-El sello del ángel-
Capítulo 7: Un Pequeño cambio
Hiruma se subió a uno de los árboles que encontró a mano y se tumbó tranquilamente en una de sus ramas. Debía pensar con claridad antes de volver, todos esos sentimientos extraños lo confundirían en demasía, si no los aclaraba rápido, ya no sabría qué más hacer. Definitivamente esa humana había lanzado un extraño hechizo contra él, no podía haber ninguna explicación más, porque era muy extraño que solo pudiera pensar en que la mujer de ojos azules dejara de llorar.
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En el infierno, un chico de constitución fuerte y rostro afable, incluso demasiado para pertenecer al mundo de los demonios, miraba preocupado para todas partes. Uno de sus mejores amigos, Musashi, le había pedido que fuera a informarse bien sobre todo lo que pudiera descubrir de los demonios que habían ido hasta entonces al mundo de los humanos porque, según su amigo, algunos demonios ya habrían descubierto la debilidad del rey y aprovecharían para ir al mundo terrenal para así poder hacerse con los poderes de la humana a la que su otro amigo había ido a buscar hacía una semana.
Ambos, tanto Musashi como él, habían estado muy preocupados por el estado de su otro amigo, Hiruma, después de todo, el plan de Hiruma era vencer a la humana, robarle los poderes y volver cuanto antes al infierno para que su plan pudiera dar comienzo, pero, después de una semana, aún no había regresado y eso ya empezaba a ser más que preocupante.
En cuanto llegó a la principal ciudad del infierno comenzó a dar vueltas por todas partes, la gente parecía murmurar sobre el mal estado del rey e incluso podía escuchar a algunas mujeres diciendo que nadie había entrado o salido del palacio del rey desde hacía días. Eso no hacía más que levantar las sospechas sobre el mal estado del monarca pero, parecía que nadie había intentado ningún golpe contra él o algo parecido porque nadie hablaba del mundo de los humanos y de la muchacha con la que podrían llegar rápidamente al trono.
—No puedo creer que un demonio de la corte como Habashira haya caído contra esa humana, es demasiado extraño—Comentó una voz masculina algo profunda.
Kurita, quien había escuchado perfectamente la palabra "humana", se acercó sigilosamente a ellos y comenzó a disimular observando unas pieles de un demonio lobo que había colgadas en uno de los pequeños puestos que conformaban esa calle.
—Créetelo—Dijo una mujer demonio de cabello plateado y ojos dorados claramente maltratada por la edad— Esa mujer pudo con Habashira y sus soldados. Cuando Tsuyumine* trajo a Habashira a mi tienda estaba muy maltratado. Vino con heridas profundas rodeadas de un fuerte poder demoniaco, casi no lo cuenta.
—Pero… ¿La mujer que estaban buscando no era humana?—Preguntó el hombre.
—Al parecer esa mujer tiene la protección de un demonio de la corte porque solo un demonio de ese calibre podría hacerle heridas como esas a un igual—Contestó la mujer.
La conversación entre la pareja de demonios cambió radicalmente al tema del rey, y Kurita, al ver que ya no podría obtener más información de ese lugar, salió corriendo como alma que lleva el diablo rumbo al punto de encuentro que había acordado con su amigo Musashi.
Definitivamente las cosas se estaban comenzando a complicar más y más, nunca habrían pensado que otro demonio de la corte poderoso pudiera estar protegiendo a la chica humana porque si lo hubieran sabido, jamás, y repetía, jamás habrían dejado solo a Hiruma con ese monstruo.
Si lo que decía esa curandera era cierto, entonces, Hiruma podría estar herido o algo muchísimo peor, porque después de todo, Habashira no era cualquier demonio, era un demonio de la corte, uno de los más poderosos del infierno, bueno, no tanto cono el propio Hiruma o Musashi, pero poderoso después de todo, y si el demonio que protegía a esa mujer lo había herido de gravedad tal y como decía esa curandera demonio, entonces, ese demonio de la corte debía ser muy poderoso, tal vez demasiado.
—Dios… tengo que darme prisa…—Murmuró Kurita con el aliento entrecortado.
El chico intentó no chocar con nadie en su huida, aunque fue casi imposible, ya que estaba demasiado preocupado y nervioso como para poder esquivar a todas las personas que se amontonaban en las calles de aquella gran ciudad. Esperaba que pudieran llegar a tiempo, se imaginaba lo peor y le tenía demasiado aprecio a Hiruma como para haberlo dejado morir de esa manera.
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El canto de los pájaros la despertó, no sabía cuantas horas llevaba durmiendo pero, por alguna extraña razón tampoco le interesaba saberlo, llevaba la misma ropa del día anterior, ni siquiera se había cambiado, no recordaba muy bien lo que había hecho después de que ese demonio cruel se fuera, pero suponía que había caído rendida después de llorar.
Hacía años que no lloraba por la muerte de sus padres, desde hacía mucho tiempo no tenía la necesidad de ello pero, después de las palabras de ese demonio, las lagrimas quisieron salir de sus ojos azules como una tempestad.
Se sentía extraño. No recordaba la sensación de calma que se sentía después de hacerlo, como si los problemas se hubiesen ido. Su madre era de las que la animaba a llorar si tenía necesidad de ello, así que, de pequeña, había sido una auténtica llorona, pero, cuando sus padres murieron, las enseñanzas de su abuela habían sido completamente distintas: Ser fuerte, no llorar delante de nadie y ser autosuficiente fueron las enseñanzas que su abuela le había dado todos esos años y, pensándolo bien, era duro para una pequeña niña tener que sobrevivir sola, sin ningún tipo de compañía, tener que protegerse sola.
Abrió la puerta de su habitación y al hacerlo solo una palabra pasaba por su mente. Silencio. Un silencio molesto que le señalaba que volvía a estar completamente sola, tal vez más sola que nunca. Nunca le había importado su vida solitaria, pero desde que ese demonio escandaloso y cabezota había llegado a su vida… se podría decir que todo a su alrededor había cambiado, incluso su manera de ver la soledad.
Anteriormente, vivía en un mundo de soledad, con una abuela que rara vez veía (aunque ambas vivieran cerca) y los niños como única salida para estar acompañada, pero, en ese momento, todo había cambiado, había aprendido lo que era permanecer todo el día junto a una persona, y aunque rara vez hacían algo más que discutir, su corazón sentía que su partida la hacía sentirse mucho más sola que nunca, demasiado sola.
Mamori comenzó a cuestionarse si había hecho bien en echar al chico de allí ¿Estaría bien? ¿Habría comido? ¿Dónde habría dormido si ella no lo había visto regresar? Miles de preguntas sobre el estado del demonio se acumularon en su cabeza sin que se diera cuenta. Se sentía extraño preocuparse por alguien que no fuese Sena, Suzuna, Monta o los pequeños niños, preocuparse por alguien que ni siquiera pertenecía a su familia.
Un ruido que identificó como pequeños pasos llegó hasta sus oídos y se volvió hacia el lugar del que procedían esos diminutos golpes descubriendo como el perro demoniaco se acercaba a ella lentamente hasta que llegó a su pierna y comenzó a olisquearla.
La chica lo observó mientras éste le acariciaba la pierna con su cabeza. Se había olvidado del perro completamente, al parecer, no estaba tan sola como parecía en un principio, después de todo tenía a ese perrito adorable para que cuidara de ella y por las caritas adorables que ponía, estaba bastante preocupado por su persona.
Mamori se sentó en el suelo para poder acariciar a cerberos más tranquilamente. Aun no se podía creer que ese perro que hacía unos días la había intentado devorar se comportara de forma tan adorable como lo estaba haciendo desde que lo curó.
—¿Qué te parece si te doy algo de comer? Seguro que estás hambriento ¿o no?—La chica acarició al perro por detrás de la oreja y observó como éste movía la cola efusivamente al oír el verbo "comer"—Sí… parece que eres un pequeño glotón, aunque para serte sincera yo también tengo bastante apetito.
La chica se levantó sin muchas ganas, como si hacerlo le costará demasiado y se dispuso a hacer la comida que le había prometido al perro, pero antes si quiera de mover un músculo el animal comenzó a gruñir dirección a la puerta sin motivo aparente.
La posición de Cerberos la hizo pararse a pensar un segundo en qué podría haber parado en la puerta, tal vez otro demonio con intención de matarla, porque la forma en la que se comportaba el perro era demasiado extraña para que fuera Hiruma el que se encontraba tras la puerta de la cabaña.
En un movimiento rápido la chica cogió su arco y se acercó a la puerta colocando, mientras caminaba, una de sus flechas en él. Al llegar a la entrada respiró profundamente y abrió de golpe poniéndose en posición para atacar a lo que fuera que se encontrara detrás de la puerta, aunque para su sorpresa, lo que vio no parecía tan amenazador como había pensado en un primer momento.
Dos niños, uno de unos ocho años y el otro un poco más pequeño, la miraban sorprendidos y con los ojos como platos, seguramente los habría asustado, aunque… ¿Quién no se asustaría si una loca saliera de una casa armada con intención de disparar?
La chica de ojos azules miró al perro que seguía en la misma posición de defensa que al principio y suspiró, seguramente no le agradaban los humanos porque lo que veía delante de ella en ese instante no era nada amenazador a menos que dos pequeños morenos, de ojos profundos y regordetes fueran un nuevo tipo de arma mortal para los demonios, aunque si lo pensaba bien… nunca antes los había visto.
—¡Hola chicos! ¿Os habéis perdido?—Preguntó Mamori bajando a la altura de los pequeños.
—La verdad es que no, hemos venido a ver a la famosa sacerdotisa de los alrededores, es muy famosa en nuestro poblado—Respondió el que parecía mayor.
—¿La sacerdotisa de la aldea? Tal vez os referís a mi abuela, no creo que haya vuelto todavía, se fue hace unos días para acabar con algunos demonios malos—La chica se quedó pensativa un momento—Por cierto, ¿Y vuestros padres? ¿Estáis solos?
—¿Abuela? No, no, nos referimos a la sacerdotisa joven. ¿No eres tú?
—No, yo soy una maestra. No soy ninguna sacerdotisa…—Dijo Mamori con una sonrisa.
Mamori comenzó a mirar para todas partes en busca de alguien que estuviera con los pequeños pero nada, no parecía haber nadie y se empezó a preguntar qué clase de padres dejarían a unos niños tan pequeños solos por el bosque a merced de cualquier demonio, si ella tuviera hijos jamás se desprendería así de ellos, ni aunque fueran los niños más traviesos del mundo. Tenía que encontrar cuanto antes a los padres de esas criaturitas para explicarles la responsabilidad que era el tener hijos y que no los podían dejar en cualquier parte, pero nada, no aparecía ningún alma por los alrededores.
—¡Anda! ¡Qué bonito!—Dijo el más pequeño de los niños—¿Eso es un arco? ¿Lo puedo ver?
—Esto…
La muchacha observó al niño un momento, con los ojos brillantes y suplicantes, casi como un perrito abandonado y suspiró rendida ante esa carita de suplica tan adorable, después de todo ¿Qué había de malo en dejarle a un niño inocente un poco el arco?
—Toma—Mamori extendió el brazo y le entregó el arco al pequeño.
—¡Vaya!—Gritó emocionado el niño—¡Es impresionante!
Mamori observó como el niño daba vueltas una y otra vez al arco hasta que por fin, se paró y simplemente comenzó a observarlo, por un momento, la chica pensó que algo había cambiado en la mirada del niño haciéndola oscura y retorcida, pero lo desechó porque parecía casi imposible.
—Asi que… Esta es la fuente de poder de una sacerdotisa… Me lo imaginaba más… espectacular—Dijo el pequeño niño.
Los ojos de Mamori se abrieron como platos. Las palabras del niño sonaban acidas y llenas de odio, casi como las de un…. Demonio. La chica miró al perro entendiendo lo que le quería avisar desde un principio, que esos dos pequeños, eran dos demonios, dos demonios de la corte.
—Bueno… ¿Qué puedes esperar de los humanos hermanito? Son tan débiles que sin esto…—Dijo señalando al arco el mayor—…son completamente inútiles, pero para nosotros es mucho mejor de esta manera, así es más fácil.
Una sonrisa torcida y diabólica salió de los labios del pequeño haciendo que un escalofrío se paseara por la espalda de Mamori al observar lo horrible y desencajada que se veía la cara de un niño con esa clase de expresión.
Los dos muchachos comenzaron a brillar con una tenue luz y crecieron de manera desproporcionada revelando sus verdaderas formas. Los dos niños que anteriormente eran adorables y regordetes, con apariencia saludable y grandes ojos expresivos, crecieron hasta alcanzar su altura original.
Mamori dio un paso atrás horrorizada ante lo que sus ojos veían , el mayor de los niños había adquirido un tamaño claramente amenazador, era enorme: Su cabello negro y desastrado junto con sus ojos profundos y oscuros y la amenazadora masa muscular que poseía le daban un aire salvaje y aterrador, casi demasiado aterrador. En cuanto al otro demonio… la verdad que su tamaño dejaba mucho que desear, la diferencia con el otro demonio era bastante grande, casi podría decir que le llegaba a la rodilla al otro, y en cuanto a la diferencia con ella, también era bastante sorprendente, parecía ser una versión del otro demonio en pequeño y aunque su tamaño era minúsculo comparado con el del otro demonio, aun conservaba el mismo aire espeluznante.
Cerberos, cansado e impaciente, también mostró su verdadera forma de demonio lanzándose hacia los otros dos demonios con clara intención de proteger a la chica, aunque al parecer no salió como lo había planeado en un principio ya que, el mayor de los muchachos lo lanzó a un lado con solo uno de sus puños.
—Así que ese "famoso" demonio de la corte que protegía a la humana solo era un guardián, yo esperaba encontrarme un demonio real y no a esto ¡qué decepción!—Dijo mirando al perro con expresión de superioridad.
Mamori salió corriendo para colocarse al lado de Cerberos que luchaba por levantarse con todas sus fuerzas, el golpe que había recibido había sido de una fuerza brutal y seguramente había quebrado algún hueso del animal, y aunque quería ayudarlo, no debía bajar la guardia, no después de estar desarmada. Miró su arco en el suelo, al lado del gigantesco pie de ese demonio y solo el pensar en recuperarlo la hizo temblar. El perro consiguió ponerse a cuatro patas sin tambalearse y comenzó a gruñir a los dos demonios que lo miraban con una expresión de burla.
—Encárgate del perro Otto*, yo me vigilaré de la chica—Dijo el mayor.
—Entendido hermano.
Los dos hermanos dieron un paso adelante y algo llamó la atención a Mamori, en pocos segundos, el pequeño de los dos hermanos demonio llegó hasta el perro y le propinó una patada que lo mandó volando hacia unos arbustos. Era rápido, muy rápido.
Los gruñidos de Cerberos seguidos de golpes y sonidos de árboles cayendo cada vez eran más y más lejanos, estaba alejando al perro de ella, eso era lo que querían esos dos desde el principio, dejarla desarmada y sola para poder hacerse con sus poderes más rápidamente.
Mamori observó como el demonio iba lentamente hacia ella, no sabía qué hacer necesitaba llegar a su arco pero ese demonio estaba justo delante de él, y si quería alcanzarlo tendría que pasar justo por donde ese demonio gigantesco se encontraba y no sería ninguna cosa fácil.
—¿Pensando cómo escapar de ésta humana? Pues déjame decirte solo una cosa, no hay escapatoria posible.
Uno de los brazos del demonio comenzó a oscurecerse y empezó a adquirir una apariencia grotesca junto con el color negruzco. Mamori dio varios pasos atrás asustada ante la transformación que estaba sufriendo el brazo del demonio, pero no pudo ir muy lejos ya que su espalda chocó con uno de los árboles. Tenía miedo, lo admitía, y no era solo miedo lo que sentía, tal vez impotencia, no podía hacer nada, estaba desarmada, sola y se sentía tonta por haber caído en una trampa tan estúpida como esa.
—Ya que hoy estoy de buen humor voy a mostrarte lo que puede provocar un poder demoniaco físico.
El hombre levantó un poco el brazo que se había transformado y agarró el árbol más cercado que encontró. Simplemente por el contacto con su enorme mano el árbol se hizo añicos haciendo que Mamori diera un respingo al ver la fuerza brutal que poseía ese demonio solo con un simple roce.
—Estate quieta, ¿entendido?
Mamori no respondió, simplemente tragó saliva mientras se aferraba con ambos brazos al árbol que tenía de espaldas a ella buscando una manera de escapar, de salir de allí de forma rápida y segura, y sobre todo, viva, pero no encontraba ninguna forma de huir sin pasar a ese mastodonte para conseguir su arco, ni siquiera una sola.
—¡Nathan*!—Se oyó a alguien gritar—¡Ese chucho me la ha jugado y ha escapado!
El menor de los hermanos apareció de entre los árboles. Se le notaba molesto y parecía bufar de pura rabia al ver como el "pequeño" animal había sido más rápido que él logrando así escapar entre la oscuridad del bosque.
—No importa Otto, no le des importancia, de todas maneras que viva o muera no tiene que importarnos, ya tenemos lo que queríamos y solamente nos hace falta completar una última cosa, el traspaso de poderes ¿Estás preparado?
—Sí hermano.
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Había bajado del árbol en el que había dormido desde hacía horas pero en ese momento, simplemente estaba sentado apoyando su espalda en él. No sabía qué debía hacer exactamente desde el momento en el que esa maldita humana lo había tirado de su cabaña, estaba enfadado, disgustando, cabreado, irritado, indignado y miles de sinónimos más, pero sobre todo, se encontraba confundido ¿Qué cosa tan horrible habría hecho para que ella lo tirara de esa manera? si de todas formas había hecho cosas peores. Desconocía la razón, pero eso no le impedía seguir malhumorado.
El ruido de su estomago rugiendo lo hizo suspirar, ese cuerpo humano no podía aguantar largos periodos de tiempo sin comida, y no se había dado cuenta de eso hasta ese preciso instante. Ella siempre le preparaba comida, comida que aunque le costara admitirlo estaba deliciosa. Esa mujer incluso le había insistido muchas veces en que debía comer con esa forma, siempre con esa expresión de molestia cuando no la obedecía: Con los mofletes hinchados como un globo, las cejas juntas y los brazos en jarra apoyados en las caderas.
Le encantaba molestara para que hiciera esa pose adorable, casi siempre la fastidiaba, era divertido, tenía que admitirlo, desde que había empezado a vivir como un humano no era nada desagradable tener a alguien a quien molestar a todas horas.
Y no solo el hecho de molestarla era divertido, disfrutaba observando esa sonrisa resplandeciente que llevaba como un sello distintivo a todas partes, a veces le recordaba a la sonrisa de su madre, resplandeciente, cálida y sincera, observarla era como mirar fijamente al Sol, demasiado brillante para él, pero algo en su interior le decía que debía hacerlo de nuevo, debía volver a observar esa blanca sonrisa, justo como con su madre.
Cerró los ojos un segundo e intentó pensar las cosas con un poco más de claridad pero por un momento, en lo único que podía pensar con claridad era en el rostro sonriente de esa humana: con esos ojos azules tan profundos expresando los sentimientos que albergaba en su corazón puro; esas pestañas largas, casi kilométricas; esa piel blanca, suave y brillante; y por ultimo sus labios, carnosos y apetecibles, tal vez demasiado…
Hiruma se sorprendió a sí mismo pensando esas cosas extrañas, nunca se le habría ocurrido pensar en tales cosas y menos aun de una mujer humana, jamás. Movió la cabeza a ambos lados para desechar esos pensamientos que seguramente eran provocados por el hambre (porque… no había otra explicación más lógica) sí, debía ser que estaba demasiado hambriento y su estomago le hacia pensar en cosas raras.
Unos pequeños pasos hicieron que el chico abriera los ojos para descubrir a una pequeña niña de ojos marrones verdosos a su lado, sosteniendo una especie de cántaro lleno de agua hasta arriba. Si mal no recordaba esa pequeña niña del moño y el pelo castaño se llamaba Akari, y era una de las pequeñas niñas a las que enseñaba la maldita humana que lo acababa de echar de su casa, y por su puesto, de su vida.
—¿Estás despierto Nii-san?—Preguntó la niña acercándose un poco más a él.
—¿Se puede saber qué quieres maldita mocosa?
Ni siquiera la había escuchado bien, estaba de muy mal humor además de estar confundido ¿Qué había sido ese maldito recuerdo de la sonrisa de esa maldita mujer? No podía entender por qué debería recordar a la loca que lo había echado como si fuera un maldito chucho que podía pisotear.
—Sólo quería preguntarte si habías visto a Mamori-sensei, es que está mañana no vino a por nosotros y ya es tarde, normalmente viene muy pronto ¿Tú no sabes dónde puede estar Nii-san?
—¿Y por qué debería saber yo donde está esa maldita mujer?—Cuestionó Hiruma a la niña con un tono claramente molesto.
—Bueno… pensaba que como eras el novio de Mamori-sensei sabrías donde estaba, porque los novios saben esas cosas ¿no?
Hiruma suspiró, ahí estaba otra vez esa pregunta incomoda de la pequeña niña, ya era la cuarta vez que le decía que era el novio de su maestra, la primera vez que se lo preguntó había sido el día en el que ese idiota de Kanagushi* había usado a los malditos mocosos en contra de la maldita humana y a partir de ese momento, a parte de llamarle Nii-san le había proclamado el maldito "novio" de su profesora.
—¿Por qué piensas que yo de todos los hombres del mundo podría ser el maldito novio de tu maestra?—Hiruma miró a la niña con una expresión de cansancio bastante notable.
—¿No lo eres? Yo pensé que sí porque…. bueno… miras a Mamori-sensei de la misma forma que mi papá mira a mi mamá—La niña se paró un momento pensativa—Mi mamá me dijo cuando le pregunté por qué papá la miraba así que solo puedes poner esa expresión cuando miras a la persona de la que estás enamorado…
El chico se quedó parado un segundo y una pregunta se formuló en su mente ¿Qué él miraba de esa forma a la maldita humana? Lo dudaba mucho. Tal vez solo era un poco de atracción, pero no podía ser nada más, los demonios no amaban, bien lo sabía teniendo en cuenta lo que su padre había hecho con su madre hacía años, por eso lo había odiado siempre, pero… él enamorado de una humana, nunca.
—Oye Nii-san—La niña llamó la atención de Hiruma—Yo pienso que a Mamori-sensei también le gustas mucho, ella a veces también te mira de forma muy bonita—La niña sonrió.
El corazón de Hiruma comenzó a latir rápidamente. No podía ser por las palabras de la niña porque tampoco había dicho nada extraño además, ¿A él que le importaba que esa humana pudiera sentir algo por él?
—¡Akari-chan! ¡Vamonos a casa!—Le gritó una voz femenina a la niña.
La niña se despidió rápidamente de él y se fue detrás de su madre dejando a Hiruma como lo había encontrado, completamente solo y aun más confundido que al principio. No se podía haber enamorado de esa maldita mujer, no en una semana, no de una humana.
Hiruma tiró la cabeza para atrás, estaba cansado de pensar, de darle vueltas a lo mismo una y otra vez, los demonios no amaban, de eso estaba seguro, así que, lo que había dicho la niña seguramente sería una confusión o seguramente, el deseo de una mente infantil, los niños muchas veces tenían demasiada imaginación y podrían llegar a ver cosas inexistentes. Se notaba a la legua que a esa humana él no le gustaba ni lo más mínimo, y a él tampoco ella, solo discutían y discutían, nada más.
Un ruido entre los arbustos le hizo pensar que Akari, la pequeña niña que hacía unos minutos lo había hecho dudar, había vuelto para seguir con su cháchara y sus tonterías, pero, cuando giró la cabeza, descubrió que no era así. Cerberos, su perro demonio, se acercaba a él, en su forma pequeña, tambaleándose para todos lados y con heridas sangrantes por todo su cuerpo.
—¿Pero qué mierdas…?—Se preguntó el muchacho.
El chico se acercó hasta el animal que en cuanto llegó hacía donde él se encontraba se desplomó en el suelo respirando con dificultad. Se sentó para poder estar más o menos a la misma altura que el perro y observó sus heridas, profundas, golpes certeros y, si habían dejado a Cerberos de esa manera, de una fuerza inhumana.
—Un demonio…—Dijo Hiruma en un susurró más para él que para el perro.
Los ojos de Hiruma se abrieron como platos, si el perro estaba allí era porque había respetado la orden de vigilar a la chica y si ella no estaba por allí, significaba que los demonios habían ido a buscarla a ella a la cabaña, por eso no había acudido con los pequeños niños para darles su clase diaria, todo tenía sentido.
—¡Mierda!—Gritó Hiruma
El muchacho comenzó a correr hacia la cabaña sin mirar siquiera contra qué se estaba pegando, lo único que veía del bosque eran masas verdes moviéndose a toda velocidad, no podía pensar, debía llegar a tiempo, debía salvarla, porque si ella moría, sus poderes también lo harían con ella.
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Mamori no podía creer lo que le estaba pasando, allí estaba, desarmada, a punto de morir y por si fuera poco sin posibilidad de escapar, ya que estaba atada a uno de los árboles que rodeaban la cabaña, perfecto. Había sido tan estúpida, debía haber seguido los consejos de Hiruma, hacía varios días, él le había dicho que no debía confiar en nadie porque los demonios tomaban muchas formas y ella como una autentica tonta había caído en el truco más viejo del mundo, el engaño. Se sentía tan patética…
Lo único que podía hacer en ese instante era escuchar la conversación entre esos dos demonios que hablaban tranquilamente de la forma en la que tendrían que acabar con ella y algo sobre un rumor en el infierno, no los entendía muy bien ¿Había un rumor de que un demonio la protegía circulando por el infierno? Tal vez se referían a Hiruma, pero él no la protegía, simplemente la ayudaba en momentos difíciles y después usaba cualquier instante, aunque fuera minúsculo, para intentar robarle sus poderes. Era horrible, pero aun siendo como era, habría deseado que estuviera con ella en esa ocasión.
Después de todo, él a su manera, sí que la protegía, aunque solo fuera porque ella era la poseedora de sus poderes gracias al sello del colgante. Si ella muriera y Hiruma estuviera en su forma humana, los poderes del demonio se esfumarían con ella, sin dejar rastro alguno, de la misma manera que un fuego se apagaría si la vela se extinguiera, sus poderes estaban conectados a ella, y todo el tiempo que la había protegido había sido por eso, no por nada más.
Algo en el pecho de Mamori comenzó a doler, tal vez se había encariñado con él demasiado, y eso era malo, porque auque lo negaría con todas sus fuerzas hasta el fin de sus días, había una ínfima posibilidad de que se hubiera enamorado de ese demonio, parecía imposible en una sola semana, pero había algo en su interior que le decía que había comenzado a sentir algo por él y que por eso, sus palabras, acciones y demás, le podían llegar a hacer tanto daño.
—Es lo que te decía hermanito, si tomas las herramientas de un humano éstos se vuelven completamente inútiles, mírala—Dijo Nathan con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿De verdad nos volveremos más fuertes si tomamos sus poderes?—Preguntó el pequeño.
—Eso es lo que pienso, al parecer, el Rey actual llegó así al poder y otros antes que él hicieron lo mismo.
—¿Piensas que si la matamos podremos ser tan fuertes como Hiruma o Agon?
—Aun más poderosos que ellos hermano, esto es sólo el principio.
—Ustedes…—Dijo Mamori en un susurro para llamar su atención—¿También desean convertirse en reyes de los demonios?
—¡Bingo!—Exclamó Nathan—El Rey es el demonio más poderoso del infierno, controla todo y a todos a través de la fuerza, y si es cuestión de fuerza nosotros somos los más indicados.
El hombre apretó su puño mirándolo con una expresión entre la satisfacción y la locura, estaba como ido, controlado por el ansia de poder y la codicia. Demasiado metido en su mundo. Mamori, después de ver esa escena, se comenzó a replantear muy seriamente las palabras de Hiruma, él tenía razón, los demonios estaban dispuestos a hacer cualquier cosa por llegar al poder.
Desde entre los arbustos, unos ojos verdes observaban calmados y pensativos la forma de sacar a la chica de esa situación. Hiruma estaba muy sorprendido, había llegado a tiempo, pero lo que vio no le sentó nada bien ¿Cómo podía esa chica haberse dejado atrapar por ese par de idiotas? Se sentía casi avergonzado por haber sido sellado por ella, cuando vio a Cerberos tan herido como estaba pensaba que un demonio muy poderoso la había atrapado pero, esos dos eran conocidos en el infierno por ser cortos de mentes… Suspiró, increíble pero cierto, ella habría sido atrapada con un truco barato, como si lo viera.
El chico llevó su mirada hacia el arco de la chica, en el suelo, detrás de esos dos idiotas, no entendía como habían logrado hacer que ella se desarmara, juraría que esa chica había llegado a dormir con el arco pegado a su cuerpo como si fuera su tesoro más preciado, así que, simplemente no lo entendía.
Debía pensar rápido, coger el arco, lanzárselo a ella y conseguir que lo liberara porque aunque esos dos demonios no eran tan poderosos como él mismo o Musashi y Kurita, eran demonios de la corte y con esa figura humana poco podía hacer.
—Ya hemos perdido demasiado tiempo hermano—Dijo Otto acercándose a Mamori.
Con un movimiento rápido, llegó hasta ella y la desató del árbol en el que se encontraba. Después de desatarla, la agarró del cabello para que no se moviera, reduciéndola completamente y haciéndole bastante daño, pero ella, no gritó, no lloró, simplemente cerró los ojos fuertemente en un intento por aguantar lo que pronto se le vendría encima, no les daría el gusto a esos demonios de ver sus lagrimas cristalinas.
Hiruma tragó saliva. Definitivamente debía darse prisa, o antes o después acabarían con la vida de esa mujer. Debía admitir que era bastante fuerte, con la fuerza física que poseía ese maldito enano que la reducía agarrándola fuertemente del cabello, ni siquiera había soltado un solo sonido de dolor por su garganta. Era bastante admirable.
—¿Y bien? ¿Qué debemos hacer para conseguir los poderes de la chica?—Preguntó Otto.
—No estoy seguro…—Se paró a pensar un minuto.
Hiruma estuvo a punto de caerse después de oír a esos dos mantener una conversación tan estúpida ¿Cómo habían llegado esos dos estúpidos a tener a la humana reducida si ni siquiera sabían qué debían hacer para robarle los poderes? Aunque bueno, si no sabían qué hacer así tendría más tiempo, debía ser rápido, agarrar el arco, llamar la atención de esos idiotas y conseguir que ella le liberara, era un plan simple, sin complicaciones, pero sin ningún tipo de poder o fuerza especial, y sin Cerberos para ayudarlo, era difícil pensar en otra cosa.
—¿Tal vez sacándole el corazón?—Respondió Nathan después de un rato de pensarlo.
Ambos, tanto Mamori como Hiruma se horrorizaron ante las palabras de los demonios. Y Hiruma comenzó a caminar lentamente para ponerse en marcha rápido, si no se daba prisa esos dos la matarían, acabarían con ella de un plumazo.
—Espera, ¡tengo una idea!—Esclamó Otto—¿Qué tal si le preguntamos a ella como hacerlo? Seguro que otros demonios antes que nosotros lo han intentado.
—Bueno… podemos probar… ¿Ha habido otros demonios detrás de ti humana?—Le preguntó el mayor.
—Correcto, ha habido más demonios detrás de mí—Repondió la chica—Pero lo cierto es que… ¡sin contar con el primer demonio que vino a por mi todos los demás habéis sido patéticos!
Tanto Hiruma como los dos hermanos, cada uno por sus propias razones, se sorprendieron ante las palabras que había dicho la mujer, totalmente convencida y desafiante. El corazón de Hiruma comenzó a latir de forma desenfrenada ante las palabras de la chica, el primer demonio con bastante poder como para ser notable y que había ido a por ella, juraría que había sido él mismo.
—¡Maldita humana!—Gritó el pequeño Otto—¡Repite eso si te atreves!
El chico empujo la cabeza de la humana hasta que ésta chocó con el suelo, no con toda su fuerza, pero lo suficientemente fuerte como para que una piedra que se encontraba en el suelo, raspara el moflete de la chica haciéndola sangrar.
—¡Todos los demonios menos Hiruma-kun habéis sido patéticos!—Repitió la chica— Aunque sea un demonio egoísta, mal hablado y calculador, sólo él vino a enfrentarse a mí cara a cara, sin miedo, sin trampas, sin usar a los niños contra mi, sin disfrazarse de dos pequeños niños para atacarme, eso, a todos vosotros os hace patéticos, porque al parecer… ¡tenéis miedo de una simple humana!
—¡Desgraciada!—Gritó Nathan.
El muchacho agarró a la chica por el cuello y la levantó para ponerla a su altura, para observarla, convencido de que si apretaba un poco más su cuello moriría. La verdad era que sus palabras habían sido bastante valientes y aun no podía creer que un demonio como Hiruma la hubiera dejado escapar, aunque si bien lo pensaba, hacía bastante tiempo que no lo había visto en ningún lugar del infierno, si que había visto a Kurita rondando por las calles de la ciudad central, pero Hiruma, había desaparecido desde hacía un tiempo.
—Eres una humana muy molesta, si no nos dices como arrebatarte los poderes no importa ¡Otto, vamos a probar con la primera opción! Arrancarle el corazón será lo mejor, por lo menos así estará calladita.
Otto asintió molesto por las palabras de la humana y observó como su hermano, que aun mantenía a la humana agarrada por el cuello y sin que ésta pudiera tocar el suelo con los pies, levantaba su brazo libre poniéndolo en una posición cerca del pecho de la chica.
Mamori pensó por un momento que ese sería su fin y por un instante lo único que pasaba por la cabeza era el rostro de ese demonio egoísta al que le encantaba discutir. Se sentía tan estúpida por no haber seguido sus consejos…
Una piedra impactó de repente en la cabeza de Nathan haciéndolo soltar a la humana debido a la impresión. Mamori, al verse liberada del agarre de su cuello, comenzó a respirar a trompicones intentando que el aire volviera a circular a través de sus pulmones con normalidad, el agarre de ese hombre no había sido con todas sus fuerzas, pero de todas formas, había estado a punto de morir ahogada.
—La verdad es que concuerdo contigo en una cosa Gonzales, está más guapa calladita, pero no creo que matarla sea la mejor opción para ti.
Mamori se sorprendió, reconocía esa voz, ese tono de burla tan característico de una sola persona, su salvador. La chica lo observó, con una mano sujetando su arco y la otra sujetando otra piedra del mismo tamaño que la que había lanzado, incluso parecía estar jugando con ella debido a que no hacía más que lanzarla para después agarrarla con su mano de nuevo. Estaba provocando a los dos demonios.
—¿Quién eres tú? ¿Y como sabes quieres somos?—Preguntó el enorme demonio.
—Hi… Hiruma-kun…—Susurró la chica aliviada de que el estuviera allí.
Los dos demonios pudieron oír el nombre que salía de los labios de la chica "Hiruma", pero eso era imposible ya que las veces que lo había visto él tenía el cabello rubio y una presencia más amenazadora, pero ese chico que estaba allí parecía… humano.
—¡Ey maldita humana! Libérame y a cambio te prometo que te paso el arco—Dijo Hiruma con una tranquilidad abrumadora.
—Hiruma-kun… ¿Qué haces aquí?
—¡¿A ti qué te parece idiota?! ¡Intento salvar tu jodido culo! ¿A ti te parece que puedo estar haciendo otra cosa? Recuerda quien tiene mis poderes ahora maldita tonta. Y además…—Se quedó pensativo un segundo—…quiero darles una lección a estos dos idiotas, para demostrarles que no pueden tocar nada que sea mío.
Las mejillas de Mamori se habían vuelto de un color totalmente rojo, casi más rojas que una manzana madura, esas palabras llegaban a traspasar su mente como si se trataran de un martillo golpeando su cabeza.
—Pe… pero…—Dijo Mamori en un intento de decir algo coherente, aunque al parecer tras esas palabras nada con sentido podía formarse en su cabeza.
—Mamori, libérame ahora—Dijo con tono calmado.
La chica abrió los ojos de sobremanera, acababa de llamarla por su nombre, nunca antes lo había hecho, siempre la llamaba maldita humana, maldita mujer y cientos de cosas más que no le sentaban nada bien pero, en ese instante ¿acababa él de llamarla Mamori? Sí, lo había hecho y en una parte de su mente, su nombre pronunciado por esa voz masculina, sonaba tan bien…
—¡Mamori!—Gritó el chico para llamar su atención.
Una luz blanca y cegadora comenzó a salir del cuerpo de Mamori sorprendiendo a los dos demonios que miraban la escena sin entender muy bien lo que ocurría con esos dos humanos. Seguían dándole vueltas a la cabeza ese humano no podía ser Hiruma aunque si bien lo pensaban esos rumores de que un poderoso demonio de la corte protegía a la humana tenían más sentido si Hiruma era el demonio que lo hacía pero… ¿Por qué? Esa era la gran pregunta.
—Yo te libero Príncipe de los demonios—Dijo Mamori con los ojos cerrados y bajo la atenta mirada de los otros dos demonios.
El cuerpo de Hiruma comenzó a pesar como si fuera un yunque de metal de cientos de kilos. Esa sensación llenando su cuerpo, el latido acelerado de su corazón y ese sentimiento que lo llenaba por dentro… sí, estaba volviendo a recuperar sus poderes y debido a ello no pudo evitar que una sonrisa se dejara ver en su rostro.
Segundos después ambos demonios se quedaron sorprendidos ante lo que sus ojos veían, el chico que anteriormente poseía un cabello tan oscuro como la noche y una apariencia humana había vuelto a su forma original: cabello rubio, orejas puntiagudas, sonrisa de prepotencia y esos pendientes brillantes, todas estas características que lo hacían ver igual de peligroso que siempre, definitivamente ese sujeto delante de ellos era Hiruma Youichi, el Príncipe del infierno.
—Hi…Hiruma—Dijo Nathan totalmente aterrado al verlo acercarse.
En un movimiento rápido, el muchacho le entregó el arco a Mamori lanzándolo hacia donde ella se encontraba, junto con el carcaj lleno de flechas. La cara de esos dos estúpidos totalmente blanca y la forma en la que estaban parados, totalmente en shock le daba una oportunidad a la chica de acercarse a él, tenían tanto miedo en el cuerpo que ni siquiera se darían cuenta si ella se moviera de su lado, y esperaba que ella también se diera cuenta de eso.
La chica pareció entender la mirada de Hiruma y se movió rápidamente hasta que llegó a su lado colocando una de las flechas que había sacado del carcaj en su arco dispuesta a atacar a esos dos demonios en cualquier momento.
—Bien pues… ¿Os apetece jugar con nosotros malditos idiotas?—Dijo Hiruma con una sonrisa torcida adornando sus labios—Maldita mujer encárgate del enano, el grandullón es todo mío—La sonrisa del chico se amplió desencajando su rostro.
El pequeño demonio fue el primero que se lanzó a por la chica a una velocidad de vértigo pero ésta, anticipando sus movimientos lanzó una flecha que atravesó el brazo del demonio con una fuerza bastante sorprendente que llegó a tirarlo para atrás hasta que chocó contra un árbol.
—¡Otto!—Gritó su hermano al verlo caer con el brazo envuelto en sangre.
—¡Ey idiota! No mires a otra parte cuando con quien estás luchando es conmigo—Dijo Hiruma.
—¡Malditos! ¡Me la pagareis ambos!
El enorme demonio se lanzó hacia donde se encontraba Hiruma, quien, al verlo venir, de la nada, sacó dos de sus amadas armas. El chico esperó el tiempo suficiente para atacar, ese demonio podía ser muy fuerte, pero era lento, demasiado para estar frente a frente con un demonio como él. En cuanto lo tuvo justo delante, disparó una de sus esferas de energía lo que hizo al demonio salir volando.
En cuestión de segundos, ambos demonios se fueron sin dejar rastro, era como si hubieran desaparecido en la nada y Mamori se sorprendió ante la rapidez con la que los dos se habían desvanecido, como fantasmas ¿Eso significaba que ya había acabado esa pesadilla? La chica miró a Hiruma buscando una respuesta y por lo tranquilo que se veía parecía que sí, esos dos se habían esfumado.
La chica suspiró cansada y totalmente dolorida, estaba llena de moratones y sucia, necesitaba un cambio de ropa y unas curas, ambas cosas de forma urgente. Le escocia el arañazo de la mejilla, le dolían las extremidades debido a la fuerza con la que esos dos demonios habían apretado la soga con la que la habían atado al árbol y esperaba que ni en la parte de su piel que había tocado la soga, ni en su cuello, al ser casi estrangulada por ese demonio, pudieran salir esos característicos moratones molestos que siempre le salían cuando se golpeaba.
—Golpes… —Pensó la chica intentando recordar algo que aparentemente había olvidado relacionado con esa palabra—¡Cerberos!—Gritó la chica al recordar al animal que había intentado salvarla anteriormente.
Mamori intentó salir corriendo hacia el bosque para poder buscar al perro, pero, algo, le impidió su búsqueda por el bosque agarrándola del brazo, Hiruma. La muchacha observó la mano del demonio en su brazo apretándole con fuerza pero sin hacerle ningún daño, era como si se hubiera quedado de piedra, no se movía, estaba estático, sin decir una sola palabra, como si estuviera pensando en su siguiente acción.
Por un segundo, Mamori pensó en qué podía ser aquello que tenia al demonio tan sumergido en sus pensamientos. Hiruma, aun sin decir palabra, estiró a la chica del brazo pegándola a su cuerpo sin quitar la vista de sus ojos azules.
—¿Q…Qué… qué quieres?—Preguntó la muchacha torpemente.
Y ahí seguía él, sin mediar palabra, totalmente absorto con sus esferas azules, sin mover un músculo. Mamori incluso llegó a pensar en algo en lo que ese demonio pensaba constantemente, aunque era imposible después de haberla salvado de la forma en la que lo había hecho, pero si lo pensaba bien… siendo un demonio como era, ya esperaba cualquier cosa de él.
—No… no puede ¿cierto? Él no se atreverá a intentarlo de nuevo ¿verdad?—Pensó Mamori dándole vueltas a la cabeza.
El chico llevó su brazo libre hacia su mejilla y limpió lentamente la sangre que resbalaba por ella debido al pequeño corte que se había hecho. La cercanía entre sus labios era mínima, Mamori no podía pensar con claridad al verlo tan cerca, sólo separados por unos milímetros, solamente le hacia faltas moverse un poco para llegar a besarla, quitándole así todo poder existente en ella. Hiruma era como todos los demonios, había pensado por un momento, después de llamarla por su nombre, después de ir por ella para salvarla, que después de todo no era tan horrible como aparentaba, pero ahí estaba de nuevo, intentando robarle sus poderes. Era tan horrible.
Cerró los ojos, su cuerpo no se movía, estaba paralizado y ya estaba demasiado cansada como para hacer algo contra el intento de ese demonio. Y si tenía que elegir, prefería ser la presa de Hiruma a la de otro demonio. Todos eran iguales.
La chica sintió como algo chocaba contra su hombro y abrió los ojos descubriendo que la frente de Hiruma estaba apoyada tranquilamente contra su hombro. Sorprendida y totalmente confundida por lo que acababa de pasar, miró la cabeza de Hiruma apoyada en su hombro sin entender qué pasaba exactamente. Sus mejillas se estaban volviendo de un color rojizo al sentir la respiración del demonio tan cerca de su cuello y sus manos apoyadas contra su cintura, acercándola aun más si se podía a él.
—Vamos a buscar a Cerberos pero luego prepárame algo de comer, me muero hambre maldita mujer…
—¡¿Qué?!—Gritó la chica con los ojos desorbitados.
—Ya me has oído —Dijo levantando la cabeza y poniéndola a su altura—Tengo hambre maldita mujer.
—Pero… ¡Oye! ¿Por qué me vuelves a llamar maldita mujer? ¡Hace un momento me llamaste Mamori!—Le reprochó la muchacha.
—¿Qué? Yo no hice eso maldita tonta, imaginaciones tuyas tal vez—Dijo con una sonrisa llena de burla.
—Pero… pero serás… ¡Yo te ato a mí príncipe de los demonios!—Gritó la chica a todo pulmón.
Hiruma estuvo a punto de quejarse, pero esos pinchazos en su pecho y esa ligereza que sentía en ese momento sólo podían significar una cosa. Había vuelto a ser humano ¡Maldita humana vengativa!
Y ahí estaban de nuevo, discutiendo, como hacían siempre, aunque una parte de ellos había echado de menos esas discusiones que tenían a todas horas y debían admitirlo, sin esos gritos a su alrededor nada era lo mismo.
Mamori sonrió, en ese momento estaba feliz y aunque él se notaba molesto por haber recuperado su forma humana, estaba segura de que algo había cambiado entre ellos, aunque ese algo fuera ínfimo y casi imperceptible. La soledad ya no era un problema en su vida, esas discusiones se lo demostraban y, estaba segura de que él había vuelto para quedarse y que junto a él, ya jamás se sentiría sola.
—Porque cuando los dos estamos juntos, ese sentimiento desaparece…—Pensó la chica aumentando su sonrisa.
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*Tsuyumine Megu: (Referencia a la mujer demonio misteriosa que salva a Habashira en el capítulo 1 y 4) En el manga manager de los Dokubari Scorpions.
*Nathan y Otto Gonzales: En el manga, son dos hermanos pertenecientes al equipo de los Nasa Aliens. Nathan, el hermano mayor, destaca por su fuerza y por su gran complexión física, aunque es muy lento, y Otto, el hermano pequeño, destaca por su velocidad y por su pequeño tamaño (más o menos tendría el tamaño de Komusubi).
*Kanagushi Sasuke: (Referencia al capítulo 5: Niños) En el manga y anime de Eyeshield21 sale como el quarterback y capitán de los Dokubari Scorpions, equipo que se centra principalmente en los trucos sucios y en las predicciones sobre los movimientos del equipo contrario.
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Bueno, aquí os traigo el capítulo de este mes, me costó bastante escribirlo porque en un principio iba ser para el día 7 pero bueno, por lo menos pude publicarlo, ya me temía no poder hacerlo por culpa de los exámenes y creedme que no es plato de buen gusto no poder publicar cuando lo prometes totalmente convencida de poder llegar a hacerlo T.T
Antes de nada, me gustaría dar las gracias a Dali por el hermoso dibujo que hizo y que pude colocar con su permiso de portada :D ¡Muchas gracias! ¡Lo amo! ¡Es precioso! Aunque todo esto creo que ya lo dije, pero bueno, no importa, no podría expresar nunca lo feliz que me siento al ver que una de mis preciadas lectoras (y amigas si me permite llamarla así) se toma la molestia de hacer un dibujo de mi fic *0* ¡Gracias de nuevo!
En cuanto al capítulo del mes que viene supongo que podré actualizar con normalidad, tengo unos días libres a mitad de mes (4 días T.T que triste) y aprovecharé al máximo para poder actualizar rápido y veloz XD
Por cierto, siento que Hiruma y Mamori se me han salido un poco de sus personajes en este capítulo, quizás demasiado ¿Qué opináis? ¿tendría que intentar arreglarlo en el próximo capítulo?
Bueno, y ahora como siempre muchas gracias a las chicas del grupo de facebook por vuestro apoyo, a las chicas que leen (y si hay chicos, siempre lo digo, sé que estáis por ahí solo debéis manifestaros XD) y sobre todo a robin-chuan, fifiabbs y NaruSaku'sFan por tomarse la molestia de dejarme reviews XD Agradezco mucho los reviews, después de todo son mi forma de mejorar, gracias a vuestras críticas cada día intento mejorar un poco más y ceñirme a vuestros gustos y exigencias, no me imaginaría hacerlo sin vuestros magníficas opiniones ;) ¡thanks!
Bueno, como siempre, ¡Espero que os guste!
Rei sama18
