Den gracias a los dioses… me he quedado sin Internet momentáneamente y eso me ha llevado a comenzar a escribir esto ¬¬
XDDD
Sin más, ¡al fic!
Disclaimer: SE no me pertenece ese es de Atsushi Okubo, por lo demás…
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Hoy Cap 4
Kid dejó el libro que sostenía entre las manos sobre la mesa de estudio de la biblioteca de Death City, en ese mismo momento se masajeó el tabique de la nariz en busca de un poco de descanso para su vista. La tarea ardua que había comenzado con la investigación del Kishin comenzaba a hacerse demasiado confusa y muchas más dudas afloraban conforme avanzaba en ella.
Suspiró, recargándose sobre el respaldo de la silla y mirando el techo abovedado del edificio. A través de la cópula de cristal de éste se podía ver el cielo nocturno y oscuro, no había ni una estrella en el firmamento. Por un instante el pecho de chico vibró por una sensación de soledad.
"La vida de un dios es larga", pensó Kid. "Me pregunto por qué es que Black Star desea ser tan parecido a uno".
Sus ojos melados y casi adormilados parecieron dilatarse un poco más y despabilarse de inmediato, levantándose del asiento como si de un resorte se tratara. El aire, ligeramente tibio hacia unos instantes antes, se había convertido en una gélida brisa.
Miró expectante a su alrededor, agudizando sus sentidos, no como Técnico de Armas, sino como Shinigami.
Bom…
¿Eso fue su propio latido de su corazón?
Bom…
Ahora parecía retumbar no sólo en sus venas sino también por todo el lugar.
Bom…
Sintió una presencia pesada, maligna y se volteó rápidamente hacia atrás, adoptando una pose de pelea característica de sus artes marciales.
–Kid kun, me asustas –dijo Medusa al momento en que le sonreía amablemente.
El chico muerte soltó la respiración de golpe, contenida hasta ese momento.
–Medusa san –saludó, destensando los músculos y posando la mano derecha en una de las orillas de la mesa de estudio.
La rubia bajó la mirada y notó la pila de libros, tratando de alcanzar uno de ellos, pero Kid se lo impidió con el pretexto de comenzar a recogerlos.
–Veo que eres un chico muy celoso de tu deber –dijo la mujer observándolo detenidamente.
Kid le sonrió, como un niño que lo hace con su madre.
–Soy el futuro que gobernará algún día el destino de todos, debo hacerlo, Medusa sensei. Pero usted ¿qué hace aquí? –dijo señalando con un movimiento de su barbilla el libro que sostenía la mujer en la mano izquierda.
La rubia se sonrojó al instante.
–Bueno… yo –balbuceó nerviosa–. Estoy leyendo los ensayos e investigaciones que el profesor Stein ha publicado hasta el momento.
–Ah… –respondió el chico, sin dejar pasar por alto el color rojo que adornaba las mejillas de la doctora. Sonrió algo divertido. Medusa Sensei debía de estar un poco loca para fijarse en alguien como lo era el científico… con todo el respeto dicho, claro está.
– Bueno, sensei –dijo Kid–, ya es tarde y debo regresar a casa a tiempo para la cena. Que tenga buenas noches.
–Gracias. Igualmente, Kid kun –despidió la mujer con un movimiento de su mano libre para después limitarse a mirar como desaparecía su figura por los pasillos desérticos de la biblioteca.
Bom…
Los ojos dorados de Medusa se achicaron y adoptaron su aspecto diabólico.
–Conmigo esas cosas no funcionan –dijo molesta para después canturrear algo en el idioma de las brujas.
La cópula de vidrio pareció retumbar un breve instante para después volver todo a la quietud. Dio media vuelta y se marchó.
Kid salió del edificio con varios libros atados con una cuerda de piel, no sin antes volver la vista hacia el mismo. Sus ojos mostraron preocupación. Estaba seguro que la presencia de momentos antes era la misma que había sentido ese día en el cine; pero esta vez la sintió más cercana, más fuerte ¿Qué rayos podría ser?
Preocupado, extendió la mano al frente y de ella se desprendieron alguna clase extraña de energía que tomó forma en una patineta y, subiendo a ella se dirigió a donde se encontraba su padre. Él debía tener alguna clase de respuesta.
O&o&o&o&
Corría. Corría desesperado con la nada extendiéndose atrás, delatante, por todos lados y a cada paso dado parecía que sus piernas pesaban cada vez más, como si de plomo se fueran llenando.
De pronto el rugido de algo se hizo evidente, era el sonido impetuoso del agua correr. La nada se llenaba de agua, agua fangosa que después de cubrirlo se tornaba de color roja. No, no era lodo lo que se sentía viscoso… era sangre. La sangre vertida de miles de inocentes que clamaban a él…
Sálvanos… ¿Por qué?... ¡Basta! Duele… Sálvanos… ¡Tú, maldito miserable!
Entonces parecía que la sangre tomaba vida propia, agarrándolo con fuerza de cada extremidad, apretando su cuello hasta lograr asfixiarlo. Él trató de zafarse, se retorcía pero todo esfuerzo era completamente inútil.
No luches más, mi niño. No tiene sentido… de todas formas serás mío… todo…
Sus ojos se abrieron de golpe, sentándose en la cama de igual forma. Su respiración entre cortada y agitada eran clara muestra de que la pesadilla había sido intensa. Black Star se llevó una mano al cuello, era como si aún pudiera sentir esas manos rodearle.
Trató de tranquilizarse, repitiéndose mentalmente que sólo había sido un sueño, que era absurdo que él se pusiera de esa forma por un tonto y estúpido sueño. Poco a poco su respiración volvió a la normalidad, aún tenía la mano alrededor de su cuello y el leve roce de ésta provocó un cosquilleo en su piel. Se rascó.
–¿Black Star? –escuchó la voz de Tsubaki impregnada de preocupación al otro lado de la puerta.
–¿Sí? ¿Qué pasa? Estoy bien –respondió el chico estrella sin levantarse de su lugar.
La morena se apoyó en la puerta. Ese 'estoy bien', le indicaba a la chica que su Técnico había pasado por un mal rato, pero claro, su orgullo no lo dejaría decirle nada.
–Black Star… ¿puedo pasar? –dudó la chica, pero de respuesta recibió un 'sí'.
La morena entró a la habitación, llevaba el cabello trenzado y una bata de color rosa con una camelia blanca bordada a la altura del muslo derecho y que se extendía por debajo de este.
Ella no lo pudo ver, pero sintió que el chico aún se debatía en un pequeño temblor.
–Y-yo –volvió a dudar.
–¿No puedes dormir, Tsubaki? ¿Cómo aquella noche después de lo sucedido en Shin Village?
La chica camelia lo recordó. Nadie en su sano juicio podría dormir como si nada tras matar a su propio hermano, por mucho que eso hubiera sido para su bien. Los días siguientes no había podido dormir y Black Star amablemente le veló al momento en que le recostaba sobre sus piernas o simplemente le acariciaba el cabello sin decir nada.
Sin embargo, ella sabía que no era así en estos momentos, que era él quien no podía dormir y aún así guardó silencio. El orgullo de Black Star era grande.
–¿Puedo… puedo quedarme contigo? –se sonrojó, de súbito sintió que la temperatura en la habitación subió varios grados.
–Claro –respondió el chico estrella sin comprender todo lo que implicaba aquella respuesta– Tu dios te cuidará, velará por ti esta noche.
Los ojos de la morena, un poco más acostumbrados a la oscuridad del cuarto, fueron capaces de percibir los brazos de su Técnico abrirse en señal de invitación y por un instante más y a pesar de que dio un paso al frente, pareció dudar.
–Tsubaki… –escuchó que le llamaba, aunque él se esforzaba pudo darse cuenta del temblor en la voz del peliazul. Aquella pesadilla debió afectarle muchísimo, pero nuevamente no dijo nada.
Si él había hecho lo que hizo por ella en la villa de Shin, era su turno de regresarle el favor ¿No lo amaba acaso? ¿No era que ella sería capaz de dar su vida si fuera necesario?
En el corazón de Tsubaki ya no hubo más dudas. Con paso resuelto se acercó a la cama recostando su cabeza en las rodillas de Black, quien recargó su espalda en la cabecera al momento en que cepillaba los cabellos de la chica con la mano derecha. La gemela se alzó a la altura del cuello y se rascó de nueva cuenta.
En silencio, ambos se quedaron profundamente dormidos…
Para cuando Tsubaki se despertó, Black ya no se encontraba a su lado. Algo preocupada se levantó y se dirigió hacia la ventana, desde ahí pudo verlo entrenando con la ayuda de la vasija que Stein le entregara. Aunque se suponía que no debería de estar haciendo ninguna clase de entrenamiento que incluyera el manejo de la Espada Demoníaca. Pero conociendo al chico eso era imposible.
Suspiró y un poco más tranquila de verle en mejor estado, la chica se dirigió a la cocina para preparar el desayuno. Ese día era uno libre de clases, así que los más probable era que su Meister se ocupara en sus entrenamientos durante todo el día, al menos, claro estaba, que Soul viniera a buscarlo.
Umh, ahora que lo recordaba, él y Maka se encontraban fueras de la ciudad cumpliendo con una misión. Parecía que esos dos ya habían superado la crisis a la que se estaban enfrentando. Según los rumores, el profesor Stein les dio una prueba bastante difícil que a duras penas lograron pasar.
La Hoja Oscura se quedó pensando por un instante ¿Qué habría hecho ella de haber estado en el lugar de su amiga Maka? El cuerpo se le estremeció de sólo imaginarlo. Si algo malo le llegara a pasar a Black, ella jamás se lo perdonaría y si él… si él…
Un extraño entumecimiento se le extendió en el pecho y sus ojos comenzaron a escocer. Se llevó las manos al rostro porque ya no pudo evitar el llanto.
–Tsubaki ¿qué tienes? –escuchó la voz del chico estrella a sus espaldas.
Ella se sobresaltó al percatarse de su presencia, pero no se armó de valor para volverse.
–Tsubaki –volvió a repetir, pero esta vez se acercó para tocarle un hombro.
La morena se enjugó las lágrimas rápidamente y volteó a verle con una sonrisa fingida.
–¿Qué tienes? –dijo preocupado el peliazul.
–Nada, me da tanto gusto que estés aquí… conmigo –la voz y los ojos de Tsubaki temblaron y sin poder resistirlo, se abrazó del cuello del chico, llorando otra vez.
–Agh, Tsubaki, me lástimas –dijo él, tratando de soltarse del agarre.
–Lo-lo lamento –ella se separó limpiando nuevamente sus lágrimas.
Black Star le contempló por un instante más, al tiempo en que se llevaba la mano izquierda al cuello; una sensación de ardor había aparecido cuando su compañera le abrazó.
–Entré porque quería algo fresco para beber ¿puedes darme algo? –mencionó, olvidando el anterior comportamiento de Tsubaki.
Ella le sonrió amablemente y se dedicó a preparar una limonada, pensando que había sido muy tonto el llorar por algo que sólo era una mera suposición. ¡Pero es que amaba tanto a Black Star!
–¡Está lista! –anunció la morena pero para cuando llevó la bandeja con la jarra y los vasos a la mesa, Black se encontraba profundamente dormido.
Ella lo miró enternecida, dejando la charola sobre la mesa para permitirse acariciarle los cabellos. El entrenamiento seguía siendo muy difícil para él. Comenzaba a preguntarse si no existía algo que pudiera hacer para ayudarlo.
Resignada, por el momento se contentó con llevarle una frazada para cubrirle la espalda. Nuevamente le acarició los cabellos y le dio un beso sobre de ellos, apagó la luz de la cocina y le dejó dormir.
O&o&o&o&
–Kid ¿me estás oyendo? –dijo Liz al darse cuenta de que éste no participaba de la conversación que desde hacia unos minutos atrás comenzaran.
–Ah, sí –atinó a decir el chico muerte, sin comprender del todo lo que la chica le comentara.
–¿Y entonces qué opinas? ¿Qué crees que sea mejor?
–Ah… pues… –balbuceó sin saber qué responder.
–Kid, no me has estado poniendo atención ¿cierto? –le dijo en un tono molesto– ¿Qué te está pasando? Desde hace días te he visto raro.
–No es nada Liz, es sólo que ese asunto de la Espadachín Demoníaca y de lo que fue capaz de hacerle a Soul me tiene algo preocupado –mencionó en un suspiro.
–¿Crees que las brujas tengan algo muy grande detrás de todo eso? –la chica sacó un barniz de su cosmetiquera y comenzó a pintarse las uñas.
Kid suspiró pesadamente, signo de que lo que pensaba le preocupaba demasiado.
–Voy a decirte una cosa, Liz, pero no quiero que te dé la paranoia ¿entendiste?
La rubia dejó su labor de arreglarse las uñas para mirarlo.
–Desde el día en que fuimos al cine ¿recuerdas? –la chica asintió en silencio con un movimiento de su cabeza–. Sentí una presencia muy poderosa y maligna rodeando el lugar.
–¿Estás diciendo que una bruja está aquí, en Death City? –la chica se levantó, tirando su cosmetiquera en el proceso.
–No estoy seguro, quizá sea algo más que eso –dijo preocupado.
Liz palideció, pero ante la mirada severa de su Meister trató de tranquilizarse.
–¿Y-y ya se lo has dicho a tu padre? –preguntó al momento en que comenzaba a alzar sus cosas regadas en el suelo y de paso, esconder su miedo.
Kid volvió a suspirar, recogiendo un lápiz delineador que Liz había dejado olvidado junto a su pie. Se lo entregó.
–Anoche estuve con él. Pareció pensarlo por un momento, pero después de abrazarme como siempre lo hace, me dijo que no me preocupara de nada. Que quizás todo ese asunto de Soul y Maka me tenía muy tenso y andaba imaginando cosas. Al parecer ni él ni Stein hakazen se han percatado de algo.
Liz se sintió más aliviada al escuchar aquello. Ella podía confiar en el poder de percepción del dios y del profesor.
–¡Entonces no tienes nada de qué preocuparte! –animó la rubia, levantándose y parándose frente al ojimiel–. Vamos, entonces.
–¿Eh? ¿A dónde? –preguntó confundido.
–Pues a que me ayudes a escoger los pantalones que te dije ¿Es qué no me has estado poniendo atención desde un principio?
Kid le sonrió. Liz siempre le hacía sentirse bien, haciendo que sus preocupaciones desaparecieran… aunque fuera sólo por un instante. Levantándose decidió acompañarla.
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El hueco en el estómago que sintió fue lo que hizo que Black se despertara. Alzó un poco la cabeza al momento en que parpadeaba un par de veces con el fin de que su mirada se acostumbrara a la oscuridad. Al parecer había pasado mucho tiempo dormido. La cobija que estaba sobre sus hombros resbaló hasta su cintura, siendo detenida por la silla, quedando en el asiento.
–¿Tsubaki? –llamó pero no escuchó ruido alguno, probablemente se encontraba solo en casa.
Suspiro, tendría que buscar algo de comer antes de que muriera de inanición. Se levantó, buscando sin problema alguno el interruptor de la cocina. Su mirada se posó de inmediato en la alacena donde Tsubaki guardaba los frascos de conservas. Contento se dirigió a ella, haciendo a un lado los diferentes frascos para encontrar algo que fuera de su agrado.
Algo llamó su atención.
Extrañado tomó el cuadernillo que se encontraba detrás de todos ellos, revisando la contraportada. Curioso, lo abrió.
Black Star se encuentra dormido mientras escribo esto. Se ha quedado sentado frente a la mesa y no he podido hacer otra cosa más que cobijarle…
–Es el diario de Tsubaki –se dijo en voz alta.
Una especie de orgullo le llenó al darse cuenta de que la chica dedicaba sus escritos a hablar de él. Iba a cerrar el cuadernillo pero la curiosidad de saber lo que de él se decía le embargo. Sí, sabía que estaba mal, pero tampoco era que los hubiera buscado a propósito y en todo caso… ¡era de él de quien escribía!
Y no lo culpo. Parece ser que sus pesadillas continúan, aunque él sigue sin querer decirme nada. Pero es que es tan orgulloso.
También esta tarde por un instante me cruzó la idea por la mente de que a Black le pudiera suceder algo parecido a Soul, de sólo pensarlo no pude evitar ponerme a llorar. Juro por Dios que jamás permitiré que nada malo le suceda, si eso llegara a pasar yo me moriría. Él es mi motivo para vivir, es lo que más quiero, él es todo para mí.
Lo amo…
El corazón de Black se aceleró.
Lo amo…
Lo amo…
–¡Ya llegué Black Star! –el chico guardó de prisa el cuaderno y cerró las puertas, aunque por las prisas un dedo se machucó.
–Black Star, no creí que ya estuvieras despierto, pero al acercarme a la casa noté las luces prendidas ¿Tienes hambre? –la chica dejó una pequeña bolsita sobre la mesa, su habitual sonrisa en su rostro.
Y él solamente la miraba. No atinaba a hacer nada más, a pesar de que su corazón seguía latiendo rápidamente (ya no sabía si era por el descubrimiento o por el dolor punzante de su dedo índice).
¿Qué era lo él iba a hacer?
La Hoja Oscura Demoníaca enamorada del último Hoshizoku… que conveniente…
CONTINUARÁ…
Notas de la autora:
Este capítulo, en especial, me ha costado mucho trabajo escribirlo. Y por lo que veo, por más que haga, me ha sido imposible que queden más largos
Bueno, por otro lado ¡nunca dejen sus diarios en lugares en donde se puedan encontrar! Así fue como supe que mi ex quería conmigo ¬¬ aunque no era exactamente un diario XDDD.
Gracias a: Liz.I'm, toaneo 07, Emiita, Nikolas Sur.
Yuki-chan: Sí, creo que tienes un poco de razón jejeje. Ya para el siguiente capítulo habrá más acción, se los prometo
Matta au!
