Nocturne
Personaje: Camus de Acuario.
Canción: "Nocturne Op. 9 No.2", Frédéric Chopin.
Suave brisa que mecía sus largos cabellos turquesas, arrastrando consigo aquellos sentimientos que una vez creía haber encerrado en un ataúd de hielo.
Tal y como hiciera unos instantes antes con su alumno, alegoría de todo aquello que él había sido de niño.
Esculpir una figura de hielo no fue una tarea fácil. Cuando creía haberlo logrado, la figura cobró vida y derritió el hielo escarchado en su corazón flamígero.
Sus recuerdos permanecieron latentes durante su entrenamiento y nada pudo hacer el Maestro para que aquel muchacho renunciara a ellos.
Tanto tiempo malgastado en palabras afiladas y cortantes como aquellas estalactitas que colgaban de los tejados de las casas en invierno.
Y ahora, sin embargo, todo alrededor se desmoronaba. Se derretía sin que pudiera frenar el avance de ese cambio climático dentro de su ser.
Cuánto dolor en aquella decisión. Cuánto sufrimiento al dejar fluir su poderoso ataque contra su alumno. Cuántos perdones fue suplicando mientras el hielo rodeaba aquella figura juvenil, quien lentamente se quedó encerrado en aquella prisión helada.
Cuántas lágrimas derramaba ahora por haber tenido que matarle.
Si no era él, sería otro.
Y quizás otros no tendrían compasión por aquel adolescente y caería en manos de sus compañeros.
Alguien le informó de la presencia de Hyoga en el templo de Libra, deshabitado.
Enviado, con o sin intención, hacia ese lugar. No podría saberlo. Y tampoco sabía muy bien cómo hizo para pasar del templo de Géminis al de Libra sin atravesar los demás.
Al menos no había caído en manos del sádico caballero de Cáncer.
Dejando escapar un profundo suspiro, decidió darse la vuelta.
Cabizbajo, sus pasos resonaron sobre la piedra. La capa meciéndose, acariciando y procurando una caricia de consuelo.
Diminutos diamantes de cristal iban resbalando por sus mejillas, a medida que iba liberando su corazón de aquella prisión de hielo.
Esos diminutos diamantes que ardían como el fuego.
Esos diminutos diamantes que se fundían rápidamente.
Esos diminutos diamantes que eran lágrimas de dolor.
