Conner Kent.
—Entonces, ¿tu enemigo es Batman o la corte esa?
—Más vale malo conocido, Kr.
Sin una respuesta clara, asumí que era la Corte de los Búhos. Quise buscar información sobre ellos, pero no tuve tiempo. La noche del sábado fue espantosa.
Inició con los encabezados que vi con Luthor. En media hora, el supuesto se hallaba en cada noticiero, página web y red social; el tema de moda era el #pongamosasalvoaTimDrake (pongamos a salvo a Tim Drake). Conspiraciones trajeron a la luz vídeos viejos que hasta el momento no tuvieron relevancia: Batman golpeando tipos delante de sus hijos, los Robin -en solitario- sosteniendo a un tipo de los tobillos mientras «jugaban» a no dejarlo caer, vídeos filtrados de cámaras de seguridad internas de la policía donde Dick -los demás también, pero en especial Dick- comían papas fritas en frente de los cadáveres en descomposición de la morgue.
La popularidad de la familia estuvo en el piso para las nueve de la noche, hora en la que salió el reporte nocturno de la bolsa de valores: no escuché mención de Wayne Enterprise.
—Eso es, Kon, porque la empresa es de Bruce. La mayoría de empresas actuales se sostienen con socios e inversionistas, vendiendo las acciones y diversificando el capital; Wayne Enterprise es una empresa unilateral, siempre lo ha sido, los Wayne han sido ricos desde 1124 d.C., que es la fecha más antigua a la que se les puede rastrear en la historia. Esa empresa jamás ha conocido un mal manejo y este es el resultado —me explicó Dick.
Era increíble, no obstante, en internet, la empresa se volvió un objetivo de los que yo llamaba «indignados sociales». Una cosa eran las protestas con argumentos, justificadas de forma correcta y presentados a un público; eso era digno de respeto, pero a este tipo de personas -que se movían por temas humanitarios, como derechos de la mujer, la comunidad LGBTIQ+, el veganismo y el medio ambiente-, se les colgaban como amebas los «indignados sociales», personas con menos argumentos que un niño de 3 años defendiendo un chocolate, pero que abundaban en todas las plataformas.
La queja, en resumen, radicaba en que Batman era rico.
—Odio el socialismo —dije.
Dick, ocupado revisando la red de computadores presentes en el edificio que Luthor me obsequió, sonrió.
—Y yo. Fui pobre gran parte de mi vida, no entiendo por qué las personas aspiran a que los poderosos les regalen cosas.
—Es más un asunto de ayudas sociales, es el objetivo —fui neutro —. Las personas quieren utopías.
—Por favor, países como Canadá, rellenos de ayudas sociales, como mierda un inodoro público, viven de apariencias. Auxiliar a todos no es sostenible a largo plazo.
A las once de la noche, Dick dio por terminada la revisión del edificio. Fue un examen completo, ojeando debajo de cada mesa, en los rincones, en el cielorraso y en los computadores. El edificio estaba despejado de cualquier tipo de espionaje. Fue a esa misma hora que nos convocaron a la Cueva, donde una ex de Dick ocupaba la pantalla.
Con la manada de mujeres que desfilaron por televisión alegando conocer el secreto de Batman, incluso haberle colaborado en el trabajo de héroe -todo mentiras-, Wally y los demás querían burlarse de Dick por el asunto con la entrevista en vivo, pero el moreno... él no le halló la gracia.
—Es tú ex —se burló Wally sin entender el horror de Dick —. ¿Qué es lo peor que puede decir? ¿Qué no sabes besar?
Por respuesta, Dick inhaló con fuerza y subió el volumen. El resto del Equipo se agolpó entre el sofá y la cocina; Bárbara, presente, intercambió una mirada temerosa con Dick. Ellos ocultaban algo.
—Dime querida, ¿por qué quisiste dar esta entrevista? —por la apariencia apenas educada de Emma -la entrevistadora-, ella revelaba su escepticismo sobre Helena, tildándola de una buscadora de fama más.
—Yo quiero decir la verdad. En su entrevista con el señor Kent, Dick mintió y, en el juicio, el señor Wayne asimismo mintió. No supe a quién más acudir, no confío en los periódicos.
¿Ella conocía verdadera información? Emma dudaba, entrecerrando los ojos. Todo el mundo asumió que hubo un montón de falsedades en las declaraciones de la Batifamilia, pero sin pruebas y sin un interés en hallarlas, no era mucho lo que se pudiera hacer.
—¿En qué mintieron?
—En sus heridas —Helena la miró a los ojos —. Yo vi la espalda desnuda de Dick, él está lleno de cicatrices.
0oOo0
Dick Grayson.
Cierra la puta boca, Helena.
—Cállate —gruñí al televisor, sin más opciones. Si mandaba un mensaje a Helena en este momento, ella podía mostrarlo en vivo y los espectadores dirían que intenté silenciarla; y si afectaba la señal del canal y tumbaba la entrevista, se diría que la Liga se inmiscuyó, por lo que yo no tenía más remedio que sentarme a oír y aguardar.
—¿Qué tipo de cicatrices? ¿Frescas?
—No, eran viejas, pero él estaba lleno de moretones y en sus muñecas, varias veces, vi marcas de esposas. Dick me dijo que era que tenían en casa esposas y con sus hermanos jugaba a ladrones y policías, yo le creí, pero cuando me enteré que él era Nightwing, muchas cosas tomaron sentido.
—Helena, querida, tú eres hija de un gánster, ¿cierto?
—Sí, señora —asintió nerviosa. Helena era una chica que aparentaba dulce ingenuidad, pero yo la conocía, era una arpía muy astuta. Aquello era un completo acto.
—¿Cómo terminaste siendo la novia de un superhéroe?
Helena sonrió. Desde la ironía, la pregunta era graciosa.
—Fue para enero del año pasado. Dick iba en primero de preparatoria con tan solo 14 años, yo en segundo. Él se unió al grupo de debate, donde yo participaba. Ya antes él me había hablado, en noviembre se ofreció a ayudarme con mi francés.
—¿Fue amable? —interrumpió el relato la mujer mayor.
—Sí, mucho. En Gotham era muy sabido la profesión de papá, así que yo no era querida en el colegio, todavía no lo soy. Am, cuando inicié la preparatoria yo, pues, salí con un par de chicos que aparentaron ser bienintencionados, pero ellos lo que querían era burlarse de mí e inventaron miles de historias, por lo que me gané una mala reputación. Y usted ya sabe cómo son los adolescentes.
—Por supuesto, cariño —respondió con suavidad.
Esa parte era cierta, fueron muy crueles con Helena.
—En el primer día de Dick en el club de debate, él me invitó un helado. Yo dejé de confiar en los hombres, no quería más problemas, pero él era muy, muy amable, me escuchaba y… Dick tiene la particularidad de hacer sentir mejor a todos, de hacernos reír. Es un gran oyente y realmente sientes que le importas.
Me removí en mi silla con incomodidad. Los halagos me molestaban, me daba miedo volverme orgulloso. Los héroes pedantes acababan muertos.
—Yo conozco a Dick como civil y como héroe. Es cierto lo que dices, es un chico muy especial.
—Exacto y yo… yo accedí a ese helado y le di mi número, empezamos a hablar y dos días después acepté salir con él al cine.
—¿A pesar de lo que había pasado con tus compañeros?
Helena suspiró.
—Dick Grayson no era exactamente el rey de la popularidad en el colegio, creo que fue aún más molestado que yo porque es gitano y adoptado. Le solían hacer bromas sobre que su tutor lo usaba para tener puntos con la prensa y algunos solían decir que Dick era una especie de amante del señor Wayne. Todo esto es mentira y era obvio, pero digamos que idealizó a Dick a mis ojos. Era un chico que comprendía lo que yo sufría… salí con él y me convertí en su novia. Ahí empezaron los problemas.
—¿Problemas?
—¡La traté bien! —alegué golpeando con mis puños el mesón de la cocina. Los demás no respondieron, estaban más pendientes de las palabras de Helena.
—Dick me hacía sentir como… su mejor amiga, me lo contaba todo o al menos eso pensaba yo, pero, por lo visto, no me contó casi nada de su vida.
—¿Cuál era el problema?
—Él me hacía sentir… indigna. Era tan bueno, tan amable, el señor Wayne fue estupendo conmigo, me invitaron a sus recolectas de dinero para los pobres y… mi padre es un hombre que ha hecho mucho daño, yo los veía a ellos y me sentía inferior, mala. Ahí fue cuando ocurrió y vi sus cicatrices.
—¿Ocurrió? —tanteó la mujer.
Hablaba de la vez que nos acostamos.
—A papá le gustaba que yo saliera con Dick, decía que era beneficioso que me vieran con el hijo del hombre más respetado de la ciudad —sonrió —. Papá invitó a Dick a cenar, le cayó muy bien así que permitió que él continuara viniendo. En parte, papá lo prefería de ese modo, ya fuese en mi casa o en la mansión Wayne, no en la calle, por seguridad para ambos. En una de estas visitas Dick y yo…
—¿Tuvieron un encuentro intimo?
—Sí —me asombró que tuviera el valor de decirlo en televisión nacional —. Fue mi segunda vez, pero la primera de Dick, él estaba muy nervioso, no obstante, fue muy gentil, más preocupado por mí que por él. Luego empezó a hablar de los secretos, decía que le encantaba que entre nosotros no hubiese secretos —y rió con sarcasmo seco —. Y yo me sentí terrible, porque él creía que yo le contaba cada pequeña cosa, igual que él a mí.
—¿Qué le dijiste? —Emma tuvo el olfato periodista para detectar lo que vendría.
—Le conté todo —no supe si estaba actuando, las mujeres llorosas me confundían —. Le mostré la caja fuerte de mi padre, donde se almacenaban las pruebas y los nombres de los socios de mi padre. Diez días después, Batman hizo su redada.
—Te manipuló —susurró Emma con horror. Sentí los ojos duros de todos mis compañeros sobre mí, especialmente las mujeres. No, Bárbara seguro no; no la miré, pero yo sabía que ella no, ella estuvo presente, después de todo. Un poco más recompuesta, Emma agregó —. En esos días murió tu madre, ¿verdad?
—Mi madre... —susurró Helena.
—No te atrevas a abrir la boca —gruñí, deseando silenciarla.
—Mi madre, hay algo que ocurrió antes de su muerte que se vincula con Nightwing y Batman, pero… ¿sabe usted cómo arreglan los gánsteres las infidelidades?
—No, querida.
—Con un tiro en la frente, por eso no revelé lo que estaba sucediendo. Mi madre y Batman tuvieron una aventura al mismo tiempo que Dick y yo fuimos novios.
Emma soltó la mandíbula.
—¡¿Qué?!
—Yo los vi por primera vez una noche, dos semanas antes de su asesinato —reveló —. Cuando lo hice, le conté a Dick, él me dijo que permaneciera en silencio por la seguridad de mamá. Hace unos años la esposa de un socio de mi padre, uno que no fue atrapado, fue pillada con Batman en la misma posición, la descuartizaron igual que a los traidores, así que me callé.
—Espera, espera… Batman y Bruce Wayne, los dos, son famosos playboy, digo, el asunto entre Gatubela y Batman es muy sonado, así como el de Hiedra Venenosa, pero de ahí —gesticuló con sus manos la distancia —, a acostarse con las esposas de los gánsteres de Gotham… ¿Qué es esto? ¿Su modus operandi?
—Tal vez, no lo sé, pero no fue la única ocasión. Ocurrió muy seguido, casi cada noche, en ese entonces mis padres tuvieron una pelea y papá había cambiado de habitación; él no ponía cámaras dentro de las alcobas, nadie se enteró. Mamá le contó cosas a Batman: los miembros de la seguridad, unas bodegas, la caja fuerte. Y cuando me enteré de la verdad sobre Dick, traté de recordar. Me di cuenta que mamá jamás supo la combinación de la caja fuerte, papá nunca se la confió, pero yo sí la sabía y... yo no se la dije a Dick —aclaró —, pero él me vio ponerla el día que le conté lo que yo sabía. Entre las dos les dijimos todo.
Mierda, mierda, mierda.
—Si Batman consigue información por medio de sexo y él no tenía la combinación, ¿me estás diciendo que Wayne ordenó o instó a su hijo de catorce años a tener su primera relación sexual para completar una misión? ¡Qué asco!
Apreté los dientes.
—Si eso es tan malo, creo que lo otro es peor.
—¿Qué puede ser peor, cariño? —la vio con incredulidad.
—Nightwing también los veía tener sexo.
—¡¿Cómo?! —y la mujer soltó sus fichas —. ¿Qué tenía en la cabeza ese muchacho?
—¿Viste a tu padre tener sexo? —me cuestionó KF con desagrado.
—Shh.
—La mafia es conocedora de que muchas veces los Robin, Batgirl o Nightwing son usados como vigías en lo que Batman se interna a lugares que considera demasiado peligroso o inadecuados para los niños. Mi casa era una fortaleza de armas, Batman no iba a entrar ahí a hacer semejante cosa sin un centinela que le cuidara la espalda.
—¿Y Dick sabe qué tú lo viste?
—Le dije a Dick que había visto a Nightwing.
—¿Cómo lo localizaste? Si tú lo hiciste, la seguridad de tu padre debió notarlo.
—Ellos se esconden bien. Lo vi porque… mi padre tenía cámaras secretas instaladas en el edificio de al frente. Cuando descubrí a mamá, usé las cámaras lejanas para ver al interior del cuarto y darle una imagen a lo que estaba escuchando, ahí vi a Dick, a Nightwing. La seguridad no lo notó porque no lo esperaba, ellos se dedicaban a jugar cartas y hacer apuestas.
—¿Qué tanto observó Dick? ¿Muy de pasada o…?
—Todo —se encogió de hombros —. La cámara estaba justo detrás de él y yo podía ver muy claro lo que ocurría. Incluso, él llevaba binoculares.
—Estaba de voyeur —jadeó.
—No, de vigía —aclaró —. No era un voyeur, él contaba con la autorización de su padre.
Emma parpadeó. Vaya forma de decirlo, Helena.
—¿Alguien más lo acompañó? ¿Los niños?
—No —aseguró con fuerza, pero luego dudó. Eso era fingido —. Bueno, sí. Batgirl, Gordon, ella fue un par de veces, le llevaba comida a Nightwing y se quedaba a ver. Ella se reía mucho de la situación e incluso tomaba los binoculares —«Yo nunca…», ignoré el chillido de Bárbara —. Por parte de los Robin, fueron una vez a entregarle algo a Nightwing. Uno de ellos, el alto, Tim, supongo, él se marchó de inmediato, pero el otro Robin quiso mirar.
—¿Y? ¿Dick lo permitió?
—Para nada, lo empujó fuera del edificio.
—¿Empujar, empujar? —hizo con sus manos como si estuviera empujando a alguien con brusquedad.
Helena asintió.
—El chico se cayó del piso número 15, pero se sujetó con uno de esos ganchos que ellos manejan y se fue al estilo Spiderman.
Emma abrió la boca, Helena parecía una santa, mis compañeros me asesinaban con la mirada, Kon y Batgirl estaban pálidos y mi teléfono, ja, la lluvia de mensajes lo estaba reventando.
—No, pues, de una vez di cuanto me mide —le dije a la imagen de Helena con sarcasmo.
Kon soltó un resoplido. Wally, para nada disfrutando mi chiste, se levantó furioso.
—¡¿Crees que esto es divertido?!
En lugar de responderle, atendí mi teléfono.
«No hagas nada.»
«Los abogados están en ello.»
«Para esa época salías conmigo, cabrón.»
«¿Quieres que la mate?»
Ese era Jason.
Me reí. Mi hermano sabía exactamente de qué forma animarme: con sus chistes perversos.
—¿Es verdad o mentira, Dick? —quiso saber Artemis.
—¿Qué parte?
—¡Pues cuál será! ¿Batman te ordenó tener tu primera relación sexual para completar una misión?
No con palabras, KF.
—Sabes que no, ¿cómo le crees?
—Por la cara que pusiste al ver el video —argumentó Artemis —. Dime que no trabajo bajo las órdenes de alguien así.
—No lo haces —mentir era fácil si yo no miraba a Arti.
Envié a Zatanna el emoji del mono tapándose la boca y el mismo animal cubriendo sus ojos. Wally, de pie junto al sofá, dio un paso en mi dirección; tanto me concentré en esquivarlos a ellos y fingir interés en mi teléfono, que no noté al resto de personas en la cocina.
—¡¿Te atreves a reírte?!
Todos miramos a Lagoon Boy; él enfrentaba a Kon, que aguardaba con una sonrisa satisfecha, recostado en la nevera. Por supuesto, el vídeo de Kon y esa chica.
—Talvez no sea el momento para mencionar... —Kaldur se interrumpió, dudoso de cómo abordar el asunto.
—Yo no veo el inconveniente —consideró Kon sin perder su estampa relajada —. ¿Y tú, La'gaan?
Quien atacó a Superboy no fue el atlante, sino Gar, el autodenominado hermanito de M'gann. Sorprendido, mi amigo apenas logró esquivar los golpes del niño verde, que se transformó en un gorila.
—Cambia de forma, Kon-El odia los monos —me burlé.
Bárbara me dio un golpe de advertencia en el hombro, los otros me ignoraron. Quizá a nombre de la edad de Chico Bestia -11 años-, Kon se limitó a darle un empujón que lanzó al mocoso contra el sofá, tumbando el objeto y eliminando la transformación de Gar. Lagoon se preparó para atacar.
—¡Paren! —gritó Megan —. Dejen de pelear, no vale la pena.
—¡Claro que lo vale, Pez Ángel! —alcé una ceja ante el apodo. Alcancé a compartir una mirada extrañada con los demás miembros del Equipo antes de que La'gaan continuara gritando —. ¡Él no puede humillarte delante de todos tus compañeros de la escuela y quedarse tan campante!
«Ven a la casa», ordenó papá por chat. «Trae a Bárbara contigo.»
Oh no, yo no me iría hasta no haber lanzado una bomba fulminante.
—Que desagradable es —dije con voz clara y alta, captando la atención de mi público —, cuando se usa una doble moral con los hombres y las mujeres.
—No sé a qué te refieres, Nightwing, pero en definitiva no es doble moral —exclamó el chico acuático —. Eso implicaría que M'gann y Superboy cometieron la misma acción, ¡y en definitiva no es así!
—¡Así es! —lo apoyó Gar.
Le sonreí a Lagoon Boy cual gato que tiene al canario.
—¿Estás completamente seguro, La'gaan, que la acción de Megan no es igual a la de Kon-El?
—Su nombre es Conner.
Miré a la marciana.
—Usaré el nombre kriptoniano en lugar del humano —explicó Kon —. Llámenme Kon-El o Superboy, no quiero oír Conner Kent.
La muchacha verde lució herida. Papá me envió un «muévete». Aguardé.
—¿Qué tiene de malo Conner Kent? Es un nombre lindo.
—¡No quiero el maldito nombre que me pusiste tras ver una puta serie vintage!
Oe. ¡Eso sí fue un grito! Megan lució tan herida que parecía a punto de llorar, lo cual irritó aún más a Lagoon Boy.
—Retomando mi argumento —dije, metiéndome en el asunto en mi estilo particular: molesto y burlón —. ¿No crees que la acción de Megan es comparable con la de Superboy, La'gaan?
—¿Cuál acción? —espetó el chico, ya desesperado conmigo —. ¿Qué pudo haber hecho ella equiparable a la humillación a la que la sometió este sujeto —señaló al moreno — frente a sus amigos de la escuela?
—Haz memoria, La'gaan —sonreí de medio lado, con toda la petulancia digna de mi segundo apellido —. Algo ocurrido aquí, de noche, con Megan, contigo, ¡en el maldito del hogar de Superboy! —finalicé con ira.
Silencio absoluto. El horror de Lagoon Boy se quedaba en pañales con el de Megan, quien se paralizó. Señalé a Conner... Kon, a Kon con mi índice.
—Excelente chica, amigo. Me la presentas luego, debo irme ya —empecé a caminar con Bárbara siguiéndome —. ¿Quieres venir conmigo? Duerme en mi casa, no creo que quieras quedarte a oír las insulsas explicaciones que te den.
—¡Dick! —el jadeo vino de Wally.
—Claro —se encogió de hombro Kon —. Aprovecho para avisarle a Batman que me mudo.
Uf, excelente perla para cerrar tan movida charla.
0oOo0
Bruce Wayne
Dick se tomó su tiempo en aparecer; al llegar, se mostró tan risueño que tranquilizó los ánimos pesados de la mansión. Las dos psicólogas pusieron el grito en el cielo tras las declaraciones de Helena Bertinelli y juraron estar aquí una vez consiguieran la orden de un juez que me quitara la patria potestad de Dick, mis abogados tocaron a la puerta sin necesidad de ser convocados, lo que le sacó carcajadas a Tim; al menos, con él yo no tenía asuntos legales. Su padre firmó el cambio de tutor, el asunto fue aceptado en su momento por un juez, no había nada de qué hablar.
—Hey, ¿qué tal?
Parpadeé ante la presencia de Superboy.
—Hola —no quise sornar grosero y preguntar él qué hacía allí. Los muchachos no se inmutaron y se esparcieron por la sala de estar, con Dick presentando a los invitados a su amigo.
—Murciélago, ¿Kon se puede quedar a dormir aquí? —pidió mi hijo, ya acomodado en el sofá.
—Dick, tal vez hoy no sea un día apropiado para traer compañía —consideré.
—Sí, es que tenemos que hablarte de esto. Kon-El se va a mudar de tu ya sabes dónde.
¿Ese niño no entendía el problemón en el que andábamos metidos? Pero al ver la sonrisa alegre de Dick, no pude evitar relajarme un poco. Él siempre era así, con confianza en que las cosas mejorarían, con una actitud serena tan similar a mi mente fría que compaginábamos muy bien.
Superboy miró a Dick y luego a mí.
—Maestro Bruce, canal 5.
Asentí a Alfred gruñendo en mi interior. ¿Ahora qué?
0oOo0
Billy Batson.
Le fruncí el ceño a la Mujer Halcón con toda la ira que podía demostrar en medio de mi sueño pesado.
—Lamento despertarte, Billy. Tienes que venir a ver esto.
En medias, pantaloneta y una ancha franela, caminé con ella hasta la sala de conferencias, donde algunos miembros de la Liga se hallaban reunidos. El gran televisor holográfico mostraba una foto mía.
Un escalofrío me recorrió, arrancando de mí cualquier rastro de cansancio.
—¿Yo...?
—No —me aseguró Átomo, con su traje rojo y azul puesto —. Pero no te gustará.
Me ubiqué en mi asiento y repitieron para mí lo sucedido. Todo iniciaba en una sala de interrogatorio, un hombre y una mujer charlaban con una mesa de por medio. Él estaba esposado y la mujer muy bien sentada.
Era un presidiario y una periodista. Era el hombre que me secuestro ayer.
—¿Por qué raptar a 105 niños? ¿Se trata de venta de órganos o esclavitud sexual?
—¿105? ¿Está segura de que son 105?
Ella parpadeó. Era castaña y guapa.
—Sí, 105. ¿Por qué?
—Necesitaba confirmarlo. Yo secuestré a todos estos niños en una semana, los conté. Eran 106.
Oh, oh.
—¿106? —ella se espantó —. ¿Algún menor no ha sido rescatado? ¿Él o ella alcanzó a ser vendido?
—Era un niño... William. No, no se vendió. Él desapareció.
—¿Está seguro?
—¡Claro que estoy seguro! —espetó —. Es el niño más extraño que he conocido. Lo secuestré ayer, casi de madrugada, cuando volví con más niños ahí estaba, en su jaula, pero para la mañana no había rastro de él.
—¿Supo cómo salió?
—No.
—¿Él le dijo su nombre? ¿William habló con usted?
—... ya le dije, era raro. Lo encontré vagando con una patineta, traté de engañarlo como a los demás, pero él supo que éramos secuestradores. Dijo: «supongo que no hay forma de correr, y ustedes son más grandes que yo, ¿para qué molestarme en pelear?».
—¿Usted dice que él se dejó secuestrar?
—Nos pidió que no le atáramos tan fuerte las manos, que luego se le encalambraban —explicó, dando por obvia la respuesta —. Y se aferró a esa patineta como si fuera un peluche. Se enojó cuando se la tratamos de quitar, así que lo dejamos entrar al auto con el objeto.
—No se halló una patineta en el lugar de los hechos.
—Supongo que William se la llevó.
—¿Cómo era la patineta?
—Negra, con un logo amarillo de Batman.
La mujer dudó, antes de ofrecer opciones.
—¿Se trataría de casualidad de Tim Drake o Damián Wayne, los hijos de Batman?
—Yo conozco a esos mocosos, no fueron ellos, pero William se les parecía bastante.
—¿En qué sentido?
—Ojos azules, cabello negro, bajito. Tenía una sudadera roja y unos jeans viejos. Añádale a eso la actitud, él parecía un Robin.
—¿Actitud?
—Esos niños son muy confiados, nada los asusta, igual que William. Yo le pregunté si lo habían secuestrado antes, y dijo que sí, que un par de veces... además, él se liberó solo del amarre en sus manos. Creo que Batman está estrenando Robin.
—¿Un nuevo...? Disculpe.
La mujer sacó de sus pantalones un teléfono, buscando en el dispositivo algo.
—¿Me pueden traer un cigarrillo? —pidió el hombre al policía presente en la habitación.
—Más adelante.
—¿De casualidad era este niño? —la periodista le enseñó su teléfono al reo.
Ya en la edición del vídeo, desde producción añadieron una foto mía en compañía de otras personas, pero el zoom no permitía ver de quiénes se trataba.
—¡Sí! —jadeó —. Él es William. ¿Usted lo conoce?
—No, pero mire quién lo conoce —eliminaron el zoom tanto en la foto de la pantalla como en el teléfono. Era una foto mía con Wally y el señor Queen en el cumpleaños del pelirrojo —. Es un niño, hasta este momento desconocido, que está en compañía de Wallace West, Kid Flash, y Oliver Queen, ya conocido como Green Arrow. ¿Está seguro de que él es William?
—Llevaba la misma ropa. Es él.
Froté los dedos de mis pies. A la noticia grabada le bajaron el volumen. Lo relevante finalizaba.
—Esto... esto no es bueno, ¿verdad? —tartamudeé.
—No, Billy. No lo es.
Aunque, bajo tecnicismos, la Liga eran mis socios, mis compañeros en la lucha contra el crimen, ellos no estaban enterados de mis incursiones nocturnas junto a Batman.
—Yo... voy a ir a buscar al señor Wayne.
0oOo0
Dick Grayson.
—Ok, esto ya no es aster —murmuré.
El miércoles, yo -con toda mi familia- el jueves fue Wally, hoy sábado, Artemis, Green Arrow y Canario Negro. Sábado por la noche, Billy Batson era puesto bajo la luz. Estábamos cayendo como patos frente a una escopeta.
—Definitivamente —comentó Bruce.
Los abogados se miraban las caras, desde el comedor. Alfred lucía impotente, Superboy espantado y Bruce... él lucía fuera de control. Papá jamás perdía el rumbo, jamás.
Y verlo a él con zozobra fue suficiente para que yo me inquietase.
—¿Qué hacemos? —pedí, aguardando una orden, algo a lo que atenerme y que me ocupase.
Bruce suspiró y se demoró en contestar, considerando en su mente las opciones.
—Necesitamos una distracción.
—Pero no cualquier distracción —consideró Kon con cansancio —. Señor, ni volando el Empire States nos quitaremos los focos de encima.
—Y a este paso, hasta Superman podría... —me estremecí.
—Necesitan algo escandaloso —sugirió uno de los abogados, el joven, el que se hallaba en prácticas. El chico lució cohibido ante las miradas de sus superiores, pero Bruce lo instigó.
—¿Qué tienes en mente? Recibimos sugerencias.
—Pues... ustedes necesitan un chivo expiatorio que se lleve la atención.
—¿Sacrificando a un miembro de la Liga?
Alfred sonó ofendido.
—Bueno, no necesariamente... o sí, digo, ¿no hay alguno de ustedes que se pueda vincular a un escándalo? ¿Algo tan grande que pueda ser usado como diana de tiros?
—Pero ¿y después qué? La prensa se comerá viva a esa persona.
—Pues sí.
—Es un chivo expiatorio, Dick —me recordó papá —. Es quien se sacrifica para que nosotros sobrevivamos.
—¿Alguien como yo?
Brinqué en mi puesto. Kon sonrió, él ya había oído a Billy llegar por detrás.
Bruce se giró y encaró al muchachito.
—¡Claro que no!
—Si mi historia se conoce, puedo hacer caer a cientos de personas relacionadas con la trata de personas —consideró él.
—Tú eres el último que puede ser revelado, Billy.
No deberíamos hablar delante de extraños, mas ellos no parecían dispuestos a callarse.
—Pero es que entonces la única opción disponible que queda es Superboy.
Mi amigo se sobresaltó.
—¿Yo? —preguntó con extrañeza.
¿Él? Oh, naturalmente, Superboy era... pero yo no me atrevía ni a mencionarlo.
—Obvio —se encogió de hombros —. Tú eres el proyecto Kr, detrás de ti hay un escándalo de proporciones bíblicas que no salpica a la Liga, sino a terceros.
CADMUS... y Luthor.
—No es... no es mala idea —dijo Bruce.
