Capítulo 6: Ahogándose en Sombras
Le tomó un buen rato, pero finalmente Fluttershy llegó trotando a la granja de Applejack. El cálido sol de la mañana le irritaba sus cansados ojos, apenas podía mantenerlos abiertos. A medida que se acercaba a la propiedad no veía a nadie cosechando o realizando algún tipo de trabajo.
Pasó por los arcos de madera con la tierra crujiéndole bajo los cascos. Había una leve brisa que le acariciaba el rostro, ayudándola a mantenerse despierta.
Siguió andando hasta la puerta principal de la casa, donde dio unos golpecitos para ver si había alguien en pie. La respuesta no tardó en llegar, y la abuela Smith la recibió con amabilidad invitándola a pasar. Fluttershy preguntó si Applejack estaba despierta, a lo que la anciana contestó afirmativamente. Le dijo que estaba en el granero ordenando bolsas de manzanas.
Pero ni bien Fluttershy iba a pedir permiso para ir a buscarla, su amiga apareció por el pasillo con expresión de cansancio.
-Abuela, le diré a Big Mac que revise la puerta trasera, está rota otra vez.-Venía diciendo Applejack que se detuvo en seco en cuanto vio a la pegaso.
Se saludaron y la pony terrestre inmediatamente apuntó el mal aspecto que tenía Fluttershy. Antes de que pudieran decir algo más, la abuela las invitó a pasar al comedor mientras preparaba unas tazas de café.
Las dos amigas se ubicaron frente a frente, mesa de por medio, en el acogedor comedor de la familia Apple. Las paredes estaban decoradas con fotos de parientes lejanos, y había unos cuantos sombreros colocados en el panel opuesto.
-¿Pudiste descansar algo?-Preguntó Applejack casi en voz baja.
-Bueno, no mucho... estuve preocupada...-Al decir esto, Applejack hizo un gesto afirmativo como indicando que ella también.-, y Rarity...-
-¿Cómo está?-
Fluttershy trató de articular algo pero sólo le salió una palabra indescifrable. Tomó aire y apretó la boca por un momento, como si quisiera contenerse algo.
-Oye...-Applejack advirtió ésto e inmediatamente pensó que podría haber pasado algo grave.
-No está bien... no sé qué tiene.-Interrumpió Fluttershy en un tono lastimoso que conjugaba impotencia y frustración.
Applejack extendió una de sus patas delanteras por encima de la mesa y colocó su casco sobre los de Fluttershy, que estaban unidos y apoyados en la superficie. No hizo falta ninguna palabra, la pegaso vio en la mirada de su amiga la determinación del apoyo incondicional. Sintió un repentino nudo en la garganta y dejó escapar una lágrima que le recorrió el rostro velozmente.
-Hey, dulzura, vamos a salir bien de ésto, y Rarity volverá a ser la misma de siempre.-La calidez que envolvía las firmes palabras de Applejack hizo que Fluttershy sonriera discretamente. Su amiga siempre conseguía devolverle la confianza cuando flaqueaba.
La abuela regresó con una bandeja donde llevaba tres tazas. Se sentó junto a ellas y al ver a Fluttershy secándose los ojos, le dio palabras de contención y ánimo. La pegaso no quiso contarle la situación, simplemente definió lo que le pasaba como "tiempos difíciles". La anciana no insistió, pero sí reiteró su apoyo. Applejack se sumó, por lo que Fluttershy dejó momentáneamente atrás la noche que había pasado y se dejó llevar por senderos más felices. Se sentía acompañada y fortalecida, determinada a salvar a Rarity de lo que sea que la esté dañando.
Tras una agradable conversación, Fluttershy y Applejack salieron de la casa en dirección al granero mientras la abuela seguía con sus tareas cotidianas.
Ahora el sol estaba un poco más alto, aunque seguía dándoles directo a los ojos. Iban caminando lentamente en silencio, escuchando sus pasos, la brisa y los pájaros. Fluttershy levantó la vista y observó a una bandada dirigiéndose hacia el sur.
-Lamento haberte dejado sola. Tendría que haberme quedado allí.-Expresó Applejack repentinamente.
-No te preocupes... ¿cómo estuvo Sweetie Belle?-
-Por lo visto durmió toda la noche, me fijé en un par de ocasiones y no noté nada extraño.-
-Pobrecita...-Murmuró la pegaso agachando la cabeza.
-Escucha, Fluttershy, ¿por qué no descansas un poco? Veo que te hace falta. En la tarde iré a ver a Rarity.-
-¿Llevarás a Sweetie Belle?-
Applejack se quedó pensativa un momento antes de contestar.
-Le preguntaré, si no se siente con ánimos de regresar a la boutique se quedará aquí con mi hermana.-
-Está bien, Applejack. Gracias.-
-Descansa, dulzura, yo me ocuparé del resto.-
Fluttershy le dio un abrazo a su amiga, y se alejó de la granja caminando lentamente. Sentía una especie de aturdimiento, producto del cansancio, y a su vez una incomodidad constante al pensar en qué estaría haciendo Rarity. Cada vez que su mente se ocupaba con eso sentía un vacío en el pecho y tenía que respirar hondo para recuperar el ritmo normal.
No podía dejar de preguntarse qué estaba pasando. Todo esto dio vueltas por su cabeza hasta que llegó a su casa, se acercó al sofá más cercano y se desplomó sobre él. Los animales la vieron llegar tan abatida que se dirigieron hacia ella y la rodearon, acurrucándose junto a su cuerpo tratando de reconfortarla. Fluttershy les sonrió y acarició las cabecitas de los que tenía a su alcance, pero inmediatamente cerró los ojos sumiéndose en un sueño profundo.
Por otro lado, Rarity había llegado bien a su casa. Ni bien entró advirtió una ventana rota, lo que le hizo temer que alguien haya entrado a robar.
Dejó a Opal en el suelo y caminó hasta el lugar del daño. Vio cristales por el suelo y una piedra tirada a varios metros. No parecía tratarse de un robo, así que pensó que probablemente sólo haya sido vandalismo.
Se dirigió a la cocina pensando en prepararse algo, sintiéndose consciente de que estaba en un claro momento de lucidez. Usó su magia para mover una taza y un saquito de té, pero entonces escuchó algo que le erizó la crin. A lo lejos... había sonado como una tos áspera y desagradable. Era imposible, ella estaba sola.
Dejó lo que estaba haciendo y miró hacia el salón. Se acercó unos pasos, casi saliendo de la cocina y agudizó el oído.
Algo en el ambiente se extrañaba, como si las cosas se enmudecieran. Nuevamente escuchó esa horrible tos proveniente del piso de arriba. Era como si alguien estuviese allí postrado, a punto de morirse.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal, como si una brisa la hubiese acariciado. Dio un respingo y empezó a mirar hacia todos lados. Aquello simplemente no podía estar pasando, era irreal e ilógico.
Salió de la cocina y se dirigió aceleradamente hacia la puerta de salida. El salón estaba como siempre, no había cosas fuera de lugar e incluso la piedra seguía tirada justo donde la había visto.
Pero al atravesar la salida se encontró con una sorpresa. No había exterior. Sólo un largo pasillo de iluminación rojiza, adornado con cortinas gruesas de color negro y algunas velas colocadas por el suelo en fila. Las mismas se ubicaban sobre el lado derecho y se perdían hacia el final, como si llevaran a algún lado.
Al darse vuelta Rarity vio que la boutique ya no estaba, en su lugar había un hall con el mismo tono del pasillo. El suelo parecía ser de mármol, al igual que un par de columnas que flanqueaban una inexistente puerta.
Pudo percibir la tos desde lo lejos, cuyo sonido llegó por el pasillo hasta sus oídos casi como un susurro. Ella estaba inmóvil, intentando racionalizar la situación en que se encontraba.
Aunque algo estaba luchando contra su pensamiento. Una parte de su mente interpretaba el lugar como un estado onírico del que tenía que despertar, pero eso no le servía. No quería dejarse convencer por eso, no quería estar en un sueño. Sabía que esto no era un sueño. Sin embargo, por un lado empezaba a pensar que tenía que despertar. "¿Despertar de qué?" se preguntó, y no halló respuesta.
Caminó hasta las columnas y empezó a tocar la pared que había entre ambas, intentando ver si había una puerta oculta o algo. No había nada, sólo estaba depositando sus esperanzas en un frío muro de piedra.
El sonido de la tos llegó nuevamente por el pasillo. Era casi como una invitación, pero no quería ceder. Estaba haciendo un gran esfuerzo por mantenerse lo más lejos posible de ese pasillo, cuando una voz en su cabeza le dijo que tenía que hacer algo.
-Sigue las velas.-
Rarity se acurrucó en el suelo, entre ambas columnas. Miraba fijamente hacia el pasillo, mientras su mandíbula empezaba a temblar. Podía sentir un frío leve recorriéndole las venas, tratando de hacerla reaccionar. Pero siguió allí, inmóvil, incapaz de razonar o buscar alguna salida. Sólo se preguntaba cómo había llegado ahí.
-Vamos, no puedes congelarte. Tienes que seguir las velas, llevan a algún lado.-
Eso sólo hizo que Rarity se cuestionara si quería ir a ese lugar. A sus espaldas un impenetrable muro de piedra con imponentes columnas en los costados, frente a ella un misterioso pasillo del que provenía esa horripilante tos.
-No tienes muchas opciones, debes levantarte. Tu corazón se está helando.-
El frío dentro de su cuerpo se hacía más intenso. Aquellas palabras hicieron que notara cierta presión en el pecho, por lo que decidió empezar a incorporarse. Lo hizo dificultosamente, mientras apretaba los dientes para dejar de temblar.
-Vas bien.-Animó la voz.
La unicornio se irguió y realizó un primer paso. A continuación siguió el movimiento, y se acercó caminando lentamente hacia el corredor.
Comenzó a avanzar mientras observaba las cortinas negras en las paredes y las velas por el suelo, que estaban parcialmente derretidas.
El frío se había disipado y ya no lo sentía. Pero al caminar iba pensando en que estaba perdiendo su fuerza de voluntad. Sintió un vuelco en el corazón y una impotencia enorme mientras continuaba caminando sin detenerse.
El pasillo era interminable. Rarity decidió detenerse un momento, pues llevaba varios minutos sin escuchar ni la voz ni la tos. Pensó que podría haber sido debido a que estaba enfrascada en sus pensamientos, pero entonces volvió a escuchar...
-Sigue adelante.-
Rarity se mantuvo firme. A su alrededor sólo tenía velas y cortinas, nada más. A sus espaldas ya no distinguía el hall, y hacia delante no veía un final. En un intento desesperado por encontrar una salida, agarró la cortina más cercana con los dientes y la jaló al suelo.
La tela se desprendió y cayó pesadamente, apagando algunas velas. Rarity se quedó helada al ver lo que había revelado. Retrocedió unos pasos y pudo sentir una fuerte presión en el pecho, mientras se le hacía un nudo en la garganta.
Frente a ella tenía una especie de ventana donde se veía a sí misma cuando era una potrilla, preparando los disfraces de alimentos que otros potrillos usarían en un acto escolar.
-Hay que seguir.-
Pero ella no obedeció a la voz. Se acercó a la ventana y colocó un casco sobre el cristal. La potrilla del otro lado no la veía, estaba demasiado ocupada con su trabajo.
-¿Qué es esto?-Murmuró sintiendo cómo el nudo en su garganta se hacía más duro.
Siguió mirando fijamente hacia la escena, sin entender qué estaba pasando.
-Ella no está aquí.-
Rarity bajó la vista y retrocedió. Volvió a mirar hacia la ventana y vio que la escena seguía desarrollándose sin cambios. Como si algo la impulsara a seguir, retomó el camino por el largo pasillo con su mente confundida.
Avanzaba sollozando, ya no podía interpretar qué estaba pasando, no podía pensar en nada. La imagen de sí misma se repetía una y otra vez. Era incapaz de detenerse. Sus nervios se alteraban cada vez más.
Desde las cortinas empezaban a escucharse voces susurrantes. Las pudo identificar inmediatamente, eran ponies que conocía. Algunas eran incluso sus propias amigas. Pero las voces se pisaban y no decían nada claro.
-Sigue. Sólo son recuerdos.-
El pasillo estaba llegando a su fin. Podía distinguir una solitaria puerta al final, ubicada bajo lo que parecía ser un pequeño espejo. A su vez, la fila de velas terminaba allí.
Rarity llegó hasta la que creía que era la salida, se paró en seco y levantó la mirada hacia el espejo. Su rostro estaba demacrado, con rastros de lágrimas. Tenía la crin completamente lacia, como en cascada, y al verse a los ojos pudo ver reflejadas la desesperación y la angustia. Su imagen era lastimosa, le produjo dolor verse en ese estado. Agachó la cabeza y enfiló hacia la puerta, con la mente en blanco.
Al abrirla, una extraña luz verde la recibió cálidamente. Dejó atrás el misterioso pasillo rojo, para adentrarse en un cuarto donde la luz era esmeralda. Allí pudo ver un par de muebles, un espejo de pie y una cama donde yacía un pony en muy mal estado. Aquel que estaba postrado allí tosió, haciendo que ella se quede inmóvil, observándolo fijamente mientras sentía cómo sus extremidades se aflojaban.
-Está a punto de morir, tienes que hacer algo.-
Rarity se acercó a verlo de cerca. El pony estaba delgado, con los ojos hundidos y una mueca agónica. Era de color gris y tenía una crin marrón a la que no le quedaba mucho cabello.
El pony abrió la boca haciendo un gesto de dolor, y tosió nuevamente. Rarity lo observó mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, no podía soportarlo. Giró hacia el costado y se encontró viéndose a sí misma en el espejo. Se acercó y se miró a los ojos, mientras la tos se escuchaba otra vez a sus espaldas.
-Haz algo.-
Al escuchar esas palabras, Rarity volvió repentinamente en sí. Su mente se aclaró levemente, ya que pudo distinguir que su propia boca se movió al decir eso.
-La voz...-Dijo mirándose al espejo y viéndose gesticular.
Se quedó quieta observando su reflejo. La tos ya no se escuchaba. Y de pronto la iluminación empezó a cambiar, todo adquirió un tono azulado.
Su reflejo extendió sus patas y salió del espejo lentamente como una figura fantasmal. Rarity buscó la puerta por la que había entrado, pero ya no estaba. Su doble se acercaba a ella sin detenerse, por lo que Rarity retrocedió hasta quedar junto a la cama donde el pony agonizante había desaparecido.
-Estamos aquí otra vez.-Dijo su propia voz.
Rarity vio a su doble retorcerse de forma grotesca, para luego empezar a perder su piel como si se derritiera. La unicornio hizo un gesto de horror mientras veía que de su reflejo emergía una figura horripilante. Un pony de rostro alargado y patas frontales extensas, con facciones poco naturales. Sus ojos blancos se fijaron en ella y brillaron.
-Sálvanos.-Masculló el otro con una voz áspera.
Rarity saltó encima de la cama y usó su magia para mover uno de los muebles. Se lo lanzó al otro pony, aplastándolo.
-¡Rarity!-
Varios objetos comenzaron a flotar a su alrededor. El ser horripilante se materializó nuevamente y comenzó a acercarse.
La unicornio desató su ataque usando restos del mueble, trozos de la cama y todo aquello que podía usar como arma gracias a su magia.
El otro pony resistió los golpes, desvaneciéndose en el aire pero reapareciendo cada vez más cerca. Fue entonces que Rarity hizo levitar el espejo y derramó algunas lágrimas, pues todos sus intentos por detenerlo habían sido en vano. Aquel ser ya estaba a menos de dos palmos de distancia...
Cuando entonces recibió un fuerte golpe en la cara. El espejo dio contra el suelo, pudo escuchar el ruido del mismo haciéndose añicos. La unicornio había caído al suelo sobre sus espaldas. Cerró los ojos con fuerza, esperando que todo terminara. Pudo notar al pony cayendo sobre ella y dándole un segundo golpe en el rostro.
-¡Rarity!-
La unicornio abrió los ojos. Ya no había ningún tono azulado o verdoso, sino que la luz del sol entraba por su ventana. Frente a ella tenía el ensangrentado semblante de Applejack, mirándola con temor y dureza.
-Applejack...-Murmuró Rarity mientras su voz se quebraba.
A su alrededor toda la habitación estaba destrozada. Faltaban pedazos de los paneles de la pared, un mueble se encontraba estrellado contra otro a pocos metros del espejo, con varios objetos pequeños desparramados a su alrededor. Parte de la cama también estaba destruida, mientras la mesita de luz y la lámpara se hallaban en el suelo con signos de haber recibido algunos golpes.
-Rarity.-Applejack estaba jadeando. Tenía sangre brotándole por el hocico, junto a algunos cortes en el cuerpo y las patas delanteras.
La unicornio no pudo decir nada. Miró a su amiga y a su alrededor, y comenzó a sacudir la cabeza. Empezó a sofocarse mientras derramaba lágrimas incontrolablemente. Applejack la ayudó a levantarse y a salir de la habitación. Fueron lentamente hasta la sala principal y luego al exterior. Applejack cerró la puerta de la boutique mientras algunos ponies que pasaban por allí la veían y se detenían.
-Vamos al hospital, Rarity.-Le dijo su amiga.
Rarity no podía hablar, estaba atragantada. Sólo jadeaba y temblaba, sin dejar de llorar en silencio.
Unos cuantos ponies se acercaron a ayudar. Rápidamente consiguieron un carro del mercado donde subieron a Rarity, y luego a Applejack. La pony terrestre abrazó a su amiga que estaba sin habla.
Así llegaron al hospital, a pocas horas del ocaso.
