FELIZ DÍA DEL TRABAJADOR MI GENTE! Ah, tan feliz estaba de ser una esclava del capitalismo que gana un 10% por encima de la minima (?) ahre. No, bueno, Sorry por la tardanza de 86 años por un capitulo que me faltaban 3 parrafos para terminar de traducir.

Nada, aquí estoy. Espero hayan disfrutado su día a quienes agarran la pala. Yo estuve con gastritis :( lloro.

Warning: Se acuerdan del flashback del capitulo 6? Éste es una continuación directa de ese (pasa 3 días despues) y, mientras no tiene nada raro per se, tiene la misma (o peor) vibra que ese.


Después de días de caer en la realidad de la decepción pura, el sentarse a practicar acuarelas fue una buena idea. Una forma de despejar la mente de cosas negativas constantes y concentrarse únicamente en lo que estaba haciendo. En controlar que la cantidad de agua que cargara en el pincel sea la correcta para no hacer desastres en el papel. Le tomó varios intentos, entre ruedas de colores, escalas de tonalidades, y dibujos sencillos que había sacado de tutoriales de Youtube, hasta que al fin Elsa se sintió apta a probar algo más difícil.

Los últimos días se la pasó casi que encerrada en la casa. No tenía ganas de hacer nada después del domingo, la verdad. Volver a salir con amigas, tal como hizo ese día, implicaba pretender que todo estaba perfecto, o inventarse alguna historia, en caso de que se dieran cuenta que no estaba bien. Algo como una pelea ficticia con alguno de sus padres, como que no la quisieran llevar a algún lugar específico de vacaciones, o no la dejaran asistir a algún concierto. Cosas banales. Cosas que en realidad no le importaban a nadie.

Catalina fue la única que se dio cuenta, sólo porque Elsa no respondió sus mensajes hasta un día y medio después. Y suerte que estaba de vacaciones en Punta del Este, o era capaz de venir hasta su casa con la policía. Todo porque Elsa le respondió con un simple "Volví a casa.".

Se supone que debería sentirse con un peso menos de encima, esto de compartir secretos personales. Hasta ahora, Elsa sólo sentía el doble de responsabilidades.

Por eso mismo es que terminó por poner el celular en silencio, y salió a caminar por la mañana con auriculares y una botella de Gatorade. Elsa necesitaba pretender que no había perdido nada, que nada más se trataba de cansancio de vacaciones y paz demasiado largas. Que la siesta larga para recuperar el sueño sólo fue eso, una siesta que duró más tiempo del necesario y no porque le costaba conciliar el sueño.

Por eso mismo estaba con acuarelas, en su novedosa forma de entretenimiento y dispersión mental. Su laptop con pantalla dividida entre la foto que estaba intentando replicar, y el tutorial necesario por si no recordaba algún paso. Y música para crear el ambiente, también. Canciones pop de una playlist de Spotify para tararear inconscientemente. Aún así no muy alta, ni con auriculares.

Olvidarse del mundo no significaba olvidarse de tomar precauciones. No saber era mucho peor que tomar las medidas necesarias. Mejor darse cuenta y no tener sorpresas.

Por lo que no hubo sorpresas, cuando escuchó pasos en el pasillo. Los que hacía ese sonido más profundo y algo acolchado al pisar madera, con más confianza. Los pasos de ambos de sus padres siempre tenían ese aire de confianza. Los de Elsa también serían así, supuso, cuando no estaba en este estado.

Elsa no se sorprendió al escucharlos porque esto era una casa, y sus habitantes, por lógica, se movían de un lado para otro cuando se encontraban presentes. Era común escucharlos ir y venir.

Era común, también, que se detuvieran en su cuarto y abrieran la puerta sin molestarse en golpear primero, porque la privacidad de Elsa era un concepto abstracto, al parecer.

Y también Elsa tendría que haber obviado el hecho de que la segunda bisagra de la puerta se aceitó. Si no estuviera prestando atención, habría pasado por alto el sonido de los engranajes de la cerradura cuando se bajó la manija.

Sin embargo, Elsa estaba prestando atención. Así que sabía. Su cuerpo también sabía, por eso empezó a congelarse, sólo por si las dudas, y la puerta se cerró tal como se abrió.

Ya lo sabía.

Aún así, pretendió que no tenía idea aún, tal como hacía siempre. Siguió haciendo sus cosas, intentando que las nubes en las que estuvo trabajando tan diligentemente el último rato no se arruinaran. Sin importar si las uñas se le tintaban un lilas más urgente de lo usual, o las manos le empezaban a temblar un poco. Concentró todo su esfuerzo en seguir pintando y que el tono saliera de la forma correcta. El frío no la iba a detener, sino que la ayudaría a entumecerse y no sentir.

Elsa rezaba no tener que llegar a tal punto.

¿Ese set de acuarelas es nuevo? —preguntó su papá, curiosidad genuina en su voz. Elsa sintió su presencia justo detrás de ella, por lo que irguió la espalda y le dejó ver lo que estaba haciendo.

Quizás si podía darse la chance de tener esperanza, esta vez.

Ja, ein Weihnachtsgeschenk meinen Aunt und Uncle, mit dem Notizbuch. Te conté la otra vez, ¿recuerdas? —Su hombro derecho comenzó a arder. El aire alrededor de sus manos se sentía cada vez más frío, la mano que estaba sosteniendo el pincel paró el movimiento lento sobre el papel.

Elsa intentó tomar aire por la nariz, despacio, para que no se notara que en realidad necesitaba bocanadas para que realmente le llegue a los pulmones.

Ah, es verdad. Y me mandaste foto y todo. Perdón, perdón, tu viejo está cansado.

El frío se estaba tomando demasiado tiempo en poner la distancia adecuada entre su piel y el resto del mundo, y ese pequeño apretoncito afectivo en el hombro se sintió como si en realidad se estuviera prendiendo fuego.

¿Era necesario, torturarla con la incertidumbre? O esta era una conversación genuina o había un motivo detrás. No existía el punto medio. Lo único que Elsa pedía era por señales claras, a pesar de que no siempre hubiera señales. A veces había que prestar especial atención a cada movimiento para darse cuenta. Estar en los detalles.

¿Tienes mucho trabajo? —Intentó seguir pretendiendo que esta era una conversación casual, volviendo a mojar el pincel en agua, quitando algo del exceso de agua en el borde del vaso, y volviendo a retocar sobre el pigmento para su segunda capa de nubes.

Quizás Elsa tenía que dejar de engañarse a sí misma y admitir de una vez que era estúpida ilusionarse a sí misma. La gente no cambia porque uno se va durante un mes y medio. El domingo pasado era prueba suficiente.

Elsa misma era prueba suficiente.

So etwas. En realidad hay muchas cosas por hacer al mismo tiempo.

Elsa estuvo a punto de preguntarle y pedirle que profundice el tema, de curiosidad pura, pero terminó por morderse la lengua. Desde que llegó que sus padres estaban mucho más distantes que antes, y ya se estaba preguntando si el divorcio de verdad fue un acuerdo mutuo.

Ah, —fue lo que pudo soltar. No era el momento indicado. No iba a salirse de ésta. Además de que sus padres nunca fueron de contar sus problemas personales—. Claro.

Una pincelada más, algo desprolija pero fácil de arreglar y-

¿Por qué no paras un segundo y tomas algo? Son casi las siete, ¿merendaste?

Obvio. Obvio.

Esto le pasaba por estúpida, como siempre. Estúpida Elsa y sus estúpidas esperanzas. ¿De dónde es que las seguía sacando, siquiera, de películas de Disney?

Se obligó a asentir.

Tomé un té. —No era suficiente ni aunque fuera verdad. Nada sería suficiente—. ¿Y mamá?

Esperaba que ese último murmullo no delatara su miedo, su decepción.

Se iba a encontrar con su abogado después del trabajo. —No sientas. No sientas, no sientas, no sientas—. Püppchen…

No sientas.

No.

Sientas.

No sientasnosientasnosientasnosien-

Termino con las nubes y listo.

Era estúpido, ya lo sabía. Sabía, sabía, sabía.

El frío ya le empezaba a pellizcar alrededor de los ojos.

Las puedes terminar después, Elsa, no se van a ir a ningún lado.

Elsa estaba punto de discutir que sí. Quizás sí lo hacían. Al igual que la paz que logró obtener luego de mucho esfuerzo. Pero no tenía sentido alguno el siquiera pensarlo. Esta conversación nunca fue hecha para dos personas, nunca fue hecha para que Elsa saliera ganando.

La bilis le subió desde el esófago hasta la base de la garganta.

Elsa vio su propia mano caer muerta a un costado, después de notar que el pincel arruinó gran parte de las nubes que tanto trabajo costaron.

La nariz le empezó a arder, el frío comenzó a esparcirse por los músculos y sus lágrimas se volvieron escarcha.

Y Elsa. La estúpida, ilusa de Elsa, dejó que el fuego la quemara por completo desde adentro hacia afuera, que transformara sus huesos en cenizas.

Esa noche, las estrellas de su habitación no dejaron de verse borrosas.

Al final, sólo quedaba el odio.


Elsa no se levantaba de una forma tan horrible en meses. Años, hasta se atrevería a decir, pero seguro la memoria le estaba fallando.

Elsa no se levantó así en meses. Años, hasta se atrevería a decir, pero seguro la memoria no les estaba ayudando. Fue de los peores, eso seguro. El peor de los peores, y eso que tuvo algunos horribles. Viscerales. Del tipo que le retorcían el estómago y además de subirle la bilis hasta la base de la garganta, le daban una crisis nerviosa. Esos donde creyó que estaba teniendo una pesadilla y al abrir los ojos se dio cuenta que eran la pura realidad. Como cuando soñó que se ahogaba en humo, o algo le apuñalaba el pecho, y se despertaba en medio del hospital por la neumonía. O esas veces que tenía un peso encima y sentía que no se podía m—

El estómago se le contrajo por si solo de solo pensarlo. Elsa inspiró profundo, se dijo a si misma que debía controlarlo. Ocultarlo. No sentir. Debería haber desaparecido a estas alturas, algo que ya había ocurrido. Pero claro, mientras más intentaba seguir adelante, más su propia cabeza se empeñaba en recordar estas cosas. No debería ser tan difícil, ahora que por fin se había mudado de su casa anterior, y sin embargo seguía dejando que cosas irrelevantes tomar control de su vida y el frío húmedo arruinarle el sueño.

Elsa odiaba ser tan estúpida. Se odiaba más por dejar que su familia más cercana, sus tíos, su hermana, la vieran así.

Tía Gerda tuvo que ayudarla a calmarse lo suficiente para ir al baño y sacarse el olor a vómito del pijama. Incluso, tuvo que dejar que la ayudara a quitárselos, ya que su estabilidad (en todo sentido posible) estaba tan bien como su temblor. Sólo la primer capa de ropa, y no se le pasó por alto el gesto extrañado de Gerda cuando se apresuró a negar ayuda para la segunda. Por lo que Elsa se disculpó como mil veces, por el miedo a que pensara algo. Cosa que probablemente no ayudaba al caso, ahora que lo podía pensar con la mente despejada.

Elsa no quería arriesgarse a que alguien más se enterara de las cicatrices, esas que se hacía cuando sentía un odio especial por su cuerpo. Ya había sido suficiente con que la enferma en el hospital le dijera a sus padres, y su ex enterándose y juntándose con Cati, quien sabía de las viejas pero no de las nuevas, para una supuesta intervención de nada.

Elsa no podía arriesgarse a que pasara una desgracia tras otra, otra vez. Se supone que las cosas iban a ser mejores, ahora que hubo un cierre.

Se supone que había un cierre, de alguna forma u otra.

Sin embargo, su cabeza no podía abandonar la cínica idea de no tener que preocuparse, si hubiera sido su padre el que la encontrara así. Él no la habría juzgado.

Él nunca la juzgó o hizo comentario alguno sobre las cicatrices. Las pocas veces que lo intentó, Elsa encontraba la forma de evitar el tema o de insinuar que era su culpa. Por que eventualmente dejó de insistir, dejándole la ventaja a Elsa. En la única cosa en la que podía tener una ventaja.

La única vez en que Elsa podía decir, le había ganado.

El hecho le generaba un odio tan intenso, que le prendía fuego el pecho. Pero era la pura verdad. ¿Por qué hacer las preguntas, cuando eres quien tiene todas las respuestas? Mejor darle pijamas limpios, hacerle un té de hierbas para calmar los nervios o algo por el estilo. Dejarla tomar baños de inmersión. Malcriarla con alguna atención al día siguiente, o dejarle bajar la temperatura del aire acondicionado tanto como quisiera, para pretender que era invierno y dormir bajo unas cuantas mantas. Darle las disculpas falsas y los abrazos incómodos que ayudaban a Elsa a sustentar sus propias mentiras.

Sin ganas de que su mente siguiera en esa dirección, Elsa se acurrucó más en la cama cuando escuchó sonidos de otras partes de la casa. Al parecer era Anna, a juzgar por el sonido de sus tres llaveros y el hecho de que los pasos vinieron directamente al cuarto.

—Buenos días, Bella durmie—ay, creí que en algún momento ibas a levantar la persiana. —Anna tiró su mochila en la silla del escritorio y fue a hacer eso mismo, Elsa escondiendo la cabeza bajo las sábanas hasta que la vista se le acostumbrara a la luz—. ¿Te levantaste, siquiera? Además de para, ya sabes, robarme la cama.

Elsa negó con la cabeza, bajando la sábana.

—Dormí hasta recién. —Luego de un té de tilo y la seguridad de que estaría sola por un buen rato. No tener que estar alerta ante sonidos repentinos era una de las cosas más relajantes, cuando tenía pesadillas como esta—. Y estaba… disponible.

La cama de Anna era mucho más cómoda, quizás por las sábanas, que eran como las de Elsa en su otra casa. Unas de ciento y tanto de hilos de algodón, porque si iba a tener el sueño interrumpido, por lo menos que fuera compensado con buena calidad.

—Ok, ok. Te lo permito sólo por hoy.

Sin embargo, estas no eran las que tenía en su casa, lo que lo hacía reconfortante de verdad. No quiso traer su cama, a pesar de que fuera un somier, ni su escritorio, ni su silla ni ningún mueble de su cuarto anterior. Además, Kai sugirió un escritorio doble a medida, así ambas tenían su propio espacio sin quitarle espacio a la habitación. A Elsa le gustaba la idea. Los cambios eran buenos, le ayudaban a seguir adelante.

—Oh, hey, mira lo que compré. —Elsa se movió a un costado, contra la pared, dejándole espacio a Anna para que se acueste sobre las sábanas con una bolsa. De la cual sacó dos binchas peluditas, una blanca de orejas de conejo y otra rosa con un moño enorme y lunares. Tal como las que todas usaban—. Quería de estas hace un montón y estaban a dos como por, setecientos. Y es buena excusa para probar las face masks de animalitos.

—Se ven lindas. —Elsa asintió, levantando las comisuras de los labios hacia arriba sólo por el entusiasmo de su hermana—. ¿Fuiste a, eh, el barrio chino?

Anna no estaba ahí cuando Elsa se despertó, pero haciendo otra cosa, ya levantada con una taza de té entre las manos y una mirada preocupada que Elsa reconocía demasiado bien.

—Nah, hay un bazar cerca de donde estoy, eh, tomando clases particulares de matemática.

Mejor evadir el tema de conversación el mayor tiempo posible.

—Espera. ¿ reprobaste una materia? —Anna asintió, con una sonrisa nerviosa mal disimulada—. ¿Anna? ¿Anna Sofía Telani de Arendt?

Anna puso los ojos en blanco al escuchar su nombre entero. Quizás Elsa se estaba esforzando demasiado.

—Sí, Elsa Belén. No es para tanto. La idea era darla en diciembre pero no llegué, así que iba a hacerlo en febrero, pero con eh, ya sabes, me estoy preparando para marzo. —Hubo una pausa, y después—: ¿…A menos que para ti sí lo sea?

—No, no. Nada más me sorprendió porque la única vez que sé que reprobaste, fue un examen en cuarto grado. Y solo porque tenías fiebre. —Elsa recordaba a su hermana llorando a mares porque sabía que había reprobado. Anna no estaba acostumbrada a fallar en exámenes, o materias, o en nada, para el caso. Elsa tampoco estaba acostumbrada a eso, siento el tipo de persona que naturalmente le iba perfecto en la escuela—. ¿Lo es para Kai y Gerda, igual?

¿Serían sus tíos como sus padres, siempre exigiendo una nota de ocho como mínimo? Porque era su única responsabilidad, habiendo tenido todo servido en bandeja de plata. Ninguna de las dos tenía que trabajar, ni probar nada, y tenían la mejor educación que sus padres pudieran pagar. Lo cual era una mentira, porque Elsa nunca pidió algunas de las cosas materiales que tenía, e igual tenía que pagar por ellas. Nada era gratis, así funcionaba.

—Nah, no van a, ya sabes, sentarte y darte un sermón porque apenas y pasaste con siete. —Bueno, eso al menos sacaba algo de presión—. Tenía pánico de que si, pero el año pasado fue todo medio un lío y la profesora me tenía de punto. Así que lo dejaron pasar. No es como si este año hubiera empezado súper bien, pero… ya sabes.

Elsa asintió. Ella también creyó que este año iba a ser distinto. En el sentido de menos complicado, con el divorcio de sus padres y cursando su último año en escuela pública, incluso si tenía que dar cientos de exámenes como los del B.I. y el de alemán. Sin embargo, hasta ahora todo era pura incertidumbre por donde se lo mire.

Un paso a la vez, ¿no?

—Bueno, basta de dar vueltas. ¿Cómo te sientes?

Bueno, al carajo.

—Eh, mejor, ahora que dormí y se me fueron las nauseas. —Mejor hacerse la tonta, pretender casualidad. Pero la expresión que puso su hermana le fue difícil de interpretar, y la puso algo nerviosa—. ¿…Qué?

Se atrevió a preguntar.

—No me tienes que tratar como niña, Elsa. Ya sé.

¿Qué podía saber? Comentarios hacían que Elsa se pusiera a rezar a todo santo que conocía que Anna en realidad no tuviera idea de lo que estaba hablando. Su hermana últimamente decía algunas cosas de forma extraña, una que le revolvía el estómago de la peor de las formas.

—¿Qué cosa? —Elsa se tapó de vuelta con las sábanas hasta la nariz, aún pretendiendo. Anna rodó los ojos, pero no se veía fastidiada de verdad.

—Digo, sé que tuviste una pesadilla de mierda y… reaccionaste así. —Podía notar por el tono de que no la estaba juzgando, sino intentando ser empática y entendiendo la situación. Lo que le hacía querer cavar un agujero y quedarse ahí el resto de su vida.

Lamentablemente tuvo que conformarse con sofocar la cara en la almohada.

—Mentira. —Tanto por actuar normal.

Verdad, Els. —Incluso con su insistencia, Anna sabía cuando bajar la voz y ser más atenta, acariciándole el pelo y dándole a Elsa ese cosquilleo agradable que no quería admitir, en verdad necesitaba—. ¿…La quieres contar?

Elsa negó con la cabeza.

—¿Segura?

Un asentimiento.

—Prefiero olvidarlo. —Fue su respuesta, aún ahogándose entre fibras de algodón. Hablarlo sólo lo haría peor. Además de que la última persona con la que querría hacerlo era su hermana. Sus pesares eran solo suyos y de nadie más.

—Okay. Sin presiones. —Fue un murmullo suave, quizás hasta con decepción. O quizás Elsa estaba pensando demasiado otra vez, y su hermana realmente quería darle su espacio para co-

—¿…Y si las piedras en realidad son suaves y se ponen tensas cuando las tocamos?

Elsa tuvo que frenar un segundo para procesar lo que acababa de escuchar.

Su pecho empezó a contraerse y expandirse mientras le llegaba la risa, cara aún enterrada en la almohada.

—¿Qué carajos? —Logró decir, una vez que levantó la cabeza de la almohada e inspiró aire de verdad.

—¡No sé! Lo leí el otro día en internet y como que tiene algo de sentido pero- —Anna bufó—. Juro que sonaba más serio en mi cabeza.

—Es lo más ridículo que escuché.

—¡Ey! Por lo menos sirvió.

—¿Para qué?

—Hacerte reír.

Elsa sonrió.

Quizás Anna tenía razón.


No se ustedes pero yo me sigo tentando con eso de lo pavo que es, JAJA. Bueno nada, o me dejan un comment o me desaparezco para siempre aunque tenga ya listo todo we.

Buena semana!