-El sello del ángel-
Capítulo 8: Aliados
Y ahí estaban de nuevo, discutiendo como hacían siempre, aunque una parte de ellos había echado de menos esas discusiones que tenían a todas horas, y debían admitirlo, sin esos gritos a su alrededor nada era lo mismo.
Mamori sonrió. En ese momento estaba feliz, y aunque él se notaba molesto por haber recuperado su forma humana estaba segura de que algo había cambiado, aunque ese algo fuera ínfimo y casi imperceptible. La soledad ya no era un problema en su vida, esas discusiones se lo demostraban y estaba segura de que él había vuelto para quedarse y que junto a él, ya jamás se sentiría sola.
—Porque cuando los dos estamos juntos, ese sentimiento desaparece…—Pensó la chica aumentando su sonrisa.
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Hiruma abrió los ojos molesto por el Sol que entraba por la pequeña ventana de la cabaña. Desde la primera vez que el amigo enano de la humana los había descubierto durmiendo juntos ella había decidido que él dormiría en la otra habitación de la que disponía la casa, una habitación más pequeña que la de ella que tenía una pequeña ventana de madera que daba al bosque, pero que por las mañanas era un autentico suplicio para el demonio, ya que por ella, aun no sabía como, se colaba un pequeño hilillo de luz solar que para su desgracia siempre se posaba sobre sus ojos, daba igual donde se pusiera, siempre llegaba a iluminar su rostro.
El demonio se levantó con cara de pocos amigos, se quitó su ropa para dormir y buscó en el pequeño armario de puertas correderas algo de ropa limpia para cambiarse. Cuando ya lo tuvo todo listo salió en busca de la chica de ojos azules que parecía no estar en el interior de la cabaña, y temía que se hubiera ido de nuevo a cuidar de los malditos mocosos sin él. Esa chica no entendía que era el contenedor de sus poderes ahora y hasta que no los recuperara no podía hacer ninguna cosa extraña ni ponerse en peligro porque con ello, ponía en un serio aprieto a sus poderes y no estaba dispuesto a quedarse para siempre como un humano inútil.
Cuando por fin dio con la muchacha, se sorprendió bastante, la mujer a la que buscaba estaba apoyada en un árbol, con el arco en su mano derecha y la mano izquierda sobre Cerberos al que hacia unos dos días habían encontrado mal herido y a punto de morir. Aunque lo que más le sorprendió fue lo que hacía la chica en ese instante en el cual ni una bomba podría sorprenderla. Ella, como si nada, se encontraba sumida en un sueño profundo, por lo que podía ver al analizar su respiración tranquila y acompasada.
—¡Oye maldita mujer! ¡Despierta de una jodida vez!
Hiruma se acuclilló en el suelo para ponerse a la altura de la chica, cada vez estaba más seguro de que esa mujer tenía la enfermedad del sueño profundo o algo así, porque jamás se despertaba cuando la movía. El chico suspiró y comenzó a mover enérgicamente el hombro de la chica para que despertara, intentando ver si esa vez podía funcionar.
—¡Oye…!—Intentó seguir Hiruma
El muchacho se paró en seco al sentir el movimiento de la chica bajo su mano, ¿Cómo era posible que no se desertara si la estaba moviendo de forma incontrolada con todas sus fuerzas? Incomprensible.
El moreno decidió observar a la muchacha, totalmente vencido por el sueño profundo de ésta. Sus ojos azules se encontraban tapados por sus parpados y eso le dejaba observar sus largas pestañas con más tranquilidad. Su cabello estaba suelto, cosa que le llegó a extrañar, ya que siempre lo llevaba recogido en una especie de moño alto con una trenza alrededor, nunca se había fijado, pero parecía que su cabello era más largo que como lo había imaginado en un principio, nunca habría imaginado que le llegaba más abajo de los hombros.
Hiruma, metido en sus pensamientos, agarró uno de los mechones sueltos por el hombro de la chica y lo acarició con sus dedos acercándolo lentamente hacia su rostro mientras recordaba ciertas palabras intrépidas de la muchacha. Aun no podía siquiera creer que una mujer humana como lo era ella se hubiera atrevido a enfrentarlo y lo peor no era su atrevimiento, sino que había conseguido lo que nadie antes había logrado, vencer a Hiruma Youichi, el príncipe de los demonios.
Él, el que pronto debería luchar contra todo y todos para ocupar el lugar de su padre como rey de los demonios, había perdido contra una débil, frágil y simple humana. No podía perdonárselo a sí mismo, esa simple humana frágil había conseguido vencerlo, cosa que ninguno de los habitantes del infierno había hecho, pero lo que más lo molestaba, lo que más lo sacaba de sus casillas, no era eso, más bien era él mismo, sentía que no debía dañarla, que no debía tocarla, y eso, ese sentimiento, ese presentimiento, era el que más le hacía enfurecer.
Los dedos del demonio se cerraron fuertemente sobre el mechón de cabello castaño rojizo que aún sostenía en su palma. Debía destruirla antes de que cualquiera se le adelantara, antes de que ese hechizo que había lanzado sobre él lo consumiera por completo.
Por un momento, al seguir su recorrido por el rostro de la humana, Hiruma posó su vista en los labios de la chica hipnotizándose ante ellos, su cabeza se quedó en blanco y sin siquiera darse cuenta comenzó a acercarse lentamente hacia ellos rozándolos con los suyos propios en una dulce caricia impropia de un demonio salvaje como lo era él.
Los ojos de la chica se abrieron automáticamente al sentir el pequeño roce en sus labios, aunque no vio nada a su alrededor, estaba completamente sola. Se sintió extraña, habría jurado que sus labios habían rozado algo suave y a la vez frío, pero con ella no había nada, solo el perro demoniaco que descansaba tranquilamente bajo su mano.
Si lo analizaba bien, esa sensación extraña en sus labios, ese pequeño roce era casi como un…
—¿Un beso?—Pensó la chica.
Miró a Cerberos que en ese instante despertaba de su pequeña siesta y suspiró en señal de derrota. Tal vez solo había sido su imaginación desbordante que la había confundido en medio de su sueño. Definitivamente, se estaba volviendo loca imaginando esas cosas extrañas, ¿Cómo iba a besarla alguien cuando estaba sola?
Mamori se levantó y estiró todos sus músculos en un movimiento suave desperezándose con clara intención de despertarse por completo. En un movimiento grácil, agarró la mata de pelo castaño suelto y lo recogió en su pequeño y característico moño alto.
Cada día su imaginación la sorprendía más y más, y pensó en usarla para crear historias que seguramente agradarían a más de uno de los niño, tenía que sacar de alguna manera provecho a esa desbordante imaginación.
La muchacha sonrió ante sus pensamientos ya que había imaginado a todos los niños absortos ante sus historias y cogió su arco, el cual siempre llevaba consigo, para encaminarse por fin a realizar sus tareas, esperaba que Hiruma no la viera, ya que siempre la reprendía por irse sola con los niños y entendía la preocupación que mostraba él por sus poderes, pero siempre había estado sola y acostumbrarse a la presencia del demonio, no le parecía demasiado correcto, no después de sentirse tan feliz después de que él volviera a casa, no podía permitirse el lujo de acostumbrarse a su presencia.
Antes de ponerse en camino, la muchacha llevó su mano derecha lentamente hacia sus labios acariciándolos con las yemas de sus dedos. Esa sensación… ¿seguro que había sido producto de su imaginación? Se sentía tan real…
El rostro del demonio apareció en su mente como por arte de magia y sus mejillas se tiñeron de un rojo tan notorio que si alguien la hubiera visto en ese momento podría haberla confundido perfectamente con un tomate maduro.
Mamori movió la cabeza a ambos lados de forma enérgica para quitarse la idea de que hubiera sido el demonio de la mente. Él no podía haber sido, la odiaba por haberle arrebatado sus poderes, pero sobretodo por haberlo hecho siendo humana.
La mano que anteriormente acariciaba sus labios bajó al colgante que portaba en el cuello y agarró el dije que había comenzado toda aquella historia, ya que sin ese dije, probablemente en ese momento estaría muerta.
Los pies de la muchacha comenzaron a moverse atraídos por una fuerza invisible y la chica desapareció en pocos segundos entre el follaje del extenso bosque que rodeaba su pequeño hogar.
Mientras, detrás del árbol donde había estado descansando Mamori, el moreno respiraba de forma entrecortada, aun no entendía como era posible que hubiera hecho semejante cosa, ¿la había besado? ¿Acaso esa humana le atraía? Estaba claro que era bonita, y que tenía un cuerpo esbelto dotado de curvas que bien podían pertenecer a cualquiera de las mujeres más hermosas del infierno, pero no era eso, era algo distinto, algo que hacía que su corazón comenzara a latir a velocidades sobrehumanas en una milésima de segundo, no parecía ser una simple atracción por su cuerpo.
Se encontraba confundido, era la tercera vez que su mente se paralizaba ante ella: La primera* vez fue en ese momento en que ella lo intentó seducir para atarlo de nuevo a ella y la segunda* había sido hacía muy poco, cuando decidió no besarla. En ese momento, su cuerpo sintió que esa no era la ocasión idónea para hacerlo, notó que quería estar más tiempo en ese lugar, que quería ver más de sus caras, había sido un estúpido al pensar eso, había perdido la oportunidad perfecta y en vez de besarla como habría hecho cualquiera en sus cabales había apoyado su cabeza en su hombro sintiendo ese exquisito olor a lavanda que lo atraía desde hacia tanto tiempo. Definitivamente era un autentico estúpido.
El demonio pegó un fuerte golpe con su puño al árbol más cercano que encontró, totalmente controlado por la rabia que sentía en ese instante. Ese maldito embrujo o lo que fuera que le había hecho la humana era algo realmente peligroso y debía darse prisa, descubrir el punto débil de esa mujer problemática para así acabar cuanto antes con ese sentimiento horrible que lo carcomía por dentro, antes de que ya no pudiera hacer nada contra ello.
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Taki Suzuna podría ser todavía una adolescente, una chica con hormonas revolucionadas sujeta a una época de profundos cambios, una simple ayudante de la maestra de la aldea Anezaki Mamori, pero no era una muchacha común, no con ciertos temas relacionados principalmente con el amor y los sentimientos de las personas a su alrededor.
Estaba convencida de que ella tenía un sexto sentido para esas cosas, era como un "detector de amor" que se ponía en marcha en cuanto sentía que el grandioso sentimiento del amor comenzaba a brotar en los corazones ajenos, por eso sabía que aquello que estaba ocurriendo aquella mañana delante de sus narices no eran más que las reacciones de una muchacha enamorada.
Suzuna sonrió de medio lado al ver por décima vez como su mejor amiga suspiraba sin darse cuenta mientras se perdía entre sus pensamientos. Durante toda esa mañana, la muchacha había estado distrayéndose pero su ensimismamiento había aumentado una vez que Sena y Monta le habían hecho el favor a la muchacha de llevarse a los niños a sus respectivas casas.
Los síntomas que la hacían detectar esos sentimientos eran los más comunes en una muchacha enamorada, pero lo que la había hecho sospechar desde el principio había sido esa mano traviesa que se escapaba inconscientemente a acariciar los labios de su amiga cuando ésta se quedaba en su mundo. Así que había decidido ser directa, ese día no solamente se quedaría tranquila detectando ese pequeño sentimiento, ese día lo confirmaría.
—Mamo-nee…—Dijo la muchacha llamando la atención de su amiga.
Mamori se sobresaltó debido a que aun permanecía distraída, pero Suzuna consiguió lo que estaba buscando, captar todo el interés de su amiga en su persona.
—¿Por qué hoy no ha venido You-nii? ¿Sus heridas han empeorado?—Preguntó.
—No, claro que no, no le dije que me iba porque estaba descansando pero ya está recuperado, la verdad es que es sorprendente que sus heridas hayan sanado tan rápidamente—Contestó Mamori—¿Por qué lo preguntas?
—No… por nada en especial… como siempre estáis juntos como si fuerais un matrimonio de recién casados…—Dijo la chica con una sonrisa diabólica.
—¡C-claro q-que no!—Tartamudeó Mamori.
Y ahí estaba la reacción que estaba esperando: mejillas más coloradas que una manzana, sudoración excesiva, tartamudeo y risa floja. Y estaba segura de que su corazón latía a una velocidad sobrehumana. La tenía. Había caído en su trampa.
—Oye Mamo-nee…—Articuló Suzuna lentamente—¿Acaso notas algo raro últimamente? Ya sabes… ¿tu corazón late muy rápido? ¿Sientes que a veces tu estomago molesta? O ¿sudas mucho cuando te pones nerviosa?
—Bueno… últimamente sí… ¿Cómo lo sabes?—Cuestionó Mamori anonadada.
La mirada sorprendida de su compañera le hizo pensar en su éxito, la estaba llevando justo donde la quería, la estaba atrapando. Su gran amiga Mamori podría ser fuerte, inteligente y hermosa, pero en cuestiones de amor era un desastre y eso era un punto a su favor , ya que la haría darse cuenta de lo que sentía por el chico que vivía en su casa.
—Bueno, digamos que es un presentimiento… pero puedo decirte que estás muy enferma Mamo-nee…
—¿Qué estás diciendo Suzuna?—Dijo Mamori con una sonrisa divertida en los labios—A ver, ¿qué enfermedad tan horrible tengo?
—Te has enamorado de You-nii—Respondió la muchacha de forma cortante.
El silencio se hizo presente entre las dos muchachas y la tensión del momento se podría partir perfectamente con un cuchillo, era un momento realmente incomodo. Ambas muchachas estaban frente a frente, Suzuna esperando la reacción que deseaba y Mamori con la mirada perdida, y la mente completamente en blanco, no podía pensar nada a raíz de esas palabras.
—No, no, no, no, no…—Repetía Mamori completamente ida.
—No lo niegues Mamo-nee, esos "síntomas" que te dije solo te ocurren cuando hablas de You-nii o cuando estás cerca de él, sé que no esperabas enamorarte de él pero lo has hecho.
—¡No! ¡Solo es tu imaginación! Ambas sabemos que siempre intentas tener razón en temas como estos, ¡el amor es tu tema preferido!—Gritó Mamori con todas sus fuerzas.
Suzuna estaba sorprendida, esa no era la reacción que esperaba ni mucho menos, esperaba un "¡Tienes razón! ¡Tengo que confesarle lo que siento!" No esa negación total nerviosa que estaba viendo. Era como si temiera haberse enamorado del moreno, como si lo que sentía por él estuviera totalmente prohibido por ser de mundos diferentes, como si ese sentimiento fuera inhumano…
—Mamo-nee… yo no te diría esto para hacerte daño ni mucho menos, pero… ¡Tú amas a You-nii! Él es el único hombre que te ha protegido hasta ahora, piénsalo, siempre te encargas de proteger a todos los que te rodean, sin embargo, él se preocupa por ti y por lo que he visto hasta ahora te protege aun a coste de su propio bienestar.
Eso que decía su mejor amiga era cierto por una parte, aunque no era muy fiable. Él la protegía sí, pero no porque se preocupara por ella, más bien porque se preocupaba de los poderes que portaba en el dije que colgaba de su cuello y que tanto temía perder el demonio.
—El cambio de ser protectora a protegida te gusta, y aunque no lo creas te enamoraste de él, no puedes engañarme.
—Suzuna…—Susurró Mamori.
La cara de su amiga era un autentico poema, tenía una expresión que nunca le había visto parecía haberse dado cuenta de lo que sentía, pero eso no la hacía más feliz, parecía confundida debido a sus sentimientos lo que le hizo preguntarse si en realidad era tan malo enamorarse de Hiruma.
—Yo… tengo que pensar en esto… mejor me voy, ya hablamos mañana ¿Si?—Dijo Mamori siguiendo su camino sin mirar atrás.
Suzuna dio un paso hacia delante con clara intención de seguir a Mamori para convencerla de que lo que decía era cierto, pero se paró en seco al sentir que era mejor dejarla sola para que reflexionara sobre todos esos sentimientos que florecían en el interior de su corazón.
Por su parte, Mamori comenzó a correr lo más rápido que pudo, sentía que debía huir de algo que la perseguía, aunque estaba convencida de que no había nada ni nadie detrás de ella. Las palabras de su amiga comenzaban a abrirle los ojos lentamente. Todos esos sentimientos que crecían día a día en su corazón desde que el demonio había aparecido como un vendaval en su vida se habían unido en su interior para formar uno solo, se había enamorado de él como una tonta, había caído en los brazos de su enemigo y estaba segura de que ese simple fallo le costaría la vida.
Mamori paró de correr y se apoyó en un árbol para recuperar el aliento, ya que su respiración había comenzado a entrecortarse, no sabía si debido a la carrera o a la presión de los sentimientos en su pecho que comenzaba a pasarle factura.
Su cabeza daba vueltas como si estuviera en medio de un juego macabro, pero lo peor no era sentir que estaba haciendo algo malo, lo peor era haberse dado cuenta de ese sentimiento en un momento tan complicado como ese, ¿Por qué no podía haberse enamorado de otra persona? ¿Por qué debía ser él? Era un demonio, y no solo eso, era tramposo, egoísta, compulsivo, arrogante, calculador, atrevido y orgulloso, era el mal con todas las letras, entonces ¿Por qué había sido él el elegido por su corazón?
Las palabras de Suzuna llegaron a su mente como un pequeño suspiro y la hicieron reaccionar "Él es el único hombre que te ha protegido hasta ahora, piénsalo, siempre te encargas de proteger a todos los que te rodean, sin embargo, él se preocupa por ti y por lo que he visto hasta ahora te protege aun a coste de su propio bienestar" Así que era eso… Le gustaba sentirse protegida por él, le gustaba que por una vez en su vida alguien se preocupara por ella y por su bienestar, le gustaba esa sensación de calidez que la llenaba por dentro al sentir que no estaba sola y aunque él tuviera sus propios deseos egoístas detrás de esa protección, había sido una tonta y se había enamorado completamente de él.
Suspiró y apoyó la espalda en el tronco más cercano a ella tirando su cabeza hacia atrás. Era una tonta, no podía haberse enamorado de cualquiera, había caído ante el hombre más complicado del planeta y jamás podría decirle lo que sentía por él porque estaba segura de que algo así la llevaría directamente a la tumba.
Un sollozo cercano a ella hizo que Mamori se sobresaltara y se pusiera en guardia, había alguien más con ella en esa parte del bosque y podría asegurar que no era humano ya que la presencia humana se podía sentir fácilmente y en ese momento, no sentía absolutamente nada.
Mamori giró la cabeza hacia una parte más oscura del bosque de donde dedujo que provenía el pequeño sollozo ahogado que escuchaban sus oídos y el cual se acercaba hacia ella lentamente y apretó fuertemente su arco mientras veía como un enorme demonio con apariencia humana se acercaba a ella percatándose de su presencia.
—Tú…—Susurró el demonio al verla dejando de lado los sonoros sollozos que había producido anteriormente.
La muchacha sintió que su corazón daba un vuelco al ver que el demonio se dirigía a ella. No podía ver su rostro ya que estaba tapado por una capucha que provenía de una capa que casi lo hacia verse más enorme de lo que era en realidad, pero por su tono de voz parecía enfadado, tal vez demasiado.
—¿Tú eres Anezaki Mamori? ¿La sacerdotisa de esta aldea?—Preguntó el hombre.
—Sí… soy Anezaki Mamori, pero no soy sacerdotisa—Respondió ella con voz fuerte y decidida.
—No me importa que no seas sacerdotisa, porque sé que eres la mujer que estoy buscando…
Mamori sintió como la fuerza de ese demonio aumentaba por momentos, a cada paso que él daba, tenía la sensación de que el suelo se movía debajo de ella. Ese hombre parecía muy fuerte…
—Tú eres la humana que mató a Hiruma…—Dijo el demonio escupiendo las palabras a trompicones—Tú mataste a Hiruma y yo te mataré a ti…
El demonio se deshizo de la capucha y enseñó su rostro a la muchacha. Por lo que podía adivinar normalmente era un demonio pacífico, pero frente a ella tenía un rostro cuyos ojos mostraban un odio profundo hacia ella. Mamori tragó saliva al sentir como su cuerpo se paralizaba ante la presencia del demonio, ¿había dicho que ella había matado a Hiruma o era su imaginación?
El hombre se comenzó a acercar lentamente hasta su posición. Se encontraba en un momento complicado en el que cualquiera de sus movimientos podrían hacer enfadar aun más a ese demonio enorme pero si la odiaba tanto por "haber matado a Hiruma" según decía ese demonio, seguramente sería un amigo del demonio, debía aclarar la situación.
—¡Yo no maté a Hiruma! ¡Él está vivo!—Gritó la chica alejándose un poco del árbol donde se apoyaba.
—Mientes ¡¿Qué le hicisteis a Hiruma ese demonio y tú?!—Gritó el demonio.
Mamori se sorprendió al oír las palabras del muchacho que se alzaba frente a ella con la fiereza de un león, preguntándose si acaso ese hombre pensaba que ella había hecho algún pacto con otro demonio para acabar con Hiruma, aunque eso no tenía sentido porque el único demonio con el que había estado todo ese tiempo había sido el propio Hiruma.
—Puedo leer a través de ti y ese colgante lleva la esencia de Hiruma ¡Tú fuiste la que lo mató!
El demonio se lanzó hacia Mamori para atacarla y la chica lo esquivó salvándose por un solo pelo. La muchacha observó como trozos del árbol donde estaba anteriormente apoyada salían volando por los aires tras el tremendo golpe del muchacho de la capa.
Se notaba que tenía mucha fuerza y a Mamori le sorprendió la facilidad con la que había sentido el poder de Hiruma a través del sello del colgante, eso lo convertía en un demonio tremendamente poderoso, uno de los más poderosos contra con los que había luchado hasta el momento.
No era un demonio muy rápido, se notaba en sus movimientos lentos y pausados, pero estaba claro que si la agarraba en alguna de sus embestidas acabaría con su vida en menos de un minuto, así que corrió alejándose de él para buscar algún claro del bosque donde poder desenvolverse mejor, porque si por un casual fallaba en ese bosque moriría en manos de ese enorme demonio.
En cada movimiento del demonio caían destrozados varios árboles, ni siquiera cantaban ya los pájaros, el bosque se encontraba sumido en un silencio devastador roto solamente por los gritos del muchacho y la destrucción que dejaba a su paso.
Cuando en la lejanía del bosque comenzó a observar el hilo de luz que le señalaba que pronto encontraría un claro en medio de esa maraña de árboles, aumentó la marcha, ya que sentía que aunque ese demonio era lento se acercaba cada vez más a ella como si el odio y rencor que sentía por la humana lo moviera a ir más deprisa.
Justo al salir del bosque, en medio del claro, un extraño estruendo detrás de ella la hizo rodar por el suelo haciendo que se clavara algo en la mano al caer, le dolía y un fluido espeso y rojo comenzó a salir de ella a borbotones. Cerró la palma empapando sus dedos con su propia sangre a la vez que hacia oídos sordos al dolor intenso de su mano, y se levantó para encarar al demonio que en ese instante salía del bosque dispuesto a acabar con ella.
—Ya te dije que Hiruma está vivo, pero si no me crees…—Dijo ella a la vez que tensaba su arco—No me queda otra opción…
—¡Mentirosa!—Gritó el demonio con todas sus fuerzas.
Le dolía la mano al tensar el arco, notaba como por la cuerda resbalaba su propia sangre tiñéndola de un rojo intenso y veía como algunas gotas se mezclaban entre la hierba bajo sus pies. La escena para ella iba en cámara lenta, veía al demonio, desde la distancia donde se encontraba, lanzarse a por ella dejándolo como un blanco fácil debido a su velocidad pausada y respiró hondo para concentrarse soltando la flecha lentamente.
Después de ese momento todo fue muy rápido, creyó oír dos voces en la lejanía, una que decía el nombre del perro demoníaco que tan bien conocía "Cerberos" y otra voz más grave que gritaba una palabra extraña "Kurita".
Cuando volvió a fijar la vista no sabía como había llegado a esa situación, un demonio con aspecto de hombre maduro, aparentemente mayor que ella, había cortado su flecha en dos partes espada en mano, y el gran demonio que la atacaba permanecía cautivo entre las patas de Cerberos que se presentaba imponente encima de él con su forma demoníaca.
—Creo que os equivocáis al pensar que no voy a hacer nada si intentáis robarme a mi presa malditos idiotas—Se escuchó una voz detrás de Mamori.
En cuanto Mamori reconoció la voz de aquel a sus espaldas su corazón comenzó a latir a gran velocidad y una sonrisa apareció en su rostro junto a un sonrojo en sus mejillas, había ido a protegerla aunque ella no necesitara su protección.
—Hiruma-kun…—Susurró Mamori mirando atrás.
El demonio con imagen de adulto pareció escucharla y observó con los ojos como platos a aquel adolescente humano que había salido de la nada y que se llamaba igual que su amigo.
—Oye maldito viejo, mis ordenes fueron que no debíais interferir, ella es mi presa—Repitió el muchacho.
—¿Hiruma?—Preguntó el hombre.
El demonio debajo de Cerberos forcejeó liberándose del animal como si de un cachorro normal se tratara al escuchar el nombre de su gran amigo saliendo de la boca de Musashi y fue directo hacia el chico dándole un abrazo con todas sus fuerzas en medio de unos sollozos muy sonoros.
—¡Hiruma eres tú! ¡Estás vivo! ¡Estábamos muy preocupados por ti Hiruma!—Exclamaba feliz Kurita.
El muchacho entre los brazos de Kurita oía todos sus huesos crujir ante la fuerza de su amigo, si no le paraba los pies sería capaz de matarlo él mismo ya que con su cuerpo humano no aguantaría la fuerza demoníaca de Kurita.
—¡Sueltalo!—Gritó Mamori acercándose a los demonios totalmente preocupada—¡Él morirá si lo abrazas con esa fuerza!
Kurita sorprendido por lo que le decía la humana soltó a Hiruma quien respiraba a trompicones debido a la presión que había ejercido su amigo sobre su pecho. Mamori se acercó a él preocupada por su estado al haber sido aprisionado entre los brazos del demonio que hacía unos minutos la perseguía, pero no parecía querer matarlo, más bien todo lo contrario, no parecían ser enemigos del demonio.
—Musashi, ¡Hiruma es condenadamente débil!—Exclamó Kurita al ver el poco aguante de su amigo al abrazo que tan "cariñosamente" le había dado.
Kurita sintió como algo le tocaba la espalda y al girarse vio la pierna del moreno levantada para pegarle una patada.
—Oye maldito gordo, solo en esta forma soy débil, ¿tengo que recordarte quien es el más poderoso de los dos?—Manifestó Hiruma claramente molesto por las palabras de su amigo.
—Hiruma-kun, ¿son amigos tuyos?—Preguntó Mamori curiosa.
—Son mis aliados—Respondió Hiruma aun concentrado en Kurita.
—¿Cómo es posible que te hayas convertido en humano?—Cuestionó seriamente Musashi cambiando totalmente de conversación.
Hiruma miró de reojo a Mamori y la escena le dio a entender todo lo ocurrido a Musashi sin necesidad de palabras, pues el colgante que se veía en el cuello de la muchacha desprendía la esencia de su mejor amigo y suponía que contendría el poder demoníaco de éste.
—Ella selló tus poderes…—Susurró Musashi—Eso es un problema…
Hiruma miró a Musashi con una ceja levantada, en una señal irónica que Musashi entendió perfectamente con unas palabras que pasaban por la mente de su amigo "¿En serio? ¿Tú crees maldito viejo?"
—Si no hay más remedio tendremos que matarla…—Dijo Musashi con expresión serena—No nos podemos permitir que otro demonio la capture…
Musashi dio un paso adelante para acercarse a ella llevando la mano a la empuñadura de su espada y Mamori, al oír sus frías palabras apretó fuertemente el arco dándose cuenta de una cosa, que fueran aliados de Hiruma no los hacia más que sus enemigos.
La muchacha sintió como una mano la agarraba de la muñeca y una suave fuerza la atraía hasta el pecho del ahora "humano" junto a ella, haciendo que sus mejillas se tiñeran de un rojo brillante.
—Tócale un pelo maldito viejo y te juro que te convertirás automáticamente en mi enemigo, ella es mi presa—Expresó Hiruma con un rostro duro y una mueca socarrona en sus labios.
La mirada de Mamori estaba fija en el suelo, sus mejillas, de un color más que alarmante, parecían llamar la atención de todas las personas a su alrededor y su mueca, debida a la vergüenza, hizo a Musashi percatarse en tres segundos de lo que parecía ocurrirle a la muchacha, pero lo que aun no comprendía era lo que hacía a su amigo actuar de esa manera, después de todo era un demonio, y uno de los más tramposos y crueles del infierno.
—Hiruma, necesito hablar contigo, a solas—Dijo remarcando las dos ultimas palabras.
—Vete con Cerberos a la cabaña y no salgas de ahí maldita humana, no quiero tener que ir de nuevo a salvarte—Susurró Hiruma en el oído de Mamori.
La chica observó como el muchacho se iba con sus dos amigos y pensó en el motivo por que el se habían desecho de ella de esa manera tan brusca, si Hiruma pensaba en serio que lo obedecería como Cerberos estaba muy equivocado, estaba segura que hablarían de su suerte, y su vida le incumbía más que a ninguno de esos tres demonios juntos.
Se adentró en el bosque por el camino por el que ellos mismos se habían introducido anteriormente y pidió a cerberos que volviera a su forma normal, la presencia del perro no la incomodaba, había aprendido a hacerle sugerencias que el perro acataba como ordenes y siempre venia bien tener un guardián más fuerte que muchos de los menores que había allí.
Pensó en Hiruma y en sus nuevos "compañeros" y un escalofrío recorrió su columna, sí, definitivamente hablarían sobre su suerte en el mundo de los vivos y podía jurar que no permitiría que se decidiera qué destino iba a correr sin estar presente, no, jamás lo permitiría.
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Una mujer de edad avanzada corría despavorida hacia su aldea, sus fracciones, repletas de surcos producto de la edad, estaban endurecidas, se notaba una mujer fuerte, una luchadora que llevaba muchos años peleando con el mundo y consigo misma, pero en ese momento estaba asustada, más que asustada aterrada, esas sombras que la perseguían estaban por todas partes y necesitaba llegar cuanto antes a su hogar para salvar a todos los aldeanos del terrible destino que les esperaba.
Una rama se interpuso en su camino haciéndola caer al sueño, su cuerpo dolía, había pasado los últimos días acabando con demonios que habían aparecido en el territorio cercano a su aldea y ya estaba cansada, no tenía edad para malgastar tanto poder, pero no era eso lo que más le dolía. Sus ojos comenzaron a llenarse de lagrimas que amenazaban con desbordarse, con salir amenazadoramente al exterior.
La niña que tanto había amado durante los últimos 17 años podría estar muerta en esos momentos, la había dejado sola para salvar a más personas sí, pero la sangre de su sangre había quedado totalmente indefensa ante esos monstruos, esos monstruos que la querían a ella para saciar sus ansias de poder.
Se sentía estúpida, estaba cansada del mundo, de la vida, pero debía luchar, luchar por su nieta, quien había sido desde el principio su prioridad, quien aunque era fuerte necesitaba de ayuda para afrontar muchos problemas. Ahora se daba cuenta, la había enseñado a ser fuerte y autosuficiente, pero en ningún momento la había enseñado a confiar en los demás y con ese poderoso enemigo que tendría que enfrentar... si no estaba ya muerta necesitaría ayuda, y mucha.
—Los humanos son seres tan débiles… ni siquiera le he hecho aun nada—Dijo una voz grave entre las sombras.
La mujer, al escuchar la voz proveniente de las sombras, comenzó a arrastrarse por el suelo en un intento por avanzar en su camino desesperado hacía el lugar que tantas veces había llamado su hogar. Sus rodillas sangraban debido al roce de las piedras puntiagudas con su piel, pero no se rendiría, no después de saber lo que ese demonio quería hacer con su nieta, jamás lo permitiría sin antes luchar.
—Los humanos son seres débiles que merecen morir, pero necesito a la sacerdotisa para conseguir convertirme en el rey de los demonios, ¿Dónde está la sacerdotisa joven?—Preguntó la voz.
—No hay ninguna sacerdotisa joven en mi aldea, solo estoy yo—Respondió la anciana.
—¡Mientes!—El volumen de la voz se intensificó.
De entre las sombras y en una milésima de segundo apareció un hombre aparentemente joven de cabello largo y oscuro con la mirada severa y el rostro descolocado en una mueca. Cansado de las mentiras de la anciana y ansioso por conseguir el poder que tanto quería, puso uno de sus pies en la espalda de la mujer y presionó hacia abajo haciendo a la mujer gritar de dolor.
—¡¿Dónde está la muchacha?!—Volvió a preguntar.
—¡No sé de quién me hablas!—Respondió la anciana entre gritos de dolor.
—Me estoy cansando…—El hombre suspiró—No pensaba que tendría que usar esta técnica con una asquerosa humana, pero ha resultado más difícil sacarte información sobre la chica de lo que pensaba…
El hombre apartó el pie que había puesto encima de la espalda de la mujer y agarró su cabeza levantándola un poco del suelo.
—Dulce sueño eterno asquerosa humana—Anunció el hombre del cabello oscuro.
Su mano comenzó a ponerse de un color negruzco y la anciana abrió los ojos en señal de dolor. Los recuerdos de su vida pasaron por su mente como una oleada desde los primeros años de su existencia a las últimas semanas que pasó en su hogar y después, la nada, un vacío se empezó a apoderar de las memorias de su vida como si se las hubieran robado.
El demonio soltó la cabeza de la mujer y sonrió de forma maligna al sentir que ya tenía la información suficiente como para conseguir aquello que tanto ansiaba.
—Así que la chica es mitad ángel… interesante… ¡Nos vamos!
Las sombras que rodeaban el bosque donde se encontraba la mujer empezaron a reunirse alrededor del hombre y el susodicho desapareció de la vista de la mujer que ni siquiera tenía fuerzas ya para seguir abriendo los ojos.
—Ma…mori…—Dijo la anciana en un último suspiro de vida.
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*Referencias a los finales de los capítulos 5 (niños) y 7 (un pequeño cambio)
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¡Y después de meses y meses aquí os traigo el capítulo 8 de "El sello del ángel"!
Entre unas cosas y otras no pude publicar antes y me dolió en el alma no poder hacerlo, de verdad que lo lamento.
Espero que este capítulo os haya gustado, sé que la historia va lenta, pero es que el amor es así, va poco a poco y sin prisas y me da gusto anunciar que a partir de este capítulo tendremos un grupo fijo de enemigos, después de repasar la mitad de los personajes de la serie y ponerlos como enemigos de la parejita, puedo asegurar que ya tengo al malo-maloso del fic xD
Por cierto, como petición de varios comentarios que ya he visto que se repite, en el próximo capitulo "Juegos peligrosos" incluiré una escena "hot" como la habéis llamado vosotras pero no prometo lemon ya sabéis que tengo manía de cortarlos en el mejor momento, así que no puedo prometer mucho xD
¡Gracias por los comentarios! ¡Espero que os guste! ;)
Rei sama18
