DISCLAIMER: Los Juegos del Hambre le pertenecen a la maravillosa SUZANNE COLLINS y los respectivos tributos a cada autor que lo haya creado. Esta historia es solo por pura diversión.

ATENCIÓN: Quiero hacer un pequeño cambio. En el primer capítulo puse que sería los CUADRAGÉSIMO OCTAVOS JUEGOS DEL HAMBRE, bien, pues lo voy a cambiar y van a ser los OCTOGÉSIMO OCTAVOS ya que creo que encajará mejor con la arena que quiero crear, es decir, algo más avanzado tecnológicamente.

Bien, una vez hecha la aclaración os dejo con el primer capitulo de la COSECHA. Espero que os guste :)


HIDE AND SEEK

CAPITULO 2

"COMIENZA EL JUEGO"


MILENN STRAVOROS (18 años) – DISTRITO SIETE

-Mile, es hora de levantarse. –la voz suave de mi hermana se cuela por mis oídos mientras me acaricia el brazo. –El desayuno está listo.

Me froto los ojos antes de intentar abrirlos pero los rayos del sol que inunda mí habitación me obliga a cerrarlos de nuevo. Lo primero que me encuentro es el marco de foto de mi madre en mi cama, Connie me mira con una sonrisa triste y me acaricia la mejilla antes de salir de mi habitación. Asimilo mi día de hoy… hoy no iré a la cortadora de leña, hoy no tendré entrenamiento con padre… hoy es el día más temido por todos los niños y familias de todos los distrito. Es el día de la Cosecha.

Decido no comerme la cabeza con estupideces y me doy una ducha bien fría para despertarme completamente. Cuando salgo del baño encuentro a mi hermana dejando dos vestidos en mi cama, ella se voltea al notar mi presencia.

-Te he traído algunos de mis vestidos. –me dice señalando los dos trozos de tela. –Escoge el que te apetezca.

-¿No te tenías que ir pronto? –la pregunto ojeando ambos vestidos. Me gusta el de verde pálido. –Me pondré este. –la cojo.

-Sí, pero ya he hablado con Jase y me dijo que no había ningún problema si llegaba un poco más tarde. –intenta sonreírme. –Quería quedarme a desayunar con vosotros por Peria, está un poco asustada por su primera Cosecha.

No puedo evitar bufar y me gano una mirada de reprenda por parte de mi hermana mayor.

-No es como tú, Milenna. –sigue mientras me cierra la cremallera del vestido en un lado. –Es pequeña y no está tan bien entrenada como tú.

-Pues debería empezar a entrenar, yo a su edad ya agarraba con fuerza un hacha. –respondo a mi hermana. –Debe saber que es una Stravoros, nuestro padre es un Vencedor… tú eres una Vencedora… tiene que tener en cuenta el peso de nuestro apellido en este distrito…

-Es tu último año de Cosecha, Mile. –me interrumpe y me agarra de los hombros para mirarme fijamente. –Padre y yo tuvimos la suerte de sobrevivir…

-No, fuisteis los mejores… por eso sois vencedores. –replico.

-Nosotros no queremos que ni tú, ni Mikel, ni Peria vayan a los Juegos. ¿Me has entendido? –me mira con los ojos muy fijos en los míos. –Tú no sabes lo que es eso… aunque no seáis vencedores, seguiréis siendo Stravoros. Padre y yo solo quisimos entrenaros para que estéis preparados… no para mandarlos al matadero.

Me quedo callada. Constancia nunca había hablado de esa manera… por un momento me recuerda a mamá. Trago en seco e intento desechar la idea de mi mente… ahora no me puedo permitir pensar en eso.

Bajamos a desayunar en silencio. Constancia tenía razón al querer quedarse, Peria no para de temblar en su sitio y ni siquiera puede comer tranquila. Por primera vez tengo la imagen en directo de lo que debe de estar pasando en el resto de las casas de la gente. Padre me pilla mirando a mi hermana pequeña y me dedica una pequeña sonrisa, Peria alza su mirada en mí y veo reflejada su miedo en sus ojos verdes profundos.

-No te preocupes, Perrie. –intento sonreírla y la llamo por su apodo cariñoso. –Yo te acompañaré hasta tu sitio.

Constancia se despide de nosotros tres antes de dirigirse en el Edificio de la Justicia. Este año le toca de mentora como segundo año consecutivo junto al que fue su mentor Jase Vesper.

Entonces a mi lado y tomándome por sorpresa se cuela Liam. No puedo evitar esbozar una sonrisa al verle, saluda a mis hermanos y disimuladamente me da un beso cerca de la comisura de mis labios.

-Última cosecha. –murmura en bajo y con una respiración aliviada. –No puedo decir lo mismo para mí.

-No saldrás. –le susurro pero él no sonríe.

-Ojalá. –suspira. –Sólo quiero cumplir dieciocho y que ambos nos libremos de esto.

-¿Quién dice que no saldré elegida hoy? –pregunto.

-No juegues con eso. No me gusta. –me dice justo antes de situarnos delante de los agentes.

Liam se despide de mí con un apretón de manos antes de irse y nosotros tres nos mantenemos juntos hasta que nos inscriben. Mi hermano se va después de darme un abrazo y yo llevo a Peria más adelante junto a las demás niñas de su edad, menos mal que no se ha resistido y ha soltado mi mano enseguida, me voy a mi sitio.

No le presto mucha atención a la escolta y a todos sus embrollos. Miro fijamente a mi hermana en el escenario junto a Jase. Noto la presión de la mirada de Liam sobre mí y le dedico una sonrisa.

La escolta saca el papel de la urna. Llegó la hora.

-¡PERIA STRAVOROS! –exclama la escolta.

Espera…Stravoros… soy yo… yo… pero… no… espera.

Peria Stravoros. Mi hermanita. Ha salido mi hermana.

Levanto la mirada confusa y me encuentro a mi hermana en estado de shock. Jase la tiene agarrada de un brazo con fuerza. Distingo como las niñas dejan un espacio más grande a mi hermana. Yo… no sé lo que está pasando… ella no sabe nada, ni siquiera es capaz de matar a una mosca.

-¡Me presento voluntaria! –el grito sale de mi boca.

Salgo del montón de chicas de mi edad y camino decidida hacia el escenario. Camino sintiendo las miradas de todos mis seres queridos. Me planto en el escenario justo delante de mi hermana. Padre, Mikel y Peria me miran con los ojos llorosos… y Liam tiene la vista fija hacia un lado.

-¿Cómo te llamas? –me pregunta la escolta sin perder la sonrisa.

-Milenna Stravoros. –digo decidida.

-Ohh… era tu hermana, y si no me equivoco tu hermana también es la mentora de este año. –se ríe maliciosamente. –Una familia de vencedores… bien por ti. –eso lo susurra en mis oídos.

Ignoro su comentario sarcástico y busco la mirada de Liam. Él sigue sin inmutarse de su sitio, ni siquiera es capaz de mirarme.

-¡Milenna Stravoros ante ustedes! –exclama la escolta por encima del grito ahogado de mi hermana.

Lo siento a todos… pero por algo soy una STRAVOROS.


ANDER PLANK (17 años) – DISTRITO SEIS

-¡Venga tío! ¿A qué no te atreves?

-¡Já! ¡Ale, por listos!

La cabeza me da tumbos y la habitación da vueltas y vueltas a mí alrededor. No puede ser, una resaca no… encima hoy no me puedo quedar en la cama hasta tarde, podría, pero no quiero llamar la atención. Con todo el dolor de mi alma aparto las sábanas calientitas de mi cuerpo para liberarme, me voy al baño y me miro al espejo. Menuda cogorza te has cogido ayer mi querido Ander. Más vale que me duche con agua bien fría, lavarme los dientes y la boca para estar presentable en la plaza.

-¿Qué tal la celebración de tu cumpleaños? –me saluda mi madre sonriente dándome un beso en la mejilla. –Veo que… os habéis divertido mucho.

-Algo así… -muevo la mano de un lado a otro mientras me dejo caer en una silla. -¿Sabéis a qué hora llegué anoche?

-Ni idea, hijo. –responde mi padre. –Tú nunca has preguntado por eso antes… ¿acaso pasa algo?

-No, nada… bueno, en realidad tengo como lagunas mentales de lo que pasó ayer… -murmuro con los ojos cerrados. -¿Me puedes dar una taza de café, mamá?

-Toma. –me lo da mi madre. –Siempre acabas con lagunas mentales cuando te vas con tus compañeros de trabajo.

-Ya lo sé pero… no sé, hay algo que me inquieta.

Mis padres comienzan a reírse y me encojo de hombros, supongo que la sensación ya se me pasará al igual que la resaca que tengo ahora mismo. Mi madre me prepara mi ropa para la Cosecha mientras termino de desayunar y más tarde nos iremos todos juntos hasta el Edificio de la Justicia.

Se puede notar que este día no crea la misma tensión y miedo en mi familia comparado con otras familias. De hecho para mí familia es un día normal y corriente, al menos empezó a serlo desde que empecé a trabajar en la Planta de Reparación de Transportes del distrito. Se me considera como uno de los mejores empleados de dicha planta, el mejor y el más joven, se puede decir que soy un empleado prodigioso. No es por presumir pero por algo me han concedido la inmunidad en los Juegos, supongo que soy demasiado importante para morir siendo tributo. Es obvio que nadie más sabe, solo mi familia, de mi inmunidad. Sabemos que es muy injusto para los demás pero eso salvaba mi vida y mis padres no se podían resistir a una cosa así.

Muchos de los empleados dicen que el Capitolio me considera "valioso" y que en algún futuro pueda trasladarme allí, y creo que no hay idea más maravillosa para mí que eso suceda. Trabajar para el mismísimo Capitolio sería un sueño hecha realidad y podría ganar un fortuna sin tener que poner mi vida en peligro en esos Juegos.

A pesar de esperar unos cuantos minutos más en casa y remojarme la cara unos diez veces la resaca no se me va, así que asumo las consecuencias y me voy junto a mis padres para asistir en la Cosecha por pura presencia.

La verdad es que creo que mi inmunidad es el mejor regalo que le hayan podido dar a mis padres, ya tengo diecisiete años y el año que viene mi inmunidad quedará invalidada para dejarme trabajar tranquilamente en lo que más amo: la tecnología.

Nada más llegar en la plaza diviso a mis compañeros de trabajo con el mismo aspecto o quizás peor que yo. Cuando me ven agitan sus brazos para saludarme y darme ánimo, ruedo los ojos, si ellos supieran que mi nombre no sale en ningún papelito de los cientos que hay metido en esa maldita urna…

Espero junto a mis padres hasta que se vaya vaciando la fila y me despido de ellos. Fingen tener cara de tristeza y miedo mientras me abrazan y yo me voy directo hacia el agente para que me tome la muestra.

-¡Buenos días distrito seis! –el escolta hace su aparición de las puertas del Edificio de la Justicia con ambos brazos extendidos hacia los lados. A Laird siempre le ha gustado ser el escolta más animado de todos. -¡Bienvenidos a la Cosecha!

Reprimo un bostezo que se me escapa mientras intento no dormirme ante las imágenes del Tratado de Traición que muestran en las pantallas gigantes.

-Qué conmovedor… -murmura Laird secando lágrimas inexistentes de su mejilla recién operada. –Pero en fin, creo que es hora de conocer a vuestros tributos.

Para la sorpresa de todos Laird se dirige hacia su derecha. Todos los chicos nos miramos los unos y los otros, ¿acaso se le ha roto algún cable dentro de esa cabeza huevo? Laird se da la vuelta con una sonrisa que se acerca más a una sonrisa terrorífica y mete su mano dentro de la urna, comienza a removerlo y saca un pequeño papel. Vuelve en el centro del escenario y carraspea delante del micrófono.

-Este año, empezaremos con los caballeros. –sonríe. Si quería causar sensación en la Cosecha de este definitivamente lo ha conseguido. –Veamos quién es el afortunado.

No entiendo por qué tiene que darle tantas vueltas cuando podría ir directamente al grano. Digo, le ahorraría el terror a muchos de los chicos que se encuentran aquí y para otros, en mi caso, tengo mejores cosas que hacer.

-¡Ander Plank!

Me quedo mirando el escenario para esperar al tributo masculino que nos va a representar este año, espero que sea un tipo grande, creo que ya es hora que ganemos… pero nadie sale al escenario, pobre, debe de estar conmocionado.

-¡Ander Plank! Tributo masculino del distrito seis, ¿dónde estás? –vuelve a decir Laird.

Joder con el chico… que no sale, ¿a qué espera?

-¡Ander Plank! ¿Dónde estás? –Laird pierde los nervios.

Y entonces caigo.

-¡ANDER PLANK! –vuelve a gritar.

Es mi nombre.

¡¿Pero cómo es eso posible?! Yo… tengo la inmunidad. Yo no tengo nombre dentro de esa urna.

Miro a todos los chicos a mí alrededor y todos tienen su mirada fijas en mí. No, es que no puede ser, debe de haber un error. Yo no puedo ser un tributo. NO.

La resaca se me va de un golpe y dos agentes de la paz me saca de mi sitio para acompañarme al escenario. Observo a Laird que me mira con una mirada asesina mientras subo las escaleras del escenario, cuando llego al lado del escolta este suelta un suspiro exhausto y creo que me insulta… me paso los dedos entre mi pelo. Aquí hay algo que no encaja.

¿Cómo demonios ha llegado mi nombre en la urna?

Mientras Laird sigue con su trabajo pronunciando el nombre del tributo femenino se me enciende la bombilla invisible. No me lo puedo creer… ¿de verdad tengo tanta mala suerte?

-¡Venga tío! ¿A qué no te atreves? –mis amigos me retan al lado de la urna masculina.

-¡Já! ¡Ale, por listos! –exclamo yo.

Y como el idiota que soy, meto tres papeles. Dos con sus nombres y uno con el mío.

Hay que joderse.


LEKA PENNI (15 años) – DISTRITO OCHO

Me veo fabulosa con el nuevo vestido que he conseguido terminar anoche, a pesar de ser unos tres telas diferentes algo viejas he conseguido combinarlos de manera perfecta con mi delicada creatividad. Sonrío satisfecha mientras doy una, dos vueltas delante del espejo. Sí, definitivamente voy a ser la mejor vestida del área de los quince… qué digo, la mejor vestida de todo el distrito.

Salgo de la única habitación de la casa donde sólo veo a mi hermana Via, busco con la mirada a mi madre pero no está por ninguna parte. Via me sonríe y me mira de arriba abajo.

-¿Ese vestido es nuevo? –me pregunta.

-Sí. –asiento orgullosa de mi creación. –Recién terminado anoche.

-Bueno, supongo que es un buen día para estrenarlo. –mi hermana se encoge de hombros con la cara caída y termina de lavar los platos. –Mamá irá más tarde en la plaza, así que yo te acompañaré para que te inscribas.

Claro, hoy supuestamente es el día más importante en todo Panem, aunque todas las personas del distrito y demás distritos por supuesto piensen que es un día de lamentación, yo prefiero verlo así como un día de pasarela de moda. No todos los días puedes ver a un capitolino con sus ropas elegantes, brillantes y costosas… y eso para mí es estar como en el séptimo cielo. A ver, está lo que pienso sobre los trajes y el color que pueda ver durante la Cosecha pero otra cosa es ver cómo un conocido tuyo sube al escenario para enfrentarse a su muerte. Obviamente a mí me da miedo los juegos, la arena, y más aún si no sé nada de armas, por eso prefiero tener otro pensamiento en mente que estar temblando delante de la escolta y de todas las cámaras que nos estarán enfocando.

Via se viste con algo más "formal", un vestido blanco amarillento que le llega hasta las rodillas con un lazo en la cintura, supongo que viene de familia ser guapa.

La plaza ya está abarrotada de gente como siempre. El escenario está perfectamente construido delante del Edificio de la Justica con dos pantallas enormes en cada lado y un montón de cámaras por los alrededores, me permito pensar por un momento de lo que pasaría si los capitolinos llegasen a ver mi obra maestra y les gustase…

Antes de llegar en la gran cola de inscripción mi hermana me agarra del brazo. Cuando me doy la vuelta me asusta su rostro completamente pálido. Frunzo el ceño y me acerco a ella, espero que no llame la atención de un agente de la paz.

-¿Estás bien, Via? –pregunto, asustada.

-Yo… aunque ya no participe en la Cosecha… -me mira y acaricia la mejilla. –Tengo miedo por ti.

-No pasa nada, Vía. –la intento tranquilizar.

Sé muy bien que las Cosechas y los Juegos en general le afectan mucho a mi hermana. Puede que eso sea una de las causas del por qué a sus veinticinco años aún sigue viviendo conmigo y con mamá… no sé si será verdad ya que tampoco lo he escuchado de los labios de ella pero mucha gente dice que Via estaba enamorado de un chico que salió cosechado y murió en los Juegos. Se dice que desde entonces no se ha vuelto a fijar en ningún chico. A mí personalmente creo que es mejor así, a mí tampoco me gustaría casarme ni tener hijos. Nunca.

Unas niñas de mi misma edad se acercan atrás nuestra e intento disimular y hacérselo saber a mi hermana después de nuestro momento de lapsus. Via se despide de mí con un beso en la mejilla y un abrazo antes de irse junto a mi madre que ya se encuentra con los demás familiares, agito mi mano para saludarla y ella me manda un beso.

-¿Qué llevas hoy, Leka? –me pregunta de repente una de las niñas. –Es muy bonito.

-¿A qué sí? –presumo dando una vuelta delante de tres pares de ojos asombradas. –La he hecho yo.

-Leka siempre viste los mejores vestidos de la clase… -dice la otra niña.

-Pues a mí me parece que no es gran cosa. –luego dice la otra que se gana mi mirada.

-¿Ah, si? ¿Entonces podrías hacerlo mejor? –desafío. –Mira qué dice una que lleva el mismo vestido que llevó su hermana el año pasado.

Me doy la vuelta para introducirme en la fila. Ya le gustaría ella llevar este vestido. Envidiosa.

Consigo contener mis ganas de ver a la escolta de este año, me encanta que sea una mujer, siempre me imagino a mí misma dentro de esos vestidos tan elegantes que lleva año tras año, además, esto me permite distraerme de todas las niñas que sollozan en silencio o tiemblan intentando mantenerse de pie que está a mi lado.

La escolta sale y creo que soy la única en suspirar y apreciar su vestuario: un vestido donde lleva cubierto el lado izquierdo del cuerpo con una tela rosa con brillantes tejidos a mano mientras que el lado derecho de su cuerpo está cubierta de plumas azules que con el sol parecen cambiar de color, la falda llega hasta por encima de sus rodillas y sus pies calzan unos tacones muy altos y finos. Vaya, cada año me sorprende más.

Ni siquiera soy capaz de escucharla hablar sobre el Tratado de Traición ni cuando se acerca en la urna de las chicas. Mi vista queda fija en la elegancia con la que lleva el vestido hasta que oigo el nombre equivocado.

-Nuestro tributo femenino de este año es… ¡Leka Penni!

Puedo oír y distinguir claramente el grito agudo de mi madre, estoy esperando a que ese grito me despierte de esto. Hace un momento sólo estaba fijándome en el vestido pero ahora… ¿tributo femenino?¿yo?¿qué es lo tengo que hacer allí?

-Leka Penni, querida no tenemos todo el día. –dice una vez más la escolta.

Las niñas se dispersan a mí alrededor y un agente de la paz me tira del brazo. Inconscientemente camino paso a paso hacia el escenario, con la mirada de todos fijas en mí. Hacía tiempo que el distrito ocho no mandaba un tributo tan joven y supongo que esa es una de las sorpresas mayores.

Intento pensar en otra cosa como hago siempre, intento evadirme de la realidad que me está consumiendo, una realidad que puede quitarme la vida. Entonces me imagino en una pasarela, sí, ahora mismo estoy desfilando con mi vestido nuevo para que todos los del distrito me admiren y vean mi creatividad. Ahora mismo estoy en el escenario con todo el mundo admirándome, pero los ojos de mi hermana me devuelven a la realidad, y tengo ganas de llorar, como la niña de quince años que soy… esta vez ella me mira seria y niega con la cabeza.

No llores Leka, ya lo harás más tarde. Cuando te despidas de tu familia.


STELLAR VENDETTI (18 años) – DISTRITO UNO

Hoy es un día bastante normal en el distrito. Aunque para mí debería ser un día especial, digo, hoy me presentaré voluntario para los Juegos y así honrar mi distrito y mi familia. Mi padre está impaciente por verme en acción desde la pantalla de nuestra casa… sinceramente, yo tampoco puedo esperar.

-Buenos días. –saludo a mi familia en la sala.

-¿Te sientes preparado? –me pregunta mi padre dándome un gran abrazo. –Por fin ha llegado el día hijo… por fin.

-Cállate Astren. –mi madre aparta a mi padre de mis brazos y me mira fijamente. -¿Sabes que no tienes que hacerlo si no sales elegido, cierto?

-Es lo que quiero mamá… además, es un poco contradictorio de tu parte decirme eso cuando tú también me insistes mucho en los entrenamientos.

-Eso es porque quiero que estés preparado. Además, tú no eres el típico chico bruto y sin escrúpulos que van en los Juegos… me preocupa que seas…

-¿Blando? –tengo que mantener la calma.

Siento mis manos temblar y automáticamente cierro los puños. Suspiro profundamente cerrando los ojos y cuando los vuelvo a abrir encuentro la mirada desconcertada de mi madre. Le esbozo una sonrisa y ella me lo corresponde.

-Soy más fuerte de lo que crees, mamá. –murmuro apartándome de ella y caminando hacia la puerta.

-¡Te veo en el escenario, hijo! –exclama mi padre alzando una mano.

Me despido de ellos con una sonrisa y me voy directo para encontrarme con Valay.

Cuando llego en el cruce donde quedamos mi mejor amigo y yo él ya está agitando los brazos a modo de saludo. Tengo que reírme internamente, como si no fuera lo suficientemente grande para que yo no le pueda divisar desde mi posición.

-¿Cómo estás Stellar? –me saluda con un golpe en la espalda. Se lo devuelvo, aunque algo más fuerte.

-Impaciente. –le digo con una gran sonrisa. -¿Soy yo o me parece que te has teñido el pelo?

-Sí, ¿te gusta? –agita su pelo en mi cara y le doy un empujón. –Es exactamente del mismo color que el tuyo.

A veces pienso que Valay es demasiado cercano a mí. Él es prácticamente igual que yo, su cuerpo está de igual tonificado que el mío, aunque yo estoy mucho más fuerte claro está, manejamos las mismas armas, nos movemos de igual manera… y ahora, tiene el pelo exactamente como el mío. Le miro entrecerrando los ojos y él se aleja un poco.

-¿Por qué has hecho eso? –digo con asco y señalando su mata de pelo.

-Supuse que se pondría de moda para cuando ganes los Juegos. –se encoge de hombros. –Quiero ser el primero en llevarlo.

Me parece una razón lógica pero aunque no me cuadra completamente decido dejarlo pasar. El chico es un buen tipo, además siempre le gano en todo así que me deja mucho mejor delante de las demás personas.

Llegamos en la plaza que ya está abarrotada de gente. Todos me saludan animándome o chocando conmigo los cinco, es posible que sea algo popular y yo solo me he ganado ese puesto. Desde que era pequeño mi padre se ha encargado de educarme correctamente para los Juegos, no sólo físicamente sino psicológicamente. Todavía recuerdo cuando tenía tres años y vi cómo un chico de nuestro distrito se alzaba con la victoria ahorcando a una chica. Vi cómo la chica colgaba del árbol con una soga en su cuello, vi cómo se retorcía intentando quitarse la soga, vi como temblaba mientras poco a poco perdía la vida...

Mi padre me explicó el poder que tenía el chico sobre esa chica, me explicó lo importante que es hacerle saber a tu contrincante que eres peligroso y que no andas con juegos. Mi padre me dijo desde entonces que si algún día llego a pisar la arena, debo pensar que no estoy allí para sobrevivir. Estoy allí para llevarme la victoria, no sólo para mí, sino para mi familia y especialmente para mi distrito.

Sinceramente ver cómo tu nombre brilla en tu distrito es algo bastante tentador. Tan tentador que yo quiero probarlo. Aunque… muy en el fondo yo no sólo quiero la victoria, la fama y el dinero, con el paso de los años me doy cuenta que ver morir a la gente me produce una sensación placentera, me pregunto cómo se sentirá matarla con mis propias manos… supongo que tendré que esperar hasta que llegue en la Arena.

Valay y yo nos inscribimos, no puedo evitar observar a los demás chicos del distrito que están aquí por pura presencia ya que todos saben que este año me toca a mí brillar y representar con honor nuestro distrito… en fin, es posible que llegue a ser mentor de muchos ellos.

El escolta sale de las grandes puertas del Edificio de la Justicia y detrás de él le siguen los dos mentores de este año, Bastian y Ailsa, dos grandes vencedores de los Juegos, aún recuerdo con claridad cómo se alzaron con la victoria. Sinceramente, me gustaría que me tocara Ailsa… Bastian puede ser demasiado blando para mí.

-¡Empecemos con las damas! –grita el escolta con voz chillona, camina hasta la urna de las chicas. -¡Levi Wyatt!

El grito esperado es pronunciado y es ahora cuando el otro grito esperado viene.

-¡Voluntaria! –grita una chica del área de los 17. Curioso, espero que me sea útil como aliada.

Ella llega en el escenario y le preguntan su nombre… Amethyst Cacheaux, me suena el apellido… pero el escolta consigue atraer toda mi atención cuando se dirige hacia la urna de los chicos. Es mi turno, esa chica ya ha tenido su momento de gloria, ahora me toca a mí…

-¡Barret Sibyl! –exclaman el nombre del cosechado masculino.

-¡Voluntario! –exclamo yo sin esperar un segundo.

Camino mirando a todos los demás chicos por encima, obviamente ellos me miran con admiración, algo normal. Me sitúo al frente del escenario sin dirigirle la mirada a la chica, miro a todo el mundo: Valay me sonríe, mi padre alza la mano orgulloso y mi madre me mira sonriente.

No hay ninguna duda que este año el Capitolio me a adorar. Sé perfectamente qué espectáculo les voy a dar.


CORINNA SEEWALL (18 años) – DISTRITO CUATRO

-¡Date prisa en descargar el pescado, Corinna! –exclama mi padre bajando de la barca. –No querrás llegar tarde en la Cosecha.

Hago lo que me dice mi padre mientras él ata nuestra barca en el sitio de siempre. Tendré que darme una ducha rápida antes de ir corriendo para inscribirme.

Puede que piensen que los únicos que se toman en serio las Cosechas son los del distrito uno y dos, pero aquí en el distrito cuatro también nos lo tomamos muy en serio. Quizás no todos los jóvenes se lo tomen tan seriamente como yo, porque puedo asegurar que para mí, los entrenamientos, las cosechas y los Juegos son algo muy serios.

Desde que cumplí los doce años, desde que vi a aquella chica llamada Melissa alzando la mano para presentarse voluntaria, desde que la vi realizar su primera muerte, desde que la vi ganar los Juegos del Hambre… desde aquel día supe que mi meta en este mundo no es simplemente quedarme con mi padre en su barca la mayor parte del día para pescar, desde ese momento supe que esta no es la vida que quiero o que me corresponde. Yo, Corinna Seewall, yo pertenezco a la Arena, yo pertenezco a los Juegos del Hambre.

Yo no quiero la fortuna ni la fama, simplemente quiero estar allí y luchar, porque sé que ese es mi destino. Lo sé desde que vi a Melissa. Lo sé porque me lo dice mi interior, es mi destino y nadie puede arrebatármelo.

Por esa razón he estado entrenándome duro desde que tuve la edad, digamos que físicamente soy demasiado agraciada para ser una chica. Siempre tuve la vena de luchadora y peleona, quizás por eso las niñas de mi colegio nunca me vieron con buenos ojos. Cada vez que me ven pasar siempre se apartan y no les echo la culpa, sinceramente si alguna de esas niñatas mimadas se llega a interponer en mi camino no puedo asegurar muy bien si ella va a acabar en buen estado.

Nunca me gustó estar rodeado de personas ineptas, por eso los entrenamientos son mi parte favorita del día, creo que todos los días sólo me despierto para ir en los entrenamientos. Allí me siento cómoda y comprendida. Estar rodeado de otras personas que puede que piensen igual que yo, tampoco me he molestado en hacer amigos ya que después de todo al final acabaremos como enemigos. Otra de las cosas que me gusta es que los entrenadores nunca me emparejan con niñas, ellos sienten que si luchan conmigo hay un posibilidad de que todo acabe en un desastre, por eso entreno con los chicos y no me molesta en absoluto, incluso creo que es mejor porque siento que voy un paso por encima de todos.

No fue ninguna sorpresa cuando me alcé con el primer puesto de este año en el centro de entrenamiento. Años y años intentando mejorar y demostrar lo mejor de mí requiere mucho trabajo y horas de entrenamiento. Por fin este año lo he conseguido porque simplemente lo merezco.

Los entrenadores tienen una gran esperanza puesta en mí y que quizás tengamos la suerte de llevarnos este año la victoria. Pero yo me encargaré de hacerles saber que no lo hago por ellos, ni por nadie. Esto lo hago por mí.

Me doy una ducha rápida antes de salir hacia la plaza. Por un momento una idea me cruza por la mente, sé perfectamente que no soy la única chica del distrito preparada y con ganas de llevarse la victoria en casa. Sé que hay chicas que se mueren por arrebatarme esto… y aunque el puesto me corresponda a mí, toda chica es libre de presentarse voluntaria. Cuando llego a la plaza no puedo evitar observar a mis compañeras del centro, atletas, preparadas… justo un grupo se giran hacia mí para mirarme de arriba abajo, les sostengo la mirada y me permito soltar un gruñido imperceptible.

-¿Qué tal el día Corinna? –pregunta una de las chicas, tiene la segunda posición en la clasificación. -¿Preparada para tu gran día?

La miro por encima del hombro y decido ignorarla. No vale la pena discutir ahora con ella. La verdad es que la conozco de cara pero nunca he hablado directamente con ella. Tampoco he tenido el placer de tumbarla ante nuestros entrenadores… me pregunto si al obtener la segunda posición tiene posibilidades contra mí.

-Me pregunto cómo será la Arena este año… ya sabes, no todo es puñetazos y patadas. También es necesario destrezas de supervivencia. –murmura la misma chica atrás mía en la fila.

Doy un suspiro profundo y me doy la vuelta. Ella me muestra una sonrisa de suficiencia y alza una ceja. Otra vez me mira de los pies a la cabeza…

-Ten cuidado, Corinna. No te vayan a confundir con un chico para cuando te presentes voluntaria. –se ríe

Sin pensar mucho en las consecuencias rodeo su cuello con una sola mano y la levanto poniéndola de puntillas. Las demás personas en la fila nos miran asustadas y mi presa me mira con desesperación, con la cara colorada y arañando mi mano.

Silbatos comienzan a sonar por nuestro alrededor y un agente de la paz me empuja bruscamente. La chica debilucha cae al suelo como una hoja de papel temblando y ahora soy yo la que le sonríe con suficiencia.

-Menos mal que tengo la primera posición. –la digo mientras ella intenta levantarse del suelo y se limpia su vestidito. –Ni siquiera habrías salido del baño de sangre.

El agente de la paz me agarra del brazo y me lleva hacia delante para inscribirme primero. Después me empuja hacia mi sitio entre la multitud de chicas de mi misma edad. Ninguna siquiera es capaz de mirarme en los ojos. Bien Corinna, si alguien tenía una duda de quitarte el puesto ahora con el espectáculo que acabas de dar no creo que nadie intente sabotearte.

Ya he logrado calmarme un poco cuando la escolta sale del gran edificio junto al alcalde y los dos mentores de este año. Como siempre se empieza por el mismo protocolo donde yo sólo puedo oír el blah, blah, blah, de la Presidenta. Por fin termina la odiosa película y retumba en mis oídos la voz chillona de la escolta… ahora que me doy cuenta parece nueva.

-¡Bienvenidos tributos del distrito cuatro! –chilla. –Estoy realmente encantada de estar aquí. –sonríe, demasiado para mí. -¡Comencemos con las damas!

La gran urna de cristal llena de papeles llama totalmente la atención. Habrá como unos cientos de papeletas ahí dentro, de los cuáles yo tengo seis. Miro a mí alrededor, si llega a salir una niña sin preparación, me lo agradecerá de todo corazón.

-¡Lisanne Skye! –exclama la mujer disfrazada en medio del escenario.

-¡Me presento voluntaria! –grito.

Las niñas de mí alrededor me hacen un pasillo para salir. Los agentes de la paz caminan detrás de mí hasta que llego al pie del escenario. Ni siquiera busco la mirada de mis padres, de hecho no miro a nadie, mi vista permanece hacia el horizonte.

Cuando llego al lado de la escolta ésta me sonríe y me toca la espalda.

-Tu nombre querida. –me dice.

-Corinna Seewall. –gruño.

-Bonito nombre, querida. –me estremezco ante su forma de llamarme. –Sonríe un poco querida, sales en todo Panem

Eso fue lo que colmó el vaso, giro la cabeza y le fulmino con la mirada. La escolta se aparta de un paso asustada y se dirige hacia la urna de los chicos.

Por fin todo va cobrando sentido en mi existencia. Esta es la hora de la verdad, pisaré la Arena y saldré de ella victoriosa.


VECTOR EWELL (16 años) – DISTRITO TRES

-¡Vamos chicos! –exclamo agarrando mi guitarra del suelo y me siento cruzado de piernas en el suelo. –Todavía tenemos tiempo antes de irnos a la plaza.

Meissa me sonríe y se sienta junto a mí con una taza llena de un líquido negro caliente. Altair y Nigel siguen las mismas acciones de mi chica y comenzamos a tocar, y tocar me refiero yo con mi guitarra, Altair con su viejo y oxidado armónica y Nigel con su vieja caja.

Justo cuando comenzamos a tocar Linus aparece en nuestra puerta con una gran sonrisa. Entra en nuestra casa haciendo una expresión de que no nos detengamos y deposita una bolsa llena de pan blando en el suelo. Obviamente cuando mis compañeros ven el manjar que nos ha traído nuestro amigo "rico", como nos gusta llamarlo, dejan lo que están haciendo y se ponen a zampar como animales. Meissa se ríe por lo bajo y yo también, mientras que Linus niega con la cabeza divertido.

-No creo que sea buena idea ir con la tripa llena en la Cosecha, chicos. –se ríe Linus. –Ya sabéis, por si acaso… no vaya a ser que le vomitéis todo encima al lujoso traje del escolta.

-Casi nunca tenemos la tripa llena, Linus. –se queja Nigel. –Ya es suficiente que la Cosecha nos amargue el día, no puede ser que por su culpa también nos quedemos con hambre teniendo esto delante de nuestras narices. –señala la bolsa de pan.

Todos nos quedamos callados. Vale, Linus solo quería bromear. Normalmente siempre intentamos mantener un ambiente ligero cuando se trata del día de la Cosecha. Nunca ni jamás se va a convertir en mi día favorito… más aún cuando chicos como nosotros que no tienen donde caerse muerto tiene el ochenta por ciento de salir cosechado.

-¿Cuántos papeletas tienes Altair? –murmura Meissa a su hermano.

-Dieciséis. –suelta Altair tras tragar lo que tenía en la boca. –Dime que tú no has cogido teselas… -me mira el chico seriamente. -¿No la habrás dejado coger teselas, cierto Vector?

Miro a Meissa con la cara caída y sonrío a su hermano para que se calme. Niego con la cabeza.

-No, no la dejé. –murmuro. –El otro día cogí dos… hubo pocas ganancias en el centro comercial y llevábamos dos días sin comer nada.

Linus nos mira con una expresión triste. Él tiene la suerte de vivir junto a unos padres "acomodados", él no tiene que estar preocupado por cómo sobrevivir día a día, mientras que nosotros, dejando aparte que vivimos en una pocilga abandonada apenas tenemos nada que comer, y como ya he dicho antes, incluso hay días que nos tenemos absolutamente nada.

Siempre me he preguntado si esto me pasaría si me hubiera quedado en casa con mis padres. Bueno, técnicamente ellos tampoco tienen mucho dinero pero al menos me podría apoyar en ellos. Pero claro, si tengo que pagarlo escuchando los insultos y lamentaciones que tienen en la vida, probablemente no habría muerto de hambre, sino de cansancio.

Por eso decidí irme de esa casa de terror y adentrarme en una aventura. Quién iba a decir que mi aventura me dejaría acabar en esta pocilga… acompañado de las mejores personas del mundo mundial.

Altair, Nigel y Meissa ya vivían aquí mucho antes de conocerlos. Yo no tenía un techo donde dormir y ellos me acogieron con los brazos abiertos. Compartieron lo poco que tenían conmigo a pesar de significar que eso les dejaba con menos parte… en fin, en un abrir y cerrar de ojos se convirtieron en mi familia.

Pero una sola persona fue quién me ayudó a salir adelante y es la que más amo en este mundo, Meissa. Ella es la hermana menor de Nigel y obviamente al principio no le agradó mucho la idea de que yo, su mejor amigo, estaría en una relación con su hermana. Pero con el paso del tiempo lo aceptó, y hasta acabó confiándome el bienestar de su hermana por si la cuestión de suerte le fallaba y salía cosechado. Gracias a dios es su última cosecha y ya no tiene que preocuparse más por eso.

El resto del desayuno lo pasamos en silencio. Linus tiene vista fija en el suelo sin pronunciar palabra.

-No te preocupes, Linus. –le digo llamando su atención. –Nigel no pretendía decirlo con mala intención.

-No te preocupes, Vector. –me sonríe agradecido. –Yo sé que es injusto pero… de verdad chicos, yo os considero mis amigos e intento hacer todo lo que puedo para ayudaros.

Altair se siente culpable y se levanta para darle un golpe amistoso en la espalda a Linus. Meissa y yo le sonreímos y le murmuro un gracias silencioso.

-Lo siento, Linus. Sabes que no soy muy buena persona cuando toca este día. –se disculpa.

-Esperemos que ninguno de nosotros salga cosechado. –dice Nigel

Terminamos de desayunar y tocamos un par de canciones antes de irnos. Meissa no suelta mi mano ni por un segundo, yo sólo le puedo dedicar sonrisas y miradas para calmarla. Ella de verdad lo pasa mal este día, ya que no sólo se preocupa por su hermano sino que también se preocupa por mí.

-Tranquila, amor mío. –le doy un beso en la coronilla. –Estaremos en casa tocando y riendo cuando todo esto pase.

-Tú… has pedido muchas teselas. Lo sé. –me dice preocupada.

-Meissa, llevo pidiendo teselas desde que vivimos juntos. –aprieto suavemente sus manos. –Y mírame, aquí estoy.

Cuando llega el momento de despedirse, al menos por el momento, tengo que hacer un gran esfuerzo para convencer a Meissa para soltarme a mí y a su hermano. Bajo mi atenta mirada observo como se sitúa en su puesto le guiño el ojo antes de irme también en mi puesto.

Yo también tengo ese miedo clavado en mí, ¿y si Meissa sale cosechada? Yo, ni siquiera su hermano podemos salir voluntarios para salvarla, así que concentro todas mis fuerzas para desear que otra chica salga… lo siento por la familia… pero por favor que no sea Meissa.

-¡Las damas primero! –exclama el escolta.

Coge un papelito de la urna. Dirijo mi mirada en Meissa, tiene los ojos aguados y fijos en el escolta. Tengo que sostener el aliento.

-¡Elaine Blemydes! –suelto todo el aire de mis pulmones aliviado, pero a la vez culpable por desearle este horror a otra chica.

Un escalofrío recorre mi espalda al oír el sollozo de una madre. La chica rubia y menuda camina medio temblorosa hasta el escenario. Logro captar una pequeña sonrisa de su rostro a la que supongo que dirige hacia su familia.

Ni siquiera me doy cuenta cuando el escolta coge el papelito del tributo masculino. Ahora puedo notar la clavada fija de Meissa en mí, de nuevo retengo la respiración… por favor, esta noche todos debemos estar en nuestro hogar.

-¡Vector Ewell! –exclama el escolta.

Y me rompo en pedazos. No… yo no puedo. Trago en seco antes de ponerme en marcha. No voy a ganar nada permaneciendo en mi sitio clavado. Cuanto antes acabe esto, mejor.

Pero el grito de Meissa se hace presente y de repente su cuerpo colisiona con el mío. Meissa rodea mi cintura con fuerza y esconde su rostro en mi pecho sollozando. Veo como los agentes de la paz se acercan a nosotros, agarro con fuerza y dolor los hombros de mi novia para mirarla fijamente.

-Meissa. Debes regresar en tu puesto. –susurro, asustado y temblando. –Por favor, vuelve.

-¡No!

-Todo va a estar bien. Luego hablamos. –intento sonreír pero no lo consigo. –Supongo que ahora podré probar esa verdura roja que llaman tomate.

Y justo entonces se llevan a Meissa de mi lado. Me doy la vuelta y subo de dos en dos las escaleras. Mi compañera me mira extrañada. Nos damos la mano y cuando nos damos la vuelta las lágrimas abarcan nuestros rostros.

-¡Os presento los tributos del distrito tres!


JAHANNI KAPOOR (13 años) – DISTRITO NUEVE

Todo está oscuro. El sudor me tiene empapada el rostro y apenas puedo respirar bien. Abro los ojos y me los aclaro por si algo cambia, pero nada. Todo sigue oscuro y en silencio. Comienzo a palpar todo para saber en dónde estoy, pero no caigo hasta que logro distinguir el tacto de la vieja madera que tenemos por armario. Sin darme tiempo a reaccionar comienzo a sollozar con fuerza, aporreo la madera una y otra vez pero no se abre.

-¡Sacadme de aquí! ¡Por favor! ¡Sacadme de aquí! –grito con desesperación.

Se oyen pasos fuera y creo que se detiene justo enfrente del armario. Grito una y otra vez pero no pasa nada. Hasta que oigo un candado que se abre, una pequeña ráfaga de luz se cuela en el hueco que deja la puerta un poco abierta y respiro agitadamente. Las puertas se abren completamente y cuando voy a salir corriendo, ella me empuja con brusquedad haciendo que mi espalda choque contra la madera.

-¡Así aprenderás niña! ¡Todo es tu culpa! –y se cierra el armario.

-¡AHHH! –grito desesperada y empapada de sudor en mi cama. En unos segundos aparece mi padre en su silla de ruedas con la expresión preocupada y me estrecha en sus brazos como puede.

-Shh… tranquila mi niña, sólo era una pesadilla… un pesadilla, cálmate. –me tranquiliza

Lloro a más no poder, ni siquiera puedo evitarlo. Abrazo con fuerza a mi padre e intento calmarme cuanto antes. Ya bastante su estado para que se ande preocupando por mis pesadillas.

-¿Estás mejor? –me pregunta con una sonrisa.

Y asiento lentamente.

Salimos juntos para desayunar y nos encontramos con mi madre preparándolo todo. Ayudo a mi padre colocarse en su sitio y le sirvo su comida.

-Me encontré con tu profesora Bliss ayer por la tarde y me dijo que te encontró llorando en el baño del colegio. –casi me atraganto con mi leche y miro de reojo a mi madre. -¿Me puedes decir lo que te pasa, Jahanni?

Dejo mi vaso en la mesa y comienzo a jugar con mis dedos, puedo notar la presión que ejerce mi padre con su mirada y tengo que intentar no salir corriendo de casa.

-¿Llorando? ¿Qué pasa, has discutido con esa amiga tuya y lo solucionas llorando? –salta mi madre con la mirada perdida mientras da un bocado de su pan.

-¿Te has peleado con Rin? –ahora pregunta mi padre.

-No. –niego con la cabeza. –Yo, no me sentía bien ayer papá.

-Tú lo que querías era fingir para irte a jugar en vez de hacer tus deberes. –escupe mi madre.

-¡Basta Jeanine! –exclama mi padre sorprendiéndonos a ambas.

Mi madre se levanta de la mesa indignada y se va a su habitación con un portazo. Mis comienzan a picarme y noto la garganta seca.

-No le hagas caso a tu madre, pequeña. –mi padre agarra mi mano. –Siento que hoy no vayamos a la colina para ver el amanecer, debes prepararte pronto para no llegar tarde en la Cosecha.

-Lo siento, papá. –murmuro a mi padre. –Yo, no quiero que mamá y tú os peleéis por mi culpa.

-No es tu culpa, y no le hagas caso a tu madre. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo? –me regaña mi padre. –Ve a prepararte, Bliss me dijo que te pasaras un momento en su casa antes de ir a la plaza.

-Te quiero mucho papá. –le doy un beso en la mejilla y me voy para prepararme.

La casa de Bliss está en la dirección contraria de la plaza por lo que los demás niños me miran extrañada cuando paso por su lado. Tengo que intentar no acordarme del sueño que he tenido y mantener una sonrisa en mi rostro. En unos minutos llego en la pequeña casa de la profesora Bliss donde ella ya está en el umbral de su puerta con una sonrisa. Me extiende su brazo y me abraza. Por un momento puedo olvidar mis problemas y sentirme bien con su compañía.

-¿Ya has desayunado? –me pregunta entrando en su casa?

-Sí. –asiento. –Mi padre me ha dicho que venga a verte… ¿pasa algo?

Bliss se sienta en una silla y me ofrece sentarme a su lado. Suspiro profundamente, ahora sé la razón del porqué estoy aquí. No puedo hacer otra cosa que obedecerla y al menos intentar no hablar demasiado.

-¿Me vas a contar lo que te ha pasado ayer? ¿Tiene problemas con Rin, en tu casa? Jahanni, sabes que puedes contar conmigo… -me dedica una sonrisa sincera.

-Entonces podrías cuidar a papá por si salgo cosechada hoy. –murmuro.

-Jahanni Kapoor, no digas esas cosas. –me reprende. –Tú, sólo tiene dos papeletas en esa urna… a menos que, ¿no habrás pedido teselas?

-No. –niego.

-Entonces nunca más digas esas cosas… ¿sabes lo destrozado que estará tu padre si te llega a oír hablar de esa manera? –sigue regañándome. –Está bien, no me cuentes lo que te pasa, pero yo solo me preocupo por ti, Jahanni.

-Estoy bien en casa, sólo estaba cansada y sin darme cuenta me he echado a llorar. Se lo puede preguntar a Rin. –me excuso mintiendo.

Suena la bocina del Edificio de la Justicia anunciando el pronto comienzo de la Cosecha. Bliss suspira profundamente y me agarra la mano para ir juntas a la plaza. Allí me encuentro con Rin por lo que nuestra profesora se queda más tranquila y se va en el lugar que le corresponde.

-¿Qué hacías con la profesora? –me pregunta mi mejor amiga.

-Me mandó a llamar, ya te dije que me pilló llorando en el baño ayer. –le cuento. –Hoy he vuelto a tener esa pesadilla.

-¿Otra vez? Jahanni… ¿no lo habrá vuelto a hacer, cierto? –me dice preocupada mi amiga. –Deberías decírselo a tu padre.

-¿Después de todo el daño que le he hecho a mi familia? No, gracias.

-Entonces se lo diré yo a la profesora para que se lo diga a tu padre. –me reta.

-Tú nunca harías eso. –la miro fijamente.

-Brazo. –dice la agente de la paz pinchándome el dedo. –Venga, en tu puesto.

Caminamos como hormigas pequeñas, en fila, para situarnos en el área de los trece años. Rin y yo nos cogemos de la mano como siempre para darnos ánimo mientras esperamos que nuestros nombres no salgan.

Rin en parte tiene razón, debería decírselo a mi padre, pero yo jamás podrías hacer eso.

-¡Empecemos con las chicas! –exclama la escolta mientras mi amiga y yo seguimos cada uno de sus pasos con nuestras miradas.

Como si sus manos fueran un imán, el papel se engancha entre sus dedos y ella sonríe triunfante mientras vuelve en su sitio con una gran sonrisa. Rin y yo nos miramos por última vez antes de escuchar el nombre de la cosechada.

-Qué emoción… -murmura la escolta. –Y el tributo femenino del distrito nueve es… ¡Jahanni Kapoor!

Rin y yo nos soltamos la mano. Mi vista comienza a nublarse por las lágrimas que están a punto de surgir de mis ojos. Sabía que tarde o temprano esto iba a pasar, yo nunca fui una chica con suerte y obviamente solo esto me podría pasar a mí. Giro mi mirada para despedirme de mi amiga y le dedico una sonrisa antes de darme la vuelta para dirigirme en el escenario.

-Parece que este año tenemos a un tributo femenino… demasiado joven. –murmura la escolta para llenar el momento de silencio mientras todos esperan a que suba.

Me sitúo a su lado y se me rompe el corazón cuando justo en mi posición puedo ver perfectamente a mis padres… mi padre llora desconsoladamente mientras que mi madre muestra una sonrisa cínica en su rostro. Un nudo se forma en mi garganta, ¿cómo es posible que ella sea así conmigo? Entonces detengo mis lágrimas al ver a Bliss acercarse a mis padres, cuando veo a Rin llorar con un espacio vacío a su lado… es ahí cuando me doy cuenta que debo mantenerme fuerte.

Por ellos, por las personas que me quieren… debo mantenerme fuerte.


AIDEN THORNE (17 años) – DISTRITO DOS

-Recuerda que debes mantener la cabeza alta, camina firme y decidido. Todo cuenta desde el primer segundo que te enfocan las cámaras. –me explica seriamente Munix. –Este año no me toca de mentor, pero estoy seguro que Lark y Savage harán un buen trabajo este año.

-No me lo tienes que repetir tantas veces, Munix. Me conoces, sé cómo debo jugar mis cartas. –murmuro un tanto cansado de sus discursos.

-Me lo agradecerás cuando vuelvas como vencedor. –sonríe de lado y me da un golpe cariñoso en el brazo.

-Hay tantas que cosas que debería agradecerte… -suspiro y le sonrío. –Gracias por todo Munix.

Munix Tatle es uno de los grandes vencedores del distrito dos, como él mismo ha dicho es una pena que no sea mentor este año. Creo que es una de las personas que me conoce realmente, claro está dejando aparte mi madre y mi hermana ya que eso es otra historia. Munix se ha encargado de entrenarme con todo tipo de armas y fortalecer mi resistencia física. La pregunta es cómo un chico pobre como yo puede conseguir entrenamientos especiales de un vencedor, fácil, me considero así como su "asistente personal", hago recados para él y aunque los entrenamientos son un pago elevado por ese pequeño trabajo, también agradezco las veces que me invita a algo de comida.

-No sé si me dejarán despedirme de ti así que… -Munix apoya su mano en mi hombro. –Mucha suerte, Aiden.

Camino de vuelta a casa pensativo. Hoy me presentaré como voluntario masculino de mi distrito. Me he esforzado mucho en el centro de entrenamiento para así quedar en primera posición, tengo diecisiete años y sé que podría esperar hasta el año que viene y así estar más preparado pero… ahora mismo no estoy en la condición de esperar hasta el siguiente año, para ese entonces yo podría estar… en fin, lo único que importa es que este año lograré mi propósito de estar en la Arena.

Entro en nuestra casa, fría, vieja y llena de humedad, todo esto cambiará para cuando sea un vencedor, viviré en la Aldea de los Vencedores con suficiente comida y dinero.

Preparo dos platos en la mesa y sirvo a cada una rebanada de pan, dos vasos de leche caliente y me dispongo para despertar a mi padre. Cuando entro en su habitación ya está despierto, me dedica una sonrisa al que no correspondo y acerco su silla de ruedas a la cama. Le ayudo transferirse y salimos para desayunar.

-Hoy es el día de la Cosecha. –como siempre, él hace el amago de iniciar una conversación.

-Sí. –respondo secamente.

-¿Y sabes quién se presentará voluntario este año?

Sigo comiendo sin prestarle mucha atención, es increíble que con el paso de los años no haya aprendido de que no me gusta hablar y menos con él. Aún no le he dicho nada a mi padre sobre mi posición en el centro de entrenamiento, tampoco es que me muera de ganas por hacérselo saber, digo, no creo que a él le importe mucho.

-¿Aiden? Sabes que no me gusta que me dejen hablando solo. –por fin su voz más "normal", autoritario, hace presencia.

-Pues deja de hablar. –murmuro entre dientes.

-¡Maldita sea, Aiden! –exclama dando un golpe en la mesa.

Me levanto de mi sitio y llevo mi plato y vaso en el lavabo, tengo que contenerme para no tirarlo y hacer un escándalo. Suspiro profundamente para calmarme. Lo menos que quiero ahora es tener un altercado con él antes de subirme en el escenario, a pesar de no tener una buena relación con mi padre no me gustaría llevarme esta pelea como último recuerdo de él… aunque pensándolo bien, tendría que rebuscar muy al fondo de mí un buen recuerdo ya que el simple hecho de verle la cara o acordarme de que tengo un padre, siempre viene a mí ese recuerdo atroz que me persigue todas las noches en mis pesadillas.

-Es un chico de diecisiete años, parece que el chico no paró de trabajar este año con tal de conseguir el primer puesto. –me muerdo la lengua y decido contarle la verdad a medias.

Mi padre suspira pesadamente y oigo como arrastra su silla hacia mi dirección. Noto cómo apoya su mano en mi espalda y me recorre un escalofrío haciendo que me aparte de él bruscamente.

-No quiero que me vuelvas a tocar con tus manos, padre. –gruño perdiendo el control. –Te lo dije… no me hagas volver a repetírtelo.

-Aiden… yo… -murmura, culpable.

-Me tengo que ir. –aprieto los puños con fuerza y le dejo a mis espaldas saliendo por la puerta de la casa.

¿Por qué precisamente hoy tenía que hacer eso? Sabe perfectamente que sólo hay dos cosas que no tolero de él, aparte de su presencia, y es que se atreva a hablar de mi madre y tocarme. Son dos cosas muy simples, son las únicas cosas que le pido y él ni siquiera es capaz de cumplir eso.

Me voy directo a la plaza donde ya se reúne un gran grupo de gente, muchos de los chicos me saludan felicitándome por el honor de representar este año nuestro distrito, incluso algunos hacen bromas de quitarme el puesto en el último momento. Tengo que obligarme a mí mismo sonreírles y agradecerles sus ánimos, como siempre tengo mostrar mi sonrisa tan característica, la que conoce todo el mundo, la que me ayuda esconderme de mi realidad.

-Se te ve… falso. –murmura una voz a mi lado con una sonrisa. –Sabes que eso no funciona conmigo, ¿cierto?

-Buenos días a ti también, Bliss.

-¿Problemas con tu padre,eh? En fin, ni siquiera sé para qué pregunto. –se encoge de hombros mientras avanzamos en la fila de inscripción.

Me quedo callado, Bliss es mi mejor amiga y está enterada de casi todo lo que pasa en mi casa, digo casi por siempre hay cosas que se lo guarda uno mismo. Bliss nota mi silencio y lo respeta, la dedico una sonrisa de agradecimiento, ¿notará que ahora mismo estoy intentando despedirme de ella?

Llegamos ante los agentes nos inscriben con rapidez, miro a mi amiga antes de la bifurcación de nuestros caminos y sin darme cuenta la agarro en la mano tomándola por sorpresa.

-Bliss… -murmuro. –Que te vaya bien.

-Vuelve pronto, Aiden. –sonríe.

Me sitúo entre los chicos de mi edad a esperar por el gran momento. Decido echar la mirada hacia un lado donde puedo visualizar a mi padre con su silla en primera fila, conecta su mirada con la mía y la mantengo por un buen rato. Oigo cómo la escolta pronuncia el nombre del chico cosechado y sin apartar la mirada de los ojos de mi padre hago el grito de la victoria.

-¡Me presento voluntario!


PRIMER CAPÍTULO CON LOS OCHO PRIMEROS TRIBUTOS, QUERIDAS AUTORAS/ES ESPERO HABER PLASMADO ALGO DE ESENCIA DE VUESTROS "BEBÉS" :) (Tened en cuenta que es el primer capítulo así que iremos poco a poco)

HE DECIDIDO HACER LAS COSECHAS EN TRES CAPÍTULOS POR LO QUE EN CADA CAPÍTULO HABRÁ OCHO TRIBUTOS. ESTOY HACIENDO LOS POVs DE LOS PRIMEROS TRIBUTOS QUE ME VAN LLEGANDO ASÍ QUE LOS AUTORES QUE AÚN NO ME HAN MANDADO EL SUYO… POR FAVOR HACEDLO YA :)

AL IGUAL QUE EN OTROS SYOTs TENGO MUY PRESENTE EL SEGUIMIENTO DESDE LOS REVIEWS, ESTAS HISTORIAS SE HACEN PARA QUE LOS AUTORES SIGAN A SUS TRIBUTOS POR LO QUE LA VIDA DE ELLOS DEPENDERÁ DE SU COLABORACIÓN Y OBVIAMENTE DE LA HISTORIA QUE LLEVAN CONSIGO.

ME QUEDAN DOS PLAZAS LIBRES DE TRIBUTOS:

-CHICO DEL 9

-CHICA DEL 10

ALGUNOS AUTORES HAN DECIDIDO PEDIRME OTRA PLAZA ASÍ QUE LOS QUE TIENEN SOLO UNO Y SI GUSTAN PUEDEN TOMARLOS :) (mandadme un PM)

ESTOY HACIENDO POCO A POCO EL BLOG CONFORME ME VAN LLEGANDO LOS FORMULARIOS, ASÍ QUE ESTARÁ LISTO PARA CUANDO TENGA A TODOS LOS TRIBUTOS.

BUENO PUES NADA MÁS… AUNQUE OS DEJO UNAS PREGUNTILLAS PARA EL REVIEW :)

-¿Qué POV te ha llamado más la atención?¿Por qué?

-¿Qué POVs tienes ganas de leer en el próximo capítulo?

-¿Os gustaría que hiciera un POV de Cinzia para saber cómo va la Arena?


OMG! ¿Han visto ya EN LLAMAS? Yo estoy... asadknaskdnsanfsmanhjb! La pelicula ha sido MUY fiel al libro y eso me ha gustado mucho. Katniss y Peeta... ya los echaba de menos :') Y bueno... los momentos de Katniss con Gale... ehmmm... mejor no opino. Y Finnick, mi chico con sus azucarillos... quiero felicitar a Sam Claflin porque le ha hecho justicia a nuestro chico del 4 :D Por cierto, ¿alguien más notó la ausencia de la frase de Peeta "mis pesadillas suelen ser sobre perderte, así que se me pasa cuando me doy cuenta de que estás a mi lado" y "Ojalá pudiera congelar este momento justo aquí y ahora.? ¿O sólo soy yo?

MUCHAS GRACIAS POR EL TIEMPO QUE ME HABÉIS DEDICADO EN LEER ESTO Y MANDARME VUESTROS TRIBUTOS. ELENEAR, GRACIAS POR TU AYUDA Y TUS CONSEJOS :)

UN SALUDO Y NOS LEEMOS PRONTO!