Notas del capítulo: Aquí regreso, con la parte final de esta historia. Esta ha salido un poco más larga (todos mis chicos exigieron tener grandes monólogos, ya ven). Veremos más de Jim y más de John. No digo más: ¡A leer!
Advertencia: El contenido no-Johnlock fue exclusivo de la parte I. Sólo para que sepan.
oÖo
Chantaje
por Maye Malfter
oÖo
Parte II
.
Sherlock se alejó de inmediato del cuerpo de Jim, aún sabiendo que dadas las circunstancias este era un gesto por completo inútil. John estaba sentado y atado en una posición desde la cual seguramente era capaz de ver toda la habitación circular. Los altavoces en las esquinas de la sala cuadrada y la expresión en el rostro del doctor confirmaban lo obvio.
Sherlock se acomodó la ropa lo más rápido que pudo, guardó su ahora fláccido miembro dentro de sus pantalones e intentó dar un paso hacia el vidrio, sin saber que decir, sin saber qué hacer. Medio segundo después decidió no moverse de su sitio. Jim aún yacía en la cama, con una sonrisa amplia y observando alternativamente a John y a Sherlock.
—Oh, pero mira a quién tenemos aquí —dijo en tono cantarino, girándose en la cama hasta quedar frente al vidrio, su cabeza apoyada en una mano—. Doctor Watson, no sabía que le gustara espiar los polvos casuales de su compañero de piso. Jamás pensé que le interesara el voyeurismo, pero caras vemos…
John volteó a verle, con los puños apretados y la indignación dibujada en sus facciones— Maldito infeliz, déjame salir de aquí ¡Ahora!
Moriarty compuso una sonrisa y con su mano libre volvió a tronar los dedos. Casi al mismo tiempo, la puerta a la derecha de John se abrió y un hombre de traje y lentes oscuros ingresó por ella, seguramente uno de los hombres del criminal. Comenzó a desatar las cuerdas en los tobillos de John, mientras la mirada de este no se apartaba ni por un segundo de la de Jim. Sherlock siendo completamente pasado por alto.
—Te dejaré ir, Watson. Creo que ya has visto suficiente —declaró Jim, paseando un par de dedos de manera descuidada sobre su estómago completamente manchado por su propio semen—. Espero que no intentes nada estúpido, como golpear a quién tan amablemente te está desatando para llevarte a casa. Si lo haces, tendré que considerar dejarte un poco más.
John no se movió ni un ápice, su mirada ahora vacía, observando hacia algún punto distante de la habitación. Claramente está intentando no mirar lo que tiene justo al frente, pensó Sherlock, apenas reaccionando, sus neuronas de nuevo haciendo contacto entre ellas. Miró a Moriarty con todo el desprecio que no había podido expresar en los pasados meses, las ganas de arremeter contra él viéndose incrementadas a cada segundo. Jim volteó a mirarle y le dedicó otra sonrisa, una burlona, como aquella que le diera la primera vez que se reunieron para discutir los términos de su convenio.
—Ni siquiera lo pienses, sexy —siseó—. Si rompes tu promesa yo también podría romper la mía.
Sherlock apretó los puños tan fuertemente que sus nudillos comenzaron a palidecer, pero se mantuvo sereno en apariencia, sin atreverse a mirar de nuevo hacia John. Un par de minutos más tarde, Jim habló de nuevo.
—Ya eres libre, Johnny boy. Si sigues a mi asistente, él te llevará a la calle Baker. Espero que hayas disfrutado del espectáculo —Sherlock observó -gracias a su vista periférica- como John se levantaba de la silla y salía de la habitación, sin decir nada y sin mirar atrás.
Eso era todo y Sherlock lo sabía. Sabía que John se iría de la calle Baker tan pronto como los hombres de Moriarty le dejasen en la entrada, pues todo lo que había presenciado indicaba que Jim y él eran amantes. Amantes, pensó con amargura.
Jim le miraba de nuevo, de frente sobre la cama y apoyado en sus codos. Una sonrisa triunfante en sus labios, una que Sherlock quería borrar a golpes. Pero no podía hacerlo, pues el criminal no había fallado en recordarle su trato. Técnicamente, este aún era uno de sus encuentros. Técnicamente, Sherlock debía comportarse adecuadamente si no quería que Jim incumpliera su palabra, aunque a juzgar por sus acciones anteriores las promesas del criminal consultor eran mentiras del tamaño del Támesis.
—Sherlock, Sherlock, Sherlock. Mírate nada más, estás hecho un desastre. Toda tu ropa anuncia a gritos que te acabas de pegar un buen revolcón. Y tu cabello todo húmedo y revuelto. No me sorprende que tu mascota se haya ido enfadada —el tono de Moriarty era de burla, sin duda alguna.
Se estaba burlando de Sherlock por haber confiado en él. Se estaba burlando de su ingenuidad, y del hecho de que aún luego de todo lo que había pasado, el detective no se atreviera a partirle la cara. Tal vez era eso lo que Moriarty realmente estaba buscando: Una excusa. Una excusa para faltar a su palabra. Una excusa para acabar con la vida de Sherlock de todas las maneras posibles. Era eso o que disfrutaba haciéndole daño. Tal vez ambas.
Sherlock permaneció impasible, sus ojos como única vía de escape de sus crecientes emociones de cólera y violencia en contra de Jim. Moriarty habló de nuevo.
—Ya puedes hablar, por cierto —dijo de manera casual—. Se acabó la sesión, así que eres libre de expresarte. Solo no me vayas a golpear, porque estoy débil aún y podría accidentalmente tronar los dedos y hacer que alguien vacíe todo un cartucho de balas en esa curiosa cabecita tuya, lo que sería un desperdicio si quieres mi opinión.
Sherlock soltó de manera casi imperceptible el aire que ni siquiera había notado que estaba conteniendo. Le miró a los ojos, esos ojos que ahora se mofaban de su estupidez, de su derrota— ¿Por qué? —preguntó, al ser la única cosa en la que realmente podía pensar.
— ¿Y por qué no? —fue la escueta respuesta de Jim.
—Pensé que teníamos un acuerdo.
—Y lo teníamos, sí. Yo acordé no hacerle daño físico a tu noviecito si tú le hacías mantenimiento esporádico a mis necesidades carnales. Nunca dije nada acerca del daño emocional.
Sherlock abrió la boca y volvió a cerrarla de inmediato, apretando los dientes. Ese bastardo había encontrado una laguna en su propio convenio y la había utilizado en contra del detective. Aparentemente no había manera de que Sherlock hubiese podido salir bien parado de todo el maldito asunto. Su perdición estaba sellada desde el mismo momento en el que se convirtió en la fijación de James Moriarty.
— ¿Por qué ahora?
—Porque puedo. Porque quise. Porque ya me aburrí de esto que tenemos. Porque ya no soporto que seas tan pasivo, que no hagas nada más allá de lo que te ordené hace meses. No te rebelas, no peleas, sólo… Ughh —resopló exasperado—. Sólo te resignas.
—Pero pensé-
—Pensé, pensé, pensé —imitó— ¿Qué pensaste? ¿Qué con venir aquí todas las veces que te llamara, sin resistirte, sin objetar, salvarías a tu John de mí? ¿De mi locura? Inicié esto para verte bailar, para verte debatirte entre lo que querías hacer y lo que tendrías que hacer. Y no me malinterpretes, el sexo era fantástico, pero esto no era lo que tenía en mente: A ti, meses después, y aún sin mostrar tus verdaderos colores. Sin mostrar ni un ápice del verdadero Sherlock. Y me cansé.
—Tu plan era que me revelara. Que contraatacara… —aventuró Sherlock, su mente procesando rápidamente toda la información. Había sido realmente ciego por no darse cuenta. Era tan obvio.
— ¡Por supuesto! —Confirmó Moriarty— ¿Acaso crees que necesito chantajearte a ti, justo a ti para conseguir acostones casuales? Me subestimas, querido. El sexo no es algo por lo que yo tenga que preocuparme. Pero el poder… Oh, el poder, así sea el poder de dominar a otro, es mucho mejor que una simple vara de carne entrando en algún trasero incauto. Es más, mucho más, y eso era lo que yo quería tener contigo. Un juego de poder. Un juego de esfuerzo. Tensarte hasta romperte y descubrir lo que quedaba al final. Pensé que amenazando al doctor aceleraría el juego, que dejarías la farsa más rápido, que buscarías la manera de zafarte. Pero me equivoqué. Eres un simple Romeo que se sacrificaría por su Julieta así se le fuera la vida en ello. Ordinario. Patético.
Sherlock no hablaba, sólo pensaba. Analizando. Deduciendo. Había sido un imbécil en seguirle el juego a Moriarty por tanto tiempo. De hecho, de no haber estado la seguridad de John de por medio, probablemente el moreno habría buscado las maneras de contraatacar. De haber estado en juego solo su pellejo, las cosas habrían sido diferentes. Pero la vida de John era demasiado importante como para arriesgarse a cometer tonterías. La vida de John justificaba su sacrificio. Jim tenía razón, el detective era patético.
—Supongo que puedo asumir que nuestro trato se acaba hoy —estableció Sherlock. Era lo más lógico, pero necesitaba estar seguro— ¿Puedo irme?
Jim esbozó una sonrisa ladeada e irónica. Sus grandes ojos color café entornados en dirección a Sherlock. Se incorporó en la cama y le siguió mirando.
—Eso te gustaría, ¿no es cierto? Apuesto a que ahora mismo deseas salir corriendo detrás de él. Salir corriendo a explicarle que no estabas conmigo por gusto. Que te chantajee para que metieras a tu caliente amiguito en mi interior. Para que actuaras como si me desearas, como si quisieras estar conmigo ¿Es eso realmente lo que quieres? ¿Acaso eres tan obvio? —recitó, repitiendo las exactas palabras que Sherlock le dijera luego de proponerle ser su amante.
—Lo que yo quiera o no es irrelevante en esta conversación, y estoy completamente seguro de que no es tu problema. Ya no más. No cuando acabas de decir que te aburriste y que nuestro convenio puede darse por terminado.
—Lo dije ¿no es verdad? —Recordó el criminal, con una mano en la barbilla— Recuerdo haber dicho que si me aburría esto acababa de inmediato, y por lo tanto, desde hace varios minutos tienes libre albedrío para hacer lo que te venga en gana. Y aún así ¿por qué no lo has hecho?
Sherlock no dijo nada. Su mirada fija en la del psicópata frente a él. Sin embargo, el silencio de Sherlock era algo que Jim sabía interpretar.
—Oh, oh, oh. Ya veo. Estás esperando que te diga si los voy a volar en pedacitos o no —apuntó—. Es ese caso, puedes irte tranquilo a perseguir a tu gatito callejero. No suelo matar cuando acabo de follar. Me parece algo… redundante.
—Debo esperar algo para dentro de un par de horas, ¿entonces? ¿Quizás para mañana después de la cena?
—Oh, cariño, me insultas en verdad —dijo Jim, una mano en su pecho en gesto fingidamente afectado—. Te mataré eventualmente, sí, y probablemente también mate a Johnny, pero hacerlo ahora sería demasiado predecible. No voy a hacerlo cuando se lo esperen, sino no sería divertido. Además —Jim se acercó al borde de la cama, quedando más cerca del detective—, odiaría perderme de la reacción del doctor luego del pequeño show privado que le dimos. Apuesto que te ha de estar esperando para contarte qué parte le ha gustado más.
Sherlock sintió una pequeña opresión extenderse por su pecho. La urgencia de irse más presente que nunca. Giró sobre sus talones en dirección a la única entrada, dejando al hombre más peligroso que hubiera conocido el mundo desnudo sobre una cama y con una sonrisa triunfante en los labios.
...
—John… Debo encontrar a John
Eso era todo en lo que podía pensar el detective durante el trayecto a la calle Baker. Debía decirle la verdad, explicarle cómo fue que terminó en esa penosa situación, o al menos debía intentarlo. Estaba completamente consciente de su convincente actuación minutos atrás, él mismo había estado orgulloso de llevar a cabo tal despliegue de emociones falsas. Sin embargo, ahora lo único que deseaba era no haber sido tan meticuloso en su pantomima, y así poder apelar a la comprensión de John.
El auto negro de vidrios polarizados en el que se encontraba por fin se había detenido, dando a entender que habían llegado a su destino. Sherlock salió de él de manera inmediata, encontrándose justo frente al 221B.
—Muy tarde para las sutilezas —pensó, mientras abría la puerta de entrada al piso.
Caminó un par de pasos, observándolo todo, tratando de deducir si John ya se habría marchado. Subió las escaleras sin hacer ruido, atento a cada sonido. La sala estaba tal y como la dejó al salir, y la laptop de John reposaba sobre la mesa frente a la ventana. Un suspiro de alivio escapó de su pecho. John no se iría sin su laptop, pensó, al tiempo que el ruido de pasos y cosas al ser tiradas llenaba el ambiente, proveniente del piso de arriba.
—John —murmuró Sherlock, apresurándose a subir las escaleras.
Llegó al rellano y se detuvo antes de llegar a la puerta abierta. Dio una profunda inhalación y continuó, entrando directamente en la habitación. John estaba de espaldas, sacando cosas del armario y lanzándolas al suelo de manera descuidada, su bolso militar abierto sobre la cama. Sherlock entró completamente y cerró la puerta tras él, pasando el seguro. John se giró al escuchar el ruido, su rostro pasando de la ira a la completa decepción en solo un par de segundos. Luego de eso, bajó la mirada, dándose la vuelta para seguir con su tarea. Sherlock dio algunos pasos hacia adelante, cauteloso, y John comenzó a hablar sin girarse para verle.
—Tan pronto recoja mis pertenencias me marcho —sacó las últimas cosas y las apiló en el suelo junto a las demás.
—John-
—Te enviaré mi mitad de la renta del mes por correo, en unos días —se inclinó sobre la pila y tomó todo entre sus brazos, caminando hacia la cama y con la mirada aún baja.
—John, espera-
—Si olvido algo, puedes conservarlo, o tirarlo a la basura. No regresaré aquí —las últimas palabras sonando más como una autoafirmación que como un aviso.
El doctor comenzó a acomodar la ropa dentro del bolso, con la mirada fija en su tarea. Sherlock se acercó más, colocándose a un lado de la cama. John no se movió, pero todo su lenguaje corporal le indicaba al detective que no debía aproximarse demasiado.
—John, déjame explicarte-
— ¡NO!
John soltó bruscamente la camisa que había estado doblando, subiendo al fin la mirada para encarar al detective. Sus ojos, otrora cálidos, destilaban desprecio. Sus facciones repentinamente duras.
—Pero necesitas saber lo que-
— ¡No! —Repitió— No necesito saber nada ¿entiendes? No me interesa. Solo quiero largarme de aquí.
—No puedes irte —dijo Sherlock, en un tono mucho más alto de lo acostumbrado—. No puedes irte, John —repitió, en su tono habitual.
John bufó y continuó empacando su ropa, sus manos temblando ligeramente— Ya… ¿Y qué me lo va a impedir? Porque hasta ahora no veo ninguna razón para que no me largue.
—Si me dejaras explicarte-
—Explicarme —resopló John, aún sin verle. Sus manos temblando cada vez más, debido a la rabia— ¿Explicarme qué? ¿Cómo te estabas acostando en mis narices con el maniático de Moriarty?
—John, yo no-
— ¿Cómo te burlabas de Lestrade, de todo el Yard?
—Yo nunca-
— ¿Cómo te burlabas de mí?
—No es como te lo imagi-
— ¡No te atrevas a decirme que me lo imaginé, desgraciado, porque todo lo que vi, lo que fui obligado a ver por ese… maniático, fue real! —John lo encaró de nuevo, solo unos segundos, para después continuar con su tarea de manera casi frenética— Secuestrado, atado a una maldita silla, observando a Moriarty sentarse en medio de esa habitación, observando como tú, de todas las personas en el mundo, llegabas y le dabas encuentro como si fuesen viejos amantes… ¡Amantes, por todos los demonios! Tú y ese chiflado que casi nos vuela en pedazos.
Sherlock se acercó aún más, sin que John pareciera darse cuenta. El mayor temblando ahora de pies a cabeza, farfullando de manera incontrolable.
—Sé que dije que podían ir y ser felices juntos pero esto es realmente ridículo
—John-
—No es como si tu jodida vida sexual me interesara en lo absoluto, pero ¡con un demonio! Tenías que meterte con Moriarty ¡El malnacido de James Moriarty!
—John-
—Quizás esto sea otro de tus extraños pasatiempos. Debí saberlo. Debí haberlo notado, ¡estaba escrito por todo el lugar! Pero como siempre, John ve pero no observa. El pobre de John, el ingenuo de John, ayudando al oh-gran-Sherlock-Holmes a atrapar al mismo asesino al que el detective consultor se folla en sus ratos libres. Me largo de aquí ¡Me largo!
— ¡John! —exclamó Sherlock, sosteniendo las muñecas del doctor, cuyas manos no dejaban de temblar— ¿Podrías callarte por un momento? Necesito que me escuches.
—Créeme Sherlock que ya tuve suficiente de ti por hoy y por toda una vida. Suéltame —dijo, con los dientes apretados.
—No voy a soltarte hasta que me escuches.
— ¿Qué quieres que escuche? ¿No fue suficiente con lo que vi hace un par de horas? ¿Acaso quieres darme más detalles?
—Necesitas escuchar mi versión de las cosas. Yo no estaba ahí por decisión propia. Estaba siendo obligado.
—Ya… Y ahora dirás que Moriarty se robó tu virginidad. Discúlpame si no te creo, pero no parecías demasiado obligado mientras estaban cogiendo.
—Era todo una actuación, John. Fui chantajeado. Utilizado. Lo he sido durante meses y no pude hacer nada para evitarlo.
— ¿Chantajeado? —Un leve destello de duda surcó el rostro de John, pero de inmediato fue erradicado— ¿Ahora dirás que el gran Sherlock Holmes se dejó chantajear por varios meses sin poder zafarse? ¿Tú, siendo manipulado a cambio de sexo?
—Moriarty encontró mi única debilidad y la utilizó en mi contra. No tuve más opción que acceder a sus requerimientos.
—Tú no tienes debilidades —espetó John, sin pensar—. No sientes, no te preocupas por nada ni por nadie más que tú mismo. Eres un ególatra al que lo único que le importa es distraerse. Quizás eso fue lo que viste en ese maníaco. Una nueva distracción. Un nuevo misterio que desenmarañar. "Preocuparse es un error" ¿No fueron esas tus exactas palabras? ¿Esperas acaso que crea en ti luego de haberte escuchado decir eso, luego de ver cómo te follabas a ese imbécil? Puedo parecer estúpido, pero no lo soy, Sherlock, y no permitiré que me convenzas de lo contrar-
— ¡Lo hice por ti, John! —prorrumpió Sherlock, sujetando las muñecas del doctor con más fuerza, haciéndole verle de frente. John paró su monólogo al instante, sus ojo abiertos en sorpresa.
—Espera… ¿Qué-?
—Moriarty amenazó con matarte si no lo hacía. Torturarte. Volarte en pedazos o cualquier cosa que pudiera pasar por su retorcida cabeza.
— ¿Esperas que crea que te dejaste chantajear para protegerme?
—Es la verdad.
—Todos los que mienten afirman decir la verdad.
Sherlock frunció el ceño. Al parecer tendría que usar su última munición para convencer al doctor de su no culpabilidad.
— ¿Necesitas una prueba, John? ¡Bien! —Sherlock soltó las manos de John y rebuscó en sus bolsillos. Sacó tu teléfono móvil y oprimió una tecla. En seguida, la voz de Moriarty resonó en la habitación.
"Aquí el de las advertencias soy yo, Holmes ¿o es que todavía no te quedó claro? Puedo matarlo y ni siquiera te enterarías. Puedo hacerle tanto daño que hasta alguien como él suplicaría la muerte. Y puedo hacerlo en un tronar de dedos. Así qué ¿vas a aceptar o seguirás fingiendo que tienes alguna elección?"
Sherlock oprimió el botón de nuevo, silenciando la voz del criminal. Volvió a hablar— ¿Es suficiente con eso, o deseas escuchar toda la conversación telefónica?
John abrió la boca, y volvió a cerrarla. Su mirada fija en la mano de Sherlock, que ahora sostenía su móvil.
— ¿Cómo-?
—Mycroft.
— ¿Le pediste ayuda a Mycroft? ¿A tu hermano Mycroft?
Ayuda. Si John estaba utilizando esa palabra, solo podía significar una cosa: Estaba comenzando a creer en la inocencia del detective, y Sherlock no pasó este detalle por alto.
—Era necesario.
—Pero tú nunca le pides ayuda a Mycroft… —masculló John, aún procesando, con la mirada perdida— ¡Ay, por dios! —Exclamó, llegando a la única conclusión posible— Es cierto —dijo por fin—. Moriarty… Moriarty te estaba chantajeando.
—Es lo que he estado tratando de decirte.
— ¿Desde hace cuanto?
—Algunos meses.
— ¿Meses? ¡Oh, dios! Sherlock… Sherlock yo…
—Lo sé, John.
—No, no lo sabes. No sabes lo mal que me siento ahora. Dudé de ti ¿Cómo… Cómo pude dudar de ti? Es obvio que no harías algo así por voluntad propia.
—Créeme que no te culpo por juzgarme. Estoy perfectamente consciente de mi convincente actuación en ese lugar. Esa era la idea. Ese era el trato.
—Tenías que fingir ser su amante.
—Exactamente. Imagino que esa fue la manera más retorcida que se le ocurrió para humillarme.
—Para humillarte y meterte en su cama. No te ofendas, Sherlock, pero siempre me pareció que ese tipo estaba un poco enamorado de ti. A su escalofriante manera, claro.
—No me ofendes, John. Aunque si algo he de objetar, es la utilización de la palabra "enamorado".
—Sí, bueno. Es solo una manera de hablar.
La tensión se había ido, y con ella las ganas del doctor de marcharse del 221B. Sherlock estaba consciente de eso, haciendo que el monstruo en su pecho -ese que se retorciera de manera dolorosa desde el mismo momento en el que viera a John atado a esa silla- se calmara por fin. John apartó algunas de sus cosas de la cama, sentándose en uno de los costados y palmeando el colchón a su lado, indicándole a Sherlock que también podía sentarse. Sherlock lo hizo, y luego varios minutos de silencio los envolvieron, el detective repasando cada detalle de información para guardarlo en su palacio mental, y el doctor simplemente mirando sus manos, sin saber que decir. Al fin, John habló:
— ¿Te hizo daño?
Sherlock paró su tren de pensamiento para atender a la pregunta de John, y se sorprendió. El rubio estaba sin duda preguntando por su integridad física durante los encuentros con Moriarty, sin embargo, la pregunta era en sí bastante ambigua y Sherlock necesitaba más datos.
— ¿A qué te refieres?
John se giró un poco para mirar a Sherlock, claramente cohibido.
—Moriarty. Durante sus… encuentros ¿Te hizo daño?
Sherlock se giró también, quedando frente a John.
—Si te refieres a daño físico la respuesta es no. Algunas cosas he tenido que borrarlas permanentemente, de ninguna me siento orgulloso, pero no, nada que pusiera en peligro mi integridad física.
John abrió y cerró la boca un par de veces, como un pez fuera del agua, claramente deseando preguntar más cosas pero sin atreverse a hacerlo. Sherlock volvió a hablar.
—Si quieres preguntarme otra cosa, puedes hacerlo, John.
John carraspeó— ¿Es tan obvio?
—Un poco, sí. Aunque viniendo de mi, puede que no lo sea tanto.
—Es mi forense interior el que quiere saber cosas, ya sabes. Pero temo que sean cosas demasiado personales y que puedan llegar a ofenderte —declaró John, frotando las palmas sobre sus jeans de forma nerviosa.
—De ninguna manera podría ofenderme algo que tú quisieras saber con respecto a mí, John. Puedes estar seguro de ello.
John dudó por un momento, para luego suspirar sonoramente y hablar de nuevo.
—Está bien. Mi forense interno quiere saber si ese infeliz te obligó alguna vez a… ya sabes.
—Me temo que no lo sé. Podrías ciertamente ser más específico.
—Oh, vamos, Sherlock, no me hagas esto más difícil, que estoy preocupado por ti, ¿está bien?
Los ojos de Sherlock se abrieron un poco en sorpresa, algo cálido y extraño extendiéndose por su pecho. John estaba preocupado por él, y no es como si antes no lo hubiera estado, o como si nunca lo hubiera dicho en voz alta. Sin embargo, saber que a John le preocupaba aquello que Jim le hubiera obligado a hacer durante sus encuentros iba más allá de los límites anteriormente establecidos entre ellos. Denotaba algo más. Algo que Sherlock quería explorar a fondo.
—Quieres saber si Moriarty me obligó a tener sexo con él siendo él el dominante ¿es eso? —dijo al fin Sherlock. El rostro y las orejas de John adquiriendo un leve tono de rosa.
—Eufemismos aparte, sí. Quiero saber si ese mal nacido te obligó a algo. Si te hizo… La verdad es que no sé qué es lo que quiero saber. Mejor olvida eso, lo lamento —dijo, bajando la mirada de nuevo hacia sus manos.
—No tienes por qué disculparte. Te preocupas por mi integridad y por lo que Moriarty haya podido obligarme a hacer, y eso no es nada malo. Mucho menos voy a ofenderme porque me lo preguntes. Todo lo contrario.
John sonrió un poco, mirándole de nuevo, pero no agregó nada más. Sherlock tomó su silencio como la señal para responder la pregunta del mayor.
—En cuanto a tu pregunta, no. Moriarty tiene este extraño gusto por ser dominado durante el coito, quizás por ser él quien está a cargo de la situación en los demás aspectos de su vida. Así que mi trabajo consistía básicamente en servir de dominante durante el acto, sin mayor ceremonia más que la de verme en la obligación de brindarle sexo oral durante los juegos previos, pero sólo en contadas ocasiones.
John había enrojecido un poco más mientras Sherlock describía su vida sexual con Moriarty, pareciendo cada vez más azorado.
—Oh… En ese caso, está bien. Aunque pudiste haberte ahorrado algunos detalles, ¿sabes? Para proteger tu intimidad.
—Créeme que nada de lo que haya pasado entre ese hombre y yo merece ser catalogado como íntimo. No era más que simple actuación.
—Una muy buena —agregó John.
—Sí. Esa era la idea.
Un par de minutos más de silencio, en los que Sherlock se percató de que jamás había estado tanto tiempo en la habitación de John antes. Un pensamiento extraño, luego de todo lo ocurrido ese día, pero aún así, curioso. Se dijo a si mismo que tal vez el asunto había llegado a su fin, y que lo mejor sería ir a cambiarse las ropas manchadas de semen que traía bajo el abrigo. Sin embargo, parecía ser que John aún no había dado el asunto por zanjado, y volvió a hablar.
— ¿Cómo lo hiciste? —Preguntó. Cierto tono de duda en su voz.
— ¿Hacer qué?
—Eso. Lo de la actuación —aclaró John—. Acabas de decir que nada de lo que pasó entre ese lunático y tú puede considerarse íntimo, y aún así parecías en verdad desearle ¡Rayos! hasta a mi me convenciste, Sherlock. No entiendo cómo es que fuiste capaz de… bueno, ya sabes, tener intimidad con él siendo quien es. No es que yo sepa mucho, pero en mi experiencia, jamás he sido capaz de… ya sabes, hacerlo, si no estoy con alguien que realmente me atrae.
Sherlock sabía la respuesta a esa pregunta. También sabía que tal vez no fuera del agrado de John.
—Las emociones se pueden fingir. Tú sabes que eso no se me da del todo mal, lo he tenido que hacer en varios de nuestros casos juntos. Las respuestas físicas, sin embargo, son más… complejas. Mi mente encuentra estimulantes muchas cosas que para la gente común no suelen serlo, como los crímenes sin resolver y los criminales dedicados. Sin embargo, hay algo en lo que sí coincido con el colectivo: Las respuestas sexuales solo son posibles si la persona en cuestión es de mi agrado, por decirlo de alguna manera.
—Aún así, lo que vi hoy… —John se estremeció de solo recordarlo.
—Lo que viste es parte de una compleja dupla que desarrollé. Una mezcla entre actuación emocional y material evocado gracias a mi excelente memoria visual y a mis habilidades para separar lo que hago de lo que pienso.
—En pocas palabras utilizaste recuerdos de tu palacio mental para engañar a tu cuerpo —concluyó John.
—Básicamente, sí —afirmó Sherlock.
—Brillante —exclamó, con ese brillo en los ojos tan característico.
—Nada especial —desestimó el detective.
John tenía algo más que decir. Sherlock lo sabía por la forma en la que frotaba sus manos contra sus jeans y la pequeña arruga en su frente. Luego de unos instantes, el doctor rompió el pesado silencio.
—Lo siento, Sherlock —dijo al fin—. Yo… Por todo lo que tuviste que hacer. Por lo que ese loco te hizo hacer. Por haber dudado de ti. Lo siento.
—John —profirió Sherlock, soltando el aire ligeramente—. No tienes porque-
—Sí, si tengo —replicó el mayor—. No creas que no recuerdo lo que dijiste hace rato, lo de haberlo hecho por mí. Para protegerme. Moriarty amenazó con volarme en pedazos y tú te dejaste chantajear para que no ocurriera. No puedo evitar sentirme culpable por todo esto.
—No lo hagas —declaró el moreno—. Yo accedí para protegerte, es cierto, pero fue mi decisión. Así como fue mi decisión haber permitido que esto se extendiera por tantos meses.
— ¿Por qué lo hiciste? —quiso saber John— Sherlock, ¿por qué lo permitiste?
—Abandonar el convenio era… demasiado arriesgado.
—Pudiste habérmelo dicho. Pudimos haber buscado una salida. Tal vez con Mycroft o con Greg.
—Quizás —convino Sherlock—. Sin embargo, estoy seguro de que Moriarty se hubiera enterado tan pronto las palabras salieran de mi boca. Eso hubiera significado el incumplimiento del trato y, por consiguiente, tu muerte.
—Puedo defenderme solo, ¿sabes?
—No lo dudo. Pero aún así hoy solo hizo falta que yo abandonara el piso para que te secuestraran y obligaran a ver lo que viste. Arriesgar tu vida es algo fuera de toda discusión.
—Proteger mi vida no justifica que te dejaras chantajear por ese criminal.
—Por el contrario. Tu vida es la única cosa lo suficientemente valiosa como para hacerme considerar hacer un trato de esa índole. Y si fingir un par de orgasmos y decir algunas palabras vacías ayudaban a mantenerte con vida y a salvo, pues lo haría. Si tú estás a salvo, nada más importa.
John abrió la boca para replicar, pero nada salió por ella, el peso de las palabras de Sherlock golpeando sus cuerdas vocales. El detective se limitó a sonreír ligeramente, de manera misteriosa. Sabía que John estaba pensando lo que él creía que estaba pensando. Supo las consecuencias en el preciso momento en el que las palabras se formaron en su mente, instantes antes de decirlas siquiera. Sin embargo, eso estaba bien para Sherlock. Las cartas estaban echadas, y si bien el moreno aún no entendía del todo sus sentimientos con respecto a su compañero de piso, luego de haber pensado que lo perdería estaba más que seguro de que quería averiguarlo. Unos segundos más y John pareció recuperar el don del habla.
—Sherlock, yo… ¿Estás consciente de lo que acabas de decir?
—Completamente, John ¿Acaso dudé al hablar?
—No. Solo estaba asegurándome.
Sherlock sonrió de nuevo. Un extraño alivio recorriéndole, empujándole a decir todo lo que tenía que decir. Aún no, pensó. Tiene que preguntarlo él.
— ¿Alguna otra duda? —inquirió.
—Muchas —respondió John rápidamente, asintiendo con la cabeza de manera descuidada—. Pero temo preguntar.
— ¿Por qué temes preguntar?
—Por que podría obtener respuesta.
—Ahora estás siendo ilógico, John.
—Sí, bueno, no todos los días tu compañero de piso te dice que haría cualquier cosa por mantenerte con vida. Creo que tengo permitido ser algo ilógico en estos momentos.
—Te recuerdo, John, que el primer día que nos conocimos le disparaste a un taxista por mí.
—Era un asesino serial, Sherlock. Y tu vida estaba en peligro.
—Moriarty también es un asesino. Y tu vida también corría peligro.
—Ya, entiendo tu punto. Es solo que… —John pareció dudar un momento. Negó con la cabeza y habló de nuevo— Olvídalo. Mejor dejémoslo así.
—Pensé que tenías más dudas.
—Y las tengo, pero no estoy seguro de querer aclararlas.
—No seas ridículo. No creo que haya algo peor que lo que ya has visto y escuchado.
—Oh, podría sorprenderte todo lo peor que puede llegar a ponerse —ironizó el rubio.
—Tonterías. Si tienes alguna otra pregunta sólo hazla.
Sherlock le miró, y John le sostuvo la mirada, pero no dijo nada.
— ¿Y bien? —insistió el moreno. John suspiró resignado, volviendo a mirar sus manos mientras hablaba.
—Está bien, está bien —accedió, soltando el aire pesadamente antes de continuar—. Ese "material visual", el que te ayudaba a… ya sabes, responder frente a Moriarty, ¿de qué se trataba?
—Imágenes, recuerdos… Mayormente eso.
—Ya —soltó John, con un ligero tinte de decepción en su voz— ¿Sólo eso?
—No —respondió Sherlock honestamente—, pero no creo que te agrade saber el contenido de ese material.
—Estoy preguntando, ¿no es así? Se supone que quiero saberlo todo.
—De acuerdo —aceptó el moreno, buscando los ojos de John hasta que estos por fin se posaron en los suyos. Si iba a declarar aquello, quería asegurarse de captar cada detalle—. Todo el "material visual" tenía un factor común.
— ¿Irene Adler? —aventuró John.
—Tú —respondió el detective.
—Y… ¿Qué? —El rostro del rubio se crispó en una mueca de sorpresa, sus mejillas adoptando cierto tono de rosa— No seas idiota, Sherlock. Esto es serio.
—Y mi respuesta también lo es.
— ¿Esperas que crea que pensabas en mi para poder follarte a Moriarty?
—Yo no utilizaría esa selección de palabras para describirlo, pero sí, más o menos eso.
—Jesús… —masculló— No sé si tomármelo como un cumplido o como un insulto.
—No pretende ser ninguno —dijo Sherlock simplemente.
—Espera… ¿Cómo puedes haber pensado en mí? Si tu y yo… Nosotros… Bueno, admito que a veces las cosas se van de las manos y hay ciertos momentos en los que nos comportamos como una pareja, pero eso es solo porque vivimos juntos y porque tenemos esta extraña costumbre de completarnos las frases en público… Como sea, nosotros nunca hemos hecho nada… ¡Dios, ni siquiera nos hemos besado! —John paró su monólogo un momento, repasando lo que acababa de decir. Luego continuó— Gracias al cielo que nadie está aquí para oírme —pensó en voz alta—, o esas sherlokians de las que tanto habla Harry tendrían más material para sus raras historias… ¿Acaso leíste esas historias y las recreaste en tu mente?
Sherlock sonrió ante el desconcierto de John, y es que él mismo había quedado desconcertado al descubrir el efecto que el simple recuerdo del rubio podía tener en su cuerpo a la hora de fingir frente a Moriarty.
—No, John, no he leído nada. De hecho, las imágenes de ti que me ayudaron en mi representación no podrían resultar más aburridas. Generalmente se trataba solo de escenas al azar, de nosotros dos resolviendo casos, persiguiendo criminales o simplemente conviviendo
— ¿Y cómo es que…?
—No lo sé —admitió Sherlock—. La primera vez que pasó, no pude hacer más que sorprenderme, y preguntarme por qué mi cuerpo reaccionaba de esa manera, francamente desconocida para mí. La verdad es que no tuve mucho tiempo para pararme a analizarlo, dadas las circunstancias en las que me encontraba. Simplemente parecía funcionar, eso es todo.
John le miró, ahora con gesto curioso.
— ¿Estás diciendo que yo provoco reacciones extrañas en ti, en tu cuerpo? ¿Reacciones que no conoces?
—Estoy diciendo que tu recuerdo las provoca.
— ¿Y qué hay de mi yo real?
— ¿Qué con él?
— ¿Provoca reacciones que no conoces?
Sherlock se lo pensó un momento, luego sonrió un poco.
—No —fue su sencilla respuesta.
—Oh… —dejó escapar John— Eso es, quiero decir, no es como si-
—John, tu yo real, como le dices, provoca reacciones en mí que conozco perfectamente, aún a pesar de no comprenderlas. Las conozco porque son las reacciones que mi cuerpo siempre ha presentado cuando estás tú de por medio, sólo que aún no he podido descifrar qué significan.
Sherlock calló y John le sostuvo la mirada. Esa mirada azul profundo que tantas veces había evocado el detective a la hora de cumplir su parte del trato con Moriarty. Esa mirada en la que repentinamente algo había cambiado.
— ¿Y qué tal si te digo que mi cuerpo también reacciona contigo de formas que no comprendo? ¿Qué tal si te digo que me siento exactamente igual? —Declaró por fin John, su mano alcanzando una de las piernas del detective y posándose en ella.
Sherlock le miró, entre sorprendido e incrédulo, su mente apagándose casi al completo, solo percibiendo el calor de la mano de John sobre su pierna y las palabras recién salidas de su boca. Lo pensó un instante y respondió.
—Diría que es una coincidencia muy oportuna.
Ambos hombres sonrieron, sabiendo que esto sólo podía significar una cosa.
—Pues, que vivan las coincidencias —afirmó el rubio, sonriendo abiertamente.
—John, ¿estás consciente de lo que esto significa?
—Completamente —aseguró—. La pregunta es si tú estás dispuesto a descifrar esto que nos pasa, porque estoy casi seguro de que a partir de aquí ya no hay marcha atrás.
—Lo estoy si tú lo estás —respondió Sherlock simplemente.
—Entonces ambos lo estamos —dijo por fin John, soltando un suspiro y perdiéndose en la mirada clara del detective—. Pero tendrá que ser después de que tomes una ducha. Apestas a consultor criminal.
John soltó una risotada, y Sherlock sólo sonrió en respuesta. Ambos asimilando lo que acababa de pasar y conscientes de que luego de esto su relación cambiaría de manera drástica. O quizás, sólo quizás, la relación entre el detective consultor y su blogger de cabecera no cambiara tan drásticamente después de todo. Quizás en vez de cambiar, simplemente tomara el rumbo que siempre debió haber tomado.
.
Notas finales: Y hasta aquí el two-shot. Ya vemos que todo se solucionó para los chicos, aclararon muchas cosas y todo salió bien. Y es que en mis fics no puedo evitar que todo salga bien al final (soy una romántica, qué se le va a hacer). Por cierto, y por si a alguien le interesa, tengo planeado escribir un extra de este fic. No prometo que sea pronto (yo esperaría sentada de ser ustedes) pero puedo decir que hay un extra cocinándose por allí para el futuro. Por ahora tildaré la casilla de "Completo" pero tal vez pronto, esté más completo OvO
Muchas gracias a todos los que siguen esta historia, y a los que la seguirán. Gracias por los fav, follow y por los review. Me alegra saber que lo que escribo les entretiene, y que disfrutan leyendo tanto como yo disfruto escribiendo.
Gracias especiales a mi querida Lenayuri, por darme ánimos y por mandar a callar a Jim cuando no quiso dejar que nadie aparte de él tuviera diálogos. Thanks for that, m'dear.
Un abrazo, y nos leemos en el siguiente fic.
25/08/2013 ~ 16/09/2013
Maye.
