El Titanic había chocado con un iceberg y eso había provocado que el gran navío que era considerado "prácticamente insumergible" comenzara a naufragar y para empeorar las cosas, Honoka y Nico fueron acusadas injustamente de robo y llevadas a los camarotes de la parte inferior del barco, sin embargo, Umi y Maki iban a su rescate.
Las dos chicas se metieron en el elevador, el cual estaba cerrado debido al hundimiento, del cual muchas personas no estaban enteradas todavía. Ambas féminas seguían bajando, la impaciencia las estaba quemando, no obstante, nada más llegar casi al sitio, el aguan entró en el elevador.
- ¡¿Qué?!
- Señoritas, voy a volver a subir – decía el elevadorista tratando de volver hacia arriba.
- ¡No! ¡No lo haga! – decía Umi.
- ¡Por favor! – ambas impidieron su regreso, sabiendo que la cosa se complicaría, Umi abrió la puerta del elevador y se fue junto con Maki quien la seguía.
- ¡Regresen! ¡Volveré a subir! – Umi y Maki ignoraron esto y solo caminaron por un pasillo el cual estaba inundado.
- No nos iremos sin las personas que buscamos.
- ¡Voy a subir! – el encargado del elevador sin opción alguna, subió de nuevo, llevándose consigo el elevador y ambas chicas solo miraron como el hombre se iba.
Sin opción, ambas fueron por los pasillos que estaban con agua en el piso. Siguieron la ruta dada por Andrews para llegar hacia el lugar en el que tenían a Honoka y Nico esposadas.
Era una gran cantidad de pasillos, pero aun así estaban pasando por la fría agua, y a eso sumarle que estaban fallando algunas luces en los pasillos causando que, por segundos, quedaran a oscuras, pero esto no les importaba, ambas niponas seguían caminando, aunque el nivel del agua aumentara a medida que se adentraban más.
- ¿Dónde estarán?
- Ni idea – dijo la peli roja para luego gritar – ¡Nico-chan!
- ¿Qué haces?
- Si gritamos sus nombres, sabremos donde están.
- Buena idea – Umi hizo lo mismo que Maki – ¡Honoka!
- ¡Nico-chan! ¡Respóndeme! – ambas chicas gritaban el nombre de sus amadas, sus esfuerzos dieron frutos ya que las dos chicas que estaban esposadas percibieron eso.
- ¿Escuchaste eso? – Honoka exclamó.
- ¿Qué cosa?
- ¡Honoka! – se escuchó un grito de una voz.
- ¡Nico-chan!
- Esa voz… - Nico supo de quien se trataba - ¡Maki-chan!
- ¡Umi-chan! – Umi y Maki escucharon la voz de sus amadas provenientes de un cuarto, ambas siguieron avanzando por los fríos pasillos.
- ¡Honoka! ¡Nico!
- ¡Umi-chan! ¡Estamos aquí! – finalmente, Umi y Maki llegaron a la habitación en la que Nico y Honoka estaban esposadas.
- ¡Honoka! – Umi corrió hacia la peli jengibre.
- ¡Nico-chan! – Maki hizo lo mismo.
- Umi-chan – Honoka recibió a la peli azul dándole un beso en los labios.
- Maki-chan – la peli roja hizo lo mismo con la peli negra.
- ¡Umi-chan, yo no fui! – dijo Honoka – yo no robé ese diamante.
- ¡Lo sé! Lamento no haberte creído, fui una tonta.
- Deben hallar el duplicado de la llave – dijo Nico – Maki-chan, hállalo.
- Sí – la peli roja se fue a buscar la llave en la mesa y distintos lugares que había.
- Umi-chan, la llave es plateada y pequeña – dijo la peli jengibre mientras su amada peli azul buscaba la llave. Había un estante con muchas llaves en el que Umi y Maki buscaron si cesar la llave.
- ¿Cuál es?
- Es plateada y pequeña.
- ¿Pequeña y paletada? – dijo Umi buscando la llave, pero no la hallaba – no hay llave plateada, todas son doradas.
- ¿No es alguna de esas?
- No, es plateada y pequeña, recuerdo bien como era.
- Chicas – dijo Nico deteniendo la búsqueda de las chicas.
- ¿Qué pasa?
- ¿Cómo saben que no fuimos nosotras?
- No lo supimos – dijo Maki – lo sabíamos desde un principio ¿verdad Umi?
- Sí – el pequeño momento de las chicas se vio interrumpido cuando el agua comenzó a subir de nivel en el lugar.
- ¡No hay llave! – la peli roja exclamó en su desesperación.
- ¡Chicas, vayan por ayuda! – la peli negra dijo.
- No te dejaré aquí, no podría dejarte Nico-chan.
- No te dejaré tampoco Honoka – dijo Umi que luchaba por que no se salieran las lágrimas.
- Umi-chan, ve a buscar ayuda, estaré bien – dijo la peli jengibre.
- P-Pero…
- ¡Vayan! – Umi y Maki decidieron ir a buscar ayuda, dejando a sus amadas solas un momento mientras salían. Ambas jóvenes buscaban en los pasillos inundados del barco a ver si hallaban a alguna persona. Subieron incluso a algunos de los que estaban secos, pero para su desgracia, no hallaron a nadie.
- ¡¿No hay una puta persona que nos ayude?!
- Maki, no hables de ese modo.
- ¡Me vale mierda Umi! Nico-chan y Honoka pueden morir en estos momentos por este maldito barco y no hay nadie que nos puede ayudar.
- Maki.
- ¿Qué pasa?
- Eso – dijo señalando una caja de vidrio en la que había un hacha.
- ¿Un hacha? – Maki entendió lo que su amiga se refería.
- Vamos – ambas fueron al cuarto en el que estaban sus amadas, pero cuando llegaron, vieron como el agua estaba subiendo rápidamente en el lugar.
- ¡Maldición, está helada! – la peli roja gritó sintiendo la gélida agua en su cuerpo.
- Parece que más bien estoy caminando sobre hielo – dijo Umi.
- Y lo dices tú – ambas llegaron al lugar en el que las chicas estaban aún esposadas – hemos vuelto.
- ¿Traen un hacha?
- Sí, con esto tal vez les rompamos las esposas – dijo Umi.
- Esperen – dijo Nico – primero entrena eso.
- ¿Entrenar eso?
- Sí, mira, dale al armario – la peli negra señaló el mueble que estaba al rincón del cuarto.
- ¿Por qué al armario?
- Para que entrenes Umi – decía Nico – dale al armario y haz un agujero.
- Está bien – Umi tomó bien el hacha y le dio con fuerza al armario de madera de roble – ¿así?
- Sí, ahora vuelve a darle.
- Bien – la peli azul tomó de nuevo el hacha, pero le dio a un lado del agujero original – maldición.
- No importa, ya entrenaste, ahora dale a las esposas.
- ¿A-A las esposas?
- Sí, necesito que les des.
- Está bien – la peli azul tragó algo de saliva antes de hacer eso.
- Tu puedes Umi-chan – las palabras de Honoka la animaron, Umi estaba muy nerviosa mientras sostenía el hacha frente a las esposas que tenía Nico, esta lanzó de golpe el arma logrando romper las esposas de la oji carmín.
- ¡Lo lograste! – exclamó Nico liberada y luego siendo abrazada por su pareja peli roja – ¿Maki-chan?
- ¡Te extrañé! – eso la sonrojó un poco.
- Ya no te preocupes, estoy bien.
- Váyanse – dijo Umi al dúo.
- No nos iremos Umi, no sin ustedes.
- Ya las alcanzaremos Maki-chan – Honoka dijo con calma – solo espérennos arriba.
- No me quiero ir sin ti Umi – Maki decía ya que no se quería separar de su mejor amiga.
- Ya vamos a estar juntas Maki, vete con Nico por favor.
- P-Pero…
- Espero que lleguen arriba pronto – dijo Nico llevándose a Maki – cuídate Honoka.
- N-Nico-chan, espera – Maki fue arrastrada por Nico hasta salir de la habitación dejando solas a Umi y Honoka.
- ¿Estás bien Honoka?
- He estado en peores, sé que podemos salir de esta y junto a ti sé que lo lograremos.
- Por supuesto– Umi tomó el hacha mientras se preparaba para lanzar – Honoka, trataré de hacerlo bien.
- Confío en ti Umi-chan – la peli jengibre solo tomó algo de aire – hazlo.
- Sí – la peli azul tomó el hacha con fuerza y confiando en las cosas que había aprendido de su padre, dejó caer el hacha y pudo romper las esposas de la peli jengibre.
- ¡Lo lograste Umi-chan! – dijo Honoka lanzándose a la oji avellana quien respondió al gesto, ambas luego se dieron un beso muy bonito, ahí fue cuando Honoka bajó al agua – ¡joder, que fría está el agua!
- Vámonos, Maki y Nico nos esperan – Honoka asintió y con eso, ambas salieron del lugar y miraron a Nico y Maki en las escaleras del pasillo.
- ¡Chicas! – Nico hizo que se apuraran.
- Ya vamos – Honoka iba hacia adelante, pero una de las paredes se derrumbó, inundando más la sala e impidiendo el paso de las chicas.
- ¡Umi! ¡Honoka! – gritó Maki.
- ¡Suban! ¡Buscaremos otra salida! – dijo Honoka.
- ¿Otra salida? ¿Están locas?
- Sí – estas decidieron irse para otro lado, el dúo Nico Maki decidieron subir las escaleras.
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Mientras tanto en la cubierta, varios botes salvavidas habían sido lanzados al mar escapando de una muerte trágica en el navío.
- ¡Remen! ¡Remen! – decía un oficial que iba guiando uno de los botes salvavidas que estaban en el mar, no solo él, varios botes iban saliendo del barco con una buena cantidad de pasajeros en ellos, mientras se veía como el lujoso Titanic se estaba hundiendo por la proa.
En uno de los botes, se encontraban las señoras Nishikino y Sonoda viendo el barco con expresión de suma tristeza, pero no solo estaban ellas, también estaba Elisa junto a su hija y la mejor amiga de esta.
- Esto es algo que no se ve todos los días – dijo la rusa mayor.
- Mamá, ¿Qué ocurrirá con las demás personas? – su hija preguntó.
- No lo sé hija, no lo sé – del barco comenzaron a salir más bengalas hacia el cielo, realmente era un desastre este hundimiento y no parecía que alguien viniera en su ayuda.
En la cubierta del barco, Nishikino Gendo y Sonoda Kenji buscaban a sus hijas, sin éxito por ahora, todo mientras que, en los botes, las cosas estaban descontrolándose, muchas mujeres eran separadas de sus maridos para abordarlas a los botes.
- ¿Hallaste algo? – preguntó Gendo.
- No, no está en estribor – su amigo exclamó – no parece haber señales de ellas.
- Maldición – el padre de Maki bramó – y este idiota no deja subir hombres.
- Descubrí que un bote del otro lado deja subir hombres.
- Bien, esta será nuestra jugada, debemos apresurarnos, vamos – ambos hombres fueron a idear su plan, esto como una de sus últimas jugadas.
En uno de los pasillos, una puerta fue rota y salieron de ahí, Umi y Honoka, varios tripulantes que aún estaban ahí miraron eso.
- ¡Oigan! ¿Qué creen que hacen? – exclamó uno de los trabajadores de la White Star Line que vio como las dos chicas entraron a la fuerza – deberán pagar eso, es propiedad de White Star.
- ¡Cállate! – el oficial quedó callado ante eso, ambas féminas siguieron avanzando.
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De vuelta a cubierta, los botes seguían siendo tirados al mar con varios pasajeros a bordo en busca de salvar sus vidas.
- ¡Bajen el bote! – dijo uno de los oficiales.
- ¡Sr. Lightoller! ¿Por qué van medio llenos? – el arquitecto Andrews dijo llegando al lugar.
- Ahora no Sr. Andrews por favor.
- ¡¿Por qué llenan los botes a la mitad?!
- No queremos que se vayan al fondo.
- ¡Vi un bote con solo 12 personas! ¡12! En un bote para 60 personas.
- No estamos seguros del peso Sr. Andrews – dijo el oficial Lightoller – pueden hundirse con muchas personas.
- ¡Mentira! – exclamó Andrews – los probaron en Belfast con un peso de 70 hombres. ¡Llénelos por el amor de Dios!
- B-Bien – el oficial no tuvo más opción que acatar la orden del arquitecto del Titanic – ¡Más mujeres y niños por aquí!
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- ¡No pueden tenernos aquí como animales! – dijo un hombre de tercera clase mientras hablaba con uno de los oficiales que tenían la puerta para los de tercera clase cerrada.
- ¡Vamos a morir ahogados!
- Hasta que nos den ordenes, deberán permanecer aquí – decía el oficial encargado, Honoka y Umi llegaron hasta aquí y esa celda era el puente hacia la libertad de ambas. La peli jengibre subió rápidamente y se puso al frente.
- ¡Abran la puerta!
- ¡Por Dios, hay mujeres y niños aquí abajo!
- Hasta que recibamos ordenes, permanecerán aquí.
- ¡Por el amor de Dios abran esta maldita puerta! – los insultos seguían en varios idiomas, ahí fue cuando Honoka se encontró con un amigo de tercera clase.
- ¿Honoka? – preguntó un chico de cabello negro y ojos morados.
- Rafael-kun, esto es malo.
- ¿Se conocen? – la peli azul preguntó confundida.
- Umi-chan, él es Rafael Díaz, Rafael-kun, ella es mi novia Umi-chan.
- Al final te la conseguiste Honoka – ese comentario puso algo sonrojada a la peli jengibre quien río de forma nerviosa, justo alguien más llegó.
- ¡Honoka!
- ¡Joan-kun! – la peli jengibre recibió un pequeño brazo de parte del mexicano – ya se fueron todos los botes.
- Esta mierda se inunda, el agua nos alcanzará.
- Debemos salir de aquí, vámonos.
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En la habitación de la familia Sonoda, Kenji estaba poniendo varios fardos de dinero en su abrigo, todo mientras abría su caja fuerte y sacaba todo lo que le fuera de valor.
- Voy con mi propia suerte – el señor Sonoda dijo.
- También yo – habló Gendo mientras mostraba como escondía una pistola en su saco.
- Bien jugado amigo mío – Kenji finalmente cerró la caja fuerte para nunca verla más.
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De vuelta con Umi, Honoka, Rafael y Joan, estos iban corriendo por los pasillos buscando una salida hacia la superficie, no fue hasta que se encontraron con algo.
- ¡Acá! – Honoka exclamó subiendo por unas escaleras que iban hacia una salida, pero estaban unas bardas que estorbaban la salida.
- Regresen a la escalera principal, regresen a la escalera principal – decía el oficial.
- Abra la puerta – dijo Honoka.
- Regresen a la escalera principal.
- ¡El barco se hunde! – reclamó Umi – abra la puerta.
- Por favor, vayan a otra escalera.
- Maldición – dijo la peli jengibre en voz baja para luego explotar mientras golpeaba la puerta – ¡Abra la puerta maldito hijo de puta!
- No recuerdo verla así – pensó Umi, Honoka, ya harta, fue hacia atrás y miró un banco de madera y supo que hacer.
- ¡Joan-kun, Rafael-kun! ¡Ayúdenme!
- ¡Sí! – ambos mexicanos ayudaron a la chica a arrancar del piso de madera un banco, cosa que lograron con esfuerzo ya que muchos más se les unieron.
- Vamos a derribar la puerta – dijo la chica tomando el liderazgo – ¿listos?
- Tú da la orden Honoka-san.
- ¡Dejen eso! ¡Si hacen eso…!
- ¡1, 2, 3! ¡Ahora! – los jóvenes lograron derribar la puerta con mucha fuerza y eso hizo que todas las personas pudieran pasar, por fin podían ir a cubierta.
- ¿Qué hacen? No pueden pasar.
- Cállese puto – dijo Joan dándole un gancho izquierdo al oficial, desmayándolo.
El llenar los botes al inicio era algo difícil, pero todo estaba calmado, ahora, las cosas se habían descontrolado, los pasajeros atemorizados buscaban subir a los botes a como diera lugar, pero los oficiales daban todo de sí para evitar un amontonamiento y un volcamiento de los botes salvavidas.
Umi y Honoka llegaron a la cubierta por fin, sus amigos de México iban con ellas también, ambas japonesas estaban buscando a Nico y Maki ya que quedaron de encontrarse en la cubierta. Por otro lado, en uno de los botes que estaban en babor, se hallaba el oficial Murdoch junto a Gendo charlando.
- ¿Dónde están los demás? – el oficial preguntó.
- Siguen en popa.
- No puede ser, creo que…
- Sr, Murdoch, tenemos un acuerdo ¿verdad? – el señor Nishikino metió un fardo de dinero en el abrigo del oficial el cual no dijo nada y simplemente siguió con su camino.
El barco seguía llenándose de agua, la proa estaba sumergiéndose en el agua y la esperanza para muchos de los pasajeros se estaba haciendo más grande por lo que todo el mundo se apresuraba a subir en algún bote.
- ¡Solo mujeres y niños! – decían uno de los oficiales de los pocos botes que quedaban.
- Esto está mal – susurró Honoka para luego mirar a Rafael – ve a buscar del otro lado.
- ¿Del otro lado?
- Sí, ve – el peli negro asintió y se fue a buscar al otro lado del buque a ver si había más botes.
- ¿Estás segura de esto Honoka? – preguntó Umi.
- Sí, solo necesitamos algo de tiempo – la peli azul asintió, por otro lado, en uno de los botes, Kenji llegó donde estaba su amigo.
- ¡Gendo! Encontré a Umi en el otro lado.
- ¿Y Maki?
- No la encontré, pero creo que están por allá.
- ¿En dónde?
- Del otro lado, esperando un bote con la chica de tercera clase, tal parece que escaparon.
- ¿Con ella? – Gendo miró su bote que pronto sería botado – maldición.
- ¿Qué hacemos?
- Vamos allá – ambos señores fueron a buscar a sus hijas para traerlas y salvarse junto con ellas, además de que tenían que ponerse vivos en cuanto a sus acompañantes se refiere. En ese mismo barco, Ismay, el Presidente de la White Star Line, estaba montando más pasajeros al bote.
- Bien, estupendo, creo que todo está bien – dijo el hombre quien miró de reojo a algunos oficiales que estaban distraídos, además de que no había más personas cerca del bote, ya con esto, aprovechó eso para subirse al bote junto con los demás pasajeros.
- ¡Bájenlo por izquierda! – dijo Murdoch que luego notó la presencia de Ismay, pero no dijo nada, es más, el oficial puso mala cara ante esto como si no creyera lo que veía – bájenlo.
El bote comenzó su descenso, Ismay puso cara de satisfacción, su vida estaba salvada, aunque eso le traería consecuencias a futuro por su decisión.
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De vuelta con Honoka y Umi, estas miraban los botes, estos estaban siendo llenados por madres e hijos que se separaban de sus padres, eran escenas bastante tristes incluso para los de corazón duro.
- ¡Démela! – dijo un oficial quitándole una niña de unos 6 años de edad a un hombre.
- ¡No papá! ¡No quiero irme sin mi papá! – exclamaba la fémina la cual fue puesta al lado de su madre en el bote.
- No te preocupes nena, hay otro bote para los papis, solo es un adiós por ahora – el padre de la chica le decía a modo de que no se preocupara mucho, esto fue triste para la peli azul la cual sentía las emociones de varias personas ahí.
- ¿Umi / Honoka? – esa voz sorprendió a las dos chicas quienes voltearon rápidamente.
- ¡Maki / Nico-chan! – ambos dúos de amigas se abrazaron con fuerza, la peli negra estaba algo sonrojada por ese gesto de su amiga.
- Sí, sí, me alegro de verte también Honoka, no es como que nos hallamos visto desde hace años.
- ¿Ya no hay botes?
- Se acaban, necesitamos irnos de aquí lo más pronto posible.
- ¡Aún queda espacio para tres personas! – dijo un oficial, Honoka y Umi se miraron un momento, ya sabían que hacer en ese momento.
- Suban, Maki, Nico.
- No Umi, no nos iremos sin ustedes – Maki reclamó.
- No importa, subiremos a otro bote.
- Solo quedan tres espacios, una de ustedes quedará.
- Yo lo haré – dijo Honoka ganándose la mirada de todos, pero en especial la de Umi.
- Honoka, no me iré sin ti.
- No, te tienes que ir junto a Nico-chan y Maki-chan, yo iré luego.
- Honoka – la voz de Umi comenzaba a rasgarse – no me quiero ir sin ti.
- No quiero Honoka, no voy a dejar que te quedes – Nico reclamó también.
- Suban por favor – Honoka comenzó a llevar a Umi al bote, también pasó eso con Maki y Nico – ustedes también chicas.
- S-Sí – Maki y Nico subieron al bote por orden de Honoka, asegurando así su seguridad.
- Vamos, sube al bote – dijo Kenji llegando al lugar sorprendiendo a las chicas.
- Padre.
- Ten – el señor le dio el abrigo de su parte para que la chica se cubriera del frio.
- Sonoda-san – Honoka miraba al señor, para luego ver a otra persona que venía detrás de él y era el padre de Maki.
- No te preocupes por nosotros Umi – dijo Kenji – hice un trato con un oficial del otro lado, Kousaka-san, Gendo y yo subiremos al bote y sobreviviremos al igual que ustedes.
- Hazlo Umi-chan, no habrá ningún problema.
- Pero Honoka…
- ¿No lo recuerdas? Soy una sobreviviente nata, puedo con esto. Ve, cuida de Maki-chan y Nico-chan por favor – las palabras de la peli jengibre eran sinceras, Umi ya con el corazón en la mano solo se subió en el bote junto a su mejor amiga y la pareja de esta.
- ¡Bote lleno! ¡Bájenlo! – el oficial encargado de ese bote ordenó su descenso. Umi no dejaba de ver a la peli jengibre que la observaba a medida que el bote seguía siendo bajado.
- La engañaste ¿verdad? – el padre de Umi habló a la peli jengibre.
- Sí, igual que usted.
- Eres lista Kousaka-san
- No hay ningún arreglo ¿verdad? – la peli jengibre preguntó sin despegar la mirada de su amada.
- Sí lo hay – el padre de Umi exclamó – pero no te beneficiará a ti.
- Lo sé – Honoka al saber eso, se entristeció un poco, pero supo que su amada Umi estaría a salvo y eso la alegraba.
- ¡Sigan bajándolo! – decían los oficiales mientras Umi solo veía el ambiente. La peli azul miraba los niveles que bajaban, mientras volteaba a ver a Honoka que la miraba fijamente, también vio a las niñas que lloraban por su padre que no estaba con ellas.
Una vez más miró hacia Honoka que seguía en lo mismo y, por último, miró a su mejor amiga que iba abrazando a Nico, esta última se veía algo triste mientras le echaba mirada a la oji azul, era triste ver a tu mejor amiga en esa situación. Umi sabía que tenía algo que hacer y lo que haría, sería riesgoso, pero estaba dispuesta a correrlo.
- Nico, cuida de Maki por favor – susurró.
- ¿Qué? ¿De qué hablas?
- Adiós – Umi sin pensarlo dos veces, cuando iban pasando por las ventanas de los pasillos, saltó del bote y cayó en el borde, por lo cual varias personas la ayudaron a volver al Titanic.
- ¡Umi! – gritó Maki.
- ¡Umi-chan! – gritó Honoka al ver a su amada que volvía al barco.
- ¡¿Qué haces Umi?! – Nico continuó por la acción temeraria de la peli azul.
- Umi-chan – Honoka supo que debía hacer y salió corriendo hacia los pasillos en donde tal vez se hallaba a su querida peli azul, por su lado, Umi corría por el barco buscando a la oji azul, justo cuando la peli jengibre llegó hacia escalera de la primera clase, miró a Umi que estaba llegando. Al verse ambas, corrieron a abrazarse con fuerza.
- ¡¿Por qué hiciste eso?! – reclamó Honoka mientras la besaba.
- ¿No lo recuerdas? – dijo la chica con ojos llorosos y la voz igual – tú lo dijiste ese día ¿no? Tú saltas, yo salto.
- Umi-chan.
- Ya podemos estar juntas – dijo mientras se abrazaban con fuerza, todo esto fue visto por el padre de Umi y el de Maki.
- ¿En serio desperdiciará su vida con una tercermundista?
- Parece que perdimos a nuestras hijas – dijo Gendo – malditas pobretonas.
- ¡Maldita! – Kenji tomó el arma del abrigo de Gendo y comenzó a disparar a Honoka, que de suerte miró su intención y logró esquivarlo.
La persecución no fue tanto y ambas lograron llegar al puente en donde se mezclaron con la gente y no podrían darles alcance. Cuando Kenji no le pudo dar alcance y las perdió de vista, solo pudo maldecir su suerte.
- ¡Espero que sean muy felices juntas! – gritó el señor Sonoda.
- ¿Te diste por vencido? – al decir eso, su amigo comenzó a reír, cosa que lo extrañó – ¿De qué te ríes?
- Recordé que puso el corazón del Mar en el abrigo que yo llevaba… ¡y le puse el abrigo a ella! – mientras eso pasaba, Honoka y Umi siguieron adentrándose más y más en el trasatlántico, una vez llegadas a un sitio, la peli jengibre miró atrás.
- ¿Lo perdimos?
- Creo que sí – en eso, Umi notó el agua que subía en proa – Honoka, ya no hay botes, debemos salir de aquí.
- Vamos a la popa, no debe estar con nada de agua.
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- ¡Bajen ese bote! – hablaba un oficial mientras trataban de bajar uno de los dos últimos botes que quedaban. El bote cayó al suelo, pero se dio vuelta, mientras que el otro bote estaba aún con los cabos sujetos por lo que no se podía bajar.
- ¡Solo mujeres y niños! – mientras tanto, el capitán Smith solo miraba el desastre que causaba el hundimiento del navío.
- ¿Capitán? – dijo una mujer de origen humilde mientras llegaba con una bebé – ¿A dónde debo ir para tomar un bote?
Esa confesión destrozó la poca calma de capitán y solo se fue al centro de mando en el que tenía su timón y todo y solo se encerró en él poniendo el cerrojo.
La orquesta sinfónica del Titanic tocaba música desde hace varios minutos, pero al notar como la multitud enloquecía, se detuvieron.
- No tiene caso continuar.
- Caballeros, creo que debemos separarnos por ahora – el líder de la banda, Wallace Hartley, comenzó a tocar el violín en solitario y aunque parecía que sería solo él, lo que no se esperaba era que llamaría la atención de los demás miembros del grupo musical, así que regresaron a tocar sus instrumentos como la banda que eran. En la sala de primera clase, un señor bien vestido caminaba por ahí.
- Señor Guggenheim, su salvavidas.
- No gracias, me vestí de gala y vamos a hundirnos como Caballeros – este era Benjamin Guggenheim, un empresario multimillonario acompañado de su mayordomo – te aceptaría un brandi.
La sinfonía que tocaba la orquesta del Titanic era un himno cristiano que tenía el nombre de Nearer, my God, to Thee, por su traducción: Más cerca, oh Dios, de ti. Mientras los hombres tocaban esa melodía, varias escenas ocurrían en el trasatlántico.
En la sala de fumadores de primera clase, estaba solo Andrews, el diseñador del barco, quien se destinaba a morir ya que se lamentaba no haber construido un barco más grande y resistente.
En otra habitación, estaban dos chicas, una de cabello naranja corto y la otra de cabello rubio oscuro.
- ¿R-Rin-chan?
- Duérmete Kayo-chin, cuando despertemos, estaremos mejor que nunca.
- ¿Me lo juras?
- Sí… te quiero-nya.
- Yo también – ambas se abrazaron fuerte sin darse cuenta de que el agua se metía por debajo de la puerta de sus habitaciones. Las cosas en cubierta no estaban nada bien.
- ¡Necesito mujeres y niños para llenar este bote!
- No hay tiempo, el barco se hunde – decían varios hombres ahí presentes, entre ellos los amigos mexicanos de Nico y Honoka, Rafael y Joan.
- ¡Quiero orden!
- ¡Tenemos un trato Murdoch! – dijo Kenji legando donde estaba el oficial.
- ¿Trato? – el oficial no dijo nada y solo le tiró el fardo de dinero a la cara al señor Sonoda – tu dinero no puede comprar la vida de todas estas personas.
- Maldito, ¡lo teníamos!
Varios hombres trataron de subirse al bote, pero Murdoch les disparaba ya sea en una pierna o hacia el cielo para evitar que ellos siguieran haciendo esto, pero en eso, cuando Murdoch lanzó un disparo al cielo, asustó a más de alguno y una de esas personas cayó en la espada de Rafael y lo empujó hacia el frente y Murdoch reaccionó al instante y le disparó en el abdomen al mexicano mayor.
- ¡Rafa! – gritó Joan tomando a su amigo que no reaccionaba – ¡No, Rafa! ¡Oficial bastado! ¡Lo mataste!
Mientras Joan pedía ayuda para su amigo Rafael, Murdoch estaba ido por lo que hizo. Su consciencia lo mataría, por lo que hizo algo que nadie creía. Uno de sus amigos oficiales miró a Murdoch quien le había la seña de adiós y se apuntaba con la pistola en la sien.
- ¡No Will! – fue demasiado tarde, el oficial William Murdoch se pegó un tiro en la cabeza y su cuerpo caería al mar.
El pánico se apoderó más de la multitud mientras la cosa se ponía fea, el capitán Smith solo miraba como su cabina se llenaba más y más de agua, el Titanic estaba hundiéndose a un ritmo algo acelerado debido al peso de la proa. Joan le quitaba el salvavidas a su amigo Rafael, que había muerto por el disparo.
- ¡Corten los cabos! – dijo un oficial mientras el bote comenzaba a flotar en el agua. El bote seguía amarrado con cuerdas, por lo que Joan, una vez que le quitó el salvavidas a su fallecido amigo y comenzó a cortar las cuerdas junto a otras personas quienes esperaban al menos salvarse de esta.
Kenji y Gendo subieron a ese bote ahora que el pánico se había apoderado ya que ya no importaba si eran mujeres y niños., ahora hasta hombres se subían, el agua estaba llegando cada vez más y más a ellos, cabe decir que el padre de Maki creyó incluso que su hija y la amante de esta también saltaron de nuevo al Titanic tras Umi.
La orquesta terminó de tocar la melodía mientras miraban como el agua se subía hasta llegar casi a ellos.
- ¡Caballeros, fue un honor tocar con ustedes esta noche! – los miembros del grupo corrieron a tratar de salvarse del hundimiento.
El capitán Smith que se había encerrado, ahora se hallaba viendo como el agua había inundado finalmente todo el sitio y los vidrios que lo protegían terminaron por romperse, ahogándolo en el acto.
Honoka y Umi corrían a toda velocidad hacia la popa, además, mucha gente les estorbaba en el camino, no había mucho espacio por lo que tenían que ser rápidas en esto.
En el agua, Joan iba hacia uno de los botes extras que habían quedado, este se encontraba volteado, aun así, podría servirles para salvarse, parecía su salvación al igual que la de otros pasajeros, aunque todo se fue al demonio al escuchar varias cuerdas gruesas romperse una tras otra.
Muchos no entendieron de que se trataba eso hasta que una de las chimeneas del buque se zafó cayendo, esto fue visto por los padres de Maki y Umi que miraban esto de manera absorta, Joan no se dio cuenta de esto hasta que volteó la mirada.
- ¡Nooooo! – gritó antes de que la gran chimenea naranja le cayera encima, matándolo al instante, no solo a él, a varias personas cercanas a él. El impacto de la chimenea con el agua creó una pequeña ola que arrastró a varias personas las cuales querían subirse al bote que estaba ahí.
- ¡No, nos hundirá! – Gendo y Kenji empujaron a las personas que se querían subir al bote salvavidas por temor a que este se volteara.
Umi y Honoka seguían subiendo hacia la popa a través de un tráfico de personas que buscaban lo mismo.
- ¡Dios, voy hacia ti! Camino por el valle de la muerte – decía un hombre delante de ellas que iba como rezando.
- ¿No podría caminar más rápido por ese valle? – Honoka exclamó apresurando el paso.
Todo era un caos.
La sala de primera clase se inundó por completo, matando a muchas personas en el acto.
Los pasillos se inundaron, puertas, paredes, todo se destruyó.
Desde afuera, las hélices del Titanic salían a vista, el peso de la proa levantó la popa al aire, dando a indicar que el fin estaba cerca.
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Continuará…
