Red Velvet
Capítulo 94: Control
…
Le fue imposible evitar el abrazo que le llegó.
Se estaban despidiendo ya.
Sin darse cuenta, el tiempo pasó volando.
No era tarde aun, pero considerando que tenían que trabajar temprano en la mañana, lo mejor era irse a una hora prudente.
Era extraño salir un día de semana, y aún más extraño era el salir con Ruby, el volver a esa casa, y el haber pasado unas horas con Yang y Blake. Si pudiese decirle a su yo de hace unos meses que estaría en esa tesitura, no se lo creería, y pensaría que todo era una broma.
Otra imaginación más de su cabeza.
Si, todo parecía una broma de cierta forma, sobre todo para la persona que era hace un tiempo, que solía pensar lo peor de todos, que solía pensar lo peor incluso de sí misma, de su familia, de sus conocidos. Perdió la confianza en las personas, siempre, sobre todo con su enfermedad carcomiéndola. De un momento a otro, todos eran sus enemigos.
Y ahora, había un mundo que siempre le sorprendía, cada día pasaba algo que no se lo esperaba, cosas buenas y malas, y sabía que seguiría así.
Pero seguiría adelante.
Se vio mirando a Ruby, esta mirándola desde su posición, sonriéndole cálidamente, disfrutando de verla tener un contacto físico con su hermana mayor, que, si bien era agradable, cálido, también era abrumador, incluso doloroso. Ruby era muy cuidadosa cuando la abrazaba, incluso cuando lo hacía fuerte, y podía notar lo bruta que era su hermana, y se lo imaginó, pero ahora lo corroboraba.
Al menos Yang no la odiaba, así que podía considerar esa velada una de las buenas.
Quería que ocurriesen más cosas buenas, por supuesto, era lo que anhelaba.
Pero al menos, teniendo a Ruby a su lado, ni las más agrias noticias lograrían derrumbarla.
Confiaba en esa conexión que tenían.
En el amor que se tenían.
Y con Ruby superaría lo que sea.
Luego de unos momentos, Yang la soltó, y pudo jurar que si apretaba un poco más su brazo se saldría de su hombro, o quizás estaba siendo muy exagerada. Realmente si esta hubiese hecho eso consigo cuando se vieron en el hospital, la habría destrozado, ahí no estaba nada en su mejor forma para resistir un tacto similar.
No debía volver ahí, a esa situación, a ese cuerpo.
Yang le dio una sonrisa cómplice antes de tirarse donde Ruby, donde prácticamente la empujó contra la pared, embistiéndola como si se tratase de un partido de Rugby.
Si, su cuerpo ni en su mejor estado soportaría algo así.
Y Ruby tampoco, porque la escuchó soltar un quejido.
Aun así, la escena le causó gracia.
Le gustaba verlas así.
"Me gusta mucho más este estilo de ropa que esa de estirada que usas en el trabajo."
Escuchó a Yang hablar, mientras soltaba a Ruby, pero no del todo, las manos de esta firmes en los hombros de la menor, mientras la analizaba. Honestamente, opinaba lo mismo, pero no porque la ropa formal no le quedase bien, por el contrario, Ruby se veía bien con todo, con ropa de deporte, con una bata, con un vestido, con traje, no podía decir nada sobre eso, porque se la comía con la mirada sin importar lo que llevase.
O lo que no llevase.
No, Weiss, no es el momento.
Pero le gustaba más verla así, más con su estilo, con la ropa que la hacía sentir cómoda, la verdadera Ruby tras tantas mascaras que se tuvo que poner durante su vida. Al final, realmente no eran tan diferentes, ambas.
Y le gustaba que su realidad saliese en ciertos momentos, con ciertas personas.
Se sentía bien.
Era algo diferente, algo exclusivo.
Notó re reojo como Blake también miraba la escena, como miraba a ambas hermanas que se reían mientras cuchicheaban. Ambas tenían la misma sensación, el alivio de ver a dos personas tan unidas que tuvieron que separarse.
Y nunca le iba a dejar de doler que fuese por ella, por su culpa.
Pero ya acabaría con eso, más pronto que tarde.
Iba a darles la libertad de vivir en esa ciudad sin aparentar, sin fingir ser personas que no eran. Ese era su lugar soñado, lo que esperaba del futuro, y sabía que tenía el poder para lograrlo, que tenía el poder económico y social para hacer algo al respecto, e iba a hacerlo, iba a influir lo suficiente en esa sociedad para que las cosas empezaran a cambiar drásticamente de una vez por todas.
Y le daría a esa familia la libertad.
Le daría a Ruby la libertad que esta le dio a ella, le devolvería la mano, y le regalaría el mundo entero, lo moldearía. Y si bien no creía ya en la perfección, iba a hacer lo que estuviese en su poder para llegar a lo más parecido a la perfección.
Con Ruby sería perfecto.
Salieron por la puerta, mientras las dos mujeres se despedían con la mano antes de cerrar la puerta, y por su parte, caminó hasta su auto, Ruby siguiéndola de cerca. Ya dentro del auto, soltó un largo suspiro, soltó el aire que no se había dado cuenta que estaba conteniendo, y tenía claro que era el nerviosismo y la ansiedad con la que llegó ahí.
Ya no sentía más eso.
Sintió la mirada plateada en ella, pero le avergonzó mirarla, y poco a poco, comenzó a sentir el rostro arder.
"¿Ves? Todo salió bien, Weiss, no tenías de que preocuparte."
Recién ahí tuvo el valor de mirar a la mujer, esta sonriéndole, brillando. Notaba como Ruby se veía también más relajada, más tranquila. Al parecer había salido todo bien para ambas. Fue una velada agradable, la pasaron bien, incluso para lo incomodo de ciertos momentos.
Se podía acostumbrar a esa nueva incomodidad, no le molestaba.
Ruby se acomodó en el asiento, acercándose lo suficiente para ponerla nerviosa, sobre todo cuando una de las manos se posó en su mejilla. Podía ver su rostro cerca, sus labios cerca, acercándose, más y más, y deseó recibir aquel beso.
Pero para su molestia, el beso no llegó.
Ahora veía una sonrisa en los labios de Ruby.
"Te lo daré cuando me des mi regalo."
No, no se había olvidado.
Ruby sí que era una chica mimada.
Y manipuladora…
Pero no, eso no era negociable.
Sujetó a Ruby por su chaqueta, sus dedos enterrándose en el cuero, y la sensación le trajo cierta nostalgia, así como el aroma. Le gustaba ese aroma en Ruby, por lo mismo sabía que el regalo que le tenía vendría muy bien con ella. Aun así, no se lo iba a dar. Se había arrepentido.
Ahora tenía algo más en mente.
La sujetó, no permitió que esta se alejase como sabía que esta pretendía hacer, y se acercó, y la besó.
Sintió que fue como un choque, pero los labios la recibieron como siempre, que, aunque le dijese que no le daría un beso, al final, cuando se unían, era inevitable. Se sentía bien, era algo que no podía parar de hacer, nunca, y siempre que sentía esa necesidad, recordaba ese largo tiempo donde lo único que deseó era el tener esos labios en los suyos, sobre todo luego de momentos íntimos donde su corazón no dejaba de palpitar.
La mano de Ruby, la que estaba en su mejilla, se tuvo que mover para buscar apoyo, y la sintió cerca de una de sus piernas, el calor abrumándola en la zona, su piel ardiendo en la necesidad de sentir los dedos enterrándose en su carne.
Pero sabía que no debía enloquecer.
Que no debía verse reducida a su ser primitivo, así que se obligó a detener aquel beso, a regañadientes, por supuesto, pero si seguían así, ya sabía cómo eran, y hacerlo en la calle, de nuevo, no estaba en sus planes, o sea, no creía que tuviese problema con hacerlo de nuevo, pero le preocupaba más que no tuviesen descanso suficiente para trabajar al día siguiente.
Y el trabajo era muy importante, sobre todo si quería tener un mejor futuro.
Debía trabajar duro.
Notó sorpresa en Ruby apenas tomaron distancia, apenas la soltó de la chaqueta, permitiéndole tener control de su propio cuerpo. Le agradó el verla roja, e incluso en la oscuridad lo notaba. Era agradable verla así.
Esa broma le podía costar caro.
Se vio soltando una risa.
"Por querer bromear conmigo, no te daré tu regalo."
"¿Qué?"
La pregunta venía con un llanto incluido.
La vio poner una cara de dolor que le impacto, así como esta puso sus ojos de cachorro triste, usando sus técnicas de ser muy linda para conseguir todo de ella, pero no, no se iba a dejar manipular, ya lo había decidido.
Ignoró a Ruby, y se puso el cinturón de seguridad, y prendió el auto.
Ruby seguía intentando convencerla, pero al ver que sus intentos eran en vano, finalmente soltó un suspiro y se puso el cinturón, un puchero en su rostro.
Comenzó a moverse, Ruby en silencio a su lado, podía notarla aun triste, e incluso de reojo, notaba lo contrastante que era su mueca de cachorro triste combinada con el estilo intimidante de su ropa, y adoraba esas diferencias, se sentía más enamorada incluso.
Movió la mano derecha, la cual no estaba usando en el momento, y la llevó a la pierna de Ruby, llamando su atención, aunque fue ella la que se distrajo cuando sus dedos tocaron la piel expuesta por los agujeros de los jeans, y casi hipnotizada, metió los dedos dentro de la tela, solamente para sentir más piel.
Si, se sintió un poco degenerada en ese instante, no iba a mentir.
Carraspeó e intentó volver a su centro, a intentar hablar sin denotar su estado. Ese beso la había dejado débil, y se sentía hirviendo. Estaba segura de que si no tuviese que trabajar en la mañana haría una barbaridad en cualquier lugar.
"Quiero darte el regalo yo misma, cuando tengamos tiempo."
No miró a Ruby, sus ojos fijos en el camino, y era difícil mantenerse concentrada sobre todo porque su mano estaba aún tocando la piel ajena.
Dio un salto cuando la mano de Ruby se posó sobre la suya, manteniéndola en el lugar, firme en la pierna ajena, y sabía que estaba roja, lo sentía, como sus orejas ardían, quemaban. No tenía solución alguna, simplemente perdía la cordura con esa mujer, la hizo perder la cordura desde el comienzo, y cada día más.
"¿Por qué me quieres dar un regalo? ¿Es alguna fecha importante?"
Oh.
Buena pregunta.
Pero no, no tenía razón para hacerlo, simplemente lo vio y no pudo controlarse.
Respiró profundo, inflando el pecho en el proceso.
"No necesito que sea un día especial para comprarle un regalo a mi novia."
Su voz salió tensa, lo sabía, incluso profesional, y Ruby lo notó. La escuchó soltar una risa, esta claramente divirtiéndose a su costa.
La mano que sostenía la suya apretó su piel, la sujetó con más intensidad, y su indignación se vio mermada de inmediato. Ruby la hacía perder el control, pero al mismo tiempo, la hacía tener el control. Se sentía en equilibrio a su lado, y quizás esa era una de las razones que la ayudaron a mejorar en ese último tiempo.
"Realmente me encanta que me llames tu novia."
Justo se detuvo en una luz roja, y giró su rostro, mirando a Ruby, pero esta no la miraba, sus ojos mirando hacia afuera, brillando ante las luces de la ciudad nocturna. Notaba su expresión calmada, su sonrisa plasmada en su rostro, una de esas que la hacían sentir absolutamente llena por dentro. Y pensar que su relación pudo haber acabado hace dos semanas si es que tenían un desacuerdo en como querían avanzar hacia el futuro, y se veía incapaz de imaginarse en esa tesitura.
Sin Ruby.
No podría.
Quería que Ruby le sonriese así solo a ella, que la mirase con esos plateados solo a ella, que la tocara solo a ella, y era egoísta de cierta forma, pero así eran sus sentimientos. No podría aceptar que Ruby fuese de otra, que Ruby tuviese esos sentimientos por alguien más, la destrozaría en todos los sentidos.
Los ojos plateados la observaron, entre sorprendidos y curiosos, y por reflejo apretó su mano, apretando el muslo ajeno.
"Yo quiero…"
Yo quiero que seas mía.
Se cortó a sí misma.
O más bien, la cortó la bocina del auto que iba tras de ella, ya que la luz ya había cambiado y ella seguía ahí, distraída con la mujer que tenía al lado, y por inercia, por vergüenza, por susto incluso, soltó a Ruby y dejó ambas manos firmes en el manubrio, volviendo a dedicarse a conducir.
Notó como Ruby giró su cuerpo, mirando hacia atrás, observando a quien le había tocado la bocina.
"Vaya idiota."
La escuchó decir, y se vio riendo, más por nerviosismo que por otra causa.
Se sintió un poco en evidencia por un momento.
"¿Qué me ibas a decir, cariño?"
Ruby le preguntó finalmente, cuando avanzaron unas calles, ya acercándose al edificio de departamentos.
Ya no sabía si decirlo o no, porque sentía que, al decirlo, las cosas se podían calentar un poco, y viendo como estaba en ese momento, ya tenía pocas esperanzas de que tuviese las fuerzas para mantenerse a raya a sí misma.
"Te lo diré cuando nos veamos el sábado."
Se sorprendió de lo tranquila que sonó su voz, para lo ansiosa que estaba.
Ruby iba a reprochar, lo sabía, pero justo entraron al estacionamiento del edificio, y avanzó, estacionándose en su lugar al lado del Red Velvet, el lugar a donde pertenecía. Se quedó mirando el auto, pensando en que ya quería volver a subirse, el volver a ser llevada por Ruby, sin que fuese en una situación como la que fue la última vez.
Ya tendrías la libertad absoluta.
Pronto, muy pronto.
Cuando observó a Ruby, esta la miraba mientras hacía un puchero, haciendo su mueca de cachorro que siempre lograba robarle el corazón, y ahora no era diferente. Le había negado el regalo y las palabras, la pobre estaba sufriendo.
Ahora fue su momento para acercarse.
Tomó a Ruby de las mejillas, acercó sus labios a los ajenos, besándola, una vez, un beso suave, nada que pudiese tentarlas.
"Te amo demasiado, ¿Lo sabías?"
Ante sus palabras, y ante el beso, Ruby dejó su mueca, cambiando a esa sonrisa adorable que solía poner en esas ocasiones, y cuando esta asintió, no pudo resistirse al besarla de nuevo.
Ruby se iba a aprovechar de la cercanía, ¿Cómo no lo iba a hacer?
Por supuesto que iba a intentar besarla de nuevo, besarla con más ímpetu, pero se apresuró para taparle la boca, deteniendo cualquier intento.
No se lo iba a permitir.
No logró notar si esta ya estaba poniendo cara triste, ya que se acercó, apoyó su frente en el hombro ajeno, sintiendo el aroma a cuero en su nariz, el aroma a cuero y el aroma a rosas, una mezcla que le agradaba más de lo que podía considerarse normal.
"Tenemos que trabajar mañana, así que no me lo hagas difícil."
Habló, soltando un suspiro en el proceso.
Ruby no dijo nada, bueno, tampoco podía, ya que la tenía ahí, silenciada, y solo sintió cuando esa afirmó con el rostro, ahí recién la soltó.
Se vio sonriendo cuando los labios de Ruby llegaron a su cabello, dejando un beso en su cabeza, y luego sintió la nariz de esta, respirando profundamente.
Quizás ambas eran adictas al aroma de la otra.
Le parecía perfecto.
"Ya quiero verte, Weiss."
Se vio asintiendo, aun pegándose al cuerpo ajeno.
"Quiero exactamente lo mismo."
Y no importaba cuantas veces se viesen, cuantas veces se besaran, cuantas veces tuviesen intimidad, nunca era suficiente, y realmente le sorprendía que así fuese. En su experiencia pasada eso jamás ocurrió. Jamás sintió tanta necesidad, tanta impaciencia, tanta urgencia para estar con otra persona, y, de hecho, solía aburrirse demasiado, era monótono, era desagradable incluso.
Se preguntaba que hubiese sido de su vida si hubiese conocido a Ruby antes.
Quizás jamás hubiese pasado por lo que pasó.
Quizás jamás se habría comprometido.
Quizás jamás hubiese creído que casándose se iban a solucionar sus problemas.
No solucionó nada, por el contrario, lo empeoró todo.
Al final, tuvo que tocar fondo para encontrar a alguien que pudiese rescatarla de ese abismo en el que estaba metida, tenía que hundirse en la más profunda mierda, sentirse en la más profunda mierda, para que el ángel que era Ruby llegase a su vida y tuviese la vulnerabilidad absoluta para dejarla entrar en su corazón.
Si pudiese volver al pasado, no dudaría.
Tal vez cometería los mismos errores, para asegurar que Ruby volviese, para asegurar que Ruby llegase en su peor momento, y no huiría de ella, nunca, seguiría a su lado, la seguiría visitando, le declararía su amor, y encontraría la forma de ayudarla cuando escogiese el futuro que quería.
No cometería la estupidez de alejarse de quien más amaba.
Jamás se alejaría de Ruby.
Nunca.
Capitulo siguiente: Pertenencia.
N/A: Pobre Ruby, que su novia no le da ni su regalo ni le dice las cosas que piensa, F. Pero descuiden, en el siguiente ya habrá declaración, a menos que…
Nos leemos pronto.
