Los Sombreros de Paja intentan averiguar qué hacer con sus nuevos polizones.


La tripulación viva de los Sombreros de Paja estaba distraída con los Marines vigilando la llegada de Vivi, por lo que difícilmente se podía esperar que notaran a un solo polizón escondido en los camarotes. La tripulación espiritual, sin embargo, tendría que ser ciega y sorda para no darse cuenta del enorme gigante que sobresalía de su carabela, sentado de piernas cruzadas en la parte superior de los camarotes en una posición que desafiaba la física.

Pasado el estallido de incredulidad inicial, llego la sospecha, pues ya habían visto a esta persona, siempre en compañía de cierto miembro de lato rango de Broque Works.

—¿Qué quiere Mis All Sunday con nuestra tripulación? – una voz se elevó a través del clamor de preguntas para ir directamente al grano, en tono tranquilo pero firme, atrayendo inmediatamente la atención colectiva.

Era fácil subestimar a Banchina. Tenia un temperamento amable, pero era la esposa y madre de unos piratas. Poco la irritaba y, cuando se presentaba la ocasión, uno encontraba que había bajo su habitual suavidad.

Considerando que Nico Robin había sido su enemigo directo no hace mucho, era razonable desconfiar.

—Realmente no pretendemos hace daño –la mujer que había salido de los camarotes al comienzo de la conmoción levanto las manos en un gesto de paz. En apariencia, lucia similar a Miss All Sunday, pero, por supuesto, las apariencias era un pobre indicador de la verdadera edad cuando se trataba de espíritus.

Por el parecido, suponían que era su madre o una hermana.

—Es un poco difícil confiar en tu palabra –respondió Bell-mére.

La mujer de cabello planco encontró sus miradas directamente.

—Me temo que no hay mucho más que podamos ofrecer.

—Oh Dios –ante la nueva pero familiar voz, los Sobreros de Paja se dieron la vuelta. Su amiga de cabello azul estaba allí, observando la situación con una mezcla de interés y preocupación. —Parece que he regresado en un momento bastante complicado.

—¡Titi!

La reina les sonrió ampliamente. En ese mismo momento una voz clara atravesó las aguas desde la orilla.

—¡He venido a despedirme! -Vivi gritó.

—Vivi ha tomado su decisión. Así que también he venido a despedirme en persona –explico Titi.

Titi siempre se había manejado con una gracia majestuosa, la espalda recta y la cabeza en alto, pero a lo largo de su viaje juntos había una carga invisible sobre sus hombros. Ahora parecía libre, aunque se estuviera separando de sus amigos aquí. Pero ella y su hija por fin estaban en casa, en su amado reino que lentamente volvía a florecer.

Los Sobreros de Paja entendieron eso, acercándose a su alrededor para abrazarla.

—Te vamos a extrañar, Titi.

Titi sonrió entre lágrimas y les devolvió el abrazo con fuerza.

—Yo también los extrañare a todos.

Titi miró a los recién llegados, saludándolos con un movimiento de cabeza. Se dirigió a sus amigos.

—Nico Robin arriesgó su vida mintiéndole a Crocodile, fingiendo que el poneglyph era una grabación de la historia de Alabasta, para que no pudiera llegar a Plutón. Estaba con Cobra en ese momento y fui testigo de todo eso. No digo que ella no tenga motivos ocultos al venir aquí, pero tampoco parece ser realmente el enemigo que parecía ser en nuestro primer encuentro.

Ante las palabras de Titi, la animosidad en los espíritus disminuyó ligeramente. Todavía estaban cautelosos, y los estarían por algún tiempo, pero ahora estaban considerándolo. Podrían darles el beneficio de la duda.

—Escolares de Ohara… Me gustaría escuchar su historia algún día.

Olivia inclino su cabeza respetuosamente a cambio.

El Going Merry zarpó de las aguas de Alabasta, separándose tristemente de dos de sus amigos, pero trayendo consigo otros nuevos.