DISCLAIMER: Los Juegos del Hambre le pertenecen a la maravillosa SUZANNE COLLINS y los respectivos tributos a cada autor que lo haya creado. Esta historia es solo por pura diversión.
HIDE AND SEEK
CAPITULO 3
"SAFE AND SOUND"
ZAMARA KEIREN (18 años) – DISTRITO CINCO
Definitivamente no estoy por la labor de seguirlas escuchando: cómo cuchichean, cómo se ríen por lo bajo… está claro que a pesar del día que se nos avecina hoy ellas no iban a cambiar nuestra rutina. Ni siquiera sé por qué me empeño en querer quedarme a desayunar aun sabiendo lo que me espera en la mesa.
Sigo jugando con la avena de mi plato removiéndolo como si fuera a encontrar un tesoro escondido, como si fuera la escolta que va a estar hoy en medio del escenario removiendo en las urnas para sacar el nombre de otra vida inocente.
-Oye Zamara… -se ríe Shiney. Ya empezamos. –Quizás hoy sí que es un buen día para presentarse voluntaria.
Ruedo los ojos ante su idea brillante de todas las mañanas. Sinceramente, podría cambiar un poco… estoy empezando a cansarme de la misma broma.
-Si, sí… -sigue Suney. –Seguro que tienes grandes posibilidades de matar a un profesional con uno de esos libros gordos de la biblioteca… -se ríen las dos chicas insoportables. –Eso si deciden poner alguno en la Cornucopia… seguro que nadie más lo coge así que será todo para ti.
-¡Basta niñas! –exclama mi madre regañándolas. –Dejad en paz a vuestra hermana.
-Para tu información, esos libros gordos son enciclopedias. No hay que ser un genio para saber eso, Suney. –le dedico una mirada desafiante. –Ah, espera… se me olvidaba, que vosotras dos compartís el mismo cerebro. Ahora lo entiendo…
Las gemelas me miran con los ojos entrecerrados y yo se los correspondo. ¿Cómo es posible que unas chicas con veinticuatro años actúen de esa manera? Normalmente a esa edad ya deberían estar casadas como la mayoría de chicas del distrito... pero no, ellas dos tienen que seguir juntas y pegadas, viviendo en el mismo techo que nosotros.
-¡Zamara! –vuelve a gritar mi madre.
-Deja a las niñas… -murmura mi padre.
-Mejor me voy… nos vemos en la plaza más tarde. –me levanto de la mesa y salgo corriendo hacia la puerta.
-¿Qué? ¿Vas a jugar al escondite antes de la cosecha? Ten cuidado, no te pierdas. –me dice Suney y se ríen de nuevo.
Decido no hacerlas caso, agarro mi chaqueta y salgo de la casa para no seguir escuchando las estupideces que salen de la boca de mis hermanas. Para ellas es tan fácil hacer bromas de ese tipo en un día como hoy, siempre se han considerado "preparadas" para los Juegos pero yo no pienso de la misma manera, a pesar de ser mis hermanas, si alguna hubiera salido cosechada estoy bastante segura que ninguna habría salido viva del baño de sangre. Menos mal que nuestros padres sólo han considerado un "por si acaso" los entrenamientos y nunca nos han forzado para presentarnos voluntarias.
Las calles aún siguen vacías excepto por los agentes que pasean de un lado a otro y los técnicos que preparan el gran escenario en la plaza, tengo que intentar no mirar en la fachada del Edificio de la Justicia para que el miedo no se apodere de mí… cruzo la plaza corriendo hasta llegar en la casa de Albeh donde no me sorprende que mis dos amigos ya me esperan.
-Pensé que ya no vendrías… -se ríe Merick. –Hoy has aguantado un poco más el desayuno.
-Créeme, si me quedaba cinco minutos más alguien habría salido lastimado. –intento reírme pero no lo consigo.
-Bueno, tenemos unas dos horas antes de que empiece todo ese barullo. –Albeh se mira la muñeca donde tiene un reloj imaginario. –Corramos un poco.
Siempre encuentro mi liberación en mis amigos. Cuando estoy en casa me siento atada y asfixiada no sólo por las bromas infantiles de mis hermanas sino por la poca atención que recibo de mis padres. Creí que podría superar ese sentimiento de envidia y celos que tenía hacia mis hermanas cuando mis padres obviamente demostraban cada día su preferencia con ellas, por supuesto, ellas saben pelear y manejar armas, mientras que yo prefiero esconderme en mis libros y en mis amigos. ¿Quién querría a una hija que se pasa todo el día en su habitación leyendo? Obviamente, nadie.
Sin darme cuenta el tiempo pasa demasiado rápido, algo bastante normal cuando estoy corriendo con mis amigos. Les dedico una sonrisa victoriosa al verles a ambos intentando absorber todo el aire en sus pulmones a unos metros atrás mío.
-Tú… deberías… irte… a tu… casa… a vestirte. –Albeh hace el amago de decir una frase completa sin ahogarse.
-¿Vestirme? –pregunto y miro mi atuendo consistido en unos pantalones caquis anchos, una camisa grisácea de manga larga y mi chaqueta negra.
-¿No irás vestida con pantalones a la Cosecha, cierto? –me mira mi amiga Merick.
-Yo… -balbuceo. –No creo que importe, además, no me dará tiempo llegar a la plaza e inscribirme. Yo siempre he ido así en las Cosechas.
-Y todos los años te decimos lo mismo pero no haces caso. –se ríe Albeh. –Está bien, déjala Merick, es inútil
Me siento en el banco que hay en la puerta de la casa de Albeh y mis amigos me imitan. Ahora viene el silencio característico justo antes de dirigirnos a la plaza. Los tres tenemos la misma edad, es decir, hoy nos libramos de la pesadilla en la que estamos sometidos hace seis años. Ninguno tiene pedido teselas así que todo dependerá de la suerte que tengamos hoy.
-Si alguno… llegara a salir cosechado hoy… -empieza a decir Merick. –Técnicamente los tres estamos… preparados.
-O al menos hemos intentado estarlo. –sigue Albeh.
-Vosotros lo estáis… -digo yo.
-No digas eso, Zamara. –Merick me aprieta la mano. –Tú y yo sabemos que tú también estás preparada a pesar de lo que le quieres hacer creer a tu familia.
Yo me quedo callada y doy un suspiro profundo. Merick tiene razón, quizás no soy tan buena como mis hermanas pero en algo me puedo defender.
-Venga chicas, es hora de ir a la plaza.
Para cuando llegamos a la plaza ya está completamente abarrotada, los agentes ahora corren de un lado a otro y cientos de niños forman unas tres filas delante de las mesas de inscripción. Merick me coge de la mano mientras nos acercamos a la muchedumbre y yo no puedo evitar girarme para buscar a mi familia.
-Os veo más tarde. –Albeh nos sonríe y se despide mientras se pierde entre los chicos de su edad.
Merick y yo nos dirigimos en nuestro sitio sin soltarnos de la mano. Al principio el contacto con mi amiga me calma pero nada más oír la voz de la escolta comienzo a temblar. Merick gira disimuladamente su rostro preocupado hacia mí y más tarde la dirige en la unión de nuestras manos, puedo distinguir una ligera expresión de dolor en su rostro mientras sin control alguno aprieto fuertemente su mano.
-¡Os presento vuestro tributo femenino… Zamara Keiren! –exclama la escolta.
Suelto el fuerte agarre de las manos de mí amiga y caigo rendida al suelo, agarro mi cabeza con ambas manos intentando detener el pitido en mis oídos. Merick se arrodilla para ayudarme a levantarme pero es tarde, unos brazos fuertes me tiran hacia arriba y me obligan levantarme.
Busco desesperadamente a mi familia que me miran sorprendidos y aterrorizados. Los agentes de la paz me obligan a seguir caminando hacia delante por lo que rompo el contacto visual. La presión conocida en mi pecho resurge y agarro mi muñeca izquierda clavando mis uñas en ella. Eso logra tranquilizarme un poco pero todo se desvanece cuando me encuentro delante de todos: Merick y Albeh lloran ante mí… y no puedo hacer nada más que hundir mis uñas en mi muñeca lo más profundo que me sea posible.
LUKYAN VALERIK (18 años) – DISTRITO NUEVE
-Lukyan… despierta… -su voz es melodía para mis oídos.
Ella me acaricia las hebras de mi cabello de manera acompasada ofreciéndome paz y calma. Busco su mano libre con los ojos aún cerrados palpando la hierba hasta que distingo su calidez, llevo su mano en mis labios y lo rozo con ellos, puedo percibir una pequeña sonrisa que se dibuja en su rostro y eso también me hace sonreír.
-No seas perezoso y levántate… -dice con una sonrisa.
Abro los ojos y me encuentro con su rostro sonriente, vuelvo a rozar su mano con mis labios y me incorporo sentándome. Si pudiera me quedaría así con ella, con mi cabeza tumbada en sus piernas, respirando este aire fresco… si tan sólo pudiera vivir con ella una vida tranquila, tener hijos, crear nuestra propia familia… definitivamente sería el chico más feliz del mundo.
-Deberíamos irnos… no vaya a ser que lleguemos tarde. –murmura Katria mientras acaricio su mejilla donde la sonrisa que presentaba ya no se encuentra presente.
Intento mantener la calma ante su cambio de ánimo repentino. Me levanto, le ofrezco mi mano para ayudarla a ponerse de pie y rodeo su cintura con mi brazo intentando mantener lo menor distancia posible entre nosotros. No hay nada más que quiero en este mundo que escaparnos del día que nos espera hoy, lo peor de todo es que mientras se desarrolla esa fiesta tan esperada por los Capitolinos yo no puedo estar al lado de ella para transmitirla de que todo va a ir bien… a pesar de saber que hay un cincuenta por ciento que de uno de nosotros salga cosechado hoy, en el peor de los casos que ambos salgamos cosechados.
La mínima idea de eso hace que un escalofrío atemorizante recorra todo mi cuerpo. Es obvio que yo haré cualquier cosa por protegerla pero tampoco me gusta la idea de morir y dejarla sola… no, definitivamente eso no está entre mis planes.
-Tengo que ir un momento a casa… -susurro en sus oídos mientras atravesamos el bosque para ir a su casa. –Mis padres deben de estar buscándome, no es que me importe lo que digan pero tengo que ir…
-Está bien, no te preocupes. –me intenta sonreír.
La llevo hasta su casa para quedarme más tranquilo. Desde aquel día que la vi por primera vez ya no soy capaz de dejarla caminando por estas calles oscuras sola… precisamente el recuerdo que tengo de nuestro primer encuentro no es bastante agradable que digamos, un recuerdo donde hay una esquina, dos agentes de la paz y ella con las ropas destrozadas y sollozando. Intento no pensar mucho en ese momento porque cada vez que lo hago me doy más cuenta de la atrocidad en la que casi todas las personas, no sólo de este distrito, están viviendo.
-Te veo luego. –me despido de ella antes de estrecharla entre mis brazos y juntar nuestros labios. –Te amo.
-Y yo a ti.
Camino hacia el Edificio de la Justicia con pasos rápidos. El alcalde de la ciudad, o más bien su mujer, tiene bien organizado el horario del desayuno y más en un día tan "importante" como hoy. Ahora mismo lo último que quiero escuchar son los grititos de mi madre para que esté listo y presentable, vamos, ser digno de ser el único hijo del alcalde del distrito nueve.
Mi madre siempre se ha empeñado en "educarme" para ser el futuro alcalde de este distrito y así seguir los pasos de mi padre, aunque en realidad lo último que ha hecho ella por mí es educarme. Siempre ha estado más ocupada en mantener su estatus social, es decir, un puñado de vestidos nuevos y apariencia, que estar atenta si su hijo sigue viviendo o peor aún si sale cosechado. Pero bueno, creo que eso último es lo menos que les preocupan a mis padres ya que no tengo muchas papeletas en la urna. Eso no quiere decir que no me puede tocar pero sí tengo menos posibilidades que otros… como Katria.
Afortunadamente tengo dieciocho años y hoy es mi última Cosecha, algo que tranquiliza bastante a mi padre ya que a diferencia de mi madre él sí que se preocupa por mí. He estado soñando con este día desde que supe que Katria es la mujer de mi vida. He soñado tantas veces con que ambos nos libremos de la Cosecha para así poder vivir en paz y criar a nuestros hijos… este año me libro yo y bueno, Katria tiene que esperar dos años más… algo que me deja bastante intranquilo.
Gracias a dios llego con tiempo de sobra así que me escabullo a escondidas en la puerta trasera del Edificio de la Justicia para subir a mi habitación y darme una ducha rápida. Como siempre mi camisa blanca recién planchada y pantalones marrón claros ya están tendidos en mi cama. Suspiro profundamente… es la hora del show de mi madre.
-Buenos días. –saludo secamente. –Hola, padre.
-Llegas siete minutos de retraso, Lukyan. –me reprende mi madre al que decido ignorar como siempre. –Sabes que tu padre tiene una agenda muy apretada, tiene que reunirse con los mentores y con la escolta antes de la Cosecha… y tú debes estar en tu puesto más puntual que nadie…
-Deja desayunar en paz a nuestro hijo… -mi padre sale a mi defensa al que se lo agradezco internamente.
Mi madre decide cerrar su boca y desayunamos en silencio. Casi tiene que arrastrar a mi padre fuera del comedor para que no llegue tarde y a mí prácticamente me da la patada para que me inscriba de inmediato.
Busco entre la multitud a Katria pero no consigo encontrarla. Al final decido inscribirme solo pero mientras camino hacia mi puesto noto su mirada clavada en mí, me tranquilizo un poco y se lo hago saber con un guiño. Decido mirarla para evadirme de todo lo que está pasando… pero me doy cuenta que mirar su rostro pálido y llena de terror es incluso mucho peor.
-Empecemos con las damas… -algo se clava en mi corazón… y me siento horrible por desearle el mal a cualquier otra chica que no sea mi Katria. -¡Jahanni Kapoor!
Mi corazón se calma por un momento… ya está, lo peor ha pasado, pero se me encoge el estómago al ver a la personita que sale del grupo de los trece… no, un pequeño ángel no.
-Ahora los caballeros. –chilla la escolta.
Mi mirada enseguida se posa en mi padre y como siempre apoya su mano en sus muslos y los aprieta con nervios, me devuelve la mirada llena de miedo.
-¡Lukyan Valerik! –un grito ensordecedor se produce en la fila de las chicas.
Todos se giran para ver quién ha producido semejante escándalo y acto seguido me encuentro empujando a todo el mundo para correr hacia ella. Sé que hay millones de ojos viéndonos ahora mismo pero no me importa… sé que esto va en contra de las reglas, pero no me importa…
Agarro de los hombros a Katria para levantarla del suelo. No tengo mucho tiempo y sé que no la dejarán despedirse de mí antes de que me vaya hacia el Capitolio, antes de que vaya a los Juegos… Acuno el rostro destrozado de Katria y la acerco al mío, intento capturar por una última vez su esencia, intento capturar por última vez el sabor de sus labios mientras la beso… intento capturar todo de ella por una última vez… al menos de momento.
-¡NO! –es lo último que oigo de sus labios cuando me arrastran hacia el escenario y todo lo que veo es borroso
-¡Señoras y señores, os presento vuestros tributos!
Mi padre intenta despertarme de la pesadilla en la que me encuentro. Veo cómo se cierran las grandes puertas del Edificio de la Justicia dando por terminado la Cosecha… mi última Cosecha… donde yo he salido cosechado…
-Lukyan… Lukyan, hijo. –dice de forma desesperada mi padre. –Todo va a ir bien, hijo.
-No… -le niego con la cabeza. –Nada va a ir bien a partir de ahora.
-Por supuesto que sí, hijo… yo… conozco a Bly y sé que será un buen mentor… él te sacará de allí. –me dice mientras tiembla.
-¡No me puedo creer que hayas hecho eso! –exclama de repente mi madre. -¡Esa chica, Lukyan! ¡Es de los barrios bajos!
-¡¿Te podrías callar por un rato?! –la grito en la cara.
Mis padres me miran sorprendidos mientras las lágrimas abarcan mis mejillas. Caigo destrozado en el suelo de la habitación donde enseguida se une conmigo mi padre dándome un abrazo. Ahora mismo no puedo organizar nada en mi cabeza… yo… me encuentro perdido.
-Se acabó la despedida. –el agente de la paz abre la puerta.
Las cosas que había planeado no iba de esta manera… no conmigo en la Arena luchando por mi vida junto a otros veintitrés chicos… no es justo… yo sólo pedía una cosa y es un futuro con Katria.
Yo… volveré a por ti Katria.
AZARHA CARTWITH (17 años) – DISTRITO DOCE
Respiro profundamente mientras que por enésima vez paso el cepillo entre mi cabellera rubia alborotada. Justo hoy tenían que mandarme a limpiar nuestra carnicería que está en la plaza del pueblo y por eso tuve que ir corriendo hasta allí, limpiar lo más rápido que pude y regresar, de nuevo corriendo, hasta casa para arreglarme. Por esa razón tengo todos los rizos apuntando en diferentes lados y que me está costando toda la mañana ponerlas "presentables".
Saco del armario el vestido que me ha planchado la tía Ritta anoche y me lo pongo, ato el lazo de atrás y me doy un último vistazo en el espejo antes de bajar las escaleras para encontrarme con mi padre dando un sorbo de su taza. Cuando nota mi presencia alza la mirada y me sonríe, levemente, una sonrisa que no le llega en los ojos… una sonrisa del día de la Cosecha.
-Estás muy guapa, Azarha. –susurra, apenas lo oigo.
-Gracias, papá. –me siento a su lado y doy un mordisco al pan con pasas que venden en la panadería al lado de nuestra carnicería.
-¿Quieres que vayamos juntos hasta la plaza? –me pregunta de repente. –Tu tía me ha dicho que se pasará aquí para ir todos juntos.
-Me iré antes, quiero ir a ver a Betty antes de… eso. –murmuro y trago pesadamente.
-Está bien, pero no llegues tarde.
No es ninguna novedad que una chica como yo odie los Juegos del Hambre, de hecho, no creo que mi odio inmenso sobre esta "matanza televisada" me haga alguien especial, porque no creo ser la única persona quién haya perdido a un ser querido en esas malditas arenas.
Mi padre siempre me ha dicho que tuve la suerte de no haber presenciado la muerte de ese ser querido, pero yo siempre le respondo con una risa sarcástica. ¿Cómo es posible que considere eso una cosa de suerte? Si lo que quiere decir con suerte es que nada más un año de nacer mi madre haya sido cosechada, haya muerto en manos de alguien y que yo haya crecido sin una ella… si eso es a lo que él le llama suerte, ni siquiera me gustaría saber qué significa no tener suerte.
A veces también me paro a pensar de lo que habrá sentido mi madre en abandonarme para ir en esos malditos Juegos. ¿Se le habrá pasado la idea de quizás hubiera sido mejor no haberme tenido? Sinceramente, tampoco le culparía si ese pensamiento cruzó su mente en algún momento. Ella tan sólo tenía dieciséis años cuando me tuvo, estaba embarazada y su edad seguía apta para las Cosechas… supongo que ese año "la suerte" estuvo de su parte al no salir cosechada, "suerte" que desapareció un año después, cuando tenía diecisiete y su nombre salió de la urna.
Desde entonces mi padre me crio solo con la ayuda de mi tía, pero no puedo negar que la historia de mi madre ya no se encuentre pegada a mi espalda. Parece que la gente del distrito sigue interesado por la pobre Azarha… la chica que perdió su madre… como si yo fuese la única. Pero en fin, supongo que con los años se puede acostumbrar uno a las miradas de pena, a los cuchicheos y a los que prefieren mantener distancia conmigo. Al cabo de los años te das cuenta que es posible poner un muro invisible entre esas personas y tú.
Lo que nunca me imaginé es que una persona tan diminuta pueda lograr hacer añicos ese muro que me costó años en construir: Conocí a Betty durante mis paseos a escondidas en la Veta, cuando la vi por primera vez lo primero que pude notar es el estado de hambruna en la que estaba, no sé en qué pensaba en aquel momento cuando volví corriendo a la carnicería, cogí trozos de carne sobrante y se lo llevé corriendo a escondidas. Aún recuerdo esos ojos grises confusos que me miraban como si estuviera loca. Desde aquel momento ella y yo nos volvimos inseparables y lo mejor de todo es que no sabía nada de mi historia, hasta que se lo conté, y por tanto ella nunca me miró con lástima, aunque creo que eso se debe a que ella está en una situación peor que la mía.
Betty lo pasa peor cuando toca este día. No puedo asegurar cuantas papeletas tendrá en la urna este año ya que desconozco cuantas veces habrá pedido teselas... su hermano mayor le prohibió cogerlas, pero supongo que lo que él gana en las minas no es suficiente.
Atravieso corriendo las callejuelas de la Veta hasta llegar a una casa, si se le puede llamar así, casi destrozada. Llamo en la puerta dos veces con cuidado por si se cae y enseguida un chico alto, con el cabello oscuro despeinado y ojos grises me saluda sonriente, no puedo evitar sentir mis mejillas acaloradas.
-Hola, Saymon. –saludo.
-Llegas justo a tiempo. –me dice. –Betty, es hora de irnos.
Se ha convertido en una tradición esto de que Saymon nos acompañe a mí y a su hermana en la plaza. Claro, él hace dos años que ya no participa en la Cosecha, gracias a dios, aunque obviamente no le hace mucha gracia que su hermana todavía le quede un par de años sufriendo esta pesadilla.
A los tres sólo nos queda orar que este año la suerte esté de nuestra parte.
-¿Qué tal llevas las miraditas de este año? –me pregunta Betty intentando poner voz de animada.
-Oh, perfecto como siempre… ya sabes, tengo la misma edad que mi madre cuando salió cosechada… así que ya ni te cuento lo que van diciendo por ahí. –suelto con un bufido.
Los hermanos me miran como si no supieran si reír o llorar ante mi comentario. En estas ocasiones prefiero mantener la calma a flote, no es que me agrade mucho bromear estando en una circunstancia como ésta pero supongo que eso es mejor que tener la cara larga y dar más razones a la gente para hablar de mí.
Saymon abraza a su hermana antes de irse entre el público, me sorprende cuando me abraza a mí también pero no se lo rechazo, de hecho puedo sentir mi corazón como si fuera a salírseme del pecho.
-Nos vemos más tarde. –el chico de ojos grises intenta esconder su temblor antes de darse la vuelta y dejarnos solas.
Entonces ahora comienzo a compartir esa sensación conocida como terror con mi amiga. Betty ni siquiera es capaz de disimular sus temblores cuando estrecha su mano hacia el agente para tomarnos la muestra de sangre, así que mientras caminamos hacia nuestro sitio agarro su mano con fuerza y le doy un apretón cariñoso.
-Todo irá bien, te lo prometo. –e intento dedicarla una sonrisa.
Chariette Weirgh hace su "maravillosa" entrada intentando no tropezar con sus propios pies por culpa de sus "zapatos". Entonces detrás de ella aparecen los mentores e instintivamente y como siempre mi mirada se clava en el hombre que se sienta con desgana al lado de su compañera. Ese hombre se llama Selby Ern… y fue con mi madre en los Juegos del Hambre.
Enseguida frunzo el ceño y siento como comienzo a hiperventilarme. Como siempre no aparto la mirada del hombre que parece tener la mente en otra parte, pero algo cambia en su expresión. Su mirada se fija en la escolta y sus manos aprietan sus muslos de manera tensa. Me sorprendo cuando mi mano también se ve apretujada por mi amiga, giro la cabeza y veo su rostro mojado por las lágrimas que no paran de brotar de sus ojos… y entonces oigo.
-¡Fiorelle Cartwith!
¿Cómo es posible? Ese… es el nombre de mi madre. Agito la cabeza confusa y cierro los ojos varias veces para despejar mi mente. Siento como mi cabeza comienza a dar vueltas y un nudo enorme está formándose en mi estómago. Alzo la cabeza para mirar a la escolta confusa. Mi amiga me aprieta más la mano para llamar mi atención y cuando la miro me dedica un asentimiento.
-¡Azarha Cartwith! –ahora oigo con claridad. -¡Tributo femenino del doce, Azarha Cartwith!
De repente Betty levanta la mano y actúo empujándola de forma automática. De nuevo mi corazón comienza palpitar pero con una sensación diferente. Abrazo fuertemente a Betty antes de que los agentes de paz me arrastren hacia el escenario y sea demasiado tarde.
-Todo va a ir bien, Betty, deja de llorar. –la susurro.
Y es entonces cuando siento las manos repugnantes de los agentes en mi cintura, doy un último vistazo a mi familia que llora por mi desgracia y lo único que abarca mi mente ahora es que definitivamente… la suerte no está de mi parte.
SYCAMORE ABBEY (18 años) – DISTRITO SIETE
Gotas de sudor se deslizan por mi rostro mientras corto el milésimo trozo de madera de esta mañana. Se supone que hoy tendría que estar bien relajado en mi cama antes de adentrarme en la celebración que se prepara hoy en todos los distritos, no soy precisamente partidario del día que se celebra pero nunca viene mal regalarme a mí mismo unas buenas vistas de las chicas más guapas del distrito. Eso es algo que no puedo rechazar… mujeres bonitas y el dinero por supuesto.
De hecho, creo que la única razón por la que trabajo es el dinero… aunque pensándolo bien no creo que nadie trabaje por placer teniendo en cuenta en las condiciones en la que vivimos. Pero bueno, ese dicho de la vida es injusta está por algo, y es algo odio con toda mi alma.
Dejando aparte la gente del Capitolio, también están las personas que viven cómodamente en los distritos, para ser exactos en mi distrito. O ellos directamente vienen de una familia acaudalada o porque son familia de algún Vencedor. A esas personas son a las que detesto… se regodean por el distrito como si fueran la gran cosa mientras que los demás tenemos que hacer sudar hasta nuestra alma para conseguir vivir "bien", y digo bien en el sentido de que podamos poner algo de comida en nuestra mesa cada día.
Para el colmo soy el que se encarga de llevar el pan a casa y ese hecho no me hace mucha gracia que digamos… no cuando la mitad de lo que gano me lo saca mi padre solo para comprar ese "líquido del olvido" también llamado alcohol.
El problema de mi padre con ese dichoso líquido supongo que comenzó desde que mi madre falleció dándome la vida a mí. Nunca me ha gustado hablar de ese tema con nadie, no cuando pienso que mi madre murió por mi culpa. Mi padre dice que su muerte no fue por mí, ella tomó la decisión de dar su vida para que yo esté aquí en este mundo y que él y yo no podemos vivir echándonos la culpa el uno al otro. Eso es lo que él dice… otra cosa es lo que él siente en realidad. Aún recuerdo la primera vez que se emborrachó tanto que creía que se iba a morir ante mis ojos... tenía siete años y recuerdo cómo me echó en cara todo lo que sentía... lo recuerdo como si hubiera pasado hoy mismo.
"Fue tu culpa."
"¿Por qué tuviste que nacer?"
"¿Por qué me la arrebataste de mi lado?"
Esas fueron de las muchas palabras que me dijo, sentí como mi corazón se rompía en pedazos con cada sílaba que salía de su boca, me sentí morir allí mismo delante de él. Pero no puedo, sé que no puedo dejarle porque después de todo es mi padre… Y a pesar de todas sus crueles palabras hacia mí no puedo echarle la culpa por sentirse así porque de alguna manera le doy la razón. Le arrebaté lo que más amaba… y sé que eso no es difícil de olvidar.
-¡Sycamore! –el grito de uno de mis compañeros me saca de mis cavilaciones. -¡Hora de irse!
Como si fuéramos unos robots, nos echamos nuestras hachas en la espalda y caminamos hacia nuestras casas. En realidad no tengo que caminar mucho, después de todo mi casa no queda tan lejos del área de tala de árboles. Me escabullo de entre la multitud y tomo el camino secreto hacia mi casa, una casa pequeña como la del resto de la zona en donde vivo.
Nada más atravesar la puerta el olor a alcohol inunda mis fosas nasales por lo que abro las ventanas, mi padre está tirado en el suelo con una botella en la mano y tengo que apretar los puños para relajarme y no salir corriendo por la frustración que siento cada vez que lo veo de esa manera. Suspiro profundamente y le ayudo a tumbarse en la cama antes de irme a duchar y prepararme para la Cosecha.
Echo un último vistazo en la habitación para asegurarme que está profundamente dormido antes de irme con más tranquilidad. En vez de ir directamente a la plaza me dirijo hacia otro camino, hacia el sitio que más me gusta del mundo… el trozo que queda del viejo sicomoro que se encuentra en lo alto de una colina. Siempre me ha gustado evadirme de mi realidad estando aquí, junto al árbol que me dio nombre. Daría cualquier cosa por revivir esos bonitos recuerdos que me contaba mi padre cuando era pequeño: de cómo él conoció a mi madre debajo de este árbol, de cómo se casaron aquí… este árbol forma parte de los recuerdos más bonitos que le quedan a mi padre y por eso me puso mi nombre Sycamore. Supongo que todo cambió conforme iba a creciendo y cada vez me convertía en una persona muy parecida a mi madre… quizás yo le recuerde demasiado a ella y por esa razón está de esa manera.
Desde este sitio también puedo divisar aquellas casas enormes en la parte más rica del distrito. Me gusta admirarlas porque sé que yo nunca podría obtener algo así y por eso odio a las personas que viven dentro de ellas, por envidia, por tener algo que yo no puedo tener. Puede que suene muy egoísta pero no puedo evitar pensar de otra manera. Hay tantas cosas que haría si tuviera el dinero que tienen… tantas cosas como mejorar el nivel de vida que tenemos.
Oigo el sonido que anuncia el inicio de la Cosecha y salgo corriendo hasta la plaza. Me doy cuenta que llego tarde cuando la gente comienza a amontonarse enfrente del Edificio de la Justicia. Una vez que me inscribo diviso a mi amigos, Walnut y Alder que me saludan desde su puesto, me sitúo al lado de ellos y juntos esperamos por el gran momento.
-Última cosecha, chicos. –suspira Alder bastante aliviado. –Entonces seremos libres y podremos hacer lo que nos dé la gana.
-Esta noche lo celebraremos por ahí de "caza" –Walnut me guiña el ojo en complicidad. –Esta noche hay que pillar las más guapas.
Dejo escapar una risa para no llamar su atención. No me había detenido a pensar que hoy es mi última cosecha y después me convertiré en un leñador para el resto de mis días. Agito la cabeza ante la horrible idea de cortar leña todos los días hasta que me muera, no, definitivamente no puedo vivir así.
-¿Cómo piensa celebrar tu padre tu última cosecha, Sycamore? –de repente me pregunta Walnut. -¿Al fin podrás invitar en tu gran casa?
Me quedo mirando a mi amigo fijamente… hay una ligera posibilidad en que no haya sido completamente sincero con ellos sobre mi nivel de vida.
-¿Qué? No, mi padre ahora está fuera del distrito… ya sabéis por el negocio. –balbuceo y ellos asienten.
-Bueno, pues cuando llegue. –Alder se encoge de hombros dejando el tema y prestamos atención a la escolta que ya ha comenzado con tu tradicional discurso.
-¡Las damas primero! –exclama demasiado entusiasmada la escolta y coge un pequeño papel de la urna de las chicas. -¡Peria Stravoros!
Ese apellido me suena. Sí, si no recuerdo mal una vencedora se apellida de la misma manera… dios mío, esa chica pertenece a una familia vencedora.
-¡Me presento voluntaria! –de repente todas nuestras miradas se fijan en una chica alta y con cabellos oscuro y largo.
La chica camina decidida hacia el escenario, se sitúa en el lado izquierdo de la escolta y ni siquiera le dirige la mirada. Ésta le pregunta su nombre y ella responde sin miedo: Milenna Stravoros. Era su hermana… quién salió cosechada era su hermana.
-Sigamos con los caballeros… -murmura la escolta y se va hacia la urna de los chicos dejando a nuestra voluntaria sola en medio del escenario. -¿Preparados caballeros? –se ríe. -¡Dargh Vox!
Noto como mis compañeros de al lado suspiran aliviados y se intercambian una mirada de tranquilidad. Yo sin embargo me quedo mirando el chico que sale del área de los dieciséis… camina con miedo sin apartar la mirada hacia atrás, se tropieza con un escalón y tiembla como si fuera un pluma.
"Última cosecha." Suena la voz de mi amigo en mi consciencia.
Seré un pobre leñador para toda mi vida. La imagen de mi padre medio muerto en el suelo con la botella en su mano. Nuestra casa en ruinas cayéndose en pedazos. Miles de troncos a mis espaldas para cortar. Las palabras de mi padre. La imagen de mi madre.
Todo eso pasa por mi cabeza. Veo como mi vida se reproduce como una película ante mis ojos. Me siento completamente consciente de cualquier acto que realice ahora mismo… menos de uno.
-¡Me presento voluntario! –exclamo a todo pulmón alzando la mano.
La escolta, los mentores, los dos tributos y todo el mundo fijan su mirada en mí. La escolta mira por todos los lados confusa. Mis amigos me miran confusos. Yo salgo de entre la multitud y los agentes de la paz me frenan el paso. El mundo se detiene ante lo que acabo de hacer.
La escolta se acerca a alguien y la veo asentir. Ella me mira fijamente aún con los agentes enfrente mío para que no siga mi paso. La escolta se acerca al micrófono y carraspea antes de echarse a reír.
-Supongo que lo damos por válido. –se encoge de hombros. –Dejen pasar a nuestro voluntario masculino.
Mis pies caminan por sí solos. Me cruzo con el chico cosechado y me mira con ojos llorosos. Siento todas las miradas en mí. Veo como la tributo femenino me mira con el entrecejo fruncido y yo intento no mantener contacto visual con ella… al menos de momento.
-De nuevo… ¡Os presento a vuestro tributos del distrito siete!
Después de ese grito nos empuja hacia dentro del Edificio de la Justicia. Es entonces cuando esa sensación llamado miedo se apodera de mí… y me hace darme cuenta de lo que acabo de hacer… ahora… más vale que salga con vida de esta.
ANMERIT VELVET (17 años) – DISTRITO ONCE
Cierro los ojos e intento dormir un poco más. Apenas distingo luz en mi ventana por lo que doy por hecho de que es aún demasiado temprano para despertarme. Me encojo en mi pequeña cama formando un ovillo cuando alguien aporrea la puerta haciéndome saltar del susto.
-Anmerit, levántate que nos toca preparar el desayuno. –disitngo la voz de mi hermano Nyx. –No tardes mucho, Deo y los demás deben de estar por llegar.
Intento hacer lo que me dice por lo que me desperezo y me levanto de la cama para vestirme con mis pantalones y camiseta anchos. Cuando salgo Nyx ya está intentando hacer fuego en la cocina y calentar algo que tengamos para poder comer. Me acerco a él para coger los platos y me muestra una pequeña sonrisa cuando me percibe a su lado.
-Supongo que llegarán más temprano de lo normal… no hace muy buen día. –murmura él llenando una cacerola con agua.
-No es un buen día en general. –murmuro yo de vuelta mientras deposito los cinco platos en la mesa.
Nyx coge la indirecta de mi frase y me encara con los brazos cruzados. Él siempre ha sido el más… maduro de la familia. Normalmente cuando me porto como una niña pequeña siempre me reprende por ello pero esta vez sabe que no habrá nadie que me anime el día de hoy.
-Merit… -dice con una voz más suave. –Deberías superarlo… como todos.
Intento esconder mi rostro devastado y asiento lentamente. Me sorprende cuando siento que Nyx me abraza. Él precisamente es el más cariñoso de entre todos mis hermanos pero supongo que hoy debo dejarlo pasar… no creo que sea la única quién sigue sufriendo no solo este día sino todos los días.
-Ya falta poco… sólo un año más y viviremos con tranquilidad.
Justo entonces oímos como la puerta de la casa se abre y los vozarrones de mis otros hermanos inundan nuestro pequeño hogar. Cuando me ven entre los brazos de Nyx se quedan perplejos por un momento y no se mueven de su sitio, hasta que Deo el más mayor de todos se encoge de hombros y se sienta en la cabeza de la mesa, sitio que antes ocupaba mi padre cuando seguía con vida.
-Apuesto a que los dos habéis empezado a desayunar sin nosotros. –suelta Xylon con su mirada inquisitiva puesta en mí y Nyx. -¿Te sientes bien Nyx?
Xylon es el segundo de todos nosotros y se puede decir que es el graciosillo de la familia. Es algo que se agradece bastante teniendo en cuenta que parece que en nuestra familia solo ocurren desgracias, después de todo siempre nos viene bien sus bromas. Le sigue Nyx, todo lo contrario de Xylon, Nyx es mucho más responsable y siempre piensa en las cosas antes de hacerlas, digamos que no le gusta mucho que le tomen por sorpresa y por eso siempre le gusta analizarlo todo antes de mover un dedo. Después vendría Derlis que se acerca más a mi edad, tiene diecinueve años y parece como si tuviera menos… en fin, siempre le ha costado más tomar las cosas con más responsabilidad y por tanto Deo tiene que estar pendiente de él casi siempre y más cuando se pone a revisar las cosechas que debemos entregar para que vayan al Capitolio.
Después de tantos chicos vendría yo… y mi hermano mellizo Athan. Según mi padre yo soy un minuto más mayor que Athan por lo que yo ocupo el quinto lugar siendo Athan el más pequeño de todos. En un principio todos vivíamos bien, vivíamos al día pero éramos felices y completos. Todo se derrumbó cuando mi madre murió de una neumonía y años más tarde mi padre la acompañó dejándonos a nosotros seis para criarnos solos.
Desde entonces tuvimos que aprender a buscarnos cada uno nuestra vida ya que al menos cuando toda la tragedia de nuestros padres ocurrió ya teníamos una edad bastante avanzada. Deo ocupó el lugar de nuestro padre y todos hacemos lo que podemos para ayudar en nuestro día a día. La gran preocupación que siempre tuvimos fueron los Juegos del Hambre, cuando murió mi padre los únicos que ya eran lo suficiente mayor para las cosechas eran Deo y Xylon, así que cada año intentamos rezar ante todos los dioses de que ninguno de nosotros saliera cosechado. Todo cambió dos años atrás, cuando creímos que la suerte estaba de nuestra parte, Athan salió cosechado con quince años.
Nuestra familia cayó derrumbada… y más cuando los cinco que quedábamos en el distrito vimos con nuestros propios ojos cómo le cortaban el cuello a mi mellizo durante el baño se sangre. La oscuridad volvió a caer sobre nosotros desde aquel día que nuestro apellido se reflejó en la pantalla anunciando el fin de su vida. Mis hermanos se volvieron depresivos al igual que yo… aunque todos sabían que la muerte de Athan me afectaba mucho más.
Él era mi otra mitad… yo más que nadie le conocía, teniendo en cuenta de que desde que nos concibieron hemos estado juntos. Yo no concebía a la idea de un mundo sin él cuando los dos éramos uña y carne. Con el paso de los años mis hermanos aprendieron a vivir sin su existencia, poco a poco intentamos volver a la normalidad, yo lo intenté con todas mis fuerzas… pero sé que no lo he hecho… nunca he podido superar ese día.
Por eso aprendí a esconderme detrás de mis sonrisas. He intentado volver a ser la misma chica, la única chica de la familia, alegre, optimista… yo creo que poco a poco lo estoy consiguiendo, siempre y cuando de repente el recuerdo de Athan no aparezca en mi cabeza.
Terminamos de desayunar, mis hermanos me intentan animar un poco ya que soy la única de la familia quién participa en la Cosecha. Sé que ellos lo pasan mal viéndome ahí sola entre la multitud de chicas. Al ser la única chica siempre me han protegido por sobre todas las cosas y los siento tan impotentes cuando saben que si en algún momento mi nombre saliera de la urna ellos no podrían hacer nada… absolutamente nada.
-Vamos a prepararnos. –Deo nos dice cuando nos levantamos de la mesa. –Hay que ir en la plaza.
Nadie dice nada y todos le obedecemos. Una vez que vemos que todos estamos listos salimos rumbo a la plaza sin pronunciar una palabra, al menos hasta que llega el momento de separarnos. Todos me dan un abrazo de ánimo y me dicen que todo va a ir bien, siempre dicen lo mismo todos los años y creo que lo dicen porque es lo que quieren creer. Como siempre Derlis no me deja sola hasta que me inscriben. Le doy un beso en la mejilla… es como un niño pequeño pero siempre ha sido el más sobreprotector conmigo.
Cuando llego en el área de mi edad diviso a mis amigas, mis únicas compañeras femeninas. Fue bastante agradable conocerlas después de haberme criado con chicos… la verdad es que yo les quiero mucho pero hay ciertas cosas de chicas que yo nunca hablaría con ellos. Doy gracias de haber conocido a Leshia y Jiae, y al menos por un momento de todo el día tener una compañía sólo echa por chicas. Ellas siempre me han dicho que actúo como un chico aunque no sé por qué les sorprende teniendo en cuenta que prácticamente me han criado cuatro chicos. Sinceramente me siento muy cómoda con la compañía de los chicos, quizás a veces mucho más cómoda cuando estoy con ellas… pero siempre hay una excepción.
Giro la cabeza hacia un lado y le veo. Anker me mira con una sonrisa muy dulce dibujado en su rostro. Enseguida aparto la mirada y acaricio mis mejillas. Estos son las típicas cosas que yo jamás le contaría a mis hermanos, ni mucho menos a Derlis ya que Anker es su mejor amigo. Siempre que veo al amigo de mi hermano hay algo en mi estómago que revolotea… algo desconocido para mí.
Leshia me agarra la mano y me saca de mi ensoñación. Me doy cuenta que el escolta ya está caminando hacia la urna de las chicas y el miedo al fin se apodera de mí. Como siempre siento como cada punto de mi ser tiembla mientras espera que el que sea pronunciado no sea mi nombre.
-Nuestro tributo femenino de este año es… ¡ANMERIT VELVET!
Mi nombre retumba haciendo eco hacia el fondo de mi ser. Sin ser muy consciente camino con los agentes prácticamente empujándome. Entonces me caigo, me tropiezo justo en el último escalón de camino al escenario. Todo lo que veo es borroso… desafortunadamente veo lo que más me aterraba ver desde que Athan salió cosechado: mis hermanos con los rostros destrozados, entonces pienso… así se sintió él cuándo justo dos años atrás él estaba aquí.
En este lugar en el que ahora… me toca salir con vida.
AMETHYST CACHEAUX (17 años) – DISTRITO UNO
-Una vez más… -digo mientras intento recuperar el aliento. -¡Ya!
El sonido del metal contra metal inunda la sala cuando choco mi espada con la de mi contrincante. Inclino hacia atrás mi cuerpo mientras veo pasar el filo de la espada delante de mi rostro, enseguida muestro una sonrisa de suficiencia y una vez que tengo vía libre me reincorporo en un abrir y cerrar de ojos para abalanzarme contra la persona que tengo enfrente. Lamentablemente él también esquiva mi espada apunto de rozar su abdomen por lo que hago una maniobra deslizando el mango de mi espada para cogerlo al revés, giro mi cuerpo en un costado suyo para esquivar sus ataques y hago que nos situemos espalda contra espalda para hacer el golpe final clavando la punta de mi cuchillo a la altura de su cadera.
-Vale, tú ganas. –mi compañero respira agitadamente. –Cada vez tus golpes están más cerca de tocar mi preciado cuerpo así que creo que es mejor que paremos antes de que uno salga lastimado…
-Querrás decir antes de que TÚ salgas lastimado. –me río de él y aparto la espada que prácticamente estaba a un milímetro de haberlo atravesado.
Me doy la vuelta y encuentro a Swan con los dos brazos levantados y de espalda. Me quedo un momento mirándolo con una sonrisa antes de palmear su hombro para avisarle que nuestra lucha de hoy ha finalizado, donde obviamente he ganado en todas nuestras partidas.
-Veamos nuestra lista de "toques mortales" de hoy.
Swan se da la vuelta para mostrarme su rostro completamente mojado por el sudor. Se echa su cabellera despeinada hacia atrás y agarra el pequeño cuaderno marrón que está encima del banco de metal junto a nuestras pertenencias.
-Toque uno, cuello. –sonrío. –Toque dos, abdomen. Toque tres, corazón. Toque cuatro, pierna y abdomen, y toque cinco… cadera.
Escucho con detenimiento la larga lista de hoy con una sonrisa dibujada en mi rostro. Hoy le he matado cinco veces y él ninguno, eso definitivamente no le va a hacer mucha gracia a su padre… pero sí a mi madre.
-¿De verdad ni te he rozado en el cuello en la segunda ronda? –me pregunta Swan rascándose la cabeza. –Juro que lo hice… dios mío, cinco a cero… es mi peor puntuación de la semana…
-Y del mes. –me río. –Y no, no me rozaste ni un pelo hoy… he sido demasiado ágil.
Agarramos y recogemos nuestras cosas para dejar impecable la sala de entrenamientos y guardamos las armas en el almacén antes de irnos. Técnicamente el edificio de entrenamientos cierra hoy por el día de la Cosecha, pero supongo que mi madre tiene suficientes contactos como para obtener una llave de una de las salas y así poder entrenar hasta que me muera de cansancio.
Claro está que no soy la única chica bien entrenada del distrito, puede que se puedan contar las chicas más preparadas para los Juegos pero en general todos somos buenas. Pero mi madre siempre me ha dicho que yo debo destacar entre todas esas chicas. Yo debo ser el centro de atención, debo ser la que esté más preparada y algún día debo representar mi distrito en los Juegos por el honor de mi familia… aunque prefiero decir que todo esto es más bien por su honor.
"Porque se lo debo". Esas son sus palabras textuales.
Se puede decir que yo fui concebida en un tiempo inoportuno. Mi madre quedó embarazada de mí cuando tenía dieciocho años y justo ese año mi madre había conseguido estar en la primera de la lista para presentarse voluntaria. Claro está, cuando se enteraron de su estado no quisieron enviarla a los Juegos, de hecho, fue movida el segundo lugar de la lista quebrando su sueño de presentarse voluntaria, ganar los Juegos y traer el honor en nuestro distrito y familia.
Cuando ella pensó que eso era lo peor que le podía pasar, la gente del distrito comenzó a hablar diciendo que ella se acobardó y por eso quedó embarazada "aposta", algunos decían que le dieron un trato más especial, otros que es una cualquiera… en fin, se dijeron muchas cosas de ella, cosas desagradables. Su novio, es decir, mi padre la dejó y ella me crio junto a mis abuelos.
Años más tarde mi madre se fijó en un hombre más mayor que ella, él también tenía un hijo y su mujer recién había muerto. Parece que este señor le dio las ganas de vivir y ambos se casaron. Todos juntos comenzamos de nuevo acogiéndonos unos a otros para formar la familia que somos ahora.
Yo sinceramente no me puedo quejar de mi nivel de vida, Maximus tiene un buen trabajo y eso se agradece. No tengo mucha relación con él, sólo lo justo, pero con quién más me he encariñado es con mi hermanastro. Swan y yo prácticamente somos inseparables, de hecho tenemos la misma edad y vamos a todos lados juntos… eso quiere decir que entrenamos siempre juntos. Él es el único quién me conoce realmente como soy, no sólo por mi forma de luchar, sino mi yo interior, a diferencia de mi madre que bueno… podría decir que mi relación con ella se podría mejorar, al menos si ella quisiera.
Desde que tengo memoria mi madre siempre se ha mantenido a una distancia de mí, quizás porque la arrebaté la gloria de su vida. Ella comenzó a fijarse en mí años más tarde, mientras iba creciendo, parece que vio algo en mí de lo que ella tenía cuando era joven y desde entonces me ha mandado en los entrenamientos a una edad muy temprana. Gracias a eso tuve un poco más de comunicación con ella, sólo hablamos sobre cómo me va, las cosas en la que soy buena, mis debilidades, las cosas que tengo que mejorar… en fin, todo sobre los entrenamientos. Ella siempre ha estado en mi espalda empujándome a entrenar más, en que debo mejorar mucho más, gracias a esto me he convertido en una persona bastante quisquillosa en cuanto a mis movimientos y mi forma de pensar. La presión que ha ejercido sobre mí ha sido bastante crucial por la forma en que he sido entrenada.
-¿Estáis listos? –Maximus nos pregunta a mí y a Swan una vez que salimos de nuestras habitaciones.
-Déjame que te arregle un poco ese vestido. –Swan y yo nos miramos sorprendido mientras mi madre comienza a revisar mi vestuario. -¿Estás lista?
-Sí, madre. –asiento segura.
-Sólo espero que no haya una chica graciosilla y que de repente te quite el puesto. –murmura. –No te he estado entrenando para que de repente una niñata nos quite el puesto.
"Nos". Esa definitivamente es la palabra favorita de mi madre. Siempre me ha dicho que esto lo debo hacer por ella, porque se lo debo, porque ahora es tiempo de que cumpla sus sueños aunque sea a mí costa. Nunca me ha interesado los Juegos, no los odio pero tampoco los considero gran cosa… pero parece que es algo tan importante para mi madre que al final todos sus palabras hacia mí han funcionado y me hayan convencido en hacer esto.
Swan y yo nos separamos para situarnos cada uno en nuestros puestos. Él me mira para darme ánimos aunque puedo distinguir un poco miedo en su mirada… decido agitar las incoherencias de mi cabeza y me centro en lo que me concierne.
Noto todas las miradas de las chicas en mí cuando el escolta se dirige hacia la urna femenina. Yo solo intento mantener la respiración acompasada para esconder mis nervios. Ni siquiera quiero escuchar el nombre de la cosechada cuando levanto la mano hago en grito de la victoria que tanto ha estado ansiando mi madre.
-¡Me presento voluntaria!
No tardo mucho en caminar hasta el escenario con los pasos firmes, el escolta me pregunta mi nombre y yo lo intento decir con mucho orgullo. Mi mirada cae en Swan que me dedica una sonrisa que no le llega en los ojos… mientras que mi madre tiene los brazos cruzados en su vientre y sonriéndome con una gran satisfacción.
Bien, el fase uno está completado. Ahora sólo falta traerle esa maldita corona a mi madre.
HAJIME KNITTER (16 años) – DISTRITO OCHO
Llevo exactamente dos horas esperando a mi padre para que se despierte y así desayunar juntos. Hoy me he levantado a las cinco de la mañana, hoy no tengo clase ni trabajo por lo que mi rutina se va a alterar bastante el día de hoy. Quizás habría sido mejor quedarme en la cama y dormir un poco más, hoy iba a ser un día largo pero me gusta despertarme a esta hora. No me gusta alterar mi rutina.
Para hacer un poquito de tiempo agarro la ropa que lavé anoche para poder ponérmela hoy en la Cosecha. Cuando salgo de la habitación mi padre ya está cortando el pan por lo que apresuro a calentar un poco la sopa que nos quedó de anoche.
-¿Irás hoy con Jesse en la plaza o prefieres que te acompañe? –murmura mi padre seguida de tos.
Le miro pasivo mientras le pongo un poquito de sopa en su plato.
-Tienes que contestarme para saber lo que quieres hacer hoy, hijo. –me vuelve a decir mientras me siento a su lado.
-Quiero ir contigo.
-Bien, así es. –mi padre me sonríe y toma una cucharada de su sopa. -¿Por qué te has despertado tan pronto? Podrías haber aprovechado para dormir un poco más ya que no tienes clases.
-Me gusta levantarme pronto. –respondo.
-¿Quieres ir conmigo en el mercado después de la Cosecha? –sigue hablando.
-Lo que tú quieras.
Entonces le da un ataque de tos. Me levanto y agarro la botellita pequeña de su habitación y le doy una cucharada. Queda muy poco liquido dentro de ella así que comienzo a hacer cuentas para saber cuándo voy a necesitar el dinero y comprar una nueva botella para papá.
Mi padre tiene cáncer de pulmón y se lo diagnosticaron hace un año. En un día tan normal noté que tosía demasiado. En un principio no le di mucha importancia pero empecé a preocuparme porque poco a poco noté que comenzaba a faltarle aire. Fuimos al médico y nos dijo que él padecía de cáncer de pulmón. Creo que nunca vi a mi padre más destrozado, aunque bueno, creo que estuvo más destrozado cuando mi madre murió.
Desde entonces tuve que cuidar de él, el médico nos dijo que él podría someterse a una cirugía segura donde podrían extirpárselo, pero el problema es el costo de ello. Lo que ganábamos en la fábrica textil era justo para nuestras necesidades e incluso hay meses en que nos falta lo que me obliga a pedir teselas. No nos podíamos permitir esa cirugía tan costosa muy a mi pesar, así que hago lo que puedo para ahorrar para sus medicinas.
Mi padre siempre me ha dicho que no actúo como un chico de mi edad, pero es algo que me he obligado hacer al perder a mi madre. Sabía que no iba a ganar nada llorando como un bebé y que le haría un poquito más fácil la vida a mi padre si comienzo a ayudarle y cubrir las cosas que antes hacía mi madre. Allí aprendí a cocinar, a limpiar, a lavar, a planchar… cosas que mi padre no puede hacer debido a que pasa mucho tiempo trabajando en la fábrica.
A pesar de que no le sienta muy bien que actúe como un adulto, mi padre ha aceptado toda mi ayuda pero siempre ha puesto la condición de terminar mis estudios. Por eso me levanto muy temprano para ir a mis clases, después de eso ir a trabajar unas cuantas horas en la fábrica textil para contribuir con los gastos médicos de mi padre y terminar haciendo los quehaceres de casa. Esa es mi rutina. Hago siempre lo mismo todos los días y siempre me sienta mal cuando al final del día no he cumplido con todos mis deberes.
Terminamos de desayunar y recojo un poquito la casa antes de irnos. Nada más salir de la casa nos cruzamos con nuestros vecinos que también se dirigen hacia la plaza. Veo a niños de doce años, escuálidos y pálidos vestidos con su mejor ropa agarrados de la mano de sus respectivas madres. Yo me escondo detrás de mi padre y él lo nota por lo que me intenta calmar. Yo nunca le he temido a las Cosechas, a veces pienso que tengo peores problemas en los que pensar para estar pasándolo mal por un día que sucede solo una vez al año.
Una vez en la plaza mi padre mira como otros progenitores abrazan a sus hijos antes de irse en el área del público. Mi padre se gira hacia mí con una sonrisa tranquilizadora y se remueve incómodo en su posición.
-¿Te veo después? –me pregunta y yo asiento.
Él se queda un rato más mirándome y hace un movimiento abriendo los brazos para abrazarme y como siempre no lo lleva acabo. Yo me quedo muy quieto en mi sitio mirando mis pies, al final extiende la mano dudoso y lo posa en mi hombro. Giro la cabeza para mirar donde está posicionado su mano y la agarro para dejarla caer lejos de mi cuerpo.
-Lo siento. –se disculpa. –Yo… todo va a salir bien hijo.
Asiento en silencio y me doy la vuelta para adentrarme en la gran fila. Comienzo a sofocarme un poco estando solo entre tantas personas desconocidas, ellos me miran con esos ojos redondos y ajustados, es normal porque físicamente soy muy diferente a ellos, me empujan para que avance en la fila y me doy la vuelta con el ceño fruncido, menos mal que llega mi amigo.
-No empujes. –replica él a un chico dos cabezas más grande que nosotros. –Venga, Hajime…
Jesse y yo nos damos la vuelta para seguir en la fila. No entiendo por qué empujan ahora cuando se pasan todos los días del año temblando por este día.
-Siento llegar tan tarde… -me dice para iniciar una conversación. –He visto a tu padre y me dijo que ya estabas aquí.
-Luego me voy con él al mercado. –miro a mi amigo que me sonríe. -¿Dónde estabas?
-Estaba en casa, amigo. Ya sabes que a mi madre le cuesta mucho dejarme salir de entre sus brazos cuando es el día de la Cosecha. –me explica mientras se rasca la cabeza. –Ya sabes… despedidas… ¿te has despedido bien de tu padre?
-¿Por qué debería despedirme de mi padre? –le miro confuso.
-Por si acaso… -murmura.
-¿Por si acaso de qué?
Jesse decide hacer caso omiso de mi pregunta y avanzamos en la fila en silencio. Su presencia hace que me agobie menos, unos agentes de la paz que se encuentran detrás de una mesa me dicen que extienda la mano y yo lo dudo por unos momentos hasta que habla Jesse.
-Venga Hajime, sabes que es necesario para inscribirte. –me explica mi amigo. –Mira.
Jesse extiende la mano y veo como la conocida aguja atraviesa su dedo índice. Mi amigo hace una mueca graciosa con su rostro, a pesar de no estar muy de acuerdo extiendo solo mi dedo pero el agente me agarra la muñeca y me clava la aguja. Murmura algo incoherente pero sé que me está insultando. Decido ignorarlo y junto a Jesse nos situamos en nuestro sitio.
La escolta no tarda en aparecer con su extravagante atuendo y detrás de él nuestra única vencedora, ya que hace unos meses falleció el otro vencedor. No le presto mucha atención al discurso hasta que se dirige en la urna de las chicas.
-¡Leka Penni! –exclama con un chillido bastante molesto.
Miro curioso entre todas las chicas pero no existe movimiento.
-Leka Penni, querida, no tenemos todo el tiempo. –suspira la escolta impaciente.
Jesse me mira cuando vemos movimiento en el puesto de los quince. Una chica delgada camina con demasiada elegancia hasta el escenario, a pesar de su gran entrada todos podemos percibir el miedo que demuestra su cuerpo medio temblando en medio del escenario.
-Tocan los caballeros. –anuncia la escolta.
Miro un momento a mi amigo que cierra los ojos y aguanta la respiración, prefiero volver a mirar a la escolta y de cómo atrapa un pequeño papel de entre cientos. Trago, yo tengo más de lo que debería tener allí.
-¡Hajime Knitter!
Siento como mi rostro se enfría por la sorpresa. Jesse me mira con los ojos muy abiertos y me abraza. Muy despacio aparto su abrazo y salgo de mi puesto para que todos me vean. No me gusta que me miren tanto así que me pongo recto y camino con firmeza hacia el escenario. Ahora mismo mi cabeza solo piensa que en cuanto esto acabe mucho mejor para mí.
Me planto en medio del escenario y enseguida mi padre me llama la atención. Frunzo el ceño, no me gusta su rostro, me recuerda a cuando nos dijeron sobre su enfermedad… no me gusta.
Entonces recuerdo lo que me dijo mi amigo… ¿no te has despedido de tu padre?
Ahora entiendo todo. Como una vez mi madre le dejó… ahora soy yo el que le va a dejar solo.
SIENTO MUCHO LA TARDANZA DE ESTE CAPITULO PERO AQUÍ ESTÁ, ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO EL SEGUNDO CAPITULO INTRODUCTORIO DE LOS TRIBUTOS. POR FIN TENGO TODOS LOS TRIBUTOS ASÍ QUE YA PODÉIS ENCONTRAR EL LINK DEL BLOG EN MI PERFIL :)
AL IGUAL QUE EN OTROS SYOTs TENGO MUY PRESENTE EL SEGUIMIENTO DESDE LOS REVIEWS, ESTAS HISTORIAS SE HACEN PARA QUE LOS AUTORES SIGAN A SUS TRIBUTOS POR LO QUE LA VIDA DE ELLOS DEPENDERÁ DE SU COLABORACIÓN Y OBVIAMENTE DE LA HISTORIA QUE LLEVAN CONSIGO.
AQUÍ OS DEJO UNAS PREGUNTILLAS PARA EL REVIEW :)
-¿Ya tenéis algún tributo favorito de los que habéis conocido?
-¿Qué POV te ha interesado más?
-Con respecto al blog, ¿qué te parecen los tributos a primera vista? ¿Los esperabas así a los que ya leíste su POV?
MUCHAS GRACIAS POR EL TIEMPO QUE ME HABÉIS DEDICADO EN LEER ESTO Y MANDARME VUESTROS TRIBUTOS.
UN SALUDO Y NOS LEEMOS PRONTO!
Dani :)
