capitulo 3
Sacrificio
Esa mañana Darien había salido temprano de casa contrario a todos los días que solía dormir hasta el medio día o hasta que cierta vecina aparecía por su ventana para hacerlo despertar.
Su misión esa mañana era ir a comprar un obsequio para su madre. En años anteriores era Rei quien lo acompañaba a comprar el obsequio de cumpleaños de la Señora Shields pero tenía más de una semana escondiéndose de su vecina y haciendo malabar y medio para evitar toparse con ella.
No era que no quisiera ver a Rei. Era que le rompía el alma escucharla hablar de Jeditte y de su "relación" y de lo detallista que era, solo era demasiado para él.
Después de pasar dos horas dando vueltas por todas las tiendas de Egham se rindió y decidió ir a la chocolatería del pueblo para que la señora Smith le vendiera una caja de chocolates para su madre y dos más para él.
Al salir de la tienda y dar vuelta a la esquina casi se asfixia con el chocolate que masticaba al encontrar al rubio visitante de su casa en la nevería del pueblo besándose con una muchacha rubia de ojos azules.
Su primer instinto fue ir a golpearlo y enfrentarlo. Pero no consideró que fuera lo adecuado. Prefirió volver a casa, ahí lo encararía.
Al volver a su hogar escondió en una bolsa el regalo y sus golosinas, luego subió a su habitación. No le hizo caso alguno a sus padres cuando lo saludaron, no tenía humor para hablar de nada, tenía mucho que pensar.
Al estar solo arrojó la bolsa a la cama enfurecido y golpeó la pared en un acto de desesperación, provocando con esto que sus manos sangraran.
- ¡Maldito infeliz!- Gritó iracundo.
- Vaya. Qué carácter- Se escuchó una voz femenina que salía de su baño. Él se suponía solo.
- ¿Rei?- Llamó Darien extrañado viendo salir a su vecina del cuarto de baño enredada en una toalla, secándose el pelo.- ¿qué haces aquí y… así?
- Andrew tapó la tubería de la casa. No preguntes por qué. Y vine a pedirle a tus padres que me permitieran usar su ducha. Me dijeron que no estabas y que podía usar la de tu habitación y también prometieron que te avisarían. ¿no te dijeron?
- Pues...No les escuché- Se rasca la cabeza el pelinegro apenado. ¿le habían dicho algo cuando entró a casa?
- ¡por el gran Kami, Darien!- Se alarmó Rei al ver las manos del pelinegro sangrar- Eres un salvaje. Mira lo que te hiciste.
- No es nada- Explica apenado el chico.
Rei corre al baño de su vecino regresando con unas toallas húmedas para limpiar la sangre que brotaba escandalosamente.
- Claro que es algo. Mira nada más. Te abriste los nudillos. Desde que estabas en la secundaria que no te veía tan molesto ¿qué pudo hacerte enojar así?
- Fue un imbécil que no valora lo que tiene- Responde con voz molesta el pelinegro.
- Ya no pienses en esas cosas. Te hace mal- Pide con voz suave la chica.- Ese tipo ya tendrá su merecido.
- ¿De verdad lo crees?- Cuestiona el chico.
- Estoy segura. Sabes que en esta vida cada quien recibe lo que le corresponde- Explica con seguridad la pelinegra.
- A veces lo dudo.- Bufa el muchacho.
- No lo dudes. Es verdad...- Insiste Rei.
- Si tu lo dices...-Resignado acepta él.
- Oye. Por cierto. ¿dónde te habías metido?- Reclama la chica de ojos violeta- Tienes bastantes días desaparecido, tantos que parece que has estado escapando de mi.
- Yo no podría escapar de ti, Rei. Es solo que...Creo que has estado muy ocupada con Jeditte. ¿no?- Comenta el chico.
- Eso me suena a que estás celoso...-Cantó la joven de ojos violeta divertida.
- Claro que estoy celoso- Asegura Darien granándose la mirada sorprendida de su vecina- Ese intruso me roba la mayor parte de tu atención. ¿cómo no estarlo?
- Lamento eso. Te prometo que me haré más tiempo para ti...Claro, si prometes dejar de esconderte de mí- Explica la muchacha.
- Prometido...- Acepta él.- ¿Y cómo vas con tu novio?
- Bien.- Dice la chica.
- ¿ bien? ¿solo bien?- Insiste Darien.
- Si. Bien...- Insiste Rei.
- Escuché más detalles de tu primer revisión dental- Se burla el chico.
- Pues sí. Nos llevamos bien. Es detallista conmigo, me escribe poemas- cuenta la muchacha a su vecino.
- ¿Aun no descubres el patán que es?-interroga interesado el joven, pero solo obtiene una ceja alzada de parte de la pelinegra.
- ¿patán?- Repite extrañada la bella chica- Jeditte no es el patán que me han dicho Andrew y tu. Es muy tierno.
Darien quiso decirle qué tan patán era Jeditte. El cómo lo vio besándose con aquella chica rubia unos instantes atrás, el cómo lo había interrogado para llegar a ella…pero se abstuvo.
La última vez que alguien quiso persuadir a Rei de que estaba cometiendo un error, la chica se mudó a París a estudiar. Cuando era pequeña y le intentaron hacer entender que no era buena idea salir a jugar bajo la lluvia se las ingenió para escabullirse y claro está pescar un resfriado que la mantuvo en cama por medio verano.
Rei no era el tipo de chica a la que le gusta que le digan qué hacer y qué no. Si él le contaba todos los defectos de Jeditte ella se empeñaría en buscar sus virtudes y tal vez hasta terminaría fugándose con él. No. Definitivamente no era buena idea persuadir a esa chica. Algo más tenía que salir de su mente.
- Tal vez tengas razón. Quizás Andrew y yo no nos hemos tomado la molestia de conocerlo mejor- Acepta de mala gana el chico de ojos azules.
- Si. Así es.- Apoya ella.
- ¿y hoy saldrás con él?- Pregunta Darien.
- No. Me dijo que tendría que ir a Londres a resolver unas cosas- Cuenta la chica.
- Entonces...¿Te gustaría ir por un helado conmigo?
- ¡Claro!- Se emociona la pelinegra.- ¿podemos invitar a Makoto? Últimamente anda de un humor de los mil demonios.
- Claro que sí. Dile que venga. Con éste clima a todos nos caería bien un helado.
- Perfecto. Me cambio y voy a avisarle.- Se emociona Rei corriendo al baño.
El muchacho de ojos azules vio desaparecer a su vecina en el baño. El ver a esa frágil y perfecta silueta correr con solo una toalla enredada al cuerpo hizo latir sus pulsaciones, cuan cerca estaba la felicidad de sus manos… Tuvo que detener sus impulsos para no seguirla.
Hizo lo que siempre hacía. Buscó su libreta bajo la almohada pero no la encontró. Buscó en el armario y en la mesa de noche, pero nada...
- ¿Ocurre algo?- Preguntó Rei apareciendo de nueva cuenta en su habitación con unos pantalones de mezclilla y una playera negra con letras rojas y unos tenis.
- waw- Murmuró él anonadado.
- ¿Ocurre algo?- Vuelve a preguntar la chica extrañada.
- No...nada- Se apena él.
- Luces preocupado, te conozco. ¿Perdiste algo?- Cuestiona Rei al ver el rostro de su vecino.
- Mi libreta...No la encuentro por ningún lado.
- ¿Quieres que te ayude a buscarla?- Se ofrece la de ojos violeta.
- Después. Mejor vamos por tu helado. ¿quieres?
- Si...vamos...
Darien y Rei salieron de la habitación del joven Shields. Darien se olvidó por un segundo de su libreta de poemas. A fin de cuentas, su musa inspiradora estaba justo a su lado...
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En la heladería Italiana cuatro chicos se encontraban disfrutando de un delicioso helado.
Rei había invitado a Makoto y Andrew al escuchar de los planes de su hermana y su amigo se auto invitó, cosa que no le agradó en lo absoluto a la chica francesa.
Makoto disfrutaba de una copa de helado de menta con chocolate. Darien de su eterno helado de chocolate con más chocolate y cubierto de chocolate, Rei degustaba un helado de queso con zarzamora y Andrew había pedido un barquillo de helado de vainilla.
- ¿y cómo te has sentido en Egham, Makoto?-Pregunta Darien.
- Muy bien, Darien. Inglaterra es hermoso y Egham es tal y como Rei me lo describía- Explica sonriente la castaña.
- Te dije que te gustaría- Triunfal cuenta Rei.
- Lo sé. Me encanta. Egham es fantástico- Insiste la chica.
- ¿Y qué te pareció el "Big Ben"?- Interroga Andrew a la chica de ojos color jade que lo mira no muy sonriente.
- Creo que no es tan grande como lo presumen- cortó de tajo la castaña .- Darien. Rei me ha dicho que tu puedes mostrarme hermosos edificios victorianos aquí cerca.
- Es verdad. No sabía que te gustara la arquitectura. Pero si quieres podemos programar un nuevo paseo para ver edificios- Ofrece Darien.- ¿qué tal Windsor?
- Me encanta la idea- Se emociona la francesa.
- ¿qué opinas, Rei?- Pregunta Darien- Podemos comer allá en algún restaurant o llevar algo y hacer un día de campo cerca del palacio de Windsor.
- Perfecto. Un día de campo suena genial, ¿verdad, Andrew?- se anima Rei.
- Si. Es buena idea- Agrega Andrew- El clima en Windsor es bastante bueno en ésta época del año.
- Tal vez Andrew tenga cosas que hacer- dice Makoto enfrentando su mirada jade con la celeste del joven Hansford.
- No. No tengo planes y yo por nada me pierdo de ése paseo- Regresa el rubio.
- Entonces. Es un trato- Dice Darien- mañana iremos a Windsor.
- Perfecto. Necesito un sombrero- Explica Rei.
- Tienes muchos- Regaña el pelinegro.
- No los suficientes. El sol es terrible por éstos días- Recuerda la de ojos amatista- Anda. Acompáñame con la señora Black a elegir uno.
Rei se pone de pie y tira del brazo de su compinche que se levanta de mala gana.
- Vale, pero te advierto que solo te serviré de Juez. No me pondré nada para ver cómo se ve, ¿de acuerdo?- Amenaza él
- Si. Si. Como sea. Apresúrate- Insiste Rei.
Los dos pelinegros se alejan de la nevería dejando a solas a la castaña y al rubio que se quedan en un incomodo silencio, hasta que Andrew habló.
- Así que no te pareció tan grande el "Big Ben"- Arquea una ceja el rubio.
- No. La verdad no. He visto cosas más grandes- Confiesa la chica.
- Tal vez. Pero te puedo asegurar que jamás la has pasado tan bien como cuando recorriste el "Big Ben"- Orgulloso asegura el inglés.
- No te emociones tanto, Hansford- recomienda ella poniéndose de pie.
- Espera- Tira de su brazo el rubio- No puedes irte así ¿qué pasó que cambiaste tan pronto de opinión?
- Ya te lo dije. Te probé y se me quitó la curiosidad- Explico con sencillez la alta chica.- No fue tan bueno...
- No parecía así esa noche. Eras una fiera ardiente- Recuerda él al oído de Makoto que adquiere un brillo malicioso en sus ojos verdes.
- ¿de verdad?- Pregunta la chica en voz baja- ¿y ahora estás ardiente?
- Claro...Solo te veo y ardo- confiesa el ojiazúl.
- conozco un remedio infalible- Ofrece Makoto arrebatando el barquillo de helado de su amante.
- Suena interesante. Dime...dime cuál es...-Suplica ansioso Andrew.
- Refrescarte...
La bella muchacha francesa toma el enorme barquillo de helado y lo arroja en el regazo de Andrew muy cerca de su entrepierna alejándose del muchacho rubio que se paraliza ante tal respuesta. Cuando el frío disminuye no puede evitar sonreírse y pensar "qué chica"...
El tan esperado día de campo había llegado.
Makoto tomaba fotografías emocionada por los paisajes y edificios antiguos de Wimbledon. De vez en vez Darien se ofrecía a tomarle fotos a la chica francesa con Rei y otras con Andrew que lucía evidentemente serio.
Para la mala suerte del joven Shields, Jedite, su huesped se había colado al viaje. Esto no le agradaba para nada. Pero algo bueno tendría que sacar de ello.
El muchacho de cabello rubio y ojos de hielo aprovechaba cada oportunidad para abrazar y besar a la joven Japonesa, cosa que no causaba gracia ni al hermanastro ni al vecino de la muchacha. Pero tanto Andrew como Darien sabían de sobremanera que Rei se empeñaría más en seguir con el rubio si objetaban algo así que tuvieron que guardarse sus palabras.
En un momento dado, las sodas se acabaron y Darien se ofreció a ir a comprar más provisiones. Jedite se apuntó a hacerle compañía al muchacho Shields, cosa que no le pareció a Darien pero ver el rostro suplicante de su vecina lo hizo aceptar.
Cuando compraron en la tienda las provisiones, el rubio enfrentó a Darien que se veía evidentemente molesto.
- ¿Qué te ocurre, Shields?- Pregunta Jedite.
- Nada. ¿qué me habría de pasar?- Bufa Darien cargando todas las compras. El rubio no estaba dispuesto a agotarse por nada.
- ¿cómo que nada? Sé que no te agrado, pero estos días has estado más que seco y amargado, Shields . ¡Más de lo que te caracteriza!- Evidencia Jedite.
- Nada. Es solo que el verano no es mi época del año favorita.-Miente el muchacho de cabellos negros
- Sí, claro…Seguramente.
- Jedite…-Llama Darien obteniendo la atención del rubio- ¿qué…mmhhmm…qué interés tienes con Rei?
- Pues es obvio, ¿no? Es mi novia- Responde el muchacho de ojos de Hielo.
- Me refiero a si la amas…
- ¡AMARLA!- casi se ahoga el rubio- ¡Por dios, Darien! Si tengo unos cuantos días de conocerla.
- Entonces no planeas tomarla en serio- Encara con seriedad el muchacho de ojos azules mientras caminan rumbo al auto.
- Jedite no toma en serio a nadie. Tu vecina es guapa pero…Bueno, hay que disfrutar el verano ¿no?- Minimiza el visitante siguiendo de frente. No se da cuenta que Darien lo observa con un odio que atemorizaría a cualquiera. Cuando llegan al auto. Se encuentran con una tienda de flores- Mmhmm…Flores. Creo que le compraré unas flores a tu bella vecina.
- ¿de verdad?-Se sorprende el estudiante de Oxford- No eres del tipo de hombres que compra flores.
- Ni Rei del tipo de chicas que se ponga tan fácil. Jamás había tardado tanto en que una chica cayera en mis redes- Bufa el rubio buscando entre los diferentes tipos de flores del lugar.
- ¿En serio?- Arquea una ceja el pelinegro, entre sus labios aparece una media sonrisa
- Si. Tendré que tomar medidas desesperadas- Amenaza el rubio.
- Creí que ustedes…-Intenta comentar el pelinegro pero se detiene.
- ¿qué? ¿Qué ya tuvimos sexo?- Termina la frase el rubio- No. Lo he intentado pero te prometo que Jedite Flint no se irá de Egham sin haber explorado tierras japonesas.
- Si. Lo imagino- Bufa Darien presionando sus puños.
- ¿Le gustarán las rosas?- Pregunta Jedite.
- ¿Rosas? Para nada. Margaritas son sus favoritas. Le encantan- Explica Darien con indiferencia
- Perfecto. Margaritas serán- Afirma el rubio tomando un ramo de margaritas.
El rubio pagó y ambos subieron al auto para ir de regreso a donde estaban los demás. Darien no charlaba mucho pero el rubio aprovechó el camino para contar de todas sus conquistas y del hecho de que ninguna mujer se le hubiera resistido…. hasta el momento.
- Shields, tú conoces a Rei de toda la vida, ¿verdad?-Cuestiona el rubio.
- Casi. Llegó aquí cuando era apenas una niñita. Ella y su madre vinieron a dar a Egham un toque peculiar de alegría.
- Si, si. Oye…¿y qué es lo que le gusta a Rei? Digo, ¿en qué se divierte? ¿qué le atrae?- Interroga el rubio.
Darien guardó silencio por un segundo. Tiempo suficiente para que su cerebro trabajase para obtener la mejor respuesta posible, luego de una pausa respondió.
- Pues….En cuanto a comida. Adora la carne. Es una chica peculiar. Le encanta la carne fresca. ¿recuerdas ese lugar donde eliges el animal que deseas comer y lo matan frente a tus propios ojos?
- Si.
- A Rei le fascina. Es una cazadora empedernida.- Afirma el de ojos azules.- A veces insiste en matarla ella misma.
- Jamás lo hubiera pensado.- Se sorprende Jedite.
- Le encanta ir al circo. El acto de los leones y los elefantes la embelesa- Cuenta Darien- ¿qué más? Ohhh sí. Las peleas de animales. A veces se escapaba del colegio para ir a Londres a ver alguna pelea clandestina de perros.
- Increíble - queda boquiabierto el copiloto.
- Si. Rei es una chica bastante peculiar.-Confirma Darien con una sonrisa siniestra en los labios.
- Entonces créeme que sé de un lugar que le encantará- Afirma el rubio.- Esa chica caerá rendida a mis pies…
- No lo dudo mi estimado amigo. No lo dudo.
El resto del camino siguieron en silencio. Jedite veía por la ventana y Darien miraba el camino de una forma maliciosa. Bastante maliciosa….
Jedite y Darien regresaron a dónde tenían su día de campo. Rei charlaba con su hermano y su amiga de las aventuras vividas en París cuando el rubio llegó a sentarse a su lado, Ella sonrió al verlo.
- Hola, nena- Besó el rubio de ojos de hielo la mejilla de Rei acercándole un ramo de margaritas- No sé por qué las vi y pensé en ti
- ¿Margaritas?- Se extraña la muchacha mientras le pasa el ramo a su amiga de ojos verdes casi con repulsión, estornudando repetidamente, levantándose y yendo al lado opuesto de donde están las flores que coincidía con el lugar donde se sentó Darien- Gracias pero soy alérgica.
- ¿En serio?-Arquea una ceja mirando con coraje al muchacho de pelo negro.- Pero tienes unas margaritas en tu ventana.
- Si. Pero de plástico. Las flores me causan alergia- Explica Rei.
- Bueno. En ese caso te he traído una soda, espero no seas alérgica- dice el rubio extendiendo una soda de cola a la muchacha de ojos violeta.
- Gracias.- Toma Rei la lata entregándosela a Darien y quitándole la botella de té helado que él estaba bebiendo en ese instante- A Darien le encanta el refresco de cola. Creo que haremos un intercambio, ¿verdad?
- Mmhhmm- Bufó el pelinegro aceptando de mala gana el cambio de bebidas- Abusiva.
- Claro que no.- Se divierte la muchacha- Te encanta que lo haga. Por cierto. Qué bueno que llegan. Le contábamos a Makoto de la vez que Ayudamos a Andrew a escapar de detención cuando estaban en la prepa para ir a un concierto, ¿recuerdas?
- ¡y cómo olvidarlo!- Se apena Darien- Me hiciste entretener al maestro de detención mientras bajabas la palanca de la alarma de incendios ¡y realmente provocaste uno!
- Fue divertido. Acéptalo- Encaró la muchacha mientras robaba las papas fritas a su amigo.
- No tienes remedio.-Bufa.
- ¿No era más fácil disfrazar a Shields de mujer y que intentara seducir al profesor?- Se burla a carcajada abierta el rubio de ojos de hielo.
- Lo pensamos. Pero Darien no era su tipo y éstos dos me impidieron intentarlo yo misma- Acusó Rei.
- Ustedes sí que han tenido aventuras, chicos.- Se sorprende Makoto.
- No tienes idea. Podríamos quedarnos aquí por horas y no terminaríamos- Responde Andrew a la chica francesa que se termina volteando hacia otro lado.
- Bueno. Eso creo que será otro día porque quiero invitar a cenar a Rei a Londres y debemos regresar para que tenga tiempo de arreglarse- Interviene el rubio sentándose al lado de Rei y abrazándola por la espalda.
- Bien. Entonces vámonos ya- Se pone de pie el pelinegro haciendo que los demás le siguieran.- No quiero manejar de noche.
Los chicos recogieron sus cosas y subieron al auto de Darien. El conductor miraba por el retrovisor como su bella vecina cabeceaba durante el trayecto recargándose en el hombro del rubio joven de ojos de hielo, le dolía en el alma ver esa imagen.
Rei terminó de arreglarse con un vestido en color amatista a juego con sus expresivos ojos. Makoto la observaba tumbada en la cama mientras leía un test de la revista Cosmopolitan sobre posiciones sexuales.
- ¿entonces qué eliges?- Interroga la de ojos verdes
a) usar un látigo
b) hielos
c) cera caliente.
- ¿No hay D? Creo que las tres juntas son una buena opción- Responde sin complicaciones la de ojos amatista.
- Interesante- Murmura la de ojos verdes- Oye...
- ¿Qué?- Regresa Rei mientras termina de arreglarse.
- ¿Y con quién te gustaría probar la opción "D"?- Interroga la muchacha francesa.
- No lo sé, ¿y tú? ¿Algún candidato en puerta para probar las opciones "D" "E" y "F"?- Regresa Rei.
- Claro que no- Se sonroja Makoto- ¿Cómo crees?
- Bueno es que...
- Rei, pequeña- Llama Risa Hansford en la puerta- Jeditte ha llegado, date prisa.
- Si. -Acepta Rei y su madre se retira- Makoto Kino. Sé que algo me escondes, pero hablaremos más tarde, ¿de acuerdo?
- Vete de aquí, Hansford- Corre a carcajadas la alta muchacha arrojando una almohada a su amiga.
- ¡oye!- Regresa Rei sin dejar de Reír y salir de la habitación.
Makoto se queda a solas observando a su amiga salir de casa acompañada de Jeditte y subir al auto del estudiante de Oxford. Miró hacia la casa de los Shields y se percató de que "alguien" además de ella observaba el espectáculo, Darien el compañero de la infancia de Rei y Andrew. Estaban lo suficientemente lejos pero podía ver la tristeza en aquellas pupilas celestes.
- Que bello paisaje- Se escuchó una voz que la hizo saltar de la sorpresa.
- ¡Andrew!-Regañó la castaña- ¿No te han dicho que es de mala educación entrar sin tocar?
- Eso se resuelve fácilmente- Responde el rubio lanzándose sobre Makoto y tumbándola sobre la cama para colocarse entre sus manos mientras la besa con hambre- la parte de "tocar" por supuesto...
Makoto se perdió en sus sensaciones, en el placer de sentir esas grandes y fuertes manos masculinas recorriendo sus curvas, arrancándole gemidos que intentaba ahogar sin éxito.
- No...no me refiero a eso...idiota- Articula con dificultad la castaña.
- No especificaste...-Murmura el rubio en el oído de Makoto mientras pellizca uno de los pezones de la ojiverde, arrancándole un gemido.
- no...no...-Pide ella.
- Yo se que quieres decir que sí- Afirma el rubio.
- Tus papás...-Argumenta Makoto.
- No nos escucharán...-Asegura Andrew.
Makoto respira profundamente y con la fuerza que la caracterizaba arrojó al alto rubio que le superaba en fuerzas y tamaño fuera de la cama, contra el piso.
- Así que lo haces porque sabes que ellos no nos verán. Porque te avergonzaría que te descubrieran con la amiga de tu hermanita- Se molesta la ojiverde mientras se arregla el cabello.
- ¿Pero qué te pasa? Estás loca-Se confunde el rubio.
- Tal vez. Así que mejor sal de aquí.- Exige la alta.
- ¿Qué quieres de mi, Makoto?
- ¡Qué salgas de aquí!-Grita molesta la francesa.
- ¡estás demente!- Se molesta Andrew.
- Pues entonces aléjate de mi. ¡Vete de aquí!
- ¿Qué pasa aquí?- Aparecen en la puerta el señor y la Señora Hansford evidentemente sorprendidos.- ¿qué ocurre, Andrew?
- Escuchamos gritos- Explica la señora Hansford.- Que gritabas "¡vete de aquí!"
- ¿Mi hijo te está molestando, Makoto?-Cuestiona el rubio patriarca.
- ¿Andrew? ¿Molestarme?- Se ríe la invitada- No, No. Señores Hansford. Todo es un malentendido.
- ¿Entonces, qué te pasa, querida?-Se preocupa Risa Hansford.
- Pasa...-Inicia la castaña.
- Pasa, padre. Que Makoto tiene fobia a los ratones ¡Y justo encontró uno en la habitación de Rei! Me pidió ayuda y yo vine. Justo lo que escucharon es a Makoto gritarle al pequeño animalito- Salva el rubio.
- ¿Es verdad?-Cuestiona el señor Hansford.
- Si. Es verdad- Confirma la francesa- Es que son horribles ¡Horribles! ¡No los soporto, Señora Hansford! Y la verdad Andrew muy amablemente me ayudó a espantarlo.
- Pero también escuchamos un golpe- Recuerda el padre del rubio.
- Eso es por que su Hijo no es muy diestro- Explica Makoto- Intentó lanzarse contra el pobre animal, pero solo terminó tumbándose pesadamente sobre el suelo y sin atrapar a ese monstruo. ¡Les tengo tanto miedo!
- Entiendo, hija- Empatiza la mujer de cabello negro- No te preocupes. Por ésta noche Andrew te cambiará de habitación y mañana, a la luz del día, Arthur y Andrew lo buscarán.
- Gracias, Señora Hansford- Se abraza la visitante a la mujer de ojos amatista.- Me ha sacado del purgatorio.
- Si Rei no escondiera tantas golosinas en sus cajones…- Bufa el rubio.
- No seas dramático y acomódate que ésta noche Makoto dormirá en tu habitación- Informa la madrastra del joven.
- Ya qué...
- Ven, querida. Te mostraré la habitación de mi hijo. Está lo más limpia posible, aunque tal vez te topes con cosas inadecuadas, ¡Mi hijo es un verdadero pillo!
- ¿de verdad?-finge sorpresa la francesa.
- Si, si. Ven. Te contaré algunas historias- Promete Risa Hansford saliendo de la habitación con el señor Hansford para dejar solo al rubio tumbándose en la cama con notoria frustración.
- ¡Maldición!-Gruñe Andrew al ver alterados sus planes.
Andrew se metió bajo el edredón de la recamara de su hermana mientras musitaba algunas maldiciones. ¡Una vez más lo había arruinado!.
Le costaba conciliar el sueño, sobre todo cuando la cama de su hermana era más pequeña que la que él usaba. Los pies le colgaban y esto aunado al hecho de saber que Makoto estaba a un par de metros le impidieron dormir. Intentó cerrar los ojos pero su oído se agudizó y un pequeño chillidito lo hizo saltar. Miró hacia la esquina y justo ahí estaba, un pequeño ratón de ojos rojos que lo miraba con sus "feroces" colmillos. Andrew salió corriendo por la ventana de Rei con rumbo a la casa de los Shields ¡por nada en el mundo dormiría bajo el mismo techo que esa bestia salvaje!
-000-
Una bella joven de ojos amatista se encontraba sentada a la mesa de un restaurante bastante peculiar. La muchacha usaba ropa bastante inapropiada para el lugar que era un lugar con toscas mesas de madera y manteles de plástico. Que no estaría nada mal si no fuera porque era sucio y el piso se encontraba lleno de pastura. Rei miraba asombrada el lugar sin decir palabra alguna.
- ¿Te gusta el lugar?-Pregunta el rubio.
- Pues...Es bastante...peculiar- Acepta Rei que se mostraba algo incomoda por el salvaje ambiente.
- Lo sé. Pero mi chica vale la pena- Apoya él mientras besa a la pelinegra sorpresivamente.
- Jeditte...-Se incomoda la pelinegra.
- ¿Qué? ¿No puedo besar a mi chica?-Reclama él.
- ¿Tú chica?- Arquea la ceja la de ojos amatista.
- Bueno, eres mi chica ¿o no?- Recuerda el de ojos de hielo.
- Soy tu novia. Odio que me llames "mi chica"- Confiesa Rei poniendo distancia.-No soy un objeto.
- Bueno, pero...
- Señor...La carta- Interrumpe el mesero que va ataviado en un overol, bastante diferente al smoking que usan los meseros en los demás restaurants.
Rei analiza la carta y frunce el ceño boquiabierta.
- ¿Jeditte qué lugar es éste?-Cuestiona la japonesa arrojando la carta sobre la mesa
- Uno que te encantará, toda la comida es "fresca".-Asegura él.
- ¿Fresca?- Repite preocupada la pelinegra.
- ¿Han elegido lo que cenarán?- Pregunta mal encarado mesero.- Tenemos que afilar los cuchillos.
- ¿Los cuchillos?- Se inquieta la japonesa- ¿de qué habla, Jeditte?
- Bueno, querida. Quiero complacerte, aquí preparan comida muy fresca. Si quieres pollo o cerdo o res o lo que venga en la carta lo sacrifican para nosotros, si quieres incluso puedes hacerlo tú misma si eso te excita.
- ¿Qué?-Se irrita la chica.
- No te preocupes. Después de la cena tengo boletos para unas peleas de perros. Son geniales ¡Peleas a muerte!-Asegura el de ojos de hielo.
- Suficiente- Explota Rei poniéndose de pie- ¡bestia!
Rei abofetea al rubio y sale enfurecida del restaurante dejando solo a Jeditte que luego de la sorpresa ríe escandalosamente para invitar un trago a la muchacha rubia de ojos azules sentada en la barra. Que su cita se fuera no significa que no deba pasarla bien, a fin de cuentas...estaba en Londres.
La chica de cabello negro se encontraba sentada en una banca a mitad de la noche. Mascullaba su coraje ahora un poco más calmada, hacía diez minutos se le habían acabado las fuerzas para maldecir.
Un auto conocido se estacionó a las afueras del parque. Ella miró de reojo al carro y continuó con la vista puesta sobre el piso. El joven conductor bajó del auto y caminó hacia la muchacha sentándose a su lado en la banca, quitándose el saco y colocándolo sobre los finos hombros de Rei.
- Tardaste mucho en llegar- Regaña Rei.
- Lo lamento. Andrew se apareció en mi habitación argumentando que un demonio de ojos rojos habitaba tu cuarto y que no podía dormir bajo el mismo techo que esa cosa. La verdad es que no le entendí nada.- Explica el hombre de cabello negro.
- ¿Y eso que tiene que ver con que llegaras tarde?-SE enoja ella.
- Que tu hermano se durmió sobre las llaves de mi auto y tuve que hacer mil malabares para sacarlas de debajo de mi almohada sin que ese granuja se despertara- Cuenta Darien.
- ¿Y por qué escondes las llaves bajo la almohada?-Se intriga Rei.
- Por que cierto amigo mío tiene la mala costumbre de robar las llaves de mi auto para escaparse con sus citas sin que su novia en turno lo descubra, ya es la costumbre- Responde el de ojos azules- Pero no le des más vueltas ¿qué es lo que pasa? ¿Ese maldito te hizo algo?
- Mejor olvidémoslo ¿quieres?- Pide Rei.
- Rei. ¿qué ocurrió?- Se preocupa el joven Shields- Me preocupas.
- Nada, que ése tonto es un bárbaro- Le confiesa Rei a su amigo- ¿Puedes creer que su "cita romántica" fue una cena en un lugar repugnante? ¡Prácticamente era un rastro!
- ¿en serio?-Intenta el de ojos azules disimular una sonrisa- ¡qué imbécil!
Rei guardó silencio un par de segundos mientras analizaba el rostro de su compañero de la infancia, luego le sonrió y se recargó en su pecho.
- Ninguno es como tú.- Confiesa la muchacha.
- ¿En verdad?- murmura Darien con voz aterciopelada.- Rei...Yo...
- ¿Sí?- Anima la muchacha soltándose del abrazo y mirando a los ojos a su vecino, intentando adivinar sus pensamientos.
- Yo creo que deberíamos irnos ya.- dice él.
- Tienes razón- Lo apoya la chica- ¿Me comprarás algo de cenar? Muero de hambre.
- ¡Claro!- Confirma él- ¿te parecen bien unas costillitas?
Rei arqueó su ceja con una mirada asesina que soltó una carcajada en el serio joven inglés.
- Era una bromita.- dice Darien soltando una carcajada- . ¿Hamburguesa de Soya?-Ofrece él mientras se pone de pie para ofrecer su brazo a Rei.
- Tú sí que me conoces- Sonríe Rei- ¿Puedes creer que tenía entradas para una pelea clandestina de perros? ¡qué enfermo!
- Te lo advertí...-Recuerda él mientras abre la puerta del auto a la muchacha.
- Cierra la boca.
Darien suelta una carcajada al escuchar a su vieja amiga de la infancia hablarle así. De una extraña manera siempre le causaba gracia escucharla regañarlo. Manejaron un buen rato hasta un lugar en Londres que vendía hamburguesas de Soya, Si bien era cierto que al conductor lo enloquecían las costillitas y las hamburguesas con "carne real" también lo era que por esa joven él era capaz de comer Soya por el resto de su vida...
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Una muchacha de cabello negro dormía en el cuarto de visitas ya que al llegar a su habitación, ésta tenía un letrero que decía "área en cuarentena" y su amiga dormía en la habitación de Andrew. Supuso que Andrew seguro había usurpado la habitación de Darien mientras éste iba por ella a Londres, era muy del rubio hacer eso.
Unas piedrecillas en la ventana la hicieron despertar. Ella sonrió, conocía perfectamente esa forma de "llamarla" así que se levantó y bajó sin dudar por la ventana para encontrarse con una silueta que la esperaba bajo el árbol.
- Hola, Extraño- Saludó la muchacha.
- Hola, nena- Regresa una voz masculina saliendo de las sombras.
- ¡Jeditte!- Gritó ella asustada.
- ¿Esperabas a alguien más?- inquiere el rubio.
- No...claro que no- Asegura Rei con voz nerviosa- ¿qué quieres? Ya es muy tarde.
- Disculparme- Respondió él.
- Creí que estarías en una pelea de perros- Reclama la japonesa.
- Justo por eso quería disculparme.-Explica el joven rubio.
- No lo sé, Jeditte. Creo que tu y yo no somos compatibles...
- No, no, no, Rei. No te apresures- Pide él- esto solo fue un malentendido.
- ¿Malentendido?- Regresa la muchacha.
- Si, bueno. Es que Shields me dijo que...
- ¡ahora resulta que todo es culpa de Darien!- Se indigna ella.
- Bueno, bueno...ya- trató de mediar Jeditte.- No dije nada ¿me perdonas?
El rubio sacó una margarita y se la extendió a Rei que observaba con desconfianza la flor.
- Calma, es de plástico. Ésta no te hará daño- Tranquiliza él.- La compre especialmente para tí
- La tomaste del arreglo floral de la señora Shields, querrás decir.
-Dame algo de crédito ¡son las cuatro de la mañana! A éstas horas no hay florerías abierta- Reclama el joven.
- Cierto...Salvo la parte del robo...es un buen detalle, gracias...Pero aun así.
- Piénsalo ¿quieres? - pide el rubio extendiendo una hoja de papel a Rei.
- ¿y esto?- Se extraña ella.
- Léela y luego de ello, de que duermas un poco...me dices si me das una oportunidad ¿quieres?
El rubio besó apresuradamente los labios de la joven sin darle tiempo a nada y luego se alejó con paso veloz a casa de los Shields dejando a una extrañada Rei observándolo alejarse. Tomó la nota y la leyó, se recargó en silencio y miró hacia la casa de sus vecinos, justo aquella por la que casi toda su vida había trepado por las enredaderas para hacerle confidencias a él, sí tan solo...
Rei arrugó la hoja entre sus manos y entró a su casa, no valía la pena gastar el tiempo suposiciones..
-000-
La mañana en casa de los Hansford olía a hot cakes. Makoto y la señora Hansford se habían levantado temprano para preparar el desayuno. Risa Hansford le contaba a Makoto sobre la obsesión de Andrew con el señor orejas, su conejo de peluche. Makoto reía divertida cuando Risa le contaba sobre las pataletas del rubio cada que tenía que lavar al muñeco y las travesuras de Rei al esconder al "señor orejas" cada que Andrew la hacía enojar.
- Buenos días- Saludó Andrew apareciendo en la cocina aun con el cabello alborotado y su pijama.
- Buenos días, hijo. Luces fatal- Regresa Risa.
- No pude dormir…-Gruñe el rubio.
- Sí. Pudimos darnos cuenta, escuchamos tus gritos de nena durante toda la noche desde la casa de los Shields que llorón eres, Andrew- Se burló Rei que apareció en la cocina empujando al rubio para llegar hasta la barra desayunadora a servirse jugo.
- No estaba llorando- Se defiende el joven mientras se sienta al lado de su hermana empujándola.- Además ¿tú como sabes si llegaste bastante tarde anoche? ¿qué acaso tan bien te la pasaste con ese pelafustán de Jeditte?
- La pasé bien, eso es todo- Responde la pelinegra intentando ocultar una sonrisa en su rostro.
- Si. Nos damos cuenta, hija- Le guiña un ojo la señora Hansford.- Me recuerdas a mi cuando tenía tu edad…ay que noches más locas las mías. Una vez, tu padre y yo estábamos en una feria en Tokio y…
- ¡Oka- San!- La detiene Rei.
- Eres igual de puritana que tu hermano- Se queja la mujer de ojos violeta-¿Puedes creerlo, Makoto? Andrew se apenó un día que les conté a sus amigos mis tips para detener el ascensor y…
- ¡Mamá!- Se quejó el rubio sonrojándose.
- Puritanos- Se quejó la señora Hansford mientras Makoto reía por lo bajo.
- El desayuno está listo- Cambia el tema la castaña.
- Iré por Arthur- Dice la señora Hansford saliendo de la cocina.
- Pueden ayudarme a llevar las cosas a la mesa- pide Makoto
- Creo que Andrew puede apoyarte, Voy con los Shields-comenta la pelinegra saliendo por la puerta trasera.
- ¡Pero aun estás en pijama!-Le grita la muchacha de ojos verdes- Merde….Siempre me hace lo mismo.
- Yo puedo ayudarte…-Ofrece con voz aterciopelada el rubio de ojos azules.
- No, gracias. Yo puedo sola.- respondió arisca la ojiverde tomando la jarra de Jugo de Naranja y caminando hacia la mesa del antecomedor, pero Andrew le cerró el paso.
- Vamos…Mako. ¿por qué te portas así? Hace unos días no estabas tan renuente…-Murmura él en el oído de la muchacha Francesa mientras mordisquea su lóbulo y la empuja contra la pared haciendo presión con su cuerpo.- La pasamos muy bien hace unos días ¿lo has olvidado?
Andrew besó apasionadamente los labios de Makoto que por dos segundos se dejó llevar por esa boca tan llena de pasión y lujuria, correspondiendo a aquel beso que la quemaba. Pero cuando fue consciente de todo abrió sus orbes color jade y se apartó de él, derramando el contenido de la jarra de jugo en sus pantaloncillos.
- ¡ahh, está helado!-Gritó Andrew.
- Creo que necesitabas refrescarte es una mañana calurosa- Se burló la muchacha- Espero que te guste el jugo con hielo, Andrew.
La chica castaña salió de la cocina riendo por lo bajo. El rubio tomó una servilleta y se quedó murmurando unas maldiciones por lo bajo. No comprendía la actitud de esa chica pero definitivamente sabía que estaba más obsesionado con ella.
-000-
La casa de los Shields permanecía en silencio. Muy diferente de la casa de sus vecinos que todo el día era un caos. Rei trepó por la enredadera de la casa como lo hacía desde que era una niña; Solo que en ésta ocasión no entró a la habitación de su viejo amigo de juegos sino al cuarto de invitados, donde se quedaba Jeditte.
- Jeditte….- Lo llamó. - ¿Jeditte, estás aquí?
La joven de ojos amatista buscó al rubio con la vista, sin éxito. Caminó al baño de la habitación, pero tampoco había nadie. "¿Dónde estará?" Se preguntó. No tenía idea, pero su curiosidad era bastante y decidió revisar sus cajones. Abrió uno de ellos y encontró en su interior una vieja libreta, demasiado conocida por ella para confundirla. La tomó y salió de la habitación por la ventaja, dejó aquella libreta escondida entre las tejas de la casa Shields y entró a la habitación a la que estaba acostumbrada a escabullirse desde siempre.
Se dio cuenta que su vecino dormía aun profundamente, era más que obvio que aun seguía desvelado por haber tenido que ir por ella a Londres y llevarla por algo de cenar. Sabía que Darien era malísimo para desvelarse. Se metió bajo las cobijas con todo el cuidado del mundo hasta estar muy cerca de él. Tomó un mechón de su cabello y empezó a picar con él la oreja de Darien que hacía gestos y con la mano intentaba quitarse aquél objeto desconocido. Rei continuaba en su misiva llevando su instrumento de tortura del oído a los ojos que hizo que él se despertara súbitamente.
- Ahhh- Gritó impresionado él encontrándose con su bella vecina riendo a carcajadas con la reacción obtenida en él- ¡Rei, eras tú!
- Perdón. No pude evitarlo…- Se disculpó ella sin dejar de reír.
- ¿crees que puedes hacerme ir por ti a mitad de la noche a Londres, obligarme a que te lleve por algo de cenar, enviarme a tu hermano llorón que con sus quejas sobre el monstruo de tu habitación no me dejó pegar el ojo hasta el amanecer y todavía hacerme despertar temprano?-Reniega con seriedad el muchacho de ojos azules.
Rei lo miró extrañada. Lucía bastante serio. Él nunca le hablaba de esa forma, pero su sorpresa solo duró un segundo para luego mirarlo sonriente.
- Vale. Que malhumorado eres. Andrew y tú son iguales. Mi hermano chilla por un pequeño ratoncito y tú te alteras. Seguro pensaste que era una cucaracha la que tenías encima ¿verdad?- Enfrenta la chica burlándose de Darien.
- ¿Crees que es divertido burlarte de una fobia?- Bufa él cruzándose de brazos.
- La verdad sí. Bastante…-Acepta con cinismo la pelinegra
- ¡Ya verás! Amenaza Darien.
- ¿qué?- Reta ella con voz sensual.
- ¡Me las pagarás!- Él brincó sobre la chica aprisionando sus muñecas con una mano mientras hacía cosquillas en las costillas de la joven muchacha- ¿te rindes?
- ¡no!- Aseguró ella entre carcajadas- Jamás.
- Ríndete, Rei- Insistió Darien mientras continuaba haciendo reír a la chica de ojos amatista que se retorcía bajo sus dedos.
- ¡no!- reía la chica hasta las lágrimas.
- Tienes que rendirte…-Insistió Darien.
- Está bien…está bien…me rindo, me rindo…-Se dio por vencida la muchacha de ojos amatista que respiraba con voz agitada.
Con las palabras de ella, él detuvo su tortura, más no soltó a su prisionera del agarre. Sin darse cuenta, sus ojos azules se perdían en los orbes amatista de Rei que aun respiraba con dificultad al igual que él.
Darien se separó prontamente de la muchacha por miedo a que Rei descubriera a través de sus ojos todo ese amor que él sentía por ella, lo mucho que la amaba, lo mucho que la deseaba.
- Y...¿a qué has venido?- Pregunta cambiando el tema.
- Buscaba a Jeditte, pero no está en su habitación- Indica ella.
- ¿A Jeditte?- Se molesta Darien intentando con todas sus fuerzas no demostrarlo- Creí que lo habías mandado al diablo anoche.
Rei se quedó en silencio observando la reacción de aquel serio joven de ojos color azul. En otros tiempos lo hubiera mandado monumentalmente al diablo. Pero hoy no le apetecía hacer eso, arqueó su ceja y una mueca desconocida hasta ese momento para Darien se dibujó en el rostro japonés de la muchacha.
- Después de que llegamos de Londres, en la madrugada, vino a buscarme. Quería disculparse conmigo. Al parecer todo fue un malentendido.
- ¿Malentendido? El muy idiota te llevó a un lugar asqueroso. Después de "Hostal" Jamás había visto tanta sangre y tanta demencia. ¿qué tiene que ser un malentendido de eso?- Renegó él.
- Pues...Jeditte asegura que malentendió un consejo tuyo, para conquistarme- Responde Rei clavando su mirada amatista en la zafiro de Darien que se quedó mudo por un momento y empezó a tartamudear.
- Es...es que... yo...Jeditte es un imbécil. Jamás entiende nada de lo que le dicen, desconozco por qué está en Oxford- Murmura Darien con nerviosismo.
- Si...Supuse que de eso se trataba precisamente. Como tú dices, el chico no es tan listo, pero tampoco creo que sea malo. Solo intentó sorprenderme ¿acaso puedo juzgar su esfuerzo?- Pregunta Rei notando que el ceño de su vecino se fruncía- Ha fracasado en cada intento por alagarme, pero es un buen chico: Guapo, divertido, gentil...
- ¿gentil? ¿Gentil ese idiota?- Se indigna Darien cruzándose de brazos.
- Si. Gentil...es más, estoy pensando seriamente...-Rei hizo una pausa.
- Estás pensando seriamente...-Repite él intrigado.
- Tú sabes...Imagino que es muy apasionado- Le guiña un ojo la pelinegra a él- Además...siempre he querido saber qué tan fogoso es un estudiante de Oxford...
- ¿qué tu qué?- Se queda boquiabierto Darien.- No, no, no. No puedes estar hablando en serio.
- ¡Claro que sí! Además ya no y una niña. Puedo hacer lo que se me venga en gana- Le recuerda ella a él.
- No, no, no. Eso sí que no. Tú no puedes hacer "eso"- Exige el pelinegro.
- ¿Por qué no?- Encara ella.- ¿hay alguna razón en especial para que yo no me acueste con él?
- ¡No lo amas!- Grita enfurecido el joven de ojos azules.
- Tal vez si...-Insiste la pelinegra mirándolo a los ojos casi en forma retadora- Pero si no lo fuera, es solo sexo, Darien ¿qué más da?
- No puedes acostarte con alguien así como así. ¡No puedes!-Insiste él.
- Dame una razón, Darien. ¿hay alguna razón por la que yo no deba acostarme con Jeditte?- Encara la chica.
Darien respiró profundamente e intentó decir algo pero apretó los puños y se contuvo, desviando su mirada hacia un lado.
- Lo supuse. - Respondió la chica- No quiero discutir contigo, Justamente vine a lo contrario. Vine a invitarte a desayunar, Mako-chan hizo hot cakes.
- No tengo hambre- se cruza él de brazos haciendo un puchero- Gracias...
- Darien- ofrece su mano la chica- No hagas berrinche, sé que te encanta comer hot cakes, anda...vamos.
- Invita a tu novio- Bufa el pelinegro.
- Anda...-Insiste ella- ven
- Ya te dije. De pronto se me fue el hambre.
- Bueno. No te suplicaré. Si no quieres acompañarnos, allá tú- Se enoja la chica caminando hacia la ventana- Adiós.
Darien caminó a la ventana un par de segundos después viendo bajar a aquella chica por la enredadera y correr a su casa. Cuando la vio lo suficientemente lejos golpeó con el puño la pared sin poder evitar que una maldición saliera de sus labios
- Sería más fácil que le dijeras lo que sientes- Anima la voz de Gea Shields desde la puerta.
- ¡Madre!- Se apena el pelinegro.
- Darien...¿hasta cuándo vas a seguir engañándote con respecto a esa muchacha?- Pregunta la guapa señora.
- No sé de qué hablas, madre- rehúye el muchacho.
- Lo evidente salta a la vista, hijo...Estás muerto de amor y de celos por aquella muchacha que va cruzando la calle, ¿cuándo terminarás por aceptarlo?
- Eso no es verdad. Rei y yo solo somos amigos, los mejores- Rehúye él.
- Si sigues engañándote...llegará el día que la pierdas para siempre...-Predice la señora Shields saliendo de la habitación- Piénsalo...
Él se quedó en silencio, observando cómo Rei se desvanecía en el interior de su hogar y no pudo evitar pensar si tal vez también se le estaba desvaneciendo de entre las manos la posibilidad de hacer una vida a su lado...
¡Hola!
Una disculpa antes que nada. Ya me han hecho saber que se me hizo un "poquito tarde" para publicar el capitulo de esta historia.
He andado algo ocupada y luego se me pasa actualizar. En mi defensa a pesar de mi poco tiempo libre puedo decir que sigo escribiendo una historia que será un poquito más larga. Por eso no he avanzado mucho.
Gracias a todos ustedes que leen y comentan mi historia. Gracias a las bullidoras estrella "Irais y Matona" que me recuerdan la falta de publicación y a mis demás lectores que no me dejan solita. Nos vemos en dos semanas :D
La maga
