La segunda parte de los minificos :)

Se les recuerda que los reviews adelganzan y evitan que los titanes se coman a Levi :)


Sí.

—Sí.

—No.

—Que sí.

—Que no.

—Entre más lo niegas, más rojo te pones.

—Es porque me haces enojar con esos inventos tuyos.

—No son inventos míos, y si Eren no se ha dado cuenta de que te gusta y de que tú le gustas, es porque el pobre chico es tan despistado que tampoco se da cuenta de que le gusta a Ackerman.

—Hanji…

—No puedes dudar de mí. Soy una científica y mi trabajo es observar detenidamente para llegar a conclusiones que confirmen mi hipótesis. Y tú, querido Levi, la acabas de confirmar.

—Hanji.

—¿Sí?

—Búscate una vida.

Velada.

Era una velada encantadora, con el silencio pesado en cada rincón, las sillas vacías y los pasillos libres de sombras y pasos. Una velada sin igual, con el eco de las voces de sus subordinados y el recuerdo de sus caras muertas. Miró a Eren al otro lado de la mesa, rodeado de amigos y con una mirada culpable y preocupada dirigida a él. Podría ser peor, pensó, al menos Eren no estaba solo (todavía). Y él tampoco.

Instinto.

¿Qué era lo peor que podía pasar por seguir los instintos e ignorar el sentido común? No había titanes que se lo comieran y tampoco era cuestión de vida o muerte. Miró a Levi de soslayo y Eren decidió que si seguía sus instintos, tal vez sí terminara muerto. Lo miró por segunda ocasión y sus ojos hicieron contacto. Sí, tal vez terminaría muerto… o tal vez no.

Agua.

A falta de un líquido mejor que le pudiera dar algo de valor, Eren terminó de un trago su vaso de agua y con un paso tambaleante, que luchaba porque luciera decidido, se dirigió a la mesa en donde estaba Levi. Pero cuando Levi lo vio fijamente, cambió repentinamente de idea y caminó hacia el baño. Había tomado mucha agua.

Papel.

El papel de Levi para la población civil era el de un héroe, no importaba cuándo ni dónde, él acudiría al rescate. Los miembros de la Tropa de Exploración pensaban que ante un grito de auxilio, Levi les daría la espalda y negaría con la cabeza mientras se alejaba. La realidad era que Levi te miraría feo, diría que eres un idiota y sólo entonces iría a ayudarte. Eren lo sabía por experiencia propia. Experiencias repetidas y frecuentes.

Igual.

Las últimas noticias de los titanes decían que habían aparecido varios al oeste de la muralla de Trost y que habían llegado órdenes de los superiores que requerían que Erwin explicara las últimas actividades de la Tropa. Hanji seguía con sus experimentos y teorías y los nuevos reclutas aún trataban de aparentar que continuaban enteros. Todos hablaban de los mismos temas y nadie se fijaba en el cambio sutil, pero visible, entre Eren y Levi. Y todos, igual hoy que ayer y como siempre, hablaban de cualquier cosa, pero no de ellos.

Taza.

Cuando vio que un palito de té se había quedado flotando en su taza, sonrió burlón. Tendría suerte. Quizás eso significara que los titanes no lo comerían en la próxima expedición o que el inútil de Eren no le daría los problemas acostumbrados… nah, tampoco podía ser tan optimista.

Energía.

Él no malgastaba energía en promesas ni juramentos. No podía asegurar regresar ileso, o vivo siquiera, de cada misión; tampoco podía prometer la seguridad de sus hombres ni el éxito del plan. Solo podía decir que no había dudas sobre cumplir con su deber y matar a Eren de ser necesario, y esa no era una advertencia ni una amenaza, era una promesa. La primera que había hecho en años (y probablemente, también la última que haría).

Tacto.

Armin se había dado cuenta de lo que pasaba entre él y Levi. Lo había mirado durante un largo tiempo sin decir nada, al final no le hizo ninguna pregunta y Eren se pudo guardar el discurso que había preparado. Estaba por agradecerle su apoyo silencioso, cuando Armin dijo: deberías decírselo a Mikasa con mucho tacto, mucho, mucho tacto, o habrá una pelea legendaria. Y Eren tragó fuerte.

Volante.

Levi estaba aburrido. Llevaban horas esperando las órdenes de Erwin, quien se las estaba viendo negras con sus superiores, y no había nada qué hacer. Tomó con fastidio uno de los muchos volantes que los pastores siempre les daban y comenzó a doblarlo inconscientemente. Cuando se dio cuenta, tenía un avioncito y nadie a quién lanzárselo. Justo en ese momento pasó Eren. Levi sonrió, era un buen momento para probar su puntería.

Guantes.

Si de Levi dependiera, usaría guantes todo el tiempo para evitar ensuciarse las manos. Los usaría para pelear, aunque le restaran habilidad con el manejo de las espadas; los usaría para limpiar, aunque quedasen arruinados en solo un par de horas; golpearía a Eren con los guantes puestos y evitaría sentir el roce de su piel que le provocaba cosas no tan desagradables.

Mente.

Aún lo podías ver al otro lado de la mesa, con esa curiosa manera de sostener el whisky. A veces también lo veías en algún cuarto abandonado, limpiando, y en ocasiones lo veías volar entre los árboles con su habilidad única. Lo seguías viendo sin importar cuánto hubiera pasado desde que todo acabó y dio su vida por el bien mayor. Lo veías y cuando la imagen se desvanecía, su risa burlona llenaba tu mente.

Mensaje.

Los mensajes de su subconsciente siempre eran muy claros. Si quería pastel, soñaba con que se comía uno ella sola; si quería una gran papa horneada, soñaba con robarla. Era una mente simple y sin complicaciones. Cuando soñó que veía al sargento Levi besando a Eren, despertó de golpe. Por primera vez no tenía idea de lo que su subconsciente le había querido decir.

Columpio.

En sus pesadillas, los titanes invadían todo el reino y la raza humana se extinguía; en sus peores sueños, los titanes eran ellos mismos, su propia creación, su arma para acabar con todos. En sus pesadillas más horribles, los niños jugaban en los columpios y saltaban cuando veían a la Tropa de Exploración volver, corrían para encontrarse cerca del sargento Levi y cuando llegaban, una voz anunciaba que el sargento había muerto. En sus más terribles sueños, Eren lo intentaba una y otra vez y nunca podía salvarlo.

Zona.

No sabía cuándo volvería, pero sabía que lo haría. Tal vez pasaran solo un par de días, tal vez fueran meses o años. Y, aunque se decía a sí mismo que no lo iba a esperar, siempre se encontraba en esa área sellada en donde el ataúd de cristal de Eren estaba confinado. Tardaría en llegar, no había duda, pero al final lo haría (en la zona de promesas).