-El sello del ángel-
Capítulo 5: Niños
Hiruma suspiró mirando al cielo. Al parecer tendría que convivir más tiempo con esa maldita niña de ojos azules y sonrisa cálida, y aunque deseaba con todas sus fuerzas recuperar sus poderes, no le importaba tener que estar más tiempo con ella, porque por un lado, había encontrado a un espécimen bastante interesante. Miró a la chica colocándole las hierbas medicinales al perro demoniaco en una de sus patas y sonrió. No era un espécimen interesante, era una estúpida mamá gallina y eso, aunque lo negara con todas sus fuerzas, le estaba empezando a gustar.
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Habían pasado unas cuantas horas desde todo el jaleo que se había montado con los demonios y aunque estaba cansada, había pasado toda la noche velando al pequeño perro demonio. No se veía nada bien y aunque Hiruma no hacía nada más que repetirle que aun sin cuidados el pequeño animal se recuperaría, no se fiaba para nada de sus palabras, después de todo, había intentado quitarle los poderes cuando lo liberó, siendo así, era muy normal que no creyera en nada de lo que dijera. Ese demonio era traicionero, vulgar, orgulloso, cabezota y sobretodo, tenia la sensación de que tras esa mirada diabólica ese chico estaba tramando la forma de ser libre de nuevo.
Aun le costaba creer todo lo que le había pasado desde que ese demonio había aparecido en su pacifica vida, él lo había revolucionado todo de arriba abajo y había hecho que cada día para ella fuera una aventura por sobrevivir en ese mundo cruel y despiadado que se presentaba ante sus ojos.
Echaba mucho de menos su anterior vida, donde ningún demonio de la corte la atacaba y donde los perros no eran perros demonio sino bolitas de pelo que podías acariciar, y sobretodo, echaba de menos a los niños, darles clases, estar con ellos casi todo el día hasta devolvérselos a sus madres a la hora de comer, eso, la hacía sentirse menos sola. Aunque bien visto, ahora no estaba sola. Tenía a un demonio con los poderes sellados que no paraba de observarla en todo el día para ver si se descuidaba y arrebatarle sus poderes, y un perro demoniaco que podría comérsela en cuanto mejorara un poco. En definitiva, no se sentía sola, se sentía como un bol de arroz esperando a ser devorado.
Mamori miró de reojo al chico que seguía observándola sin parar mientras ella le cambiaba los vendajes al perro, que la miraba de reojo aun inmóvil. Desde que volvió a ser humano, Hiruma, no había hecho nada extraño, a parte de observarla. Se había comido lo que ella le preparó para cenar sin quejarse absolutamente de nada y no había dicho ni una palabra a parte de que dejara de vigilar al perro porque éste se recuperaría solo.
Le daba muy mala espina que no dijera absolutamente nada, simplemente estaba ahí, observando todos sus movimientos, callado. Sentía su mirada tan clavada en ella que se estaba poniendo cada vez más nerviosa, no entendía qué quería descubrir con esa mirada tan fija pero si era una táctica para ponerla de los nervios, lo estaba consiguiendo.
Mamori se paró un segundo y se puso a pensar un minuto, ¿Cuántos días había descuidado a los niños del pueblo? No lo había pensado hasta entonces. Llevaba varios días desaparecida y si alguna de las madres de los niños iba a preguntar lo que ocurría para que no hubiera ido a darles clases descubriría a Hiruma y a Cerberos en su casa. Lo de Hiruma era menos grave porque después de todo era humano, pero eso no quitaba que fuera un hombre y en esa época convivir con un hombre que no fuera de su misma familia o fuera su marido, era algo bastante grave, aunque lo de esconder y curar a un demonio perro aun era peor. ¿Y si la descubrían? Tenía que empezar a hacer vida normal o sino la lincharían y matarían como hicieron con sus padres.
La chica se levantó y fue a buscar su arco bajo la atenta mirada de Hiruma. Decidió irse sin decirle nada, no quería que él supiera adonde iba porque si se lo decía podría utilizar a los niños en su contra, intentar amenazarla con alguno de ellos. Estaba segura de que se aprovecharía de la debilidad de los niños para recuperar sus poderes demoniacos, después de todo era un demonio y los demonios eran crueles y despiadados, incluso él le había dicho que no se fiara de ellos y como él era, o había sido, un demonio, suponía que de él tampoco podría fiarse.
—¿A dónde vas maldita mujer?—Dijo Hiruma al ver que Mamori se intentaba marchar.
—Bu…eno… a conseguir algo de comida… Solo tengo comida para una sola persona pero ahora contigo y con Cerberos pues…—Intentó explicar la chica.
—Mientes. Lo veo en tus ojos—Hiruma se levantó y fue acercándose a ella poco a poco—No sabes mentir maldita humana.
—No miento. Es eso. En serio…
El chico la observaba de nuevo sin decir absolutamente nada. La miraba fijamente con esas dos esmeraldas que tenia por ojos, clavándoselas en sus propios ojos para intentar descubrir si mentía o no. A ese paso no podría salir de allí, así que Mamori hizo algo de lo que, después de pensarlo por mucho tiempo, no se enorgullecía para nada. Correr. La chica salió corriendo de allí, escuchando en su huída todo tipo de maldiciones dichas, seguramente, por el demonio quien no se esperaba que ella huyera de esa manera.
La muchacha se introdujo en el bosque intentando que Hiruma le perdiera la pista y después de un rato de su fugaz huida, miró a todas partes para ver si lo había conseguido. Parecía que después de todo el demonio no la encontraría, pero antes de darlo por hecho quería asegurarse por completo. Agudizó un poco más su oído e intento ver si alguna de las ramas o hiervas se movían al compás de los pasos de alguien, pero a parte de un conejo que pasaba por allí no había ningún ser vivo más con ella.
Mamori suspiró. Por fin podría intentar hacer vida normal, parecía que Hiruma ni siquiera se había molestado en seguirla en su huida, después de todo, ni siquiera le importaba lo que hiciera, él solo estaba interesado en recuperar sus poderes y conseguir quitarle a ella los suyos.
Algo en su interior la entristecía un poco al pensar en esas cosas y no sabía el porqué, desde el principio, él tenía esas intenciones y en unos cuantos días no iba a cambiar de parecer por mucho que ella deseara que él dejara de aprovechar cada momento para intentar volver a su verdadera forma.
La chica movió la cabeza a los dos lados para quitarse esos pensamientos estúpidos de la cabeza y continuó su camino hacía el pueblo, sin saber, que unos ojos malignos la observaban desde las ramas de los árboles poniendo mucha atención a cada uno de sus movimientos.
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Minutos después, Mamori entró al pueblo dándose cuenta de que pasaba algo muy extraño. Todo el mundo la miraba al pasar. Era cierto que siempre que iba a la aldea llamaba mucho la atención entre muchas de las personas que había allí pero ese día era diferente, las miradas que le brindaban los aldeanos eran distintas. No eran las miradas duras y acusadoras de las otras veces, esas miradas que la hacían estremecerse cada vez que pasaba por allí, eran más bien miradas curiosas y cómplices que la analizaban de arriba a abajo.
Nunca había sentido que nadie la mirara así, sin embargo, ese día, toda esa gente la miraba de forma extraña y no tenía ni idea del motivo por el que la miraban con tal interés, aunque la experiencia le decía que era mejor no saber el motivo.
Al ir recoger a los niños descubrió algo bastante interesante, Sena y Monta le habían contado a Suzuna que la habían dejado sola con un demonio horrible y que se sentían culpables por ello, lo que preocupó a Suzuna que terminó preguntándole a su hermano si había visto a la chica por algún lugar ya que un demonio perro la había atacado y no sabia si estaba con vida o no, a lo que su hermano, sin previo aviso, fue contando por toda la aldea que Mamori había vencido a un demonio muy poderosos con sus poderes, lo que hizo que los aldeanos se replantearan lo de que ella fuera un demonio y comenzaran a verla más como la persona que los protegía de todos esos seres oscuros, o eso le había contado la madre de uno de los niños.
Al llegar a casa de Akari, la madre de la niña la recibió de forma muy rara, de normal, era distante, le agradecía desde lejos y le costaba dios y ayuda dejar a la pequeña niña su cuidado pero en una milésima de segundo, le entregó a la niña sin rechistar y además la había llegado a abrazar. En resumen, la falta de costumbre ante esas muestras de afecto la hacían verse como una tonta al no saber como reaccionar correctamente a las palabras amables y sinceras de personas para las que hacía pocos días solo era una mujer de origen desconocido. Para ella, todo era demasiado extraño.
Los niños sin embargo se comportaban como siempre, después de todo, era sabido por todos que el alma inocente de los niños era lo que mejor sabía diferenciar entre el bien y el mal y, aunque sus madres se empeñaran en intentar que la trataran mal o que directamente no le dirigieran la palabra, esos niños siempre la habían tratado bien, desde el principio, y sus caritas de reproche por haberlos dejado tanto tiempo sin clase le habían recordado, en una milésima de segundo todo lo que los quería y lo mucho que los había echado de menos durante esos extraños y peligrosos días.
Y no solo era eso lo que echaba de menos: la monotonía, la tranquilidad, todas esas pequeñas cosas que nunca había visto tan importantes pero que tras la aparición del demonio habían hecho acto de presencia en sus pensamientos como lo que más extrañaba de su vida.
Tal vez era cierto que las cosas más pequeñas eran lo que más apreciaban los seres humanos en el interior de sus corazones y en ese momento, ella, después de tanto tiempo sin darse cuenta, había descubierto la razón que tenían esas palabras.
—Ma… Mamori-neechan—Se escuchó una voz detrás de ella.
Mamori reconoció la débil voz que la llamaba como la voz preocupada y tímida de Sena y se giró para recibirlo con una amplia sonrisa, también lo había extrañado muchísimo, al igual que a Monta quien también estaba allí con un aire avergonzado en su mirada.
—¡Sena! ¡Monta! ¡Que bien que estéis bien! ¿No estáis heridos verdad?
Mamori se puso a darles vueltas a los chicos para ver si tenían algún rasguño descubriendo que parecían estar perfectamente, lo que la extrañó ya que si estaban bien no entendía esas caras tristes y esa muestra de dolor de los ojos de los dos muchachos.
—Mamori-neechan… ¡Lo sentimos mucho!—Dijo Sena a todo pulmón y doblando su cuerpo en una reverencia a modo de disculpa.
—Te dejamos sola con esa monstruo infernal Mamori-san… ¡De verdad que lo sentimos! Podrías haber muerto devorada por nuestra culpa—Dijo Monta a punto de llorar al pensar en una vida sin su adorada Mamori.
Los ojos de los niños se clavaron en la chica para ver qué clase de respuesta le daba a los dos muchachos pero ella no parecía tener intención alguna de hablar, más bien, la muchacha, estaba intentando mostrar una de sus tan afamadas sonrisas: una sonrisa comprensiva, sin ninguna pizca de reproche o queja.
Mamori jamás pensaría en ningún momento de su vida en reñir a esos dos chicos por haber ido a pedir su ayuda, más bien, le gustaba que tuvieran tan en consideración su fuerza y destreza con los demonios porque después de todo, le encantaba proteger a la gente a su alrededor y pensaba que ese era su gran cometido en la vida, proteger a cada uno de sus adorados amigos, y esos dos tiernos muchachos no iban a ser una excepción.
—Chicos… en verdad no tiene importancia, miradme, estoy aquí ¿no?—Dijo Mamori aun con una sonrisa en sus labios.
—Mamori-san…—Comenzó a lloriquear Monta al escuchar a su amiga.
—Aunque…—Comenzó la chica.
—¿Aunque…?—Preguntó Sena al ver que la chica se paraba en medio de la oración.
—Tal vez podríais hacer algo para saldar vuestra deuda conmigo—Mamori sonrió—¿Qué tal si me ayudáis hoy con los niños? ¿O no queréis jugar con Sena y Monta niños?
Los niños empezaron a gritar que sí y a estirarles de las mangas de la yukata a ambos para que se fueran con ellos a jugar, ya que varias veces los habían acompañado y se lo habían pasado muy bien con los dos adolescentes. Sena y Monta se miraron fijamente el uno al otro en una mirada cómplice y sorprendida. Los dos muchos sonrieron ampliamente y aceptaron la proposición de su amiga comprendiendo por fin que ella jamás les reprocharía, y que después de todo, no había pasado nada grave.
En medio de todo el jaleo que se había montado alrededor de los dos muchachos, los gritos contentos de los niños al ver que tendrían más gente con quien jugar aumentaron de sobremanera y una pequeña chica de pelo oscuro se acercó a ellos muy preocupada y emocionada al ver a su amiga de vuelta en la aldea.
—Ma…Mamo-nee… ¡Estás bien!
La chica se lanzó a los brazos de su amiga y la abrazó realmente fuerte, lo que sorprendió a Mamori que tuvo que apoyarse en una pared cercana para poder mantener el equilibro al recibir en sus brazos a la pequeña Suzuna.
—¡Me tuviste con el corazón en vilo todo el día! ¡Eres mala! Todos estábamos realmente preocupados por ti y ni siquiera te acercaste a decir que estabas bien.
Mamori puso mala cara al recordar el porqué no había ido a avisar a sus amigos de que estaba bien y la imagen de los dos demonios que escondía en su casa apareció en su mente como por arte de magia. Definitivamente no podía decirle a Suzuna nada relacionado con Hiruma o con los demonios, contárselo, era demasiado peligroso conociendo a Suzuna.
—Lo siento Suzuna, pero no te preocupes ¿Sí? Estoy perfectamente y Sena y Monta lo han comprobado. ¿verdad chicos?
Los dos pequeños movieron la cabeza en señal afirmativa pero vieron que la chica no se quedaba muy convencida, después de todo Mamori era su mejor amiga y ninguno de los dos chicos se imaginaba como sería perder a alguien tan importante. Suzuna se veía asustada y no quería separarse de Mamori por nada del mundo, después del susto que le había dado incluso dormiría con ella si hacia falta con tal de saber que estaba bien, su amiga estaba siempre sola y no tenía nadie que la protegiera, siempre había sido ella la que protegía a todo el mundo sin esperar nada a cambio, y esperaba, que algún día, su amiga encontrara a alguien que la protegiera de todos los males que habitaban en ese oscuro y solitario bosque.
—Ya Suzuna tampoco es para tanto…—Mamori intentó tranquilizarla tocándole la cabeza.
—¡Qué no! ¡Que no me voy a separar de ti hasta que me haya asegurado de que todo está bien!
—Suzuna…
Mamori paró de hablar un momento, abrió sus ojos a más no poder al escuchar unos pasos acercándose a ellos, y se temió lo peor. Tal vez algún demonio ya la había encontrado y si era así, estaba en un grave problema, no solo estaban con ella los niños, también estaban Sena, Monta y Suzuna por lo tanto estaba poniendo sus vidas en peligro de una manera desorbitada y todo por no estar atenta a cualquier presencia que hubiera en los alrededores, aunque si bien lo pensaba, aun no había sentido nada extraño.
Los matorrales comenzaron a moverse y Suzuna se dio cuenta de lo alerta que estaba Mamori separándose de ella, tal vez su amiga había sentido algo inusual, algo que la había hecho reaccionar de esa manera.
—¿Dónde se va ese enano de Sena cuando uno lo necesita?—Dijo una voz.
—No tengo ni idea de donde puede estar y ya lo hemos buscado por todas partes, tal vez deberíamos hacerlo nosotros mismos en vez de mandarlo a él, acabaríamos antes—Dijo otra voz.
—Mira Kazuki, antes lo dices antes aparece, ahí esta ese enano—Dijo una tercera voz.
Mamori se paró en seco al ver a los tres hombres que habían salido de entre los matorrales, los tres delincuentes de la aldea que habían acosado a Sena desde pequeño, tenían la misma edad del chico pero eran más grandes y corpulentos que él, por lo tanto habían aprovechado esa pequeña ventaja para hacerlo el chico de los recados y muchas veces lo habían obligado a robar para ellos aprovechando la tremenda velocidad que había demostrado tener el pequeño.
Desde hacía muchos años había intercedido por Sena en las peleas con esos tres delincuentes y pensaba que todo se había solucionado porque según lo que le dijo su pequeño amigo hacía un tiempo que esos tres no lo molestaban, pero al parecer, el chico no le había contado la verdad.
—Vamos enano vente con nosotros, te necesitamos para un negocio—Dijo Togano acercándose a Sena.
—E…esto… yo… no…
—¿Qué? No te escucho, ¿estás diciéndonos que no?—Preguntó Koji al ver que el chico no parecía moverse.
—¿No lo oyes? Está diciéndote que no se va a ir con ninguno de vosotros—Dijo Mamori acercándose a ellos para intentar intimidarlos.
Los tres chicos se giraron para mirar a Mamori. Otra vez ella, siempre estaba en todas partes para recordarles que la vida que llevaban no era la correcta y que no debían molestar a su pequeño Sena, era desesperante, para todos menos para Jumonji quien la admiraba por todo lo que era, una mujer amable, guapa y fuerte que era capaz de vivir sola en un mundo tan cruel como ese, pero aunque la admirara no podía negar que era bastante pesada cuando se lo proponía.
—No entiendo para qué os queréis llevar a Sena. Si queréis delinquir ya no os voy a decir nada más, os lo he dicho cientos de veces y nunca me hacéis ningún caso, pero… ¡No me parece justo que intentéis que Sena caiga tan bajo!—Gritó Mamori.
—¿Caer bajo? Pero serás…—Dijo Koji levantando la mano para pegarle.
Jumonji y Togano intentaron pararle porque estaba claro que no estaba pensando claramente al intentar pegarle q una mujer, pero cuando se dieron cuenta, ya era demasiado tarde. Mamori cerró los ojos esperando el inminente golpe que iba a recibir sintiéndose impotente al no poder reaccionar más rápido, pero el golpe no parecía llegar nunca.
La chica abrió uno de sus ojos intentando averiguar qué era lo que había pasado exactamente descubriendo algo que nunca se hubiera esperado: Un hombre con espalda ancha, cabello negro y constitución delgada se presentaba ante sus ojos, Hiruma, quién había aparecido en el momento justo para agarrar al chico del brazo e impedir que la mano del chico colisionara contra la piel de la chica.
—Huh, ¿Quién eres tú desgraciado? Apártate esto no va contigo, es mejor que te vayas si no quieres morir.
Koji sintió como el brazo que el chico de cabello negro presionaba comenzaba a doler debido a que obviamente le estaba apretando cada vez más fuerte. Los tres chicos se quedaron mirando a Hiruma con malos ojos intentando intimidarlo pero obviamente no lo consiguieron, más bien se fijaron en la sonrisa siniestra que apareció en los labios de ese chico extraño. Esa sonrisa hizo que cada uno de los pelos de su cuerpo se erizara en señal de alerta y miedo ¿quién era ese chico monstruoso?
Mamori se quedó muy sorprendida y miró la espalda del chico intentando analizar la situación, ¿Hiruma acababa de parar el golpe para que no le hicieran daño? No podía creérselo, seguramente estaba planeando alguna cosa.
—Qui…quieres pe…pelea? No… no nos dan miedo los tipos co…como tú—Dijo Togano encarándose hacía Hiruma.
El chico empezó a reír a todo volumen bajo la atenta mirada de todos los presentes y haciendo que los tres chicos se empezaran a preguntar qué era exactamente lo que pasaba por la cabeza de ese idiota que parecía no entender muy bien el significado de las palabras que le acababa de decir Togano.
—No me hagáis reír estúpidos hermanos, ¿vosotros me estáis amenazando a mi? Bueno, os voy a dar un consejo, miraros bien antes de amenazar a alguién—Hiruma paró de reír y los miró fijamente—Sudor en las manos, respiración entrecortada, tartamudeo al hablar y ¿estáis temblando malditos cobardes? Tal vez con esos datos deberías daros cuenta de quién intimida a quién aquí kekeke.
Los tres chicos se miraron entre ellos para descubrir si eso era verdad y en efecto, parecían más intimidados ellos por esa sonrisa macabra, que ese chico por sus amenazas. Ni siquiera había dicho una sola palabra para amenazarlos, solo con esa sonrisa había conseguido que los tres estuvieran al borde de la histeria, tal vez deberían retirarse a tiempo antes de que pasara algo peor, no se fiaban de ese psicópata.
—Ey maldita mujer…—Dijo Hiruma girándose hacia Mamori—¿No quieres ordenarles algo a estos tres idiotas? Después de todo te deben una al intentar agredirte.
—¿Pe…pero que dices de ordenar? ¡No nos vengas con tonterías imbécil! No tenemos que hacer nada por ella.—Dijo Jumonji
Hiruma apretó aun más fuerte si podía la muñeca de Koji que aun tenía sujeta y miró a los tres muchachos con una sonrisa que les hizo comprender algo: debían seguir sus ordenes y estar callados o algo malo, muy malo, se cerniría sobre ellos.
—Bu..bueno, está bien, dinos que quieres que hagamos tenemos que disculparnos por lo de antes—Dijo Koji con una sonrisa forzada que escondía un miedo infinito hacia Hiruma.
—No quiero nada en verdad, no importa, al final no ha pasado nada…
—Eres demasiado blanda maldita mujer… haz lo que quieras… pero largaos de aquí antes de que me enfade. Largo.
Los tres chicos se fueron de allí murmurando todo tipo de maldiciones al observar que habían perdido en su pelea contra ese chico nuevo y terrorífico, ¿de donde habría sacado la maestra de la aldea a un hombre tan aterrador como ese? Tal vez era mejor para su salud no averiguarlo.
—¿Qué se supone que haces aquí Hiruma-kun?—Dijo Mamori en un murmullo que solo Hiruma pudo entender.
—Seguirte maldita mujer estúpida, y creo que además lo de seguirte fue la opción acertada—Dijo él siguiendo su ejemplo de hablar en voz baja—No sé si te habrás dado cuenta pero eres un jodido imán para los problemas—El chico chasqueo la lengua en señal de molestia.
—Pero serás… yo o te pedí que me salvaras.
—¿Y dices que tenia otro remedio maldita humana? Tu eres mía, eres mi presa y no voy a dejar que otro depredador te ponga las manos encimas hasta que lo haya hecho yo—Dijo Hiruma con una sonrisa demoníaca desencajando su rostro.
—¿Qu…qué? ¡No me trates como a un plato de arroz!—Dijo Mamori completamente roja.
La chica se alejó de él debía parecer una autentica idiota al haberse sonrojado por eso pero, en verdad ni siquiera sabía el porqué de ese horrible sonrojo que mostraban sus blancas mejillas. ¿Tanto le habían afectado esas palabras? Tu eres mía, eres mi presa y no voy a dejar que otro depredador te ponga las manos encimas hasta que lo haya hecho yo. Esas palabras aparecieron de repente en la mente de Mamori con una consecuencia clara, el aumento constante de su sonrojo.
Suzuna miró la escena sin entender muy bien lo que acababa de pasar, un chico extraño de la edad de su amiga había aparecido de repente para salvarla de el golpe de ese matón pero… ¿quién era él? Era la primera vez que lo veía pero parecía que su amiga sí que lo conocía y muy bien. Suzuna observó como la chica se acercaba a él y le decía algo en voz baja, algo que no entendió y luego se dio cuenta de algo, ¿Mamori estaba sonrojada? ¿Por qué? ¿Qué clase de relación tenían esos dos? Miles de preguntas se amontonaban en su cabeza y necesitaba responderlas todas cuanto antes, o sino, se volvería loca.
—Sena, ¿Quién es él?—Dijo Suzuna en voz baja para que solo Sena la oyera—¿Sena?—Dijo al ver que no respondía.
La chica se acercó más a Sena para averiguar porque no le contestaba descubriendo una expresión demasiado extraña en la cara de su amigo, y no era para menos ya que el pequeño chico no hacía nada más que rememorar una y otra vez lo que vio al abrir la puerta de la habitación de su amiga. Ese chico era el que dormía placidamente con Mamori, en la misma cama que ella, jamás podría olvidarlo y menos aun la mirada que le lanzó al despertarse. Ese chico daba aun más miedo que los tres delincuentes que lo aturullaban a tareas desde pequeño.
—Sena… ¿Lo conoces?—Preguntó Suzuna inocentemente.
—Yo… yo…—Sena miró a Suzuna a los ojos y desvió la mirada al ver lo atenta que estaba a sus palabras—No, ¿Cómo crees que podría conocerlo? No lo había visto en mi vida ¡claro que no!—Sena comenzó a reír muy nervioso y Suzuna se dio cuenta de que algo pasaba.
El pelo de Suzuna comenzó a revolverse en su cabeza y una especie de antenita hecha de pelo comenzó a señalar a su mejor amiga, quien aun desviaba el contacto visual con el chico del cabello negro. Definitivamente pasaba algo entre ellos, no sabía como llamarlo, pero estaba segura de que pronto podría ponerle nombre, ya que descubriría lo que se traían entre manos aunque fuera lo último que hiciera en su vida.
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Después de un rato caminando en medio de un ambiente algo cargado y con un claro silencio incomodo por parte de todos los adolescentes, llegaron al pequeño prado al que Mamori siempre llevaba a los niños, el prado donde se encontraba el árbol de la leyenda, el lugar favorito de Mamori para descansar, relajarse y dar clase a esos pequeños angelitos revoltosos.
Mamori estaba dispuesta a empezar con la clase pero los niños, al ver a Sena y a Monta lo único que querían hacer con ellos era jugar y por supuesto, descubrir quien era el chico que había salvado a su maestra de esos tres matones, aunque ninguno de ellos se atreviera a preguntar de dónde había salido exactamente. Hiruma tenia un aire peligroso y daba un poco de miedo acercarse a él, solo había que ver como había tratado a esos tres matones, era un autentico misterio como lo había hecho pero los había intimidado de tal manera que seguramente tardarían bastante tiempo en volver a plantarle cara a alguno de ellos.
La chica se rindió y dejó a los niños jugar con Sena y Monta mientras ella se sentaba con Suzuna debajo del árbol a disfrutar de esa maravillosa brisa tan relajante que se había hecho presente desde hacia unos minutos. Mamori cerró los ojos y respiró profundamente intentando aprovecharse al máximo de esa sensación de tranquilidad y paz, hacía mucho que no podía disfrutar de esa clase de cosas y por una vez quería hacerlo.
Después de un rato intentando grabar en su piel esa maravillosa sensación de frescor, abrió los ojos encontrándose algo que la descolocó: Hiruma estaba algo alejado de ellas, en el suelo, apoyado en una roca con las pierdas cruzadas y los brazos apoyados detrás de la cabeza, pero que estuviera ahí no era muy extraño, lo realmente raro era que no parara de mirarla con esos ojos verdes profundos, recordándole una y otra vez las palabras que habían salido antes de su boca.
Obviamente esas palabras anteriores eran parte de una amenaza, un aviso de que aun no se había rendido, que nunca pararía de intentar acabar con ella. Un escalofrío recorrió su columna de arriba a abajo y simplemente intentó desviar la mirada hacia los niños intentando ignorarlo todo el tiempo posible hasta que fuera realmente necesario reparar en su presencia, pero a su parecer, cada vez le resultaba más difícil hacerlo.
Suzuna, quien no le quitaba los ojos de encima a Mamori, se dio cuenta de las miradas esquivas que su amiga le propinaba a ese chico. Demasiado sospechosas si se le permitía opinar, lo que hacía que aun fuera más interesante saber qué pasaría si le preguntaba algo relacionado con el tipo de relación que llevaban. No podía esperar.
—Mamo-nee, ¿Quién es ese chico? ¿Hay algo entre vosotros?
La pequeña chica se quedó mirando a su amiga mientras ésta se quedaba totalmente congelada delante de sus ojos para luego reaccionar después de unos segundos interminables. Suzuna observó a Mamori que intentaba en vano no mostrar lo nerviosa que estaba, daría lo que fuera para descubrir qué era lo que pensaba exactamente su amiga que parecía estar en medio de una reflexión interna. Pero el motivo verdadero por el que Mamori se había parado a pensar no era exactamente el que creía Suzuna, más bien, tenía miedo, no sabía que decirle a la chica porque después de todo ese chico era un demonio y Suzuna era demasiado avispada para todo, cosa que hacía muy posible que antes o después se diera cuenta de su secreto.
—En verdad nos conocemos desde hace poco tiempo, es… un viajero que rescaté, estaba muy malherido y lo traje a casa para curarlo, no hay ningún tipo de relación fuera de eso—Mamori no sabía mentir y Suzuna se dio cuenta, aunque lo interpretó mal.
—Sí, claro, un "viajero", espero que se recupere pronto de lo que sea que tenga—Suzuna sonrió—Por cierto, ¿cuál es su nombre?
—Hiruma Youichi—Dijo Mamori sin darle mucha importancia.
—Ya veo…—Suzuna miró al chico intentando analizarlo y sonrió.—You-nii es un hombre bastante… interesante.
—Espera, ¿You-nii?—Mamori se quedó mirando a Suzuna y abrió los ojos a más no poder—¿You-nii es Hiruma-kun?—Pensó las chica
Esa chica le ponía nombres "cariñosos" a todas las personas que conocía, a todos menos a Sena, al que casualmente llamaba por su nombre, pero ponerle un mote al demonio no era buena idea y tampoco sabía como iba a reaccionar él si alguna vez le llamaba de esa forma.
De repente, Mamori suspiró vencida por la curiosidad de la chica y miró hacia donde se encontraba Hiruma descubriendo algo que no le gustó para nada: a Akari, una de las niñas, acercándose a Hiruma con toda la curiosidad e inocencia del mundo.
La niña se iba acercando poco a poco al chico que tenia los ojos cerrados mientras intentaba disfrutar también de la suave brisa que corría por ese lugar. Su herida aun dolía un poco por culpa de esa horrible forma humana, si hubiera permanecido en su forma de demonio durante más tiempo seguramente en ese momento ya estaría curado y ese dolor de su costado se habría ido para siempre, no tendría que fingir más que se encontraba en perfecto estado frente a sus enemigos.
—¿Tú quién eres? Nunca te he visto en la aldea…—Dijo una voz suave e inocente.
Hiruma abrió uno de sus ojos para observar quién era la persona que estaba ahí interrumpiendo su tranquilidad y descubrió a una pequeña niña con un Kimono azul que lo observaba bastante curiosa. La pequeña tenía dos grandes y hermosos ojos marrones verdosos y un cabello castaño claro recogido en un pequeño moño detrás de su cabeza.
—Tienes un aspecto extraño, pareces un demonio pero… en verdad eres bueno, protegiste a Mamori-san de esos chicos malos… ¿Eres su novio?—Dijo con una sonrisa en los labios.
Hiruma no pudo evitar sonreír ante las palabras de la niña porque después de todo era una pregunta demasiado inocente y comprometida, ¿El príncipe de los demonios teniendo como mujer a su propia comida? Los niños podían ser demasiado despistados, y podría jurar que casi igual de despistados que esa mujer humana que tantos dolores de cabeza le había dado hasta ahora.
Hiruma giró la cabeza para mirar a la chica por la que la pequeña niña le había preguntado hacia unos momentos descubriendo a la susodicha observando todos sus movimientos con un rostro duro e impropio de ella, no era difícil adivinar porque estaba así, esa mujer temía que le hiciera daño a uno de sus lindos "cachorritos".
El chico sonrió de forma torcida a Mamori mostrándole toda su fila perfecta de dientes blancos y puntiagudos mientras se incorporaba un poco al mismo tiempo que trasladaba una de sus manos hacia la pequeña niña que miraba al chico sin comprender muy bien qué era lo que estaba haciendo.
Mamori se levantó sobresaltada de la vera del árbol sagrado y observó horrorizada como el demonio llevaba la mano hacia la cabeza de la niña para posarla en ella poco después. Aunque lo único que llegó a ver a través de sus ojos no fue ningún acto maligno del demonio, como pensaba en un principio, simplemente el chico desordenó un poco el flequillo de la niña en señal de molestia hacia la pregunta que le había hecho la pequeña minutos atrás.
— A ti no te interesa mi vida maldita mocosa, vuelve con los otros niñatos o a tu maldita maestra le va a dar un jodido ataque al verte conmigo.
La niña movió un poco la cabeza hacia el lateral sin entender muy bien a lo que se refería el chico y se giró para marcharse, aunque caminaba despacio y parecía que le costaba volver con sus compañeros debido a la curiosidad que sentía en ese momento por el susodicho muchacho de ojos verdes.
Los sentimientos de Mamori no paraban de dar vueltas en su interior acribillándola con miles de preguntas que según su cerebro nunca tendrían respuesta. No comprendía como era posible que no le hubiera hecho nada a la niña, él mismo le había dicho que los demonios podían hacer cualquier cosa para conseguir sus objetivos así que… ¿Por qué no herirla atizando a alguno de los niños? No lo entendía, pero tal vez y solo tal vez, ese chico no lo había hecho porque no era tan malo como quería aparentar ser o eso, o planeaba algo mucho peor. Estaba tan confundida…
Mamori suspiró y volvió a sentarse ante el árbol intentando ordenar sus pensamientos, sin suerte alguna. Ese chico cada vez la volvía más loca, aunque el más loco de los dos obviamente era él que le ganaba por unos cuantos puntos debido a esa vena de psicópata que le salía algunas veces. Mamori volvió a suspirar aun más profundamente e intentó volver a hablar con Suzuna que parecía estar demasiado callada y eso, en esa pequeña curiosa, era muy extraño.
—¿Suzuna estás bien?—Preguntó Mamori acercando su mano al hombro de la chica.
En cuanto la tocó sintió algo muy extraño que salía del cuerpo de Suzuna, como una especie de poder oscuro que no había sentido antes, un poder proveniente de un demonio menor. La chica giró el cuerpo de Suzuna para mirarla a los ojos, para ver si había alguna reacción de su parte, pero deseó no haberlo hecho. Los ojos de la pequeña chica parecían vacíos y sin vida, no tenían ningún tipo de brillo, ni tampoco daban señal alguna de que ese cuerpo tuviera un alma en su interior. Parecía…
—Parece… muerta…—Pensó Mamori arrepintiéndose al momento de haber pensado tan siquiera una cosa tan dolorosa.
Esos pensamientos hicieron que un escalofrío recorriera su columna de arriba a abajo y no pudo evitar girar su vista para comprobar que los otros estaban bien, aunque lo que vieron sus ojos no fue más que el Apocalipsis hecho realidad. Miró a los niños, a Sena, a Monta y no pudo evitar darse cuenta de que todos estaban igual, con sus ojos sin vida y completamente estáticos.
Giró su rostro para ver si Hiruma y Akari estaban de la misma manera pero parecía que después de todo Hiruma estaba normal, aunque no veía muy bien a la niña que había vuelto a darse media vuelta y caminaba pausadamente hacía un Hiruma que había vuelto a su posición inicial con los ojos cerrados y el cuerpo apoyado en la gran roca en la que se encontraba anteriormente.
De repente, Mamori se dio cuenta de que algo en la mano de Akari, había comenzado a brillar y cuando se fijó más en lo que llevaba se percató de lo que era en verdad, un puñal. Debía parar a la niña, ella no era así, jamás le haría daño a otra persona, de eso estaba segura pero… ¿Por qué iba hacia Hiruma con ese puñal? Y… ¿Qué era esa sensación extraña que sentía? Era parecido al poder de los demonios pero era técnicamente imposible que un poder como ese saliera de una simple niña humana. En ese momento lo entendió todo, el poder oscuro que salía de sus cuerpos, el puñal en la mano de la niña, los ojos vacíos e inexpresivos: Los niños y sus pequeños amigos, estaban poseídos, todos ellos, poseídos por demonios menores controlados, seguramente, por un demonio de la corte.
—¡Hiruma-kun! ¡Cuidado!—Gritó Mamori al ver que la niña levantaba el puñal para clavárselo al chico.
El chico abrió los ojos alarmado por las advertencias de la chica y se encontró a Akira lanzándose hacia él agarrando un objeto punzante que identificó enseguida como uno de los puñales que fabricaban en el infierno. Al sentir el filo del puñal en su rostro pudo esquivar a la pequeña niña, que más que una niña humana parecía un demonio, no sin llevarse un pequeño arañazo en el rostro que comenzó a sangrar un poco. El chico se levantó por completo y siguió esquivando el puñal que la niña lanzaba hacia él con tanta saña, levantando la mano para poder propinarle un golpe seco en el brazo pero algo lo paró.
—¡Hiruma-kun! ¡Está poseída por un menor! ¡No le hagas daño! ¡No es consciente de lo que hace!—Exclamó Mamori.
La chica comenzó a correr para acercarse a Hiruma quien parecía que solo esquivaba a la niña y que no le haría ningún daño. Cuando Mamori se dio cuenta, en medio de su huida, los brazos de Sena y Suzuna la agarraron impidiendo que llegara hasta donde estaba el demonio. Intentó revolverse, escapar, gritar, pero nada funcionaba y sus ojos veían como cada vez más niños con puñales, al igual que Akari, se dirigían al demonio para apuñalarlo.
—¡Hiruma-kun!
Estaba en un autentico dilema, no podía atacar a los niños, tampoco podía dejar que mataran a Hiruma, y el plan que pensaba que Hiruma tenía contra ella no parecía haber sido urdido por el muchacho, que en ese momento tenia muchísimos más problemas que los que tenía ella. Lo veía esquivar niños e intentar no ser tocado por ninguno de esos objetos punzantes, estaba completamente rodeado por esos pequeños inocentes que estaban siendo utilizados como un arma, tenía que hacer algo y rápido.
—¡Maldito escorpión!—Gritó Hiruma sobresaltando a Mamori que no se esperaba que el dijera nada—¡Sal de donde quiera que estés escondido!
Una risa diabólica se escuchó por todos los alrededores y una masa oscura bajó de una de las ramas de un árbol cercano a donde se encontraba Hiruma adquiriendo forma humana. Un chico de aproximadamente la edad de Hiruma, más bajo que él, con una trenza alta y totalmente tiesa salió al encuentro de los dos muchachos sorprendiendo a Mamori, que aun seguía totalmente atrapada por los brazos de sus amigos.
—Vaya, vaya Hiruma, eres rápido, muy rápido, aunque no esperaba menos de ti… ¿cómo conseguiste darte cuenta de que era yo tan pronto?
— Fácil—Respondió Hiruma con una sonrisa desafiante—¿Quién podría usar a unos malditos niñatos que no aumentan más de un palmo para atacarme? Solo alguien tan bajo como tú Kanagushi*.
—Sorprendente, me siento honrado.—Dijo el chico escorpión de forma calmada—Parece que los rumores son ciertos…—Kanagushi sonrió con malicia—Fuiste sellado por una humana y ahora te has convertido en uno de ellos… Interesante… Ya no puedes ser más débil.
Hiruma no pudo evitar que esas palabras lo molestaran de sobremanera, era cierto, había caído tan bajo como para que sus poderes fueran sellados por una humana. Él había sido uno de los demonios más poderosos de todo el infierno, todos los demonios le tenían, como poco, respeto producido por el terror que había conseguido que sintieran por él cada vez que lo veían, se había buscado demasiados enemigos, miles de enemigos que en ese momento, en el que el rumor de que era humano se había extendido como la pólvora en el infierno, irían a buscarlo para acabar con él porque era un simple humano débil.
—Ummm…—Gruñó el chico escorpión—¿No dices nada "príncipe"?—Dijo el demonio con saña.
—No hace falta usar las malditas palabras para decir algo que ya sabes—Hiruma sonrió—Aun con esta apariencia sabes que el demonio más fuerte soy yo.
—Desgraciado… ¡No te reirás tanto cuando acabe contigo! ¡¿Por qué os paráis?! ¡A por él menores inútiles!—Gritó el demonio haciendo al mismo tiempo una señal que apuntaba hacía Hiruma.
Los niños volvieron a atacar y Hiruma siguió esquivando sus puñaladas. No podía agredir a un niño humano y ese escorpión había caído en la cuenta, los niños no actuaban por su propia voluntad, habían sido poseídos por algún demonio menor de los que controlaba ese maldito cobarde, además si le hacia algo a esos niños la chica humana no lo liberaría, estaba atrapado de nuevo y necesitaría la colaboración de la humana si quería salir vivo de ese jaleo.
Hiruma posó sus ojos durante un segundo en la chica humana, que parecía luchar contra la presión y fuerza sobrehumana del agarre de esa pareja de enanos que tenía por amigos. No podía dejar de mirar a los niños porque en cualquier momento podrían rebanarle el pescuezo de una sola cuchillada, pero estaba esperando el momento en el que ella se soltara para que lo hiciera, para que lo liberara, y esperaba que le hiciera caso porque solo tendría un segundo para pararse.
Mamori intentó revolverse entre los brazos de sus dos amigos, aun no podía creer que Sena y Suzuna estuvieran ahí atormentándola, varias veces llegó a pensar que se trataba de una horrible pesadilla pero no, no fue así, lo que ella pensaba que era una pesadilla era demasiado real, todo por culpa de ese demonio escorpión. La chica se revolvió un poco más y pudo soltar uno de sus brazos consiguiendo poco después soltarse del segundo agarre, fue algo rápido pero se notaba que los menores que habían ocupado el cuerpo de sus amigos no eran muy poderosos, así que logró lo que se proponía y empezó a correr dirección a los niños para intentar hacer algo, no sabía el qué, pero tenia que ayudarlos fuera como fuera.
Corrió a toda velocidad hacía Hiruma y los niños pero su carrera no duró mucho ya que Monta se cruzo en su camino junto a otro de los niños impidiéndole el paso. No podía llegar a ellos. Miró a Hiruma con ojos suplicantes, él había sido un demonio, tenía que hacer algo. Sus ojos se cruzaron con los ojos jade del muchacho que en ese momento se había dado cuenta de que ella estaba libre de su agarre y por fin tuvo algo de esperanza.
—¡Maldita mujer libérame! ¡Es la única manera de salvar a esos mocosos!—Gritó Hiruma.
Mamori se quedó estática por unos momentos. Si quería que no pasara nada con los niños tendría que liberarlo, pero liberarlo significaba que él volvería a intentar matarla cuando pasara el peligro, que volvería a intentar arrebatarle su poder, además liberarlo también demostraba que había depositado todas sus esperanzas en él, y el chico podría aprovecharse de esa ventaja para hacer lo mismo que ese demonio escorpión. Herirla a través de los niños. No sabía que hacer.
—¡Libérame maldita humana! ¿O quieres ser devorada por un maldito escorpión que ha usado a tus mocosos como escudo?
La chica se sobresaltó y observó como uno de los niños, al ver que Hiruma estaba distraído gritándole a a Mamori, se lanzó hacia él haciéndole un pequeño corte en la pierna derecha que hizo que su pierna fallara haciéndole caer al suelo.
—Mierda…—Dijo Hiruma al verse acorralado por los niños—¡Piensa con claridad por una vez maldita mamá gallina!
Mamori reaccionó, tocó el colgante y dijo alto y claro las palabras que Hiruma quería oír: ¡Yo te libero príncipe de los demonios! El chico sintió su corazón aumentar sus pulsaciones a una velocidad vertiginosa y experimentó unos dolores punzantes en el pecho que identificó con los dolores de la otra vez. Ella lo había hecho, lo había liberado y sentía como sus poderes regresaban a él.
En un abrir y cerrar de ojos, el cabello que antes era negro azabache se había vuelto de un rubio oro brillante y sus ropajes de humano habían vuelto a ser los ropajes de demonio que tanto echaba de menos, al igual que sus pendientes, sentir como sus orejas pesaban más lo hacían sentir como antes. Aunque lo que en verdad había echado en falta había sido ese inmenso poder fluyendo en su interior.
—Bueno Kanagushi… Ahora sí que podemos jugar, justo como tú querías…—Hiruma sonrió.
La sonrisa de Hiruma se fue ampliando al sentir el miedo en los ojos del muchacho, y no solo era miedo, sino puro terror producido por su poder. El chico escorpión comenzó a temblar y a dar pequeños pasos hacía atrás. Había sido un completo descuidado por no informarse mejor, esa humana podía devolverle los poderes cuando ella deseara, pero eso no era lo que había escuchado en el infierno. Estaba aterrado.
—A…aun tengo a estos críos poseídos, si les haces algo ella te devolverá a tu forma humana ¿no?—El chico comenzó a reírse
—Bueno, eso será si no te mato antes…Porque la posesión se desvanecerá cuando caigas inconsciente ¿verdad? Kekeke.
Hiruma envolvió sus manos con unas esferas negras y como salidas de la nada se materializaron dos pistolas brillantes y con apariencia fría. El chico levantó las armas hacia el demonio escorpión y le apuntó con ellas mientras sonreía de medio lado esperando el momento oportuno para acabar con él.
—No… ¡espera…! No puede ser…—Balbuceó Kanagushi.
—Saluda a los otros de mi parte. Si vuelves vivo…
Y disparó. Cuando el demonio desapareció delante de los ojos de ambos jóvenes tanto los niños como Suzuna, Sena y Monta cayeron al suelo desmayados, y Mamori, muy preocupada por ellos, se aseguró de que cada uno de ellos tenía pulso y de que no estaban heridos o algo peor. La chica suspiró. Parecía que todo estaba en su sitio, estaban desmayados pero pronto recuperarían el conocimiento.
Hiruma la observó detenidamente mientras se aseguraba que todos y cada uno de los mocosos estaban bien. Cuando el chico se giró para intentar ver si había otra presencia por los alrededores, sintió algo cálido tocar la pierna que uno de los niños había conseguido cortar.
Al bajar la mirada encontró a la chica humana sentada en el suelo examinando cuidadosamente el corte. Definitivamente esa humana era estúpida, era un corte pequeño que para un humano sería una herida algo profunda pero que en un demonio se curaría en pocos minutos, simplemente no necesitaba la lastima y preocupación de esa humana, por eso, comenzó a mover su pierna para que ella no pudiera siquiera examinarlo.
—Hi… ¡Hiruma-kun!—Dijo ella haciendo una mueca en señal de molestia—Estate quieto, intento curarte.
—No necesito que me trates maldita humana, soy un demonio, y te recuerdo que estoy aquí para quitarte tus poderes.
La herida de Hiruma comenzó a cicatrizar frente a los ojos de la chica que se quedó bastante impresionada al verlo, aunque había visto muchas cosas extrañas en su vida, y sabía cientos de cosas sobre los demonios, jamás, y repetía, jamás, había visto nada igual. Una cicatrización perfecta en varios segundos, sorprendente, ni siquiera había quedado en esa pierna alguna marca que hiciera pensar que anteriormente hubiera habido una herida en esa zona.
—Me has causado demasiados problemas maldita humana…—Dijo Hiruma con voz ronca y baja.
Hiruma, al sentir que su pierna ya no sería más un problema, bajó hasta la altura de Mamori acorralándola en el suelo y atrapándola entre su cuerpo y el frío suelo haciendo que Mamori pegara un pequeño gritó al sentir tan cerca de ella el cuerpo del demonio. Hiruma decidió acabar cuanto antes, ese jueguecito de estar atrapado en un mundo que no era el suyo lo estaba empezando a cansar, así que se dejó de juegos peligrosos y fue acercándose a los labios de la chica haciéndola temblar.
A medida que se iba acercando, la chica cerró sus ojos fuertemente, sabía que él quería hacerlo rápido, que la iba a besar, y que no le daría tiempo ni siquiera a decir las palabras que volverían a sellar sus poderes, pero, por lo menos, en ese momento su misión estaba cumplida, había protegido a los suyos y todos, tanto los niños como sus adorados amigos, estaban bien.
"Yo… voy a vivir por mis padres y protegeré a las personas que quiero abuela, te lo prometo" Las palabras que le prometió a su abuela hicieron eco en su cabeza, y traspasaron su corazón, no podía rendirse, no contra un demonio y mucho menos si ese demonio era él.
A un milímetro de los labios de Mamori, Hiruma sintió como una mano suave y delicada tomaba su mejilla acariciando el pequeño arañazo que le había hecho la niña suavemente, lo que hizo que se parara de golpe y abriera los ojos observando algo que nunca se había imaginado ver: Los ojos de esa humana se presentaban ante él como dos orbes azules que lo observaban dándole un aire de tranquilidad y serenidad y aunque sus ojos estaban calmos, sus mejillas estaban claramente sonrojadas por la proximidad de sus cuerpos.
Hiruma bajó la mirada al sentir como su corazón comenzaba a pegar botes a una velocidad increíble, casi tan rápido como cuando se encontraba en medio de su transformación demoníaca. ¿Qué le pasaba? ¿Qué era ese sentimiento extraño que hacia a su corazón golpear contra su pecho a esa velocidad desenfrenada? Nunca había sentido algo parecido, pero en ese momento, tan cerca de ella, observando esas esferas azules, las mejillas sonrojadas y ese rostro angelical, no pudo evitar pensar algo que lo dejó completamente en shock: Es hermosa…
Hiruma abrió los ojos a más no poder al analizar bien el pensamiento loco que acababa de salir de su estúpido cerebro. No podía creerlo, haber pensado eso de una humana cuando en el infierno había miles de mujeres que revolucionarían las hormonas de toda la población masculina del mundo terrenal era un pecado para él, ¿Qué le había hecho esa maldita humana?
Mamori al ver que Hiruma se quedaba parado en medio de una lucha interna y que el rostro del muchacho se había quedado totalmente congelado en el tiempo, sin ningún tipo de emoción, pensó en hacer algo para sellarlo ya que parecía que él no se movería nunca de allí.
El muchacho sintió como la mano de la chica seguía acariciando su mejilla y observó como su rostro se acercaba cada vez más al suyo, sacándolo completamente de su mundo interno. La mejilla de la chica tocó la suya haciendo que una especie de escalofrío extraño recorriera su columna vertebral de arriba a abajo y comenzó a sentir un calor extraño más abajo de su estomago al sentir el aliento de la chica en su oreja.
—Yo te ato a mí príncipe de los demonios…—Dijo Mamori en la oreja de Hiruma con un tono más bajo que el de un suspiro.
El cuerpo de Hiruma dio un vuelco y volvió a sentir como su poder se esfumaba ante sus ojos. Esa humana lo había engañado y lo peor, él, el rey de las trampas y los engaños había caído en el intento de seducción de esa maldita niña como un estúpido idiota, porque eso era lo que le había pasado, se había excitado al sentir a esa humana cerca de él porque era extraño verla actuar de esa manera. En ese momento se sentía como un soberano perdedor cayendo en la trampa de esa idiota, ni siquiera se habría imaginado que esa chica pudiera hacer ese tipo de cosas con tal de sobrevivir. Era un idiota.
La chica separó su mejilla de la del chico y se descubrió a si misma a milímetros escasos de sus labios. Abrió los ojos a más no poder y se fijó en algo que no se esperaba, el chico había recuperado su forma humana ¿qué había pasado exactamente? No podía recordar nada que hubiera hecho después de recordar las palabras de su abuela. Miró a Hiruma quien le devolvió la mirada como si estuviera intentando descubrir algo en sus ojos.
Con sus ojos verdes intentando analizarla y algunos mechones rebeldes de cabello negro que le caían por el rostro, Mamori no pudo evitar mantener la vista totalmente fija en su rostro y sobretodo, en sus finos labios. La respiración de la chica comenzó a entrecortarse al sentir que su corazón latía cada vez más rápido y su cuerpo comenzó a moverse inquieto ante la clara proximidad que tenía con el del muchacho.
La chica se dio cuenta de lo que estaba haciendo y sus mejillas comenzaron a cambiar a todos los tonos posibles de rojo, desde el rosa pálido hasta el rojo pasión. No entendía por qué se sentía así, era la primera vez que le pasaba con alguien y tenía la mala suerte de que esa maravillosa sensación estuviera siendo producida por el demonio que algún día, ya que estaba segura de que sería él, acabaría con su vida arrebatándole sus poderes.
Una especie de gruñido de dolor sacó a ambos muchachos de sus pensamientos internos. Tanto Sena como Suzuna habían comenzado a despertarse de ese sueño en el que los habían sumido los demonios así que Mamori como si hubiera sido impulsada por una fuerza divina, empujó a Hiruma lejos de ella mientras se arrastraba hasta donde se encontraban sus pequeños amigos.
—Mamo…nee…—Dijo la chica con voz muy baja—¿Qué ha pasado…?—Preguntó poniendo una de sus manos en sus ojos.
—Nada, simplemente os habéis desmayado por la presencia de un demonio, pero ya no hay problema, todo está solucionado—Mamori sonrió.
—Ya veo…—La chica se giró para el lado donde se encontraba Hiruma extrañándose de que él no tuviera ningún signo de cansancio—¿Me ayudas a levantarme? Tengo la sensación de que me han pegado una paliza—Dijo con una sonrisa agotada en los labios.
La chica ayudó a Suzuna a levantarse mientras miraba a Hiruma de reojo. Desde ese momento, tendría que tener mucho más cuidado cuando estuviera cerca de ese demonio, porque si la sensación que había sentido anteriormente era lo que ella creía, las cosas se iban a ir complicando cada vez más, y si no tenía cuidado, ese demonio usaría esa pequeña ventaja para quitarle su poder, de eso, aunque intentara negarlo por la tristeza que le producía en el corazón, estaba completamente segura. Aunque lo que no sabía la muchacha era que el demonio, en ese momento, pensaba exactamente lo mismo que ella.
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*Sasuke Kanagushi: En el manga y anime de Eyeshield21 sale como el quarterback y capitán de los Dokubari Scorpions, equipo que se centra principalmente en los trucos sucios y en las predicciones sobre los movimientos del equipo contrario.
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Muy bien, y ahora mi comentario de siempre:
Sé que dije que el capítulo estaría el martes o el miércoles pero tuve algún que otro problema técnico en cuanto al tiempo que calculaba tener esta semana. Y sobretodo ¡Siento haber tardado veinte años en actualizar! T.T Pero no os preocupéis, para compensar he hecho este muchísimo más largo de lo normal (unas 5 páginas más largo de lo normal xD)
Y bueno, ¿qué más puedo decir que no haya dicho ya? Estoy muy agradecida a las lectoras de mis fics, gracias a vuestros comentarios crezco cada día más y más como persona y como escritora, además que cuando veo un review en el correo me pongo a saltar de alegría jajaja ¡Muchas gracias por los reviews!
También quería agradecer a las chicas del grupo de facebook, ¡Muchas gracias por vuestro apoyo! Aunque estáis locas y sois unas pervertidas sin remedio (me incluyo) se os quiere ;)
¡Espero que os guste el capítulo!
Rei sama18
