Mars
Personaje: Shura de Capricornio.
Cancion: "Mars", parte de "The planets", por Gustav Holst.
—¡Id tras él! ¿A qué esperáis! ¡Atrapad al traidor!
El Patriarca se hallaba erguido frente a su trono, apuntando a la salida de su templo la dirección que debían tomar los soldados.
Por allí había huido Aioros, con la pequeña Atenea en brazos, sin mirar atrás. Huyendo de aquel Santuario, que se había corrompido al descubrir la identidad del Patriarca impostor.
Por ese mismo lugar entró aquel muchacho, de cabellos negros y mirada acerada. La capa albar, símbolo de pureza, se movía pesadamente a cada paso que daba su portador.
Rodilla en tierra, frente a su líder con la cabeza gacha. Esperando con templanza las órdenes que le iban a comandar.
Caballero de honor y lealtad. La Justicia final reverberaba en sus brazos. Una espada sagrada en aras de la verdad, dispuesta a deslizar su filo sobre aquellos que osaban traicionar los valores del Santuario. Nobleza española al servicio de la diosa griega de la sabiduría y las guerras justas.
El Patriarca fue breve y conciso. Una frase que se mantendría en su memoria para el resto de su vida, aunque en esos momentos cruciales no fuera consciente de lo que sus acciones implicarían más adelante.
Con rapidez, dio media vuelta y caminó rápido hacia la salida, siguiendo el rastro de la luz de las antorchas que portaban los soldados enviados segundos antes.
Corrió con agilidad, saltando entre las columnas derruidas por el paso del tiempo y testigos de batallas acontecidas en tiempos remotos.
Podía sentirle.
Podía escucharle.
Estaba cerca, escondiéndose, como la vulgar rata que aquel traidor era.
Y al fin le halló, entre las sombras de la noche, susurrando algo al bulto que acarreaba entre los brazos. Mirando a todos lados, con nerviosismo. Alrededor, los cuerpos de cuatro soldados abatidos.
Como un gato acechando a un ratón, Shura hizo acto de presencia. Imponente sobre aquella roca. El ángel exterminador enviado por un dios de la muerte.
Ni los intentos de razonar de Aioros hicieron mella en aquel caballero, quien guiado por el sentido de la justicia, no dudó en atacarlo.
Un combate desequilibrado, donde la misericordia del caballero de Sagitario supuso su condena final, cuando sintió el filo de Excalibur abrir su carne y terminar con su vida.
Dándole por muerto, el caballero de Capricornio dio por concluida su misión, dándose media vuelta para informar al Patriarca de su honrosa hazaña.
Porque Shura no conocía la piedad.
La capa blanca mancillada de sangre inocente.
