NOTA: Yo sé que es algo tarde, pero bueno, esta historia la escribo como proyecto para una clase de escritura que recién me inscribí. obviamente no me pertenecen los personajes, son propiedad de Disney. si tienen un comentario o propuesta son bienvenidos, les agradecería mucho.

NOTE: I know it's a bit late, but hey, I'm writing this story as a project for a writing class that I just enrolled in. Obviously the characters do not belong to me, they are property of Disney. If you have a comment or proposal you are welcome, I would really appreciate it.


Capítulo 9

Dos adolescentes se encontraban recostados en las camas de sus respectivas habitaciones, mirando el techo mientras reflexionaban los acontecimientos de la última semana. Ambos con una sonrisa en los labios.

Era la víspera del 5to cumpleaños del menor de la casa Madrigal, ambos descansaban antes de la hora de la cena.

Tanto Richter cómo Mirabel estaban felices, por una vez en sus vidas parecía que la vida estaba a su favor, mientras el sentía que había encontrado un hogar, la joven parecía comenzar a encajar un poco más en su mágica familia.

Alma había hablado con todos a la hora de la comida, en su primer día en el encanto. Comenzó hablando de los preparativos para el cumpleaños del pequeño Antonio, pasando por el estado de las cosechas y la recolección de las mismas, dejando el asunto del albino para el final.

Richter había estado nervioso toda la comida, apenas y había probado bocado, y cuando la matriarca lo miró directamente, con su severo porte, supo que había llegado el momento.

Para su sorpresa, los rasgos de la anciana se relajaron, y con una media sonrisa, lo felicitó por el buen trabajo y oficialmente le daba la bienvenida al encanto y a la casa Madrigal.

Todos le dieron un aplauso de felicitaciones, instantáneamente la mirada bicolor se posó en la menor de los Madrigal y juntos compartieron una sonrisa de triunfo.

Y así, los días consiguientes pasaron como el agua, la rutina se estableció para ambos: desayuno en familia, mientras Richter salía con los demás Madrigal, Mirabel se quedaba a ayudar a su madre y alcanzaba al peli blanco en el pueblo. Y ahí radicaba la enorme diferencia para la chica de lentes.

Mientras que los miembros mágicos de su familia (sin incluir a Julieta) preferían hacerla a un lado, Richter le pedía ayuda y la incluía en la mayoría de sus tareas, aunque no la necesitara.

Después de la comida, terminaban sus deberes en el pueblo y pasaban el tiempo juntos antes de la cena, generalmente iban con Agustín a cortar la leña para la casa, o ayudaban a Julieta en tareas de recolección de ingredientes o de limpieza.

Tanto Agustín como Julieta le había empezado a agarrar cariño al muchacho, acostumbrados a criar mujeres, era un cambio nuevo para ambos, para la maternal mujer no distaba mucho, sin embargo, para su esposo era totalmente diferente, había cosas que solo entre hombres podían charlar. Agustín siempre había tenido un poco de envidia de Félix, cuando lo veía compartir tiempo padre-hijo con Camilo y Antonio, no es que no amara estar con sus hijas, pero con Richter, podía tener una probadita de eso.

La relación de Richter con los demás Madrigal era buena también, la mayor parte de sus deberes en el pueblo las hacia con Camilo y Luisa, el cambia formas se convirtió en su mejor amigo varón, mientras que con Luisa tenía un vínculo más de compañerismo, al ser el único que medianamente podía apoyarla con las tareas físicas del pueblo. Con las chicas mayores era un poco menos cercano, tanto Dolores cómo Isabela ya pensaban en cosas diferentes, y no había tenido la oportunidad de pasar mucho tiempo con ellas, más allá de reuniones familiares.

Pepa y Félix eran tan agradables que difícilmente alguien podría tener una mala relación con ellos, obviando el echo de que la mujer era un poco explosiva en sus emociones, la actitud relajada de Félix hacia un perfecto contraste.

Sorprendentemente la actitud de Alma había dado un giro de 180 grados, cuando al principio era desconfiada y dura, con forme pasaban los días se iba ablandando con Richter, el peli blanco tenía la esperanza de que, con más tiempo, podría tratarlo como a un nieto más.

- ¡La cena está lista, todos al comedor! - la voz de Julieta sacó a ambos de sus pensamientos.

Mirabel se tomó un momento antes de salir de su habitación, dudando si era el momento o no, de darle a Richter en lo que había estado trabajando.

Con indecisión, abrió el buró al lado de su cama. Dentro se encontraban un par de paquetes decorados con adornos de estambre.

El regalo del pequeño Antonio para su gran día ya estaba listo desde hace un par de semanas, había dudo un buen rato que podría gustarle, hasta que decidió hacerle un peluche del animal favorito del niño, un jaguar. Había quedado satisfecha del resultado, segura de que le gustaría.

Ignorando el primer regalo hasta el día siguiente, tomó el segundo paquete. Una caja más alargada que la anterior, dónde se resguardaba un detalle que le había echo al chico de ojos bicolor; desde su primer día en el encanto, en medio del recorrido que hicieron, hablando de sus pasatiempos habían quedado de que, si el le tocaba una canción de piano, ella le bordaría una prenda. Mirabel no sabía si el chico lo había tomado enserio, sin embargo, ella comenzó desde ese día a preparar su parte del trato.

Jugueteando con el paquete entre sus dedos, sopesaba la idea de dárselo está noche, antes de que comenzara el alboroto del cumpleaños de Toñito; podría entregárselo antes de irse a dormir, así le daría tiempo de escabullirse antes de que lo abriera.

Sacudió negativamente su cabello chino en desacuerdo, eso sería muy cobarde de su parte, ella quería ver su reacción cuando lo viera, había trabajado muy duro. Incluso le había pedido ayuda a su padre, por muy vergonzoso que fuera.

*Flash back*

Mirabel había estado pensando desde el día anterior, que podría darle a Richter, un peluche como el de Antonio fue descartado casi de inmediato, ya estaba muy mayor para gustar de esas cosas.

El mejor camino a tomar sería una prenda, algo que pudiera usar, con la ventaja de que esa era su especialidad, el bordado.

Pensó en algunas opciones: desde sombreros, hasta pochos; la mayoría descartados, el joven albino no parecía que usará ese tipo de cosas.

Con los días calurosos la mejor opción para Mirabel era bordar una guayabera, una prenda versátil, perfecta para las calidad temperaturas. Sin embargo, ella no tenía ni idea de la talla del muchacho, pensó en preguntarle a Camilo, pero lo descartó, el bromista seguro se burlaría de ella e iría con el chisme. El tío Félix tampoco la convencía por completo, le haría muchas preguntas y al final tampoco podría mantener el secreto.

Tendría que ir con su progenitor, le daba vergüenza, pero, al fin y al cabo, su papá tenía muy bien gusto en lo que a ropa se refiere.

Mirabel estuvo toda la mañana esperando el momento adecuado para encontrar a solas a Agustín, cosa complicada porque si no estaba con su madre, los demás miembros de la familia tampoco le daban la oportunidad.

Después del desayuno, la mayoría de los Madrigal salieron al pueblo a hacer sus respectivas tareas, Julieta le pidió a Agustín que le trajera leña para empezar con la rutina de la cocina; la chica de lentes vio su oportunidad. Despidió a Richter y le deseó buena suerte en su segundo día, Diciéndole rápidamente que lo vería más tarde, para salir corriendo en dirección a la que se fue su papá, dejando al peli blanco confundido, que con un gesto de hombros, se fue con Camilo al pueblo.

Mirabel encontró a Agustín en el patio trasero, con un hacha, batallando para cortar un trozo de madera.

-hola pa, ¿Cómo te va? - la joven llamó la atención de su progenitor.

Agustín la recibió con su cálida sonrisa distraída. - ¡Mirabu!, ¿Has venido a ayudar a tu padre?-

-siiii, por supuesto pa-

No sabía cómo pedírselo, así que decidió ir directo al grano.

- ¿Pa?, ¿Si alguien quisiera, no sé, saber la talla de otra persona? Sin preguntarle…. ¿Cómo podría averiguarlo? - pregunto Mirabel como si de hablar del clima se tratase, mientras colocaba un trozo de madera en posición para ser cortado.

El hombre golpeó en el centro de la pieza de madera, partiéndola perfectamente por la mitad, poniendo un gesto de orgullo, aunque se haya tratado de pura suerte.

-Que pregunta tan rara amor, no estoy muy seguro si entendí a qué te refieres-

Mirabel soltó un suspiro, no le quedaba de otra más que contarle toda la situación.

La chica comenzó a vociferar tan rápido que era casi imposible entender una palabra, para cuando terminó de hablar, el hombre solo escuchó palabras como: regalo, Richter, guayabera, canción etc.

-tranquila bebé, más despacio, a ver, cuéntame que pasa, pero más lento por favor- dijo Agustín, mientras soltaba el hacha, y envolvía los hombros de su agitada hija, guiándola hacia la sombra de un árbol aledaño.

Ambos se sentaron en un par de troncos a modo de banco, Agustín tomó la mano de su hija para darle confianza, instándola a continuar. Mirabel le sonrió con cariño, todos los nervios se habían ido, una de las cosas que más amaba de su padre era su forma de confortarla.

-pa, ayer estuve hablando con Richter, y bueno, la historia más corta es que quiero darle un presente, como bienvenida- ella prefirió mentir un poco en su historia, para evitar más preguntas.

La mirada de Agustín pasó de confusión a comprensión, su mujer tenía razón, parecía que su hija menor tenía más que simpatía por el joven Richter. -y quieres que te ayude a decidir que le puedes dar ¿Verdad? -

-algo así, ya había decidido que quiero bordarle una guayabera, pero quería que me ayudarás a elegirla, porque no tengo ni idea que talla podría ser- contestó si hija, poniendo su mejor mirada de perrito.

-ya entiendo, no te preocupes Mirabu, yo me encargo de conseguirla, más tarde iré al pueblo y para antes de la hora de la comida ya la tendrás en tu habitación- Agustín le dio un apretón suave a su mano.

La chica emocionada, envolvió a su papá en un fuerte abrazo y con un beso en la mejilla, salió corriendo de vuelta a la casita.

Agustín se quedó un rato mirando por dónde se había ido si hija, verla así de emocionada le daba mucha alegría, tenía mucho tiempo que no la veía así; su hija por naturaleza era optimista, pero siempre podía ver un reflejo de tristeza en su mirada, por más que ella trataba de disimularlo, era claro que me afectaba ser la única de los Madrigal en no tener un don.

El hombre decidió que iba a conocer mejor al receptor del cariño de su pequeña hija, pasar algún tiempo con el para saber que sentía el; solo esperaba que no fuera otra decepción para Mirabel.

*Fin del flashback*

Mirabel se armó de valor, era ahora o nunca. Salió rápidamente de la habitación con dirección al cuarto de visitas, que ahora ya era oficialmente el cuarto del albino.

Cuando llegó a la puerta, tomó un par de respiraciones para calmar el pulso de su agitado corazón, que rezumbaba contra su pecho, ¿Por qué diablos era tan difícil hacer algo tan sencillo?

-Richter, ¿Estás ahí? - finalmente habló, después de tocar la puerta.

-aquí estoy, espera un segundo- la morena pudo escuchar como se levantaba de la cama, escondió tras de si el paquete antes de que el peli blanco abriera la puerta.

Cuando la puerta se abrió, el nudo en su garganta se apretó un poco más.

- ¿todo en orden Mirabel? - le preguntó Richter. Viéndola un poco agitada.

La chica tragó con fuerza, liberando un poco su garganta -todo bien Rich, mamá dice que la cena ya está lista, así que vine a avisarte- mintió

-okeeey, de hecho, ya estaba a punto de salir, solo deja ponerme los zapatos-

- ¡Espera! - lo detuvo, un poco demasiado golpeado. -quiero decir, antes quería darte algo- hablo más nerviosa.

El chico la miró con cuidado. -ya me estás preocupando mujer-

Mirabel cortó la frase de Richter, sacando el presente de detrás de su espalda. -quería darte esto-

La mirada de preocupación de Richter cambió por una radiante sonrisa, que subió hasta sus ojos bicolor, en forma de brillo. -wow Mira, no sé qué decir-

Ella solo le ofreció el paquete para que lo tomara. -no digas nada, solo tómalo- dijo, con un rubor escalando sus mejillas.

Haciéndole casó, tomó el regalo. - ¿Puedo? - haciendo énfasis en abrirlo.

-claro, es tuyo-

Richter se hizo a un lado para que pasara al cuarto, ella dudó un poco, su abuela no estaría contenta si la encontraba en el cuarto del chico, aunque al final aceptó, dejando la puerta abierta.

Sentándose en la cama, vio como Richter examinaba el presente; ella había adornado la caja con un moño de estambre y había pintado un patrón de hondas moradas por todo el cartón con fondo negro. Fue lo único que se le ocurrió para simbolizar su don.

-Qué bonita caja, eres muy buena en estas cosas- elogió el joven, mientras retiraba con cuidado el moño de estambre.

Los nervios de la adolescente se empezaban a crispar por la lentitud de Richter, tenía ganas de gritarle que lo abriera de una vez por todas.

Finalmente, y después de lo que parecieron horas, Richter se quedó maravillado con la prenda dentro de la caja; una hermosa guayabera de color negro, adornada con bordados tan hermosos, que parecían haber sido hechos por las manos de una artista.

Cuando la sacó, se extendió la prenda, dejando a relucir aún más el trabajo de Mirabel: tenía el rostro del peli blanco bordado en el pecho, justo del lado izquierdo, mientras que las mismas hondas de la caja, se extendían por sobre el hombro, hasta la manga; su nombre se extendía verticalmente por el costado derecho, mientras que una pequeña mariposa de estambre, descansaba encima del hombro derecho.

-Mirabel, ¡esto está increíble! ¡eres la mejor!, ¡Me encantó, muchas gracias! – le dijo emocionado, con tanta y sincera alegría, que solo provocó que el sonrojo de la morena se hiciera más pronunciado.

-No tienes que agradecerme, te dije que te iba a hacer un regalo, tómalo como tu obsequio de bienvenida a la casita- atinó a decirle, bajando la mirada, mientras jugueteaba con sus pulgares.

-Aun así, te lo agradezco mucho, se nota que le pusiste mucho trabajo, por cierto, no creas que se me ha olvidado mi parte de ese trato-

-No te preocupes, no es necesario que tú…-

Mirabel fue abruptamente interrumpida por algo que nunca se imaginó que iba a hacer el chico; que emocionado, se quitó la camisa que llevaba puesta, dejando ver al descubierto, por segunda vez en esa semana, su torso desnudo.

La más joven de los Madrigal se quedó de piedra, con los ojos tan abiertos, mirando a través de sus gafas el pecho y los abdominales del albino. Quien naturalmente desabotonada la guayabera para después ponérsela.

Richter no veía el efecto que estaba teniendo sobre su espectadora. La prenda le quedaba perfecta.

-Qué bonito, digo que bonita se te ve- atinó a decir Mirabel. Decir que le quedaba bien era un eufemismo, le quedaba perfecta, Richter era delgado, pero musculoso, se notaba que está en buena forma y el color oscuro hacía que pareciera que sus ojos y cabello brillaban.

-Está perfecta Mirabel, enserio que muchas gracias-

De repente se vio envuelta entre los brazos del hombre, con la mejilla recargado contra su fuerte pecho, podía escuchar el tranquilo corazón del peli blanco; a pesar de tener la misma edad, le sacaba fácilmente una cabeza de altura.

Tímidamente le correspondió el abrazo, envolviéndole la cintura con sus propios brazos.

Se quedaron así un rato, Richter no sabía que lo había movido a hacer tal cosa, sin embargo, ahora que la tenía entre sus brazos, sentía que encajaba a la perfección, se asustó un poco cuando notó que ella no le estaba correspondiendo el gesto, pero sus miedos se fueron al sentir sus pequeños brazos sobre su cintura. Armándose de valor, lentamente enterró su nariz en los risos oscuros de la joven, tomando una respiración profunda, impregnándose del olor de la morena.

Se separaron lentamente, sin soltarse, mirándose fijamente a los ojos sin decir nada; ojos marrones contra ébano y marfil.

Sus rostros comenzaron a acercarse lentamente, ambos sumidos en un trance; al estar a escasos centímetros, podían sentir el aliento del otro haciéndoles cosquillas. La distancia se iba consumiendo a cada instante, sus labios casi por tocarse.

-Oye Richter sabes si…- la voz de Camilo interrumpió el momento, haciendo que ambos saltaran de sorpresa. -perdón, no quise interrumpir- se disculpó el camaleón.

- ¿Qué? Puff no interrumpes nada primo, solo vine a decirle a Richter que ya estaba lista la cena, y bueno ya lo hice, así que es mejor que me vaya jejeje – Mirabel prácticamente se fue corriendo hacia la cocina.

- ¿Que fue todo eso? - miró confundido el recién llegado a su amigo.

-Nada, nada, por cierto, ¿Que me querías decir? - Richter habló nervioso, su color de piel no le ayudaba a esconder el rubor de su rostro, pero intentó disimularlo dándole la espalda al cambia formas, con la excusa de buscar sus sandalias.

-Si tú lo dices bro, bueno ya olvidé que te iba a decir- un sonido gutural Provino del estómago de Camilo. -apresúrate, que ya me estoy muriendo de hambre. Por cierto, linda camisa-

-mmm gracias, tu igual te ves bien- bromeó para desviar la atención, si le decía que era un regalo de Mirabel, haría más preguntas, aunque por el estilo de bordado era un poco obvio.

Antes de que el muchacho madrigal tuviera otra cosa que decir al respecto, la voz malhumorada de Pepa les llamó la atención, sería mejor que se dieran prisa.

Richter tomó un folder de su cama, y rápidamente siguió a Camilo hacia el comedor.

Fueron los últimos en llegar a la mesa, todos los Madrigal ya estaban sentados comiendo, los dos adolescentes ocuparon el par de sillas restantes.

Cómo era costumbre, la abuela presidía la reunión, sentada a la cabeza de la mesa, con ambas hijas a cada lado y sus respectivas familias.

Richter quedó justo frente a Mirabel, que tenía la cabeza enterrada en su plato, la chica no levantó la vista en toda la cena.

Un miedo se instaló en el pecho del peli blanco, ¿estaría enojada por lo de hace rato? Se preguntó.

-mañana es el gran día familia, ya todo está planeado para tu gran noche Antonio- la voz de Alma llamó la atención de todos en la mesa, dirigiéndole una mirada de cariño a su nieto más joven. -mañana a primera hora, como todos los días, iremos al pueblo a ayudar a la comunidad, pero solo será por un par de horas, los quiero a todos a medio día en la casita para prepararnos, tenemos hasta las 7pm. Cuando lleguen los invitados.

Todos en el comedor asintieron emocionados, era un secreto a voces que las cosas habían estado tensas por la ceremonia del pequeño Antonio, pero los Madrigal eran optimistas del resultado.

-hagamos un brindis- la matriarca levanto su copa de vino. -por la familia Madrigal, que mañana la magia nos llene a todos, y que Antonio reciba un don tan especial como lo es el-

- ¡Por Antonio! - todos gritaron al unísono

Mirabel al fin había levantado la cabeza, una mueca de dolor cruzó su rostro cuando su abuela mencionó esa última frase, trató de hacerla desaparecer para que nadie lo notara, pero unos ojos bicolores la estaban observando de reojo, un dejo de incomodidad aún estaba en las facciones de la chica.

-Luisa, ¿puedes traer el piano? -

-en un segundo abuela- la musculosa mujer no tardó ni medio minuto en regresar con el pesado instrumento, como si fuera un costal relleno de plumas.

-Isabela, deléitanos con una de tus hermosas canciones-

-claro abuela- la hermosa chica se levantó con gracia, seguida de Agustín, que sacudió los dedos, listo para tocar el piano.

Richter volvió a lanzar una mirada discreta hacia Mirabel, generalmente ella lanzaba algún comentario lascivo en broma cuando su hermana mayor era el centro de atención. Sin embargo, hoy no dijo ni pío.

La música comenzó a fluir y la bella voz de Isabela inundó la estancia, su canto era constante y delicado, afinado hasta la última nota.

Cuando terminó su pieza, todos aplaudieron fuertemente.

-basta de aplausos- la nada modesta chica perfecta se pavoneó de vuelta a su silla.

Fue el turno de Dolores en levantarse hacia el piano, aunque su canto no era tan sorprendente como el de Isabela, no se quedaba atrás.

Los aplausos no faltaron, en igual medida, cuando Dolores cantó la última nota de su canción.

- ¿Que tal una canción Mirabu? - dijo su padre, Agustín había notado lo deprimida que se veía su hija menor. ¿Habría tenido una pelea con Richter? Podía suponer que la camisa del joven había sido el regalo en el que tanto había trabajado Mirabel.

La morena de lentes solo sacudió con desgana negativamente. -no gracias pa, no estoy de humor- murmuró por lo bajo. Estaba demasiado confundida, toda la semana había contestado lo mismo a las burlas de su familia con respecto a su relación con el recién llegado.

Era su mejor amigo, el único que en realidad había tenido, con quién podía pasar el rato y hablar, sin sentirse fuera de lugar. Amaba sus charlas nocturnas, amaba verlo entrenar su don, amaba sus paseos por el encanto. Y no quería arruinar esto, como siempre terminaba arruinando todo.

No había sido su intención, solo quería entregarle el obsequio, pero terminó casi besándolo, y cuando Camilo los sorprendió, huyó como una cobarde; ahora no se atrevía ni a mirarlo.

-En ese caso, doy por finalizada la cena…- comenzó Alma, ante la negativa de Mirabel, pero fue interrumpida por la voz de Richter.

-Disculpen, yo quería, ammm tocar algo…. Claro si ustedes lo permiten-

-Si por supuesto Richter, adelante- contestó la mujer mayor.

- ¡Dale bro! - lo animó Camilo, mientras el albino se ponía de pie.

- ¡Epa! - lo secundó Félix y Pepa mientras aplaudían.

Richter sonrió cuando por fin, la mirada de Maribel se posó en el, había logrado llamar su atención.

- ¿Me daría permiso señor? - Agustín asintió y se levantó del piano, Richter le había contado su afición al piano, por lo que no le sorprendió su petición.

Todos los Madrigal estaban expectantes a qué el chico comenzara a tocar. No sabían que esperar, la sorpresa era bienvenida.

Con manos experimentadas, los dedos del albino comenzaron a tocar, parecía que bailaban sobre las teclas, dando vida a una melodía tranquila.

🎵 Con la paz de las montañas te amaré

Con locura y equilibrio te amaré

Con la rabia de mis años

Como me enseñaste a hacer

Con un grito en carne viva, te amaré 🎵

Todos se miraron con la boca abierta, nunca se esperaron que cantara tan bonito, su voz Profunda vibraba en las notas perfectas. Mirabel se quedó embelesada, con la mirada clavada en el albino.

Cuando los ojos bicolores se cruzaron con su mirada, lo supo. Esa canción era su obsequio, la había echo para ella, lágrimas de felicidad picaban la comisura de Sus ojos, quizá no había arruinado nada, quizá el sentía lo mismo que ella.

🎵 En secreto y en silencio te amaré

Arriesgando en lo prohibido te amaré

En lo falso y en lo cierto

Con el corazón abierto

Por ser algo no perfecto, te amaré 🎵

Sus miradas no abandonaron la del otro en ningún momento, este era su momento, Richter quería expresar todo lo que quería decirle, pero no se atrevía.

🎵 Te amaré, te amaré

Como no esta permitido

Te amaré, te amaré

Como nunca se ha sabido

Porque así lo he decidido, te amare 🎵

Isabela golpeó ligeramente con su codo a Luisa, cuando tuvo su atención, le señaló con la mirada a su hermana menor; las dos compartieron una mirada de complicidad al ver a Mirabel con la mirada perdida en el cantante.

-parece que nuestra hermanita está enamorada- la hermosa morena le susurró a Luisa, que, entre una risa, asintió.

-ya no lo puede ocultar, ya vimos que no solo le gusta- estuvo de acuerdo.

Aunque estaban susurrando, la menor de las hijas de Julieta no las habría escuchado, así estuviesen gritando. Toda su atención estaba en escuchar la bella canción.

🎵 Por ponerte algún ejemplo, te diré

Que, aunque tengas manos frías te amaré

Con tu mala ortografía

Y tu no saber perder

Con defectos y manías, te amaré 🎵

La letra de la canción evocaba recuerdos de los múltiples momentos que habían pasado: cuando Richter le dijo que tenía las manos frías en su primera plática nocturna, cuando se burló de ella por su mala ortografía cuando le escribió una nota y de la forma que siempre le decía que, a pesar de ser tan amable, nunca se daba por vencida cuando quería algo.

A él no le importaba si ella no era perfecta como Isabela, si no era súper fuerte o no controlaba el clima.

🎵 Al caer de cada noche esperaré

A que seas luna llena y te amaré

Y aunque queden pocos restos

En señal de lo que fue

Seguirás cerca y muy dentro te amaré 🎵

Agustín y Julieta se miraron sonriendo, ella recargada en su hombro, el sentimiento con el que cantaba el chico era contagioso, tanto pepa como Félix también se acurrucaron juntos.

-tenías razón amor- Agustín le susurró a su esposa, ambos viendo como su hija miraba a Richter, con la mejilla recargado sobre la mano y ojos soñadores.

-esperemos sigan así-

🎵 Te amaré, te amaré

A golpe de recuerdo

Te amaré, te amaré

Hasta el último momento

A pesar de todo, siempre te amaré 🎵

Las últimas notas del piano sonaron, dando por terminada la canción. Richter suspiró antes de ponerse de pie, todas las miradas Madrigal lo recibieron.

Se quedaron todos en silenció por varios segundos, empezando a poner al albino nervioso.

- ¡Olé Richter! - gritó Agustín rompiendo el silencio.