-El sello del ángel-
Capítulo 2: Sellando al demonio.
—No sabes lo que vas a hacer ¿cierto? ,no funcionará, sólo un ángel podría sellar los poderes de un demonio, ríndete maldita mujer.
—Sólo tengo que probarlo ¡Yo te ato a mi Príncipe de los demonios!
Después de unos segundos Mamori se rindió, no pasaba absolutamente nada, ella no era un ángel y como bien había dicho el demonio no podía sellar sus poderes, ni en ese momento, ni en ningún otro. Aunque se pasara media vida intentándolo era algo tremendamente imposible, después de todo era solamente descendiente de uno.
Hiruma comenzó a reírse en voz muy alta, tan alta que algunos pájaros que permanecían tras los árboles vigilantes salieron volando de allí en cuanto escucharon ese ruido aterrador que tenia el demonio por risa.
Un demonio como él no se había divertido tanto en toda su existencia. Una chica humana había intentado sellarlo a él, ¡el príncipe del infierno!, en el interior de un jodido colgante de ángel que ni siquiera podía usar.
Comenzó a acercarse y observó que la chica no huía, estaba esperándolo, ella sabía que iba a morir. Por un momento Hiruma llegó a pensar en la valía de esa chica humana de ojos azules que era más fuerte en alma de lo que parecía bajo esa apariencia frágil.
Era la primera vez en toda su existencia de demonio que una humana lo miraba a los ojos, desafiante, como si fuera una igual. En el infierno nunca había habido ninguna mujer que lo mirara de esa manera, ninguna se había atrevido nunca a hacerlo, todas le temían, pero esa pequeña e insolente humana lo estaba mirando con esos ojos azules, esperando pacientemente su muerte.
Jamás se había sentido de esa manera, había algo en su interior que lo atraía hacia esa insolente humana, algo extraño, quería destruirla, hacer que llorara, que le suplicara por su vida. Pero parecía que esa chica era bastante fuerte y no tenia ninguna intención de desmoronarse ante él.
Cuando por fin llegó a donde ella se encontraba, la muchacha seguía mirándolo con esos ojos azules penetrantes. El demonio le agarró el rostro y le obligó a subirlo de forma ruda para poder besarla cómodamente, pero antes de hacerlo comenzó a reírse de nuevo, toda esa escena cada vez le parecía más interesante.
—¿Te gusta tanto mi cara humana? O…¿hay algo interesante que mirar?
Mamori no le contestó y él se molestó por eso, una humana lo había ignorado. Estaba claro que no era el momento ni el lugar para conversar pero lo había ignorado de tal manera que empezaba a enfadarse cada vez más.
—¿No me vas a contestar? ¿Tampoco vas a decir esas palabras tan lindas de nuevo? —Su risa volvía a aparecer—Yo te ato a mi príncipe de los demonios kekeke—Intentó burlarse de ella imitando su voz— ¿Quién te piensas que eres humana? ¿un jodido ángel?
—¡Cállate y hazlo de una vez! ¿Estás intentando hacerme sufrir los últimos minutos de mi existencia?
Ella parecía estar conteniendo lagrimas de pura rabia, no sentía nada más que eso, rabia pura y dura, estaba enfadada por ser débil, por no poder luchar un poco más, por no poder aferrarse a la vida como siempre había hecho, en ese momento se sentía patética, más que patética y quería que él acabara rápido. Había perdido. Era la primera vez que lo había hecho en toda su vida pero como bien decía su abuela, "contra demonios o humanos, si pierdes aunque sea solo una vez, esa podría ser la última" y eso era exactamente lo que le estaba pasando en ese instante.
El demonio se dio cuenta de que ella parecía reprimir esas lagrimas que amenazaban con salir en cualquier momento y decidió presionarla un poco más para verla hundida en la desesperación.
—Tranquila, sólo estoy intentando ser más cortés kekeke aunque creo que esa jodida palabra no pega conmigo ¿no?—Sonrió de medio lado.
—¡Estoy harta de esto! ¡acaba de una vez! Estoy dispuesta a decir eso otra vez aunque no funcione pero ¡haz lo que tengas que hacer ya!—Se estaba derrumbando, su voz temblaba un poco y una lagrima se resbalaba por su mejilla escapando de los intentos de contención de su dueña— ¡Yo te ato a mi príncipe de los demonios!—Gritó a todo pulmón.
Hiruma sonrió y se acercó a sus labios pero la sonrisa le duró poco. Una luz salió del colgante de la chica y comenzó a rodearlos. Hiruma se separó de la muchacha mientras era perseguido por la luz blanca que comenzó a hacerse más intensa a su alrededor. Ambos estaban muy sorprendidos por lo que estaba sucediendo en ese momento, ninguno de los dos pensaba que la chica podría ser capaz de sellar los poderes de un demonio tan poderoso como Hiruma pero parecía que eso era lo que estaba pasando, lo estaba consiguiendo.
Hiruma comenzó a sentir un dolor muy fuerte en el pecho pero no gritó, se sentía totalmente humillado. Esa maldita mujer iba a meterlo dentro de un jodido frasco y no era un ángel sino una simple humana, lo que lo hacia ver aun más inútil.
El colgante de Mamori también comenzó a brillar con la misma intensidad con la que lo hacia el demonio y empezaba a abrasar la piel de la mano de la chica que lo sujetaba. Mamori lo soltó y simplemente observó lo que ocurría, aunque ella también parecía empezar a notar los efectos del sello.
Sus ojos escocían y su cuerpo se hacia cada vez más pesado, la luz paró e intentó ver el colgante, a Hiruma, algo a su alrededor, pero era inútil. De repente, todo lo que estaba cerca de ella se volvió negro y una oscuridad infinita la rodeó.
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Mamori despertó pocos minutos después sin saber bien donde se encontraba y cómo había llegado a ese lugar. Le costó bastante tiempo intentar ubicarse en el espacio en el que se encontraba. No sabia muy bien que hacia allí, pero en un instante, miles de imágenes se amontonaron en su cabeza y consiguió recordar aquello tan importante que había olvidado.
Se incorporó de un salto y comenzó a buscar el colgante del frasco entre la hierva, pero cuando lo encontró se sorprendió de sobremanera. El frasco se había convertido en un colgante con una gema blanca, y ésta, poseía una especie de fondo oscuro en su interior, no lograba explicárselo ¿Había convertido a un demonio en una gema? ¿El sello no consistía solamente en meterlo en el frasco?
Un gemido a unos pasos de ella la asustó y buscó con la mirada el lugar de donde provenía ese quejido de dolor. Al verlo, se sorprendió cayendo de espaldas al suelo. Frente a ella, en el suelo, estaba el demonio, Hiruma Youichi, aquel que ella pensaba que había sellado por completo en el interior del colgante.
Salió corriendo por su arco y cuando consiguió colocar la flecha en su sitio le apuntó dispuesta a atravesarle el pecho con una flecha, pero se paró al ver mejor a la persona que estaba en el suelo.
El aspecto del demonio había cambiado, su cabello rubio se había transformado y en ese momento parecía haber adquirido un color negruzco. Aunque el cabello no había sido el único cambio, sus pendientes habían desaparecido, sus dientes parecían menos afilados y juraría que sus orejas estaban menos puntiagudas, pero lo que en verdad sorprendía a Mamori era la herida sangrante que había en su estomago, en el mismo lugar donde hacia poco tiempo Habashira le había atravesado con la espada.
Mamori no sabia que hacer, por una parte pensaba que si lo mataba tendría un problema menos y sobretodo un demonio menos que jamás volvería a atacar su aldea, pero no podía hacerlo, matar a una persona herida a sangre fría era demasiado cruel. Sí, anteriormente él había intentado asesinarla robándole sus poderes pero… en ese momento él parecía casi… humano…
La muchacha abrió los ojos a más no poder, lo había comprendido todo, ella había transformado al demonio en un humano, tal vez no tenia bastante poder como para sellarlo dentro del frasco pero sí que tenia suficiente poder para convertirlo en un humano.
Otro gemido de dolor la sacó de nuevo de sus pensamientos y recogió algunas hiervas para curarlo, esperaba poder salvar a ese hombre que se veía entre el mundo de los muertos y el de los vivos, y aunque no estaba muy segura de poder hacerlo a tiempo, rezaba al cielo para que el hombre ante ella volviera a abrir sus ojos.
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Hiruma despertó desorientado, no sabia donde se encontraba, ese lugar no parecía el interior del frasco de la chica, miró el lugar con los ojos bien abiertos, parecía una habitación de una casa, bastante simple para su gusto, todo estaba minuciosamente ordenado y no había muchas cosas. Por un momento llegó a pensar que se encontraba en el mundo demoniaco, que sus compañeros habían ido a buscarlo, aunque en verdad sabia que ese no era su mundo.
Se intentó incorporar y sintió un dolor punzante en el estomago, no había sentido tanto dolor en toda su vida. El chico retiró cuidadosamente la sabana que lo cubría y descubrió que su estomago estaba perfectamente vendado. Se levantó despacio y salió de la habitación, esperando que algo allí le diera alguna señal de donde se encontraba. Fuera de la habitación todo le resultaba igual, simétrico, cada cosa estaba en su sitio, sin ningún trasto mal colocado o alguna cosa tirada por el suelo.
Dio un par de vueltas por la casa buscando a alguien, pero parecía vacía. Cuando se disponía a salir de esa pequeña casa, oyó un ruido en el exterior, una voz femenina que no lograba distinguir, ¿la mujer humana había fallado y otra estúpida lo había encontrado? No entendía nada.
Abrió un poco la puerta de la casa para descubrir a una pequeña chica de cabello oscuro que estaba hablando sin parar con alguien a su lado. Intentó prestar atención a la conversación pero era difícil ya que la voz chillona de la pequeña humana dañaba sus oídos. No tardó mucho tiempo en percatarse de que había algo que le sonaba, la voz de la persona que hablaba con la chiquilla humana para ser más exactos. Esa voz le parecía muy familiar.
—Ya sabes que yo siempre te cuento mis problemas—Dijo la pequeña chica del pelo corto—Pero tú nunca me cuentas los tuyos— Puso una cara triste— Vamos cuéntame, ¿por qué estos tres días no has aparecido por la aldea? Te hemos echado de menos—Una pequeña antema salió de su pelo—No me digas que es porque estás con un chico ¿por fin encontraste a alguien? Cuéntame todos los detalles—La chica comenzó a estirar del brazo a la persona que estaba con ella.
—Vamos Suzuna déjalo—Hiruma se sorprendió al escuchar la voz de esa maldita mujer— Sólo estoy ocupada haciendo cosas, eso es todo y no, no he encontrado a nadie.
—Por cierto, tu abuela me dijo que no vendrá en unos días por algo de un trabajo en una aldea que no está muy lejos de aquí, al parecer los demonios se han multiplicado últimamente por los alrededores, hay que tener cuidado.
Mamori miró a Suzuna intentando aparentar la mayor tranquilidad posible. Tenia alguna sospecha de porque todos esos demonios rondaban los alrededores. Habashira había dicho que Hiruma había sido el primero en encontrarla, tal vez había más demonios buscándola para cazarla y robarle sus poderes, pero igual Hiruma se había equivocado y ella no era la chica que buscaban, pero… ¿Por qué motivo buscarían a una chica humana para arrebatarle los poderes? Los humanos eran débiles en comparación a los demonios, ningún humano normal o "con poderes" podría contra un demonio poderoso. Mamori comenzó a confundirse cada vez más, su mente daba vueltas, no llegaba a comprender nada de lo que pasaba.
—¿Mamo-nee? ¿Me estás escuchando?—Mamori prestó atención a la pequeña chica que ponia una sonrisa picara—¡No me lo digas! Estás pensando en tu enamorado ¿a que sí?
—Vete a casa, tu hermano se va a preocupar por ti.
—Mi hermano es un idiota, no se va a enterar de que me he ido, vamos Mamo-nee, cuéntame todo.
—Suzuna…—Se quedó parada mirando a la otra chica y ésta se dio por vencida.
—Está bien Mamo-nee me voy, pero volveré y ahí sí, me tienes que contar TO-DO
La pequeña chica se fue y Mamori suspiró, si le decía algo a Suzuna sobre que estaba permitiendo que un hombre viviera en su casa y además que durmiera en su cama estaba muerta. Estaba completamente segura de que esa pequeña cotilla no pararía de hacerle preguntas al chico y éste acabaría por hacerle daño, después de todo él había sido un demonio.
Recordó a la persona que dormía en su habitación y suspiró de nuevo de forma más pesada, ese chico había pasado tres días críticos y no había despertado, esperaba que sus heridas no fueran tan graves como para matarlo y que, por lo menos, mejorara un poco.
Se acercó a la puerta y sintió algo extraño detrás de ella, antes siquiera de tocarla, ésta se abrió para mostrarle a un chico de cabello negro, orejas puntiagudas y sonrisa siniestra delante de ella. El muchacho la agarró por las muñecas bruscamente y la atrajo hacia él.
—Vaya maldita mujer, eres más estúpida de lo que creía, has traído al demonio a tu propia casa kekeke— Empujó a la chica sobre una mesa haciendo que esta pegara un grito al verse debajo del cuerpo del demonio.
—¡Suéltame!—Gritó forcejeando—¡No me hagas enfadar o lo lamentarás Hiruma-kun!—Hiruma se sorprendió y comenzó a reír sin pararse a pensar en el dolor que sentía en el estomago.
—¿Hiruma-kun? ¿Tanta confianza tienes conmigo maldita mujer?—Volvió a reírse más fuerte—¿Y además puedes amenazarme? como cambian las cosas ¿no?—Paró de reír y miró a Mamori—Esta vez no voy a fallar maldita sacerdotisa.
Hiruma besó a la chica de forma salvaje, ella no se lo esperaba, era la primera vez que un hombre la besaba así que tardó un poco en reaccionar. Cuando volvió a ser dueña de sus pensamientos, comenzó a forcejear con el demonio.
No había forma humana de pararlo así que intentó frenarlo de forma distinta. Mamori mordió el labio del chico para que parara aunque éste ni se inmutó. Lo único que le quedaba por probar era aquello que no quería hacer, pegarle en la herida. Llegó a pensárselo durante un segundo pero al ver que el ahora moreno no se cansaba, le propinó una patada en el estomago lo que hizo al chico pararse en seco y separarse de ella para poder tocarse el estomago en un inútil intento de parar el dolor.
—Tú… yo debería haberte quitado tus poderes con eso ¿Cómo es que estás… despierta? Sin tus poderes deberías haber caído en coma o… deberías haber muerto ¿Por qué….
El chico se fijó en el colgante que llevaba Mamori colgado del cuello, el colgante era diferente pero el cordón era el mismo, Hiruma salió disparado fuera de la casa y se fue directo al lago que había visto tras sus continuas visitas a la chica para vigilarla.
Cuando se vio en el agua no podía creer lo que veía. ¿Qué había sido de su cabello rubio? ¿Dónde estaban sus pendientes? Sus orejas aun seguían puntiagudas y sus dientes afilados, aunque parecían estar igual que antes él se dio cuenta de que estaban ligeramente más planos, ¿Qué había hecho esa mujer?
—Pensé decírtelo pero… nunca escucharías a una humana ¿no? Aunque ahora seas parte de nosotros… yo lo si….
—No te atrevas a disculparte maldita mujer—Su sonrisa de medio lado hizo aparición de nuevo como si no estuviera nada preocupado—Esto es la ley de la selva, unos son cazadores y otros cazados y esta vez me ha tocado a mi ser de los segundos así que… no te atrevas a decirme palabras bonitas cuando tú has sido la cazadora.
—Ven aquí, se te ha abierto la herida—Mamori señaló las vendas del estomago de Hiruma que estaban comenzando a mancharse de sangre.
—Estúpida, sabes que te mataré y aun así intentas curarme—Las ultimas palabras las dijo mas para si mismo que para ella.
Mamori se acercó a él y quitó un poco las vendas para ver cuanto daño habia hecho esa patada. Él aparentaba estar bien pero la herida se había abierto, aunque no parecía tener una gran hemorragia.
—¡Escucha maldita mujer! Juro que me vengaré de ti un día de estos. Voy a devorarte para hacer míos tus poderes, así serás la primera jodida testigo de mi verdadero poder. Eso si, no permitas que otros te coman antes que yo.
—Si, si —Dijo ella ya quitándole las vendas— Deberías dejar de moverte, te puedo hacer daño…
El chico no se movió, por el momento era mejor dejarla hacer todo lo que quisiera, después de todo, suponía que sólo necesitaría romper el colgante para hacer que sus poderes volvieran a su cuerpo y cuanto más cercano fuera a ella, más fácil le seria quitarle el colgante. No podía correr riesgos, quería de vuelta sus poderes y estaba completamente seguro de que los otros demonios estarían buscando a la chica que tenia enfrente, no tenia tiempo para idioteces.
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Por la noche, Hiruma se negó a entrar dentro de la casa y tampoco quería comer. Ese idiota no había comido en tres días y ahora era humano, necesitaba alimentos que llevarse a la boca y ella no podía dejar que se muriera por propia voluntad.
Mamori recordó las duras palabras que habían salido de boca del demonio hacia unas horas, pero seguía pensando que se equivocaba. Él le había dicho que ella era la cazadora y él la presa pero en realidad ella sólo quería defenderse de él, si él no la hubiera atacado ella no lo habría sellado. Decidió salir a buscarlo ya que no parecía tener ninguna intención de volver, aunque no sabia por donde empezar.
Tiempo después, Mamori encontró a Hiruma apoyado en el tronco del árbol de la leyenda, estaba algo alejado de la aldea, pero bastante cerca de su casa y no sabia como el chico podía conocer ese lugar, pero eso no le importaba mucho, lo que en realidad le preocupaba era la idea de que el chico estuviera durmiendo debajo del árbol sin nada protegiéndolo del frío, temía por su salud así que volvió a la casa y le llevó una manta con la que lo cubrió.
Mamori lo observó sigilosamente durante un rato. Cuando dormía ese chico problemático parecía el ser más pacifico del mundo, casi un ángel, aunque ella sabia muy bien que era un demonio.
—Tal vez yo también tendría que dormir un poco…—Dijo la chica en voz baja.
El chico abrió uno de sus ojos para ver como la chica se iba de allí con un paso calmado, había estado despierto todo el tiempo, pero lo primero que se le ocurrió para que esa maldita mujer se alejara de él, fue eso. Aunque no se esperaba la manta para nada.
Hiruma miró la manta que le había puesto esa mujer. Hacia unos días, él había intentado quitarle sus poderes, todos ellos, dejarla sin alma, muerta o en coma, ella parecía saber sabia perfectamente lo que le podía ocurrir a un humano "especial" si le arrebataban los poderes pero… no lo entendía, no tenia sentido, esa mujer había estado todo ese tiempo cuidando de él, la persona que casi la mataba. ¿tal vez era estúpida? Podría haberlo matado hacía mucho tiempo, en vez de curarlo podría haberlo dejado morir... Los humanos eran seres muy extraños.
Hiruma sonrió y miró el cielo estrellado aun conservando esa sonrisa en los labios. Esa mujer era una autentica estúpida. El chico se dio cuenta de lo que estaba haciendo y movió la cabeza a los lados para quitarse la imagen de esa mujer de la cabeza. Tenía que acabar con ella rápido, no sabia que clase de embrujo había usado esa sacerdotisa pero si no la mataba rápido seguramente ese maldito embrujo se haría más fuerte.
El chico se levantó y tiró la manta hacia un lado, no caería tan fácilmente en el embrujo de una maldita humana estúpida y sin sentido común, porque después de todo era lo que era, un cordero que había metido a un león hambriento en su casa . De repente su herida comenzó a doler más, no debía hacer movimientos bruscos o se abriría de nuevo.
Se metió en el interior del bosque e iluminado solamente por la luz de la luna comenzó a buscar el frasco rojo con el que había capturado al menor, tal vez le seria útil en otro momento y era algo difícil de conseguir hasta para un demonio. Era posible capturar a un demonio menor en un santiamén con eso, pero claro, se necesitaba ser un demonio.
Paró en seco y miró sus manos, sus uñas ya no eran largas ni puntiagudas como las de los otros demonios y su cuerpo era débil, la herida que le había hecho Habashira lo había dañado casi de gravedad y sus poderes se habían ido por completo, era un humano, un inútil y débil humano, aunque le costara creerlo. Todo por culpa de esa maldita mujer que había resultado ser descendiente directa de un maldito ángel. Era lógico que los poderes de esa humana circularan de boca en boca en el infierno, después de todo esa mujer no era humana, o por lo menos, no del todo.
Hiruma consiguió distinguir entre la oscuridad algo rojo brillando con el contacto de la luz de la luna y lo cogió. Era el frasco donde días atrás había estado el demonio menor, aunque no le servia para nada ahora que no era un demonio.
Odiaba esa situación. El demonio se había cansado de ser la presa y esa misma noche, se convertiría en el depredador, acabaría con ella y con ese maldito colgante que había sellado sus poderes, de eso estaba completamente seguro.
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En medio de la oscuridad el demonio entró dentro de la casa de Mamori. Como esperaba, la chica dormía placidamente en su futon sin que nada la perturbara, sin esperar que un demonio como él fuera a matarla.
Esa chica esa demasiado confiada, todo ese tiempo había confiado plenamente en que como humano no podría hacerle daño, pero estaba muy equivocada, después de todo los humanos también se mataban entre ellos, justo como los demonios, así que ¿Por qué él no podía hacerle nada?
El demonio sonrió y se dejó caer encima de la chica, con sus piernas a los lados de las de esa mujer y los brazos apoyados en ambos lados de su cabeza. La chica dormía tranquila y profundamente. Su respiración era lenta y calmada, no se esperaba lo que estaba a punto de pasar.
Cuando lo vio oportuno, colocó sus manos alrededor del cuello de la maldita humana y comenzó a apretar bastante fuerte para ahogarla, la chica no se despertaba, parecía tener un sueño fuerte. De repente unas pequeñas lágrimas comenzaron a resbalar por las blancas mejillas de ella mientras murmullaba algo entre bocanadas incontroladas intentando respirar.
—Ma…Mamá, por favor, no la ma…téis, no lo… hagáis… por…favor…
Hiruma dejó de apretar en una milésima de segundo mientras observaba a la chica que todavía respiraba con dificultad debajo de él. No se había despertado, se había puesto a llorar recordando algo que parecía muy doloroso. Le recordó a él mismo cuando era pequeño, el día que su madre murió. Aunque seguía sin comprender por qué no la había matado, se estaba volviendo demasiado blando por ese estúpido embrujo de ella.
La chica que se encontraba debajo de él se movió un poco y lo agarró de la parte de arriba de la ropa tumbándolo contra su voluntad. Hiruma llegó a pensar que estaba despierta pero en realidad seguía dormida, muy dormida.
Cuando el demonio reaccionó ya se encontraba tumbado en el futon con ella perfectamente acomodada en su pecho y abrazándolo con suavidad. Definitivamente algo en esa mujer estaba mal desde un principio, pensaba que era una idiota por dejar entrar a un depredador en su casa pero lo peor en verdad era dejar entrar a un depredador en su cama.
El muchacho intentó salir del suave agarre de ella de todas las maneras posibles pero cada vez que se movía la herida le dolía muchísimo, así que decidió rendirse, no entendía como ella podía agarrarlo del lugar donde tenia la herida sin siquiera provocarle una pequeña molestia y encima estando dormida, hasta había llegado a pensar que esa mujer fingía dormir.
Esperaría hasta que ella lo soltara para largarse de allí lo más rápido posible, tal vez si lograba encontrar entre las ropas de esa mujer el colgante podría destruirlo, pero eso tenia que ser cuando ella lo soltara de ese agarre mortal y esperaba que lo hiciera rápido.
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A la mañana siguiente Sena, amigo de la infancia de Mamori, se encontraba hablando en la puerta de la casa de Suzuna con Monta. El chico no entendía como era posible que su gran amiga con lo responsable que era con sus obligaciones hubiera dejado a los niños de la aldea solos durante tres días seguidos, ella era la profesora de esos pobres niños y sin ella, los niños lloraban día y noche sin parar.
Monta también estaba preocupado, había estado enamorado de esa hermosa dama desde que tenia uso de razón, en realidad tampoco tanto, desde que la había visto por primera vez, tan blanca y pura, tan hermosa, con esos ojos azules que brillaban llenos de ternura y amabilidad. Era muy hermosa y también responsable, seguramente estaba muy enferma para poder atender a los niños debidamente, no querría pegarles esa enfermedad que tuviera, por ello había faltado tantos días.
—¿Y si Mamori-san está a las puertas de la muerte? Tenemos que ir rápido a por ella, podría morir sola o estar ya muerta—Dijo Monta horrorizado.
—No creo que esté muerta mon-mon—Suzuna suspiró—Para mí que Mamo-nee está en el mejor momento de su vida—La chica se rió.
—Tonterías, me voy a ver a Mamori-san.
Monta salió corriendo seguido de Sena que iba a pararlo, pero Monta no le hizo caso y siguió con su camino, tenía que ayudar a su hermosa Mamori quien seguramente estaba casi moribunda, era la única explicación lógica para que ella no hubiera ido a verlo en tantos días, ese iba a ser el cuarto día sin verla y estaba seguro de que algo andaba mal.
Entró como un autentico huracán en el interior de la casa de Mamori, no la veía por ningún sitio. Tal vez estaba en su habitación a punto de morir en la desgracia y sola.
Un pequeño gruñido ronco se oyó detrás de la puerta de la habitación de su amada. Tenía razón, ella estaba sufriendo mucho, su voz parecía más ronca de lo normal y además se notaba por el tono que dolía mucho.
Monta abrió la puerta con cara de preocupación y lentamente. Quería que lo primero que viera la moribunda Mamori fuera su cara de sincera preocupación, pero cuando él vio lo que había dentro de ese cuarto se quedó totalmente rígido, casi como una piedra.
—Ma…ma…ma….y un… un… un…—Balbuceó Monta.
Sena, que acababa de entrar en la casa porque no veía bien lo de entrar a casa de Mamori sin su permiso, le preguntó a su amigo que era lo que pasaba pero parecía demasiado rígido y decía cosas demasiado extrañas.
—Corazón roto-max… Mamo…Mamo…—Seguía diciendo monta
El chico decidió asomarse un poco por la puerta para ver lo que había visto su amigo, tal vez Mamori si que estaba enferma y para poner a su amigo así, debía estar muy mal.
Sena metió tímidamente la cabeza por una pequeña abertura de la puerta para observar bien lo que pasaba dentro de la habitación pero vio una escena que no pensó ver nunca.
Mamori y un hombre desconocido en la cama, juntos y abrazados, él abrazándola con ambos brazos y apoyando su mejilla en la cabeza de Mamori, y ella con la cabeza en su pecho y uno de sus brazos rodeando su cintura. Parecía que ninguno de los dos tenia intención alguna de soltarse, era como si fueran…amantes.
Sena tardó un poco en reaccionar pero cuando consiguió moverse comenzó a frotarse los ojos pensando que así ese hombre desaparecería, pero no lo hizo. No sabia que decir, tampoco que hacer y terminó gritando sin pensar.
—¡¿Ma…Mamori-neechan?
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Espero que les haya gustado el capítulo, tardé mucho más de lo planeado debido a algunos problemillas de salud, así que pido disculpas. Lo siento -.-"
Por cierto, gracias a las chicas del club de face que me animaron cuando estaba malita ahora estoy más fuerte que un toro y tengo unas ganas locas por escribir así que espero poder actualizar pronto ¡gracias chicas!
En cuanto al capítulo, no es muy largo y no tiene mucha sustancia pero intentaré mejorar en lo que pueda y siento haber cambiado un poco a Hiruma físicamente pero el pelo rubio no me cuadraba en esa época, lo siento T.T
Bueno, ¡muchas gracias a todas las que escribieron review y a las que leen mi historia! (y si hay algún chico por ahí también, ¡que no se diga!)
Y de nuevo, gracias por su tiempo ;)
Rei sama18
