Capítulo 23: La vida que elegimos…
Hermione miró fijamente a través de la enorme ventana que había en medio del dormitorio, y sintió que los primeros rayos de luz iluminaron su rostro. Apenas eran las seis de la mañana, y siendo lunes, había decidido disfrutar del amanecer cuando sintió que ya no podía seguir durmiendo ni un minuto más. Ya casi era otoño, pero el frío que caracterizaba a Londres parecía no afectarle en lo absoluto y continuó con el torso desnudo observando el paisaje frente a sus ojos.
Habían pasado seis meses desde que habían dejado Hogwarts.
Seis meses, resonó en su cabeza mientras pensaba en lo rápido que podía correr el tiempo cuando en verdad podías ser feliz.
Y ciertamente, muchas cosas habían sucedido desde entonces.
Tanto Draco como ella habían empezado a convivir juntos luego de que pasara un mes desde que se habían graduado de Hogwarts. Sus padres no parecieron sorprendidos cuando Hermione les dijo que comenzaría a vivir con Draco en cuanto empezaran sus estudios en la universidad mágica de Londres, y ellos habían aceptado respetando la decisión de su hija.
Cuando Draco le había dicho que había conseguido un lugar para vivir en el centro de Londres muggle, Hermione había pensado que se trataría de un simple y sencillo apartamento, sin embargo, jamás imaginó que ese apartamento en verdad se trataría de un increíble penthouse ubicado en uno de los vecindarios más exclusivos de la ciudad. Sabía que su novio no había reparado en gastos, y le había ofrecido lo mejor de lo mejor cuando les dijo que vivirían juntos. Y aunque al inicio a Hermione le había parecido exagerado y le había dejado en claro que ella no necesitaba de ese lujo para ser feliz a su lado, sabía que no podía hacer nada al respecto, y por complacer a Draco, aceptó aquella vida ostentosa que él le ofrecía.
-Buenos días…-susurró él melodiosamente en su oído.
Hermione esbozó una sonrisa, cuando sintió que sus manos empezaban rodear su cintura.
-Tienes clases a las ocho.-le susurró con suavidad al mismo tiempo que echaba la cabeza hacia atrás.
-¿Y qué?-preguntó Draco contra el lóbulo de su oreja.-No nos demoraremos… O tal vez sí.-sentenció al mismo tiempo que atrapaba su rostro entre sus manos, y acerca sus labios a los suyos.- Nunca me cansaré de decirlo, pero eres hermosa.
Ni si quiera dejó que Hermione pudiera darle una respuesta, puesto que ya se había fundido en un apasionado beso con ella. Podía besarla por horas, por siempre, y jamás se cansaría de sentir la increíble textura de sus suaves labios que le invitaban a realizar los actos más pecaminosos cuando ambos estaban juntos.
En efecto, Draco sabía que ambos tenían clases a las ocho, pero no podía ser rápido, esa palabra no existía en su vocabulario, y menos aun cuando se trataba de hacerle el amor a su hermosa novia.
-Oh, demonios…-gimió Hermione al mismo tiempo que Draco la desnudaba por completo e iba deslizando sus labios por el borde de su cuello y se dirigía peligrosamente a sus senos.
Tomó uno con sus labios, lo saboreó, lo succionó, y tomó el otro con una de sus manos, masajeándolo hasta que sintió que ambos pezones se pusieron tan duros que pudo sentir que la excitación de su novia bajó su piel. De inmediato, Hermione palpó la erección de Draco con su mano, y se dio cuenta de lo excitado que él también estaba.
La castaña no lo dudó ni un solo segundo más, se separó de él, se colocó de rodillas y tomó la erección de su novio entre sus manos, acariciándolo con lentitud al mismo tiempo que Draco echaba la cabeza hacía atrás y se dejaba llevar por el excitante momento. Se suponía que era él quien deseaba darle el máximo placer a su novia, pero al parecer Hermione tenía otros planes.
El rubio ni siquiera tuvo tiempo de poder agregar algo más. Hermione esbozó una sonrisa traviesa y luego se llevó la palpitante erección de Draco a su dulce boca. Esa deliciosa boca que hacía maravillas que sólo él le había enseñado.
Draco dejó escapar un gemido, y se sintió en la verdadera gloria. Sólo ella era capaz de poderle transmitir ese increíble gozo que lo llenaba de un placer infinito, y con cada lamida o succión, Draco podía sentir chispas en su interior.
Una de sus manos pareció perderse en el suave cabello de Hermione, y no pudo evitar profundizar aquella sesión de sexo oral.
-Maldita sea, Hermione… Harás que me venga pronto.-exclamó él al mismo tiempo que jadeaba.
Definitivamente, la rutina por las mañanas se había vuelto en una de sus partes favoritas del día.
Hermione dejó de succionar la erección de su novio, y alzó su vista hacía él. Ella lucía demasiado encantadora y apetecible, era un completo deleite frente a sus ojos grises.
-Lo sé… Supongo que hemos practicado mucho.-dijo ella sutilmente mientras esbozaba una tierna sonrisa y se relamía los labios al mismo tiempo.
¿Cómo demonios podía ser tan encantadoramente perfecta?, se preguntó Draco sonriendo también.
-Sí, es verdad, pero por mucho que adore tu boca, ahora sólo quiero venirme dentro de ti.-le anunció al mismo tiempo que la atraía hacía él.
De inmediato la sentó en sus piernas y lentamente se introdujo dentro de ella. Hermione gimió de inmediato, y rodeó su cuello con ambos brazos mientras Draco empezaba a embestirla. Ambos gemían y jadeaban, disfrutando de aquel ardiente momento, y deseando que jamás se terminara.
-Oh, por Dios, no te detengas…-exclamó Hermione al mismo tiempo que se fundía en un beso frenético con su excitado novio. Draco profundizó aquel beso, queriendo fundirse y poder saborear su dulce boca. Jamás podría acostumbrarse a su delicioso sabor. Era como una maldita droga de la que nunca podría cansarse.
-No lo haré, Hermione, no me detendré…-gimió él contra sus perfectos labios, y empezó a aumentar el ritmo de las embestidas, penetrando los perfectos y estrechos pliegues de la castaña con lujuria, al mismo tiempo que sentía que algo inevitable estaba por suceder.
Sin poder contenerlo más, Draco dejó que esa explosión de placer los golpeara a ambos, y se vino dentro de ella, tal y como se lo había prometido.
El rubio se vio embragado de esa sensación y se aferró al cuerpo de Hermione.
-Soy adicto a ti.-confesó mientras su respiración seguía agitada.
Hermione acarició dulcemente los mechones rubios de su cabello, mientras él colocaba su rostro contra su pecho.
-Te amo…-susurró ella jadeando y dejando un breve beso en su frente.
Draco alzó su mirada, y ella tomó su rostro entre sus manos.
-Eres increíble, Hermione.-respondió rozando sus labios contra los de ella.-Te amo más que a nada en este mundo, preciosa.
La castaña le echó una mirada y acarició su mejilla, mientras él cerraba los ojos dejándose llevar por aquella sensación de satisfacción y paz que siempre lo inundaba cuando ella lo tocaba.
-Desearía que no tuviéramos clases.-murmuró Hermione aun recuperándose de aquella sesión erótica que ambos habían llevado a cabo minutos atrás.
-Podemos faltar hoy… Esto no es Hogwarts.-agregó Draco aún jadeando.
Ella sonrió de lado.
-Lo sé.-le dijo suspirando y perdiéndose en sus ojos grises por unos segundos, hasta que volvió a la realidad.-Pero hoy tengo una práctica en el curso de Ética y ciudadanía mágica. No podría faltar aunque quisiera, y tú tienes clases de Finanzas a las ocho.-sentenció al mismo tiempo que reía suavemente.
Draco la besó por última vez. Sabía que sería imposible convencerla de que faltaran a clases, pero lo cierto era que eso ya no importaba. Finalmente vivían juntos, y podrían recuperar el tiempo perdido en cuanto volvieran a casa.
Casa.
Aquella palabra hizo eco en el interior de Draco. Por primera vez en su vida, sentía la calidez de un hogar, aquella sensación que nunca había experimentado antes y se le había hecho tan ajena cuando era un niño. Pero en esos cortos seis meses que llevaban viviendo juntos, Hermione había logrado que Draco se sintiera más feliz de lo que alguna vez había sido en toda su vida. Tenían un hogar que ambos habían construido, y su relación era tan estable que por la cabeza de Draco había empezado a surgir una pregunta que nunca pensó que se la propondría a alguien.
Sabía que ambos aún eran jóvenes, él tenía diecinueve, Hermione apenas había cumplido veinte hacía dos meses atrás, y recién cursaban su primer semestre en la universidad Mágica de Londres, y aún así, Draco sentía que habían logrado más de lo que cualquier otra persona de su edad hubiera logrado.
Hacía más de un año habían iniciado un romance clandestino en la escuela, luego habían sido sometidos a la humillación pública por ello, Hermione había sido atacada por Astoria Greengrass, Draco había sido repudiado por sus padres, y sin embargo, habían logrado superar todos y cada uno de sus obstáculos. Y finalmente estaban aquí, como dos adultos completamente independientes e intentado salir adelante juntos.
Draco jamás permitiría que aquella maravillosa realidad se terminara. A veces pensaba que esto sólo era un sueño, porque no podía creer que un ex mortífago como él podía ser tan feliz junto a la mujer de sus sueños.
El destino tenía una manera misteriosa de actuar, y sabía que tal vez Hermione pensaría que aún era demasiado pronto como para pensar en matrimonio, pero Draco sí lo quería y lo deseaba pronto, aunque primero tenía que pensar en cómo se lo diría. Quería que todo fuera perfecto para ella y de ningún modo asustarla con aquella propuesta.
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Se podían escuchar las frías gotas de la intensa lluvia a las afueras del salón, una lluvia que anunciaba la gran tormenta que se acercaba, propia del otoño londinense.
Pero eso no la distrajo, y Hermione continuó anotando algo breve en su pequeño cuaderno azul mientras el profesor de turno terminaba de dar unas últimas indicaciones a todos los alumnos.
-No olviden la práctica del día miércoles. Eso sería todo por hoy, jóvenes. Pueden retirarse.-les dijo dando por terminada la clase y todos se ponían de pie.
De inmediato, la castaña sintió una mano en su hombro, y cuando se giró para ver de quién se trataba, se encontró con la mirada verde de Pansy Parkinson.
-La clase ya terminó, y tu sigues haciendo apuntes.-murmuró en un tono bromista mientras Hermione empezaba a colocar todo dentro de su morral, y se ponía de pie arreglándose rápidamente su cabello.
-No quería perderme de nada.-le respondió un tanto distraída.
Pansy empezó a reír.
-Aunque lo intentes, jamás reprobarías, Hermione, y lo sabes.-le dijo al mismo tiempo que cogía su bolso.-Ven, vámonos de aquí. Theodore me comentó que quería invitarnos a comer.
-Sí, lo sé. -murmuró Hermione un tanto pensativa y recordando que Draco continuaría en clases durante todo el día.-Es lunes, Draco no podrá venir, tiene clases de economía.
Pansy asintió en silencio, y juntas salieron del salón, mientras se dirigían a los pasillos del enorme campus universitario en el que ahora estudiaban.
La universidad mágica de Londres era muy diferente a Hogwarts. No era un castillo antiguo como su vieja escuela, y era más moderna de lo que Hermione alguna vez hubiera imaginado. Había más universidades mágicas en Inglaterra, pero esta era la más prestigiosa y a la que casi todos los ex alumnos de Hogwarts asistían.
Se acomodó su cabello una vez más, y recordó que los primeros meses le había parecido extraño no ver a Draco en ninguna de sus clases, y le tomó un tiempo aclimatarse a este nuevo ritmo de vida universitaria. Él estaba estudiando Finanzas mágicas y contabilidad, y ella había elegido Leyes. Definitivamente, no coincidían en ninguna clase. Pero todo mejoró, cuando ambos finalmente decidieron empezar a vivir juntos hacía unos cuantos meses atrás.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Hermione, cuando recordó aquellos primeros días en los que empezó a convivir con Draco y como él terminó acostumbrarse a los artefactos muggles que al inicio le parecían tan extraños, pero que simplificaban sus vidas enormemente.
-No lo sé. No he preguntado.-sentenció Theodore haciendo sus libros a un lado y probando un bocado de la ensalada que comía.-Sinceramente, no tengo ni idea, Pansy. Creo que su juicio será el próximo año, luego del invierno.
La azabache frunció el ceño y pareció desaprobar su actitud.
-Es tu padre, Theo. Eso no significa que debas odiarlo.-le insistió en desacuerdo con su comportamiento.
El castaño rodó los ojos sin importancia, para él era como si su padre no existiera.
-Oh, vamos, no lo odio, simplemente, prefiero ignorarlo.-le aseguró.- De todas formas para mi familia es cómo si yo estuviera muerto. Decidieron desheredarme el verano pasado, ¿recuerdas? cuando les dije que me iba de casa y que continuaría mi relación con Luna.
Hermione entendía a lo que él se refería, porque era exactamente lo mismo que había sucedido entre Draco y sus padres.
-Te entiendo, pero tal vez puedas ayudarlo en su próximo juicio.-murmuró Pansy abriendo uno de sus libros.-He oído que llamarán a varios familiares a testificar y puede que tal vez les otorguen la libertad condicional a ciertos mortífagos.
Tanto Theo como Hermione se miraron con sorpresa por no haberse enterado de aquella medida con anticipación.
-Oh, no, definitivamente, no.-empezó a decir Theodore moviendo la cabeza negativamente.- Mi padre merece estar donde esta.-sentenció más que satisfecho.-Entiendo que quieras ayudar a tu padre, Pansy, pero el mío me odia y puedo asegurarte que así quisiera ayudarlo, él me rechazaría.
Pansy puso los ojos en blanco.
-¿Y qué hay de Draco, Hermione?-le preguntó al mismo tiempo que la castaña volvía su rostro hacía Pansy y dejaba de leer uno de sus libros.
Presionó los labios un tanto pensativa, y luego apoyó su cabeza sobre una de sus manos.
-Sinceramente, no lo sé.-le respondió encogiéndose de hombros.-Nunca hemos hablado sobre ese tema. Ni siquiera sabía que habría otro juicio contra los mortífagos, pensé que no tendrían derecho a uno, al menos por un largo tiempo.-le confesó un tanto sorprendida.-Pero se lo mencionaré de todas maneras.
La azabache asintió en silencio comprendiendo las palabras de Hermione.
-¿Y por cierto, dónde demonios está Draco?-preguntó Theodore tomando un poco del refresco de Pansy.
-Es lunes.-murmuró Hermione como si fuera lo más obvio del mundo.-Tiene clases de economía durante casi todo el día… Siempre lo olvidas, Theo.-respondió sonriendo.
-Lo siento. A veces olvido hasta mi propio horario de clases.-le dijo al mismo tiempo que lucía un tanto reflexivo.-Es que extraño a Luna. No veo las horas de que se gradúe de Hogwarts.
-Lo sé.-murmuró Hermione buscando la manera de animarlo.-Sé que verla los fines de semana no es suficiente, pero en un par de meses ella estará aquí con nosotros.
Theodore esbozó una sonrisa y asintió.
-Eres todo un romántico.-se burló Pansy alzando una ceja.-¿Quién lo diría?
-Lo entenderás cuando encuentres al amor de tu vida.-le respondió el castaño sin muchas ganas de querer ahondar en el tema.
-Oh, vamos, basta de tantas cursilerías.-se quejó ella al mismo tiempo que reía.-Yo jamás me enamoraré. No por ahora.
Hermione también sonrió. Le gustaba tener a Pansy Parkinson como nueva amiga. Era bastante graciosa y no se parecía en nada a esa muchacha engreída que había sido cuando eran niñas. Parecía imposible que algo como eso pudiera suceder en algún momento de su vida, pero al estudiar ambas la misma carrera universitaria, y aquella última conversación que habían tenido en Hogwarts hacía meses atrás, había terminado por formar una nueva e inesperada alianza.
A veces, Hermione sentía que Pansy tenía mucho en común con Ginny, y eso le traía recuerdos de la pelirroja.
Su amistad con la menor de los Weasley no se había fracturado por completo como había creído en un principio, puesto que Harry había mediado entre ambas durante el último verano, y eventualmente, parecía que las dos habían retomado comunicación por medio de cartas. Tal vez no eran tan cercanas como antes, pero habían hecho un gran avance.
De pronto, Pansy pareció recordar algo porque frunció los labios, y luego miró a Hermione un tanto pensativa.
-Tengo noticias sobre cierta persona.-murmuró un tanto inquieta y eligiendo correctamente sus palabras.-Pero no sé si realmente quieras oírlas, Hermione.
Theodore y Hermione se miraron entre sí, y luego dirigieron su vista hacía ella.
-Vamos ya hablaste, ahora sólo dilo.-le instó Theodore.
-Está bien, puedes decírmelo.-le respondió Hermione intuyendo de quién y de qué podría tratarse.
La chica tragó espeso, y luego miró a la castaña.
-Hace unos días estaba hablando con Daphne.-sentenció al mismo tiempo que Hermione se tomaba unos segundos para recordar que Daphne Greengrass también estaba estudiando en la misma universidad que ellos, pero por vergüenza o alguna otra cosa, Daphne siempre intentaba evitarla o evadirla cada vez que coincidían en los pasillos de la enorme universidad.-Sinceramente, siento tanta pena por ella. Tener que cargar con todo eso.-continuó Pansy, y al mismo tiempo Hermione también sintió lástima por la mayor de las Greengrass. Aquella chica no había hecho nada, y sin embargo, había sido tan juzgada y humillada como su desquiciada hermana menor.- Mmm… Dice que Astoria ha regresado de ese internado ruso al que la enviaron.
De inmediato, Theodore rompió en una carcajada.
-¿¡Internado ruso!?-inquirió al mismo tiempo que reía.- ¿Hospital psiquiátrico, querrás decir?-se burló.
Pansy también rió sin poder contenerse.
-Sí, lo sé. Yo tampoco me tragué el cuento de que la habían enviado a otra escuela para que terminara sus estudios. Definitivamente, sus padres la enviaron lo más lejos posible para que nadie sospeche que su hija en verdad esta loca, y decidieron ahorrarse la vergüenza de que todo su círculo social supiera la verdad, aunque ya todos lo saben.-respondió con sinceridad y volviendo a la seriedad.-El punto es que al parecer ya le dieron de alta, y pues según Daphne, Astoria ha regresado a Inglaterra. Pero sinceramente, no creo que esa idiota intente acercarse a ustedes, o algo así. No después de la orden de restricción que recibió por parte del ministerio.
Hermione hubiera querido reírse con ellos y bromear respecto a eso, pero no pudo evitar sentirse incómoda desde que escucho que Astoria había regresado, trató de analizar las palabras de Pansy y guardó un largo silencio mientras intentaba procesar toda la nueva información que había recibido. Definitivamente, había mucho en que pensar.
Aquella psicópata había regresado.
¿Pero eso significaba que Astoria intentaría hacer otra locura? Intentó desechar la idea tan pronto como pudo. De todas formas, Greengrass tenía una orden de restricción y no podía acercarse ni a ella o a Draco.
Y aunque dijeran que había recibido tratamiento psicológico, Hermione no podía evitar sentir un gran fastidio en su interior. Las palabras de Pansy la habían dejado un tanto intranquila.
-Te prometo que esa demente no se acercará.-le dijo Theodore pareciendo haber leído sus pensamientos.
-No, no es eso lo que me preocupa.-les confesó al mismo tiempo que esbozaba una sonrisa.-Sinceramente, no me importa si es que ella ha regresado o no. Todo eso ha quedado atrás... De todas formas, gracias por decírmelo Pansy. Espero que no le cause más problemas a su familia.-murmuró despreocupada.
Luego de aquella revelación, Hermione intentó olvidarlo y decidió que eso no le afectaría en lo absoluto. Sabía que sería inútil seguir pensando en ello.
Las clases continuaron con el mismo ritmo pausado, e incluso se encontró con Neville en los pasillos cuando cruzaba el campus en busca de Draco al final del día.
Ambos se saludaron y hablaron de cosas sin importancia. Él había decidido estudiar Herbología, y al parecer la vida universitaria le había caído bastante bien porque las plantas y hierbas mágicas eran lo suyo.
Continuaron conversando sobre otros asuntos, y cuando finalmente llegó al pabellón de Finanzas, escuchó la campana que daba fin a las clases y se despidió de Neville.
Esperó por un par de minutos mientras sacaba un paraguas de su pequeño bolso, puesto que otra tormenta se acercaba, y al poco tiempo no tardó en encontrarse con Draco, quien bajó las escaleras del pabellón a toda prisa.
-¡Hermione!-exclamó entusiasmado mientras ella esbozaba una sonrisa.-¿Qué haces aquí?-le preguntó yendo a su encuentro.-Pensé que iría por ti.
Ella le dio un breve beso en los labios.
-Las clases acabaron antes, y decidí venir por ti. Ya quiero ir a casa.-murmuró mientras tomaba su mano entre la suya.-Estoy cansada.
-Esta bien.-respondió él colocando un brazo alrededor de su cintura, y notó cierta molestia en su mirada. La conocía lo bastante bien como para reconocer que no había sido un buen día para ella.
Se desaparecieron de inmediato, y en menos de dos minutos ya estaban a las afueras del enorme edificio en el que vivían. Tomaron el ascensor y Hermione reclinó su cabeza sobre los hombros de Draco por unos segundos.
Se sentía exhausta tanto física como mentalmente. Había sido demasiado por hoy y sólo quería que el día se acabara.
Finalmente, llegaron a su apartamento y la castaña no tardó en dejar sus cosas sobre el sofá. Estar rodeada de aquella cálida sensación que emanaba su hogar, hacía que su ánimo mejorara.
-¿Bien, qué quieres comer esta noche?-le preguntó a su novio volviéndose hacía él, y esbozando una sonrisa.
-Lo que desees. De hecho, no tienes que cocinar si estas cansada. Yo puedo hacerlo por ti, o podemos ordenar algo.-le sugirió el rubio.
A Hermione le pareció bastante dulce de su parte, y no pudo evitar besar sus labios.
-Eres tan tierno.-sentenció al mismo tiempo que se separaba de él, y se dirigía hacia la cocina en busca de algo que hacer y mantener la mente ocupada.
Draco fue detrás de ella sabiendo que algo le molestaba.
-Siento que no me estás diciendo algo, Hermione.-le musitó al mismo tiempo que se sentaba en una de las sillas del comedor.
-No es nada.-murmuró ella mientras buscaba algo en la refrigeradora.-Sólo estoy un poco estresada, tendré tres exámenes en un solo día la próxima semana.
Draco se quedó pensativo. Sabía que estaba mintiendo, pero no entendía por qué.
-Eso nunca fue un problema para ti.-le dijo volviendo a tocar el tema, pero ella no parecía estar dispuesta a hablar.
Hermione intentó disimular su ánimo, y mientras buscaba algo en la cocina, notó que había una peculiar carta en su correspondencia. De inmediato cogió aquel sobre y esbozó una sonrisa cuando notó que se trataba de Harry, pero en esta ocasión la carta iba dirigida a ambos, a ella y a Draco.
-Lo sé. Es sólo que ahora todo es distinto.-sentenció contestándole a Draco y refiriéndose a la universidad.-Tengo más deberes y otras obligaciones. Quieren que vaya al ministerio la próxima semana a hacer un par de práctica pre profesionales.
Draco asintió en silencio. Sabía que ella era la más inteligente de su clase, y se ponía retos constantes por querer superarse a sí misma, pero aun así Draco sabía que había algo que le ocultaba, y prefirió no seguir presionando el tema.
Hermione sostuvo el pequeño sobre que contenía la carta del azabache. Harry ya les había visitado en varias ocasiones, y según por lo que les contaba le estaba yendo de maravilla en la academia de Aurores.
De inmediato, Draco la rodeó con ambos brazos por detrás y Hermione sintió su dulce respiración contra su cuello. Aquella sensación era demasiado agradable y la castaña sentía que no podía resistirse.
-Prométeme que todo estará bien.-sentenció Hermione mientras cerraba los ojos y se dejaba llevar por las caricias de su novio.
-Te prometí que así sería y siempre será así, Hermione.-le susurró contra su oído y dejando un breve beso en su suave mejilla.-Sabes que puedes decirme todo.
-No es nada, es sólo que todo es tan perfecto, que temo despertar un día y que sólo sea un sueño.-le confesó mientras enroscaba sus manos con las suyas.
Aquellos eran los mismos miedos que Draco tenía todos los días de su vida, y no tardó en consolarla.
-Eso jamás sucederá. Sólo porque todo marche bien, no significa que algo malo vaya a suceder.-le prometió mientras se giraba para verla fijamente a su rostro.-Siempre estaremos juntos. Lo sabes.
-Lo sé. Es una promesa.-respondió sonriendo y observándolo en silencio por unos segundos que deseaba que fueran eternos.-En verdad, me haces muy feliz, Draco.-sentenció mirándolo fijamente a los ojos grises.-Soy muy feliz.-se corrigió a sí misma.-Más feliz de lo que alguna vez hubiera imaginado.
De inmediato, se aferró al rubio imaginando que así serían sus días para siempre.
-Me he encargado de que seas feliz cada día de tu vida desde que decidiste venir a vivir conmigo, Hermione.-susurró Draco satisfecho de oír las palabras de su novia.
-Lo haz logrado.-le contestó ella acercándose a él, y besando ligeramente sus labios.
-Nunca tendré suficiente de ti.-le susurró suavemente, mientras Hermione cerraba los ojos y se dejaba envolver con sus caricias.
La castaña empezó a reír.
-Si continuamos con esto... No tendremos nada que cenar.-le dijo arreglándose un mechón castaño que caía por su mejilla.
-¿Y a quien le importa la cena? Ya te lo he dicho, podemos ordenar algo.-insistió Draco.
Hermione esbozó otra sonrisa, y se separó de él antes que no pudiera hacerlo.
-No ordenaremos nada, porque sabes que amo cocinar para ti.-le aseguró mientras volvía a la cocina de inmediato y se disponía a preparar uno de los platillos preferidos de su novio. En verdad lo disfrutaba, y amaba que por primera vez en su vida podían compartir de estos pequeños momentos juntos. Simples momentos, pero juntos al fin y al cabo.
Draco se quedó en silencio por unos segundos, y se imaginó si así serían los días en los que finalmente ella pudiera ser su esposa. Tal vez sonaba algo anticuado o demasiado pronto, más aún cuando ambos habían salido de relaciones pasadas desastrosas, pero ahora más que nunca Draco deseaba estar comprometido con Hermione.
En verdad lo deseaba.
-Muy pronto será para siempre.-susurró para sí mismo echando la cabeza hacía atrás.
Hermione creyó escuchar algo, y de inmediato alzó su rostro.
-¿Dijiste algo?-preguntó desde la cocina, mientras reía y movía la cabeza para ambos lados.
Draco también lo hizo.
-Sí. Dije que luces hermosa.-respondió al mismo tiempo que Hermione parecía sonrojarse.
La castaña sonrió para sus adentros, y aunque tuvieran poco más de un año de relación aún se ruborizaba con los halagos que su novio le hacía todos los días.
-Gracias, dragón.-respondió mientras le echaba una mirada cómplice y volvía a lo suyo.
Mientras se tomaba el tiempo para cocinar, Hermione abrió el pequeño sobre en el que se encontraba la carta que Harry le había enviado. Rompió el pequeño sello de cera que llevaba la letra "P" en el centro, y encontró lo que parecía ser un pequeño pergamino con aroma a rosas.
De inmediato, lo abrió y sonrió enormemente cuando notó que se trataba de una invitación a la boda de Harry con la menor de los Weasley.
-¡Harry y Ginny!-exclamó Hermione mientras Draco alzaba la cabeza un tanto despreocupado.
-¿Qué sucedió con Potter esta vez?-preguntó el rubio echándole una mirada al diario El profeta y notaba que había un artículo que hablaba sobre su padre y otros mortífagos.
Al parecer, en un par de meses se realizaría otro juicio contra Lucius, y esta sería su última oportunidad para poder conseguir la ansiada libertad condicional.
-¿Qué no me haz oído?-preguntó Hermione llegando hacía él con un pergamino en sus manos.
De inmediato, la castaña le echó una breve mirada al Profeta y entendió porque Draco no había estado prestándole atención.
-Lo siento.-le dijo ella en referencia a su padre.
Draco negó de inmediato.
-No tiene importancia. ¿Qué decías sobre Potter y Weasley?-le preguntó sin querer que ella se preocupara por cosas que no tenían relevancia.
Ella dejó salir un suspiro. Sabía que aún quedaba un largo camino para que Draco y su padre limaran asperezas.
-Harry y Ginny se van a casar.-expresó Hermione sonriendo al mismo tiempo que el rostro del rubio se quedaba un tanto desconcertado.-Y nos han invitado, les gustaría que seamos parte de la ceremonia.
Draco dudó por unos segundos. Sabía que Potter era como un hermano para Hermione, pero no sabía si sería buena idea volver a ver al idiota de Ronald Weasley, y menos en una boda.
-¿En serio?-fingió sorpresa.
-Oh, vamos.-respondió ella descifrando su rostro en menos de un minuto. -Conozco esa expresión. ¿Crees que habrán problemas porque Ronald estará ahí?
Draco asintió de inmediato. Era más que obvio.
-Es la boda de su hermana. Te puedo asegurar que no sucederá nada.
-¿Crees que es una buena idea?
-Sinceramente, jamás me perdería la boda de mi mejor amigo, Draco. Sé que habrán muchas miradas puestas en nosotros, pero esto en verdad es importante para mí. Es la boda de Harry. Él me apoyó mientras sucedieron aquellos eventos del año pasado.
El rubio le echó una mirada, la entendía perfectamente. Podía dar fe que Potter era uno de los pocos amigos que en verdad se habían preocupado por ella, cuando Hermione había caído en coma por culpa del idiota de Weasley.
-Sabes que no puedo negarte nada.-respondió Draco al mismo tiempo que Hermione esbozaba una enorme sonrisa.
No pensaría en eso por ahora, en su mente habían cosas mucho más importantes en que pensar, y ahora más que nunca, Draco sabía que necesitaba conseguir el anillo más bello y perfecto que su dinero pudiera comprar para poder realizarle aquella importante propuesta a Hermione.
El compromiso se había vuelto una prioridad.
Ella se merecía lo mejor, y él se aseguraría de que así fuera.
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Hola! Espero que este nuevo capítulo les haya gustado :) No olviden agregarme a favoritos o dejarme un review si desean. Me encantaría saber que opinan!
