Un nuevo comienzo

Por Luz de luna82

Capítulo 25

Candy

Mientras recogía mi tapete de yoga recordaba cuando era más joven como me ayudaban a estabilizar los ataques de ansiedad que ocasionalmente aparecían, tenía tiempo buscando una actividad física y esta seria perfecta para mí, era justamente lo que mi cuerpo necesitaba, ahora me sentía realmente relajada, estaba encantada con Kelly, la experimentada y amable maestra de unos 40 años con un hermoso y largo cabello castaño, el cual caía tejida en una larga trenza, era mi clase de prueba y era seguro que regresaría.

Me despedí y me di cuenta que la sonrisa del rostro no se me había borrado, desde el despertar tan "interesante" junto a Albert, me sentía en las nubes, como verdadera quinceañera que gozaba de un amor correspondido, porque era amor lo que sentía por Albert, un amor puro que estaba floreciendo en mi interior, sus caricias tan estimulantes me dejaron deseando más, el sentirlo tan despierto en mi hizo que mi cabeza se volara, no había mostrado anteriormente un interés sexual en mí y la verdad no quería parecer ansiosa, pero una cosa es cierta, lo deseo igual o más que él, porque en mi limitada experiencia en el campo ha sido siempre así, pero la fogosidad que me mostro esta mañana me tenía volando la imaginación, sus manos apretando mi cadera contra su cuerpo, rosando y haciéndome sentir deseada, era más de lo que jamás nadie me había demostrado, creo que fue una pequeña probada y tengo que decir que me con ganas de más, de mucho más.

Estaba por subir a la camioneta, pensaba en que seguramente Dillan ya se había despertado cuando sentí que alguien me jalo del brazo.

—Sally, que sorpresa verte por aquí, vi cómo me repaso con la mirada el cuerpo, mi ropa ajustada, no lo hizo de una manera disimulada, si no muy descarada.

—Michael, que sorpresa— dije queriendo cortar rápido la plática y salir huyendo de ahí.

—Te veo muy linda vestida deportivamente, te invito un café, anda— no me soltaba del brazo y eso me incomodo en gran medida.

Disimuladamente jalé poco a poco y me deshice de su agarre —no puedo Michael, tengo que ir a casa.

—Creo que hice mal en decirte lo que hablamos la vez pasada sobre Albert— parecía que me había leído la mente, pero no vi una pizca de arrepentimiento en su mirada.

Lo vi pasar la mano sobre su nuca, buscando las palabras adecuadas para que no saliera huyera de él —¿Me tienes miedo acaso? — vi un poco de diversión en su mirada, algo dentro de mi decía que saliera corriendo en ese momento.

Achique los ojos ¿Qué pretendía este tipo? Francamente estaba a punto de mandar los modales a la basura —No te comprendo Michael, no sé de qué hablas— dije en tono molesto.

—De que desde la última vez que hablamos me evades y yo solo quiero ser tu amigo, conozco a Albert hace mucho tiempo, te podría ser de ayuda, en caso de que quisieras saber algo que tal vez él no te cuente— y en ese preciso momento mi paciencia desapareció.

—Si quisiera saber algo de Albert se lo preguntaría directamente, no sé qué clase de amigo te haces llamar, pero déjame decirte que eso de cotillear de los demás es de muy mal gusto y el que queda mal eres tú, no te atrevas a volver a hablar mal de Albert, no te lo permito, eres el peor amigo que he conocido, ¿Albert sabe lo que me estás diciendo? Yo creo que no, cobarde se necesita ser para hablar mal de los demás a sus espaldas, tu hijo podrá ser amigo de André, pero tú y yo no tenemos por qué cruzar palabra, asi que si me disculpas…—me di vuelta queriéndome subir a la camioneta y me volvió a tomar por el brazo.

Esbozo una pequeña sonrisa sínica, que me hizo pasar saliva girándome hacia él. —Me pregunto si esa boca afilada besara tan bien como parece, esos labios se ven tan…— dijo mientras se pasaba los dedos por los labios.

¿Qué? ¿de qué diablos hablaba este hombre? —Me tengo que ir— me gire queriendo subir de nuevo a la camioneta, pero me jalo hacia él nuevamente, me quede en shock, cuando pude reaccionar sentí sus labios contra los míos, ¡me estaba besando!, no pude contenerme y lo abofetee, le di tan duro que la mejilla le había quedado roja, ¡me beso! ¿Por qué? Nunca le di señales de algo más y peor aún sabía que estaba saliendo con Albert, ¿Qué pasaba por la mente de este hombre?

—Discúlpame Sally, no debí— dijo sobándose la mejilla

—No Michael, ¡no debiste! y por tu bien, que sea la última vez que te acercas a mí, no me imagino lo que hará Albert cuando se entere de lo que has hecho— me gire y al fin pude subir a la camioneta, este tipo me había puesto de muy mal humor, ¿Por qué había hombres asi? que querían tomar todo a la fuerza, sin permiso, sin tener consideración de lo que la otra parte desea, detestaba a los tipos asi, los odiaba sobre todo porque en el pasado había tenido que lidiar con un hombre asi, maldije por lo debajo, lo escuche gritar algo a la distancia, pero no le di importancia alguna, estaba furiosa, indignada, conduje a casa un poco alterada.

Entre y Esther estaba ocupada en la cocina, Clara estaba con Tommy en la casa de los empleados y Dillan seguía dormido, mi celular sonó y era un mensaje de Albert.

"Quiero que hoy vayamos a mi departamento, me gustaría pasar tiempo a solas contigo.

Te quiere

Albert"

Por un segundo comencé a sentir mariposa, me dio un vuelco el corazón lo tierno que era al escribir que me quería, pero mi mente regreso al evento con Michael y mi día por más perfecto que hubiera comenzado con mi rubio, el maldito beso seguía palpitando en mi boca, ¿Cómo le diría a Albert lo que sucedió? Me daba vueltas en la cabeza si era prudente contárselo o no, me debatía en causarle problemas a Albert en el trabajo con este tipo, pero sabía que no debería quedarme callada, de pronto volvió a sonar mi teléfono.

"Sally, tengo una invitada especial, es una vieja amiga, por favor dile a Esther que prepare algo rico, hoy quiero que la conozcas, sé que se llevaran de maravilla.

Stear"

Bueno seguramente lo del departamento quedaría para después de la cena, ¿Qué traía en manos Stear?

Me había puesto de acuerdo con Clara para ir al centro de atención donde ella vivió cuando la conocí, quería ser voluntaria los domingos como psicóloga, ella estaba segura de que habría una vacante para mí, la ayuda nunca está de más.

Le mande un mensaje a Albert explicándole la inesperada visita de Stear, a lo cual me contesto que saldríamos de casa después de la cena como había imaginado, puntual para la cena mi rubio estaba cruzando la puerta de la entrada, yo tenía en los brazos a Dillan.

—Ven con tu padre campeón— le extendió los brazos al bebé dándome un beso en los labios mientras lo llevaba a sus brazos— ¿Qué tal el día cariño? — me pregunto mientras pasaba el pulgar por mi mejilla, cosa que me hacía derretirme más por él.

—Bien Albert, la cena esta lista— le di un beso a Dillan.

—¿Y para mí no hay nada? —dijo pícaro.

—Te lo daré más tarde en el departamento.

—No suelo olvidar una promesa eh pequeña —se giró para irse, bien, tengo mucha hambre, iré a mi habitación un momento, me llevare a este pequeño travieso conmigo— dejo sus cosas en el sillón de la sala.

Un celular comenzó a sonar, el ruido provenía de las cosas que había dejado, él ya estaba subiendo las escaleras.

—Cariño tu celular está sonando— lo saque del saco para acercárselo.

—Contesta por favor, tal vez sea mi secretaria, dile que más tarde la llamo— y siguió su camino por los escalones haciendo cosquillas a Dillan, el bebé soltaba carcajadas que me hacían sonreír verlos tan felices.

Saqué el teléfono y pude ver que no era una llamada, eran mensajes, estaba bloqueado, eran muchos mensajes los que estaban entrando, sin pensarlo mucho comencé a leer lo que me mostraba la pantalla, eran de George.

"Las honras fúnebres serán pasado mañana"

"Jimmy ya no está sufriendo, me alegro que ella te tenga a ti"

"¿Ya decidiste sí se lo dirás o no?"

"Sus padres estan desconsolados"

"Preferiría que Candy no se enterase, estará destrozada, su hermano era muy joven".

Y el piso se me movió, ¿Jimmy? ¿acaso era Jimmy mi hermano? ¿Honras fúnebres? ¿Estaba muerto? No había otra explicación ¿Pero ¿cómo?, lo único que pude hacer fue sentarme en el sillón para comenzar a tomar aire, con las manos en el cabello, las lágrimas recorriendo mis mejillas sin parar, dolía, me dolía el corazón, ¡mi hermano! ¡mi hermano! ¡no! Él no por favor, esperaba que todo esto fuera una mentira, que el remitente no fuera el George que sabia mi verdadero nombre, que Albert no estuviera enterado y no se estuviera cuestionando si me lo contaría o no.

No, no, no podía ser mi hermano, mi pequeño compañero, aquel "hijo milagro" como lo llamaba si padre, él hijo que siempre deseo, que llego cuatro años después de mi nacimiento, cuando mis padres habían perdido la esperanza de poder tener otro hijo, fue toda una sorpresa cuando después de seis meses de embarazo mi madre supo que estaba por llegar otro bebé y que además fuera una varón, con el que bromeaba en cada platica que teníamos, mi hermano que había cuidado de mi aunque yo fuera mayor que él, el que tenía toda una vida por delante, ¡Dios! ¿Cómo era eso posible?

Estaba perdida en mis pensamientos cuando sentí una mano en mi hombro.

—Sally, Sally ven quiero que conozcas a alguien, dijo distraídamente sin voltear a verme el rostro, sin darse cuenta de cual era mi estado en ese momento, arrastrándome hacia la entrada de la casa.

—Stear yo noooo… dije tratando de soltarme de su agarre, pero estaba tan entusiasmado con la visita que no se dio cuenta de todos mis intentos por irme a mi habitación, necesitaba estar sola, me sentía desolada en una casa llena de personas.

—Mira, te presento a mi amiga Patty, es Patricia O'Brien, tiene poco que llego de Canadá— entonces levante el rostro, era Patty y no puede evitarlo y la vi a los ojos, me lance hacia ella abrazándola, sollozando en su hombro, no pude soportarlo más, me desborde, al fin sentí de nuevo a mi amiga, a la hermana que tanto necesitaba en ese momento.

—Patty, Patty, es Jimmy, es Jimmy— no hizo nada más que abrazarme, era una sensación familiar que había extrañado tanto, mi amiga, mi hermana, ¡Dios! Que falta me había hecho, ella no dijo nada, solo me arropo en sus brazos, de pronto sentí los brazos de Albert en mis hombros, me solté de Patty, esperando que comprendiera la situación.

—Vamos Candy, hablemos en mi despacho, Stear, señorita, lamento lo sucedido, bienvenida, ahora si nos disculpan… —me abrazo por el hombro y me dirigió al despacho.

—Yo quisiera hablar con ella por favor— dijo Patty con una voz temerosa.

—Déjame primero hablar con ella, en un momento regresamos.

Entramos al despacho —¿Qué sucedió Candy?

—¿Es verdad? ¿Jimmy? — pregunte con la vana esperanza de que todo hubiera sido una confusión.

—¿Cómo lo supiste?

—Albert por favor…—dije abrazándome a mí misma, comenzaba a sentir las manos frías.

—Me entere esta tarde, murió hoy por la mañana.

Y caí de rodillas en la Alfombra, sintiendo el mayor dolor que había sentido en toda mi vida, era horrible, esta debería de ser una pesadilla, las manos de Albert trataban de consolarme acariciando mi espalda.

—¿Cómo sucedió? pregunte en medio del llanto.

—Fue por causas naturales, una enfermedad que le acababan de detectar, solo que estaba más avanzada de lo que suponían, es todo lo que se.

—¿De verdad considerabas no contarme esto tan importante Albert? —Lo vi dudar y me dolió, más de lo que pude imaginar.

—Candy, es complicado, George no considera buena idea que vayas a tu ciudad, Ileska intento fugarse y es peligroso, no quería causarte dolor, sin embargo, se lo importante que es para ti tu familia, para eso quería que fuéramos al departamento, ahí te lo contaría, por lo que veo George se me adelanto sin quererlo. Siento mucho lo sucedió Candy, es lamentable esta situación con tu hermano, tus padres, bueno, ellos lo estan pasando muy mal.

—Puedo imaginarlo, créeme, pero necesito tiempo para asimilarlo— dije limpiándome las lágrimas— La puerta sonó interrumpiéndonos.

—Sally, alguien está preocupada por ti, y ahí estaba de nuevo— era Patty parada en el marco de la puerta, Stear la acompañaba.

—Me gustaría hablar con ella— Le dije a Albert, esperando que nos diera privacidad. Asintió y salieron del despacho

—Candy, sé que eres tú y no me lo niegues más por favor— me dijo sentándose junto a mí.

—No puedo más, te extrañé mucho Patty— Le dije abrazándola sin más preámbulo, y nos derramamos las dos, entre sollozos pude contarle lo poco que sabía de la muerte de Jimmy.

—Candy estoy aquí contigo, calma Candy, llora, llora todo lo que quieras, estoy aquí para ti.

—¿Cómo es que estas aquí Patty? Pregunte después de un rato desahogándome en el sillón, reflexionando en este extraño encuentro, necesitaba distraerme un poco.

—Amigos en común con Owen, mi exnovio conoce a Terry y Stear por las competencias de motos, cuando termine con él, Terry me contacto con la escuela donde tenían la vacante para maestra y me reencontré con Stear, el mundo es tan pequeño que el universo quiso que no pasaras por este momento tan difícil tu sola, pero dime ¿Cómo es que estas aquí? Sufrimos mucho tu muerte Candy y ahora te encuentro como Sally, fingiste no conocerme y me dolió, hemos sido como hermanas Candy, cuéntame que fue lo que sucedió.

—Patty es una larga, larga historia.

—Me gustaría escucharla, necesito saber que ha sido de ti todo este tiempo, sabes la mujer que te disparo está en prisión.

—Lo sé, es por eso que estoy en el programa de protección a testigos, tuve que fingir mi muerte para que mi familia no corriera peligro, quien se iba a imaginar que hace 4 meses que hable con Jimmy sería la última vez que lo escucharía.

—Fue muy difícil para todos, especialmente para tu madre, ustedes eran su vida entera.

—Patty ya no me tortures por favor, no sé qué hacer, necesito ver a mamá, abrazarla y consolarla, no sé si pueda con este dolor que tengo en el corazón, aquí solo Albert conoce mi verdadera identidad, nadie más, todos me conocen como Sally Johnson y por nuestra amistad te pido que me guardes el secreto, nadie puede saber nada sobre mí, ayúdame amiga por favor— mi cabeza era un lio, tenía que enfrentar esta situación, pero tener a Patty como aliada me daba cierta tranquilidad.

La puerta del despacho se abrió de pronto —Cariño ¿está todo bien?

—Si Albert, ya estoy un poco más tranquila, ven quiero presentarte a mi amiga Patty, él es mi novio Albert Ardlay.

—Gracias por cuidar de ella en todo este tiempo, Candy es una persona muy querida para mí y ahora con lo de Jimmy necesitara todo nuestro apoyo, puedes confiar en mi Albert— Vi una cara de sincero agradecimiento y se estrecharon las manos.

—Yo me retiro a mi habitación, no me siento muy bien— abracé a Patty y le di un beso a Albert en la mejilla.

—Yo iré contigo Candy— me tomo del rostro.

—No es necesario, me daré una ducha y me acostare, estaré bien no te preocupes— le di un beso y salí sin dar oportunidad de nada más, llegue a mi cama, hundiéndome en mi almohada, llorando de nuevo tratando de desahogar de nuevo mi cuerpo, me quede dormida sin poderlo evitar, más tarde desperté sintiéndome desorientada y con un fuerte dolor de cabeza por haber llorado tanto, el brazo de Albert me rodeaba la cintura, estaba sudando, decidí darme una ducha, esperaba no despertarlo.

Entre a la regadera tal y como estaba, no me encontraba consciente de que me había dormido con mi ropa de calle, estaba descalza, ya me ocuparía de eso después, el agua recorría mi cuerpo, sentía cada gota de agua como si pequeñas agujas picotearan mi piel, di varias exhalaciones y con mis manos sobre las baldosas, analizando que era lo que debería de hacer, deseaba con todas mis fuerzas poder abrazar a mi madre y decirle que yo estaría con ella, que todo estaría bien, que Jimmy estaba bien donde quiera que este estuviese, escuche abrase la puerta, Albert me observaba, estaba en ropa interior.

—No tienes que decir nada, déjame ocuparme de ti, se por lo que está pasando, yo también perdí a uno de mis hermanos, asi que ahora déjame ser tu soporte, pasaremos por esto juntos, ¿me dejas hacerlo por ti? —me dijo con una infinita ternura en sus palabras, asentí con la cabeza y saco mi blusa por encima de mi cabeza y mi pantalón que fue bastante difícil de quitar, me quede en ropa interior al igual que él, tomo el shampoo y comenzó a darme un masaje en el cuero cabelludo que realmente se sentía relajante, mis manos se sujetaban en su pecho, mi cabeza descansaba cerca de uno de sus hombros, sabía que era lo más dulce que había hecho alguien por mí, mis dedos recorrían sus pectorales, sin saber porque comencé a delinear cada uno de sus muy bien definidos músculos.

—Te pasare la regadera, cierra los ojos— me levanto el mentón después de darme un pequeño beso en los labios, sentí como el agua se llevaba el jabón además de un poco de dolor, mientras que él pasaba sus dedos por mi cabello, mi corazón se comenzó a acelerar con la poca distancia que nos separaba, su mano en mi espalda me acercaba más hacia él, pude sentir que él no estaba mejor que yo, su respiración se comenzó a acelerar un poco también, tomo la botella de jabón liquido en las manos sin dejar de verme a los ojos, dejo caer un chorrito en su palma y comenzó a frotar para generar espuma, sabía que no utilizaría ninguna esponja, y eso me hizo sonreír un poco.

—Es menos agresivo para tu piel usar las manos— y comenzó a deslizarlas por mi cuello, mis hombros mi espalda, no era para nada nada lujurioso, me trasmitía un infinito amor en cada caricia y de pronto entendí aquello que mi madre siempre nos recordaba que leyó en la biblia. "El amor es paciente; el amor es bondadoso", eso era precisamente lo que estaba sintiendo, mis lagrimas comenzaron a correr sin pedir permiso, lo amaba, infinitamente lo amaba.

—Entiendo como te sientes en este momento, pero quiero que sepas que no estas sola, estoy contigo, Stear, Archie y los niños, incluso Patty aunque aun no pueda creer que estes viva, te amamos cariño, se que duele, que duele como fuego en la piel, pero te prometo que todo pasara, que podrás acostumbrarte a su ausencia y que tus padre a pesar de que todo se vea oscuro sanaran, nunca lo olvidaran, pero con el tiempo dolerá un poco menos— sentí como enjuagaba mi cuerpo con la regadera de mano, era cierto, me sentía mas sola que nada en este mundo, pero era un hecho que lo tenía a mi lado, suspire y me pase las manos por el cabello, queriendo dejar que corriera el dolor junto con las lagrimas que ya no quería permitirme seguir derramando, a mi hermano no le gustaría verme asi, lo sé, siempre me decía que era una llorona, una chica fuerte, pero con corazón de pollo, sonreí un poco por el gracioso recuerdo de él burlándose de mí y yo montándome en su ancha espalda tratando de hacerle un mínimo daño, cosa que era poco probable al tener un cuerpo grande y fornido por el tiempo que pasaba en el campo con papá.

Me quedé sola en el baño después de que me pasara la toalla, me sequé el cuerpo y me deshice finalmente del resto de mi ropa mojada, Albert me paso mi ropa interior y su camiseta, su aroma llego a mis fosas nasales, dándome tranquilidad como siempre, me recosté junto a él aun con el cabello un poco húmedo.

—Dime que pasa por tu mente Candy— me dijo mientras me abrazaba contra su pecho.

—Quisiera saber cómo estan mis padres y cómo fue que una enfermedad desconocida se llevó tan pronto a mi hermano.

—Podemos hablar con George a primera hora, seguramente él está enterado de todo, guarde silencio, seria lo primero que haría por mañana, quería saber todo lo que había ocurrido y con las caricias que me daba en la espalda me quede dormida de nuevo, con la tranquilidad que solo él podía proporcionarme.

Continuara…

Hola a todas mis comadritas, se que me he tardado, pero como ya lo mencione no soy de dejar las cosas a medias y por ahora tengo actualización, mañana otra y espero terminar uno mas para el martes, les agradezco su paciencia y apoyo, les mando un gran abrazo!

Atte. su comadre Erika