La frase "sola, rodeada de tanta gente" se estaba volviendo tan cliché que Rosalie comenzaba a preguntarse cómo identificar a alguien realmente feliz, o quizás, en estos tiempos, realmente alguien es feliz?. Continuos avances, logros conquistados por la humanidad, a su parecer, no hacían más que alejar a las personas de lo verdaderamente importante. La tecnología alejaba cada vez más a las personas. Las economías en todo el mundo cayéndose a pedazos por el insaciable hambre del ser humano de poder, de beber sin tener sed, de destruir su propio hogar en nombre del "progreso", "evolución" del hombre. En estos días había leído que la depresión pasaría a ser una de las enfermedades que más afectan a la población mundial. Tantos logros solo para hacernos sentir miserables a nosotros mismos? Cuál es la finalidad de cada nueva conquista del hombre si estamos llegando al peor punto de la historia de la humanidad y el planeta.
La mirada de la rubia se desvió hacia adelante a la espera que el semáforo cambiara, había decidido que hoy el chofer manejara mientras ella intentaba ordenar sus pensamientos, no quería causar algún accidente y formar parte de las monótonas noticias de sucesos en algún periódico, aquellas que solo sirven para destruir el corazón de quien lee un nombre conocido, o un suspiro de alivio para aquellos que no reconocen ninguno. En constante espera se encuentra todo ser humano, suspirando, alegrándose, y sintiendo alivio cada vez que se levanta y se recuesta en su cama, agradeciendo un nuevo día de vida, y agradeciendo aún más sobrevivir ese día.
Sentir como la humanidad da cada día un nuevo paso hacia su propia destrucción la hacía sentirse inútil. Cualquiera pensaría, como generalmente lo hacen, que ella no se preocupa por esas cosas, que siendo rubia, con cuerpo y rostro de modelo significa que es como todas esas mujeres superficiales que solo piensan en el bolso de marca o la nueva colección de ropa de algún diseñador famoso para la estación. Pero no, ella, Rosalie Lilian Hale Vulturi, abogada en ejercicio, y activista en la lucha contra el maltrato infantil, la protección del ambiente, los animales en peligro de extinción, el tráfico de mujeres y niños, y cualquier otra organización que aporte su grano de arena para salvar la vida de un ser humano y animales. Su familia la dejaba hacer viajes y participar en todo ese tipo de actividades porque pensaban que se le pasaría y volvería a ser la chica que era hace años, centrada, mimada y alguien digno de su apellido. Rosalie sabía lo que pensaban, pero no se molestaba en refutarles que ella nunca volvería a ser esa mujer ciega que era antes de aquello que lo cambio todo, abrió sus ojos por primera vez en su vida. Le mostro lo miserable que eran todos y especialmente ella. Tráfico de niños y niñas, ver como mataban a seres inocentes, ángeles que solo veían lo bueno de todo, se siento nadie por primera vez en su vida. Inútil.
En su intento desesperado de redimirse se había unido a todo tipo de organizaciones, se sorprendió a si misma sintiéndose más ella misma de lo que se había sentido nunca. Cuando creyó que había perdido el sentido de su vida, los niños, ángeles, le habían devuelto la sonrisa. Pero aún se sentía vacía, o se había sentido así hasta que la vio por primera vez, cabello castaño oscuro que caía en cascada por su espalda, una mirada marrón chocolate que brillaba de felicidad y dicha por la imagen que tenía delante, una sonrisa de unos labios carnosos adornaban un rostro en forma de corazón. Se había quedado embobada mirando por no sabe cuántos segundos hasta que recordó el motivo por el que estaba allí, se había acercado y hablado. La castaña le había sonreído y entregado la bandeja, una electricidad recorrió su piel y Rosalie estuvo segura que estaba perdida.
Nunca fue un secreto para ella el hecho que no caería enamorada de un hombre por mucho que lo quisiera su familia, desde niña se había hablado con la verdad, aun cuando lo hubiera ocultado a su familiares hasta que tuviera la edad de ser responsable de sus acciones, lo cual ocurrió a los 17 años, en donde no cumplía con su promesa, pues a esa edad estaba más pendiente de en qué lugar era la próxima fiesta, por lo cual sus tíos lo habían tomado con un capricho adolescente. No volvió hablar del tema, pero su familia comenzaba a notar que era en serio, no había tenido novios, y el por qué estaba apenas iniciando proceso de aceptación en sus mentes. Sus familiares podrían vivir en la ciudad más moderna del mundo, y aun así les quedaría la inconsciente negación, poco conocimiento sobre el tema que estaba dejando de ser tabú cada vez más rápido, La Homosexualidad. Las grandes familias, de importantes apellidos, como la de ella, tenían una larga historia, que generalmente pesa más que todo el conocimiento posterior que vayan adquiriendo los herederos. En las grandes familias será ley el pensamiento de los antepasados, sin importar el "Los tiempos cambian". Así es su familia.
Sus padres habían muerto muchos años atrás, cuando ella comenzaba a ver realmente el mundo, casi 17 años y se había quedado prácticamente sin apoyo ni guía en la vida. Aun podía recordar la madrugada de ese día, ella iba llegando a su casa, una agradable construcción de apenas dos pisos, cubierta completamente de madera caoba, un capricho suyo que sus padres habían consentido; después de pasar toda la noche en la discoteca gracias a su apellido, bebiendo y bailando, No hay puertas cerradas para un Vulturis, había ido a intentar engañarse a sí misma, haciéndose creer que olvidaría el dolor que estaba sintiendo. Sus padres habían recibido una llamada "importante" de trabajo y habían tenido que viajar, los dos, el día antes de su cumpleaños, y aun cuando le habían prometido estar, ella sabía que no lo harían.
El trabajo había matado a sus padres, esa obsesión que envenena a los hombres y mujeres de hoy, pasan toda la vida trabajando para ganarse una vida que desperdician trabajando para ganarse la vida. Dejan pasar el tiempo, y con él, las cosas más importantes de la misma. Ellos nunca habían estado muy presentes en su formación y crecimiento. Su madre cada vez que se sentaba con ella, solo los fines de semana que tenía libre, era hablar de su trabajo, de lo importante que era su Bufete, del éxito y el dinero que estaban ganando, nunca la escuchaba a ella por dos segundos seguidos. Su padre vivía ocupado, trabajando para que no le faltara nada y jamás cumplió sus palabras, le faltaba algo muchísimo más importante que el dinero, su padre. Ella a pesar de todo los había amado con toda su alma, Rosalie nunca se engañó, ella aun los recuerda como unos buenos padres que solo hacían lo que todos los padres creen que hacen pero muchos no lo logran, ser buenos, ellos habían dejado atrás lo que a ella más falta le hacía. Aunque a veces sintiera que los odiaba, porque ella no podía olvidar que ellos la olvidaron a ella, no podía olvidar ni dejar de sentir rabia.
Sus tíos Aro y Marcos se habían hecho cargo de ella desde ese dia, la gran Mansión Vulturi le había abiertos sus puertas, pero ella nunca la había sentido su hogar, para ella, era solo una casita que exhibir a sus amigas del colegio. Todo lo que representaba a los Volturi era solo un premio que alardear. Rosalie suspiro y dejo formar en su mente la idea que sus recuerdos y pensamientos melancólicos saldrían con el aire expulsado. Hacía mucho tiempo ella había aceptado esas cosas, o eso creía, los acontecimientos recientes habían desbocado el torrente de recuerdos y sentimientos que creía superados y olvidados, pero que ahora estaban allí, acechándola para que realmente los superara. Debía buscar la causa del desborde
-Llévame al orfanato Corazón de Jesús –dijo al chofer.
Ella sabía que la ciega y vana esperanza de encontrar el calor emanado de esos achocolatados moriría en cuanto su mirada recorriera el lugar, no había necesidad de exponerse a la decepción de constatar la dolorosa verdad, aun así, necesitaba ir, porque la verdad era algo que debía dejar claro en su mente y su corazón. Presiono fuertemente el cuero negro de que revestía el asiento de la quizás menos valiosa posesión de los Vulturis una Ford Fusion II, capricho de algún familiar que debieron olvidar como cualquier niño que se cansa de su juguete y lo deja; los vidrios polarizados apenas y dejaban pasar débiles rayos solares, concentro su mirada en el paisaje que se desvanecía en el exterior, los muchos edificios, la evidente diferencia que había en los mismos mientras avanzaban por avenidas y calles rumbo a uno de los barrios más pobres de la ciudad. Las enormes estructuras, con sus innumerables ventanales de tamaños extravagantes, brillantes como diamantes, daban paso a pequeños edificios, ladrillo rojo oscuro, colores opacos. No era difícil encontrar motivos para deprimirse mientras pensaba en la diferencia existente en aquellos paisajes que constituían mundos completamente distintos dentro del mismo planeta. Rosalie cerró los ojos intentando controlar sus pensamientos, le estaba siendo cada vez más imposible. Desde hace años se había vuelto una chica melancólica por decirlo de alguna manera, siempre pensando en lo que pasaba en el mundo, pero últimamente se estaba tornado a una más, y no sabía como evitarlo porque empezaba a cansarla.
Volvió abrir los ojos al tiempo que divisa una construcción de dos pisos, con cercas bajas de ladrillos que en algún tiempo estuvieron cubiertas por pintura, pero que ahora eran manchas oscuras, la paredes de la casa estaban también cubiertas por manchas oscuras por lo que era imposible deducir cual fue la última capa de pintura. La estructura podría tener mal aspecto, pero sus paredes se veían resistente y capaz de soportar el tornado o temblor más fuerte. Sonrió cuando vio algunos niños jugando en el patio. Suspiro cuando el auto se detuvo y se bajó del mismo en dirección a la entrada, mientras recuerdos no tan viejos embargaban su mente.
"El sol estaba imponente en el cielo cuando salió del comedor del orfanato, necesitaba aire, sus compañeras la habían visto de manera extraña cuando ella había salido precipitadamente, pero necesitaba calmar los acelerados latidos de su corazón. Se estaba comportando como una adolescente, lo sabía, pero no podía evitarlo. Se sentó en un banco cerca de la entrada que estaba a la sombra de un árbol y desde el cual podía observar los automóviles pasar por la calle. No podía creer lo inmadura de su comportamiento, sentirse así solo por una extraña que no conocía y solo había visto una vez, era estúpido. Cerró los ojos y respiro profundamente intentando calmarse.
-Es difícil acostumbrarse al aire de ciudad –Rosalie abrió los ojos y giro su rostro hacía la persona que le había hablado, para encontrarse con la culpable de que ella estuviera allí. Su corazón comenzó a latir más deprisa aun, aquellos ojos marrones la miraban directamente y ella creía perderse en ese pozo infinito
-No es tan difícil cuando has vivido toda tu vida aquí –le respondió al tiempo que señalaba a la chica para que se sentara junto a ella – de dónde eres? –le pregunto a la vez que la chica le sonreía y se sentaba, al instante el olor a fresas invadió sus fosas nasales y ella inhalo profundamente, definitivamente estaba perdida, pero a ella no le importaba
-Un pequeño pueblo bastante lejos de este lugar, no estoy segura de que siquiera aparezca en el mapa –respondió la chica mientras dejaba perder la mirada en la calle
-Eso es dependiendo de a qué tipo de mapa te refieras. Para los aprobados por el gobierno, mientras no le seas de provecho no importas ni existes
-Es interesante saberlo. –comento la chica castaña pensativa,
-Y que haces aquí? –pregunto porque se sentía incapaz de dejar de hablarle, su voz era canto de aves en la mañana, por muy cursi que le sonara a ella misma.
La chica iba a responder cuando Alistair grito "Bellaaa" desde el comedor,
-Lo siento debo ir, hablamos luego.- y se marchó. Se quedó observándola caminar, pasos lentos y suaves. Pensó en lo rara que había sido la, demasiado corta, conversación. Para ser dos extrañas en este contexto. Al menos ya tenía algo parecido a un nombre, y siempre podía preguntar a sus compañeras que parecían enterarse de cosas que ella ni imaginaba. "
Rosalie volvió a suspirar al presente, no la encontraría por mucho que lo deseara.
Mis disculpas por la falta de ortografía y redacción. La practica hace al maestro y es la idea al escribir.
bea potter-swan: Me alegra que te haya llamado la atención mi historia. es lindo saber que te lo imaginaste a la perfección, intento que las personas puedan meterse en la historia como lo hago yo al escribirla *-* jaja. y bueno, acá esta el segundo capitulo que espero te guste.
dianna: Gracias por dejar saber que te gusto. se aprecia muchísimo yo soy un tanto floja y con comentarios así hacen que mi mente se obligue a escribir *-* jaja. espero de verdad te guste el capitulo. tratare de publicar lo mas rápido posible :P jajaja...
