Bárbara Gordon.
Miré fijamente el vídeo reproduciéndose en mi portátil. El Capitán -porque yo no me atrevía a llamarle por su nombre de pila-, patinaba con calma alrededor de la misma cuadra, fingiendo practicar. Dick había dicho que él era un buen skater, pero el niño lucía tembloroso y tímido con el objeto, así que él debía de ser un gran actor.
Pusimos cámaras escondidas a lo largo de las calles donde los raptos de menores se venían registrando. En Gotham, se perdían niños a diario, seguirles el rastro a todos era, tristemente, una utopía inalcanzable, pero el Capitán captó por su cuenta un patrón que nosotros no habíamos visto y organizó un plan perfecto para dar con el paradero de los desaparecidos. Ahora, con él fingiendo ser un niño callejero, debíamos esperar a que los secuestradores apareciesen y lo raptasen.
Brinqué de sorpresa al ver a mi papá entrar a mi alcoba.
—Babs, por el amor a Dios, es más de medianoche. Duérmete.
Le sonreí a papá y su mala cara.
—Mañana es sábado, dormiré en el día.
Eso a papá no le gustó. A medio vestir, con claras intenciones de irse a la cama, continuaba portando sus gafas; él las acomodó por sobre el puente de su nariz.
—¿Qué se supone que estás haciendo?
—Veo una película.
—¿Y el audio?
—Am... —miré la pantalla y a papá —. Es, am, ¿cine mudo?
Me ruboricé ante la reprimenda corporal que me dedicó papá con su rostro de indignación.
—No es necesario que me mientas. ¿En qué te tiene trabajando Batman?
Atrapada, le mostré. Papá se acomodó junto a mí en el colchón y tomó mi portátil, oyendo mi explicación.
—Entonces, este niño, es un contacto de Batman.
—Sí.
Papá hizo un gesto de irritación.
—¿De dónde saca ese sujeto tantos niños? —me encogí de hombros —. Bárbara no es sano que un adulto... un auto.
Ambos miramos la pantalla. Un vehículo se detuvo y uno de sus ocupantes empezó a hablar con el Capitán. El niño no opuso resistencia al secuestro, prácticamente los ayudó a meterse al maletero, sin soltar en ningún momento su patineta; le amarraron las manos antes de cerrar la cajuela. Cuando el auto arrancó, oí la voz del menor a través del portátil.
—Batgirl, en posición —susurró.
—Ya te vi —contesté —. Tus manos...
—Me solté. Los rastreadores están en las llantas de la patineta, ¿verdad?
—Así es.
—Dejaré uno aquí, debajo del forro que le pusieron al maletero. Los otros los pondré en el lugar al que me lleven.
—Bien. Los refuerzos te están siguiendo. Robin te sacará cuando te dejen solo.
—Correcto. Gracias, Batgirl.
—... es un placer. Trata de relajarte.
—Ajá.
La comunicación se cortó. Papá soltó un suspiro.
—¿De cuántos niños se trata?
Lo que él quería era una justificación, algo que valiese exponer a un «niñito» a un secuestro.
—Se cree que pueden ser cerca de 90 niños.
Una vida a cambio de 90. Incluso si saliese mal, si el niño muriese -que era improbable-, era un buen negocio. Por esa causa, Gotham fue pionera en los niños héroes; ¿qué tanto era sacrificar un par de mocosos a cambio de todo el bien que traían?
—Duérmete a penas termines, cariño.
—Sí, papá.
0oOo0
Billy Batson.
Esto era una degradación de la dignidad humana.
Niños, decenas de niños y niñas, encerrados en jaulas de perros y apilados como objetos, con cuencos de agua, viviendo sobre sus propios orines y excremento. El olor del lugar iba muy acorde con el asco que yo sentía. Yo tenía asco de la humanidad.
A lo largo de mi corta vida, fui secuestrado una infinidad de veces, mi vida no era un cuento de hadas, sin embargo, estar rodeado de personas tan deplorables me dio un esclarecimiento del ser humano. La bondad existía, incluso en rincones sucios y decrépitos como estos. Las personas que eran completamente frías e inalterables, eran contadas con una mano, eran una minoría. Casi todos teníamos bondad dentro, era una chispa de humanidad que se asomó hoy en el rostro contrito de los secuestradores que me encerraron en la jaula, viendo a los niños que les suplicaban por sus madres, comida y la libertad. La culpa que los persiguió y los hizo salir a prisa era la consciencia de aquellos hombres torturándolos por dentro.
Yo tuve el placer de conocer a personas sin humanidad. Eran monstruos con apariencia humana que yo clasificaba en dos grupos: los «me lo supuse» eran aquellos que disfrutaban el dolor, el hambre, la humillación; eso era lo que uno esperaba de ese tipo de personas, ellos no decepcionaban. Los otros eran los «que mierda...» eran los que nada les importaba, a ellos les daba igual el llanto de un bebé, no lo disfrutaban, ni lo sentían. Esas personas sí me aterraban.
Puse los chips de rastreo a un costado de la jaula, debajo del plato con agua -como si en verdad fuésemos perros- y esperé. Red Robin debía sacarme pronto, yo entregaría mi reporte y la operación de rescate iniciaría.
0oOo0
Conner Kent.
Esto está mal, pensé viendo la reciente actualización de noticias. Detrás de Wally, cayó Artemis. Detrás de Artemis, cayó Oliver Queen, Green Arrow. Detrás de Oliver Queen, cayó Dinah Lance, Canario Negro.
En internet, la Liga se convirtió en la comidilla; en ciertos sectores éramos una burla, en otros lados, una secta conspirativa que se desmantelaba. La popularidad de Batman se estaba yendo en pique tras el juicio; aunque internet convirtió el asunto en memes y risas, la influencia de los «populares» de internet no significaba nada en el mundo real y muchas organizaciones presionaban por un segundo juicio y por más información.
Era un desastre de proporciones épicas. Y por eso, llamé a Dick.
El chico siempre tenía una solución, una idea, algo, cualquier cosa. Mañana podía ser yo el exhibido, con toda mi historia, mi pasado y demás. Kal-El fingió pensárselo, meditar el asunto, pero todo estaba decidido; legalmente, ya no era su hermano ni hijo adoptivo de los Kent, era el hijo de Lex Luthor.
Con mi mayoría de edad esperándome el 21 de marzo, no importaba mucho quién era o no mi padre, pero dolió ser nuevamente un ente ajeno a Kal.
—¿Qué? —el tono adormilado de Dick me causó gracia.
—Te invito a ir justo en este momento a limpiarle las casas a las palomas del parque.
—Toma un pedazo de kriptonita y métetelo por el...
—Wow —lo corté riendo —. No sabía que eras malhumorado por las mañanas.
—Me acosté a las cinco.
—¿Qué carajos estabas haciendo?
—Cogiéndome a una chica.
—¿Zatanna?
—No.
—¿Rocket?
—Ya no me habla.
—Ese no es un impedimento para ti —se rio —. ¿Artemis?
—Wally me asesinaría. Y no, no era ella.
—Cuenta ya.
—Bien... —esperé a que terminara de bostezar —. Es una conocida mía que no se hace problemas en ejercer el viejo oficio.
¿Una prostituta? Vaya.
—¿Cuánto?
—Mil dólares.
—Uish.
Dick se carcajeó.
—Yo no haría muchos ruiditos. En un par de años, serás el dueño de una cantidad de dinero comparable con la fortuna Wayne y aprenderás lo divertido que es derrochar dinero ajeno.
Me lamí los labios. Cierto, Luthor moriría en algún momento.
—Entre hoy y mañana, él me hará entrega del laboratorio. ¿Me acompañas a recibirlo? Quiero que lo revises en busca de cámaras, micrófonos y eso.
—Claro. ¿para qué son los amigos, Conner?
—Kon —aclaré —. Prefiero ahora ese nombre.
—Lo siento, lo olvidé. Claro, Kon-El... ¿te puedo decir Konni?
—Metete un palo por el...
Él me interrumpió a mí riéndose.
—¿Para qué me llamas?
—Para preguntarte si te enteraste lo que pasó con Green Arrow y los otros.
—No.
Le conté y Dick se sumió en un largo silencio.
—Deberíamos buscar una forma de distraerlos —propuse.
—La distracción está en marcha. Hoy en la noche debería estar siendo publicada en todos los canales.
—¿Y si no funciona?
—... no sé qué haré. Amigo, no puedo con todo esto. Lo de Wally no me importó tanto, digo, ellos ya estaban avisados de no subir fotos, pero fui el hilo que jalaron hasta dar con ellos, yo...
Me recorrió un escalofrío al oír a Dick con la voz quebrada.
—Nadie te culpa, Dick. Esto pudo pasarle a cualquiera de nosotros.
—No me siento culpable, yo sé que no fue mi culpa. Es que... yo no cometo errores, Kon. Mis misiones son perfectas, mis notas son perfectas, yo... no estoy acostumbrado a la vulnerabilidad. La había olvidado.
—¿No te ha pasado que las cosas no te salen como esperabas?
—Sí, claro, pero veo la luz al final del túnel, me aparecen opciones en el camino, surgen ideas exitosas, pero en esta situación me siento atrapado... voy a ir a misa hoy.
¿Misa? Ah, cierto, Dick era religioso.
—Si tu sientes que te ayudará —en lo personal, yo no creía en dioses ni en religiones, todo era palabrería barata, mitos antiguos con los que sacaban dinero. Por empatía, traté de comprender a Dick y ponerme en sus zapatos —. ¿Pedirás que esto se solucione?
Alcé una ceja ante la risa de Dick.
—La gente suele suponer que las iglesias son para pedir soluciones rápidas y milagros.
¿No era esa la idea?
—¿Entonces?
—Pediré paciencia para lidiar con esto, fuerza para no rendirme, discernimiento para decidir y toneladas de misericordia para los pecados que cometeré tratando de proteger a mi familia.
Volví a encogerme de hombros. Cada loco con su tema.
0oOo0
Bárbara Gordon.
Me dirigí a la mansión Wayne a las ocho de la mañana. Logré dormir cinco horas, confiando en que Tim sería competente para encargarse por su cuenta del restante de la misión. Cuando desperté, lo hice gracias a un mensaje que me avisaba que la misión fue un éxito.
Era hora de ir a avisar a Bruce.
Deslizándome por los pasillos desiertos de la Mansión Wayne, mi estómago se apretó ante la expectativa. Alfred estaría en lo suyo o descansando, Dick durmiendo, Tim con Billy encargándose del informe, Damián atendiendo a sus mascotas, Bruce dormía desde anoche tras tantos días de trabajo. Las cosas irían viento en popa con el juicio ganado y un rescate de niños destinados a prostitución y tráfico de órganos; los niños moverían la empatía general, vernos rescatándolos bastaría para frenar por algunos días los ataques públicos que la Corte de los Búhos ejecutaba con los medios de comunicación.
Ingresé a la alcoba de Bruce en silencio. No obstante, era Batman, él abrió los ojos al yo cerrar la puerta.
—¿Y bien? —preguntó con la voz ronca.
—Después de mediodía podremos avisar a mi padre para organizar un rescate para esta tarde.
Bruce asintió. En lo que yo hablaba, él me recorría con los ojos. Yo usaba un top corto de mangas largas, una falda de jean y sandalias. No era la gran cosa, pero yo contaba con un busto generoso y la mayoría de mis tops lucían de una talla menor; normalmente era incómodo y me dificultaba ir de compras, pero me facilitaba la vida si yo quería captar la atención de Bruce.
—Ven aquí, bonita.
Lo hice con lentitud, sin ansias y con control. Yo no me atrevería a declarar que era capaz de manipular a Batman, mas yo lograba que él acudiese a mí cuando yo lo quería; por supuesto, desde el exterior, lucía al revés, lo que era parte del encanto. Bruce era un hombre de una noche, él no repetía platillo, pero no se estaba saciando de mí; me gustaba oírlo pedirme que me quedase con él algunas horas, oírlo insistirme era un placer que no tenía comparación.
—Deberías dormir —le aconsejé recostándome junto a él. Bruce no solía cubrirse con su colcha, la tela estaba tirada en la cama y en el suelo; su trasero permanecía descubierto. Esta cama era grande y cómoda. Retiré mis sandalias y puse los pies sobre el colchón —. Vine solo porque sé que odias el sonido de los mensajes mientras duermes —me justifiqué. Pude avisarle a Alfred y salir del asunto, pero de ese modo no estaría pronta a un buen revolcón con este ídolo sexual.
Su mano se posó en mi vientre descubierto y tonificado. Él me acarició con lentitud, disfrutando de mi piel.
—¿Tu padre sabe dónde estás?
—Sabe que estoy en casa, durmiendo —tomé su mano con las mías y las detuve. Bruce se esperó a que yo actuase o hablase, casi como un perro que espera una indicación de su amo para ir a comer —. Volverá a las tres —dije llevando su mano -grande, fuerte y áspera- a mi boca para besar uno de sus dedos. Bajé su mano y la guié a uno de mis senos. Bruce no perdió oportunidad y me apretó el pecho con suficiente fuerza para lastimarme.
Me gustaba cuando él lo hacía.
—Dick está en su alcoba. ¿Quieres ir al ático?
Mi amigo dormía en la habitación continua y él no era tímido en molestarme si me oía cogerme a su papá. Yo le gustaba Dick, era un imposible para él.
—¿Crees que en verdad se masturbe oyéndonos?
—Gracias por el material para las noches solitarias —nos decía.
—¿Dick? Absolutamente —Bruce se incorporó y me cubrió con su cuerpo desnudo, deshaciéndose de mi top y quitando mi falda de un tirón.
—¿Es malo?
Me gustaba jugar la carta de la chica inocente. Si Bruce no me creía, no lo decía, él me seguía la cuerda. Me puse un sostén palo rosa y una ropa interior blanca, muy casual, para nada planificado el encuentro. Ja.
—Si no te molesta, no. Dick es... es mi soldado, está bajo mi poder. Si fuese alguien más, sería malo. El mundo cree que eres una virginal señorita, las mujeres que se sexualizan les va mal.
—Complejo de santas y putas.
Me besó.
—Exacto. Es una idiotez, pero el mundo lo cree y te juzgará así, igual que al resto de las chicas. Si quieres respeto, deberás ser una santa, al menos de puertas para fuera. Aprende del ejemplo de Canario y Diana.
Wonder Woman y Canario Negro eran dos heroínas muy populares con poca ropa, el contenido pornográfico que creaban basándose en ellas era de proporciones épicas. Ellas exhibían su cuerpo y el mundo las explotaba, restándole importancia a sus logros, títulos y cargos. No era justo, ni correcto, era machista, pero el mundo funcionaba así.
—Bruce —lo llamé, deteniéndolo en su labor de quitarme el resto de mi ropa. Mis senos ya estaban expuestos y él los lamía indiscriminadamente.
—¿Hum?
—Enséñame algo nuevo.
Él sonrió al punto de enseñar los dientes.
—Joder, me encantas —susurró. Me besó como de costumbre, succionándome. Bruce era comparable con un pulpo, se adentraba tanto como podía mientras me recorría entera, en lo que yo sentía que no eran dos, sino cientos de manos las que me tocaban.
Era como sentirse adorada, como ser una diosa. Se lo dije.
—Contigo me siento como si estuviese siento venerada —susurré separándome de su boca.
Él volvió a sonreír. En el sexo, él sonreía mucho.
—Es lo que te mereces, preciosa —dijo retirando mis cacheteros blancos. Sus ojos se posaron en mi vagina expuesta; separé los muslos para darle una mejor visión —. Te humedeces muy rápido.
Mi rubor no era fingido. Aparté la vista de su gesto risueño.
—No molestes.
—Deja de avergonzarte, eres la cosita más apetecible de este mundo —se inclinó y habló en mi oído con voz baja —. Haré lo que me pediste, te enseñaré un poco más, pero primero voy a nalguearte hasta que tus inhibiciones desaparezcan. Te quiero libre.
—Necesitarás muchas —lo reté —, y muy fuertes.
Él rio y me volvió a besar, para no soltarme más. Mi boca se vio ocupada con sus labios, su lengua, su saliva, sus dientes, pero también con sus dedos. La próxima vez que mi boca se desocupó, se hallaba entretenida gimiendo. Con un succionador de clítoris, el pene de ese hombre abriéndose paso dentro de mí y sus manos castigándome de la manera más deliciosa posible, era difícil no gritar.
E imaginar a Dick a unos metros, acariciándose y susurrando mi nombre, con un anhelo que no se le cumpliría, me enloquecía. Y si Bruce adivinaba que parte de mi placer era pensar en su hijo, no le importaba en lo más mínimo, lo único que oía de su parte eran gruñidos entrelazándose con mi nombre.
¿Qué mujer no querría estar en mi posición?
0oOo0
Bruce Wayne.
Esta chica era perfecta. Era tan nueva en todo y tan interesada en conocer.
Bárbara era una ninfa. Ella era preciosa, llena de feminidad, de deseos, de lujuria; y se hallaba en esa edad preciosa en la que las chicas lucían como mujeres, mas no deberían ser vistas de tal forma, en las que pensar en ellas era morboso, sucio, un aspiracional pecado no llevado a cabo.
Pero yo me la estaba cogiendo, taladrando con mi pene su joven cuerpo, esa tierra inexplorada y perfecta, haciéndola gritar. Amaba ver el placer en las mujeres, que su sexualidad fuese explorada y premiada, así no fuera conmigo o fuese entre ellas; me daba igual quién era el causante, yo solo quería que ellas viviesen en el mundo de orgasmos y placer que se merecían.
Quizás yo no podía ser el benefactor sexual de todas las mujeres del mundo, pero sí serlo de Bárbara. Le daría todo lo que me fuese posible mientras ella quisiese estar conmigo. Y en lo que eso pasaba, que Dick la oyese. Mi hijo voyeur era tan similar a mí que casi parecía ser genética. Quizá algún día Bárbara lo honraría con su cuerpo. Dick no se la merecía, ella era demasiado sublime, pero él era un buen amante y la haría feliz.
Si yo pudiera estar ahí para guiarlo, sería fantástico; aunque lo amaba como un hijo, Dick no era mi hijo, e imaginarlo acompañando conmigo a Bárbara, turnándonos y dedicándonos a adorarla, no era asqueroso ni desagradable.
Por ahora, lo dejaría oír un buen rato, luego llevaría a Bárbara al ático para que ni Tim ni Damián fuesen testigos. Allá me encargaría de dejarla temblando, desecha en fluidos.
0oOo0
Damián Wayne.
—En posición.
—En posición.
—En posición.
—En posición —susurré.
—Adelante.
Batman por detrás, Red Robin y yo siguiéndolo, Batgirl apagando las luces y Nightwing en el frente aguardando con la policía a que se abriera el portón del depósito.
Fuimos advertidos del olor rancio. Las máscaras de dominó, repletas de tecnología, nos permitían ver en la oscuridad; los niños enjaulados me hicieron enfurecer. No tuve oportunidad de golpear a ninguno de los tres cobardes que custodiaban el lugar, eran tan patéticos y débiles que padre se encargó de ellos en cuestión de segundos.
Nightwing entró y encendió las luces. Docenas de carros de patrulla de policía aguardaban para nada, el trabajo estaba hecho.
—Por Dios —jadeó el comisionado al ver el interior. Los niños, viéndonos, empezaron a llorar y a suplicar que los sacáramos —. ¡Llamen a servicios sociales!
0oOo0
Barry Allen.
—Aquí, en el lugar de los hechos. Se revela operativo coordinado entre Batman y la policía de Gotham para dar con la captura de…
Recostado en el escritorio del detective Marrier, observé la impactante noticia. 105 niños en condiciones precarias que, aparentemente, serían distribuidos en costas africanas.
—A veces te hace querer deshacerte de la humanidad —me susurró Noah, el forense especializado en sangre de la unidad.
Negué con mi cabeza. No, la humanidad no.
—Las buenas personas causan la diferencia. Solo… solo tenemos que esmerarnos más para eclipsar la mierda que hay en el mundo.
—Supongo —musitó observándome de reojo; Aria, forense, también me miraba. Con un gesto interrogante, los encaré. Noah se aclaró la garganta —. ¿No acabas de cenar una pizza entera con un medio litro de Pepsi?
Resistí el impulso culposo propio de un adolescente con sobrepeso de esconder mi barra de chocolate atrás de mi espalda.
—Tengo un diente dulce, ya lo sabes.
Aria sonrió mordazmente.
—Igual que tu sobrino. ¿Qué fue lo que dijeron sobre los Flash? ¿Cuántas calorías es que deben comer cada hora?
—3 mil —respondió Noah, uniéndose a la contienda.
—¿3 mil qué? —pidió el detective Marrier llegando con un par de colegas.
Mierda.
—Creo que tienen la teoría de que yo soy Flash —comenté mordiendo mi chocolate —los dos detectives que acompañaban a Miller se miraron entre sí —. Soy el tío de Wally West —les aclaré.
—Bueno —se defendió Noah —. Kid Flash ha llamado tío a Flash en diferentes oportunidades, y él no tiene más tíos que tú y la familia lejana de tu esposa, así que tienes que ser tú.
—Flash y él tienen una relación muy estrecha. Yo no soy Flash.
—Tan lindo —se burló Aria —. Aferrándose a lo inevitable.
—Para mí no es una teoría —se encogió de hombros mi jefe —. ¿Cuántos esposos graban en sus argollas un relámpago? —señaló a mi anillo de oro.
Les fruncí el ceño a Noah y Aria, que se inclinaron a detallar mi argolla. La cubrí con mi pulgar el anillo.
—Inocente hasta que se pruebe lo contrario. ¿Qué pasó con los químicos?
El detective sonrió antes de responder respecto a nuestro anterior caso. El cuerpo de la víctima se halló cubierto de químicos en sus pantalones, y se consideraba una pista potencial; yo tenía mis dudas al respecto.
—Tenías razón, los químicos son de su hermano menor, lo ayudaba con la feria de ciencias de su escuela. Habrá que buscar más pistas. ¿Qué pasó ahí? —apuntó con su quijada a la televisión.
—105 niños secuestrados para ser vendido como esclavos sexuales —respondió Aria con odio en la voz.
En la pantalla se mostraba la forma en que sacaban a los menores; el ambiente era terrible, en la parte de abajo el título de la noticia se intercambiaba con «se recomienda discreción». Se enfocó, especialmente, a Bruce soltando el candado de una de las jaulas, el niñito dentro, muy pequeño, tal vez cuatro años, avanzó hasta la figura de Batman y lo abrazó. Sonreí con dulzura.
—Yo aun no me creo que es Bruce Wayne —dijo en voz baja Aria —. Ese lugar se ve asqueroso, no imagino el olor. Un millonario se tiraría de su rascacielos antes de meterse en ese sitio.
—Batman es un humanitario —respondí automáticamente, recordando tarde agregar —… de lo que me ha dicho mi sobrino.
—U-hum —emitió Noah con sospecha.
—Wally habla de él —traté de recomponer —. Es un gran hombre y un líder exigente, pero justo, a sus palabras. Los chicos del Equipo lo admiran mucho. Siempre los ayuda y, personalmente, supe que él fue quien animó a Wally cuando nos enteramos que mi cuñado golpeaba a su esposa.
Parecieron medianamente convencidos, el interés en el noticiero me colaboró a distraerlos. Seguí comiendo mi chocolate.
0oOo0
Conner Kent.
A Luthor se le fue la mano. Cuando acordamos un laboratorio centrado en robótica, imaginé un pequeño edificio de dos pisos, similar a la parte superior de CADMUS. Esperé herramientas, una sala de juntas, muchos materiales y una habitación con cama y un armario en el segundo piso, pero no. Luthor era igual que Dick: millonarios que, si hacían algo, era a lo grande.
—Esto es... demasiado —le dije desde la entrada del lugar.
En efecto, se trataba de un edificio, uno de doce plantas con servicio de seguridad, en una zona residencial.
—Ridiculeces, Kr. Inclusive creo que es algo pequeño, pero considerando lo apremiante que era tenerlo pronto, lo dejé así. En tu cumpleaños te daré algo mejor. ¿Ingresamos?
Quise golpearme la frente con mi mano.
La entrada al lugar se activaba con una tarjeta de apertura larga. Deslicé el plástico que Luthor me entregó por la ranura de la puerta y esta se abrió. El recibidor era de vidrio, decorado con un mostrador gris y sofás a juego, con cuadros coloridos para fingir un ambiente cálido. Era la entrada perfecta de cualquier buffet de abogados. Un hombrecillo bigotudo con uniforme de guardia de seguridad se sentaba en el mostrador.
—Muy buenos días, señor Luthor.
—Buenos días. Este es mi hijo, el dueño del edificio. Él y sus amigos son las únicas personas autorizadas para ingresar; de todas formas, quien quiera entrar, deberá usar una tarjeta de acceso.
—Por supuesto, señor Luthor —asintió frenéticamente, desesperado por causar una buena impresión.
—Permiso.
—Por favor, adelante.
El nervioso sujeto me sonrió; traté de imitar su gesto, pero no me salió. Se contaba con tres ascensores, dos para mí y otro para uso del servicio. Luthor me entregó dos tarjetas más, explicándome que eran las únicas existentes. Los vigilantes y el personal de aseo contaban con llaves manuales que les autorizaban algunas áreas en exclusivo.
—Tienen un contrato de confidencialidad inviolable. Todos tus secretos están seguros de por vida —me contó respecto al servicio doméstico y la seguridad mientras el ascensor se abría —. Fueron examinados de adentro hacia afuera, son inofensivos, la mayoría apenas cuentan con el bachillerato.
—¿Gracias? —musité viendo el interior del último piso, que lucía como un penthouse de lujo —. Luthor, ¿no crees que es demasiado?
—Bueno, imagino que Dick Grayson se la pasará metido desde hoy en este sitio, sin contar tus otros amigos superhéroes. Además, confío en que desarrollaras tecnología tan competente que deba de ser protegida.
Suspiré.
—Gracias.
Tuve un recorrido por el penthouse: una gran sala, cocina empotrada, dos habitaciones con todos los muebles necesarios, luces led en todo el lugar, baños con tinas y toallas esponjosas, un armario del tamaño de mi actual habitación en la Cueva, una oficina, piscina, jacuzzi y una alcoba en la parte de atrás que...
—¡¿Qué es esto?! ¡Luthor, la cama tiene esposas! ¡¿Es que solo hay luces rojas aquí?!
—Todo millonario cuenta con su cuarto de juegos. Trae una chica aquí, o a veinte.
Rodé los ojos. Excéntricos millonarios de mierda.
Terminamos el tour, sentados en el sofá de la sala. La pantalla del televisor era inhumana y la diversidad de consolas en la estantería harían babear a Wally. Sin embargo, yo había acordado conmigo mismo que los miembros del Equipo no entrarían aquí; todo lo tocante a Luthor fue aceptado por Batman, pero bajo la condición de secreto. A este sitio entraba Dick y no muchos más.
—Esta tableta cuenta con una amplia gama de contactos. Tienes los números de todos los restaurantes que valen la pena, diferentes centros médicos, tiendas de comestibles que venden cosas de calidad, este número resaltado es una empleada a horas.
—¿Qué hace?
—Te conseguirá lo que le pidas. Es algo así como una asistente a distancia. Si necesitas comprar un teclado, por ejemplo, le mandas la referencia y le dicen para cuándo lo quieres. Su sueldo lo asumo yo, no te preocupes por eso.
—«El taller» —leí de uno de los contactos —. ¿Mecánicos? Ya te dije que no quiero autos.
—Por eso no te conseguí ninguno. No, Kon-El, no son mecánicos —lució divertido —. Si pudiéramos meter mano en la agenda personal de Bruce Wayne, encontrarás este mismo número adjunto a un nombre como «manicurista». Considerando tu cercanía con Dick Grayson, pídele su teléfono, hallaras este contacto registrado bajo el nombre de, no sé, pizzería o algo así.
Empecé a tener una idea de a qué se refería él.
—¿Es... un burdel?
—No, no, Kr. Las personas como nosotros no acudimos a esos deplorables establecimientos. Este es el número de una empresa privada que brinda una multitud de servicios. Por ejemplo, tienen una sección dedicada a la belleza femenina, así que mientras tu novia acude a un spa, una mujer de alto calibre estará contigo. Tienen servicio de niñera, guías turísticas y planes de viajes. De la logística se encargan ellas.
Yo no dudaba de que Batman tuviese un contacto así, pero ¿Dick? Era menor de edad.
—Soy menor, y Dick también.
—Eres mayor de quince años, suficiente para esta empresa. Disculpa.
Él revisó su teléfono, le acababa de llegar un mensaje. Me recosté en el sofá. Todo el penthouse gritaba a estilo, dinero y actualidad. Era un lugar increíble, mas yo no estaba seguro de poder llamarlo hogar.
Luthor hizo un gesto de enojo sin despegar su vista de la pantalla.
—¿Qué?
—El enemigo de mi enemigo, es mi amigo.
Su respuesta criptica vino acompañada de un vistazo al texto que leía.
Tim Drake bajo la patria potestad de Bruce Wayne, decía el título. Era un diario de Gotham.
... con su recuperación, y postrado en una silla de ruedas, con expectativas de volver a caminar el siguiente año, el señor Drake pidió de vuelta el poder sobre su hijo de once años, el que le fue concedido por un juez semanas atrás. Hoy se ha hecho público que Bruce Wayne vuelve a ser el tutor legal de Tim Drake, aun cuando el padre del niño ya es competente para cuidarlo.
¿Tendrá esto algo que ver con que el señor Drake ha firmado un lucroso contrato con Wayne Enterprise la tarde de hoy? ¿Fue Tim Drake comprado por Bruce Wayne, como si se tratase de una prenda de ropa que pasa de mano en mano?
—Ay no —susurré.
—Los Wayne son espiados por muchos frentes, Bruce debió prever algo así. Ellos no se iban a quedar de brazos cruzados tras el fiasco del juicio.
—¿Ellos?
—La Corte de los Búhos.
