Abro los ojos en par y levanto medio cuerpo de la cama donde estoy acostada. Me doy cuenta que es mi cuarto de hotel y el pánico se apodera de mi. ¿Cómo rayos llegue a aquí? Pero lo principal, ¿Quién me trajo? Respiro suavemente para calmar mis ansias y me levanto con cuidado.

Bajo los pies al suelo y al momento de pararme siento el fuerte bajón de la noche anterior. ¡Rayos! Mi cabeza me arde; la siento palpitar. La respiración se me entrecorta y me apoyo con el buro a lado de la cama para sostener mi peso y no derrumbarme.

Siempre digo lo mismo: No lo volveré a hacer. Pero sé que es mentira…. Esto volverá a pasar.

Cuando sé que estoy lista me encamino hacia la puerta y la abro con cuidado para poder encarar a aquella amable persona que me trajo hasta mi hotel y de paso hasta mi cuarto. Soy una vergüenza de turista.

Salgo del cuarto y cierro la puerta con cuidado. Me quedo parada unos instantes para poder pensar lo que le diré a la persona, pero escucho unos ruidos provenientes del sofá que se situaba frente al televisor y un hombre con un traje gris se situaba ahí, leyendo el periódico.

Me acerco a él decidida a agradecerle por todo lo que había hecho. No solo traerme hasta mi hotel, si no que, hasta salvarme de esos horribles y asquerosos hombres que amenazaban con hacer algo más que una buena noche de copas.

Pero antes de que pudiera decir palabra alguna, él voltea y me regala una sonrisa ladina digna del gato Cheshire.

Me quedo petrificada. ¿Quién es él? ¿Le conozco? No sé. Pero no entiendo que hago ahí sin decir nada.

-Buenas tardes.- Me dice antes de que yo abra la boca. - ¿Cómo te sientes?- Me pregunta con su voz ronca y varonil. Me siento morir.

-Muy….Muy bien.- Digo a penas con pocas palabras mientras él se levanta y se acerca a mí a paso seguro y decidido.

Su porte y manera de caminar son dignos de una persona que está muy segura de sí misma. Su piel es blanca y hermosa, ¿Será europeo? Su pelo es rizado, entre rubio cobre y leves toques de pelirrojo, con risos traviesos que se desprenden por toda su cabellera y le dan un aspecto encantador y gracioso. Sus manos son largas y perfectas. Y sus ojos; sus ojos son azules, ¿O son verdes? ¡No! Son esmeralda. Ese hombre se sitúa frente a mí y pasa su mano derecha por mi mejilla izquierda dándome una mirada suave, delicada, como si pensara que con tocarme me fuera a destruir como un diente de león. Mis mejillas se incendian de color rosado y me quedo muda ante su presencia.

-¿Te he levantado? Mis disculpas. He estado leyendo el periódico y decidí poner un poco de música de fondo para relajarme. Espero eso no te haya levantado y destruido tu dormir. -¿De dónde ha salido este príncipe?- Mi nombre es William Talley.

-Darcy…. Mi nombre es Darcy Lewis.-

-Americana- dice en una sola frase y sonríe con saña. ¿Qué pasa?

-¿He hecho algo mal?- le suelto sin nada más que decir. Su sorpresa en su cara es divina. Me sonríe de nuevo, pero con malicia.

-Oh, nada. Solamente que no me tomo por sorpresa que la chica que haya salvado sea americana. Con normalidad los europeos no tomamos hasta morir ya que es bien sabido que nuestra cerveza británica es más fuerte que sus clásicas cervezas de raíz, pero no tienes porque preocuparte. Te he traído aquí porque supuse que eras turista.-

¿Me ha faltado al respeto? No. Me ha echado en cara que los americanos somos descuidados. Me ha dicho una cerda americana con grandes letras a la inglesa. Maldito británico.

-¿Discúlpame?- Digo con la mayor molestia posible y me siento indignada.- En primera: Yo no te pedí ayuda. Segunda: Me estaba proponiendo disculparme por lo que me paso y darte algún tipo de recompensa, pero ¿sabes algo? Puedes joder mucho. – sonrió con victoria a mi misma y él tal William se me queda observando.

Sus ojos esmeraldas son hipnóticos. Brilla con fiereza y saña. Su porte no demostraba ya al hombre pasivo que me recibió, si no que, demostraba a un hombre peligroso que sabía lo que hacía y que no tenía miedo de una boba jovencita como yo.

Empieza a caminar hacia a mí y retrocedo a cada paso que da.

-No necesito tu recompensa. Lo he hecho por mi propia gana. ¿Me disculpas? – pasa a mi lado y camina directo hacia mi pequeño mini bar. Ya estando ahí, se acerca al pequeño refrigerador y saca un bote grande de zumo de naranja. Lo sirve en un vaso y se acerca de nuevo a mí. Lo tomo entre mis manos y le miro sorprendida.

Hace unos instantes le había echado en cara que se podía ir mucho a joder y ahora el tipo me estaba ayudando, ¿Está loco? No. Los británicos están locos y para ellos los modales son lo primero. Si. Eso debe ser.

Me tomo el zumo de naranja mientras me quedo hipnotizada por él mientras va por su maletín y después se queda parado frente a mí con una sonrisa que no demostraba ya amabilidad, si no arrepentimiento. Vaya, un hombre con hormonas volteadas. Dejo el zumo de naranja en una mesa a mi lado derecho y él sonríe con dulzura. Sí. Un hombre con hormonas extrañas.

-Disculpa mis molestias en decirte sobre que los americanos son descuidados, te he traído aquí por el miedo a que alguien más pudiera hacerte daño y de paso a tratar de hacerte algún mal. No ha sido mi intención hacerte enojar, pero mi querida señorita Lewis, me he de retirar. No necesito ninguna recompensa.- se da la vuelta y le observo con total sorpresa por sus palabras. Camina hacia a mí y me toma mi mano derecha para posar un beso sobre ella. – Me tengo que retirar. Su hermosa cara y presencia es la única recompensa que necesito para sentirme feliz de haberla salvado. Mucho gusto.-

Me quedo pasmada y su sonrisa ladina vuelve a aparecer en su cara. Se da la media vuelta y me encamino junto a él para darle un adiós en la puerta.

Se queda unos instantes pensando en dar la vuelta al pomo y lo hace, pero al salir se queda parado unos momentos antes de que cierre la puerta a sus espaldas y me dice una última vez: Espero que no sea la última vez que nos encontremos, lindura. Ten cuidado con lo que bebes.

Siento que voy a morir cuando cierro la puerta a sus espaldas y él se retira de aquel lugar.

No le pregunto cómo llego a saber donde consiguió mi dirección de hotel. Mi mente esta aun tratando de procesar lo que pasa.

¿De dónde salió este tipo? ¿De Austenland? Oh dioses…. Jane Eyre, ten cuidado, porque Darcy Lewis ha llegado.