Separé mis manos de su cuerpo sin alejarme un centímetro viéndole sonrojada, no sabía mucho de maquillaje pero sus mejillas rosadas, su labial rojo, sus largas pestañas junto a sus grandes ojos verdes le hacían querer admirarla por siempre.

Valió la pena haber conducido media hora hasta el centro de Osaka para tenerla de nuevo en sus brazos porque no le podía quitar la vista de encima aunque quisiera

Kanae golpeó levemente mi pecho mostrándose apenada —por más que me guste la idea, Karasu-kun, necesito ese trabajo. —me dijo, con aquel tono melódico.

Asentí calladamente, sopesando la idea. Nunca pensé encontrar una desventaja al acostarse con una modelo pero la vida le sorprendía. —bueno, no haré nada que no quieras, de eso se trata el sexo —dije, sonriendo de lado para tranquilizarla. Aprovecharía a tocar aquellos mechones negros de cabello que el viento le movía sin alejarme de ella.

No podía decir que le encantaba el lugar, pero resistía estar ahí tan solo porque ella se veía tan hermosa, como si fuera una postal. No podía negarle que parecía modelar incluso en gestos cotidianos cómo mirar el mar en el barandal del fluvial.

—bien, tarjeta amarilla y, en compensación te invitaré los tragos de la noche—

Le miré con diversión —es viernes, de seguro hay una buena fiesta por estos lados —comenté, mirando a la calle de manera rápida.

—suena bien, tengo que tomar el tren a Tokyo a las 11:00 am —

—ja ¿ahora estamos al revés? —le pregunté con jocosidad.

—todo es tu culpa —dijo, señalándome acusadora mente con su dedo índice en el pecho.

—ajaj ¿mía? ¿no será que querías tener una excusa para verme? —

—¿eso crees, Karasu-kun? —cuestionó adelantándose hacia mi con esa sonrisa que ya le conocía que desencajaría mi libido.

Ladee una sonrisa por igual sin moverme de mi lugar pero expectante en sus gestos coquetos, no caería —¿y que? ¿Fue el destino? —

—eso sería muy cursi, pero es la realidad, le dije al pervertido de mi jefe que no quería modelar bikinis y terminó cambiándome de proyecto.—explicó, girando su cuerpo hacia el mar. —aparte, no necesito andar con rodeos contigo, chico futbolista, si quisiera verte y decirte que me cojas tan condenadamente bien como la última vez te lo diría de frente —

Trague en seco, sorprendido de sus palabras. Ella lo notó y rio en alto.

—tu cara ahora mismo fue graciosa —

Bufé en alto llevando mi mano zurda hacia mi pelo, ella era tan liberal y directa que le sorprendía que congeniaran en algo.

Extendió sus brazos a mi cuello, rodeándome por él mismo y haciéndome bajar hasta su altura para escucharle susurrar en mi oído —tengo un conjunto de lencería nuevo que me apetecía modelarte en privado~ —y luego de exhalar aire caliente, mordió mi lóbulo levemente.

Fruncí el ceño sintiendo un escalofrío en mi espina dorsal y dirigirse hacia mi parte baja, la atraje por la cintura queriendo que sintiera lo que había provocado, luego, busque su mirada encontrándome con su rostro de niña buena sonriente.

—¿de que color es? —le susurré, llevando mi mirada a sus labios de vez en cuando.

—¿por qué no lo averiguas tú? —respondió, pasando las manos por mi camiseta blanca.

Tragué en seco volviendo a sentir ese escalofrió de placer, porque normalmente odiaba las supresas pero esta no le disgustaba en lo más mínimo.

—...te encargarás luego de lo que estás causando —le advertí bajando mi mirada para verle.

—¿acaso escucho otra amenaza, Karasu-kun? —me preguntó con su coquetería habitual acercándose a mi rostro.

Terminé de bajar a su rostro y unir mis labios con los suyos, básicamente porque había aguantado mucho estando cerca suyo y no reclamarlos.

Mordisquee su labio inferior logrando incentivar un levé gemido, la batalla por ver quien dominaba el beso se desató mientras, sobre nosotros, el cielo se oscurecía totalmente.

A cómo iba todo iríamos con el plato principal de primeras saltándonos lo demás.

—¿Dónde está tu hotel? —

—es un hostal y es una mierda, mi jefe es un tacaño —

Hice una mueca disconforme, escuchaba mucho la palabra "jefe" de ella —hay un hotel en esta dirección —señalé a mi derecha estirando la otra mano hacia ella.

—servirá —secundo, tomándome de la mano.

¿Para qué hacernos de rodeos? A esto habíamos venido... ¿no?

Esto era lo único que nos importaba.

Lo único que nos unía.

Sin tanta charla, sin tanto preámbulo.

Ambos nos deseábamos y estaba bien.

No recordaba estar en la recepción, lo único que llegaba a su mente era estar en el ascensor junto a ella.

Tal vez fue en ese estrecho lugar o justo al entrar a la habitación cuando nos besamos largo y tendido, explorando sin vacilación la boca del otro. Trastabillamos, tiramos los abrigos y los zapatos, quedando esparcidos en el suelo pulcro de la habitación.

Mi camiseta voló al otro extremo de la habitación quedando desnudo del torso, y gustoso le sentí recorrer mi abdomen con sus cálidos dedos finos y sus uñas mientras le seguía besando.

—fuera pantalón, fuera pantalón —pidió con apuro.

Carajo, si lo iba a hacer lo haría bien. Llevé mis manos hasta su espalda, concentrándome en besarla, bajando las manos hasta su trasero pues afortunadamente aquel vaquero que llevaba le acentuaba la figura.

Un gemido salió de sus labios a causa del toque.

Volví a estrujar sus nalgas, esta vez apegándola a mí, porque quería que sintiera que yo por igual estaba excitado.

Otro gemido le escuché, pero esta vez acompañado de mi nombre.

Sus dedos enredados en las hebras de mi cabello me incitaban a no parar el salvaje beso por nada del mundo.

Y maldije de nuevo en silencio, porque la poca cordura que estaba teniendo se estaba perdiendo.

Busqué quitarle con éxito el suéter de lana comprobando que, en efecto, traía puesto un encaje negro de dos piezas.

De nuevo tragué en seco viéndola con aquella provocadora lencería que combinaba tanto con ella, sus ojos verdes realzaban entre la oscuridad la vibrante excitación que emanaba su ser.

—es precioso —

—¿el qué? —me preguntó, volviendo a envolver sus brazos en mi cuello.

—todo tú —le dije, admirando sus ojos.

—¿eso le dices a todas? —

—depende —tenía más para decir, pero no quería arruinar la ocasión con mi análisis de la situación, por ello fue el momento para separarme de ella y quitarme el pantalón caminando hasta la cama —ahora que recuerdo, alguien dijo algo sobre modelar —

Le vi sonreír y llevar las manos a su cintura, se mordió los labios, riendo en voz alta , arregló su cabello rápidamente y de rrepente adoptó la seriedad de una modelo sin quitarme la mirada, contoneando las caderas a cada paso, giró 180 grados para detenerse frente a mi dándome la espalda y en un rápido movimiento bajó su pantalón por sí mismo mostrándome una espectacular vista de su trasero y el encaje negro que le adornaba

Era una belleza, de pies a cabeza, definitivamente modelar era su trabajo. lo hacia con la maestria envidiable, hipnotizando a quien le viera, llevé mi manos al bulto de mi boxer pues ya comenzaba a dolerme la erección.

Y ella lo comprendió.

Se sentó en mi regazo a ahorcadas, frotándose contra mi de manera tortuosa en un vaivén que nos hizo gemir a la par sin evitarnos la mirada, segunos despues un beso salvaje comenzó entre ambos.

Gruñí de inmediato sintiendo su cuerpo arder contra el mío, llevé mis manos a su espalda mientras, gracias a la cercanía, besaba y lamía su cuello a expensas de no poder marcarla.

Agarré su cintura tan solo para alzarla y dejarla postrada en la cama boca arriba.

Con sus mejillas rojas, y respirando grandes bocanadas de aire.

—Karasu-kun... hazlo —

—aún no, princesa, te dije que te ibas a encargar de lo que estás provocando —comenté, sonriendo altaneramente. Esa era la ocasión que necesitaba.

Me acerqué a su vientre contorneando con mi lengua sus finas líneas. Le sentí temblar comprobando de buena manera que ese era su punto débil.

—Karasu-kun... Haa~ —

Sin detenerme en las caricias bajé su prenda inferior desasiéndome del pequeño trozo de tela.

—¿sabes lo que me gusta, verdad? —dijo, abriendo las piernas mientras se tocaba lascivamente

¿Cómo no iba a saberlo? Si había dedicado la primera vez en adorar su cuerpo, analizando cada reacción, el cuerpo humano era sorprendente pero el de ella, apagaba su cerebro, le hacía reaccionar por instinto olvidándose por completo de quien era y que hacía ahí.

Agarré sus manos con mi mano zurda llevándolas por encima de su cabeza, inmovilizándola y aprovechando para acercarme a su rostro.

—lo sé bien, pero no tienes permitido usar las manos —declaré

—¿... vas a jugar así? —

—ni gemir —advertí de nuevo de manera seria. Acaricié sus muslos interno lentamente, separando los labios superiores, estaba mojada, preparada para mi, pero debía de hacerle pagar, porque le estaba provocando y no se lo perdonaría.

Con el pulgar acaricie su clitoris lentamente, mientras que con el dedo anular y medio separaba sus labios superiores, introduciendo tortuosamente los mismo.

Le vi morderse los labios acallando sus gemido mientras fruncía el ceño ante las caricias repetitivas y demonios, estaba cumpliendo con sus mandatos de momento, por ello moví ambos dedos hacia arriba tocando ese exacto lugar que conocía era su zona g.

—¡haaa~ Karasu!.. por favor —

—¿donde quedó el "kun"? —

—te lo voy a... ¡haaa~! haa, Karasu~—

Sonreí al ver su cambio de actitud, deleitándome con la vista, bajé la mano zurda para dejar de aprisionar sus manos para contornear su cuerpo comenzando por su cuello sus pechos, su cintura, su cadera, sus muslos.

La tentación hecha mujer, Kanae disparaba su cordura al fondo del mar ahogándole como un hechizo, escuchándole gemir su nombre a viva voz.

Saqué mis dedos de su interior cuando noté lo bien que estaba portándose. Supongo que ya había sido demasiado juego, me levanté levemente para quitarme el bóxer no sin antes lamer mis dedos sin dejar de mirarle a los ojos. —no cumpliste, Kanae —

—ains... me las vas a pagar ahora, ya me debes dos —

Se refería a lo del baño la vez pasada, creo. De mientras busque en el bolsillo del pantalón en el suelo el preservativo que había traído, solo 3 porque era lo que tenía en casa y se me olvidó comprar en el camino.

Me senté en la cama colocándomelo o eso iba a hacer cuando ella se interpuso.

—¿no me escuchaste, chico futbolista? Vas a pagármela —

Sentí que me faltó el aire cuando le vi relamerse los labios y arrodillarse entre mis piernas.

—quiero que gimas, eso me enciende —me pidió, agazapándose y tocando con sus manos mi miembro erecto.

Quería negarme pero, al instante comenzó a frotar el falo de arriba hacia abajo y tocando con su pulgar la punta haciendo círculos que me hicieron mirar hacia arriba.

—no te escucho~ —

Lo siguiente que sentí fue su pequeña boca y su traviesa lengua lamiendo mi pene. Tuve que apretar la mandíbula, disfrutando de los espasmos y escalofríos que solo una sensación como esa podría crearme. Su boca, caliente y húmeda enloquecerían a cualquiera, pero no podía perder ante sus demandas.

Viendo que aún me contenía, ella aumentó sus movimientos en el glande combinando a la par sus mano y su boca haciendo, en un momento determinado, circulos con su lengua en la punta de mi pene.

Jadee levemente sin poder contenerlo, y es que la vista junto a la sensación me podían demasiado.

—Kanae, ¡espera!... haa... —

Claramente no se detuvo, porque ella era así de salvaje, 50% un ángel, 50% un demonio con sonrisa linda.

Gemí más al sentir una electricidad recorrer mi espalda, agarré su cabeza con mis manos queriendo expresarle que ya no podía más, que había logrado lo que quería, que no importaba cuanto hacía siempre le terminaba ganando y que, esa había sido la mejor mamada que le habían hecho.

Abruptamente todo se detuvo, mi respiración agitada y el cansancio no fueron latentes del orgasmo que recorrió mi cuerpo entero. Pero ella, tan coqueta como siempre se sentó sobre mi, relamiéndose los labios sin vergüenza alguna de su acto libidinoso.

—gracias por la comida~ —

Me iba a matar, y era absurdo porque al contrario, no le disgustaba.

¿Como vivir más sin escuchar su voz?

En mis planes no estaba enamorarme, pero viéndole sonreirle supe que no tenía que perderla ¿para qué? Si en ella estaba todo lo que buscaba en una chica.

Me acosté de espaldas en la cama con ella sobre mi, tratando aún de recuperar el control de mi respiración.

La pelinegra sonrió, divertida, acercándose para besarme en los labios de manera casta.

—dulce venganza —seguía diciendo, feliz por lo hecho, recorriendo mi abdomen con sus dedos de manera distraída.

—...eres buena —alcancé a decir, regulando mi respiración.

—gracias —dijo, sentándose sobre mi. Volviendo a tocar mi cuerpo con sus manos —me gusta tu cuerpo ¿haces mucho ejercicio? —

—algo así, mi estilo de juego es muy físico —expliqué, viéndole cómo se quitaba sola la parte superior de la lencería, dejando a la vista sus pechos. Las fuerzas comenzaban a regresar a mi cuerpo paulatinamente.

—¿como? ¿Hay otros tipos de estilo de juegos? —

—si, es decir, solo imagínate a alguien que es bueno corriendo, esa persona trabajará más la fuerza de sus pies y no tanto la de sus brazos. —

—¡ya comprendo! —comentó, feliz de entender. —yo pensé que todos solo corrían y ya—

Sonreí de lado viendo cómo, definitivamente, ella tenía genuino interés, en mi o en el fútbol, habría que averiguarlo aún, pero de qué era genuino era genuino.

—bien, Karasu-kun ¿listo para un segundo round? —me preguntó, mordiéndose el labio inferior.

Elevé mis manos a sus pechos, no eran grandes pero cabían en sus manos y eso me encantaba —cuando quieras —

Me senté en la cama buscando besar y lamer su clavícula y hombro bajando en un camino erotico hasta su seno derecho, lamí el mismo jugando con su botón rosado haciéndole temblar en mis brazos. —eres deliciosa, Kanae —le dije, entre el calor.

—¿lo soy? —cuestionó con una sonrisa, llevando sus manos a mi cabello, se apegaría a mí buscando besarme.

Introduje mi lengua en su boca, explorando la suya, ella hizo lo mismo dejando un hilillo de saliva entre nosotros cuando nos separamos por unos segundos. Con tan solo unos besos ya le tenía duro nuevamente.

—hazme tuya —me susurró, con sus manos en mis mejillas

Sus ojos llenos de lujuria lo pedían a gritos.

Un placer salvaje, un calor íntimo, esencia única que no recordaba haber sentido antes con nadie.

Perder la cordura con ella era adictivo, escucharle gemir entre oleadas de deseo la hacían lo más hermoso que había presenciado.

¿Como era posible tener tan buena química con alguien que apenas conocía? ¿Por que no sentía cansancio, porque cada vez que bebía de ella lo sentía insuficiente?

¿Por qué cuando entraba en ella tan lentamente buscaba satisfacerla primero y no pensaba en mi propio placer? Carajo... estaba tan estrecha y caliente.

—Karasu-kun ahí, justo ahi —

—¿es aquí? —le pregunté, atento a su reacción luego de cambiar el vaivén de mi pelvis y elevar su cintura con mis manos.

—¡¡si si!! —

Necesitaba aún más, todo de ella.

No quería creer en una estupidez de "Click mágico" o "media naranja"

Lo dudaría, porque era ante todo un hombre de ciencia, esos pensamientos fantasiosos no entraban en su cerebro.

¿Clic mágico? Hormonas.

¿Amor? Reacción química.

¿Placer? Oxitocina

Y aún así, sentía que con nadie más podría obtener aquel placer. Era extraño. Se sentía vencido, abrumado en tantos sentidos por ella.

Sentí sus uñas clavarse en mi espalda y luego un último gemido inundar la habitación. Verle rendida, sudada, despeinada, temblando de placer bajo mio... era la mejor obra de arte que había presenciado.

—————

Notas fínales: Gracias por leer, votar y comentar

El siguiente cap saldrá el fin de semana, ahora tengo otra pregunta ¿les gustaría ya ver a los chicos de Bllk? ¿O damos más tiempo a solas a la parejita? Leerlos me motiva