PUROS

Capítulo II: El Asesino de Brujas

Ni tarde ni perezosa, Erza preguntó al extraño quién diablos era y por qué había matado a su presa. No estaba asustada, ella no era del tipo que tenía miedo, ni siquiera cuando había estado al borde de la muerte. Ella estaba hecha de pura valentía.

—¿Estás bien? —fue lo que él le respondió.

—No has respondido a mi pregunta —espetó.

—Veo que te encuentras bien.

—Te he preguntado quién eres. Has matado a mi presa, mago. Me lo debes.

El hombre de cabello azul pasó su vista de Erza al montón de polvo en el suelo.

—Una maga de gremio, ya veo.

Scarlet frunció el ceño.

—Tu nombre —gruñó. En este punto, ya había perdido la poca paciencia con la que contaba.

—Jellal Fernandes —contestó después de una larga mirada al rostro de ella. Erza se sintió incómoda—. Lamento lo de tu presa.

No lo lamentaba, la maga clase S podía notarlo en su expresión paciente y su tono de voz neutro. Eso había sido pura cortesía. Ella no necesitaba cortesía.

—¿Por qué has hecho eso? —señaló con la barbilla el montón de arena roja—. ¿Radth te ha llamado a ti también?

—¿Radth es el nombre del brujo de este vampiro?

Titania tuvo la sensación de que estaba proporcionando información importante. Se mordió la lengua y mantuvo su guardia alta. Jellal no parecía tener intenciones de atacarla, pero no confiaba en él. Había matado a aquel vampiro con relativa facilidad. Lo que era peor, no lo había sentido llegar, como si sólo se hubiera materializado frente a ella, pero sabía que eso era imposible porque, aunque Jellal estuviera de pie, justo a unos pocos metros adelante, seguía sin sentirlo. Como si no estuviera allí, pero lo estaba. Definitivamente estaba ocultando su presencia de alguna manera, pero Erza no conocía a ningún mago que pudiera hacer semejante cosa. Podían ser silenciosos, sigilosos, desaparecer la magia lo suficiente para que pasara desapercibida, pero incluso así, la presencia de algo vivo estaba latente, así como el sentimiento que provocaba un no muerto. Erza llegó a la conclusión de que este hombre era un mago muy experimentado. Lo más sensato era que se anduviera con cuidado con él hasta saber el alcance de sus habilidades.

—Por tu respuesta puedo entender que no te ha llamado.

—Por tu expresión corporal puedo deducir que no me dirás donde localizarlo.

Erza tuvo la repentina necesidad de poner los brazos en jarras, pero eso alteraría su posición defensiva y, en caso de un ataque sorpresivo, no sería lo suficientemente rápida para actuar en consecuencia.

Jellal se inclinó hacia la pila de polvo y tomó el colgante que se encontraba enterrado allí, el único vestigio de que había habido un vampiro allí, pues el viento comenzaba a deshacerse de la fina arena.

Las brujas entregaban una pieza de joyería a los humanos como símbolo de su contrato y compromiso para con ellos. Bueno, eso es lo que les hacían creer. El collar, en este caso, era un artículo hechizado que, una vez puesto, no se podía remover. No importaba qué tan inofensivo pareciera. La joyería tenía el poder de decirle al brujo la localización exacta de dónde se encontraba su vasallo, así que, aunque un humano quisiera, no podía evitar ser localizado cuando su contratista iba en su busca para tomar su parte del trato. O, cuando un vampiro se escapaba, podía recurrir a los servicios de un mago para que se deshiciera de él.

—Espero que no lo necesites —dijo con caballerosidad.

—Este trabajo no lo he hecho yo —fue todo lo que Erza respondió. Le diría a Radth que el trabajo estaba hecho, pero que ella no había sido la ejecutora; prueba de ello sería que no le llevara el anillo. E incluso si el hombre frente a ella no lo hubiera tomado, ella hubiera sido incapaz de recogerlo del suelo. Poseía más honor que eso.

Jellal se dio la vuelta y, sin despedirse, echó a andar. Erza miró a su espalda por unos segundos antes de darse cuenta de que estaba siendo una estúpida y llamara a Lucy. Se materializó en Fairy Tail en un instante y fue directo con el maestro Makarov, saltándose las cortesías para con la maga estelar y Mirajane.

—¿Por qué esa cara, Erza? —preguntó Makarov de buen talante.

La maga trató de serenarse. Respetaba demasiado al maestro como para descargar en él su reciente mal humor.

—Alguien ha interferido con mi trabajo —dijo, sobándose las sienes. Era un gesto de debilidad y ella lo sabía, pero la confusión nublaba su mente—. Un hombre apareció de la nada y se deshizo del vampiro. No puedo cobrar por este trabajo.

El anciano asintió.

—Le avisaré a Radth. ¿Tienes la joya contigo?

—No. No me pareció apropiado. Si le hubiera traído, Radth hubiera insistido en pagarme.

Makarov comprendió las acciones de la maga y la dejó ir. Erza parecía muy cansada. La vida de un mago era agotadora.

En su lujoso piso de Verona, Erza tomó una larga ducha. Estaba cansada. No había dormido en más de veinticuatro horas, pues la cantidad de solicitudes que había obtenido en los últimos dos días era abrumante. Cinco vampiros. La mayoría de los magos tomaba un trabajo por noche y ni siquiera trabajaban los siete días de la semana como ella.

Lavó sus largos cabellos escarlata con champú de frambuesas y luego, en bata de baño, se fue a recostar en su cama. Estaba muy cansada, sí, pero no podía dormir ya. El sol se estaba levantando en Italia, colando sus rayos dorados por las ventanas de su hogar y ella debía ir al café.

Los magos trabajaban de noche por una simple razón: ese era el momento en que más vampiros se escapaban. Escapar por la mañana de su bruja era un suicidio, pues se incendiaban cuando los rayos del sol les tocaban. Después de todo eran criaturas de la noche, nacidas por el egoísmo, hijos de los seres de la oscuridad. Asimismo, no todos los magos llevaban una doble vida como Erza: ciudadana normal a la luz del día, cazadora de vampiros por la noche. Se podían contar con los dedos.

En Fairy Tail, solamente Erza, Lucy y Levy vivían una vida aparentemente normal. Erza tenía un local de café, Lucy era estudiante universitaria al igual que Levy, además de que ambas habían montado una librería que atendían entre las dos. Los demás simplemente paseaban de aquí por allá, fingiendo que habían heredado fortunas, que invertían el dinero o alguna cosa de esas. La normalidad no estaba hecha para todos. Cana Alberona, por ejemplo, había puesto un bar que funcionó por un tiempo, pero ella era quien se deshacía de todas las reservas de alcohol y quebró, pues no tenía tiempo de hacer trabajos al estar atendiendo su negocio.

Desgraciadamente, Fairy Tail no era una dimensión aparte, un lugar solamente habitado por magos. Simplemente era una porción de terreno hechizada, no otro mundo.

Sintiéndose perezosa, Erza se vistió con un conjunto de falda y blusa en colores café y blanco. Se calzó unos botines negros y se puso en marcha, a través de las calles adoquinadas de Verona. Ella era su propio jefe, pero aun así sentía la responsabilidad de cumplir con un horario. De nueve a cinco de la tarde, entonces dejaba la batuta a Meredy, su empleada de confianza, mientras ella se iba a dormir antes de entrar a su otro trabajo de medio tiempo.

En el café Lucille, Erza se puso su delantal amarillo y ayudó a Giselle, la mesera, a servir mesas, mientras que Meredy preparaba las órdenes como la barista que era. El local tenía paredes de ladrillos rojos, una chimenea que solamente se encendía en ocasiones especiales, pues contaban con calefacción y mesas de madera de cedro con banquitos en forma de cubo de varios colores. Cuadros de paisajes y adornos varios de otras partes del mundo adornaban las paredes. Detrás de la barista se encontraba una repisa con una amplia colección de tazas para café. Erza tenía debilidad por las tazas. Lucy, de cumpleaños, le había regalada una venida directamente del mundo celestial. Su favorita. La taza era de un cristal tan puro y transparente que las personas a veces ignoraban que estaban ahí.

Alrededor de la una de la tarde, Erza paró de trabajar. Le dolían los pies por causa de los botines y el cansancio hacía mella en ella.

—¡Madrina!

La maga clase S reconoció la voz al instante, se levantó y abrió los brazos para que Asuka se le echara encima, como era su costumbre. La mujer cargó a la niña que comenzó a jugar con su cabello.

—Escarlaaaaata. Es rojo escarlaaaata —declaró la niña, como tantas otras veces.

La mayoría de las personas decía que era rojo carmín, en alusión a la incontable de cantidad de vampiros que había matado desde que supo que era una maga.

—Quiero el cabello como tú.

—No, tu cabello también es bonito, Asuka.

Bizca, la madre de la niña, observó a su compañera de gremio con ternura. La razón por la que había convertido a Erza en madrina de su hija y no a otra era porque ella sabía que a Erza le encantaría ser como todos los mortales. Trabajar, casarse, tener hijos y morir de vieja junto a su esposo. De hecho, una vez le había confesado que nombró el café Lucille, porque así quería llamar a su hija, el día en que tuviera una. Como una de las más solicitadas y poderosas magas que era, la posibilidad era muy baja. La probabilidad de morir en acción, en cambio, era bastante alta. Además, la mujer tenía un gran sentido de la justicia y responsabilidad. Erza no se permitiría abandonar su trabajo como maga del gremio, pues creía que el don de la magia se le había dado para matar vampiros rebeldes y así impedir que menguaran las vidas humanas. Si ella no podía tener esa vida normal que deseaba, entonces protegería la de quienes sí podían tenerla.

Titania jugó con Asuka el resto de la jornada laboral, ofreciéndole pastelillos y otras chucherías que la niña aceptó con agrado. También le compró una mariposa mecánica que una muchacha llamada Winry vendía de puerta en puerta. Cuando fue la hora de la despedida, ambas se despidieron con un sonoro beso en la mejilla y se dijeron adiós, esperando ilusionadas el día en que se vieran de nuevo. Bizca y su esposo habían abandonado sus puestos como magos del gremio para que su hija, quien no había sido bendecida por las hadas, viviera rodeada de un ambiente de relativa normalidad.

De camino a casa, Erza pensó en Lucille, la niña que no tenía y posiblemente nunca iba a tener. Si se convertía en madre y su hija no era maga, no sabía si sería capaz de abandonar su vida en Fairy Tail. Ser maga era todo lo que conocía y, aunque anhelara una vida completamente normal, no sabría por dónde empezar. Tampoco estaba segura de si desearía su vida para su hija. Una llena de peligro constante, donde el mañana nunca estaba asegurado.

La gracia de las hadas perduraba en la línea de sangre contra el tiempo, pero no todos los miembros del linaje se convertían en magos. Podía haber padres e hijos con poderes, así como también el don podía no manifestarse en generaciones. Tampoco el que dos magos, como Bizca y su esposo, se juntaran, aseguraba la magia para su progenie. Asuka era un buen ejemplo de ello. Por otro lado, la magia era un fluido indetectable por métodos humanos que corría por el aparato circulatorio, por eso se decía que los magos tenían sangre de hada.

Esa tarde, Erza durmió a pierna suelta y se despertó en la madrugada, alrededor de las cuatro de la mañana. Se reprendió a sí misma por haberse quedado dormida y se vistió nuevamente. Salió corriendo hasta la callejuela donde el portal hacia Fairy Tail se encontraba y llegó casi jadeando al gremio.

Dentro del gremio se respiraba normalidad. Hombres bebiendo, mujeres bromeando, otros tantos alardeando. Erza localizó con el rabillo del ojo a Elfman siendo arrastrado por Evergreen hacia el pasillo que conducía a las habitaciones del gremio. No eran más que pequeños cuartos donde descansar por cortos periodos de tiempo o destinados, muchas veces, para los heridos. No se podía ir a un hospital humano con grandes heridas. Ellos hacían muchas preguntas. Scarlet se sonrojó levemente al intuir qué harían esos dos allí. Aunque ella deseara un hijo, todavía era virgen y no se veía a sí misma haciendo eso con un hombre en un pequeño cuarto de tres por dos metros.

Ignorando a Elfman y Evergreen, Erza se dirigió a la mesa donde Natsu, Gray y Levy discutían sobre la lectura. La chica de cabellos azules alegaba que leer era un placer y un privilegio, Gray asentía con la cabeza, diciendo que los libros eran para ser menos estúpido y Natsu chillaba, gritando que leer era aburrido y que lo odiaba. Incluso cuando ella se sentó, los tres siguieron discutiendo, mas Levy le dio una mirada de reconocimiento a la recién llegada antes de enfrascarse nuevamente en la discusión.

—Por eso eres estúpido, fósforo —riñó Gray, haciendo referencia al tipo de magia que utilizaba su amigo—. No lees, ahora lo entiendo todo.

—¡Tú, maldito desnudista!

Levy solamente rio. Era común ver a esos dos pelear. Titania les echó una mirada matadora que ninguno de los dos vio.

Natsu lanzó un golpe que Gray esquivó con facilidad. Luego otro y otro y otro, hasta que uno logró darle, lanzándole varios metros, chocando contra Lucy.

La chica, que hasta hacía unos momentos charlaba con Cana y Mirajane sobre cosas de mujeres, se giró con una expresión salida del mismísimo infierno.

—¡¿Quién me ha golpeado?! —vociferó.

Vio al mago de hielo tirado junto a ella y le lanzó una mirada envenenada.

—Lo siento, Lucy. Fue aquel bruto.

Heartfilia alzó la vista. Natsu la bajó, murmuró una disculpa y se alejó del sitio de la refriega, en dirección a Lissana, la maga que cambiaba de forma y era hermana menor de Mirajane y Elfman. La mirada castaña de Lucy se oscureció y sus puños se apretaron, pero no dijo nada más. Gray le miró con tristeza, se levantó y le sacudió los cabellos amigablemente, casi con ternura. Se disculpó nuevamente y la dejó sola. Sabía que lo necesitaba.

Desde el accidente en que Lucy casi se había convertido en comida de vampiros, ella y Natsu no se hablaban. Nadie sabía a ciencia cierta por qué. Ellos habían salido de misión juntos, como el equipo que solían ser, y después Natsu había llamado desde la India, diciendo que Lucy estaba gravemente herida. Tan grave que ni siquiera podía abrir un portal al mundo celestial, donde sus heridas hubieran sanado más rápidamente. Natsu regresó solo un mes después. Lucy había estado en coma durante ese tiempo y, cuando despertó y estuvo lo suficientemente fuerte para abrir un portal, se marchó al mundo celestial y Natsu regresó a Italia.

Cuando se volvieron a ver, Dragneel era incapaz de mirarla a los ojos y estar cerca de ella. Era obvio para todos que, lo que sea que hubiera pasado en esa misión, Natsu se culpaba de ello, así como también era obvio que Lucy no pensaba así. Pero de nada habían servido los intentos de la rubia para menguar la culpa de su compañero, él no soportaba verla o escucharla.

—Uh, Erza, ¿a qué has venido? —preguntó amablemente Levy, tratando de aligerar el ambiente.

—A trabajar, obviamente.

—El maestro dijo que no vendrías porque estabas muy cansada —terció Gray, recuperando su lugar en la mesa.

—Nunca he faltado a mi deber. El cansancio no es un impedimento para mí.

—Da igual —Levy se encogió de hombros—. No hay ningún pedido, por eso todos estamos aquí.

Hasta que su compañera no hizo la apreciación, la pelirroja no notó que, efectivamente, el gremio entero estaba disfrutando de una reunión de sus miembros activos al completa. Incluso Laxus y Gildarts se encontraban por allí.

—¿Qué quieres decir con que no hay misiones?

—Eso, no hay misiones —explicó el mago de hielo—. Los vampiros están muy asustados para escaparse. Hay alguien que los está cazando.

—Los vampiros fugados siempre han sido cazados.

—Pero esta vez es serio. Ya sabes que las brujas dejan salir a sus mascotas para que se alimenten un poco con la condición de que no maten a nadie, ya sabes que si las desobedecen nos envían a nosotros. Pero anoche alguien comenzó a matar a vampiros que no habían escapado de sus brujas, sino que simplemente salían a alimentarse. Alguien los está matando, Erza. Alguien que no pertenece a ningún gremio.

Erza se quedó callada. Su mente hizo una conexión, pero siguió escuchando con atención a sus compañeros.

—Eso no es todo —añadió la jovencita de cabello azul, haciendo un puchero disgustado con los labios—. Al parecer, se cree que ese alguien es lo suficientemente fuerte para ir matando brujas y escapar indemne. En las últimas veinticuatro horas murieron tres y toda su legión de esclavos vampiros.

—¿Murieron? —repitió Scarlet, estupefacta.

Los genes mágicos de las brujas se transmitían de igual forma que el don de las hadas; sin embargo, cuando una bruja, un ser inmortal, era asesinada, todo su linaje perecía con ella. Y las brujas no se conformaban con engendrar uno o dos vástagos en toda su vida; ellas tenían decenas de ellos. Depositaban, con magia, a los niños en el vientre de una mujer humana y les hacían creer que eran hijos suyos para que así tuvieran que ahorrarles el criarlos. Erza no quiso imaginar todas las líneas de sangre que pudieron poseer eso seres oscuros ni la cantidad de gente inocente que murió con ellos (hombres, mujeres, niños, bebés). Era doloroso sólo el intentar imaginarlo.

Gray soltó un gruñido desde el fondo de su garganta. Él también entendía lo delicado de la situación. Sin mencionar que ellos, como un simple legado de las hadas, no eran lo suficientemente poderosos para matar a una bruja por sí mismos. Claro que ninguno lo había intentado. Corrían tiempos de relativa paz entre los seres de la luz y las hijas de la noche. Esas viejas rencillas ya habían terminado.

—Pero solamente otra bruja puede matar a una bruja.

—O un hada —añadió Levy sacudiendo la cabeza—. No importa quien haya sido, el punto es que los tres murieron. Juntos. Estaban en una reunión.

—Has dicho los tres, lo cual significa que había por lo menos un brujo entre los muertos. ¿Alguien que conozcamos?

—Por supuesto —dijo Gray—. De hecho, era tu mejor cliente, Erza. Radth es el brujo muerto.

La mujer sintió escalofríos y recordó un relámpago, un vampiro muerto y cabello azul. La débil conexión que hizo su mente antes se volvió más poderosa y, de repente, tuvo la certeza de que el hombre que había conocido la noche anterior estaba detrás de aquellos asesinatos.

Jellal Fernandes era el asesino de brujas y ella lo había dejado escapar.


Sep. Winry Rockbell ha hecho cameo en este fanfic, pero no pude evitarlo. ¡HOY ES TRES DE OCTUBRE! De hecho, esta actualización se escribió tan rápido por esta fecha. Dios, cómo amo FullMetal Alchemist :'D

Bueno, calculo que Juvia sale al próximo capítulo. Jo jo jo. Su participación será súper especial para la trama y, de hecho, creo que el Gruvia será más importante que el NaLu.

Entre otras cosas... ¿Sting o Rogue? También entran en la encuesta Kagura, Chelia y Wendy. ¿A cuál de estos eligen como favorito? ¿A quién quieren de personaje regular?

Una cosa más, no estoy segura de que vaya a poner a Happy y a los otros "gatos", creo que quedaría raro en este universo relativamente normal. Y Ultear SÍ que va a salir, pero mucho más adelante. Y como sé que se lo están preguntando, Gajeel saldrá. No se apuren.

Como siempre, agradezco su apoyo a quienes me comentaron (principalmente a esos comentarios súper fangirlosos que me emocionaron a mi también):

Kiga, Pepper Blueberry, OlvideMiContraXD, karylandero3 y Sabaku no Sandra.

Si tienen alguna duda sobre las explicaciones del universo que les planteo, si´wentanse libres de externar sus dudas o señalar algún hueco en la trama. Yo trataré de resolver el problema a la brevedad.

¡Besos embarrados de Nutella para todos!

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