¡ADVERTENCIA! Esta historia puede herir la sensibilidad de ciertas personas, si has sufrido episodios violentos en tu vida, puede que esta historia no sea para ti. Los personajes de Zootopia no me pertenecen, solo los OCS. Dicho esto, disfruten de la lectura.
EL DÍA QUE PERDI TODO
Capítulo 6: Colapso
El corazón me latía con tanta intensidad que pensaba que se me saldría disparado del pecho. Corría frenético por los pasillos en busca de Judy. Subí a la segunda planta y me adentré en el pasillo que tenía más cerca y entonces lo vi. frene en seco. No podía creerme lo que estaban viendo mis ojos La vida me acababa de arrebatar a otro ser querido. Judy yacía en el suelo rodeada por una gran mancha roja. No lo pensé dos veces y salí disparado hacia ella sin importarme que el tirador estuviese cerca. Cada paso que daba notaba como las patas me fallaban hasta que al final caí de rodillas a su lado. Mi zanahorias tenia la vista fija en el techo. Sus ojos estaban abiertos y no mostraban ninguna emoción. La zarandee con la esperanza de que despertase. Nada. Coloqué mis patas en su pecho e hice la RCP varias veces. Nada. Las patas se me mancharon con su sangre, las lagrimas caían sobre su torso mojándolo y mezclándose con el líquido rojo. El pecho me dolía como nunca antes me había dolido. Las patas temblaban causa del pánico que sentía. Si me hubiera visto en un espejo en ese preciso momento, habría visto el rostro de un animal al que le habían arrebatado el alma. Solo se escuchaban mis lamentos en aquel pasillo. El animal del que me había enamorado locamente, mi mayor apoyo, mi compañera de viaje, acaba de perecer. La abrazaba con todo mi ser. Como si aquel gesto le fuera a devolver la vida de alguna manera, como suele pasar en las películas infantiles donde todo se arregla al final del día por arte de magia, pero este no era el caso. Nunca más volvería a oír su tierna voz despertándome por la mañana.
Pensaba que ya no había nada que me hiciera sufrir mas que aquello, pero me equivocaba. Gire mi cabeza para encontrarme la puerta abierta de un aula. Se podía observar otro cuerpo tirado en paralelo con el de Judy. No me hizo falta estar cerca para saber de quien se trataba. Esa cola espesa y rojiza que veía a diario en mi casa la reconocería en cualquier sitio.
Dejé el cuerpo de Judy en el suelo y me levanté para dirigirme al interior de la clase. Los ojos se me desviaron primero hacia la escopeta que se encontraba al lado de Jake. Por un momento llegue a pensar que mi hijo era el causante de todo aquello, pero me negaba a imaginármelo disparando a chicos inocentes. Mi hijo no era un asesino. Le habían tendido una trampa y tal vez el tirador habría huido e inculpado a Jake para desviar la investigación y asegurarse de que no se llevase a cabo una búsqueda del auténtico culpable.
Continuaba llorando viendo el cuerpo sin vida de mi hijo. Me arrodille a su lado y lo abrace mientras gritaba de impotencia. ¿Por qué la vida era tan cruel conmigo? ¿Le había hecho algo al de arriba y ahora me castigaba de esta forma? ¿Por qué no podía ser simplemente feliz? Decir que estaba destrozado era quedarse corto. Entonces vi la bolsa de Jake. La misma que había preparado con prisa aquella mañana porque se suponía que tenía educación física. Deje con cuidado en cuerpo y la agarre. Pesaba un poco para ser una simple bolsa de deporte. Cuando la abrí me dio otro vuelco el corazón. En el interior descansaban varias armas de fuego, algunas incluso estaban calientes indicando que habían sido usadas recientemente. La tristeza que sentía fue desvaneciéndose para dejar paso a la rabia. Me basto con mirar otra vez a Jake para entender lo que había sucedido.
No vestía la misma ropa con la que había salido por la puerta de casa. Llevaba puesto una especie de chándal oscuro. Una indumentaria típica de los animales que hacen tiroteos masivos. Y su muerte… se había suicidado utilizando la escopeta. Todo estaba delante de mis ojos, y me negaba a ver la realidad. Jake asesino a su madre y de la culpa que sentía se quito la vida, no antes de dejar un rastro de muerte por todo el centro educativo.
La realidad me golpeo tan fuerte que me dio vueltas la cabeza. Sentía que me costaba respirar. No me podía estar pasando esto a mí. Era demasiado. ¿Que se supone que tendría que hacer ahora? Me vinieron un montón de recuerdos felices de mi hijo. Necesitaba descifrar el motivo de todo esto. Nada tenía ningún sentido. ¿Por qué lo había hecho? ¿Alguien le había obligado? ¿Hace cuánto estaba planeando hacerlo? ¿Dónde había conseguido este armamento? ¿En qué momento se torció la vida de mi hijo? Apenas podía pensar con claridad, las preguntas y las dudas se acumulaban produciéndome dolor de cabeza. Era mucha información que procesar en muy poco tiempo.
Jake descansaba con la vista fija en el techo del aula. La sangre le rodeaba principalmente por la cabeza donde se había pegado el tiro. No tenia dudas de como lo había hecho. Coloco el cañón del arma en su boca y apretó el gatillo sin dudarlo. Una muerta rápida.
Tristeza, enfado, rabia, decepción, pero sobre todo culpabilidad. Había fallado a mi familia. ¿Qué clase de padre no sabe proteger a los suyos, y más siendo policía? No merecía llevar esa placa en el pecho.
Ya no pude aguantar más. Me desplomé sobre el suelo con la cabeza a punto de estallarme, entonces recordé a mi hija. Kyle. Pero ya era demasiado tarde. Me desmaye mientras me preguntaba si seguiría con vida. Ella era mi última esperanza.
27/11/2036 (Dos días después)
Me desperté postrado en una camilla de hospital. ¿Y si todo hubiera sido un mal sueño que me hubiese lesionado físicamente de alguna manera y estaba allí, donde mis hijos y Judy me esperaban fuera sentados a la espera de tener noticas de su padre? Tuve una pizca de esperanza fantaseando con ese panorama, pero todo se desvaneció al ver que llevaba puesto mi uniforme de policía. El doctor no tardo en ingresar al cuarto.
- Veo que esta despierto, ¿qué tal se encuentra? – Me pregunto un alce que tenia pinta de llevar sus años ejerciendo su profesión.
- ¿Cuánto tiempo llevo aquí? –
- Un par de días, sufrió un… -
- Tengo que irme – Le dije bruscamente mientras me levantaba de la camilla.
- Señor Wilde, no puede irse hasta que le demos el alta –
- ¡Me importa una puta mierda, tengo que buscar a mi hija! –
- Tiene que calmarse, entiendo su situación, pero…-
- ¡Que vas a entender! ¡No tienes ni idea! –
- Por favor, túmbese, tengo que hacerle unas pruebas –
No le hice caso. Me puse de pie y le di un empujón dirigiéndome hacia la salida. El alce tampoco hizo nada por detenerme. Nada mas pisar el pasillo me encontré con el jefe Bogo de frente. Descifrar su expresión facial era un enigma, el búfalo guardaba sus sentimientos en lo mas hondo de su ser y solo una vez pude verlo alegre, cuando conoció a nuestros hijos.
- Wilde, que haces. Deberías estar en camilla –
- ¿Dónde esta Kyle? – Le pregunte con la voz entrecortada ignorando su comentario.
- Escucha, vuelve ahí dentro, necesitas descansar –
- ¡Dime donde esta joder! – Dije frustrado.
El búfalo me miraba sintiendo lastima por mí. Un simple gesto de negación, me revelo el fatal destino de mi hija.
- Quiero verla – Dije conteniendo las ganas de llorar.
- Acompáñame –
Seguí al jefe mientras mi mente se hacia mas preguntas. Sentía que los pasillos se estrechaban a mi paso y aquella sensación se acentuó al entrar en el ascensor. Mi respiración era agitada.
Las puertas se abrieron. Nos encontrábamos en las plantas bajas del hospital, donde solían situarse las morgues. La ultima vez que pise una fue en mi infancia y esperaba no tener que volver a hacerlo el resto de mi vida. Caminado notaba que las patas me flojeaban. Me estaba preparando mentalmente para afrontar la situación lo mejor posible, pero ¿Cómo se prepara uno para algo así?
- No creo que sea buena idea dejar que la veas, después de lo que te paso – Dijo Bogo dubitativo.
- Necesito verla –
Bogo dudo unos segundos y me abrió las puertas. Entre yo solo.
Mis ojos se encontraron con una camilla que sobresalía de una pared. Era la única que estaba abierta, y en ella descansaba un cuerpo tapado con una manta. Mi corazón se aceleraba con cada paso, deseaba que fuese un error y el cuerpo allí tumbado perteneciera a otro animal, pero cuando lo destape volví a ser golpeado de nuevo.
El cuerpo de Kyle estaba casi intacto, parecía incluso que solo estuviese echando una cabezada. Presentaba una herida de bala en el pecho y tenia la piel pálida. Ahora si me había quedado solo por completo.
No hubo gritos desgarradores, tampoco un llanto descontrolado. Estaba tan destrozado que no sabia ni como reaccionar. Apoye mi cabeza sobre el pecho de mi hija y me deje llevar por todos los recuerdos que se me acumulaban en mi mente. Las tardes ayudándola a hacer los deberes, los días soleados en el parque, los momentos divertidos que compartíamos… tantos recuerdos, tantas cosas que le faltaban por vivir.
Estuve un buen rato hasta que el búfalo entro para ver como me encontraba. Aun tenia que ver los cuerpos de Judy y de Jake. El proceso fue igual de doloroso. Fue más difícil en el caso de mi hijo. El responsable de aquella tragedia que se había llevado tantas vidas a parte de la de mi familia. Verlo de nuevo me hizo sentir un fracasado como padre. Ahora me deparaba una etapa muy oscura que dudaba en poder superar algún día.
Nota Autor: Ya nos vamos acercando al final de la historia. Gracias por el apoyo recibido. Nos vemos en la próxima actualización.
