A la mañana siguiente Isabella se despertó con pesar, sus sueños habían vuelto a ser invadidos por cierta persona de la que intentaba escapar y olvidar, pero su corazón no parecía dispuesto ayudar. Se levantó sin ánimos y abrió las cortinas dejando entrar los rayos del sol matutino. La claridad la cegó momentáneamente, suspiro y se dirigió al baño para ducharse y arreglarse. Mientras, pensaba en que haría ese día. Hace dos días tenía una especie de horario que cumplir, estaba en un lugar distinto donde siempre parecía haber algo que hacer. Decidió utilizar agua fría, en un masoquista intento de sentirse nuevamente en el orfanato.
El azul cielo estaba por todos lados en su baño, era el color preferido de Isabella, admirar el cielo siempre la llenaba de paz, de esperanza, de calma, por ello había decidido que su baño fuera de ese color, para tener su pedacito de cielo en la casa. Al entrar sin embargo, el color le recordó otra cosa, ojos azules, más hermosos que el mar, o que su cielo lleno de esperanza, en ellos existía otro tipo de calma, otro tipo de paz que hizo a Isabella anhelarla. Mientras el agua fría recorría su piel, Isabella recordó las tormentas que ella había podido atizar al observar en ese mundo azul, recordó su deseo de aplacarlas, de calmarla.
"Isabella acababa de terminar de ayudar a unos niños con unas tareas que les había colocado Alistair, ella había disfrutado de hacerlo, enseñar a esos pequeños la hacía sentirse realizada, al punto de considerar estudiar educación. Su padre le había sugerido estudiar Desarrollo Empresarial, Isabella pensó que con la intención de que trabajara con él, pero se desilusionó mientras el tiempo pasaba y ella seguía estancada en su casa sin hacer más que perder el tiempo. Es verdad que a veces ayudaba a sus hermanos, pero nunca nada seguro en las empresas de su padre, porque él no la quería trabajando y ella no entendía el motivo por el que su padre le había "sugerido" estudiar esa carrera para dejarla holgazanear en su casa, perdiendo el tiempo y dejando perder con él su vida. Con esos pensamientos melancólicos se había dirigido al frente de la casa, al mismo lugar donde había encontrado aquella chica rubia que la dejo pensando. Su comentario sobre el gobierno y la ciudad le dejo un sabor a que ella a sus 23 años era una niña. No conocía mundo más allá del de su padre, y la experiencia que estaba viviendo la tenía aturdida. No podía creer que las personas fueran capaces de abandonar a esos ángeles inocentes, tampoco podía creer que Dios los enviara al mundo para ello. El buscarle un motivo la estaba colocando nerviosa, porque la hacía sentir que su mundo era irreal. El demonio podría tener que ver en esta situación, si ella no hubiera sido criada en la iglesia, bajo la imagen de un Dios Todopoderoso y Misericordioso, no podía este dejar sufrir a tantos inocentes.
Estaba sentada mirando los automóviles pasar por la calle e intentando buscar alguna explicación acorde, cuando sintió una extraña incomodidad en el pecho, e inconscientemente giro hacía la entrada del orfanato solo para ver a esa chica rubia salir, la chica la miro a ella, y venia encaminada hacia donde estaba sentada. Por alguna extraña razón el corazón de Isabella comenzó a latir rápido, ella frunció el entrecejo extrañada
-¿Te molestaría si me siento? está comenzando hacer calor y hay que descansar antes de servir la cena –Había dicho la chica, Isabella se había sobresaltado un poco, estaba tan centrada intentado explicar el acelerado latir del corazón que se olvidó de la chica.
-No hay problema, tienes razón, esos niños parecen nunca cansarse –respondió Isabella, intento enfocar su mirada en algún punto que no fuera su compañera.
Los coches que pasaban cada vez menos, el sol ocultándose por algún lugar que no veía a causa de edificios inmensos que cubrían la vista, el patio del orfanato, los pocos juegos de niños que habían en el mismo, caballitos, subi-baja, una rueda, y varios carros dispersos por el suelo, quiso concentrarse en las manchas oscuras de las paredes e intentar definir los colores, el motivo de por qué estaba haciendo eso, se escapaba de su mente, o simplemente no quería saberlo, pero la voz melodiosa de la rubia la hizo volver su mirada
-Me lo dirás a mí. ¿Ya conoces a Tobías y Ben? Porque esos niños parecen que tuvieran baterías infinitas, intenta explicarles matemáticas con ejemplos como la manzana sin que ellos te hagan bromas. 7 años y una inteligencia que te hace dudar de su edad. O quizás, si en realidad cuando crecemos vamos aprendiendo o perdiendo conocimiento real – comento la chica pensativa, Isabella no había entendido completamente la última parte pero intuía por donde iba. La chica miro la cara de Isabella y se disculpó –Disculpa si he comentado mis divagaciones en voz alta, a veces se me escapan las palabras.
-No te preocupes, en realidad, me gustaría que te explicaras, me parece interesante esa forma de pensar –La chica le sonrío, aunque su mirada se había tornado algo triste pensó Isabella,
-Los niños son los seres más inteligentes que hay. Mientras más tiempo pasó con ellos más confirmo que cuando crecemos en realidad perdemos conocimientos. Dejamos de reír con frecuencia, por preocuparnos con cosas que no estoy segura valgan la pena. Perdemos el sentido de la vida, buscando ganarnos esa vida, que ya tenemos, pero desperdiciamos.
La chica se le había quedado mirando fijamente y estaba por disculparse nuevamente, Isabella estaba impresionada, porque ella generalmente no pensaba en esas cosas, no de esa manera, pero podía ver la verdad en esas palabras, que le recordaron a su familia y a sí misma. Esas palabras además, le hicieron recordar a su abuela, siempre con su sabiduría tan infinita como su paciencia. Miro fijamente también a la chica, no parecía mayor que ella, pero aun así sus palabras la hacían sentir que era mayor, o quizás solo vivido más.
-Nunca lo había pensado de esa manera. En realidad no suelo estar en contacto con niños. Este viaje está resultando toda una experiencia. –respondió desviando un poco la mirada, el azul de los ojos de su compañera parecían una puerta que la invitaba a entrar, y conocer su secretos. Ese azul era un pozo en el que cualquiera se podría caer y quedar atrapado por siempre, porque a la vista no tenía final y ese misterio te llamaba a descubrirlo.
-Pocas personas se sientan a pensar en esas cosas. Quizás solo soy un poco rara. A propósito, nunca me contaste porque estás aquí
-Mi tío es el fundador, Alistair
-Eso es sorprendente, no creí que Alistar tuviera familia, no suele hablar de ella
-Digamos que no existe una buena comunicación entre mi padre y mi tío
-Cosas que siempre pasan. Aunque no dejan de ser tristes. –dijo la chica, e Isabella se sentía admirada,
-¿Puedo saber cuántos años tienes? –Pregunto Isabella porque no pudo contener las palabras, esa chica tenía una mirada y una manera de hablar que gritaban experiencia, vida, y no una vida como la de ella. La chica solo sonrío, pero nuevamente sus ojos tenían ese toque de tristeza,
-¿Parezco muy vieja? La última vez que me vi al espejo esta mañana un no tenía canas –respondió con un toque de diversión,
-No disculpa, no es nada de ello, es que, hablas como si fueras mayor, me recuerdas a mi abuela
-No estoy segura como debería tomar ese comentario. Pero asumiré que fue un cumplido.
-Yo de ninguna manera lo diría por mal, no pienses –Isabella se sentía completamente torpe, una niña, y se regañaba interiormente, quería poder estar al nivel de esa chica y tener comentarios profundos, pero su vida se había visto siempre reducida al montar bien su yegua. Sin embargo la chica solo sonreía, e Isabella pensó en que la chica tenía una sonrisa capaz de deslumbrar a cualquier hombre o mejor dicho, cualquier persona
-Tranquila, no hay problema, tengo 25 recién cumplidos. Por cierto, Rosalie Hale – dijo está extendiendo la mano
Isabella cayó en cuenta en que no sabía siquiera su nombre, y se golpeó por su falta de educación, al tiempo que se sorprendía que la chica tuviera su misma edad,
-Isabella Swan –y le estrecho la mano a la chica sintiendo otra vez esa electricidad recorrer su piel.
Nuevamente en su cuarto de baño Isabella suspiro, desde ese día había comenzado todo, dos días después de su llegada al orfanato bastaron para iniciar la pérdida de su razón, el comienzo de la locura. Salió de la ducha con intención de montar nuevamente a su yegua. Necesitaba volver a intentar controlar sus pensamientos y el agua fría no estaba dando resultados. Eligio una franelilla verde, con una camisa negra encima, unos jeans y sus botines negros, ese era básicamente su guardarropa en casa. Vivir en el campo y en una hacienda no te daba muchas opciones a elegir. Recogió su cabello en una cola de caballo a la vez que caminaba en dirección al comedor. Con la esperanza de no encontrar a nadie. Su estado de ánimo estaba volviéndose completamente oscuro y solitario. No sentía ganas de fingir alegría. Cuando solo quería calmar su tempestad. Y tampoco podía comentar lo que le ocurría. Temía las consecuencias de tal declaración.
Bajo en silencio las escaleras, era realmente temprano y su hermanos posiblemente seguirían durmiendo. Al entrar al comedor encontró a su padre y su madre. Suspiro. Ni esperanza de que el gran Charlie estuviera en cama a estas horas. La productividad de los hombres comienza desde que el sol se levanta.
-Buenos Días Madre –comento dándole un beso en la mejilla a esta, se sentó a su lado –Buenos Días Padre.
Las muestras de cariño estaban sobrevaloradas para su padre. Él era un hombre de pocas palabras, de poca acción sentimental
-Buenos Días Hija. Me sorprende verte levantada tan temprano. Esas vacaciones con tu tío al parecer hicieron efecto productivo en ti.
-Es un mundo completamente nuevo. Al que una vez te acostumbras te marca para siempre. –comento Isabella sabiendo que sus padres no entenderían el verdadero significado de esas palabras.
Para Isabella, eran solo un pequeño intento de expulsar su situación actual. Exteriorizarla. Aunque nadie entendiera. Concentro su mente en desayunar. Los huevos revueltos que antes constituían su desayuno favorito, estaban resultando todo un reto. Poder terminarlos y no provocar comentarios a sus padres. Su apetito estaba disminuyendo y ella no quería seguir pensando en el motivo de ello. Estaba sorprendida por todos los cambios que puede sufrir una persona al atravesar una situación como la suya. Ella era una de las personas que sostenían la tesis de que enamorarse no podía cambiar tan drásticamente a alguien. El desamor tampoco podría hacerlo. Pero su situación, que se encontraba entre ambos casos. Le estaba confirmando el hecho de que es cierto, una persona puede cambiar drásticamente por amor, por desamor, peor aún, por incertidumbre y miedo. Esos sentimientos que invadían su mente día y noche. Que parecían dispuestos a permanecer en su cabeza atormentándola hasta que hiciera algo. Estaba consciente que su situación era enteramente su culpa. Pero su educación, todo lo que le habían enseñado hasta entonces se colocaba en tela de juicio por unos sentimientos que, ¿quién le aseguraba no duraban solo un tiempo corto? ¿No podían todas esas sensaciones ser producto solo de un deslumbramiento? ¿Confusión? ¿Dejar llevar la admiración a un campo completamente distinto? Todas estas constantes preguntas, en un periodo definitivamente demasiado corto de tiempo, le estaban provocando no solo dolor de cabeza, sino en todo el cuerpo y alma.
Apuro el ultimo bocado de su desayuno, bebió una considerable cantidad de jugo de naranja, debía salir lo más pronto posible de la cocina, sus hermanos no tardarían en bajar y ella se encontraba en peores circunstancias que al despertar. Las preguntas, siempre más y todas constantes. La mayoría sin respuestas, o con una respuesta aparente que le estaba costando aceptar. No se sentía por consiguiente en condiciones de soportar las miradas de sus hermanos. Sus palabras, sus preguntas. En realidad, no se sentía capaz de tolerar compañía alguna y el sentimiento la asusto. Ella no solía ser así. Ella no solía pensar de esa manera. Ella amaba a su familia. Pero en estos momentos, siquiera se sentía ella misma. La voz de su madre la hizo concentrarse en el ahora, lo que se desarrollaba a su alrededor.
-Isabella, y que harás hoy?
-Tenía en mente ir en estos momentos a practicar con Clara. Sé que aún falta mucho para la competencia, pero me gustaría volver acostumbrarme al ritmo que siempre he llevado aquí. Las vacaciones con mi tío constituyeron un completo cambio. – Isabella no se había molestado en intentar seguir la conversación entre sus padres, porque no existía tal conversación. Hace años se había acostumbrado al hecho de que sus padres parecían no tener nada en común. Nada que pudiera llenar una conversación completa. A excepción lo referido a sus hijos y en ello, como su padre tenía la última palabra, no había nada que discutir.
-Me parece una excelente idea. Claro que deberás espera reposar el desayuno. Debiste sentirte completamente extraña en ese mundo. Tu tío no lleva un estilo de vida que pueda siquiera parecerse al nuestro.
-Totalmente distinto. Con permiso.
Isabella salió lo más rápido que pudo del comedor. Aun no debían ser las 7:00 de la mañana, que es generalmente la hora a la que ella, sus hermanos y su cuñado bajaban a desayunar. Para luego su padre, hermano y cuñado salir camino al trabajo. Llego a los establos en poco tiempo, los trabajadores ya habían comenzado su jornada diaria. Siempre al deputar el alba.
-¿Podrías ensilla a Clara por favor? – pido con voz apagada al primero que vio. Ella los conocía a todos, y procuraba tener un trato amable. Que se entamblara una amistad. En vez de la fría y distante relación Señorita-Trabajador. Hoy no estaba de ánimo para mantener la cortesía y la buena educación. Hoy, al igual que ayer, quería solo borrar o pausar por un instante sus pensamientos.
Observo el paisaje a su alrededor, la casa grande, tres pisos completamente blanca, símbolo de elegancia que Empresas Swan siempre demostraba, incluso en sus casas vacacionales. El establo cubierto de tejas marrones, paja, y todo tiempo de implementos para mantener limpios a los caballos. Observo en la lejanía el sol, cubierto por algunos árboles, que ella se encargaría de pasar, para poder admirar el astro en todo su esplendor.
-Listo señorita.
-Gracias.
Monto y golpeo ligeramente a su yegua, se apresuró a cruzar los árboles que intentaban cubrir el sol. Volvió a golpear a su yegua esta vez con más fuerza. Ella necesitaba velocidad, no importaba que su desayuno fuera expulsado de su organismo. Necesitaba adrenalina. Ejercicio. Algo que desviara su atención de los pensamientos que estaban decididos a no abandonarla. A penas diviso completamente el astro, mostrando su grandeza al iluminarlo todo, al ascender lentamente en el cielo. Pensó en el hecho de que el paisaje era hermoso, digno de un cuadro, el día sería excelente para sonreír. Ella volvió a pensar en las palabras de su abuela "El amor cambia la manera de ver el paisaje de todos los días, cuando te enamoras, nunca será el mismo" las palabras la golpeaban con fuerza, mostrando su veracidad. Es cierto que ella había visto este paisaje muchísimas veces, aunque cada día estuviera lleno de sus propias sorpresas, que nunca hay un amanecer igual a otro aunque la gente no lo mire así. Las nubes, el cielo, siempre te mostraran un amanecer distinto cada día. Los amaneceres para ella eran sinónimo de esperanza, de fe en el hoy y en el mañana. En ese momento, Isabella solo podía pensar que para ella, las nubes grises constituían su paisaje. No podía sentir esa esperanza y esa fe de antes. No podía sentir completamente el calor que emanaba el astro. Ella solo podría pensar, mientras miraba el cielo, que solo quiera su pedacito de cielo. Su pozo infinito. Solo quería volver a mirar esos ojos azules, perderse en ellos, rendirse ante ellos. Hoy, agotada de sus pensamientos, quería desaparecer a la anterior Isabella y dejarles ganar. Dejar manifestar el amor en ella, como un libro abierto que la escriba nuevamente, por completo.
Mis disculpas por los errores de ortografía y redacción. La practica hace al maestro y esa es mi intención al escribir.
Dianna: Me halaga tu comentario :$ es lindo saber que la historia puede llegar a obsesionar alguien :D y es una lastima que no hayan tantos finc de esta pareja :( son demasiado Perfectas para no estar juntas *-* a falta de algo que leer sobre ellas, me toco escribir ._. jaja. Esta Rosalie representa en realidad, un deseo que me consentí *-* verla pensando y hablando sobre temas serios, lo madura que se puede volver por las situaciones de la vida. Simplemente, es muy fructifico escribir de esta manera sobre Ros, aprendo yo también. espero que te guste este capítulo. tarde un poco mas de lo previsto, pero espero que valga la pena xD :P Saludos ;)
bea potter-swan: Holaa! estamos iguales :( no veo la hora que llegue navidad rápido y poder disfrutar de unas completamente merecidas vacaciones. tuve intención de acabar el capitulo días antes, pero la culpa es absolutamente de la uni, bueno, de los profesores que creen que somos unas maquinas :S Me alegra que te gustara el capítulo, el punto de vista de Ros no me lo podía dejar para mi, me concedí un deseo escribiéndolo *-* jajaja. Espero que te guste este capítulo y el desarrollo de la historia (y que tu uni te deje seguirla). Gracias por escribir. Saludos ;)
