La ceremonia de selección y el sombrero seleccionador

La puerta se abrió de inmediato y tras ella apareció la profesora McGonagall. La bruja tenía una túnica verde, de un color muy similar a la que usó el día que Hermione la conoció, y mantenía su habitual expresión severa en el rostro. Hermione, francamente agradecida de ver una cara familiar, intentó hacer notar su presencia entre la multitud, pero era indistinguible del resto de los niños; en parte porque todos usaban el mismo uniforme y también por su corta estatura.

-Le traigo a los de primer año, profesora McGonagall- anunció el gigante inflando el pecho, orgulloso de haber cumplido con su deber.

- Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí -

Todos se apresuraron a entrar entre empujones y codazos ya que, a pesar de que el vestíbulo era exageradamente grande, estaban todos amontonados en un pequeño sector del mismo. Instinto de manada, pensó Hermione, trataban de permanecer lo más juntos posibles en un ambiente que aún no reconocían como seguro.

Siguieron a la profesora a través de un portal que conducía a un pequeño vestíbulo. A medida que caminaban se escuchaban cada vez más fuertes las voces de lo que supuso serían el resto de los estudiantes.

-Sean todos bienvenidos a Hogwarts- dijo la profesora McGonagall- El banquete de comienzo de año se celebrará dentro de poco, pero antes de que ocupen su lugar en el Gran Comedor deberán ser seleccionados para sus casas- - anunció con voz firme, recorriendo con la mirada a la multitud de alumnos evaluando sus reacciones - La Selección es una ceremonia muy importante porque, mientras estén aquí, las casas a las que pertenezcan se convertirán en su familia en Hogwarts-

Un murmullo general se escuchó en la sala, que fue rápidamente silenciado por la mirada reproche de la bruja. La autoridad que emanaba era impresionante, pensó Hermione.

-Cursarán sus clases con sus compañeros de la casa que les toque, dormirán en los dormitorios de sus casas y pasarán el tiempo libre en la sala común de la misma -

A continuación, procedió a dar una breve explicación sobre cada casa y sus respectivos fundadores.

-Quiero que quede claro que, mientras estén en Hogwarts, sus triunfos conseguirán que las casas ganen puntos, mientras que cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la copa de la casa, un gran honor. Espero que todos ustedes se conviertan en un orgullo para la casa que les toque. -

La profesora detuvo su vista en Neville, quien traía la capa mal puesta; en Ron, que continuaba con la nariz sucia; y en Seamus, que traía la camisa afuera del pantalón. - La Ceremonia de Selección tendrá lugar dentro de pocos minutos, frente al resto del colegio - aclaró haciendo hincapié en la última frase- Les sugiero que, mientras esperan, se arreglen lo mejor posible -

Hermione, quién se encontraba a pocos metros de Ron, no pudo evitar dirigirle una mirada de "te lo dije" mientras levantaba su barbilla orgullosa de tener la razón. "Ya cállate" parecía responder el pelirrojo rodando los ojos mientras Harry, que estaba a su lado intentando aplastar su rebelde cabellera castaña, los miraba a ambos, confundido por la conversación no verbal que estaban manteniendo.

- Volveré cuando esté todo listo para la ceremonia —dijo la profesora McGonagall—. Por favor, esperen tranquilos- terminó antes de salir apresurada.

El silencio absoluto reinó en la sala y a Hermione se le revolvió el estómago -Tranquila... no pasa nada... - se repetía por lo bajo mientras intentaba respirar profundo. Su intento de calmarse fue en vano, ya que el resto de los niños estaban igual o más nerviosos que ella y se retroalimentaban entre sí. En su cabeza, que funcionaba a toda velocidad, se imaginaba que tendría que superar algún tipo de prueba – Dios mío, un examen el primer día- pensó agradecida de haberse aprendido los libros de memoria. Por un momento creyó que iba a desmayarse de los nervios, pero llegó a la conclusión de que eso no ayudaría para nada a su meta de ser la mejor alumna, así que empezó a recitar en voz baja todos los hechizos que podía recordar.

De pronto, los niños que estaban más al fondo se unieron en un coro de gritos, mientras se escuchaba aquí y allá frases como "¿qué es eso?" y "qué está pasando" acompañadas de varios resoplidos y exhalaciones de asombro.

Al principio se volteó molesta por la interrupción, pero luego entendió de que se trataba todo el jaleo. Unos veinte fantasmas acababan de pasar a través de la pared de atrás. De un color blanco perla y ligeramente transparentes, se deslizaban por la habitación, hablando unos con otros, casi sin mirar a los de primer año. Por lo visto, estaban discutiendo.

Luego de discutir un rato más, uno de los fantasmas, con gorguera y medias, se había dado cuenta de pronto de la presencia de los de primer año.

- ¡Alumnos nuevos! - gritó el fraile sonriente - ¿Están esperando la selección? -

Algunos pocos valientes, como Dean Thomas, asintieron entre la multitud.

- ¡Espero verlos en Hufflepuff! -continuó el Fraile- Mi antigua casa, ya saben-

-En marcha- interrumpió una voz aguda- La ceremonia de selección está a punto de comenzar- llamó la profesora McGonagall, obligando a los fantasmas a dispersarse a través de las paredes.

Sin demora todos se formaron en una hilera, más o menos ordenada, y siguieron a la profesora a través del vestíbulo y entraron al Gran Comedor.

Hermione creía que había leído lo suficiente sobre Hogwarts como para visualizar una imagen bastante realista sobre lo que ella creía que era el gran comedor. Incluso así no pudo evitar jadear, sorprendida por lo espléndido que realmente era. Las cuatro enormes mesas, que representaban a cada una de las casas, estaban repletas de alumnos que miraban fijamente a los recién llegados y al fondo del largo pasillo, en la cabecera del salón, había una mesa más en forma de "C" donde estaban sentados los profesores. Dirigió su mirada al techo, sabiendo lo que iba a encontrar: el cielo nocturno.

-Woah- escuchó sorprenderse a una niña que caminaba a su lado.

-Es un techo encantado para que parezca como el cielo de fuera, lo se porque leí la historia de Hogwarts- le explicó feliz de saber ese dato.

Todos los niños de primero de agruparon cerca del cabezal de la sala, delante de un taburete donde no había una persona sentada, si no un sombrero. Al parecer no era la única confundida con respecto a las pruebas pensó viendo las caras que la rodeaban.

De la nada el sombrero se rasgó, esa rasgadura se movió como si fuera una boca y empezó a cantar.

La canción trataba de las casas de Hogwarts, y de él mismo, siendo un sombrero pensante, capaz de ver nuestros pensamientos para colocarnos en Gryffindor, Ravenclow, Hufflepuff o Slytherin.

Todo el comedor estalló en aplausos cuando el sombrero terminó su canción. Éste se inclinó hacia las cuatro mesas y luego se quedó rígido otra vez.

La profesora McGonagall se adelantó con un gran rollo de pergamino. -Cuando los llame, deberán tomar asiento en el taburete y colocarse el sombrero para que los seleccione —dijo aclarándose la garganta - ¡Abbott, Hannah! -

Un par de cabezas más allá, la tímida Hannah avanzó lentamente hacia el taburete, tomó el sombrero y se lo colocó en la cabeza.

- ¡Hufflepuff! - gritó el sombrero un segundo después. La mesa de la derecha aplaudió mientras Hannah iba a sentarse con los de Hufflepuff.

Hermione vio al fantasma del Fraile Gordo saludando con alegría a la niña. Al parecer era un proceso bastante simple, pensó más relajada.

- ¡Bones, Susan! - gritó la profesora.

- ¡Hufflepuff! - repitió el sombrero, y la niña fue corriendo a sentarse al lado de Hannah.

- ¡Boot, Terry! - continuó la seguidilla de llamados en orden alfabético.

Boot Terry fue asignado a Ravenclow, Brown Lavander a Gryffindor, Bulstrode Millicent a Slytherin, y así continuarían llamando y seleccionado a los estudiantes un buen rato.

- ¡Granger, Hermione! -

¡Por fin! Pensó Hermione trotando hacia el taburete. A pesar de estar muy nerviosa, se puso el sombrero y de inmediato este gritó - ¡Gryffindor! - no pudo evitar la enorme sonrisa que le atravesó la cara ¡Lo había logrado! Oficialmente estaba en su casa preferida. Corrió hacia la mesa donde ya se escuchaban los aplausos y tomó asiento al lado de otros niños de primer año que habían sido seleccionados antes que ella.

Cuando le tocó el turno de Neville tropezó accidentalmente con el taburete, cayendo de bruces al piso. Hermione arrugó la cara en una mueca de dolor, al parecer el niño se caía bastante seguido, seguro tenía las rodillas llenas de cardenales.

El sombrero dudo un poco, pero finalmente gritó - ¡Gryffindor! - ella aplaudió feliz mientras el niño se acercaba a la mesa, entre risas y chistes de los chicos mayores.

El tal Draco Malfoy, que había causado los disturbios en el tren, fue seleccionado rápidamente para Slytherin. - Vaya sorpresa -

- ¡Potter, Harry! -

Todas las miradas se dirigieron de inmediato al castaño, mientras se escuchaban comentarios por lo bajo.

- ¿Dijo Potter? - preguntó un chico a lo lejos.

- ¿Ese es Harry Potter? - lo siguió otro más alejado.

-Pobre Harry- pensó sin poder evitarlo. El chico estaba verde de los nervios y se notaba que no llevaba bien la atención que generaba solo por mencionar su nombre.

El sombrero cuchicheó por lo bajo durante un minuto o dos, mientras Harry apretaba fuertemente los ojos. Al final tomó su decisión y gritó - ¡Gryffindor! -

Toda la mesa estalló en aplausos y vítores - ¡Tenemos a Potter! - gritaban varios alumnos, mientras palmeaban en la espalda al recién llegado Harry, quien tomó asiento con ellos.

El último Gryffindor que fue seleccionado esa noche fue Ron Weasley, quien también fue bien recibido por quienes parecían ser sus hermanos mayores. La profesora McGonagall enrolló el pergamino y se llevó el Sombrero Seleccionador.

Un hombre mayor con una larga barba blanca, quién ella supuso que sería el director del colegio Albus Dumbledore, se había puesto de pie. Miraba con expresión radiante a los alumnos, con los brazos muy abiertos, como si nada pudiera gustarle más que verlos allí.

.¡Bienvenidos! - dijo -. ¡Bienvenidos a un año nuevo en Hogwarts! Antes de comenzar nuestro banquete, quiero dedicarles unas pocas palabras ¡Papanatas! ¡Llorones! ¡Baratijas! ¡Pellizco!... ¡Muchas gracias! -

Antes de poder procesar lo que había escuchado, los platos de oro que tenían delante se llenaron de todo tipo de comida.

Hermione se sirvió un poco de pollo asado y puré de patatas y comió alegremente, feliz de ya no tener apretones en el estómago.

Pudo ver a Ron y a Harry metiéndose toda la comida que les entraba en la boca, como si no hubieran comido nada en todo el año -Uhg, que asco- pensó intentando ignorarlos.

Cuando hubieron comido todo lo que quisieron, los restos de comida desaparecieron de los platos, dejándolos tan limpios como antes. Un momento más tarde aparecieron los postres. Trozos de helados de todos los gustos que uno se pudiera imaginar; pasteles de manzana, tartas de melaza, relámpagos de chocolate, fresas, jalea, arroz con leche...

Todos los niños se sirvieron un montón de comida en su plato, maravillados de ver tantos dulces juntos. Ella por su parte, solo se sirvió un montoncito de frutas, aunque se moría de ganas de comer algo de chocolate.

La conversación, que era animada y agradable, en algún momento se decantó sobre las familias de cada uno.

-Yo soy mitad y mitad -dijo Seamus- Mi padre es muggle. Mamá no le dijo que era una bruja hasta que se casaron. Fue una sorpresa algo desagradable para él. - terminó haciendo reír a todos.

- ¿Y tú Neville? - preguntó Ron.

-Me crio mi abuela, que es una bruja, pero toda mi familia creyó que era un squib durante años. Una vez mi tío Albie casi me ahoga intentando asustarme para lograr que haga magia- dijo con un escalofrió recorriéndole el cuerpo - pero no pasó nada hasta que cumplí ocho años. El tío abuelo Algie había ido a tomar el té y me tenía cogido de los tobillos y colgando de una ventana del piso de arriba, cuando mi tía abuela Enid le ofreció un merengue y él, accidentalmente, me soltó. Pero yo reboté, todo el camino, en el jardín y la calle. Todos se pusieron muy contentos. Mi abuela estaba tan feliz que lloraba - explicó sonriendo tímidamente - Cuando se enteraron de que vendría a Hogwarts se pusieron tan felices que me compraron un sapo-

Su atención se desvió sobre la charla de los niños cuando escuchó a un chico pelirrojo, al que reconoció como uno de los hermanos de Ron Weasley, hablar sobre las clases.

-Seguramente Snape enseñe pociones este año, es bastante estricto, pero puedes aprender una buena cantidad de cosas interesantes, si prestas la suficiente atención claro-

Hermione, que no podía evitar meterse cuando se trataba de clases, lo interrumpió - Estoy muy emocionada por el inicio de clases- le dijo al pelirrojo quien, lejos de ignorarla, pareció encontrar un tema perfecto del que hablar.

- ¡Hola! Tú te llamabas Hermione ¿no es así? - le preguntó - mii nombre es Percy Weasley, soy uno de los prefectos de Gryffindor- señaló mostrando un prendedor que traía en su túnica- Siempre es bueno ver entusiastas del estudio, personalmente yo tengo las mejores notas de mi año, claro-

No pudo evitar pensar que el chico era un poco pretencioso, pero para ser sinceros ella también lo era, así que no podía juzgarlo -Espero que las clases empiecen en seguida, hay mucho que aprender- le respondió animadamente- yo estoy particularmente interesada en Transformaciones, ya sabes, convertir algo en otra cosa, por supuesto parece ser que es muy difícil. Hay que empezar con cosas pequeñas, como cerillas y todo eso -

Se entretuvieron conversando un buen rato hasta que fueron interrumpidos por un quejido.

- ¡Ay! - dijo Harry sujetándose la frente.

- ¿Qué ha pasado? - le preguntó Percy a Harry.

- No... nada- contestó el chico algo confundido - ¿Quién es el que está hablando con el profesor Quirrell? - le preguntó.

Percy estiró su largo cuello hacia la mesa donde estaban reunidos los maestros - Oh, ¿ya conocías a Quirrell, entonces? No es raro que parezca tan nervioso, ése es el profesor Snape. Su materia es Pociones, pero no le gusta... Todo el mundo sabe que quiere el puesto de Quirrell, Snape sabe muchísimo sobre las Artes Oscuras... - dijo misteriosamente.

Hermione aprovechó a mirar a los susodichos: el profesor Snape era un hombre serio, con una nariz de gancho y pelo grasoso; por otro lado, el profesor Quirrel, llevaba un turbante extraño en la cabeza y parecía estar asustado todo el tiempo.

Unos minutos más tarde los postres se desvanecieron de la mesa, y el profesor Dumbledor volvió a ponerse de pie.

- Ejem... sólo unas pocas palabras más, ahora que todos hemos comido y bebido. Tengo unos pocos anuncios que hacer para el comienzo del año - dijo frotándose las manos entre sí - Los de primer año deben tener en cuenta que el bosque que rodea el castillo está prohibido para todos los alumnos. Y algunos de nuestros antiguos alumnos también deberán recordarlo - clavó la mirada en los gemelos pelirrojos, a los que Hermione reconoció como otros dos hermanos Weasley, según lo que había estado escuchando durante la cena. Los chicos rieron por lo bajo, y le devolvieron una sonrisa despreocupada.

- El señor Filch, el celador, me ha pedido que les recuerde que no esta permitido hacer magia en los recreos ni en los pasillos- aclaró - Y por último, este año el pasillo del tercer piso, del lado derecho, está fuera de los límites permitidos para todos los que no deseen una muerte muy dolorosa-

Escuchó a Harry reír por lo bajo, y luego callarse al notar que nadie más reía con él.

- ¿Lo decía en serio? - le preguntó por lo bajo a Percy.

- Eso creo - respondió el mayor frunciendo el ceño.

- Y ahora, es hora de ir a la cama. ¿Qué esperan? ¡Salgan! - terminó Dumbledor dando unas palmadas en el aire.

-Los de primer año vengan conmigo- dijo Percy, y todos lo seguimos.

A pesar del cansancio que sentía, Hermione se obligó a no arrastrar los pies en todo el camino. Recorrieron un largo trayecto a través de unas escaleras de mármol, pasando por un montón de cuadros encantados que saludaban y los señalaban mientras caminaban. En un tramo de escaleras, tuvieron que detenerse forzosamente al ser interrumpidos por unos bastones que flotaban. Hermione se preguntó qué era lo extraño sobre eso, después de haber visto un sombrero que canta, un cielo encantado y cuadros en movimiento.

-Peeves- susurró Percy.

- ¿Qué pasa? - le preguntó Ron a su hermano.

-Es un duende, lo que en las películas llaman poltergeist. - dijo en voz baja - ¡Peeves, aparece! - gritó esta vez más fuerte.

La respuesta fue un ruido fuerte y grosero.

- ¿Quieres que vaya a buscar al Barón Sanguinario? - le preguntó. Hermione sabía que Percy se refería al fantasma de la casa de Slytherin, y que su nombre no era un apodo casual.

Se produjo un chasquido y un hombrecito, con ojos oscuros y perversos y una boca ancha, apareció, flotando en el aire con las piernas cruzadas y empuñando los bastones.

-¡Oooooh! -dijo, riendo malignamente - ¡Los horribles novatos! ¡Qué divertido! - terminó volando por encima de todos ellos.

- ¡Veta ya Peeves, o llamaré al Baron de inmediato! - gritó Percy enojado.

El fantasma se burló sacándole la lengua, pero finalmente desapareció dejando caer los bastones en la cabeza de Neville.

Percy suspiró, y luego se dirigió a los alumnos de primero – Todos ustedes deben tener cuidado con Peeves- les dijo antes de seguir caminando – No escucha razones, ni siquiera nos obedece a los prefectos- se quejó muy molesto.

Por suerte solo faltaban unos cuantos metros más, hasta que llegaron al final de un pasillo donde había un cuadro de una señora gorda, vestida con seda rosa.

- ¿Contraseña? - preguntó la mujer del cuadro.

- Caput draconis - respondió Percy, y el retrato se abrió, dejando ver un túnel que terminaba en una recibidor. Cuando todos lograron pasar se encontraron en una acogedora sala, llena de almohadones y con una enorme chimenea. El color que predominaba era el rojo, claramente haciendo referencia a los colores de la casa Gryffindor.

Lamentablemente no tuvo tiempo para ver los detalles, ya que Percy estaba indicando a todas las niñas donde estaban sus dormitorios, mientras los niños se iban por la puerta contraria a la suya.

Se deslizó hasta el dormitorio que le habían indicado, donde encontró su enorme baúl a los pies de la cama que se iba a apropiar.

A pesar del cansancio se obligó a abrir la maleta, y a dejar preparado al menos los libros y materiales que creyó serían necesarios para mañana.

A su lado, otras niñas iban encontrando sus lugares en el dormitorio sin molestarse en abrir sus baúles. Entre ellas reconoció a una como la chica rubia que venía chismeando en el tren.

Finalmente, vencida por el sueño, se puso su pijama y se metió entre las sábanas de su nueva cama. Su último pensamiento consciente, antes de caer en un profundo sueño, fue el dejar abiertas las pesadas cortinas de terciopelo que rodeaban a su cama, para despertar con la primera luz de la mañana.