Air on G string

Personaje: Shaka de Virgo.
Canción: "Air on G string" de Johan Sebastian Bach

En su perpetua posición de loto, sentado entre los dos ficus sagrados, Shaka rememoraba las palabras que había pensado antes de combatir contra los dos hermanos.

Los cosmos de los caballeros de bronce que había sentido refulgían con intensidad, pero sin lograr alcanzar el séptimo sentido.

El caballero de Virgo sonrió para sí mismo.

"Es un acto suicida, no van a lograr traspasar este templo. Mi poder se extiende más allá del Séptimo Sentido. Pobres criaturas indefensas. Pero tendré compasión con ellos…si se doblegan ante mí, perdonaré sus vidas. En caso contrario, desearán no haberme retado.

Ese debe ser el caballero de Andrómeda, el hermano pequeño de aquel niño que vi en la isla de la Reina de la Muerte…sí, sin duda es él…me pregunto dónde estará Ikki…

Así que eres Virgo…serás un digno contrincante, pero no te emociones demasiado. Soy superior a ti y lo sabes. Caerás rápidamente, no te deseo una lenta agonía"

Abriendo los ojos lentamente, las pupilas se expandieron, recorriendo todo el jardín. Escuchando el rumor de las hojas de los ficus agitándose gracias al suave viento nocturno.

Podía contemplar la Vía Láctea y las numerosas constelaciones que brillaban en el firmamento, refulgiendo para los portadores de las constelaciones. Para que en ese último momento, pudieran entregar su energía estelar a aquellos a quienes protegían.

"Ellos tenían razón: esa muchacha es la reencarnación de nuestra diosa Atenea"

Shaka volvió a cerrar los ojos y a concentrarse pasando las cuentas doradas de su mala.
Hacía apenas unos minutos que había regresado con Ikki de aquella dimensión perdida, permitiéndole reunirse con su hermano y hermanastros. No tardaría en llegar al Templo del falso Patriarca.

Lentamente se incorporó de su posición, al percibir los cosmos de otros compañeros que bajaban las escaleras a toda prisa en dirección a su templo. Mü, Aldebarán, Aioria y Milo.

Los suaves cabellos dorados flotaban alrededor, como si de una aureola se tratara. Al fin se sentía en paz consigo mismo, al aceptar su error de juicio. No sabía cuánto tiempo le llevaría perdonarse a sí mismo, pero cuando vio a sus compañeros de oro, supo que el peso de la culpa se haría más llevadero junto a ellos.