Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es LyricalKris, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to LyricalKris. I'm only translating with her permission.


Capítulo 20

Salvar las Abejas

—¿Les crees esto? —Edward se sentó junto a Rosalie porque estaba seguro que ella pensaba lo mismo. Nadie más lo hacía, pero podía confiar en Rosalie con este tipo de cosas.

Su cuñada arqueó una ceja.

—¿Creer qué? —Miró hacia el otro lado del cuarto, donde Alice y Esme estaban hablando como si fueran viejas amigas—. ¿La gran salvadora apareciendo de la nada?

Edward resopló.

—Exactamente. Todo esto es una fábula.

Rosalie tarareó, pero no habló de inmediato.

—No confío en ella.

Ahora fue el turno de Edward de arquear una ceja ante su tono.

—¿Pero?

Ella suspiró.

—Jasper es un buen mentiroso. Todos tenemos razones para reconocer eso, pero la cosa sobre sus mentiras era que eran impecables. Él era tan buen mentiroso que parecía más loco no creerle. Tienes razón. Esto suena a una fábula. —Frunció el ceño—. Y es por eso que seguramente sea la verdad.

Edward gruñó, analizando eso en su mente. Observó cómo Alice se acercaba para tocar el brazo de Bella y entonces le susurró algo al oído. Bella sonrió y rio.

Mientras tanto, Jasper y Emmett jugaban en el patio trasero de Carlisle y Esme con los niños. Todos estaban armados con escopetas de juguete de algún tipo. Edward resopló al ver a Vera tratando de treparse a Jasper como un juego de plaza. Él se agachó, tomándola en brazos y ubicándola a su costado. Él hizo un gesto de lanzamiento y señaló a Emmett. Vera obedientemente apuntó su arma a su padre y soltó un alegre chillido cuando impactó su objetivo.

—Ella se ha encariñado con él —Edward le dijo a Rosalie, viendo a Jasper y Vera chocar los cinco.

—Sí, bueno, los niños son fáciles. Ella vio cómo Henry se divertía con él, y quiso ser parte de la diversión. Sostén a un niño boca abajo de sus tobillos, y ellos te amarán para siempre.

—¿Qué hay de ti?

—¿Te refieres a cómo me encuentro con Jasper? —Resopló—. Él es como la abeja que da vueltas cerca de un picnic familiar. No quieres aplastarla solo por atreverse a estar en el mismo lugar que tú, pero tiene un aguijón y no para de pulular cerca de todos a quienes amas.

—Las abejas solo pueden usar su aguijón una vez. Luego se mueren.

Uno de los niños soltó un chillido mientras Jasper atacaba a Emmett, tumbándolo en el césped mojado. Ellos luchaban, intercambiando insultos como si fueran preadolescentes de nuevo y no adultos en sus treintas. Rosalie sacudió la cabeza.

—A veces es muy fácil fingir que todo eso nunca sucedió.

La garganta de Edward se cerró mientras miraba a Kaylee, que intentaba meterse entre sus tíos para unirse a la diversión.

—No para mí.

Rosalie le dio una mirada apologética.

—Solo digo, sé que Emmett tiene razón de una forma. Jasper no es todas las cosas malas. Jasper fue a quién llamé, ¿sabes? Cuando estábamos en la secundaria, cuando pasó. —Ella soltó un suspiro tembloroso, su expresión lejana—. Cuando no podía hablar con nadie más, pude hablar con él. No sé por qué. Él lo hacía fácil cuando era imposible con todos los demás. El amor de mi vida de la secundaria me violó, y no sabía qué sentir más que culpa. Él me ayudó a superar esa mierda. Él siempre fue bueno con las personas rotas, y no he olvidado eso.

»—Pero lo jodido sobre eso es que Jasper también tenía razón.

Edward arqueó una ceja, esperando a que se explicara. Ella envolvió sus brazos alrededor de sí misma, sus hombros encorvados hacia adentro.

—Cuando pasó, mis padres no me creyeron. ¿Sabes? Royce hizo pedazos mi alma, pero eso casi me mató. Hasta que Jasper me convenció de que no tenía que mantener a las personas venenosas en mi vida, incluso si eran familia. Incluso si las amaba.

»—Así es cómo se siente la mayoría del tiempo: como veneno. Lo miro y recuerdo lo feo que se puso, y estoy furiosa. Estoy tan jodidamente furiosa cada vez que lo veo.

Una pequeña y triste sonrisa se asomó en los labios de ella, y Edward siguió su mirada para ver a Emmett ayudando a Jasper a ponerse de pie. Él jaló a su hermanastro a un abrazo, dándole palmadas en la espalda, y ambos sonrieron. Rosalie soltó un sonido de disgusto.

—¿Ves? No es fácil. Intento odiarlo, pero hace muy feliz a mi marido. Y a tus padres. Ellos se preocupan. A veces, todos caminan con cuidado alrededor del otro como si en puntas de pie, pero hay una sensación de paz que hacía falta antes.

»—Así que, no lo sé, Edward. En resumen, no sé qué pensar de Jasper ya. No sé si sigo molesta. Sé que no confío en que él no la vaya a cagar de nuevo. Y definitivamente no confío en nadie que él considere amiga. —Rosalie se encogió de hombros—. Pero te diré una cosa, esa chica está enamorada de tu hermano.

Ante eso, Edward se enderezó.

—¿Qué?

—Deja de mirarla como potencial adicta, aunque sé que es tentador, ella es única, y comienza a mirarla como una ser humano normal. Es bastante obvio. Y a él también le gusta. Lucen como imanes siendo separados. ¿Sabes? Como tú y Bella cuando ella aún seguía con él. —Puso los ojos en blanco—. Ustedes dos eran peores. Dios mío. Si se encontraban en la misma habitación, estaban las miradas de anhelo. Entonces, tú de alguna manera encontrabas la manera de acercarte cada vez más hasta que te sentías cohibido y te obligabas a alejarte.

Las mejillas de Edward ardían.

—Nosotros...

—Oh, así fue. —Ella señaló secretamente a Jasper mientras él volvía a entrar a la casa—. Mira.

Edward vio a su hermano caminar hacia la cocina. Primero fue hacia el refrigerador, y Edward tuvo que convencerse de que estaba imaginando cosas ahora que Rosalie había puesto la idea en su cabeza. Pero no. Mientras veía a Jasper tomar un largo trago de una botella de agua, era obvio que estaba escuchando la conversación que se estaba teniendo en la mesa. Él cerró la puerta del refrigerador, su cabeza inclinada en la dirección de ellas. Después de unos segundos, se acercó y se sentó. Directamente frente a Alice, aunque el asiento más cercano era a la derecha de Esme. Otros cinco segundos y él estaba apoyándose sobre sus codos en la mesa, obviamente escuchando cada palabra que Alice pronunciaba. Y aunque ella había estado reclinada en su silla hasta ese momento, Alice se movió así ella también estaba apoyada sobre la mesa, su mano peligrosamente cerca de Jasper, aunque mantuvo su atención en Esme.

—Oh, diablos —dijo Edward bajo su aliento. Miró a su cuñada—. ¿Bella y yo éramos peores?

—Repugnantes. Adorables, pero repugnantes. —Rosalie lo codeó juguetonamente—. Por si sirve de algo, siempre he querido que ustedes dos estén juntos incluso cuando no debía. Pero como sea, solo digo. Si intentas descifrar por qué ella ayudó a un extraño adicto y estúpido... El amor a primera vista funciona muy bien. No digo que lo crea, pero hay una remota posibilidad.

—¿Qué pasa con las personas que no pueden comprender el concepto de que una buena razón para salvar la vida de un hombre es porque es hacer lo correcto?

Edward y Rosalie se sobresaltaron y levantaron la mirada para encontrar a Alice observándolos. Tenía los brazos cruzados, pero su expresión y tono eran más divertidos que otra cosa.

La expresión fácil de Rosalie se esfumó en un instante. Ella se paró de esa forma majestuosa de ella, jamás apartando la mirada de Alice, y sonrió con dulzura empalagosa.

—Creo que es hora de la siesta de Vera —dijo Rosalie y se fue sin mirar atrás.

Alice la vio irse pero después de un momento, volteó de nuevo y, para la sorpresa de Edward, se sentó junto a él en el sofá.

—Mira, no soy una gran fan de ser buena cuando sabes que las personas están hablando a tus espaldas. Soy una chica que va de frente. Así que, aquí estoy. Pregúntame lo que quieras, y te responderé con honestidad.

—Eres directa, ¿eh? —preguntó Edward, divertido para su pesar.

—Eso es lo que acabo de decir, ¿o no? —Ella le sonrió y agitó una mano.

Edward lo consideró por un momento, pero ella tenía razón. Él quería respuestas.

—Entiendo por qué lo salvaste. Y gracias por eso. En serio.

La expresión de ella se suavizó una pizca, y ella asintió.

—De nada.

—Muchas personas lo hubieran ayudado cuando era un extraño desangrándose en un callejón. —Edward se estremeció. No le gustaba pensar en su hermano de esa manera—. Por lo que dijiste antes, tu trabajo y todo eso, no eres rica.

—No. No soy rica.

—Entonces quizás puedas explicarme cómo una persona no rica puede pagar una clínica para un completo extraño. —Las personas no hacen simplemente eso. Había una mentira en alguna parte, y Edward iba a encontrarla.

Alice torció sus labios a un lado, luciendo ligeramente avergonzada mientras pensaba en su respuesta.

—Hay tres viajes que quiero hacer. Todos ellos son al exterior, así que sabes lo mucho que cuesta eso.

Las cejas de Edward se elevaron hacia el nacimiento de su cabello.

—¿Me estás diciendo que gastaste el dinero del viaje por el que has estado ahorrando en un estúpido y drogadicto vagabundo?

Ella entrecerró los ojos.

—Esa es una jodida manera de hablar sobre tu hermano.

—Él es mi hermano. Si hubiera sido yo en ese cuarto de hospital, molesto o no, lo hubiera ayudado. ¿Qué es él para ti?

—¿En su momento? Nada. Es difícil de explicar. —Ella dio unos golpecitos en su barbilla, pensando—. ¿Alguna vez has leído a Chuck Palahniuk? Él escribió El Club de la Pelea.

—Sí, sé quién es.

—Bueno, en Asfixia, una de las cosas que el personaje principal hace por dinero es fingir ahogarse con algo en un restaurante específicamente para que las personas lo salven. Y esto le trae dinero porque la persona que lo salvó se siente responsable por él. Así que, se mantienen en contacto después de salvarlo, el tipo suelta una frase inocente por aquí y por allí sobre cómo está sin dinero o que necesita esto o aquello. El salvador envía el dinero.

—¿Estás comparando a Jasper con el tipo que estafa a las personas por su dinero?

—No. —Ella sonaba exasperada—. Estoy comparándome con las personas normales que creyeron que salvaron una vida. —Sacudió la cabeza, y su expresión se volvió cautelosa, sus hombros encorvados. Lucía como Rosalie cuando habló de su violación—. Te lo resumiré para ti. Sí, hay lugares a los que quiero ir y hay cosas que quiero ver, pero vivo una vida solitaria. Hay muchas razones para eso. La cosa sobre esos viajes es que... Quiero ir, pero quiero ser capaz de compartirlos con alguien, y no tengo a nadie.

»—Así que, realmente no sé cómo explicarlo. Nadie es solo una cosa. Las peores personas no son solo una cosa. Probablemente sea fácil decir que no tiene sentido gastar dinero en un drogadicto estúpido, como dijiste. La cosa es, en práctica, los drogadictos estúpidos son un poco más complejos que todo eso. —Asintió en dirección a Jasper, y Edward notó la manera en que su hermano pausó su conversación con Carlisle para sonreírle a Alice—. Solo un tipo que no sabía cómo regresar a casa. Así que, me arriesgué. Me arriesgué por ustedes.

—¿Nosotros dos?

—Me arriesgué a que él mejorara. Superar una adicción no es fácil. No soy una idiota. Me arriesgué por ustedes, tu familia, a que lo vayan a aceptar de vuelta. No muchas familias lo hubieran hecho. —Algo pasó por sus ojos y ella apartó la mirada—. Los míos no lo hubieran hecho.

—Bueno, eso es estúpido. La familia debería ser incondicional. Deberías ser capaz de volver a casa siempre.

Alice levantó la cabeza y lo miró fijamente.

—¿Esto viene del tipo con el monólogo encantador la primera noche que él regresó? ¿Cuál fue mi parte favorita? "Vete al diablo por regresar. Podrías haber tenido la cortesía de morir solo en un callejón con una aguja en tu brazo."

Edward hizo una mueca y se cruzó de brazos.

—Él te contó eso. —Sacudió la cabeza, a la defensiva—. Estaba molesto.

—No te juzgo. Estabas molesto, y fuiste cruel. —Edward abrió la boca para discutir, pero ella habló por encima de él—. El hecho que tu ira estaba justificada no hace que tu crueldad estuviera bien. Comprensible, sí. No te estoy juzgando —repitió, más enfáticamente esta vez—. Pero la cosa es que, lo que sea que Jasper les hizo a ti y a tu familia, no quiere decir que él renunció a su derecho a sentir. Sí, él me cuenta la mayoría de las cosas. Él tiene que hablar con alguien, y no puede ser alguien de ustedes. Tú y tu familia son las únicas personas que pueden lastimarlo.

Edward apretó los dientes, molesto aunque no podía comprender por qué.

—¿Crees que tú no? Lo tienes dependiente de ti. ¿Crees que no lo lastimarás cuando te canses de esta rutina de Florence Nightingale y te alejes de su vida?

Para su sorpresa, Alice rio.

—Edward Cullen, ¿estás siendo protector?

Irritado por su actitud indiferente, Edward se paró y la fulminó con la mirada.

—No soy un niño. Quizás no he visto las cosas que él ha visto o que probablemente hayas visto tú, pero no soy un idiota. Algo que luce demasiado bien para ser verdad usualmente lo es. Así que estoy esperando la trampa. Estoy esperando a que pase lo peor. Jasper ha mejorado mucho, y quiero creer que está mejor. Quiero creer que él no volverá a ser el tipo que fue capaz de hacer lo que le hizo a mi familia. No quiero perder a mi hermano. No confío en que no vayas a lastimarlo, no ser la que lo arrastra de vuelta, y no confío en que él sea lo suficientemente fuerte para resistirse.

Él se fue entonces, furioso y generalmente solo necesitando estar lejos de allí. Se dirigió hacia las escaleras y las subió rápidamente para esconderse en su cuarto de la infancia. Permaneció acostado en su cama por un largo tiempo, su mandíbula apretada tan fuerte que dolía. Los recuerdos, las palabras de Alice, y los propios miedos y dudas de Edward daban vueltas por su mente, ninguno de ellos decidiéndose por algo racional.

Él pensó en Emmett y Jasper peleando, en la camaradería que Emmett hacía parecer fácil. Había un nudo en su interior que le llevó a Edward un tiempo darse cuenta que eran celos. Él estaba celoso de que Emmett pudiera ser el hermano de Jasper. Solo su hermano—ese tipo de amistad especial que solo estaba reservado para los hermanos, adoptados o no.

Tantos recuerdos de Edward en este cuarto, esta casa, eran con Jasper. Él había venerado a sus hermanos mayores, pero Jasper había sido más paciente que Emmett. Mientras que Emmett le hacía bromas cuando le temía a la oscuridad, Jasper era el que se subía a la cama para así poder dormir sintiéndose protegido. Oh, como todo hermano mayor, hubo veces cuando Edward lo irritaba, pero Jasper lo había adorado una vez.

No había otra cosa en concreto, pero ahora que Edward lo pensaba, él parecía recordar una pesadez en el ambiente cuando Jasper volvía a casa después de una visita con su padre. Él siempre estaba más callado. Diferente. Edward recordaba que no lo comprendía, y molestaba a Jasper hasta que él aceptaba jugar. Si él podía jugar, todo estaba bien.

Edward solo había sido un niño pequeño, así que no se culpaba a sí mismo por no reconocer que Jasper necesitaba a alguien con quién hablar entonces. Aún así, se preguntaba si las cosas podrían haber sido diferentes.

No importaba ahora. El pasado no se podía cambiar.

Alice tenía razón sobre una cosa. Edward y el resto de la familia eran grandes causantes de estrés para Jasper. Él no estaba tan cegado en su ira como para no ver eso. Y Alice tenía razón sobre el hecho que Jasper merecía la oportunidad de expresar sus emociones, y que no podía ser con ellos.

Pero si Alice resultaba ser un problema, si algo iba mal, ¿a quién podría acudir Jasper?

Edward fue interrumpido de sus pensamientos cuando se abrió la puerta. Levantó la mirada y sonrió cuando entró Bella. Ella le devolvió la sonrisa, cerró la puerta detrás de ella, y se subió a la cama con él sin una palabra. Él colocó su pierna sobre la de ella y la acercó, rozando su nariz con la suya.

—Si quieres que nos besemos, vamos a tener que ser silenciosos. Tus padres van a molestarse si se enteran que escabulliste a una chica en tu cuarto —susurró Bella.

Edward soltó unas risitas, el resto de su ansiedad desapareciendo mientras presionaba sus labios contra los de ella.

—La cena está lista —dijo ella entre besos. Las palabras vibraron en los labios de él.

Él tarareó y la besó de nuevo. Por unos minutos, ella se lo permitió, y entonces golpeó su brazo.

—Vamos, Cullen. Tu engendro del demonio finalmente me deja comer. Tenemos que bajar antes de que me coma tu rostro.

—¿Engendro del demonio, eh? —Deslizó su mano por debajo de su camiseta y presionó su palma contra la pequeña bola en su abdomen. La acarició con su pulgar con admiración—. Ah, Bella. Te daría lo que fuera, pero sería una lástima dejar que te comas este rostro en particular. —Se señaló a sí mismo y sonrió engreídamente.

Bella puso los ojos en blanco y se levantó, llevándolo con ella.

—Si este niño tiene una pizca de tu ego, estoy arruinada.

~S~

Edward sorprendió a todos unos días después al ofrecer su coche para que Jasper pudiera llevar a Alice al aeropuerto. Bella estaba en el trabajo, y Jacob había llevado a Kaylee al parque cuando Jasper regresó.

Fue inmediatamente obvio que Jasper estaba triste cuando bajó del coche, pero intentó sonreír mientras le devolvía las llaves a Edward.

—Gracias.

—No es gran cosa. —Edward se mordió el interior de su mejilla, deseando que esto no fuera tan jodidamente incómodo—. Mamá estaba a punto de ofrecerse a llevarlos. Pensé que querrían un poco más de privacidad que eso.

Jasper levantó la cabeza, y su expresión era cautelosa pero sus mejillas se enrojecieron levemente.

—Yo, eh... Sí. Mamá siempre tiene muchas preguntas.

—Sí. Apuesto que ella hubiera tenido muchas preguntas cuando te despidieras de Alice con un beso.

Los ojos de Jasper se agrandaron y él dio un paso hacia atrás.

—¿Cómo...? ¿Por qué...? ¿Quién?

Edward tuvo que sonreír, y entonces, eso se sintió tan bien que su sonrisa se convirtió en una risita completa.

—Te gusta —dijo con un tono burlón aunque él sabía que debía sonar como un adolescente.

Jasper agachó la cabeza, pero no antes que Edward captara la pequeña sonrisa.

—Sí, bueno. —Se encogió de hombros.

—Le gustas a ella —dijo Edward, sin preguntar.

—Sobre gustos no hay nada escrito, supongo.

Con esa admisión, un poco del humor desapareció de la situación, y Edward comenzó a preocuparse de nuevo.

—Entonces, ¿qué? ¿Vas a añadir una relación a distancia a la lista de tu estrés?

Jasper parpadeó, luciendo tan perplejo que debería haber sido divertido, pero Edward no lo podía culpar. Era una sensación irreal toda esta conversación. Edward no podía recordar la última vez que ellos habían hablado así, como hermanos. Quizás la noche que Jasper le contó que Bella estaba embarazada.

—¿Realmente te importa? —preguntó Jasper.

Edward consideró eso. Soltó un resoplido, mirando a todos lados menos a su hermano.

—Sí, me importa.

—¿Por qué diablos te importaría mi vida amorosa?

—En realidad no me importa tu vida amorosa. Me importas tú. —Edward frotó la parte trasera de su cuello—. Simplemente... tienes mucho con lo que lidiar como están las cosas; eso es todo. —Se detuvo, sintiéndose más tonto de lo que nunca había hecho.

Jasper de repente lo jaló hacia él y le dio un suave coscorrón mientras reía. Edward lo empujó y se pasó los dedos por el cabello, irritado, pero no de verdad. Jasper le ofreció una sonrisa tentativa.

—Diría que no tienes que preocuparte por mí, pero es algo estúpido de decir, considerando todo. —Se movió nerviosamente—. No sé lo que estamos haciendo, si quieres saber la verdad. No creo que puedas llamarlo relación a distancia, porque no hemos hablado de ello de esa forma. Ella hace lo suyo, y yo lo mío, y sí, como sea, nos gustamos. Esto es como una de esas cosas normales, ¿cierto? Sí, podría explotar en mi cara, pero a diferencia de las otras cosas que he hecho, no puede matarme, o hacer que me arresten, o alterar permanentemente mi química cerebral.

Edward bufó.

—No estoy seguro sobre no alterar permanentemente la química cerebral.

—Ja, bueno. Tienes razón en eso.

Edward se movió nerviosamente ahora.

—Como sea. —Se frotó la parte trasera de su cuello—. Te llevaré a casa.

Ellos estuvieron mayormente en silencio durante el corto viaje a la casa de sus padres. Jasper le agradeció a Edward de nuevo y se bajó, pero antes que él pudiera irse, Edward lo llamó.

—Eh. ¿Qué tal si almorzamos? ¿El miércoles? —preguntó, cuando su hermano volteó.

Jasper frunció el ceño, pero logró contener la expresión de asombro en su rostro esta vez.

—Sí. Oh, espera. Mierda. No. Tengo una entrevista.

—¿En serio?

—Sí. Un tipo de trabajo que no tiene el horario de los muertos y que supera el salario mínimo. ¿Qué tal eso?

—Increíble. Puedo llevarte si quieres, y podemos salir a comer después.

Jasper sonrió.

—Sí. Eso me gustaría.


Aww, ¿qué tal eso? ¿Qué tal Alice?

Gracias por leer :)