Pese a que imaginé esta historia con una única entrega, vengo esta noche para dejar el 2 y último capítulo. Espero que os guste y espero vuestras críticas ya sean buenas o malas
Tiempo eso era lo que el escritor le había pedido a Kate, tiempo. Parece tan solo una palabra, pero lo que significa hace que cuando la escuchemos nuestro corazón se encoja.
La persona amada pidió tiempo, ella se lo dio jurándose que durante el mismo le demostraría cuan grande era su amor por él.
Tiempo, siendo indefinida su duración. Kate se centró en los dos meses que él estuvo en la ciudad, esperando que aquel tiempo fuera el necesario. Si no lograba enamorarlo en ese tiempo, no podría hacerlo nunca, él se iría y ellos nunca podrían vivir su amor.
Dos meses, sólo dos meses, 61 días, fue el tiempo que ella tuvo.
Mañanas de desayunos, tardes de paseo, noches de cenas y cines y entre medias la comisaría haciendo que durante horas ellos estuvieran separados, haciendo que todas aquellas horas ella debiera centrarse en otra cosa. Horas en las que el pánico se apoderaba de ella, pánico por no tenerlo al lado.
Intentó con todas sus fuerzas que él regresase a la 12th, hasta Gates se lo pidió, pero siempre obtuvieron la misma respuesta – Lo siento, pero esa época terminó- eso decía siempre él, haciendo que cada vez que lo escuchaba la detective perdiera un poco su fe en ellos.
Dos meses, haciéndose cada vez más pequeña, cada día que pasaba sentía como él, su amado se alejaba un poco más de ella. Logró traer de vuelta a su amigo, a su confidente, pero no lograba llegar a su amado.
-Lanie, ya no sé qué más hacer – decía ocultando su cara entre sus manos.
-Lo siento cariño, tal vez ciertamente era tarde – Kate alzó la vista dejando ver sus ojos llenos de lágrimas.
-Entonces ¿me tengo que dar por vencida? ¿Tengo que dejar morir lo que podría haber sido?
-Kate, creo que murió hace meses. Siento tener que ser dura. Siempre creí que lo lograríais, siempre creí en vosotros, pero, nunca llegó vuestro momento. Ambos os encargasteis de destruir lo que pudo haber sido. No fue sólo culpa tuya. Tú te escondiste pero él debió dar un paso y hablar contigo. Ambos sois culpables de que lo vuestro se quede en un "si tan solo…"
-Lanie, ¿qué voy a hacer sin él? – dejó de luchar por mantener las lágrimas sin salir, les dio libertad para escaparse por su rostro.
-Vivir, cerrar el libro y empezar uno nuevo. Dejar atrás todos tus miedos, todos tus fantasmas.
-He tenido dos meses y no he sido capaz de hacerle regresar – su mirada se perdía por la ventana.
-Cariño, el no logró llegar a ti y tuvo cuatro años, ambos tenéis mucha facilidad en hacer imposible lo sencillo.
-Pero le amo – decía sonando como una súplica.
-Y él te amaba a ti. Jugasteis tanto con fuego que os terminasteis abrasando.
Dos meses, que rápido habían pasado. Dos meses que sólo sirvieron para que renaciera una amistad, para que muriera un amor, una ilusión, un corazón.
Kate estaba pegada al gran ventanal de la zona de despegue del aeropuerto JFK mirando como rodaban las ruedas de un avión, sintiendo como su última esperanza se alejaba con cada giro dado por aquellos neumáticos.
Su "siempre" no había sido real, la música paró incluso antes de que ellos comenzaran a bailar. Su mano apoyada en la cristalera despedía al que un día el destino le puso delante para llevarla a la luz.
-Lo siento querida, siento que todo haya terminado así – Martha abrazaba a una Kate hundía, rota, desolada – Mi hijo, a veces, es demasiado testarudo, orgulloso e idiota. Vamos a casa a tomar un café.
Kate se dejaba llevar por aquella mujer, no se sentía capaz de negarse o de pensar, tan solo quería encerrarse en su habitación y llorar.
Llamadas, ws, mails, se fueron convirtiendo en algo cotidiano entre ellos. Él contando su nueva aventura londinense, ella relatando sus nuevos casos policiales, dos amigos contándose sus vivencias.
Cada llamada, cada mail, agudizaba su dolor. Tomó una dura decisión, no podía continuar con tanto contacto, no era sano para ella.
Las llamadas se fueron espaciando, los mails dejaron de ser contestados, ella se fue liberando. Y entonces sucedió, retomó aquello que sólo él había sido capaz de alejar de ella.
-Kate, tienes que informar a Gates de lo que has descubierto.
-¿Para qué Ryan? ¿Para qué me aparte del caso? No lo haré, esta vez llegaré hasta el final – contestaba mirando el croquis en la ventana de su apartamento.
-Javi, ayúdame a convencerla – se giraba mirando a su compañero.
-Tiene razón, Gates la mandará a casa. Somos sus amigos, debemos apoyarla – contestaba Espo acercándose hasta ella.
-Pero la van a matar – decía fuera de sí Ryan.
-No, porque nosotros estaremos a su lado.
-Ésta es la dirección, se supone que estarán ahí mañana por la tarde. Id a casa y descansad, mañana será un día complicado.
Ambos detectives, salieron de la vivienda, cada uno metido en su propio mundo.
Ryan totalmente disconforme con lo que iban a hacer, Esposito sin pensarlo demasiado tomando el bando de su amiga, de su hermana.
Al rubio detective poco le importó la diferencia horaria, tenía que hacer algo y pensaba que sólo había una persona en el mundo que fuese capaz de hacer que Beckett entrase en razón. Tomó el móvil, buscó su número y marco. Uno, dos, tres, cuatro tonos y por fin obtuvo respuesta al otro lado.
-Tienes que regresar, ella va a suicidarse – no pudo decir nada más.
-¿De qué estás hablando? – Rick salía de su cama de inmediato y encendía su portátil.
-Kate, mañana irá tras el asesino de su madre. La van a matar – decía llorando.
-Busca a Gates, cuéntale todo. Llama a Lanie, a Jim, yo llegaré en cuanto pueda – ahí terminó la conversación.
Tan solo dos horas después un vuelo privado salía del aeropuerto de Londres dirección a NY, dentro de aquel avión se encontraba un hombre totalmente aterrado. Que se repetía una y otra vez que todo era culpa suya, que nunca debió alejarse, que nuevamente era consciente de que ella era el gran amor de su vida, y nuevamente corría contra el reloj intentando llegar a tiempo de decírselo. Una lucha contra el tiempo, sabiendo de antemano que era una batalla perdida.
Carreras, golpes, disparos, gritos, lágrimas, súplicas es lo que se escuchaba en aquel edificio, sirenas de policía, ambulancias. Gritos desgarrados de dolor, lágrimas cargadas de culpabilidad, caras de reproche.
-Kate, aguanta, la ambulancia está llegando, escucha, eso que se oye son las sirenas – Espo presionaba la herida con su propia camiseta- ¡Ryan, Ryan! Avisa del piso en el que estamos.
Ryan hacía lo que su compañero le decía mirándole con cierto odio.
-No os peléis chicos, no pasa nada – un nuevo golpe de tos hacía que ella escupiera nuevamente sangre.
-No hables Kate, tienes que guardar fuerzas – Suplicaba Ryan- no nos estamos peleando.
Sanitarios corriendo por los pasillos.
-Mujer, treinta y pocos años, herida de bala en el tórax – relataban al entrar al hospital.
Lanie, Espo, Ryan, Gates, Jim, corrían tras aquella camilla. Sus vidas se apagaban al mismo tiempo que la de ella.
-Saldrá adelante, lo hizo una vez, lo volverá a hacer – Gates trataba de infundir esperanzas a los allí presentes.
Las puertas de la sala de espera se abrieron.
-¿Qué ha pasado? ¿Dónde está?
-Castle, oh dios mío – Lanie se abrazaba a aquel hombre.
-Señor Castle, está herida, grave, ahora está en quirófano – contestaba la capitana.
Castle se soltaba del abrazo de la forense comenzando a caminar en dirección de los dos detectives.
-¿Tú te llamas amigo? No hiciste nada para detenerla – el golpe impactó de lleno en el mentón de Espo haciendo que cayese al suelo- Debiste pararla – decía mientras golpeaba las costillas del latino con patadas.
Ninguno de los presentes reaccionaba, nunca habían visto a Castle de aquella forma, finalmente fueron Jim y Gates los que lograron separar al escritor del detective.
-No es culpa de él – decía Jim mientras sujetaba por el brazo al escritor- Mírame Rick, la única culpable aquí es la sed de venganza de mi hija.
-La dejaste sola – decía Espo al ponerse en pie- Si yo soy culpable tú también lo eres.
-Basta – gritaba Ryan- todos, todos y cada uno de nosotros somos culpables de que ella esté nuevamente luchando por su vida.
Silencio, tras escuchar aquello todos quedaron en silencio. Era cierto, todos los allí presentes podían haber hecho algo más de lo que hicieron.
Las horas pasaron y finalmente el cirujano llegó a aquella sala.
-Hemos logrado extraer la bala, ha dañado levemente el pulmón, la recuperación será lenta, pero si pasa las próximas 24 horas podremos decir que saldrá de esta.
Suspiros, lágrimas, abrazos, era lo que se vivía en aquella sala tras las noticias del médico.
-Ahora mismo está siendo trasladada a la UCI, sólo uno de ustedes podrá entrar a verla y por no más de cinco minutos.
Jim fue quien entró, a fin de cuentas ella era su hija.
Un día, 24 horas, nunca pensó que fuera tan largo, no había salido de aquel hospital, le daba terror el marcharse y que a ella le pasase algo.
-Castle, está despierta – Dijo Jim acercándose hasta donde se encontraba el escritor- deberías pasar a verla.
-No, continua tú con ella, yo me conformo con saber que está bien – Jim se sentaba a su lado.
-Muchacho, es hora de que ambos dejéis los miedos a un lado. Ve con ella – le dio un suave empujón.
La puerta de la habitación se abrió, pero desde donde ella estaba no podía ver quien era la persona que entraba.
-Hola – fue lo único que salió de su garganta al llegar hasta ella.
-Hola – contestó ella bajando la cabeza.
-¿Cómo estás? – preguntaba desde los pies de la cama.
-Estoy, viva, por lo que parece. Es más de lo que esperaba – contestaba ella girando su cabeza y perdiendo la mirada en la pared.
-Me alegro – ella giraba la cabeza y le miraba.
-¿Qué quieres?
-A ti – salió de repente de su boca- es la segunda vez que estamos aquí, es la segunda vez que casi te pierdo para siempre.
-¿Tan bien esta vez me vas a decir que me quieres? – dijo con cierta ironía ella.
-Ya vale – contestó él acercándose hasta el cabecero de aquella cama- Dejemos de hacer el idiota. Sí te voy a decir que te quiero, te amo, no puedo imaginar mi vida sin ti. He tratado por todos los medios de olvidarte, de no sentir eso por ti, y creía que lo había logrado, pero cuando Ryan me llamó mi mundo se derrumbó. Te amo, y quiero una vida junto a ti – mientras hablaba las lágrimas habían comenzado a rodar libres por su cara.
-Espero que no me tengan que disparar una tercera vez para volver a escucharlo – una tímida sonrisa se dibujaba en su rostro- Yo también quiero una vida junto a ti. Te quiero Rick.
Por fin el amor que sentían había ganado. Se terminaron los miedos, las dudas, los muros, las murallas, los candados, se terminaron años de dar vueltas en un tiovivo.
-Cuando te den el alta, nada de cabaña de tu padre – tomaba su mano entre las suyas- nos iremos a mi casa de la playa para que te recuperes – la miraba dejando ver todo el amor que sentía.
-Iremos donde quieras, pero juntos – tiraba de él para dejar su cara pegada a la suya.
-¿Va a besarme detective? – preguntaba juguetón.
-No, lo vas a hacer tú por lo mal que me lo has hecho pasar, haciéndome creer que ya no me querías – lloraba al recordar todos aquellos meses de angustia.
-Lo siento mi amor, nunca más me alejaré de ti. Te amo – por fin sus bocas se juntaban regalándose el tan anhelado beso.
Fin
