Hola de nuevo. Aquí estamos con el capítulo 4.

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Episodio 4. La batalla por el primer beso

–¿Te lo puedes creer? –Rentaro hablaba emocionado–. Entonces… ¡Por primera vez en mi vida, estoy saliendo de verdad con alguien! ¡Y voy a estar haciendo eso de "ir al instituto con tu novia" que tanto he deseado todo este tiempo!

Rentaro hablaba con un poste de teléfonos. Tan emocionado estaba por hablar con alguien sobre su situación que no tuvo reparos en usar un objeto inanimado para que le escuchara.

–Y eso no es lo mejor… –prosiguió–. ¡Voy a ir con las dos, al mismo tiempo!

Al momento aparecieron ante él Hakari y Karane.

–Buenos días, Rentaro-kun –dijo la pelirrosa con una sonrisa.

–¿¡Estabas hablándole a un poste!? –exclamó la rubia, desconcertada.

La presencia de sus novias llenó de ánimos a Rentaro, que dejó el poste y se dirigió hacia ellas muy contento.

–¡Buenos días, Hanazono-san, Inda-san…!

Hakari adoptó una sonrisa traviesa. Entonces, sin mediar palabra, tomó la mano derecha de Rentaro, apegándose a él.

–¡Pero qué maravilloso día tenemos hoy! –exclamó.

Rentaro se sorprendió por el gesto. Sus mejillas se sonrojaron.

–S…Sí, claro –dijo mientras su mano temblaba, moviéndola despacio para asir con firmeza la mano de Hakari–. ¡Un día… maravilloso!

Rentaro sintió ganas de gritar. Se sentía eufórico por la sensación que estaba viviendo. Por primera vez estaba sintiendo el tacto de la mano de una chica. La suavidad. La calidez. No podía expresarlo con palabras.

Por otra Parte, Hakari estaba satisfecha. Había leído en un libro que a la mayoría de hombres les gustaba tomarse de las manos con las personas que amaban. Además podía sentir la mano de Rentaro. Soltó una risita al ver que su plan había salido a la perfección.

–Qué tiempo más maravilloso –dijo ensimismada–. ¡Es tan muscular, y varonil…!

–¿¡Qué clase de tiempo es ese!? –exclamó Rentaro desconcertado.

Por otra parte, Karane lo había visto todo con incredulidad. Ahora se estaba fijando en la mano izquierda de Rentaro, con la cara sonrojada. Parecía dudosa. Lentamente, acercó su mano a la de él. Pero ella no dejaba de temblar. Quería hacer algo, pero no se atrevía.

A Rentaro no le pasó desapercibido este comportamiento, que no tardó en comprender, y decidió echarle una mano.

–¡Vamos a sostener manos también, Inda-san! – le dijo con una sonrisa.

El gesto pilló desprevenida a la rubia, cuya cara se volvió roja como un tomate al sentir la mano de Rentaro. Al hacerlo se sintió feliz, pero al mismo tiempo incómoda de expresar sus sentimientos. Tenía que hacer algo.

–N… No estaba realmente interesada –dijo sonrojada mientras apartaba la vista–. ¡Pero si por algún infortunio recibo alguna sacudida de electricidad estática, quiero asegurarme de que a ti te pase lo mismo, así que te permitiré que sostengas mi mano!

Rentaro se limitó a sonreír. Aunque Karane fuese una tsundere, tenía que admitir que se veía tierna intentando disfrazar sus sentimientos.

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Los tres siguieron el camino hacia el instituto, tomados de las manos. Se les veía completamente enamorados, mientras que no hacían más que decir lo mismo una y otra vez.

–¡El tiempo está genial! –dijo Karane.

–Sí, genial, el tiempo… –dijo Rentaro.

–El tiempo es realmente maravilloso –dijo Hakari.

–Sí que se preocupan por el tiempo los jóvenes de hoy –murmuró una anciana que les escuchó.

Rentaro entonces recordó algo.

–Eso me recuerda, Hanazono-san, Inda-san, para la clase de hoy… –empezó a decir.

Hakari de repente se detuvo.

–¿Qué ocurre, Hanazono-san? –preguntó Rentaro.

–Eeeeeeh, bueno… –sus mejillas se sonrojaron–. Me haría feliz si pudieses llamarme por mi nombre.

Le miró con una expresión adorable. Rentaro estaba perplejo. Pero algo en él se había movido con mirarla. Empezó a ponerse nervioso.

–Ah… Ha… Hakari-san –dijo al fin.

–Sí… Rentaro-kun.

Ambos se pusieron rojos como tomates y se apartaron la vista.

–¡R… Rentaro! –gritó entonces Karane, mirando al suelo.

–¿¡Sí!? –exclamó el chico, sobresaltado.

–N… No estaba hablando contigo –gritó Karane muy sonrojada, sin ni siquiera mirarle.

–¿¡Entonces a quién le hablas!? –preguntó Rentaro, al comprobar que no había nadie en la dirección en que miraba la rubia.

Pero al terminar de hablar, Rentaro comprendió lo que estaba pasando. También quería llamarle por su nombre, pero era muy orgullosa para decirlo directamente. Una vez más, él le echó una mano.

–…Karane –dijo.

Esto hizo que a la chica le saliese humo de la cabeza y su sonrojo se intensificara. Sí, había acertado nuevamente.

Pero esto hizo que ahora fuese Hakari quien se alterara.

–¡Di también mi nombre sin honoríficos! –pidió.

–¿Huh? –dijo Rentaro sorprendido–. E… Entonces… Hakari.

La pelirrosa también se sonrojó mientras exhibía una sonrisa feliz. Era importante en este tipo de relaciones el tratarlas a ambas por igual.

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Más tarde, los tres entraban en el instituto, tomados de las manos.

–¡Rentaro-kun! –exclamó la pelirrosa.

–¡Hakari! –dijo él.

–¡Rentaro! –gritó la rubia.

–¡Karane! –respondió él.

Otros alumnos que veían la escena se preguntaron si es que se estaban peleando.

–¡Alto ahíiiiiiiiiiiii! –gritó de repente una voz, lo que hizo que los tres se sobresaltaran.

Miraron la escena. Otro alumno huía por los pasillos.

–¡Lo siento muchísimo! –gritaba desesperado– ¡Por favor, perdónemeeeeee!

Tras él iba corriendo una mujer de avanzada edad vestida con un vestido ajustado y unas medias. Tenía el pelo negro peinado con un moño exageradamente grande y unas gafas ovaladas cubrían sus ojos. Ella iba a una velocidad que parecía imposible para su edad.

–¡Es esa sensei! –advirtió Hakari.

–¿Quién? –preguntó Rentaro.

–Espera, ¿no la conoces? –preguntó Karane, perpleja.

–Es la vicedirectora. Muy estricta cuando se trata de las normas del instituto… –explicó Hakari–. Si te pones a correr por los pasillos delante de sus narices…

–No parará de perseguirte hasta que te atrape –terminó Karane.

Rentaro vio con sorpresa como esa mujer estaba cada vez más cerca del alumno. Hasta que finalmente le atrapó. Le tomó por la oreja y se lo llevó a rastras.

–Y acto seguido te llevará a la sala de castigo –dijo Hakari.

–Es como una fiera salvaje persiguiendo incesantemente a su presa –añadió Karane–. ¡Una forma de tortura mental!

–Eso no es todo –dijo Hakari, asustada–. Ella era una atleta de fondo. Nadie fue capaz de sobrepasarla…

–También la conocen como "la vieja que está más cerca de la velocidad supersónica en este mundo" –dijo Karane.

–No puedo creer que exista un monstruo así en este instituto –dijo Rentaro, temeroso ante el destino del alumno atrapado.

Una vez pasado esto, se pusieron a hablar sobre cosas más alegres.

–A todo esto, Rentaro –dijo Hakari–. ¿Alguna vez has besado a alguien?

–¿Huh? –respondió él algo avergonzado–. Me da algo de vergüenza admitirlo, pero la verdad es que… no. Vosotras sois mis primeras novias.

Esta revelación tuvo un impacto importante en las chicas. Si Rentaro no había besado a nadie todavía, ¡eso quería decir que quien le besara primero sería su primer beso!

Mientras Rentaro se daba la vuelta, algo sonrojado todavía, las chicas se miraron entre ellas con gesto desafiante. La batalla por el primer beso de Rentaro acababa de comenzar.

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Llegó la hora del almuerzo. Los tres se hallaban reunidos en la azotea del instituto, donde no estaban más que ellos, sentados de rodillas en el suelo para disponerse a comer.

–Ya sé que fui yo quien sugirió este lugar –dijo Hakari–, pero hace algo de aire. Estoy segura que nadie querría subir hasta aquí.

–Es normal –dijo Rentaro, quien apreciaba la tranquilidad del lugar.

Karane se hallaba distraída mirando un gato que se encontraba durmiendo cerca de allí. En cambio, Hakari se dispuso a abrir su estuche del almuerzo, agradecida de que se hallaran los tres solos y no hubiese más gente mirando.

–¿Te gustaría probar el tamagoyaki que preparé? –sugirió la pelirrosa.

–¿Huh? ¡Claro! –respondió Rentaro emocionado.

Hakari tomó un trozo con unos palillos.

–Entonces –dijo mientras los tenía en su dirección–. ¡Di "Aaaaaah"!

Esto pilló por sorpresa al chico, que lejos de retractarse, abrió bien la boca ligeramente sonrojado, momento que la pelirroja aprovechó para darle de comer.

–¿Qué te parece? –preguntó ella sonrojada.

–¡El mejor sabor de toda la galaxia! –exclamó Rentaro contento mientras se le saltaban las lágrimas.

Karane se dio cuenta de la acción de la pelirrosa, también sorprendida. No, no iba a ser menos que ella.

–¡Yo… –dijo–. No preparé esto para ti, pero me traje algunas galletas que hice yo misma!

–¿De verdad? –preguntó Rentaro.

Karane, toda sonrojada, tomó una bolsa, de la que sacó una galleta y la tendió en dirección al chico. Estaba tan avergonzada que no se atrevía ni a abrir los ojos.

–Así que… –dijo– ¡Abre la boca!

Rentaro abrió la boca y cerró los ojos. Karane movió su mano hacia él.

Pero estaba tan nerviosa que en vez de en la boca, dirigió la galleta hacia el ojo de Rentaro.

–¡Eso es mi ojo! –gritó Rentaro, haciendo un gesto de dolor.

Por suerte, la rubia se repuso y cambió la trayectoria, acertando esta vez.

Rentaro masticó lentamente, mientras se sonrojaba.

–¡El mejor sabor de toda la galaxia! –repitió el chico, mientras salían lágrimas del ojo en que Karane no le había acertado.

–¿¡De cuantas galaxias estamos hablando aquí!? –gritó Karane desconcertada.

Hakari entonces se puso en marcha, como si hubiese estado planeando algo. Sacó una cajita.

–Y yo he traído… Bocky para el postre.

Abrió entonces la caja, ante la mirada de Rentaro. Se escuchó un leve crujido.

–¡Oh, no! –exclamó Hakari con un gesto exagerado–. ¡No he abierto bien la caja! ¡Cada extremo de los palitos se ha roto! ¡Me ensuciaré las manos de chocolate si los cojo así!

–¡Eres demasiado torpe! –dijo Karane.

–Y yo que estaba esperando darte de comer con ellos, Rentaro-kun… –dijo Hakari con algunas lágrimas.

–¡No te preocupes! –exclamó el chico poniéndose en marcha– ¡Iré a comprar más Bocky!

–¡No será necesario! –exclamó Hakari–. ¡Puedo hacer esto y así no me ensuciaré las manos!

Rentaro se detuvo.

–Aquí, Rentaro –dijo Hakari sosteniendo uno de los palitos–. ¡Di "Aaaaaah"!

–¡Aaaaaaah! –dijo contento Rentaro, mientras cerraba los ojos y abría la boca.

Rentaro empezó a masticar el extremo del palito. Entonces abrió los ojos, y descubrió con sorpresa que Hakari ¡estaba sosteniendo el otro extremo con su boca!

El corazón de Rentaro empezó a latir a gran velocidad. Aquella vista de la cara de Hakari era preciosa, preciosa. Una cara preciosa que estaba cada vez más cerca.

–Sostenerlo así hace que yo también quiera comerlo –dijo Hakari, mientras empezaba a masticar el otro extremo.

Karane estaba viéndolo todo roja como un tomate, y al mismo tiempo desconcertada. Nuevamente Hakari le había tomado la delantera, estaba vez usando un truco que seguro que habría aprendido de aquella película de Disney de dos perros. La rubia no podía quedarse atrás. Tenía que hacer algo.

Tomó otro de los palitos y también se puso un extremo en la boca. Acto seguido se acercó hacia Rentaro. Si era más rápida que Hakari, ella se llevaría el primer beso de Rentaro. Pero estaba muy avergonzada para mirarle, así que cerró los ojos.

Al hacer esto equivocó su puntería y volvió a acertar a Rentaro en el ojo. Este soltó un grito.

–¿¡La has tomado con mi ojo derecho!? –gritó el chico.

De repente, el pelo de Karane rozó la nariz de Rentaro. Este terminó soltando un estornudo. Con eso se movió rápidamente y terminó rompiendo el palito que estaba compartiendo con Hakari. Se agarró el ojo con gestos de dolor.

–¡Aaaaaaaaah! –chilló Hakari–. ¡Mi Bocky se rompió!

–Ah, lo siento –dijo Rentaro con el ojo derecho enrojecido–. Yo…

–¿¡Has… has pillado un resfriado!? –gritó de repente Karane.

–¿Huh? –contestó él– No creo…

Pero Karane tomó la cara de Rentaro con sus manos y la acercó a ella.

–¡Cuando eso pasa, tienes que infectar a otros a través del boca a boca! –exclamó ella con un tono desquiciado y la cara totalmente roja–. ¡Ya sabes lo que dicen, si se lo regalas a otros te curarás!

–¿¡Qué eres, la campeona del mundo de supersticiones!? –exclamó el desconcertado.

El corazón de Rentaro se aceleró de nuevo. La cara de Karane estaba cada vez más cerca suya. Y también era una cara preciosa. Estaba poniendo los labios en posición de besar, mientras se ponía cada vez más colorada.

–¡Espera un momento! –gritó Hakari, empujando a Karane para quitarla de en medio–. ¡Aun no estamos seguras de si ha cogido un resfriado!

Hakari se puso una mano en la frente y cerró los ojos.

–Tenemos que comprobar primero si tiene fiebre –dijo mientras se acercaba a Rentaro–. Resulta que en mi casa, no solo medimos la temperatura del otro con la frente, sino también con contacto directo de labios. Por favor, entiéndelo…

–¡No creo que esa sea una forma adecuada de comprobar la temperatura! –exclamó Rentaro desconcertado.

–¡No, no, no! –exclamó Karane, apartando a Rentaro–. ¡Tienes que hacerle reanimación cardiopulmonar para comprobar su temperatura! ¡Ahora desmáyate!

–¡Tu lógica está llena de agujeros, y en más de una forma! –exclamó Rentaro.

El chico vio entonces que las dos se estaban mirando con expresión de fiereza, como si estuviesen a punto de enzarzarse en una pelea a la menor palabra.

–¡Calmaos! –pidió, asustado–. ¿Qué mosca os ha picado? ¿Por qué estáis siendo tan persisten…?

De pronto, cayó en la cuenta.

–No… no me digáis… ¿que todo este tiempo habéis tratado de besarme? –dijo perplejo.

–¿¡Huh!? ¡Sí, claro, como si ese fuera el caso! –respondió Karane muy colorada con un tono que no dejaba lugar a dudas.

–¡No se te escapa una! –dijo Hakari, también colorada.

Rentaro estaba perplejo. Así que por eso habían estado tan insistentes todo el día. Querían besarle. Eso le hizo sentirse conmovido.

–¡Podíais habérmelo dicho! –dijo sonrojado con una sonrisa–. Yo también… quería intentarlo…

–Pero… –dijo Hakari con gesto de preocupación–. Una vez alguien menciona la palabra "beso"… la pregunta de "quién se llevará el primero" es la que vendrá a continuación…

–Y eso es por lo que intentaste arrebatármelo antes que eso ocurriera, ¿¡verdad!? –espetó Karane a la pelirrosa.

–¡Mira quien habla! –respondió Hakari.

Rentaro se preocupó. Si quería que esta relación funcionara, tenía que hacer que se llevaran todos bien. Y viendo que ambas estaban a punto de llegar a las manos, tenía que solucionar esto.

–Ya entiendo… eso es por lo que estabais compitiendo entre vosotras… –dijo comprensivo–. ¡Pero no debéis preocuparos! Supuse que esto podría pasar… ¡Así que ayer se me ocurrió el plan perfecto para esta situación!

Las chicas le miraron sorprendidas.

–¿Se te ocurrió un plan ayer? –preguntó sorprendida Karane–. Si solo estamos saliendo desde ayer…

–Bueno, la verdad sea dicha… –respondió Rentaro avergonzado–. No podía dormir anoche, ya que no hacía más que pensar cómo será mi futuro con vosotras. Así que me pasé toda la noche pensando en cualquier escenario posible que os hiciera las chicas más felices del mundo.

Las palabras sinceras del chico obraron efecto. Ambas se sonrojaron, apartando la vista. Ambas comprendieron en ese momento que el chico iba en serio, y ambas se preguntaban cuál sería su plan para dar el primer beso.

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Y listo. Este capítulo correspondería a parte del capítulo 2 del manga. Espero que haya quedado bien.

El Bocky que tiene Hakari es una golosina consistente en palitos de galleta recubiertos de chocolate, que en occidente se venden bajo la marca Mikado y en Japón bajo la marca Pocky.