Kon-El.
—Luthor me dijo que una tal Corte de los Búhos era quien presionaba a Batman. Dijo que ellos eran los que estaban detrás del tema de Tim y que podían presionar para abrir nuevos juicios, incluso tratar de infiltrarse en Wayne Enterprise y exponer la parte contable, donde, sin duda, los números no serían muy claros, o eso aseguraba Luthor.
—Dudo que Wayne no haya metido mano en su propia empresa, desviando fondos para él.
Bueno, toda la compañía era suya, pero... eso era raro.
—¿Qué opina Luthor sobre ellos?
—No le agrada esa organización. Con exactitud, ¿qué es lo que hacen?
—La Corte es una organización tan antigua como Gotham, fueron quienes pusieron los cimientos de esta ciudad y la han manipulado a las sombras. Son los responsables de que Gotham sea lo que es, odian a Bruce porque les hizo perder el statu quo que ellos orquestaron: caos, crimen y corrupción.
—¿Por qué no los han expuesto? ¿No hay pruebas?
—No, Billy. Tienen comprada a demasiada gente, cada prueba que conseguimos desaparece, los testigos mueren. Una vez tratamos de mostrarlos a la luz pública, pero casi nos matan; tienen guerreros poderosos y muy bien entrenados, son armas en su lucha contra Batman. Actualmente nos hallamos en una especie de tregua, ellos tratan de ganar terreno en Blüdhaven y Metrópolis, supongo que por eso Luthor los detesta.
—Sí.
—Jum... bueno, centrémonos en lo que podemos manipular, la Corte está lejos de nuestras posibilidades.
—No necesariamente.
0oOo0
Billy Batson.
Capturé la atención de los chicos. Dejé la computadora, que yacía sobre mi regazo, en el suelo y estiré las piernas.
—Si son una asociación criminal, imagino que están untados hasta el cuello de dinero robado.
—Sí. Su gran negocio son las pensiones y los seguros. Les iba bien con los narcóticos, pero desde que Capucha Roja se apoderó de esa parte, ellos perdieron esa entrada de dinero.
Capucha, el mismo sujeto que acaba de amenazar con bombas a la ciudad después de que Dick le pidió a un amigo suyo una distracción, un amigo con el mismo nombre de su hermano fallecido. Pero ese era un tema para otra noche.
—Y como son familias viejas, de esas que han sido ricas desde la Antigua Grecia, imagino que todo lo guardan en el banco, con cuentas secretas, y no bajo el colchón.
—Imaginas bien. ¿A dónde quieres llegar?
—¿Qué tal si nos libramos del asunto de Tim antes de causar la distracción para Luthor? —propuse —. ¿Hay alguna forma de obtener los números de las cuentas de la Corte? Se que es una posibilidad baja, pero...
—No lo es —me interrumpió Dick —. Tenemos demasiada información sobre ellos, salvo que no nos sirve en un juicio. En la computadora están los números de las cuatro cuentas donde todo el dinero robado fue depositado. Ellos lo administran muy bien en cuentas enlazadas porque no confían los unos de los otros.
Genial.
—¿Por qué no jalar el cordón desde esas cuentas? —quiso saber Superboy.
—Porque las cuentas no tienen dueño legal y el dinero es irrastreable. Dimos con los números por error en una redada.
—Ah.
—Pero ¿sabemos dónde está?
—Sí, capitán.
—¿Y si robamos el dinero?
Los dos me vieron con pasmo.
—Billy, nosotros no robamos. ¡La Liga no roba!
—Papá me mataría.
—Es que nadie dice que ellos tengan que saber. Kon lo dijo, la Liga no roba. Robar está mal, lo sé, pero la Liga se creó para cuando la burocracia no es suficiente y se debe dar un paso más allá; cualquier policía que haga la mitad de lo que hace Batman sería despedido, a ustedes en cambio no les dicen nada porque saben que la figura del murciélago no se basa en las reglas. Y eso últimamente solo ha funcionado en Gotham, el resto de ciudades nos respira en la nuca.
—Kal mencionó algo parecido —murmuró Kon-El —. Dijo que casi fue a juicio por intervenir en un suicidio; él no lo detuvo, solo habló con la persona y la hizo desistir, pero alguien quiso demandarlo por ello.
—Bruce me comentó que la Liga pronto recibirá un grupo nuevo de normas —anunció Dick.
—Sí. No se han dado a conocer al público, pero básicamente nos reducirán las acciones que podemos ejecutar. He estado pensando desde entonces... la Liga nació porque se necesita de una organización que actúe cuando los documentos y los debidos procesos resultan negligentes, pero ahora se ha cambiado este concepto, pronto la Liga no será distinta a los policías, limitada en sus acciones y con pilas de papeleo que rellenar por cada movimiento. No sé si quiero ser parte de eso.
—¿Hablas de salirte?
—No es que pueda hacerlo, Dick. Yo no tengo nada, ni una casa o una familia. Salirme de la Liga de la Justicia me mandaría a la calle, debo quedarme porque con ella está mi dinero y mis facilidades, la vida que tengo es gracias al poder que me da mi cargo, pero escúchenme cuando les aviso que en unos años la Liga será tan corrupta como cualquier otra organización internacional. Nos van a despedazar y quiero tener un trampolín en el que caer cuando eso pase.
—Hablas de... ¿crear tu propia Liga de la Justicia?
—No tanto, solo quiero un grupo de respuesta que opere por fuera de la Liga para hacer lo que ella no puede.
—Para eso está el Equipo —comentó Kon.
—No, amigo —dijo Dick —. El Equipo está enlazado con la Liga y gracias a lo que me pasó, el Equipo ahora deberá responder de la misma forma que lo hace la Liga.
—Los cambios que nos hagan a nosotros, se los harán al Equipo —expliqué —. Además, antes el Equipo era privado, un puñado de muchachos, ahora son demasiados y llegan más. Ocurrirá lo que ocurre internamente en la Liga: se crearán sub grupos, unos contra otros. En este momento, la Liga nada en hipocresía.
Quedamos en silencio, ellos analizando mis palabras y yo pensando mi plan. Retomé la palabra.
—Ustedes tienen razón, la Liga y Batman no roban, por eso la corte esa no sabrá que fuimos nosotros. Será un robo, tal cual, ocultaremos el dinero y cuando la marea disminuya, le daremos uso creando una fundación, de modo que devolvamos el dinero a la sociedad de forma indirecta.
—Podría ser enfocado en los ancianos —sugirió Dick —. Ellos son los principales afectados por las acciones de la Corte de los Búhos. Billy... no puedo decir que el plan no me gusta, sin embargo, me asusta un poco.
—A mí también —dije.
No pudimos profundizar, una llamada al teléfono de Kon llenó el aire.
—¡Es Marvin! —exclamó con una gran sonrisa —. El tonto debe de haber picado el anzuelo —dijo y contestó —. Hola amigo, ¿qué tal?... ¿yo? Nací en Washington, ¿por qué?... ¿mis padres? Bueno... am, podría decirse que proceden de metrópolis... ¿mi madre? Am, yo, ah... es que no la conozco, yo... no tenemos buena relación —Dick me guiñó un ojo, tuve que cubrir mi boca para no reír, Kon-El estaría fuera de la bolsa muy pronto —. Sí, yo vivo en Happy Harbor... no, mi papá me visita... ah, es que a él se le facilita mucho el transporte, ya sabes, va y viene a su gusto... ¿por qué no vivo en Metrópolis?... es que mi otro padre, digo... am, oye ¿a qué viene tanta pregunta?... bueno, ok... sí, adiós —colgó y dejó su teléfono con calma, previo a explotar —. ¡Se lo tragó completo!
Los tres reímos sin parar. Esto de conspirar era muy divertido.
La puerta se abrió y por ella ingresó el señor Wayne, estampando el objeto al cerrarlo.
—Preguntaré después —nos dijo. Señaló a Dick con su dedo —. Tú, al closet, ¡ya!
Vaya, esto no lucía ni un poquitín bien.
—¡No! —grité —. Porque después va a tener que salir del closet.
Kon-El se rio conmigo, Dick trató de sonreír, pero estaba demasiado nervioso. Batman negó con la cabeza.
—Tú siempre eres muy gracioso, Billy —concedió soltándose su cinturón y, con lentitud, retirándoselo —. Me reiré más adelante. Al closet —apuntó a la entrada del lugar con la correa doblada. Dick le caminó sin vacilación, temblando de pies a cabeza —. Disculpen un momento, niños.
Hice una mueca. De seguro que Kon oyó mejor que yo el intercambio.
Sonó un correazo a una superficie dura, quizá la pared. «¡¿En qué mierda estabas pensando?!», «¡Yo no le dije que bombas!», «¡Diez putos carrobombas, Dick!», «¡No es mi culpa que Jason sea un loco!».
La conversación bajó el tono, los murmullos eran indistinguibles, Superboy lucía impactado al punto de un colapso. No se oyeron más golpes con el cinturón.
0oOo0
Dick Grayson.
—Amor, tu hermano necesita ayuda, no que lo impulsemos al crimen.
La pelea frenó luego de yo decir el nombre de Jason. Todo este tiempo estuve sosteniendo el cinturón de Bruce, obligándolo a no agitarlo. Una sola vez hice esto y no resultó aster. Fue jodidamente horrible.
—Le pedí una distracción. Creí que él vendría para acá con sus lacayos amenazando con abrir fuego si me veía, no qué haría algo así. Te juro que no fue mi intención.
—Jason siempre elegirá la acción más contundente y sonora. Él es así. No puedes darle libre albedrio a tu hermano, tienes que indicarle lo que se requiere para que no se le ocurra una cosa de estas. ¿Dudas que él no pondría esos vehículos por toda la ciudad de creerlo necesario?
—... no. Bruce ¿por qué tengo que ser responsable de Jason? ¿Por qué no lo estás amenazando a él?
Recordándome quien mandaba aquí, Bruce jaló el cinturón hacia su cuerpo y me lo arrancó de las manos. No me golpeó.
—Porque eres su hermano mayor y porque fuiste tú quien rogó por él cuando quise mandarlo a un psiquiátrico en Europa. Dijiste que Jason podría adaptarse por segunda vez a la sociedad, que él no representaba un riesgo, y te equivocaste. Él ya era mi responsabilidad, pero con tu intervención lo hiciste también la tuya.
0oOo0
Billy Batson.
—Adivinaré, ¿el chisme está buenísimo?
—Ajá.
—Si es un secreto de Batman, no lo quiero saber. Disfruta el pánico —dije levantándome —. ¡Señor Wayne! La Liga nos convoca para una reunión extraordinaria. ¿Se va conmigo?
—Dame un segundo. Entra a mi habitación, allá tengo un tubo Z.
—¡Ok! Bye-bye —sacudí mi brazo en despedida a Kon y me levanté.
—Espera, ¿qué hacemos si te vas?
Me encogí de hombros.
—Suspirar por mi amor perdido —mi sarcasmo me ganó una mirada burlona del moreno —. Ya escucharon mi idea. Si están a favor, empiecen a ejecutarla. Si no, propongan más y me cuentan.
—Ok.
Me encaminé al cuarto junto a este, donde dormía el señor Wayne. La habitación de Batman era menos imponente de lo que uno creería. Era una gran cama, dos mesas de noche, un televisor, aire acondicionado, una lampara de araña y un cuadro sobre la cabecera del lecho. Los colores eran claros, lo que contrastaba con lo que uno esperaría.
Cuando el señor Wayne entró, se lo dije metiendo las manos en mis bolsillos.
—¿Dónde están las sabanas rojas de seda y las esposas?
—En el ático, con los consoladores y los látigos.
—Uff —me solté a reír —. ¿Por qué a la gente le gusta que le peguen?
El señor Wayne, que venía arreglándose la ropa tras su «amistoso encuentro» con su hijo, detuvo sus acciones y se acercó a mí volviendo a soltar su cinturón. En otra persona, mi instinto de supervivencia se habría vuelto loco, pero no con él; mi confianza estaba depositada en él.
—Dame tu mano.
Le tendí mi extremidad izquierda. El señor Wayne puso mi mano bocarriba y abrió mi palma, dejando expuesta mi piel. En el centro de la palma, él dejó caer con fuerza moderada el final de su cinturón. Ardió, pero no se sintió mal.
—Vuélvalo a hacer... ¿por qué se siente bien?
—Porque las áreas del cerebro que interpretan el placer se encuentran junto a las del dolor —explicó acomodando una vez más su ropa. Guardé de vuelta mi mano en mi bolsillo —. El masoquismo es dejar que alguien te degrade con la confianza de que ninguna acción te hará un daño real. Es un juego entre dos -o más, si así se prefiere-, que busca ceder el poder a otra persona para sentirse liberado.
—Degradar... ¿y cuando un padre golpea a su hijo, también usamos la palabra degradar? —critiqué con cierta ironía.
El hombre puso una mano en mi cabeza.
—Sí. La disciplina se crea iniciando la sumisión del miembro más débil o frágil hacia quien represente la autoridad. Ha funcionado en el ejército y en la crianza desde siempre. ¿Te molesta?
Me encogí de hombros.
—No me importa, si Dick puede hacer que minen esta ciudad con carros bomba, puede cuidarse solo. Vámonos.
Gran parte de la Liga nos aguardaba en la sala de reuniones, cada uno en su asiento. La mesa en forma de U que usábamos para este tipo de encuentros tuvo que ser remplazada por una más grande con la adicción de los miembros nuevos.
—¿Quién falta? —quiso saber Batman.
—Buenas noches también para ti —dijo Superman —. Flash tiene un asunto entre manos en Central City, vendrá apenas termine. Aquaman no responde.
—¿Dónde está?
—Nos avisó que hoy tendría un descanso en su faro. Suponemos que está durmiendo, pero ya uno de nosotros iba a ir a buscarlo.
—Iré yo —me propuse —. Aprovecharé para robarle comida. No he cenado.
—Tomate el tiempo que necesites —dijo Canario Negro con su característica voz tranquila —. Hay más de un tema para tratar hoy. El tuyo lo dejaremos para cuando ustedes lleguen.
—Te tomaré la palabra.
Caminé hasta el tubo Z más cercano y activé el código que me pondría en la habitación oculta dentro del faro. El Marciano, Batman y yo éramos los únicos autorizados a acceder a todos los puntos de acceso de los tubos Z, como el interior de las viviendas de nuestros colegas. Batman, bueno, era Batman, entraría a las buenas o a las malas, el Marciano porque todos confiaban en él y yo... pues, a los diez años la Liga me vio como un dulce niño que bien podía colarse en sus casas. Garrafal error.
En fin. El rey Orión puso el tubo Z dentro de una habitación vacía, para que no existiese la posibilidad de toparse con nadie. Esa perspectiva era interesante, ¿el rey de los mares esperaba visita aquí en la superficie?
Yo conocía más o menos el faro. Eran tres pisos de habitaciones circulares, con solo el segundo y el tercero empleados para una mini sala, una cocina con gabinetes de madera, sin un comedor a la vista y la alcoba principal en el tercer nivel. Desde la cocina, era perfectamente audible una mujer gimiendo y el vaivén de una cama.
Wow, rey Orión, pensé con una sonrisa maliciosa. ¿Será la reina Mera, acaso?
Pero todo me decía que no, que esa fogosa mujer no era la esposa del rey.
Sintiéndome en total confianza, me interné en la nevera. Encontré gelatina, jamón de pavo y queso mozzarella tajado. En los gabinetes hallé pan. Haciéndome un sándwich, empleando la mayonesa de sobre qué hallé sin destapar junto al pan tajado, oí los bufidos del rey. La chica para ese momento había disminuido sus ruidos cargados de lujuria, siendo víctima temprana del orgasmo.
Por un instante, me entregué a la melancolía de que esos sonidos sexuales no causen ningún efecto en mí. Demasiadas violaciones y malos recuerdos, el sexo por placer era un lujo que, quizá, yo jamás me daría.
Me recosté en la nevera a esperar. Aquaman destacaba por su increíble oído, era imposible que no me hubiese escuchado asaltar su cocina; lo interesante era que él no se había detenido. ¿No le importaba mi presencia o pensaba que era alguien más?
Luego de terminar mi cena, la mujer y él me encontraron allí en la cocina.
—Hola, tío Arthur —sonreí al verlos, fingiendo inocencia.
Ella, de piel morena y caderas voluptuosas, jadeó al verme, pero luego sonrió.
—... hola, Billy —me saludó el rey.
—Hola, ¿eres sobrinito de Arthur? ¿Llevas mucho tiempo aquí?
—No, no, acabo de entrar. ¿Eres amiga de mi tío?
—Sí, es una amiga. Disculpa, Jenny —él la tomó por la cintura y le indicó la salida —. Mi hermano debe de haber venido y no quisiera que te lo toparas, es un desagradable sujeto.
—Arthur, no hables así delante del niño —susurró ella.
—Él estará bien. Nos vemos luego.
—Claro. Espero tu llamada.
Aguardé a que él la guiara hasta la puerta de entrada en el primer piso y se devolviera. Mantuve mi sonrisa dulzona e infantil, solo por el gusto de convertirla en un gesto sádico una vez tuve enfrente al rey Orión.
—Mi silencio te costará sangre.
Él masculló una palabrota que un par de años atrás no se habría atrevido a pronunciar delante de mí.
—¿Qué haces aquí?
—La Liga está en junta extraordinaria.
—¿Pasó algo?
—¡¿Desde qué horas estás cogiendo?!
Otra palabrota. Llegamos juntos al salón de reunión, ellos hablaban respecto al tema de la mala publicidad de la Liga y de cómo las actividades amorales de Batman los afectaba. Yo me senté en silencio y tomé la tableta que tenía asignada; esta era para leer los informes y apuntar cualquier cosa que se considerase relevante en la reunión.
Me salí de la aplicación de la Liga y entré a la página de Apple.
Desde que me volví un miembro oficial de la Liga, se producía mercadotecnia con mi imagen. Mensualmente, se me depositaba el 7% de las ganancias de los productos -carteles, camisetas, juguetes-, el resto se lo quedaba la Liga para continuar produciendo y donar a las organizaciones que yo consideré pertinentes al firmar el contrato de publicidad. Mi ganancia neta, lo que me correspondía a mí, yo no lo solía tocar; crecer en la miseria me hizo un poco tacaño, y que en lugar de palabras de aliento yo hubiese escuchado «no te lo mereces» cuando era pequeño, no ayudaba.
Para mí, era terapéutico ir a una tienda, elegir un objeto, uno solo, que llamase mi atención y comprarlo sin mirar el precio. Todavía me sentía culpable por tomar más de dos productos o elegir algo muy grande, pero incluso los pasos de bebé en la dirección correcta eran avances notorios. Ahora, podría darme ese gusto grande que antes me autonegaba con las cuentas de Aquaman.
Elegí el iPad pro más nuevo, el lápiz de segunda generación y un forro negro. Al dirigirme a las computadoras, el señor Queen me pateó la pierna bajo la mesa. Lo miré y él me señaló a Canario Negro, quien presidía la reunión.
—Lamento interrumpir tu viaje de compras, Billy —dijo ella con sarcasmo —. Ahora tú eres el tema de conversación.
—Lo siento, investigaba algo que el rey Orión me pidió.
Este me miró con el ceño fruncido. Como el rubio no me desmintió, me creyeron.
—Deja el asunto para después, por favor. Batman nos acaba de dar su versión de los hechos respecto al asunto de tu secuestro. ¿Puedes complementarlo?
Oh-oh.
—¿Puedo oír de nuevo su versión?
Eso no me ganó miradas de felicidad.
0oOo0
Bruce Wayne.
La reunión fue larga, nos mantuvimos en nuestros asientos por tres horas preparando todo. Un resumen de la reunión sería enviado a los abogados de la Liga para que se prepararan antes del amanecer para todo lo que se nos venía pierna arriba con Billy y Conner.
La historia de portada de Billy estaba en su lugar, la triste anécdota de un huérfano con un billete de oro que lo convirtió en el consentido de la Liga de la Justicia y en un testigo protegido; con Conner, el cuento era más escabroso y real. Superboy fue el tema central de internet desde la medianoche. La Señorita Marciana se le unió a su exnovio a las dos de la mañana, cuando ya por fin nos podíamos retirar de la sala de juntas, retrasándonos quince minutos.
Me incliné al asiento de Billy, donde este miraba algo en su tableta y se lo enseñaba a un irritado Aquaman. Ese par se traían algo entre manos. Sin contar a Tornado Rojo, que se conectaba vía Bluetooth a su respectiva tableta para sustraer la información, quedamos solos.
—¿Qué tanto traman ustedes dos? —no por primera vez, me alegré de que mi puesto quedase junto al del mini hombre —. ¿Un iPad?
—El rey Orión prometió comprarme lo que yo quisiese de Apple.
Intercambié una mirada con el hombre de sangre azul. Este me desvió los ojos, enojado.
—¿Lo estás chantajeando, Billy?
—Un tantico —dijo, para nada luciendo culpable.
—Entonces permíteme decirte que haces muy mal —lo reñí retirándole la tableta de las manos. Billy me miró expectante, abiertamente curioso de mi reacción —. ¿Un iPad, un lápiz óptico y un forro? Por favor, Billy, ¿qué es esto? Pide tres forros, niño, unos cinco estuches para el lápiz, añádele un portátil. ¿Te gusta del color plata de siempre, o lo quieres de color oro?
Billy rio.
—No te pases, Wayne —me gruñó el rey.
Yo le dediqué una pequeña sonrisa.
—¿Qué te pilló haciendo Billy para que estés aquí sin protestar?... vaya, esa mujer debe de estar buenísima, ¿o era un hombre? E imagino que la querida Mera, tu muy embarazada esposa, no tiene ni idea.
—Wayne —me advirtió.
—Billy, añade audífonos con cancelación de ruido. Uno de cada color.
—¡¿Qué te pasa?! Esas cosas son muy caras, no todos tenemos tu patrimonio.
—Mándame la factura. O mejor, mándasela a los contadores de la Liga. Esos audífonos son una necesidad imperiosa de Billy a partir de hoy.
—¿Hum? —el niño me miró —. ¿Necesidad imperiosa?
—El primer tema que abordaremos a las ocho de la mañana en una rueda de prensa serás tú, Billy. El lunes, estos audífonos serán tus mejores amigos cuando debas entrar a la escuela.
El chico quedó en silencio, examinando su pantalla, no muy contento.
0oOo0
Dick Grayson.
Me serví mi quinto café. Kon, Tim y yo pasamos la noche en vela organizando todo. Hackear una cuenta bancaria tan bien protegida no era un reto astronómico, si no lo habíamos hecho antes era por el asunto ético. Batman no robaba, pero Billy tenía razón, la situación no estaba para que nos la diéramos de santos.
Tim se montó en el viaje creyendo una versión ligera del verdadero asunto. Él no tenía ni idea de Luthor y lo de los nuevos dioses; mi hermanito pensaba que solo era una jugarreta a la Corte de los Búhos para distraerlos un tiempo.
En realidad, eso era, una jugarreta.
—Listo —anunció Tim. Nosotros nos hallábamos en mi recámara secreta. La habitación que nos asignó Alfred al mudarnos a la mansión no fue por casualidad, cada una contaba con una puerta oculta -ya fuese en el closet o en el baño- que conducía a una alcoba vacía, destinada para que la equipáramos como mejor gustásemos. Era nuestro sitio privado, de uso personal, alejado de los ojos chismosos.
El de Damián era un cuarto de arte, Tim no le había dado mucho uso a la suya, Bárbara no sabía de la suya y Bruce, que llenó su espacio con las cosas de sus padres, quería convertir la de Bárbara en un closet gigante. La mía la llené con posters del circo, pero no le agregué mucho más. En este momento, allí estaba el computador con tres pantallas que Tim preparó para la jugarreta.
—¿Cómo lo activamos?
—Desde el teclado... o podemos hacerlo a distancia, pero primero debo conectarle un teléfono desechable. Una vez hecho, el teléfono debe de ser eliminado y esta computadora destruida.
—¿Si se hace a distancia o si se hace aquí?
—En ambas opciones se destruyen ambos canales. Nos podrían ubicar de no hacerlo así.
—¿Si los destruimos somos no rastreables?
—Ajá.
Bien. Kon asintió y me miró.
—¿Quién lo hace? —solicitó.
—Ni tú ni yo. No puede ser alguien obvio. Los demás debemos tener coartadas.
—Billy —sugirió el clon —. Que lo haga en clases. Nosotros tendremos testigos de nuestra inocencia.
—¿Será que Billy es capaz?
—No es hacer mucho —consideró Tim —. Es mandar un mensaje de texto. Le pediré a Alfred que la desconecte.
—¿Qué va a decir la Liga sobre Billy? —preguntó Kon.
—Que es un huérfano bajo protección de testigos que robó una nave marciana tras leer sobre el caso de varios secuestros en un computador de la Liga y, molesto con los pocos avances, decidió dejarse secuestrar mientras usaba una chaqueta con rastreadores que la Liga le otorgó para que no se sintiera en peligro de ir a la escuela. Nos vamos a apegar a la verdad y maniobrar desde allí. Lo bueno es que a Billy no se le puede relacionar de ninguna forma con el Capitán Maravilla.
—¿Crees que se pueda escapar al baño un momento y mandar el mensaje?
—No le veo problema. Entonces sí. La jugarreta será llevada a cabo el lunes en la mañana. Sobrevivamos mientras tanto.
