Advertencia: contenido 18+ a lo largo del capítulo, en especial hacia el final. Absténganse los débiles de corazón.


Cerezas Negras

Lo que más quiero

...

Ninguno de los dos dice absolutamente nada mientras Naoki conduce. Se encuentra nervioso, no sólo por lo recién sucedido, sino también por el lugar a dónde planea llevar a Kotoko.

Es algo extraño para él. Apenas una hora antes, lo único que quería era encontrarse con ella y… y ni siquiera sabía qué. Sólo deseaba verla, sentirla cerca. Su desesperación había llegado a su punto máximo al posar sus ojos sobre ella tras días sin haberlo hecho. Sin darse cuenta, el anhelo que había sentido, al igual que el vacío al pensar que no volvería a verla de aquella manera que tanto quería, habían hecho mella en él y sus emociones se habían salido de control, y, en consecuencia, casi había hecho algo de lo que se hubiera arrepentido por siempre.

No podía entenderlo. ¿Por qué Kotoko decía que lo quería? ¿Qué exactamente había llevado a ello? Por más que pensara, no podía determinar qué exactamente de él podría haber atraído a Kotoko lo suficiente como para pensarse enamorada de él. Una cosa era su apariencia física y su estatus social, que bien sabía eran lo primero que llamaba la atención de las mujeres. Pero Kotoko era distinta. Conocía su lado más mezquino y como no era exactamente lo que todas aquellas mujeres se imaginaban.

Eso era algo que sucedía con demasiada frecuencia. Las mujeres miraban sólo superficialmente, y construían una imagen mental de él que concordaba con sus deseos. A pesar de que no le gustaba, había aprendido a vivir con ello e ignorarlo. De todos modos nunca estaba el tiempo suficiente con ninguna mujer como para que aquello llevara a más.

Tampoco había estado el tiempo suficiente con Kotoko, pero con ella era diferente. Ella sí lo conocía. De algún modo, y, sin poder evitarlo, había mostrado más de él con ella que con cualquier otra mujer. Había bajado sus paredes y permitido que viera dentro. Y por eso, no podía comprender por qué se decía enamorada de él.

Su corazón late rápidamente a medida que se acercan a su destino. Una sensación de desasosiego lucha contra la esperanza buscando tomar alas dentro de su pecho. De los dos, es, irónicamente, la esperanza el sentimiento que más le molesta. ¿Por qué debería sentirse esperanzado? No tiene ningún sentido, en especial porque el lugar a dónde lleva a Kotoko tiene como objetivo mostrarle cómo realmente es él, quien es el hombre del que cree haberse enamorado, y, con un poco de suerte, hacerla desistir de esos fútiles sentimientos.

Él no es bueno para ella. Él no es bueno para nadie. Ni siquiera para sí mismo.

Estaciona en su lugar de siempre, apagando el motor y simplemente dejando que el silencio los rodee por un momento. Ve a Kotoko desde su visión periférica mirar el edificio con el ceño fruncido, antes de voltearse a él con lo que supone ha de ser una expresión confusa. Supone, porque su vista se encuentra sobre su volante, sobre sus dedos tamborileando contra éste, en lugar de ella.

―Naoki… ¿qué es este lugar?― pregunta finalmente cuando él todavía se niega a mirarla.

Dando un largo suspiro, se desabrocha el cinturón y la insta con un gesto de la cabeza a salir. Kotoko lo hace con los labios fruncidos, y cuando están justo frente a la puerta principal del edificio, puede determinar el momento justo en el que la confusión de la mujer da paso a la sorpresa e incredulidad. La escucha jadear, antes de voltear a verlo con el rostro encendido.

―Es un… un…

Dungeon― termina por ella, asintiendo seriamente. El cartel de luces de neón, apagado dada la hora del día, luce las palabras Silver Angel con la imagen de una mujer con alas esposada en una posición erótica. ―Aunque el nombre club es el más adecuado, ya que dungeon suena demasiado duro.

―¿Por qué estamos aquí?― pregunta, al mismo tiempo que Naoki camina en dirección a la puerta. Kotoko lo sigue, mirando en todas direcciones como si esperara encontrar cadenas o látigos en lugar de una aburrida calle en una zona escondida de la ciudad de Tokio. El hombre casi sonríe ante esto. Todo eso estaba adentro del local.

―Dijiste que me querías― responde, una vez frente a la puerta. Levanta el puño, dispuesto a tocar, pero antes de hacerlo, mira por sobre su hombro a la pequeña mujer, regalándole una mirada inquisitiva. ―Antes de proclamar algo tan ridículo, deberías conocerme primero. Mi verdadero yo.

Y sin esperar respuesta, toca.

Largos segundos pasan antes de que una ventanilla ubicada en la parte superior de la puerta se abra, y ojos oscuros se posen sobre él. Naoki reconoce al hombre, y, sin esperar a que pregunte, dice: ―1988.

Ve al hombre asentir, antes de cerrar la ventanilla nuevamente. Escucha el ruido de la llave girar, y paso seguido la puerta se abre, dejando ver un largo pasillo iluminado tenuemente.

―Es un gusto verte de nuevo, Naoki. Ha pasado un tiempo, ¿qué tal todo?

―Bien, ¿y tú, Takeo? ¿Qué tal tu esposa?

―Embarazada de nuevo― ríe suavemente, frotándose la cabeza. ―Estamos pensando que éste será el último. Ya sabes, cuatro hijos es un poco…― deja la frase al aire cuando sus ojos se posan sobre Kotoko, quien se encuentra inquieta, manos unidas frente a su estómago mientras sus ojos giran para mirar en todas direcciones. ―Vaya, así que traes compañía. Eso es raro.

―Kotoko― la llama, haciéndola saltar en su lugar. ―Este es Takeo. Trabaja aquí como guardia. Takeo, esta es Kotoko. Es una… amiga cercana― los presenta.

―Un gusto conocerla, señorita― Takeo, tan amable como siempre, dice, regalándole una sonrisa suave. Puede ver como este simple gesto logra que Kotoko se relaje un poco. La mujer le regala una sonrisa a su vez, asintiendo.

―El gusto es mío.

―Entonces, ¿podemos pasar?― pregunta él una vez las presentaciones han sido finalizadas. Takeo asiente, haciéndose a un lado y extendiendo un brazo en dirección al pasillo. Naoki voltea a ver a Kotoko, quien se encuentra nuevamente inquieta, y la insta a seguirlo con un movimiento de cabeza. Kotoko así lo hace, bajo la atenta mirada de Takeo.

Por un rato, caminan en silencio, Naoki con las manos en los bolsillos de su pantalón y Kotoko jugando con sus dedos, sus ojos viajando de esquina a esquina como buscando algo. Naoki se detiene justo frente a otra puerta, aquella que lleva directo al salón principal del dungeon, buscando calmarse. A pesar de que no espera nada, de que desea que lo que va a mostrarle a Kotoko la desanime de seguir pensándose enamorada de él, una parte de él, mucho más grande de lo que pensaba, siente miedo.

No quiere que Kotoko piense diferente de él. No quiere que Kotoko se aleje si lo que está por ver es demasiado para ella.

―Naoki― dice ella, arrancándolo de sus pensamientos. Siente su suave mano posándose sobre la suya, y sin poder evitarlo, la mira con los ojos bien abiertos. ―Si no te sientes bien… no es necesario…

―No― responde, firme, y aprieta la mandíbula para darse fuerzas. Girando el pomo de la puerta, la abre, escuchando un pequeño respingo por parte de la mujer ante la rudeza del gesto. ―Quiero mostrártelo― y dicho esto, entra.

Hay música suave sonando a través de altavoces ocultos en las esquinas. La luz es tenue y no hay mucha gente, puesto que es entre semana y todavía no ha anochecido, sin embargo, hay la suficiente como para que Kotoko pueda hacerse una idea del panorama usual. De cierto modo, es quizás mejor así. Naoki quiere mostrarle su verdadero yo, pero tampoco desea traumatizarla.

Sin voltear a verla, puede sentir la tensión en su cuerpo, imaginándosela observando en todas direcciones con ojos grandes y asombrados. Hay algunas escenas públicas, y gente vestida con trajes específicos para la ocasión, pero lo que más parece llamar la atención de Kotoko es una mujer, en medio del salón, atada a una enorme equis con las piernas y brazos extendidos, sus ojos cubiertos y su boca con una bola de plástico para evitar que hable.

La mujer está completamente desnuda.

―N-Naoki…― Kotoko murmura, caminando a su lado y sujetándose de su manga. Naoki se detiene, sus ojos posándose en su figura inquisitivamente. Ella no lo mira a él, pues continúa atenta a la mujer. ―¿Por qué… esto… ella…?

―Todo es consensuado― dice para calmarla, consiguiendo que finalmente lo mire.

―Entonces… ¿ella quiere esto?― pregunta casi con incredulidad. Naoki asiente.

―Te lo dije, ¿no? Hay personas que sienten placer al ser observadas― y con eso sigue caminando. Kotoko toma un poco de tiempo antes de seguirlo, sus ojos yendo una última vez a la mujer antes de prestarle toda su atención.

―¿Es esto lo que querías mostrarme, Naoki? ¿El dungeon al que perteneces?― pregunta al mismo tiempo que suben unas escaleras. ―Ya sé que te gusta el BDSM, y a pesar de que lo que hemos hecho hasta ahora es ciertamente distinto a… eso― continúa, haciendo referencia a lo que acababan de ver en el piso de abajo, ―no me sorprende ni mucho menos pienso que…

―¿Recuerdas a la enfermera que atendió a mi padre?― la interrumpe, justo cuando paran frente a otra puerta. Kotoko pestañea, tomada con la guardia baja, antes de asentir.

―Recuerdo que los dos… parecían cercanos― dice en voz baja.

―Hace unos años, tiempo después de que mi padre sufriera de un ataque cardiaco, renuncié a mi sueño de convertirme en médico. Pensé que podría olvidarme de todo y simplemente seguir el camino que había sido trazado para mí desde mi nacimiento, pero…― suspira. ―Debí haber sabido que no sería tan fácil.

Abre la puerta. Dentro, hay una cama de madera sólida con sábanas de seda y un armario a un costado. Invita a Kotoko a pasar con un gesto de la mano y la mujer así lo hace, sus mejillas coloreándose visiblemente.

―Parte de mi plan para ayudar a Pandai en su momento crítico fue aceptar un matrimonio concertado. Christine Robbins fue la elegida, y llegué a pensar que podría funcionar, pero…

―Pero Chris se enamoró de Kin-chan a primera vista― completa Kotoko. Naoki asiente.

―Sin el apoyo del banco de su padre, entré en desesperación. Me sentía responsable por lo ocurrido a mi padre y…― traga grueso. Lo que está a punto de contarle a Kotoko es algo muy personal, que no le ha dicho a nadie más. Odia ante todo sentirse vulnerable, es por ese motivo que había optado por este estilo de vida, por el que disfruta de tener el control, por más efímero e ilusorio que fuera. Pero Kotoko ha sido sincera con él, le ha contado todo de ella, hasta las partes más dolorosas de su pasado. Kotoko es una persona mucho mejor que él, mucho más fuerte.

Y él no la merece.

Él no la merece, lo sabe muy bien, y aquello le duele porque… sin darse cuenta, ha empezado a sentir algo por ella. No sabe si es amor, o siquiera si está enamorándose. Lo único que sabe, es que con ella se siente más libre y más él de lo que recuerda haberse sentido desde que era un niño cuya madre vestía de chica.

Él no la merece, pero al menos desea reciprocar un poco de su confianza en él.

―…y no pude soportarlo― continúa, tensándose ante lo que dirá. ―La responsabilidad de la empresa, la culpa por haber causado el infarto de mi padre, la desesperanza al dejar una carrera que amaba… trabajaba duro todos los días, pero hubo un momento en el que ya nada tenía sentido. ¿Lograría sacar a Pandai adelante? ¿Podría ser feliz con la decisión que había tomado? Estaba tan… confundido. Me sentía vacío por dentro, tanto que…

Su voz toma un tono más suave, sus ojos se mantienen abajo, hacia el suelo. No puede mirar a la cara a Kotoko mientras confiesa…

―… tanto que tirarme del último piso del edificio corporativo no me pareció tan mala idea.

El jadeo de Kotoko resuena por toda la habitación. Naoki cierra los ojos, dándole la espalda y buscando, como siempre, mantener aunque sea el mínimo control sobre la situación, pero es inútil. Lo ha perdido desde el momento en el que decidió sincerarse con Kotoko. Quizás, una parte muy profunda de su mente murmura, realmente nunca lo has tenido.

―Naoki, yo…― siente su pequeña mano posarse en su brazo, pero rápidamente se deshace de ella, alejándose unos cuantos pasos.

―No he terminado, Kotoko― le reprocha. ―Déjame terminar mi historia.

Espera. Puede escuchar la respiración agitada de Kotoko, al igual que unos suaves sollozos. Ante esto último, no puede sino sonreír con ironía. Kotoko es tan… buena. Tan empática. Nunca ha conocido a alguien así.

―Por algún milagro, sobreviví. Había un árbol en la trayectoria de mi caída que me protegió de las peores lesiones, pero, aun así, fue grave. Al despertarme en el hospital me sentí decepcionado de seguir vivo… pero más culpable que nunca cuando vi a mi madre llorando a mi lado, el rostro horrorizado de mi padre… el dolor de Yuuki. Eso hizo que quisiera desaparecer, intentarlo de nuevo… ciertamente no tendría tanta suerte la segunda vez que saltara, ¿no? O inclusive podría usar otro método― lanza una risa que de feliz no tiene nada. ―Los pensamientos negativos me consumían mientras me encontraba posado sobre esa cama de hospital, y así continué con ese círculo vicioso hasta finalmente conseguir ayuda profesional y medicación.

Toma aire, apresurándose con el resto antes de que Kotoko lo interrumpa. Antes de perder el valor.

―Tomoko fue mi enfermera en esa primera instancia. Ella me acompañó durante todo mi proceso de curación. A pesar de ser un poco extraña… congeniamos. Se preocupaba por mí y me alentaba. Fue ella la que me introdujo al BDSM cuando, en un momento de debilidad, confesé el poco control que sentía tenía sobre mi vida.

Pasa una mano por la suave sábana, alisándola. No es cómo si hubiera estado enamorado de Tomoko. Duda que ella lo haya estado de él. Pero es difícil olvidar a la persona con la que tuviste tu primera vez… más aun alguien que, como la enfermera de apariencia dulce, le cambió la vida para mejor, por no decir que le salvó la vida.

Porque el BDSM podría haber empezado como una distracción, pero, a lo largo de los años, se había convertido en parte fundamental de lo que era. Era lo que lo mantenía con los pies en la tierra, lo que le daba un escape de la monotonía en la que a veces se convertía su vida. Sí, había aprendido a amar su trabajo y disfrutar de lo que hacía, pero también había veces en las que, sencillamente, todo le daba igual. Y era allí cuando podía recurrir al BDSM. Tomoko le había salvado la vida convenciéndolo de encontrar otro camino en la vida, en lugar de seguir con aquellos pensamientos obsesivos que lo único que hacían era llevarlo cada vez más hacia el borde.

Disfrutaba sinceramente de este estilo de vida, y, si quería dar una oportunidad a lo que sentía por Kotoko, entonces ella también debería estar dispuesta a seguirlo con él.

Pero no lo estaría.

Porque para Kotoko esto era únicamente circunstancial. Disfrutaba de estar con él y el ligero control que ejercía sobre ella durante el sexo, pero, de ninguna manera, esto podría convertirse en algo que ella quisiera. No estaría dispuesta a ir más allá con él.

Por eso debía disuadirla antes de avanzar más, sólo para que al final se diera cuenta que no podría seguirle el ritmo o disfrutar por siempre de lo que tenía para ofrecerle. Llegaría un punto en el que ella se cansaría.

De eso estaba completamente seguro.

―Naoki…― Kotoko pronuncia, acercándose lentamente. El hombre aguanta la respiración, sintiendo sus brazos rodeando su cintura y su cabeza apoyándose en su espalda. No dice nada, esperando. ―Lamento tanto todo esto. Nunca me lo hubiera imaginado… que tú…

―¿Intenté quitarme la vida?― bufa. ―Está en el pasado. Han pasado años… Ahora estoy en un mejor lugar. No debes preocuparte.

―Pero lo hago― confiesa, suspirando. ―Me preocupo por ti porque te quiero. Hace rato me dijiste que no entiendes por qué… pero esta clase de cosas no tienen por qué tener sentido. Simplemente suceden. Has hablado de lo mucho que Tomoko te ayudó en su momento… pero tú también me has ayudado mucho.

Naoki pestañea. Voltea ligeramente la cabeza en su dirección, pero no puede ver su rostro, que continúa enterrado en su espalda.

―¿Sorprendido?― dice con una risita. ―Te lo conté, ¿no? Después de la muerte de Satoshi, no tenía motivos para vivir… estaba tan perdida. Pero tú… tú me ayudaste a abrir los ojos, a descubrir un nuevo mundo y a querer seguir descubriendo cosas todos los días. Me ayudaste a querer vivir de nuevo.

―No lo entiendo― dice con verdadero desconcierto. ¿Cómo podría haberla ayudado, él, que apenas y puede ayudarse a sí mismo? ―No hice nada por ti.

―En eso estás equivocado― lo corrige suavemente. ―Tu mera presencia en mi vida… admito que quizás podría haber sido otra persona― aprieta los labios al escuchar aquello. No su mente grita. Definitivamente no le gusta lo que Kotoko está diciendo. ―Quizás podría haber sido el momento, no lo sé… lo único que sé, es que me cambiaste la vida. Sin saber nada de mí o mí pasado, te acercaste únicamente porque te interesé. Jamás me miraste con lástima ni me juzgaste, y eso, creo que me ayudó. Decidí abrirme y, al hacerlo, pude curarme. Todo eso gracias a ti, porque fuiste , completamente― vuelve a reír, y puede sentir su rostro moviéndose, como si estuviera negando contra su espalda. ―No tiene ningún sentido, ¿no?

―No― concuerda, y antes de poder arrepentirse, se da la vuelta, tomándola de los hombros y alejándola para mirarla a los ojos, que se encuentran hinchados y rojos por el llanto. A pesar de ello, no puede evitar pensar que se ve hermosa. ―No tiene sentido… pero creo que puedo entenderlo― dice con un suspiro.

Kotoko sonríe. ―Gracias por contarme todo esto, Naoki. Sé que no debió haber sido fácil.

―Gracias por escuchar― responde a su vez. Un pequeño silencio se forma entre ellos, esta vez, fácil y sin tensiones. Naoki carraspea cuando se da cuenta que todavía tiene más que decir, y que la dulce atmósfera que se ha formado entre ellos lo está haciendo perderse, una vez más, en ella. ―Sin embargo, como ya he dicho, no creo que te convenga para nada.

La sonrisa de Kotoko se borra. Tilda la cabeza a un costado, mirándolo con ojos inquisitivos. ―¿Por qué lo dices, Naoki?

―Comparado a ti…― la suelta, dando un paso hacia atrás. Sacude la cabeza, descartando lo que estaba por decir, antes de continuar. ―No soy una buena persona, Kotoko. Mi estilo de vida y el tuyo… no concuerdan para nada.

―¿Lo dices por el BDSM?― pregunta, volviendo a observar la habitación. ―Creo que ya he demostrado que no tengo problema alguno con ello.

―No― Naoki suspira. ―Lo que te he mostrado hasta ahora, es sólo la punta del iceberg, por así decirlo.

―¿A qué te refieres?― dice con los ojos bien abiertos.

―¿Estás dispuesta a averiguarlo?

Cuando Kotoko asiente sin un ápice de duda, Naoki no puede evitar una pequeña sacudida que viaja desde la cima de su columna vertebral hasta su centro. ¿Podría ser…?

―Entonces, déjame demostrártelo. Quítate la ropa.

―Sí señor― Kotoko se dispone a hacerlo de inmediato, sorprendiendo a Naoki. Hace tan sólo una hora había debido usar su palabra de seguridad con él, y sin embargo, ahora, se mostraba tan dispuesta y confiada. El hombre no puede sino sentir calidez en su pecho, por encima de su creciente excitación. ―Por cierto― continúa la mujer sin parar lo que está haciendo, ―debo estar en desacuerdo contigo con eso de que no eres buena persona. Tus acciones hasta ahora me han demostrado que, aunque a veces frío, eres un hombre que se preocupa mucho por sus seres queridos, y es capaz de hacer cualquier sacrificio necesario para hacerlos felices.

―Menos charla, Kotoko― ordena, pues no necesita escuchar eso ahora. Se siente vulnerable nuevamente, en una situación en la que está intentando tomar el control. El calor en su pecho aumenta, casi sofocándolo con su dulzura. Esta mujer terminará matándolo un día, de eso está seguro.

En poco tiempo, Kotoko se encuentra completamente desnuda. Aunque un poco cohibida, a pesar de que la ha visto así cientos de veces, se para con la espalda recta y lo mira directo a los ojos, esperando su siguiente orden. Naoki camina en dirección al armario y lo abre, rebuscando en él lo que necesita.

―Te lo he preguntado antes, pero volveré a hacerlo. Kotoko, ¿confías en mí?― pregunta, sacando lo que estaba buscando. Los ojos de Kotoko se abren cuando se posan sobre el objeto, parecido a un pequeño lápiz labial. Naoki la mira, esperando su respuesta, pensando que si ya se encuentra insegura con este pequeño juguete, no habrá mucha esperanza para lo que vendrá.

Sin embargo, Kotoko vuelve a sorprenderlo cuando asiente, un gesto determinado tomando posesión de sus facciones. ―Sí, confío en ti, señor.

―Muy bien― asiente, satisfecho. ―Acuéstate en la cama, mascota.

Un estremecimiento recorre su columna mientras ve a Kotoko obedecerlo, y, cuando sube las piernas una tras otra, la evidencia de su deseo brilla bajo la tenue luz de la habitación. Así que Kotoko está disfrutando. Eso lo tranquiliza.

―Cierra los ojos― indica, prendiendo el juguete, que hace un sonido suave. Ve a Kotoko tragar, y acto seguido respingar cuando lo pasa suavemente por sus clavículas, acercándose lentamente hacia sus pechos, antes de desviarse y continuar camino en otra parte de su anatomía. Los lindos pezones de la mujer se yerguen, rosados y duros, clamando por atención que él se niega a dar mientras sigue jugando con ella, acercando el juguete sólo para alejarlo una vez más. Kotoko se queja, removiéndose, y Naoki frunce el ceño. ―Quieta― la chista. La mujer de inmediato hace lo que le pide, aunque con visible esfuerzo.

Despacio, muy despacio, mueve su mano de sus pechos a su estómago, dibujando un camino imaginario sobre sus zonas erógenas que dejan a Kotoko jadeando, aun si siquiera haber tocado ningún punto sensible. La mujer abre los ojos, mirándolo con súplica, probablemente ni siquiera dándose cuenta de que lo está haciendo, y esto no hace sino dibujar una sonrisa de satisfacción en los labios de Naoki.

―¿Te gusta, mascota?

―Yo…― suspira, cerrando los ojos y ladeando la cabeza a un costado. Naoki frunce el ceño, alejando el juguete de su cuerpo, y Kotoko lanza un quejido de protesta.

―Mírame― le dice firmemente. ―En ningún momento te dije que podías voltear el rostro, ¿no?

―No, pero…

―Nada de peros― interrumpe. ―Y mientras estemos en esta habitación, me llamarás señor, ¿entendido?

Kotoko traga, asintiendo, antes de darse cuenta de su error y decir. ―Sí, señor.

―Buena chica― Naoki murmura con aprobación, volviendo a acercar el juguete a su cuerpo y recorriéndolo bajo la atenta mirada de la mujer, quien tiembla y jadea, resistiendo cualquier tentación de retorcerse para sentir el objeto directo sobre sus zonas más sensibles. Cuando Naoki considera que Kotoko ha estado soportando suficiente, finalmente desliza la punta del juguete sobre un pezón apretado, y el gemido que Kotoko lanza es tan fuerte que está seguro podría haberse escuchado desde afuera si las paredes no fueran a prueba de sonido.

Naoki asiente, satisfecho al ver que, a pesar de finalmente tocarla dónde ella más esperaba, Kotoko permanece quieta, mirándolo con ojos vidriosos de deseo. ―Así me gusta. Eres una buena chica, ¿no es así, Kotoko?

―S-Sí, lo soy, señor…― suspira mientras Naoki mueve el juguete hacia abajo.

―Mmm, ¿quieres sentirme, Kotoko? ¿Deseas sentirme más íntimamente?

―Sí, quiero sentirlo, señor.

―Muy bien. Lo haré, porque eres una buena chica― susurra suavemente, antes de posar la punta del juguete sobre su zona más sensible. Kotoko lanza una exclamación, sus piernas cerrándose de manera instintiva, apretando su mano entre ellas, mientras su cabeza se arquea hacia atrás, mostrando la sublime extensión de piel blanca y suave de su cuello que Naoki apenas duda en bajar a besar.

―¡Naoki! ¡Ah, cielos…!

Rápidamente Naoki se retira, alejando su cuerpo de ella al bajarse de la cama, escuchando de inmediato sus quejas. Suspira, apagando el juguete y dejándolo sobre la mesita adjunta.

―Pensé que eras una buena chica, Kotoko. ¿No te dije que debías llamarme señor?― pregunta seriamente, mirándola de reojo. Kotoko se sonroja, una proeza en sí considerando lo ruborizada que ya se encuentra.

―L-Lo siento, ¡no pensé…!

―¿Debería castigarte por no seguir órdenes? ¿Qué dices?― pregunta sin siquiera escuchar sus excusas. Naoki sabe qué no es su culpa, que en medio del placer era totalmente plausible para Kotoko olvidarse de sus comandos al dejarse llevar por las sensaciones. Pero estaban en papel, y, por tanto, no podía ignorar aquella falta tan fácilmente. ―Creo que un castigo es lo adecuado. Levántate, Kotoko, quiero que te pongas en cuatro.

Sus ojos se abren con sorpresa, y Naoki espera su negativa. Después de todo, no es algo que pueda hacer, ¿verdad? Le ha advertido que hoy desea hacer más que otras veces. Eso debería darle la pauta de que esta sesión no será como las anteriores, y para lo que sea que le está pidiendo que se ponga en cuatro, no será para nada bueno.

Es sorprendido una vez más cuando, después de tan sólo un segundo de vacilación, Kotoko se levanta, posicionándose cómo le ha pedido. Naoki se queda mirando por un momento, una parte de su ser extasiado observando sus suaves movimientos, desprendiendo la dulzura que la caracteriza, pero que debido a su estado de desnudez y al momento en el que se encuentran, exudan un aura sensual de vulnerabilidad que hace que sus pantalones se sientan más apretados de lo usual.

Cierra los ojos por un segundo para intentar calmarse, sabiendo que debe mantener el control, y tras abrirlos se encuentra nuevamente en dominio de sí mismo, o al menos tanto como puede estarlo. Se acerca a Kotoko, acariciando su trasero de forma perversa y sonriendo socarronamente al sentirla temblar, antes de alejar la mano y con un ligero impulso, terminar azotándola en el trasero.

Kotoko gime, más de la sorpresa que de placer.

―¿Señor?― su voz suena llena de dudas, pero para su buena fortuna no voltea, manteniendo la vista fija en la pared frente a ella. Naoki hace un sonido bajo de aprobación en su garganta. Odiaría tener que castigarla más por seguir actuando por su cuenta.

―¿Te molesta, mascota?― pregunta seriamente, acariciando suavemente la zona donde antes la había golpeado. Según recuerda, a Kotoko le gustó esa primera y única vez en la que la azotó, durante su primer encuentro sexual todos esos meses atrás, pero las cosas podrían haber cambiado.

―Yo…― se toma su tiempo buscando la respuesta, mientras Naoki continúa tocándola, relajándola, esperando pacientemente hasta que, finalmente, asiente. ―No me molesta, señor. Sólo… no me lo esperaba.

―Me alegra escuchar eso― responde a lo primero, para acto seguido palmearla nuevamente. Kotoko vuelve a gemir, su espalda arqueándose ligeramente y su trasero moviéndose hacia atrás, invitándolo.

Repite la acción una y otra vez, alternando la zona dónde su mano choca contra su suavidad, y cada vez, puede ver que Kotoko se va acostumbrando más y más a ello. Ya puede verla temblar, una ligera capa de sudor pintando su cuerpo y la humedad entre sus piernas acumulándose rápidamente.

Naoki está más que emocionado ante esto.

―Creo que es suficiente castigo por ahora― dice después de un rato, dando una última caricia a la piel enrojecida por sus atenciones antes de dar un paso hacia atrás. Kotoko no dice nada, manteniendo la cabeza baja en todo momento, ni siquiera cambiando de posición pues él no le ha dado permiso. Complacido, se quita la corbata y el saco, dejándolos caer al piso sin mucho cuidado, y se enrosca las mangas de la camisa mientras planea su próximo movimiento, observándola cual depredador a su presa.

Con una mano en su espalda baja, empuja, permitiendo que relaje su cuerpo y lo deje caer suavemente sobre el colchón. Kotoko suspira, quizás aliviada de poder descansar, pero el sonido pronto se vuelve un respingo cuando los dedos de Naoki continúan hacia abajo, suavemente tocando entre sus pliegues, calentándola todavía más.

Pondera por un segundo follarla con los dedos, hacerla venir sólo para continuar estimulándola, pero se da cuenta rápidamente que lo único que desea es estar en su interior.

―¿Quieres saber una fantasía mía, mascota?― pregunta para distraerse, enterrando un solo dedo que saca un gemido de la mujer. Bombea lentamente, admirando la manera en la que los músculos de su espalda y piernas se tensan, buscando seguirlo pero absteniéndose porque él no le ha indicado que puede moverse.

―S-Sí, señor…― responde con la respiración entrecortada.

―Tú, atada a una mesa, con las piernas abiertas en una cena de negocios, dónde todos puedan verte y vernos cuando te lo haga rudamente.

Kotoko respinga, aunque Naoki no sabe si es por el placer o la sorpresa de tan morbosa fantasía. No importa realmente. Todavía no ha terminado.

―¿Recuerdas cuando me preguntaste si me gustaba el voyerismo, mascota?― pregunta sin dejar de bombear con sus dedos. Añade uno más, sintiendo sus paredes pulsar con la nueva adición. ―Respóndeme― ordena cuando tarda demasiado.

―Sí… lo recuerdo, señor― suspira, su cuerpo entero en tensión.

―En el momento no te respondí… pero lo sabes ahora, ¿no? ¿Te gustaría que invitara a alguien, que pudiera ver mientras te masturbo con los dedos?

El sólo pensamiento lo excita más de lo que esperaba. Tomoko no era alguien para demostraciones públicas, aun así, había accedido en numerosas ocasiones porque él se lo había pedido. Sin embargo, con Kotoko es diferente. Imaginarla en esta misma posición, abajo, con el resto de los miembros observando y envidiándolo por tan maravillosa sumisa, lo pone como casi nada puede hacerlo.

Pero ese suele ser el caso con todo lo relacionado a Kotoko.

―Ah, yo…― Kotoko jadea, su rostro sonrojándose todavía más mientras sus ojos lo miran como si hubiera colgado la luna y las estrellas por ella. Es una sensación extraña, y una que, recién se da cuenta, ha estado sintiendo desde hace un tiempo, puesto que no es la primera vez que Kotoko lo mira de esa manera, solo que nunca antes había querido admitirlo, nunca había querido verlo. ―Le… ¿le gustaría eso, señor?― pregunta en lugar de contestar. Naoki frunce el ceño, y deja de masturbarla, obteniendo un quejido de parte de la pequeña mujer. Sin embargo, sus dedos continúan dentro, sintiendo como las paredes internas se ciñen a ellos con la fuerza de su excitación.

―Te lo pregunto a ti, Kotoko― dice seriamente. La mujer pestañea, como atrapada en un sueño, pero al menos parece pensárselo seriamente.

Después de un rato, con voz suave y pequeña, pregunta; ―¿es a esto a lo que te referías cuando dijiste que no podría seguir tu estilo de vida, Naoki?

Y el uso de su nombre rompe la escena por completo. Naoki retira sus dedos, sentándose a un costado de la cama e ignorando el jadeo de Kotoko ante el nuevo cambio de actitud. Siente el deseo de limpiarse la mano con la sábana, pero lo resiste, en lugar de eso bajando la cabeza y suspirando con cansancio.

―Sí, Kotoko. Me refería a esto… y a otras cosas― añade. La siente moverse tras él, y un segundo más tarde, sus brazos rodeándolo nuevamente, su rostro enterrándose en su espalda.

―No te molestes, Naoki. Era sólo una pregunta― ruega la mujer. El hombre sacude la cabeza.

―No estoy molesto, es sólo…― no sabe ni como decirlo. No esperaba que aceptara, y aun así, pensar que podría no quererlo lo hace sentir mal. No debería esperar nada. No sabe por qué continúa haciéndolo.

―…me tomaste por sorpresa, eso es todo― Kotoko pronuncia tras un pequeño silencio. Naoki bufa. Por supuesto debió haberla tomado por sorpresa. Eso era de esperarse. No entiende por qué siquiera pensó que… ―no estoy… no estoy en contra de ser vista por los demás― añade justo cuando sus pensamientos están por volverse hacia un camino oscuro.

Ante esto, Naoki pestañea, para acto seguido voltear a mirarla con incredulidad. Sin embargo, Kotoko no puedo ver esto dado que su rostro continúa apoyado en su espalda, justo en medio de sus omóplatos. Por ese motivo, tras aclararse la garganta, el hombre pregunta; ―¿de qué estás hablando?

―Mentiría si dijera que no me causó un poco de curiosidad aquella vez en la que fuiste a buscarme después de que…― dice, refiriéndose a aquel día en el que, furioso porque lo hubiera engañado por teléfono, Naoki condujo hasta su lugar de trabajo y la poseyó rudamente en su oficina. Kotoko se aclara la garganta, quizás avergonzada al recordar como su compañera de trabajo los había escuchado a través de las finas paredes.

Si se avergonzaba sólo con eso, entonces, ¿cómo se le ocurría decir que no le importaría ser vista por los demás?

Naoki quiere preguntar eso, pero Kotoko sigue hablando antes de que pueda hacerlo. ―Quiero decir… no en un lugar público así como así, pero si es aquí… en este lugar con personas que conocen de esto y están de acuerdo en observar… no creo que me moleste mucho.

―No es algo que sólo debería no molestarte mucho― Naoki explica, cerrando sus ojos y soportando la necesidad de lanzar otro suspiro. ―Es algo que debería emocionarte. Algo que te excite.

―¿Cómo aquella mujer de abajo?

―Sí… como aquella mujer de abajo.

Un nuevo silencio se forma entre ambos, hasta que finalmente Naoki decide que esto ha ido demasiado lejos. Sin preámbulo, se deshace gentilmente de los brazos de Kotoko y se levanta, dispuesto a buscar su ropa para entregársela y sacarla de aquí. Está en el proceso de recoger su blusa del piso cuando es detenido por un gemido, proveniente de la cama, y su corazón se agita al mismo tiempo que su miembro, que estaba empezando a ponerse flácido tras la poco agradable conversación, se endurece de nuevo.

Cuando mira tras él, ve a Kotoko, acostada, de piernas abiertas, tocándose sin ninguna clase de pudor. O mejor dicho, si hay un poco de pudor, en el modo en que sus mejillas se enrojecen y su rostro está volteado a un costado, pero a pesar de eso, continúa masturbándose, sus delicados dedos recorriendo su sexo, empapándose con su esencia y jugueteando con su pequeño botón.

Naoki traga, dando un paso adelante sin siquiera darse cuenta de ello.

―Kotoko, ¿qué estás…?

Mmm― la mujer se muerde el labio, abriendo ligeramente sus lindos ojos marrones y entregándole una sonrisa sensual, en contraste con la inocencia que desprende su rostro. ―No ibas a dejarme así como así, ¿no?― murmura, antes de volver a concentrarse en sí misma.

Naoki apenas puede creerlo. A pesar de que momentos antes se había decidido a dejarlo todo de lado y devolverla a casa, este simple acto de Kotoko había conseguido, nuevamente, encenderlo. Y no sólo su libido, sino también, la esperanza en su pecho.

Porque no había manera en la que Kotoko estaría tocándose sólo porque él no había terminado el trabajo, ¿no?

―Naoki…― suspira ella, arqueando ligeramente el cuello. ―Me gusta que me mires…

―No es lo mismo― se apresura a decir, dándose cuenta de lo que está haciendo. Kotoko ríe, algo bajo y provocador.

―Si eres tú… ah, si eres tú… quiero intentarlo. Dame una oportunidad para demostrarte que…― se muerde el labio. Naoki puede ver que se encuentra cerca. Sin pensarlo, vuelve a subirse a la cama, apoyando su peso en sus brazos a los costados de Kotoko, mientras continúa mirándola con expectación. Esta acción parece excitar todavía más a la mujer, si el ligero aumento en su respiración y el modo en que sus muslos tiemblan son suficiente indicación. ―Ah, señor, voy a… voy a…

―Sí, muy bien― la halaga, un estremecimiento recorriendo su cuerpo al darse cuenta que Kotoko recordó llamarlo de la manera correcta. ―Sólo un poco más, mascota, casi estás allí.

Con unas cuantas caricias más, Kotoko finalmente llega al pico, y su gemido es tan dulce y tan excitante como todo ella. Naoki entierra el rostro en su cabello, llenándose de su aroma y dando un pequeño beso allí, consciente de que, una vez más, aquella mujer ha logrado hacerse con el control.

Debería estar más molesto de lo que está. Pero, por algún motivo, apenas puede preocuparse por ello.

Kotoko suspira, recuperándose de su orgasmo, y sus brazos se enredan en su cuello, acercándolo a ella. Naoki se deja abrazar, su mente un caos preguntándose qué rayos está haciendo aquí todavía, y por qué no desea separarse aún. Sabe, sin embargo, el motivo. Lo sabe bien, aunque no quiera admitirlo.

―Quiero estar contigo― es lo primero que Kotoko dice una vez que ha recuperado el aliento. Empuja un poco, buscando poder ver su rostro mientras le habla, y Naoki cede fácilmente, sintiéndose débil y sin fuerzas para seguir oponiéndose. El rostro de Kotoko es radiante, su sonrisa hermosa y sus ojos mostrándole todo el cariño que le tiene. La imagen sería casi lo suficiente como para enviarlo de rodillas, si no estuviera ya sobre ellas. ―Puedes pensar que tu estilo de vida es demasiado para mí, pero nunca lo sabremos a menos que lo intentemos, ¿no?

―Kotoko…― dice, pero ella lo detiene, posando uno de sus dedos sobre sus labios. Naoki nota que es de su otra mano, aquella con la que no se ha tocado. No puede evitar sentirse un poco decepcionado.

―Te amo, Naoki. Ahora más que nunca, que me has mostrado tu lado más vulnerable, que has dejado que vea tras la máscara que siempre usas― confiesa, sonriendo. ―Disfruto de lo que hacemos, y me encanta cuando tienes el control sobre mí… quizás tengas razón, y todo esto sea demasiado para mí… pero yo quiero intentarlo. Quiero entrar a tu mundo y ser parte de él. Quiero que me enseñes lo que te gusta, y… y quiero disfrutarlo junto a ti.

Se miran, ella con toda la seguridad y determinación que puede juntar, él con fascinación y anhelo. ¿Es posible, entonces? ¿Es posible para ellos…?

Y es entonces cuando finalmente cae. Cae en cuenta de que está enamorado de esta mujer, tan dulce, tan amable, dispuesta a darlo todo de sí para estar con él. Así como ella ha dicho que ha cambiado su mundo, ella también lo ha hecho para él. Sin darse cuenta, en todo el tiempo en que la ha conocido, se ha ido soltando, dejando al mundo ver más de él sin necesidad de utilizar una máscara de frialdad todo el tiempo. Con ella, se siente mejor, como una persona que vale la pena y…

…y quiere eso. Aunque no funcione, aunque quizás en un futuro ella decida irse, él la quiere, con él. Quiere intentarlo.

Sus hombros se relajan, como si un peso de pronto hubiera desaparecido de ellos. De pronto, se siente mucho más ligero de lo que recuerda haberse sentido en años. Sin pensarlo, le regala una sonrisa a Kotoko, que hace que la mujer aguante la respiración, quizás dándose cuenta del cambio que se ha dado en él.

Sin poder evitarlo, ríe, feliz.

―De acuerdo― finalmente acepta, desabrochándose el cinturón con una mano. ―De acuerdo― repite, acomodándose en su entrada. ―Has ganado, Kotoko.

―¿Naoki?― pregunta ella con los ojos grandes como platos, aunque sus piernas se abren más para poder recibirlo. Parece ser que ni ella misma lo cree. Esto sólo hace que ría de nuevo.

―Has ganado, Kotoko. Si quieres ser parte de mi mundo… lo serás. Yo te enseñaré. Y si alguna vez llega a ser demasiado…― resbala su sexo sobre el de ella, lubricándose con sus fluidos y causando en ambos un jadeo de placer. ―…si alguna vez llega a ser demasiado, lo dirás, ¿no?

―Por supuesto― acepta de inmediato, suspirando ante el contacto íntimo. ―Por supuesto, pero, Naoki… ¿esto significa?

―Significa que estamos juntos, si estás dispuesta a tenerme― aclara. La sonrisa de Kotoko es abrumadora, desapareciendo un segundo después cuando, finalmente, se mete en ella de una sola estocada.

Esa noche hacen el amor hasta que ninguno de los dos puede más, aliviados y pletóricos ante el hecho de saber que, por fin, se pertenecen el uno al otro sin ningún obstáculo de por medio.


NA: Bueno, llegamos al penúltimo capítulo. El siguiente será el capítulo final, y entonces habré terminado con esta historia. Sorprendente, ¿no?

En fin, ¿qué les pareció el capítulo? Seguro tendrán algunas dudas, por lo que me gustaría aclararlas. Empecemos con Naoki; ¿por qué querría él que otras personas vieran a Kotoko? Bueno, como ya se habrán dado cuenta, el desarrollo de personaje que le he dado es diferente al del anime. El Naoki del anime definitivamente no querría compartir a Kotoko con nadie, siendo tan increíblemente posesivo y celoso, y aquí, créanlo o no, es lo mismo. Para este Naoki, que está dentro de este mundo, el hecho de dejar que otros vean a Kotoko tiene menos que ver con ella y más con él mismo, con mostrarle a todos qué tan en control está, y que lo envidien por la maravillosa sumisa que posee. Va perfectamente con su narcisismo, y alimenta su ego, PERO aunque esté bien con que otros miren, jamás permitiría ni querría que alguien más tocara a Kotoko. Ese derecho es únicamente suyo.

En cuanto a Kotoko, tomen en cuenta que, al principio, ella no sabe nada de Naoki y tampoco está enamorada de él. Ahora, sin embargo, lo ama y quiere intentar ser parte de su mundo y lo que le gusta a él, sin mencionar que además ya posee experiencia con el BDSM y por tanto, no tiene tanto miedo como cuando no sabía nada de ello. Al final, ha evolucionado y descubierto una faceta de su personalidad que antes desconocía, y esto, junto con el mayor grado de madurez que le he dado, fue lo que finalmente llevó a su decisión de aceptar continuar con el BDSM con Naoki como su dominante.

Eso es todo por ahora. Si tienen alguna otra duda, pueden dejármela en un review, y prometo que contestaré, ya sea por PM o, si comentan como Guest, en las notas del siguiente capítulo. ¡Chau!