¡Estoy de vuelta! Y tal y como lo había prometido la vez anterior, no me he tardado tanto en actualizar n.n Así que sin más ¡al fic!
Disclaimer: Soul Eater no me pertenece tampoco la canción que da título a esta historia.
O&o&o&o&
Hoy Cap. 14
Lost se levantó, moviendo el cuello de un lado a otro. Entonces estiró la Hoja Oscura hacia el frente, liberando una onda de aire que rozó una mano de Kid, hiriéndola.
El chico muerte se dio cuenta de que Lost se había hecho más poderoso con la sola absorción del alma de Aisha. Y entonces el Star se le lanzó en un ataque de frente, tan repentino que Kid tardó en reaccionar, pero un revolver que comenzó a girar entre ambos le salvó. Kid entonces tomó de inmediato el arma y se echó hacia atrás, arrastrando tierra con el movimiento.
–Patty, estás bien –dijo contento y aliviado el chico muerte.
–¡Síp! –respondió la pequeña rubia– Y oneechan está preocupada también por ti.
Kid respiró hondo, percibiendo la creciente onda del alma de su amigo, aunque todavía débil. En tanto la risa de Lost parecía no tener final, se regocijaba de su aparente victoria. El chico muerte se daba cuenta de que en esas circunstancias debía ayudar a Black o de lo contrario él jamás sería capaz de volver.
Bien, su objetivo no era matar el cuerpo de Black, sino expulsar el alma de Lost y en eso precisamente sería en lo que cooperaría. Estiró su mano izquierda a un lado y ese gesto Liz lo entendió a la perfección. Ya era hora de patearle el trasero a ese fantasmita… aunque la sola mención de un ser espiritual seguía causándole cierto temor. Liz retornó a las manos de su Meister.
–Le acorralaremos y en cuanto tengamos una abertura tú te encargaras del resto, Liz –reveló Kid al tiempo en que giraba ambas armas por el gatillo, para luego agarrarlas con fuerza.
–¿En-encargarme del resto? ¿Qué significa exactamente eso? –pero la duda no fue resuelta pues en ese instante Lost contraatacó.
Kid entonces respondió a los ataques, unas veces disparando y otras tratando de alcanzarle por medio de golpes y patadas. En ocasiones lograban alcanzarse, pero las más de veces se bloqueaban mutuamente.
Ambos se encontraban cansados, sus respiraciones entrecortadas lo evidenciaban. Pero sin perder demasiado tiempo reanudaban la pelea. Entonces en un rápido movimiento, Kid se barrió y con una certera patada logró derribar a Lost, el chico muerte saltó por encima del cuerpo de su enemigo y comenzó un bombardeo con ayuda de sus armas. Pronto una nube de polvo se alzó y Kid se introdujo en medio de ella.
–Ya antes habías hecho eso y no funcionó, Shinigami –Lost se levantó, esperando que su visibilidad mejorara.
–Pero esta vez será diferente –respondió Kid justo al momento de propinarle un fuerte golpe en el abdomen, lo que hizo que Lost se inclinara hacia el frente sólo para recibir un golpe más por parte del chico muerte.
Lost se llevó una mano a la zona afectada al momento en que sus labios se abrieron en un acto reflejo para tomar aire. Entonces Kid aprovechó el gesto para introducir el cañón de su arma en la boca de este.
–¡Waw! No me hagas eso, Kid –se quejó Liz.
–¡Ahora, Liz! –Kid disparó, tratando de regular la energía de su ataque, rogando porque con eso no terminara matando a su amigo.
O&o&o&o&
Black cerró los ojos y la estrella que lleva tatuada en el brazo comenzó a brillar, pronto los hilos que le ataban comenzaron a deshilacharse, sin embargo los que sujetaban a Tsubaki parecían hacerse más resistentes. La sangre comenzó a escurrir de las muñecas de la chica y a pesar de que sentía dolor ella jamás se quejó, sabía que no debía hacerlo, que también tenía que ser capaz de luchar al mismo nivel que su Técnico.
Pero entonces una bola de energía se impactó contra Black Star, lo que hizo que todo el capullo y los demás hilos desaparecieran. El chico estrella salió disparado hacia otro punto del mismo lugar.
–¡Black Star, estás bien? –la chica camelia se acercó lo más pronto posible para poder ayudarlo a levantarse. El chico de los cabellos alborotados tosió un poco, pero fue capaz de incorporarse.
–¿Qué fue eso? –preguntó él.
–No lo sé –respondió Tsubaki mirando hacia arriba, a ver si era capaz de adivinar de donde había provenido esa energía.
Entonces sintió que la mano de su Técnico se posaba a la altura de su estómago y la empujaba hacia atrás. La morena primero miró la mano del chico, pero luego, al escuchar un ruido, enfocó la vista al frente.
Un cuerpo hecho de hilos dorados apareció en medio del pentagrama y luego estos comenzaron a perder la forma para, en medio de lo que asemejaba una explosión, extenderse por todo el lugar. Los hilos perdieron su color dorado para teñirse de color rojizo y pronto de ellos comenzó a gotear lo que parecía ser sangre.
–Así que finalmente te has decidido a aparecer, maldito –masculló Black.
Tsubaki supo de inmediato que ese chico de cabellos oscuros y ojos color celeste era el causante de todo. De inmediato notó que en la mano izquierda llevaba tatuada una estrella, insignia del clan Hoshizoku.
–¿Black…?
–Si, Tsubaki. Él es antepasado mío.
–Vaya, vaya, y yo que pensé que me había deshecho de ustedes dos –dijo Lost– Ya veo que ese maldito Shinigami me obligó a retornar a este ámbito.
El chico de cabellos oscuros ladeó los labios en un gesto llamado sonrisa.
–Pues entonces es tiempo de que esta vez les elimine –el pie derecho de Tsubaki se movió para tomar una posición de defensa y al hacerlo se percató de que la sangre que goteaba de los hilos ya estaba formando charcos.
Tsubaki también fue capaz de escuchar los lamentos de las almas y su clamar por justicia. Notó que uno de los brazos de Lost se convertía en una Hoja Oscura y aquello le sorprendió. Era evidente que el chico moreno había absorbido sus poderes como Youtou. La mano de su Técnico la llamó con un pequeño movimiento, Black la estaba necesitando para la pelea. Pero ella no acudió a la señal.
Black reaccionó rápido y fue capaz de esquivar a Lost.
–Tsubaki –llamó el chico estrella, sin lograr comprender por qué ella ignoraba su llamado. De nuevo Lost le atacó y recibió un corte certero en el hombro. Su sangre se mezcló con la del suelo, que para ese entonces ya les llegaba a los tobillos.
–Hasta ella misma te ha abandonado –dijo Lost al tiempo en que reía enloquecido– Todos al final te abandonan, esa es la realidad.
Black permanecía con la rodilla en el suelo y distrajo a Lost salpicándolo del líquido que les rodeaba con un movimiento de su mano, para cuando este quiso buscarlo, ya había desaparecido.
–No puedes esconderte, Black –canturreó el de los ojos celestes, pero lo cierto era que no podía ser capaz de sentir su presencia. Chasqueó la lengua en señal de fastidio al tiempo en que arrastraba la punta de la espada por encima del líquido.
Para ese tiempo la sangre ya les llegaba a las rodillas.
–Tsubaki ¿estás bien? –preguntó Black al estar al lado de la chica, tratando de ganar tiempo antes de que Lost los encontrara.
La morena sonrió. A pesar de todo él sí era capaz de externar un poco de preocupación por ella.
–Lo siento, Black Star, ahora mismo no puedo ayudarte –respondió con voz triste.
–¿Eh? ¿De qué estás hablando? –la morena bajó la mirada y su gesto era aprensivo.
Al parecer Lost había absorbido todas sus habilidades y ahora ella no era capaz de transformarse nunca más en una Hoja Oscura.
Tsubaki, la camelia, la flor sin aroma…
Ella sonrió irónicamente. De todos los momentos para recordar las palabras de su padre, ese era el peor. Pero tristemente se daba cuenta de que esa era la más cruel de las realidades. Siempre sería una flor sin aroma. Sin propósito alguno.
Serás un arma al servicio de la humanidad, vivirás siempre bajo la sombra del que será tu Técnico. Él te guiará y sabrá lo que es mejor para ti…
Había dicho su madre.
–Nunca lo olvides, Tsubaki –agregó su padre–. Porque el día en que lo hagas, será tu fin.
–No lo haré, nunca lo olvidaré –respondió Tsubaki– Mi lealtad será para mi Meister, nunca lo abandonaré, seré como su sombra; siempre fiel a su lado.
La Nakatsukasa apretó los puños. La camelia, la flor sin aroma, sí tenía un propósito. Ella había elegido ser el arma de Black Star. Había elegido ayudarlo a restablecer el orgullo del clan Hoshizoku. Había elegido serle fiel y estar siempre a su lado. Pero por encima de todo, había elegido amarle.
Tsubaki se levantó erguida.
–Black Star, déjame todo a mí. En tanto tú tienes que retomar el control de tu cuerpo o de lo contrario no serás capaz de volver.
–¿Y tú Tsubaki? No puedo dejarte para que pelees sola aquí. Tú y yo somos… tenemos que permanecer juntos.
–Pero es necesario que le ataquemos al mismo tiempo. Debes tomar control de tu cuerpo a fin de que sea más fácil terminar con él desde adentro.
Black pareció pensárselo por un instante, no parecía muy convencido de actuar de esa forma.
–Ahora mismo tu cuerpo es como un contenedor vacío. Uno de los dos tiene que regresar o este comenzará a morir. Además, él ganaría te sucediera algo mientras permaneces aquí.
–¿Y tú? ¿Qué hay de ti? –volvió a preguntar.
–Yo… no te preocupes por mí, Black Star. A mí no me pasará nada malo mientras me encuentre dentro de ti –Tsubaki sonrió, logrando tranquilizar a su Técnico.
–Está bien. Esperaré por ti y cuando nos veamos allá afuera yo… el gran Black Star tiene algo muy importante que decirte –el chico estrella le agarró las manos para después alzar un pulgar y sonrió como habitualmente lo hacía. Entonces su alma empezó a convertirse en una especie de polvillo brilloso, para después desaparecer del lugar.
–Te amo, Black Star. Nunca lo olvides –dijo la chica.
–Es una lástima que no serás capaz de decírselo más –Tsubaki sintió el frío de la Hoja Oscura en su cuello, mientras Lost permanecía detrás de ella–. Le has dejado ir sabiendo que tú ya no serás capaz de sobrevivir.
–Es verdad, para que tú hayas absorbido mis habilidades mi cuerpo tuvo que desaparecer –la morena bajó por un instante la mirada para después decir en un susurro– Tal y como sucedió con mi hermano en aquella batalla que tuvimos.
Tsubaki se soltó del agarre de Lost, mirándolo con decisión.
–Pero hay algo que no has logrado quitarme. No dejaré que vuelvas a hacerle daño a Black Star ni a nadie más.
–Ja ¿y qué puedes hacer tú en esas circunstancias? Lo único que logr… –las palabras de Lost se vieron interrumpidas al percatarse de que las aguas comenzaban a agitarse y que de ellas se formaban numerosas manos que se alzaban amenazantes hacia él.
–Las almas claman justicia ¿no las oyes? –dijo Tsubaki– Y ellas ya no te dejarán ir más.
Numerosas manos hechas de sangre trataban de enredarse a Lost y éste las apartaba una y otra vez, no teniendo mucho éxito en ello.
La Nakatsukasa inclinó un poco su cuerpo y se lanzó a él. Sabía que no le quedaba mucho tiempo. Con el impulso de una de sus piernas tomo altura.
Lost cortó las amarraduras de unas de sus manos con un ágil movimiento. Tsubaki no podía cambiar ya la trayectoria que llevaba.
–¡Tú, maldito! ¿Cómo te atreves? –dijo Lost al ver una aparición de Aisha y revolviéndose rabiosamente; él le sostuvo la mano que blandía la Hoja Oscura –¡Deberías de estar muerto, no existir más!
Vocifero el de los cabellos oscuros para sólo notar como Aisha le devolvía una tierna sonrisa, aunque no por ello cargada de tristeza.
–Perdóname, Lost… Por nunca haberte dicho lo mucho que te amaba.
Las pupilas del chico estrella se dilataron justo en ese momento para, segundos después, ser atravesado por la palma de Tsubaki.
Black Star… te amo.
Tsubaki cerró los ojos, al tiempo en que su alma comenzaba a brillar intensamente, haciendo desaparecer todo rastro de espíritus y del lago de sangre.
Cuando todo el lugar quedó limpio se escuchó una voz.
Yo soy Tsubaki, la flor que encontró su propósito…
O&o&o&o&
Black Star… Black star…
El chico estrella abrió los ojos poco a poco, pareciéndole escuchar la voz de…
–Tsubaki –dijo a media voz, tratando de verla, imaginándose que ésta se encontraba al lado suyo.
Pero en vez de eso a quien vio fue a su amigo Soul quien le recibió con una sonrisa característica en él. El chico estrella se incorporó, notando la presencia de todos sus compañeros del Shibusen que habían logrado llegar.
–Tsubaki –volteó hacia los lados, para luego ver a su amigo, interrogándolo con la mirada. Soul le evadió.
–Ella… Tsubaki ha… –la voz de Kid pareció entrecortarse, como dios que era sentía la obligación de decirle lo ocurrido, pero simplemente nada en este mundo le había preparado para ello.
Star notó que el chico muerte apretaba los puños y que estos le temblaban.
–Tsubaki chan fue… –Liz lloraba y no encontró ningún otro lugar mejor para hacerlo que en los brazos de su hermana.
–Ella fue arrastrada por el rencor y el odio de Lost –explicó en un susurró Kid.
–¡Mientes! –el chico estrella se le fue encima, tomándolo por las solapas del saco –¡Mientes! Tsubaki me dijo ¡me prometió que regresaría y ella jamás rompe una promesa!
–Su cuerpo físico desapareció, aunque su alma hubiera sobrevivido no hubiera tenido lugar a donde regresar –trató de intervenir Sid pero un manotazo por parte de su antiguo protegido le hizo desistir.
–Tú eres un Shinigami, eres un dios de la muerte, pudiste… –le gritó Black, pero Kid sólo apartó y bajo la mirada –Pudiste…
Las lágrimas que repentinamente aparecieron en sus ojos claros le impidieron seguir hablando, se sentó en el suelo llevándose ambas manos al rostro. Una gota de agua cayó al piso, seguida de otras dos más y luego otras más. Pronto comenzó a caer un aguacero, era como si el cielo mismo se hiciera solidario con su dolor.
–Black Star –atinó a decir Maka sin saber que más hacer por su amigo.
De pronto, el chico estrella se levantó y echó a correr.
–¡Black Star! –gritó Soul queriendo ir con él, pero Sid le detuvo por el hombro.
–Es mejor dejarle sólo.
–¡Maldición! –dijo Kid golpeando el suelo, a lo que las hermanas Thompson se agacharon a su altura para poder abrazarlo.
¿De qué servía ser un dios de la muerte si no podía hacer nada?
O&o&o&o&
Cuando vuelvas, Tsubaki, el gran Ore sama tiene algo que decirte.
Te amo, Black Star.
Los pensamientos iban y venían a la mente del chico Hoshisoku, mientras trataba de encontrar un algo que le diera un poco de tranquilidad.
Cuando vuelvas, el gran Ore sama tiene algo que decirte.
La sonrisa amable de Tsubaki.
Te amo, Black Star.
Y entonces se detuvo, agachando la cabeza y poniendo la mano en un árbol.
–Tsubaki –dijo en medio de su llanto –Perdóname. Yo… lo único que tenía que decirte era... que te amo.
Se dejó caer de rodillas, agarrando la tierra mojada y apretando los puños.
–Que te amo… ¡Que yo también te amo! –gritó, pero sólo el silencio se hizo presente.
Ya no había más Tsubaki que pudiera escucharlo, ya no había más brazos cálidos que le hicieran sentir como un niño inocente y protegido. Necesitaba sentir eso y más. Hoy deseba revivir en el tiempo en que le podía mirar, recorrer con la mente el sueño que ahora le era irreal. Hoy que se desprendía de ese silencio obstinado que no supo desde cuando guardaba, se daba cuenta de que ya no quedaba nada más.
Hoy. Una palabra que no comprendió hasta que Tsubaki desapareció…
Varios meses después
Black Star miraba la decoración del lugar incansablemente, como si alguna clase de detalle importante fuera a escapársele con sólo parpadear. Aspiró fuertemente. Todavía era capaz de sentir la presencia de Tsubaki en esa casa, todavía después de tanto tiempo.
Caminó por los pasillos hasta llegar a la habitación de la chica camelia, la cual recorrió sólo con la mirada. Siempre, aunque llegaba hasta ahí y abría la puerta, nunca era capaz de entrar, de hacerlo quizá profanaría ese lugar.
Sus ojos se humedecieron y, cerrando la puerta para seguir con su camino, llegó a la estancia. Se paró por un par de segundos como para tomar un poco de valor, entonces se dirigió hacia la salida, sorprendiéndose de encontrar al joven Shinigami de pie afuera de su casa.
–Kid… –atinó a decir.
–Sé que nada de lo que te digamos te hará cambiar de opinión –dijo el chico muerte, a lo que el peliazul afirmó con un movimiento de la cabeza.
Por un instante más ambos se quedaron en silencio y Kid apretó la mano derecha, fue entonces que el chico estrella se percató de que llevaba algo en ella.
–Shichue no sabe que he traído esto conmigo. Pero sigo creyendo que tú debes de conservarlo –le ofreció el objeto.
–Esto es… –Black Star lo tomo con aprehensión.
–Sí, es la Youtou. La recuperé poco después de… después de la batalla con Lost. Shichue dijo que…
–Gracias –respondió el chico estrella.
–Era lo menos que podía hacer por ti –Kid miró el reflejo del sol en la hoja de la espada al momento en que Star la desenfundaba.
El chico muerte notó la mirada fascinada de su amigo ante la visión, preguntándose por un instante si acaso había sido una buena idea el entregársela. Cierto era que la Hoja Oscura seguía existiendo, pero ahora sin el alma de Tsubaki que pudiera hacerla funcionar era prácticamente inservible como Arma del Shibusen.
–¿A dónde irás, Black Star? –preguntó el chico muerte, la pregunta tomó desprevenido al peliazul, pero éste sólo se limitó a sonreírle.
–No tienen de que preocuparse –respondió, cerrando la puerta tras de sí y dirigiéndose hacia el camino.
–¿No te llevarás nada? –preguntó el ojimiel.
–No necesito nada más –dijo alzando un poco la mano en donde llevaba la Hoja Oscura y poniendo su mano en el abdomen, el sonido hueco de un libro al ser golpeado se hizo presente. Las palabras escritas por Tsubaki siempre las llevaría con él.
Y entonces reanudó su camino. Kid le miró hasta que éste desapareció, deseándole buena suerte a su amigo. La necesitaría. Con todas las cosas que estaban sucediendo últimamente por todo el mundo con la liberación del Kishin, no dejaba de pensar que el permitir marchar a Black Star era un error pero, el mismo chico había hablado directamente con Shinigami sama y éste accedió a concederle su retiro temporal.
Kid suspiró. El chico estrella no estaba en sus mejores momentos y quizá lo único que necesitaba era tiempo. Dio media vuelta y se fue.
Black Star caminaba lentamente, había logrado llegar hasta las afueras de la ciudad. Alzó la vista y miró al cielo, levantó la mano en la que llevaba la Hoja Oscura y sonrió.
¿No te llevarás nada?, recordó las palabras de Kid.
No, a donde yo voy no necesito nada más…
Miró otra vez hacia el desierto. Las arenas, así como sus recuerdos, se extendían frente suyo sin tener un final cercano, amenazándolo con devorarle. Rogaba porque así sucediera.
Sí, a donde yo voy no necesito de nada más.
FIN
Notas de la autora:
Ahm, ¿qué puedo decir? Los finales no son mi fuerte, hasta el momento sólo recuerdo un final que realmente me gustó. Sé que a muchos no les gustará la idea de lo que hice con la pobre de Tsubaki, pero desde que comencé a escribir esta historia ya lo tenía planeado. El amor puede llevar a la locura de una y mil formas. Algunas pueden ser buenas, pero otras pueden ser destructivas.
La idea central de esta historia era hacer que no se dijera lo que sentían y los desastrosos resultados de esa elección. Por un lado estaban Lost y Aisha. El primero quiso ganarse la admiración del otro, pero al creer que nunca lo conseguiría decidió ir por el mal camino. Aquí ninguno de los dos tuvo el valor para hacerlo y ambos terminaron destruyéndose.
En el caso de Black Star simplemente exploté el lado negativo de su orgullo. En la vida real eso suele pasar, por muchas y diferentes razones simplemente no decimos lo que sentimos y para cuando queremos hacerlo ya es demasiado tarde.
Gracias por sus reviews a todos los que me mandaron y a los que me leyeron en anonimato creo que es el mejor momento para comentar.
Y sólo me resta dejarles la letra de la canción que dio título a este fic.
Hoy quiero sentirme en tus brazos
Llenarme de inocencia
Que ya no sé cuando se fue
Revivir en el tiempo
Que aún te podía mirar
Recorrer con la mente
El sueño que ahora es irreal
Hoy que ya no tocan tus manos
Este rostro inocente
Que ya no sé cuando se fue
Que tenía el universo
Y pensó que podía tener más
Estirar este sueño infinito
Que ahora me hace llorar
Hoy no es mejor que el ayer
No es mejor que el después
No es mejor que el después
Hoy que se desprende mi cuerpo
Del silencio absoluto
Que ya no sé cuando guardé
Que miró en el espejo
Y pensó que no debía llorar
Que buscó en lo profundo del tiempo
Y ahora no queda más.
(Hoy-Mitofilia)
