¿Qué paso con mi vida después de descubrir que los príncipes azules no existían? Nada. Solo desperté.

Meneo la cabeza hacia los lados e intento apartar el sonido que me advierte que el día por fin ha llegado. Los pájaros cantan, los claxon de los carros a todo lo que da, la gente gritando; todo lo que un humano desea escuchar por la dulce mañana. Dulce y hermoso aviso a que el señor sol ha salido a saludarnos y que algunas personas han despertado para hacerse camino a un nuevo capítulo de su vida. Abro mis ojos al par y con mucha pesadez trato de tallarlos con mis manos, pero estoy demasiado boba aun para hacerlos. Mis manos aun no se ponen de acuerdo con mi cerebro. Cuando por fin puedo poner en marcha mi cerebro, me quedo hipnotizada por el blanco del techo. ¿Será el color blanco el color más puro? ¿Por qué el color blanco es considerado puro? ¿Por qué me pregunto esto? Por la simple razón de que ninguna respuesta vendrá a mi sin que yo la busque. Lo que me lleva a que es la misma razón por la que me debo de levantar y empezar a buscar respuestas hacia sobre quién era ese hombre de ayer. Nada viene a nosotros sin que busquemos lo que queremos.

Me empujo con las manos para acomodarme sobre mi cama y bajo mis pies al suelo para tratar de levantarme. No tengo ganas ni de estirar un brazo….

Dos aspirinas y un buen vaso de agua hacen que mi dolor de cabeza mañanero desaparezca. Coloco mi laptop entre mis piernas y tecleo el nombre de aquel hombre. William Talley. Busco y rebusco en todo internet; no hay datos sobre él. No existe. No hay ninguna página que me diga quién es, ni siquiera en la base de datos de SHIELD en la cual pude entrar porque, bueno, Erik suele olvidarse de su nombre de cuenta, pero sigue sin haber rastro de William Talley.

Hay miles de personas con el apellido de Talley, pero ninguno con el nombre de William. Vaya piedrita con la que me he encontrado, ¿Será un agente secreto que habrán mandado a buscarme? Mi paranoia empieza a despertar después de años.

Empiezo a darme la idea de que si un hombre como él no existe en el mundo y que la red secreta más grande de todas no sabe ni tiene ideas o bases de él, entonces lo más seguro es que o una: sea uno de ellos o dos: este tras de mí por alguna otra organización… O existe la posibilidad de que estaba siendo demasiado paranoica y solo había sido un buen samaritano que me había ayudado, pero algo me ha enseñado esta vida: todo es posible. ¿Alienígenas en Nueva York? ¡Claro! ¿Un billonario con un traje de hierro que pelea? Por supuesto.

Retiro la laptop de mi vista y coloco mis lentes sobre mis ojos para después ponerme de pie y correr hacia mi maleta. La entrevista de trabajo como analista política para Total Politics. Mi currículo es algo extraño, sobre todo cuando Jane pensaba sobre cómo escribirlo, pues las dos vivimos cosas muy extrañas cuando trabajaba como su ayudante. Bueno, lo que paso, no iba a escribir "Darcy Lewis: Una chica buena que me ayudo a pasar mis ratos de depresión mientras esperaba a el todopoderoso Thor: dios del trueno y que de paso me ayudo en mis locuras de hacer mi propio puente entre dimensiones, salvar Inglaterra de un elfo malvado, arruinar citas, etc." Me da miedo de tan solo ver lo que escribió. No es que haya sido la peor ayudante con ayudante del mundo, si no que, mi vida no ha sido normal en los últimos meses. Tanto así como para poder escribir un currículo decente y normal.

Escojo la ropa de trabajo más "profesional" que me puedo pagar. Me decido por una falda tubular negra, un saco color turquesa y unos tacones de abertura en los dedos. Me trate de peinar lo mejor que podía, pero es imposible para mi, así que dejo mi pelo suelo solo sujetado con varios pasadores negros disimulados entre mi negra melena.

Acomodo todo lo que era necesario para llevar a mi entrevista. Documentos en maletín, celular en mano, pero lo más importante; una sonrisa en mi cara.

Claro. Solo imaginen a una troll llegando a una entrevista, nadie quiere a una compañera de entrevista amargada, o bueno, yo no quiero, así que siempre trato de sonreír en las peores y mejores situaciones…. O hasta a veces cuando nadie me mira sonrió.

-…-…-.-..-

La entrevista había ido de mal en peor, diría que con pocas posibilidades de que el trabajo sea mío. El señor Ruthengord, quien había sido encargado de darme la entrevista, había sido de lo peor conmigo. Su cara mostraba enfado, su piel era blanca; casi un muerto podría envidiarla, sus ojos negros no mostraban un rastro de simpatía y tampoco él era demasiado simpático. Su acento escocés me dio mucha risa, cosa que no le agrado mucho por lo que observé, sus preguntas fueron desde "Desde hace cuanto que usted supo que la política le llamaba la atención? ¿Qué opciones le ha traído? ¿Qué beneficios espera? ¿Jane Foster estudiaba algún estilo de ciencia social? ¿Qué suelen comer en América?" lo último no, pero solo le falto decir eso para que mi mente explotara y saliera corriendo de ahí. Eso era lo último que quería que pasara. Realmente deseo ese trabajo, pero lo más importante; realmente deseo vivir en Inglaterra.

Me encuentro en un pequeño café a calles del edificio de Total Politics y me siento en una mesa al fondo de todo el local. Aun al paso de los años mi adoración hacia estar sola y permanecer hundida en mis pensamientos no había cambiado. Adoraba la soledad, cosa que a veces a algunos les solía molestar. Tenía amigos, si, pero siempre he adorado leer un buen libro mientras disfruto de la comida y me río de las cosas comunes que las personas hacen a mi alrededor. Pensar sobre el por qué de las cosas y hasta divagar sobre otras vidas. Es demasiado descabellado, pero algunos humanos solemos disfrutar más de la soledad que de una plática de chismes.

En la portada del libro se puede leer "Bajo la misma estrella". Apenas me encuentro a la mitad de una página y por suerte o por mal azares del destino, mi atención se desvía hacia una figura algo familiar.

Era nada más y nada menos que el rey de Roma, Mr. Talley. ¿Cómo no acordarme de él? Hermoso pelo rubio-cenizo-rojizo, tan difícil era olvidar su color, entallado traje azul que le hace lucir ¡Woah! Y una espalda delicada, pero varonil. Sentado en las primeras mesas junto a una despampanante rubia de pelo ondulado y una sonrisa por la que miles de hombres se arrodillarían ante ella si así desease tenerlos. Pero no. Allí se encontraba el dulce Talley en esa mesa conversando felizmente con ella.

Tomo mi libro y me escondo detrás de él. Mis ánimos caen hasta el suelo y trato de controlar mis nervios que empiezan a crecer como una ola gigante que se niega a detenerse. No es que sienta algo por ese tipo, no, ¿Cómo voy a sentirlo? No le conozco. Él solo me hizo un favor. No hay nada que pensar ni que tenga que exhibir. No soy nada para él. Además, ¿Esa rubia será su novia? Probablemente. Un hombre como él nunca se fijaría en una chica como yo. Ella es la Elizabeth Benett de su historia, yo solo soy una sirvienta más que el señor Darcy empleo en su camino.

Tomo mi café lo más rápido posible para evitar una escena o evitar que Talley se dé cuenta que estamos en el mismo lugar. Mi paranoia me toma de las riendas y mis manos tiemblan al tomar el café. Un hombre como él no iba a querer nada de mí, una chica americana sin nada tan despampanante como aquella rubia, solo dos ojos con falta de visión y un ipod.

Me levanto con rapidez de mi asiento y dejo la propia con el pago sobre la mesa para retirarme lo más pronto posible del lugar. Doy la vuelta al asiento de Talley para evitar que me observe y lo consigo, traspaso la puerta sin llamar la atención de nadie.

El viento de la calle da a mi cara y el frío hace que mis mejillas duelan. Mi corazón late muy fuerte. Duele, más el correr es la única forma de no causarme un dolor innecesario. Un dolor innecesario que no necesito en estos momentos, un dolor que deseo evitar y proseguir con la realidad que me tienta cada día.

Camino varios pasos hacia una pequeña casa de revistas y periódicos que se encuentra a tres puestos del café, es pequeña, solo con una gran ventana desde la que se puede observar desde sus afueras por los transeúntes de la calle.

Entro y tomo algunas revistas referentes a política para ponerme al día con mi trabajo, pero corro con rapidez hacia el estante donde los libros best seller opacan a todas aquellas pequeñas editoriales que hacen su esfuerzo por sobre salir sobre todos los libros de boca en boca con portadas bonitas y grandes pastas, pero no; Nunca hay que juzgar a un libro por su portada.

-Es sorprendente que al aun al paso de los años grandes algunos títulos del gran Shakespeare sigan de pie y gigantes sobre todos aquellos lujosos y llamativos títulos nuevos de esta era. Eso nos da una idea de que los buenos libros nunca se irán y que se quedan los que nos dejan un hermoso aprendizaje, más sin embargo, ¿Quién va a querer recordar como una veinteañera universitaria conoce a un millonario que solo desea escucharla gemir y preocuparse por que fue virgen y no le dijo? No yo. No sé si sea que este hecho a la antigua, pero cosas así solo es desperdicio de papel.

-Tal vez no seas solo tú.-

Al voltear a mi derecha me encuentro con que la voz era de Talley, que sin dudarlo, tomaba los libros y los volteaba para observar su descripción. Madre mía.

Mis nervios no me toman por sorpresa, toda mi vida he sabido cómo controlarme, pero este hombre…. Este hombre hace que quiera saltar de emoción para gritar ¡ME HABLO! Pero no. Se que eso solo lo alejaría y no quiero perder mi oportunidad. Es tiempo de que esa Darcy niña se aleje y esta adulta empiece a relucir.

-Tal vez no seas solo tú. Algunos libros son dignos de recordarse, no solo por lo que pasa, sino también por su forma de escritura. Nadie quiere recordar como recuerdo más preciado de un libro como un hombre hace gemir a una mujer. No. Eso puede hacerlo cualquiera. Uno quiere recordar historias bellas que nos hagan erizar los vellos de la piel y que al acabar el párrafo…. Al acabar el párrafo te quedes momentos pensando sobre como fuese todo aquello si lo estuvieses viviendo o fuera cierto. Una cierta posibilidad que ese mundo fuera tu mundo. Que Romeo seas tú y que encuentres con Julieta danzando en el baile de su familia, esperando que su sirvienta no te detenga y quieras permanecer con ella toda la noche. Cosas dignas de recordarse, cosas mundanas que se hacen fantasiosas y momentos de cada día que se tornen casi imposibles, pero que con valor, dedicación y determinación… todo se hace realidad.

La helada mirada de Talley se encontraba sobre mí mientras él sostenía libros en sus manos. Dejo salir una sonrisa de ánimos para tratar de descongelar el ambiente, pero William me sigue observando como si tratara de encontrar respuestas a cada palabra que había dicho. Su cara se torno suave y una risa salió de sus labios. Sus largas pestañas se posaban sobre sus mejillas y sus hermosos ojos dormían debajo de ellas, solo un pestañeo lo separaba.

-Es hermoso que una mujer no solo piense en lo mundano. Muchas mujeres han estado solo hablando de este libro, ¿Qué tiene de especial? Eso me pregunte hace meses, pero me di cuenta de que nunca debí formularme esa pregunta.

Un leve rojo se asomo por sus mejillas pintándolas como rosas. Sus labios se cerraban formando una delgada línea tratando de disimular una sonrisa a punto de explotar, parecía apenado de lo dicho.

-Es solo un libro más.- Digo con una sonrisa también. –No es que vaya a ser malo probar algo nuevo o querer saber que pasa. La curiosidad no es mala.

Tomo un libro sin ver el nombre y lo pongo bajo mi hombro. Mis nervios no me comen. Mi charla era amena y sincera, ¿Qué tipo de encantamiento era esto?

-William Talley, por cierto….- su mano se dirige hacia la mía para estrecharse y respondo sin titubeos como si de un acto normal se tratase.

-Darcy Lewis…- Él asintió como esperando más de mi, pero mi mente procesa un poco lento, por lo que sus suaves manos me arrebataron mis revistas y libros que amenazaban con caer el suelo.

-Sé quién eres. Sé que es extraño encontrarte con el hombre que te "salvo", pero créeme, no te deseo asaltar o robarte para robar tus órganos. Solo quiero disculparme por llevarte al hotel en vez de esperar a que despertaras, pero era noche y no había nadie que te conociera en ese lugar, por lo que cheque tu bolso, cosa que no debí hacer, mis disculpas, Darcy Lewis.

-No tienes porque disculparte…. Cualquier persona con buen corazón como tú habría hecho lo mismo.

-De buen corazón…..- repitió mientras se daba vuelta. -¿Vas a pagar esto?-

Asiento mientras él sonríe de lado mientras le sigo por detrás hacia el mostrador.

-Yo pago.- me dice y sin pensarlo dos veces acerca la tarjeta de crédito a la empleada.

-No, no es necesario. ¡En serio!- trato de quitarle la tarjeta de la mano, pero él la alza, como si de un juego de niños se tratara, brinco para alcanzara, pero sin éxito.

-No. Me niego a dejarte pagar.-

Con un esfuerzo sin éxito, Talley le entrega la tarjeta y la empleada sonríe bobamente mientras le cobra. Si. No soy la única que niega lo espectacular y de bien ver que es este hombre.

Me quedo a su lado esperando a que el pago termine. Me siento extraña….. Mis mejillas se sienten calientes y sé que una sonrisa boba se asoma por mis labios. Un hombre pagándome la cuenta, yo a su lado, ¿Esto es un sueño?

Talley voltea a mi lado esperando a que diera marcha hacia la salida y salimos juntos hacia la calle donde una vez más el frío me toma por sorpresa. Tapo mi cara con mi bufanda para evitar el frío londinense de la tarde.

-Pronto la noche caerá, ¿Te molesta si te acompaño unas calles hasta que tomes el tren subterráneo? Te ofrecería llevarte, pero mi carro se ha descompuesto, no es que sea tacaño, pero ha sido hace unas horas.

Yo asiento con rapidez y trato de quitarle las bolsas de la mano, pero una negativa me responde.

-Las llevo yo.-

Caminamos hacia abajo, rumbo a la estación de tren, solo el frío londinense nos ataca por la espalda. No hay conversación entre los dos, solo el frío invernal que chifla por las ventanas y resuena por las calles.

No lo niego. Deseo que este hombre pase un brazo por mi cadera y caminemos juntos rumbo a la estación. Mi mente empieza a fabricar escenas locas, pero me detengo. Solo es un buen hombre ayudante, si, solo eso.

Le observo cada dos o tres veces durante nuestro trayecto, lo he observado mirándome y una sonrisa sin borrar de los labios cada vez que lo atrapo. Tampoco puedo quitarme de la mente ese semblante serio al caminar, como si pensara seriamente en lo que hace, pero prefiero no hablar y disfrutar de su compañía.

Al llegar al tren subterráneo bajamos cuesta abajo por las escaleras que llevan a la estación. Compruebo que mi tarjeta sirva y caminamos hacia las orillas de los rieles. Casi no hay multitud, por lo que suavemente pasa las bolsas a mis manos y las tomo.

-Son tuyas.- dice con suavidad mientras se posa frente a mi.

-Muchas gracias…- digo sin sonar nerviosa y que el dolor de dejarle no se note.

-Me preguntaba….Me preguntaba ¿Podría tener algún número con el cual localizarte? Solo si deseas, claro.- Un hilo de nerviosismo aparece en su voz y sé que es la cosa más tierna que un hombre puede hacer. Nervios al hablar.

¡Rápido!

-Claro…- Tomo de mi chequera un papel en blanco mientras busco entre mi maletín una pluma, pero Talley saca de su hermoso saco una pluma azul de punta fina que me ofrece a usar.

Escribo el número con rapidez y se lo doy, esperando a que sus largas manos lo tomen.

-Lo haré. Prometo contactarme contigo en cuanto mis casos acaben. Esta tarde te vi en el café…. Pero sentí que acercarme a ti podría ocasionar que pensases que fuese un acosador, por lo que decidí abstenerme, pero Darcy Lewis, gracias. –Sus labios besaron aquel papel y lo guardo junto a su pluma en su saco.

Suspire con debilidad para controlar mis impulsos, aquel hermoso hombre me había hecho un cumplido. ¡NO ERA SU NOVIA AQUELLA RUBIA! Mis adentros empiezan a brincar de emoción y una sonrisa reluciente se asoma.

-Y yo espero tu llamada…-

El tren se acerca a la parada y las voces anuncian la llegada. Talley se acerca y me da un beso en la mejilla, yo sonrió y él sonríe. Nada de palabras, solo expresiones no separan.

Camino hacia adentro del tren, entre la multitud que me empujaba como si de un demonio los correteara, observo hacia la salida con esperanza de ver a Talley, pero solo tomo unos minutos para que la multitud tapara mi vista y él desapareciera de mi visión.

¿POR QUÉ ME TARDE TANTO EN ESCRIBIR? ¡Disculpen! Es que tenía como un tipo de lapso sin inspiración, pero de nuevo llego. ¡TA DA! ¿Quién ya vio la película? Pues gracias a dios yo si la vi. Gracias por sus reviews! subiré pronto capítulo el próximo sábado.