Por alguna razón no puedo dar por finalizada esta historia que comenzó siendo un short. Espero que os guste, de la misma forma que espero vuestras críticas ya sean buenas o malas


Caminaba sola por aquella playa, sintiendo bajo sus pies la arena fría en una noche de luna llena, la única luz provenía de aquella gran esfera suspendida en un cielo plagado de estrellas. Detuvo sus pasos, se sentó sobre aquella arena, tomó entre sus manos un puñado de aquella dejando que escapase lentamente entre sus dedos, sintiendo que de la misma forma que grano a grano sus manos se vaciaban así su vida había estado escapándose durante años.

Levantó la cabeza, suspiró, cerró los ojos y una gran sonrisa se dibujó en su rostro. Por su mente comenzaron a pasar imágenes de los momentos en los que su vida empezó a cobrar "vida" y en cada imagen él aparecía a su lado. Un café, una hamburguesa, un cine, unas cervezas, un abrazo, una sonrisa, un siempre. Para cualquiera serían cosas simples, sin ninguna importancia, para ella eran todas las cosas que la habían mantenido con vida.

Él siempre a su lado, pasase lo que pasase, lo tratase bien o mal, estuviera sola o con algún hombre a su lado, lo que no variaba en aquellos recuerdos era la presencia de él.

Él la persona que le enseñó la luz tras años en las tinieblas, y por sus miedos estuvo a punto de perderlo, el solo recuerdo de aquellos meses hizo que un escalofrío le recorriera el cuerpo, que una lágrima escapase de sus ojos.

Una locura de idea había aparecido en su mente, se levantó, miró a la derecha, luego a la izquierda asegurándose que nadie estuviera en aquella playa, se quitó la camiseta, el pantalón, la ropa interior, y salió corriendo hacia el agua.

Se despertó sintiendo su ausencia, palpando con su mano el espacio libre a su lado en la cama, giró la cabeza, no estaba ahí, salió de aquella cama que de repente le parecía demasiado grande, fue hasta el baño allí tampoco estaba, salió del dormitorio, bajó las escaleras y se acercó a la cocina, nada, el salón vacio. Vio la puerta de la terraza abierta, tomó una chaqueta y salió de la vivienda.

El primer sitio en el que miró fue la piscina encontrándola vacía, continuo su camino dirigiéndose a la playa.

Se acercó despacio, la luz de la luna le estaba mostrando un bellísimo espectáculo, la mujer de su vida se bañaba bajo aquella luz, siendo una de las imágenes más hermosas que jamás había visto.

Sus pies entraron en el agua, sus ojos no se apartaron de su imagen, no pestañeaba, quería guardar aquello que veía en lo más profundo de su cerebro.

Ella le vio, y sonrió, comenzó a salir de aquella agua, dejándole ver su cuerpo desnudo.

-Te vas a enfriar – le puso por los hombros la chaqueta que él llevaba.

Ella se abrazó a él, con fuerza, casi con desesperación, él frotaba su espalda intentando darle calor. Juntos salieron finalmente de aquel océano, él se separó un poco de ella agachándose a recoger su ropa, ella continuaba aferrada a su vida.

Rick, la tomó en brazos, ella escondió la cabeza en su cuello, aspirando el aroma que durante años había logrado, con solo sentirlo, darle paz.

-Estás loca, son las cuatro de la mañana y aún hace frio – caminaba hacía la casa, apretando con fuerza el tesoro que llevaba entre sus brazos.

Ella sólo hundió un poco más su cabeza en el cuello de él.

Subió las escaleras, ella pensó que irían directos a la cama, pero él tenía otros planes, se encaminó hasta el baño, la dejó sobre un taburete y abrió el agua de la ducha, ella le miró sorprendida.

-Estás helada, necesitas una buena ducha caliente – dijo él mirándole con una gran dulzura, el vaho que salía le dijo que el agua ya estaba lo suficientemente caliente. Se quitó el pantalón, y la camiseta, los bóxer y metiendo una pierna dentro le tendió la mano.

Kate entró tras él, el agua caía por su cuerpo, él comenzó a pasar con suavidad la manopla por el cuerpo de ella, cada rincón de su piel fue acariciada. Él apagó el agua, salió y la invitó a salir, la rodeo con una toalla, y comenzó a secarla.

-Espera aquí – dijo saliendo del baño regresando al poco tiempo con un pijama limpio para ella, la vistió con ternura.

-Rick – los ojos de ambos se quedaron enganchados- te amo.

Él la atrapo entre sus brazos, besó su cabeza y sonrió.

Ella elevó su cabeza para perderse en aquella mirada azul sonriendo con cierta timidez.

-Kate, te amo – dijo finalmente él- desde hace tanto tiempo que empiezo a creer que lo hago desde que nací.

Caminaron con sus manos enlazadas, se tumbaron en la cama, ella pegó su cuerpo al de él, él pasó una de sus piernas por encima de las de ella, ambos suspiraron.

-Prométeme que siempre será así – dijo ella en un susurro.

-No – contestó él haciendo que ella le mirase con temor- será mejor, mi amor.