¡Cuánto me retrasé! Siento no actualizar con prontitud, pero entre que no estoy en mi casa e internet es una patata en donde me hallo, se me hace tedioso subir un solo capítulo.

Disculpadme de veras, no es adrede. De hecho tengo varios capítulos redactados, pero la imposibilidad de subirlos adecuadamente retrasan la historia.
¡Un abrazo y muchas gracias por todos los comentarios! (tardaré en responder a ellos)


Adagio for strings

Personaje: Mü, en la torre de Jamir.
Canción: "Adagio for strings", Samuel Barber.

Abrupta fue la despedida. Ni una sola palabra que la llevara el viento en sus corrientes. No hubo consuelo alguno para la pérdida que había sentido el lemuriano en su, hasta la fecha, exilio voluntario de aquel lugar que consideraba su hogar. Y el de su maestro.

Sospechas que compartía con el Viejo Maestro, perdido en las montañas de China, pero con la diferencia de que al menos él tenía una excusa para permanecer lejos del Santuario.

Él no. Al menos, no una excusa que pudiera esgrimir frente al resto de compañeros y que le ayudaran en aquel trance.

Mü permaneció con el alma enlutada desde que aquel quien suplantaba a su maestro tomara el control de su hogar y la voluntad de sus amigos.

Quizás era mejor permanecer en el destierro y mantenerse al margen de todo aquello, hasta que algún rayo de esperanza se atreviera a colarse y arroje luz sobre tan oscuros temas.

¿Qué podría hacer? Nada. Nadie le creería. Y presentarse allí sería su condena a muerte, igual que lo que le ocurrió a su maestro.

Desamparado en aquellas montañas que lo acogieron para no permitirle volver. Parapetos que escondían la mortaja con la que cubría su alma; testigos pétreos de las noches de soledad y lágrimas.

Sollozó en silencio, ahogando la angustia que seguía latente en su interior, incapaz de encontrar una solución a esa sensación.

La llama trémula de la candela parpadeó al sentir la ráfaga del movimiento del joven lemuriano al incorporarse del colchón de aquel catre raído y ajado por el tiempo.

Y al mismo tiempo el quejido de un niño, en la habitación contigua, rompiendo el silencio de la pesada noche.