Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.


Capítulo 19

Alice

—Jasper. —La voz de Carlisle era brusca, un tono que Jasper no había escuchado desde que había sido adolescente—. No le hables así a tu madre. Todo lo que sabemos sobre los años que pasaste lejos de nosotros es que viniste a casa lleno de cicatrices. Estamos preocupados por ti.

Jasper se dejó caer sobre la mesa, enterrando su cabeza en sus brazos cruzados con un gruñido de frustración. Él respiró profundo para tranquilizarse y contó hasta veinte antes de enderezarse. Miró a sus manos unidas sobre la mesa.

—Alice no fue parte de eso. Ella fue la que me encontró muriendo desangrado en un callejón en Filadelfia.

—Oh. —Esme dijo con un suave jadeo—. No... No sabía que conocías a quién llamó a los paramédicos.

Una pequeña sonrisa se asomó en los labios de Jasper.

—Si hubiera sido alguien que no sea Alice, probablemente nunca lo hubiera sabido. —Apretó sus dedos entre sí mientras la culpa siempre presente que lo marcaba en su alma dejaba un sabor a bilis en su boca—. A decir verdad, si no fuera por Alice, no estaría aquí en más maneras que una.

»—Cuando desperté, después que me dijeron todo lo malo que tenía, dijeron que la mujer que había salvado mi vida estaba en la sala de espera. Eso fue una revelación, ya que acababan de decirme que había estado inconsciente por cinco días. El enfermero dijo que ella venía todos los días después de trabajar. Como la terapia intensiva era solo para familiares, ella simplemente se sentaba allí. Los doctores y enfermeros no podían decirle nada. Técnicamente, ellos no podían decirle si estaba vivo o no, pero de todos modos ella se quedó. Le pregunté al enfermero por qué, y él dijo que le habían hecho la misma pregunta. Ella dijo que no podía soportar la idea de que nadie estuviera pensando en mí, esperándome a que sobreviviera.

»—Yo, eh... —Jasper comenzó a deslizar su pulgar sobre sus tensos nudillos. Su garganta estaba cerrada mientras consideraba sus siguientes palabras. ¿Realmente estaba a punto de contarles esto a sus padres?

Pero su terapeuta le había incentivado a ser honesto. Inhaló profundo.

—Estuve molesto con ella al principio porque no quería... No quería despertar. —Escuchó el suave jadeo de su madre, y tuvo que tragar fuerte para continuar—. Pero buenas noticias. Algunos de los buenos modales que me enseñaste se quedaron conmigo. Supuse que ella había estado esperando por demasiado tiempo, lo menos que podía hacer era permitirle ver por sí misma que seguía vivo.

Él recordaba sentir lástima por ella. No todos podían decir que habían salvado la vida de alguien. Ella estaría decepcionada cuando se diera cuenta lo poco que valía esa vida.

—Es difícil explicar a Alice —dijo—. Realmente no sé cómo sucedió. Ella vino y habló conmigo. Fue tan amable. Había pasado mucho tiempo desde que alguien había sido amable conmigo. Creo que había olvidado cómo era eso. —Por primera vez, levantó la cabeza para mirar a sus padres del otro lado de la mesa—. Ella me hizo extrañarlos. Peor de lo normal, quiero decir.

—Hubiéramos estado allí. En cualquier momento. Solo hubiera necesitado una llamada —dijo Esme, no por primera vez.

Jasper bajó la cabeza de nuevo.

—Lo sé, mamá. —Carraspeó—. Así que, ella preguntó si podía volver. Parecía descortés decirle que no. Quiero decir, ella sabía que era un adicto. Si ella quería pasar su tiempo charlando conmigo, ¿quién era yo para decir que no? He tomado decisiones mucho peores sobre qué hacer con mi tiempo.

Cerró los ojos, odiando tener que contar esta parte de la historia.

—Como sea, ella terminó estando allí cuando vinieron a hablarme sobre la rehabilitación. Ni siquiera estaba prestando atención. Yo... Todo en lo que pensaba era sobre salir de allí así podía drogarme. No tenía intenciones de ir a rehabilitación, pero antes de darme cuenta, Alice estaba hablando con los terapeutas sobre el servicio y las instalaciones.

Sacudió la cabeza.

—Como dije, Alice es difícil de explicar. Hasta hoy, no estoy seguro de cómo ella lo hizo, pero antes de darme cuenta, ella prácticamente me había intimidado para ir al centro de rehabilitación. Uno bueno. —Frunció el ceño—. Uno caro que ella pagó.

—¿Ella pagó para que vayas a rehabilitación? —preguntó Carlisle.

—Le dije más de una vez que estaba loca. Le conté todo. Todo lo que había hecho. Ella me dijo... —Jasper llevó una mano a su pecho y presionó fuerte. Recordaba exactamente cómo sus palabras se habían sentido, cómo estas le habían llenado de anhelo y deseo, simplemente deseo por lo que mucho tiempo atrás se había convencido a sí mismo de que no podía tener—. Ella dijo que podría ir a casa. Dijo que iba a apestar, pero que podía ganármelo.

—Siempre podías venir a casa. Nunca debías ganártelo —dijo Esme.

Jasper levantó la cabeza.

—Sí, debía —dijo, su voz chiquita—. Aún debo.

Esme se estiró sobre la mesa para tomar sus manos. Carlisle se inclinó hacia adelante y cubrió las manos de ambos con las suyas.

—Parece que le debemos a esta mujer mucho más que nuestro agradecimiento. Deberías invitarla a quedarse aquí.

Jasper ya estaba sacudiendo la cabeza.

—No. Ella está bien. Ya reservó un cuarto.

—Pero no hay necesidad —dijo Esme—. Tenemos más que suficiente espacio, y...

—Mamá, por favor. Simplemente, hazme caso en esto. —Él no quería tener que esquivar ese campo minado. Él amaba a sus padres, y les debía honestidad, pero solo los lastimaría si ellos supieran lo desesperado que él se encontraba por tener un poco de espacio.

Ellos parecieron vacilar, pero soltaron el tema.

—Al menos, tráela para conocerla —dijo Esme—. O podemos salir todos. Lo que sea que la haga sentir más cómoda.

—Sí. Está bien. Ella quiere conocerlos.

~S~

Después de trabajar el día en que llegaría el vuelo de Alice, Jasper tomó el autobús hacia el aeropuerto. Dormitó en el área de desembarque hasta que sus nervios le ganaron. Entonces, él comenzó a jalar de su cabello y pasar sus dedos por la barba en su mentón. Tironeó de la camisa limpia que se había puesto después de trabajar. Jasper se preguntaba qué tan estúpido era que quería lucir bien para esta mujer.

Alice lo había visto en su peor momento. Ella lo había visitado en la clínica. Por supuesto que ella lo hizo porque era una persona demente. En esos primeros días, él había sido un monstruo: malhumorado y molesto, y poco preocupado por la higiene. Él no había sido nada más que piel marcada y amarillenta con una disposición de mierda. Y, por supuesto, ella lo había visto cubierto de sangre, en prendas que había tenido puestas por quién sabe cuánto tiempo.

¿A quién creía que engañaba?

—Como relucir mierda —masculló para sí mismo, pasando un dedo por los botones de su camisa. Se pasó la mano por el cabello, riéndose de sí mismo por dentro para no asustar a las personas a su alrededor.

Él sabía muy bien que le gustaba Alice.

Acostado medio muerto en el hospital, con todos sus pensamientos centrados en cuándo y cómo podía consumir de nuevo, Jasper aún así no fue ajeno a lo atractiva que Alice era cuando entró a su cuarto. Entonces, ella abrió la boca, y todo sobre ella solo lo había atraído más. Era hermosa, demasiado amable, divertida y pasional.

¿Era sorprendente que su atracción se hubiera convertido en un enamoramiento?

En gran parte, Jasper había hecho todo lo posible para ignorar la pequeña voz que le susurraba, narrando cuentos sobre cómo sería abrazarla, besarla, tenerla. Esas eran dulces fantasías, pero conocía la diferencia entre la fantasía y la realidad. Alice se encontraba tan fuera de su liga, que él necesitaría el telescopio Hubble solo para verla.

En este punto de su recuperación, una relación debería haber sido lo último en su mente. Lidiar con su propia vida era lo suficientemente estresante sin añadir las complicaciones de un romance en la mezcla. E incluso si fuera posible, no era justo. Él no tenía nada qué ofrecer. Era un adicto en recuperación de treintaiún años que vivía con sus padres y trabajaba en una tienda.

Jasper quitó ese pensamiento de su mente antes que la pesadez tomara lugar en sus hombros. Se suponía que hoy sería un buen día. Él no necesitaba arruinarlo sintiendo lástima por sí mismo.

Además, seguramente su avanzada atracción estaba basada en apreciación más que nada. Eso y el hecho que había pasado un largo tiempo desde que había estado con alguien con quien sintiera atracción. El sexo y las drogas iban naturalmente juntos. Era casi superficialmente esperado, dependiendo el ambiente. Pero sexo con alguien que él deseara—ese era otro universo diferente.

Jasper echó un vistazo hacia la pantalla de arribos y salidas para distraerse a sí mismo. Se sobresaltó cuando vio que el vuelo de Alice ya no se encontraba como "A tiempo". Había cambiado a "En tierra". Se sentó derecho y de nuevo jaló de su cabello.

Otros diez minutos pasaron. Jasper mantuvo la mirada fija en la escalera mecánica. Vio una infinidad de personas, pero ninguna de ellas era Alice. Incluso estiró el cuello para ver detrás de unas personas más altas —Alice era una cosa pequeña— pero no, ella no estaba allí. Aún así, con cada persona que pasaba, su entusiasmo incrementaba. Su corazón latía a un ritmo emocionado, y sus labios no paraban de curvarse en una esquina.

Cinco minutos más pasaron como horas, pero finalmente ella estaba allí. Divisaron al otro cuando ella aún seguía en la cima de las escaleras. Ella sonrió, y todo el aeropuerto pareció iluminarse. Jasper se puso de pie como una marioneta con una cuerda. Dio un paso hacia adelante, luchando contra la urgencia de tomarla en sus brazos.

Él no debería haberse molestado. Ni bien ella se encontraba al final de las escaleras, se apresuró y voló hacia él, con un bolso de mano gigante y todo.

Jasper quería girar con ella en brazos, pero optó por mecerlos, permaneciendo allí unos segundos más de lo que era probablemente apropiado. Finalmente, la bajó y dio un paso atrás, sonriéndole.

—Estoy feliz de que estés aquí.

—Estoy feliz de estar aquí también. —La sonrisa de ella era suave, y ella se estiró para rodear su brazo con el de él. Ella nunca había tenido problemas para tocarlo—. Vamos. Busquemos mi equipaje y salgamos de aquí.

~S~

Alice rentó un coche, y entonces le insistió a Jasper que la llevara a todos los lugares turísticos que Seattle tenía para ofrecer. Ella se distrajo casi de inmediato en el Mercado de Pike Place. Una vez que puso un pie allí, toda la mañana fue perdida mientras ella exploraba todas y cada una de las joyas y las tiendas de ropa eclécticas. Seattle en general y Pike Place en particular era el paraíso de un corazón creativo, y a Alice le encantaba una apariencia única.

Una vez, cuando ella se encontraba entretenida en una conversación intensamente aburrida sobre telas y patrones, Jasper caminó por su cuenta. Cuando regresó, ella tenía otra bolsa y el diseñador con el que había estado hablando estaba dichosamente feliz. Jasper tuvo que sonreír. Alice tenía ese efecto en las personas.

—Allí estás —dijo ella, volviendo a enlazar sus brazos entre sí—. Tengo que decírtelo, eres un anfitrión terrible.

—¿Oh?

—Muero de hambre. He estado muy, muy hambrienta por al menos una hora.

—Bueno, santo cielo. —Jasper echó un vistazo alrededor mientras pasaban junto a varios puestos de comidas fragantes—. No creo que haya un buen lugar para comer en kilómetros.

Ella rio.

—¿Crees que ellos pueden cocinar un poco de esa pasta de chocolate aquí y ahora?

—¿Dónde está tu sentido de la aventura? Deberíamos comerlo crudo. O puedes tomar mi consejo y probar lo que es, sin dudas, el mejor sándwich de pescado del mundo.

—Ahora, esa es una gran declaración. —Ella fingió considerarlo—. Bueno, como no puedo comer la pasta de chocolate, bien podría al menos probar el mejor sándwich de pescado.

Él la llevó hacia el puesto a la derecha. Se sentaron en la barra y le permitió ordenar por ella, ya que él era el experto, dijo.

Cuando fueron servidos, él la observó probar el primer bocado, y cuando ella gimió de felicidad, sonrió.

—¿Qué te dije?

—Esto es bueno.

—No, esto es lo mejor.

—Bueno, para otorgarle ese título, tendríamos que probar todos los sándwiches de pescado que existan. —Contó con los dedos—. Hasta ahora, he probado en McDonald's y este. —Mordió otro gran bocado de su sándwich y lo consideró—. Va a ser una vida larga y llena de pescado.

Jasper rio, sumergiendo una papa frita en el ketchup.

—Ah, bueno. Podría ser parcial. Hay mucha nostalgia que llega a mis sentimientos aquí.

Ella arqueó una ceja.

—Sientes nostalgia por un sándwich de pescado.

—Este sándwich de pescado... bueno, no este en particular, pero captas la idea... me trajo ligues en más de una ocasión.

Ella inclinó la cabeza, dándole una mirada, y él se retractó rápidamente.

—No... Eso no es lo que intento hacer ahora. Eh. Simplemente digo. Tuve algunos buenos momentos que comenzaron justo aquí.

—¿No lo estamos pasando bien?

—Lo estamos. Quiero decir, lo estoy, quiero decir...

Alice rio.

—Eres demasiado fácil. —Chocó su costado con el suyo—. Solo soy yo, Jasper.

Él rio nerviosamente y se pasó una mano por el cabello.

—Lo siento. Yo, eh... —Era solo Alice. Le podía decir lo que fuera a Alice—. Simplemente estoy acostumbrado a defenderme a mí mismo, ¿sabes? Para todo. ¿Como cuando salí a caminar temprano? Presté atención a exactamente dónde había estado así podía contártelo con detalles si preguntabas. Y si fueras mis padres, lo hubieras hecho.

Ella le dio un apretón a su mano, y él se sintió mejor en un instante.

—Y bien —dijo ella, pasando a otro tema con facilidad—. Tengo que preguntarte cómo evitaste el obvio error en tu plan.

—¿Cuál es ese?

—Este es un sándwich de pescado.

—Eres muy observante.

—Solo digo. Te estás dando a ti y a tu cita aliento a pescado. ¿Quién besa con aliento a pescado? Quiero decir, incluso si fueras por ello, estarías pensando en eso en vez del beso durante todo el momento.

Él sacudió la cabeza.

—Ah, pero mira, eso es lo que me consiguió la frase matadora.

—¿Hay una frase matadora que supere al aliento a pescado?

—Mmhmm. Verás, me acercaría para el beso, y ella se apartaría, ¿cierto? Diría exactamente lo que dijiste, toda tímida y adorable. —Él giró en su asiento y la miró a los ojos, puso su sonrisa más sexy—. Y le diría, nena, comiste ese sándwich, y estuvo delicioso, ¿o no? —Se inclinó incluso más cerca por la vieja costumbre—. Pero eso no es nada comparado con cómo sabrá de tus dulces labios.

Él escuchó su suave jadeo, y entonces se dio cuenta de lo cerca que se encontraban del otro. No había manera que él debería estar tan cerca de ella, y se iba a mover. Estaba comenzando a alejarse...

Alice se aventó hacia adelante, cerrando los últimos milímetros de distancia entre ellos, y presionó sus labios contra los suyos.

Jasper jadeó. Durante dos segundos que duraron eternidades, se mantuvo quieto, incapaz de hacerse creer que esta era su vida. Entonces, sostuvo su mejilla y le devolvió el beso.

Diez segundos. Si cada adversidad en su vida, cada lucha que había estado viviendo desde que había dejado de consumir drogas para cubrir los sentimientos que le hacían sentir que estaba muriendo, lo llevaban a esos diez segundos, valía la pena. Por diez segundos, su vida fue perfecta.

Se separaron y el corazón de Jasper estaba latiendo tan rápido que apenas podía respirar. Se lamió los labios, ya extrañando el sabor de ella. Sus pensamientos daban vueltas.

—Eh, yo, eh... Te compré algo. Cuando salí a caminar. Te compré algo. —Bajó la mirada hacia su regazo, buscando en su bolsillo—. Es... Parece como si hubiera planeado todo esto, pero juro que no fue así. Lo vi, y quise que lo tuvieras.

Él estaba siendo todo lo contrario a delicado, pero no podía obligarse a callarse. Resopló y presionó la pequeña bolsa en la mano de ella. Levantó la mirada, nervioso.

—Juro que no lo planeé.

Ella sonrió y levantó la mano para acariciar su mejilla suavemente.

—Sé que no lo hiciste. Yo tampoco. —Su mirada permaneció en la de él por otro momento antes de bajarla hacia la bolsa que él le había dado.

Jasper presionó sus labios entre sí para evitar soltar cosas sin sentido mientras ella sacaba el collar que él había comprado. Estaba hecho de partes viejas de una máquina de escribir, la más grande siendo una tecla A redonda y de latón. Los ojos de ella se iluminaron mientras lo miraba con una sonrisa.

—Esto es increíble. No sé cómo agradecértelo.

Él resopló y puso los ojos en blanco.

—Alice, dame un respiro. Podría hacer algo por ti una vez cada hora del día por el resto de mi vida y jamás me acercaría a devolverte lo que haz hecho por mí.

Ella inclinó la cabeza, estudiándolo por un momento.

—¿Es por eso que me compraste esto?

—No. Lo compré porque me recordó a ti, y quise que lo tuvieras. —Sostuvo su soda para contener la urgencia de tocarla de nuevo, de besarla de nuevo. Él no tenía idea de lo que estaban haciendo ahora mismo—. Solo digo que nunca tienes que agradecerme. Tú no.

Ella presionó una mano contra la parte trasera de su cuello, jalándolo hacia otro beso. Sonrió cuando se apartó.

—Gracias.

Los labios de él se curvaron hacia arriba.

Alice juntó sus manos para quitarse las migas.

—Bueno, a la siguiente aventura. —Buscó en su bolso y sacó un libro—. Uno de los vendedores de aquí vende esto. Está escrito por su hija. —Lo agitó con emoción.

—Fantasmas en el Mercado Pike Place —leyó él.

—Sí. —Ella se bajó de su taburete y tomó su mano en vez de su brazo—. Vayamos a buscarlos.

Él debía estar sonriendo como un completo idiota. No tenía idea de lo que estaba pasando, y había una pequeña parte de él que estaba gritando que esta era una mala, mala, mala idea. De ninguna manera podía tener esto. De ninguna manera. Intensificó el agarre de sus dedos alrededor de ella.

—Cazadores de Fantasmas de Seattle. Hagámoslo.

En serio, él había tomado decisiones mucho peores. Esta ni siquiera era ilegal.

Y, al menos por ahora, se sentía mejor que cualquier viaje que había tenido.