerraba con puertas tipo barandal y al llegar a su apartamento ella no pudo evitar notar que en el pasillo antes de llegar a su puerta olía a sopa de pollo, por alguna razón.

Trató de no tomarle importancia, ese no era uno de los lugares fancy que visitaba, sin dudas, y si le quedaba alguna, cuando él abrió la puerta y le dio el pase lo corroboró.

Era un lugar muy por debajo promedio, que constaba de un salón, a su derecha tenía una cocina con una mesa de madera negra, y sillones grises a mano izquierda junto a una mesa pequeña de centro ya vieja.

En medio había una enorme alfombra color arena y dos pasos grandes al frente estaba su cama con sus mesitas de noche, con una pantalla grande al frente, un enorme ropero negro retacado de ropa y un librero desgastado con muchos títulos en él.

Había polvo y el enorme ventanal frente a ella casi cubierto por cortinas color azul pizarra dejaba que se colara un poco el aire, por lo tanto el apartamento estaba frío y si a eso sumabas que los colores más resaltantes eran el azul, blanco y un poco de negro, daba unas vibras bastante depresivas.

Básicamente era una habitación mediana de techos altos con un extra que era el baño.

-Ponte cómoda, ¿quieres beber algo? -Dijo a su espalda y caminó hacia la cocina.

-¿Beber qué?-. Lo siguió con la mirada.

-Tengo Ginebra-. La sacó del pequeño y desgastado refri y se la enseñó.

Genial, nunca había tomado ginebra.

-¿No tienes algo más?

-¿Agua?

-Si. Gracias.

Él se le quedó viendo. Tal vez a la bratz no le gustaba la ginebra. Se dio la media vuelta, sacó un caballito y un vaso y la miró bien.

Se había ondulado el castaño y largo cabello en la parte de abajo, llevaba un gorro muy blanco y se había puesto un abrigo negro que lucía tan costoso como su tv. Sus botas negras no se quedaban atrás y la bufanda que llevaba enredaba en su cuello parecía haber sido tejida especialmente para ella.

Se acercó a ella con su vaso servido de agua y se lo ofreció mientras olía su perfume. Olía caro y su rostro estaba perfectamente maquillado y sin ninguna imperfección. Sus ojos verdes en su piel pálida se veían enormes enmarcados por sus perfectas pestañas y su boca rosa era delicada y bonita. Toda ella era un lujo y joder que así le gustaban para cojer.

La vio mirar a fondo el lugar mientras bebía agua y de inmediato lo supo, lo estaba evaluando. Ella era como todas las riquillas de su clase y aquí iba él de nuevo a tratar de agradar para obtener algo a cambio.

-No te has quitado el abrigo ni el gorro...- La mirada que le dio y la voz que usó la puso de nervios.

-¡Oh, si! Lo olvidé por completo.- Susurró.

-Te ayudo.

Le quitó el vaso de las blancas manos, y le desabotonó lento el gran abrigo. Se lo quitó poco a poco y luego le sacó la bufanda del esbelto cuello. Pudo ver su bonita figura. Las chicas de su clase tenían cuerpos gráciles y delgados, pero el de ella era mejor, porque parecía que iba al gimnasio y como resultado, tenía la cintura muy pequeña, pero un trasero y piernas grandes.

Se veía muy deliciosa.

De repente se la imaginó cabalgándolo con su largo pelo ondulado, su pequeña cintura y su piel muy blanca y se pasó la lengua por el labio inferior. Iba a comer muy rico esa tarde.

Ella por su parte se quedó muy quieta, estaban yendo muy rápido, no había planeado quitarse la bufanda, menos el abrigo y no sabía que iba a ir a su apartamento, ¿qué planeaba? Empezaba a pensar que no iban a ver películas y ella no quería eso.

Retrocedió dos pasos cuando su pecho subió y bajó muy acelerado. Su respiración se volvió más agitada y él lo notó, provocándole una sensación placentera en el vientre. Pensaba que ella tal vez pudo excitarse, era todo lo contrario.

-Tengo hambre, ¿qué vamos a comer?-. Su voz salió entrecortada. Miró hacia otro lado porque no le agradaba que la viera tanto y de esa forma. Le gustaba mucho, era muy guapo, pero aquello se estaba tornando raro.

-Oh, si, pediremos pizza, ¿te parece? A menos que quieras algo más.- No debió decir eso porque no quería gastar más. Mejor dicho, no podría pagarlo.

No podía darse el lujo de comprar algo muy caro, pero sí quería comerse a una chica rica.

-La pizza está bien.- Lo que sea por cambiar el ambiente.

-La pediré entonces. Hay un local aquí cerca que se llama Raphaelo's y venden una pizza con albóndigas muy interesante. Es italiana.- Si era rica, más no interesante y eso seguro lo iba a notar.

-Oh, muy bien, pues esa, entonces.- dicho esto se sentó en el sillón a su lado y desbloqueó su celular para meterse en alguna app y distraerse.

Él pidió la pizza rápido y luego se sentó a su lado.

-¿Qué quieres hacer entre tanto?- Se acercó lo suficiente como para que sus rodillas se rozaran con las de ella.

Sakura llevaba un pantalón ajustado y pudo sentir eso. Shaoran movió su mano para posarla en la pierna de ella y acariciarla con el pulgar, entonces Sakura sintió un escalofrío muy raro bajar por su espina dorsal. Era mucha cercanía para alguien que se había privado de eso durante toda su vida de ese tipo de cosas. Y que él fuera guapo no ayudaba a que ella se sintiera cómoda, se estaba empezando a asustar y mucho.

Separó su pierna de inmediato y centró aún más la mirada en su celular.

-Háblame... Háblame de ti. Quiero saber qué tipo de persona eres. - Dijo ella.

Shaora pensó que se estaba portando muy rara. ¿No estaba ahí para tener sexo o cómo porqué lo estaba evitando? Era claro que cuando una chica accedía a ir al apartamento de un hombre como él, al que acababa de conocer, lo hacía porque quería que pasara algo y no era precisamente platicar o ver películas.

-Mmm... ¿Okay? Me llamo Shaoran Li, tengo 20. Vivo solo y trabajo en el Bistro. Me gusta salir a beber todos los fines, me gusta fumar porros y suelo leer mucho. No aspiro a nada de momento y no tengo ni una meta más que vivir el momento. No quiero nada con nadie por ahora y sólo busco divertirme. Me encanta estar solo y mi color favorito es el verde.- la miró y Sakura también lo hizo de regreso. -¿Eso te sirve?-. Sus cejas se alzaron de forma sarcástica. Aquello estaba tomando más tiempo del que nunca le había tomado para cojer con cualquiera de las chicas que llevaba a casa y eso no le estaba gustando. No entendía qué estaba pasando.

Al escuchar lo que dijo, Sakura lo entendió todo, él no estaba buscando nada serio y ella estaba ahí seguramente para acostarse con él, no tenía intención de conocerla ni siquiera de ser su amigo, sólo quería una cosa y ella no se la iba a dar.

¡Una verdadera lástima! Enserio, porque no iban a llegar a nada más allá de esa "cita" que en realidad había sido un plan para acostarse y listo. ¡No, muchas gracias!

"Tan guapo y tan fácil, ¡una verdadera pena!" Pensó ella.

-... ¡Ya!-. Murmuró ella. Su bonita boca se hizo una línea recta. Asintió mientras lo veía pensativa.

-Bueno, ¿te gustaría que nos pusieramos más cómodos?-Sonrió y se sobó las manos para quitar hierro al asunto.

-De hecho, sí...- Y la frase murió ahí porque no la dejó terminar. Shaoran le robó un rápido beso.

El coraje se apoderó de su cuerpo y se puso roja del enojo y la vergüenza. Sin pensarlo dos veces lo abofeteó con fuerza y se paró del sillón, llena de indignación.

-¿Cuál es tu problema?- Le gritó él sobándose la mejilla derecha.

-Ubícate, yo jamás te di permiso de besarme.- Su rostro encendido, la respiración y la postura de ella demostraban completo enfado y él finalmente lo notó. ¿Cómo pudo ser tan ciego? Quizás porque le había ganado la calentura, pero esa chica nunca se había sentido cómoda con lo que estaba sucediendo.

A Shaoran se le bajaron rápidamente la erección y el coraje. Se levantó también del sillón. Se quitó el gorro y se despeinó su castaño cabello ondulado. ¡Qué imbécil era!

La vio tomar su abrigo y su gorro del perchero. Giró la manecilla de la puerta de forma frenética, pero no consiguió abrirla. La puerta tenía truco.

Sakura lo vio acercarse y el terror se apoderó de ella. Se movió a la esquina más cercana de la habitación como un cervatillo asustado, ese hombre seguramente le iba a hacer daño. Pero no, él se había acercado a la puerta y la giró fácilmente hasta abrirla. Y entonces hizo un ademán de dejarla irse.

La vio con los ojos llenos de lágrimas y entonces se asustó. Si a esa imbécil se le ocurría decir que él había intentado abusar de ella lo iban a meter a prisión y eso era lo último en la vida que necesitaba. Cómo si todo lo que había vivido hasta ese día no fuera suficiente.

Ella dudó un poco y luego salió corriendo del apartamento hasta que giró en el corredor y entonces tomó el elevador de barandales.

La vio perderse a lo lejos y cerró la puerta. Esperaba que eso no tuviera consecuencias o de verdad se iba a meter en problemas. Se fue a su cama y se mesó el cabello con fuerza y frustración. Aquello era malo.

De repente tocaron la puerta y pensó que era ella buscando más problemas, pero no, era solo la pizza...

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¡Holaaaa!

Este capítulo es corto porque el otro si viene largo. (U. _.)7

Espero que hasta ahora les haya gustado esta historia, les juro que va a estar llena de romance, amor, escenas 18 y sobre todo de drama, por acá y por allá. Aún no sé cómo va a acabar y créanme que tengo muchas cosas planeadas para ella, espero realizarlas.

Probablemente se encuentren odiando a Shaoran, lo siento, pero espero que se vuelva un personaje complejo no en el mal sentido. Va a crecer en la historia igual que Sakura.

Me voy, lxs dejo, ¡chau!