-El sello del ángel-

Capítulo 3: Atrapado

Sena tardó un poco en reaccionar pero cuando consiguió moverse comenzó a frotarse los ojos pensando que así ese hombre desaparecería, pero no lo hizo. No sabia que decir, tampoco que hacer, y terminó gritando sin pensar.

¡¿Ma…Mamori-neechan?!

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Un hombre con rasgos cansados y los ojos cerrados esperaba pacientemente a su amigo apoyado en una puntiaguda roca. Habían pasado casi cuatro días desde que había dejado a su mejor amigo solo en el mundo terrenal para hacer suyos los poderes de esa humana pero Hiruma aun no había regresado. En verdad estaba bastante preocupado, si había entendido bien el plan de Hiruma tenia que esperarlo en ese lugar tan apartado y solitario durante dos días, aunque fuera algo peligroso hasta para él.

El hombre oyó un pequeño ruido seco que lo obligó a abrir los ojos de golpe para asegurarse de que no había nadie por los alrededores, encontrándose justo lo que él esperaba.

Ante él, bajo una luz casi inexistente, se extendía un paisaje árido y sombrío que llegaba hasta el horizonte. La tierra era pura roca pedregosa y yerma, y solamente algunas puntas retorcidas de la cordillera modificaban aquel panorama duro y desolador.

No entendía que podía haber provocado ese ruido tan seco pero tampoco le dio demasiada importancia. Volvió a cerrar los ojos y se concentró en sus propios pensamientos. Pocos segundos después, volvió a escuchar ese molesto sonido seguido de otros exactamente iguales pero más próximos a él.

El hombre reconoció esos ruidos como pasos cortos y minuciosos, y aun con los ojos cerrados extendió la mano hacia su amplia espalda para agarrar la empuñadura de la espada que llevaba atada en su dorso.

En cuanto abrió los ojos un lagarto tres veces más grande que la piedra en la que se apoyaba se abalanzó encima de él para engullirlo como si de un simple caramelo se tratara, pero el hombre en un movimiento casi fantasmal desapareció dejándose ver justo detrás del lagarto demoniaco levantando un poco su espada para atacar, de una estocada rápida consiguió partir al monstruo por la mitad evitando así ser engullido por él.

De todos los lugares que podía haber elegido ese demonio, tenia que ser el lugar más recóndito de todo el infierno, el más peligroso, conocido por esos horribles demonios menores artificiales que se confundían con el paraje de ese oscuro y monótono lugar. Con razón no lo había visto desde el principio, ese demonio era exactamente igual que el suelo en el que se encontraba y la escasa luz tampoco ayudaba a distinguir demasiadas cosas en la lejanía.

—¡Musashi!

El chico dejó de mirar al demonio que lo había atacado minutos atrás y se giró para observar a la persona que lo llamaba corriendo desde lejos hacia su dirección.

—¿Estás bien? Vi ese menor atacarte mientras venia y me preocupé ¿Te ha hecho algo?

—Tranquilo Kurita, estoy bien, es solo un menor, grande, pero un menor.

—¿Todavía no ha vuelto Hiruma?—Preguntó Kurita con un claro tono de preocupación.

Musashi suspiró de forma muy sonora y simplemente movió la cabeza en señal de negación. Se estaba retrasando demasiado con la humana y eso era realmente preocupante.

Conocía a Hiruma desde que tenia memoria, había sido su amigo desde hacia muchos años y podía asegurar que nunca lo había visto fallar, los planes de ese demonio frío y calculador nunca fallaban, jamás habían fracasado, pero en ese momento parecía que el plan que había realizado Hiruma para capturar a la humana no había ido como esperaba, o tal vez estaba esperando el mejor momento para atacar… no estaba seguro.

—¿Musashi me estás escuchando?

—No, disculpa Kurita… ¿decías algo?

—Decía que está tardando demasiado—La cara de Kurita se comenzó a poner blanca—¡¿Y si esa humana no era tan inofensiva como pensábamos y se ha comido a Hiruma?!

Musashi suspiró mientras miraba aburrido la cara de horror de Kurita, a Hiruma le había podido pasar cualquier cosa pero ¿devorado por una humana? Ese chico que tenía delante tenía una imaginación desbordante.

—Kurita, los humanos no comen demonios…

—Hay algunos demonios que se comen a los humanos ¿Por qué no puede haber humanos que se coman a los demonios?—Se paró a pensar un momento—Aunque Hiruma está demasiado delgado para que alguien se lo coma.

—En ese caso esa humana no se lo tiene que haber comido, tiene que estar esperándonos a nosotros que estamos más rellenos que Hiruma… Igual se nos merienda ¿Quién sabe?—Dijo el chico burlándose un poco de las paranoias de su amigo.

—¿Tú crees? Los humanos dan más miedo de lo que parecía…

—Kurita, era una broma, los humanos no comen demonios, se acabó la discusión.

—¿Seguro?—Dijo Kurita no muy convencido.

—Seguro.

Kurita suspiró aliviado, menos mal, no se podía imaginar una muerte más horrible que devorado por una humana que parecía totalmente inofensiva y angelical, pero si su amigo decía que los humanos no comían demonios… ¿Qué había pasado exactamente con Hiruma?

—Musashi, ¿Crees que esa humana ha podido vencer a Hiruma?

—No lo sé… Pero creo que deberíamos ir a comprobarlo.

—¿Y si Hiruma está bien y se enfada? Tal vez deberíamos dejarle más tiempo…—Dijo Kurita intentando convencer a su amigo.

—Una semana, solo le voy a dar una semana más, que creo que es tiempo más que suficiente para que vuelva.

—Esta bien.

—¿Fuiste a hacer lo que te dije?

Kurita empezó a ponerse blanco de nuevo y comenzó a reírse de una forma que dejaba ver demasiado nerviosismo de su parte, algo que no pasó desapercibido ni por un segundo ante la inquisidora mirada de su amigo.

—Kurita… ¿Qué ha pasado con lo que te mandé a hacer mientras esperaba aquí?

—Bu… Bueno… Fui a darle de comer a esa bestia pe… pero cuando fui… ya no estaba…

—¿Qué no estaba? ¿Desapareció en la nada? —Dijo gritando el moreno.

—No sé lo que pudo pasar con esa bestia pero… puede ser que haya ido detrás de su dueño, igual está buscando a Hiruma y lo encuentra.

—Esperemos que sea eso porque si esa bestia anda suelta y Hiruma no está ahí para controlarla, quien sea que se la encuentre estará en graves problemas…

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Cuando Hiruma despertó lo primero que sintió fue el espantoso dolor que le producía la herida que le habían hecho no hacía mucho en el costado. Lo segundo fue esa agradable sensación en su pecho y en su mejilla. Parecía estar tocando algo realmente suave y cálido. Era una sensación que no había sentido nunca, y fuera lo que fuera, se estaba acostumbrando al tacto y se encontraba bastante a gusto así. Al parecer, en ese preciso instante, nada ni nadie podría acabar con esa cálida y agradable sensación.

—¡Mamori-neechan!

Falló. Sí había alguien que podía acabar de un plumazo con esa placentera sensación y cuando encontrara al jodido autor del gritito que entraba por sus tímpanos, lo destruiría, lo haría pedazos, el infierno entero temblaría por sus jodidos actos…

Hiruma giró la cabeza un poco y al abrir los ojos vio al pequeño causante del grito que lo había sacado de su tranquila mañana. Un humano. El chico suspiró, era cierto, no estaba en el infierno.

Algo entre sus brazos se comenzó a revolver y captó la total atención del demonio, que en cuanto vio lo que era abrió sus ojos a más no poder, horrorizado ante sus propios pensamientos al haber pensado siquiera en lo bien que se sentía el roce.

Mamori no quería despertarse, estaba en la misma gloria y seguramente era muy temprano. Por un momento había podido reconocer la voz del chico que había gritado, era Sena, llamándola. Era muy posible que se hubiera metido en un lío con los gamberros de la aldea y necesitaba que lo ayudara… quería hacerlo pero… por otra parte... se encontraba tan bien…

Los ojos de la chica se abrieron lentamente ante la llamada de su amigo encontrándose de frente con unos ojos verdes que reconoció al instante. Se paró en seco durante unos segundos demasiado asustada y confundida como para moverse ¿Qué hacia el demonio allí?

Los dos se separaron en una milésima de segundo sin saber como habían llegado a estar en una situación tan extraña como esa. Mamori se sonrojó de sobremanera, había dormido con un hombre y no se acordaba de cómo habia llegado él allí ¿Qué había pasado exactamente? Miles de preguntas sin respuesta se amontonaban sin sentido en su cabeza debido a la vergüenza que estaba sintiendo en ese momento y solamente se dio cuenta de la presencia de su amigo, al oír como intentaba despedirse aun completamente anonadado.

—Ma…Mamori-neechan… esto… es… estamos molestando… me… mejor nos vamos… ¡Adiós!

—No… esto… Sena esto tiene una explicación ¡Espera!

Sena cogió por la ropa a Monta, que aun seguía en un completo shock, y se fue corriendo a toda velocidad de la casa dejando a una Mamori asustada rezando para que el problemilla del demonio que había encontrado por arte de magia en su cama no saliera de la boca de los dos jóvenes.

—¡Tú!—Dijo girando la cabeza hacia Hiruma—Tú tienes la culpa de esto ¡¿Cómo se supone que lo voy a solucionar ahora?!

—Es problema tuyo maldita mujer, tú me metiste en tu cama.

—¿Qué? ¿Es una broma cierto? ¡Yo no te metería en mi cama ni fuera de mis cabales!

La chica comenzó a ponerse roja de rabia, estaba claro que ella tenia un sueño profundo y no se despertaría ni aunque media aldea le gritara en el oído, pero ver que un demonio pervertido le recriminaba por haberlo metido en su cama cuando estaba completamente segura de que nunca metería a alguien por la fuerza entre sus sábanas, era el colmo. O… tal vez lo metió cuando estaba dormida… pero, de todas formas… ¿Qué hacia él en su habitación si lo había dejado dormido en el árbol?

—Y… y si por un casual te he metido en mi cama… ¿Qué has venido a hacer a mi habitación? ¿Por qué no te has ido cuando te he metido? ¡No tienes ningún derecho a arrastrarte entre las sábanas de una señorita joven y guapa como yo!

—¿Señorita? ¿Guapa? Que graciosa… ¡Para mí tienes el mismo encanto que una maldita alcachofa! ¡Después de todo solo eres una maldita cena tibia para un demonio como yo!—El demonio sonrió mostrando sus perfectos y afilados dientes en señal de burla.

—¡Responde!—Mamori se dio cuenta de lo que había dicho el demonio—¿Al… alcachofa? Pe… pero serás…

—Dios, tuve que haberte estrangulado cuando tuve esa maldita oportunidad…

—Así que lo que viniste a hacer a mi cuarto era…—Mamori se paró en seco durante unos segundos— vino a matarme

Mamori puso cara triste, estaba totalmente decepcionada, estaba claro que llevaba despierto solamente un día y en tan poco tiempo no iba a cambiar pero… aunque se esperaba esa reacción en algún momento esas palabras la hirieron más de lo que pensaba. Lo había salvado y él quería acabar con ella para recuperar los poderes demoniacos que le había quitado, o al menos, él pensaba que los recuperaría así…

—¿Viniste a matarme para recuperar tus poderes?

Hiruma estaba dispuesto a responder, a dejarle claro que la mataría si hacia falta, pero cuando vio su rostro se paró en seco. Esa mujer estaba demasiado confiada. Sus ojos no demostraban miedo o tristeza como hacia unos segundos, a través de ellos solo se podía ver confianza y fuerza, lo estaba provocando, esa maldita humana estúpida lo estaba provocando.

—Déjame decirte una cosa Hiruma-kun…—La chica se levantó del suelo mirándolo desafiante—Si por un casual muero, tus poderes morirán conmigo y si el colgante se rompe pasará lo mismo ¿no lo sabias?

Hiruma se levantó del suelo como si le fuera la vida en ello, si esa humana tenia razón entonces estaba completamente atrapado en el mundo terrenal sin ninguna posibilidad de volver a ser un demonio, o tal vez ella se lo estaba inventando para que él no acabara con su vida.

El muchacho comenzó a dudar y miró a la chica a los ojos. No era una mentira, él lo sabia, esos ojos azules no mostraban ningún signo de nerviosismo, más bien una confianza plena en sus palabras. Definitivamente estaba totalmente atrapado en ese lugar.

Estaba comenzando a desesperarse, era la primera vez en su vida que sus planes fallaban, que sentía desesperación, que se sentía totalmente atrapado, que se sentía débil. El chico completamente fuera de si mismo acorraló a la muchacha contra la pared de la habitación intentando parecer amenazante.

—¡¿Cómo puedo recuperar mis poderes maldita mujer?! ¡Habla!

—Solo hay una forma y créeme que no lo vas a conseguir por ahí.

—¡¿Qué forma?!—gritó él con todas sus fuerzas.

—Solamente puedes recuperar tus poderes si yo te libero. Tus poderes están atados a mi, por lo tanto si me haces algo despídete de ellos.

Hiruma se separó de ella y comenzó a reírse como un loco. Atrapado. Estaba completamente atrapado porque sabía de buena tinta que esa mujer no lo liberaría nunca, parecía ver através de él y estaba seguro de que ella sabía que si lo liberaba volvería a intentar arrebatarle sus poderes.

Mamori parecía algo intranquila, algo le molestaba y Hiruma la vio acercarse sigilosamente hacia el arco agarrándolo bien fuerte. Algo iba mal. Tal vez iba a matarlo aunque podía asegurar algo, que ya no le importaba lo que pasara.

—¿Vas a matarme?—Dijo Hiruma con una sonrisa

—No, ahora eres humano y yo no atacaría nunca a uno de los míos, mis poderes no son para eso… más bien… necesito encargarme del demonio que está detrás de ti.

El chico se giró encontrándose de frente con un demonio alado y horrendo. Ese demonio poseía seis patas, como un insecto, y una pequeña cabeza con sentidos totalmente desarrollados, su boca contaba con un doble juego de dientes afilados que seguramente triturarían cualquier cosa que se llevara a la boca. En resumen, parecía bastante letal.

Perfecto, otro demonio ¡Como si no tuviera bastante con una humana!—Pensó Hiruma.

—Hiruma… ¡Los poderes de esa mujer serán de mi amo!—Dijo el demonio desplegando sus alas.

El demonio alado se abalanzó sobre Hiruma que consiguió esquivarlo como pudo pero se dio cuenta que él no era el objetivo, ese demonio se lanzaba directo hacia la chica. Mamori, que había visto desde el principio las verdaderas intenciones del menor, subió un poco su arco y de un solo disparo, consiguió atravesarlo. Ese demonio era grande, pero no era rápido y sus reflejos eran muy pobres, por eso consiguió acabar con él tan rápido.

—¿Era amigo tuyo como la serpiente menor?

—Esa serpiente era solamente una esclava y no tengo ni idea de quién ha podido mandar a ese maldito bicho con alas. Aunque sé perfectamente a por qué vino aquí.

Mamori se giró para poder mirar al chico que en ese momento tenia una expresión que le daba un poco de miedo. Ese muchacho tenia una capacidad innata para poner algún tipo de expresión terrorífica, simplemente con mostrar toda esa fila de dientes perfectos y puntiagudos y poner ojos amenazantes podía producir una sensación de miedo en pocos segundos, sin duda había sido un demonio.

—¿Po… por qué vino?—Preguntó la chica tartamudeando un poco al ver semejante expresión bizarra.

—Por tus poderes, era una respuesta fácil ¿no crees? Kekeke.

—Sí pero… ¿Por qué ahora y no antes? —La chica suspiró frustrada—¿Por qué todos esos demonios han empezado a atacar justo después de que tú lo hicieras? No lo entiendo…

—Son cosas de demonios, a una maldita niña como tú no le interesa lo que se cuece en el infierno.

El chico se giró dispuesto a largarse de allí lo más rápido posible, le ponía enfermo esa cara de cordero degollado que ponía esa maldita humana, le recordaba que el león había perdido frente a un maldito corderito indefenso y no tenia porque aguantar tanto tiempo frente a ella recordándoselo.

Algo suave y calido paró su huida en seco jalándolo del brazo e impidiendo que abandonara la habitación. Mamori, lo había cogido del brazo intentando que ese demonio le respondiera lo que quería saber.

—No son solo "cosas de demonios" Hiruma-kun, si lo que quieren hacer es matarme, automáticamente pasan a ser cosas mías también—La chica apretó más fuerte el brazo de Hiruma impidiendo que se soltara— ¿Por qué atacan ahora?

Hiruma observó la mano que lo agarraba fuertemente de su muñeca y esos ojos azules que presentaban un aspecto más firme que hacía unos minutos y no pudo contener la risa. Esa maldita tonta intentaba ser intimidante e intentaba amenazar al rey de las amenazas, debía admitir que para ser una simple humana tonta, era bastante interesante…

—Lo nunca visto, mi jodida comida intentando intimidarme…

—Deja de burlarte Hiruma-kun, lo digo en serio, por favor…

El chico la volvió a mirar a los ojos. En parte ella tenia razón, obviamente eran sus asuntos también y si se lo contaba tal vez iría por ahí con más cuidado y no le quitarían sus poderes antes de que él recuperara los suyos, pero por otro lado, él era un demonio y como tal, no tenia que darle explicaciones a una humana estúpida como ella, y menos aun contarle los secretos del infierno. Aunque ahora que era un simple humano, tal vez era mejor asegurarse de que su presa estaba enterada de lo que le harían los otros demonios para capturarla hasta que él recuperara su poder.

—Está bien, pero si te cuento esto maldita humana estúpida espero que sepas aprovechar toda la información.

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Sena no podía parar de correr, había visto algo demasiado extraño y definitivamente debía ser un sueño, un sueño raro, pero un sueño después de todo. Ese hombre que había en la cama de Mamori-neechan no podía ser real, como mucho un producto de su imaginación provocado por las charlas con su amigo Monta sobre lo destrozado que estaría si "su Mamori-san" encontrara un hombre de quien enamorarse que no fuera él.

Sí, seguramente se estaba volviendo loco por tanta conversación con Monta sobre Mamori, era imposible que ella estuviera de esa manera con un hombre. Estaba claro que su amiga tenia muchas partes buenas y un carácter muy agradable, seguramente Monta no era el único al que le atraía la chica, aunque muchos no lo dijeran por miedo a lo que pudieran pensar en la aldea, pero ella no había presentado nunca interés alguno por ningún hombre.

Por otra parte estaba ese chico que había encontrado durmiendo con Mamori, era extraño y terrorífico, la mirada que le dio cuando se despertó era realmente aterradora y además, era la primera vez en toda su vida que lo veía, no era un hombre de la aldea. Debía ser solamente un producto loco de su imaginación adolescente.

El chico siguió corriendo a toda velocidad sin mirar a donde se dirigía, para borrar de su cabeza esa imagen loca producto de su desbordarte imaginación, hasta que un golpe seco lo paró. Algo lo frenaba, justo después del golpe se había dado cuenta de que alguna cosa lo había frenado, más bien, algo que lo sujetaba con todas sus fuerzas lo había frenado.

Miró para atrás para ver de que se trataba exactamente descubriendo para su sorpresa la mano de su amigo Monta agarrándolo por el brazo, aunque solamente se veía su mano ya que el resto de su cuerpo estaba empotrado contra un árbol.

—¡Monta!—Gritó el chico preocupado por su amigo.

Se había olvidado completamente de Monta, había salido de casa de Mamori arrastrándolo de mala manera y se había olvidado completamente de él metido en sus pensamientos, suponía que al no reparar en él, mientras corría, lo había zarandeado y llevado por todas partes hasta que lo empotró contra ese árbol.

—¿Monta estás bien? ¡Lo siento! Monta, ¿me escuchas?—El chico lo movió preocupado.

—¿Sena? ¿Qué hago aquí? ¿No íbamos a ver a Mamori-san?—Dijo con una voz algo débil—¿Por qué hay tres Senas?

Sena miró a su amigo con los ojos bien abiertos, lo había empotrado contra un árbol pero tal vez había sido mejor porque parecía haberse olvidado del asunto que lo había dejado en un completo shock, aunque aun así, se sentía muy culpable por haberle hecho eso a su mejor amigo.

—Esto… en verdad ya hemos ido a ver a Mamori-neechan y no te preocupes está… bien…—Dijo no muy convencido.

—¿Y por qué no me acuerdo yo de eso? ¿Me estás mintiendo?—Preguntó Monta con un claro tono de acusación.

—Bueno… Cuando hemos salido de casa de Mamori-neechan…—Se paró a pensar un rato—Hemos hecho una carrera para ver quien llegaba antes a casa y como me ibas ganando has mirado atrás un momento y no has visto el árbol, en resumen, te has empotrado contra ese árbol de ahí.—Sena lo dijo todo demasiado rápido.

El muchacho esperaba con toda su alma que esa mentira ahuyentara a su amigo de volver a ver a Mamori a su casa, porque tenia la sensación de que ese "espejismo" que creía con todas sus fuerzas que no existía, no era tan irreal como pensaba. Además, era mejor decirle eso que no decirle que había sido él el que lo había empotrado sin querer contra ese árbol.

—¿Yo te estaba ganando a ti? ¡Dios mío! ¡Eso sí que es poder-max! Estuve a punto de ganarle al corredor más rápido de toda la aldea.

El pequeño chico suspiro, se sentía culpable por decirle esas mentirijillas pero bueno… no podía hacer otra cosa, definitivamente era mejor mentirle con eso a que se volviera a quedar en shock por culpa del chico que estaba con la "chica se sus sueños" como bien la llamaba Monta.

—Ahora entiendo porque veía a los tres Senas…

—¿Ya estás mejor? ¿Sigues viendo triple?—Dijo Sena aun preocupado.

—No… ya no veo triple—Comenzó a reírse—Lo que veo ahora es un perro gigante detrás de ti ¿A que es gracioso?

—Sí, es muy gracioso… ¡Espera!—Sena abrió los ojos como si fueran dos platos—Pe…¿Perro…? ¡¿Perro gigante?!

Sena no se había dado cuenta hasta ese momento de esa extraña sensación en su cuello, como si algo calido y húmedo se empotrara contra la parte trasera de su cuello, algo como el aliento de un animal hambriento.

El chico se giró lentamente encontrándose justo detrás de él a un perro gigantesco de color marrón claro con unos colmillos realmente imponentes, unos ojos demoniacos que demostraban claramente que estaba de mal humor y algo extraño en su cuello, algo parecido a unos pinchos que lo hacían ver aun más amenazante.

—Esto… Monta… el perro gigante… yo también lo veo…—Tartamudeó Sena en voz muy baja intentando no molestar al animal.

Los dos chicos empezaron a reír nerviosos, aunque su cara demostraba claramente el terror que sentían ambos en un momento tan delicado como ese. Sena y Monta se miraban confundidos y asustados, delante de ellos, había un autentico demonio perro con cara de malas pulgas relamiéndose, definitivamente eran hombres muertos.

El perro se acercó lentamente a ellos y enseñó ,aun más si se podía, esa fila de dientes afilados que podrían triturar, sin lugar a dudas, un trozo de metal. Los chicos se volvieron a mirar y después de una cuenta atrás, que solo escucharon ellos, salieron corriendo dando todo lo que sus piernas les permitían. El perro demoniaco salió justo detrás de ellos intentando alcanzarlos después de un gruñido la mar de feroz.

—¡¿Por qué siempre nos tiene que pasar todo a nosotros?!—Gritó Sena intentando acelerar el ritmo ya que el perro era muy rápido.

—¡Calla y corre! ¡Que nos come!—Dijo Monta que iba a ponerse al mismo nivel que Sena.

El perro gigante se lanzó hacia ellos con la boca bien abierta para devorarlos de un solo mordisco, pero los dos pequeños chicos lo esquivaban como pudieron. Era increíble que todo eso les estuviera pasando a ellos, solo podían correr, era lo único que podían hacer para no acabar en el estómago de ese perro demoniaco. Necesitaban alguien o algo que les salvara y no pensaban que ninguna persona de la aldea pudiera enfrentar a un demonio de esas características, o tal vez, sí existía una persona…

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Antes de nada, lo siento mucho por el retraso, esta vez no hay escusa que valga, he tardado medio siglo en actualizar, de verdad, lo siento, espero que el capítulo esté a la altura de la espera.

En este capítulo no sé que decir la verdad, creo que Hiruma está demasiado OOC y no he hecho todas las partes Hirumamo que me gustaría, pero bueno, supongo que a veces la inspiración no viene cuando toca -.-"

Bueno, ¡muchas gracias a todas las que escribieron review, a las que leen mi historia y por supuesto, a las chicas del grupo de Face! (y a algún que otro chico que seguro hay por ahí)

Y también, muchas gracias a KaguraMi por el regalo de cumpleaños que me hizo, ¡me encanto el capítulo! ¡Merci beaucoup! ;)

¡Espero que os guste! Y ¡Gracias de nuevo!

Rei sama18