Ahora sí, esta historia llega a su fin. Ha sido un placer escribirla. Gracias a tod s aquell s que habéis decidido que merecía la pena ser leída. Gracias a quien decidió comentar. Espero que este cap final sea de vuestro agrado.


Llovía, lo venía haciendo desde hacía una semana, el cielo no había dado ni in minuto de tregua. Las alcantarillas de la ciudad ya no eran capaces de tragar más agua, constantemente se escuchaban las sirenas de los bomberos al tener que acudir a una nueva emergencia.

El agua calaba sus huesos, nadie lo creería pero había olvidado el paraguas, así que no tenía forma de resguardarse de aquella insistente lluvia. Caminaba lo más rápido posible, intentaba pegarse a la pared para así evitar quedar totalmente empapado, negaba con la cabeza, su cerebro le decía que ella le iba a matar cuando cuándo le viera regresar totalmente calado.

Entró en la tienda, saludo como cada día, sin prestar atención, recorrió el tercer pasillo, llegó a la zona de congelados, abrió la puerta y cogió las tarrinas de helado. Giró sobre sí mismo y se encaminó a la caja.

-Kate me va a matar cuando me vea entrar en casa – Iba diciendo mientras recorría el pasillo al dependiente.

Kate se acariciaba el abultado vientre, faltaba tan solo un mes para poder tener entre sus brazos a su pequeño príncipe. Rick no lo sabía, ella le había pedido no conocer el sexo de su hijo pero dos meses atrás ella no pudo resistirse a ir a su ginecólogo y pedirle que le dijera el sexo, eso sí se guardo la información sólo para ella. Quería ver la cara de sorpresa de él cuando viera que era un niño, sonreía al imaginarlo mordiéndose el labio inferior.

Se levantó del sofá, con algo de dificultad, se frotó la espalda, era ya mucho peso y sus lumbares se quejaban, se acercó hasta la que sería la habitación del bebé, encendió la luz y recorrió la habitación con la vista. Todo estaba listo, la cuna, la mecedora, el armario, la cómoda, el cambiador, pasaba su mano por cada uno de aquellos muebles, clavó su mirada en el rincón al lado de la mecedora y soltó una carcajada. Allí sobre una repisa se encontraba colocado un sable láser.

-Cariño, como no te guste Star Wars a tu padre le dará un infarto – dijo acariciando su vientre- Alex, vas a tener mucha suerte – se sentaba en aquella mecedora- nunc ale tendrás que suplicar a tu padre que juegue contigo, más bien será él el que te suplicará a ti – sonreía sin poder dejar de hacerlo.

Se despertó por el incesante sonido del teléfono, abrió lentamente los ojos, y miró la hora en el reloj de su padre. Había estado durmiendo cerca de dos horas, se levantó y se extraño de no encontrar a Castle en casa. Hacía mucho que había salido a comprar helado, la tarde anterior se habían quedado sin él y hoy les apeteció a ambos nuevamente.

Una vez en el salón comprobó su móvil tenía varias llamadas de Lanie, ninguna de Rick, el timbre de la puerta sonó en ese mismo instante.

Abrió la puerta y ante ella apareció Lanie

-Vaya, termino de ver tus llamadas, perdona me quedé dormida – Se hacía a un lado para dejarle paso- anda entra. ¿Estás bien? – preguntaba una vez que la forense entró al fijarse en su cara.

-Kate, sentémonos – apoyaba su mano sobre el brazo de la detective.

-Me estás asustando, ¿qué te pasa? – se sentaba despacio en el sofá – Dame un segundo voy a llamar a Castle para ver dónde se ha metido- tomaba entre sus manos el móvil, sintiendo como Lanie se lo quitaba de las manos.

Kate levantó la vista para reclamarle aquello y vio como las lágrimas recorrían el rostro de su amiga. Instintivamente volvió a tomar el móvil y marcó el número de Castle, la forense hizo el intento de quitárselo nuevamente.

-No, hace mucho que salió, necesito hablar con él – miedo, angustia, opresión es lo que comenzaba a sentir.

-Kate, cariño – empezaba a hablar Lanie.

-No – la interrumpía ella- vete, no quiero hablar contigo, sal de mi casa – dejaba de mirar a su amiga e intentaba ponerse nuevamente en pie.

-Kate, cariño, escúchame – posaba sus manos en los hombros de la detective.

-No Lanie, no lo entiendes, no quiero escucharlo. Quiero que te vayas, tengo que localizar a Castle – las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.

-Los chicos de robos han acudido a una llamada y allí han encontrado un cuerpo, tenía dos impactos de bala – las lágrimas la estaban cegando pero tenía que contárselo a Kate.

-Lanie, Castle volverá en cualquier momento con el helado, será mejor que empiece a preparar la cena – intentaba librarse del agarre de su amiga.

-Kate, Castle no va a venir – dijo finalmente- Lo han intentado todo, pero falleció en el acto – la detective le lanzó una bofetada a su amiga que impactó de lleno en su mejilla.

-Cállate, ¿por qué me haces esto? ¿Por qué? Creía que eras mi mejor amiga, ¿por qué me dices esas cosas?

La puerta de la vivienda se abrió, Martha, Alexis, y Jim, entraban en la misma, los rostros de todos ellos evidenciaban el dolor que estaban sintiendo.

-¡Papá! – Kate gritaba alzando los brazos hacia su padre.

-Katie, cariño – Jim la abrazaba con fuerza, comenzando a acunarla, él mejor que nadie de los presentes sabía el dolor que su niña estaba sintiendo en aquel instante.

Silencio roto por los llantos, era lo único que existía en esa casa. Llanos y gritos llenos de dolor, dolor que rompía el alma de los presentes, sueños de futuro destruidos.

Espo y Ryan continuaban intentando localizar al asesino.

-No hay nada – decía Ryan lanzando contra su mesa su teléfono móvil.

-Detectives – Gates salía de su despacho, ambos se giraron, ella lo intentó disimular pero en sus ojos estaban las huellas de haber estado llorando- tenemos que coger a ese cabrón. Ha matado a uno de los nuestros, debemos darle caza. Nadie se irá a casa hasta que no demos con él.

-Sí señor – contestaron ambos.

-Voy a casa de la detective, en una hora estaré de vuelta.

-Sí señor – dijeron ambos con la voz rota por el dolor.

Lanie abría la puerta de aquella casa.

-Hola Jenny.

-Lanie, no podía quedarme en casa, sentía que tenía que estar aquí – ambas mujeres se abrazaban.

Unos minutos después el timbre de la puerta volvía a sonar, esta vez fue Jenny la encargada de abrir.

-Capitana Gates – dijo sorprendida- adelante.

-Venía a dar mi apoyo a la familia – dijo tras entrar.

-Kate está encerrada en su habitación, su padre trata de clamarla, Martha y Alexis están en la habitación de la segunda.

Las horas fueron pasando, los gritos desgarrados de dolor se fueron calmando, los llantos fueron cesando.

Kate apareció en el salón apoyándose en el brazo de su padre.

-Lanie, quiero ir a la morgue.

-Cariño, no es necesario – la forense miraba con sorpresa a Jim y al resto.

-Sí, tengo que verlo aunque sea una última vez – alzó la cabeza y por fin Lanie pudo ver el rostro de su amiga, era una súplica lo que vio.

-Debes descansar, quedan días muy duros y en tu estado – decía intentando hacer que entrase en razón.

-Lanie, ya conoces a mi hija, nada de lo que le digamos hará que cambie de opinión.

-Iremos contigo – Martha y Alexis dijeron aquello bajando las escaleras- Nosotras te acompañaremos.

Las tres mujeres se fundieron en un abrazo, comenzando nuevamente a llorar.

-Las mujeres de su vida irán a decirle adiós- Dijo Martha.

Kate acompañada por Lanie, montaron en el coche conducido por Jim, mientras Alexis y Martha montaron en el de Jenny.

En aquellos vehículos no se escuchaba nada más que las respiraciones de sus ocupantes, Kate tenía la mirada perdida a través del cristal de la ventanilla, y sus manos acariciaban su vientre.

Al llegar a la morgue ambos coches fueron aparcados en la zona reservada para el departamento de policía, Kate, Martha y Alexis caminaban tomadas de las manos.

Lanie fue la primera en entrar en la sala de autopsias, haciendo que los demás esperasen fuera, quería asegurarse de que el cuerpo estuviera presentable, ya antes de salir de la casa de la detective había informado al forense del caso que la familia iría a ver el cuerpo.

Una vez comprobó que todo estuviera en orden se giró abriendo la puerta de la sala y se hizo a un lado para que su amiga, Martha y Lex entrasen.

Kate se apoyó en la pared y no se movió de aquel lugar, mientras Martha y Alexis, estaban al lado del cuerpo, dándole el último adiós. La actriz, tomó por los hombros a su nieta logrando separarla del cuerpo inerte de su padre y salieron de la sala.

Lanie se acercó a su amiga.

-Quiero estar sola – dijo Kate en un susurro- Por favor, Lanie, quiero que seamos nosotros tres solos – dijo pasando su mano por el vientre.

Lanie salió, dejando a Kate despedirse de su amado en soledad.

-Dejemos que lo haga a su manera – dijo al ver la cara de todos.

Kate, caminó acercándose a su marido, pasó una de sus manos por el cabello, peinándole como tantas otras veces. Sus dedos recorrieron el rostro del escritor, al tiempo que ella cerraba sus ojos, detuvo durante un segundo los mismos sobre los labios ahora pálidos de él.

Tomó el brazo de Rick, llevándolo hasta su vientre, posando sobre él la mano de Castle.

-Es un niño, te engañé, quería que fuera una sorpresa – decía al tiempo que clavaba su mirada en el rostro de él, imaginando como sería la sonrisa que él dibujaría.

Fue retirando la sábana blanca que cubría el resto del cuerpo. Las lágrimas caían sobre el cuerpo sin vida del escritor, Kate posó su mano sobre la herida del pecho, aquella que había robado la vida de su amado.

Sintió que el universo jugaba con ella. Allí ante sus ojos, estaba la herida de bala, que había atravesado el corazón del escritor, él no había tenido a nadie a su lado que hiciera que aquella bala no fuese mortal. Posó su mano libre sobre su propia cicatriz, milímetros era lo único que diferenciaba una de la otra. Milímetros era la diferencia entre la vida y la muerte.

-Sólo espero que los chicos le encuentren, porque de no ser así, lo haré yo y le mataré con mis propias manos – sonrió tímidamente y negó con la cabeza- Eso sería lo que habría dicho la antigua Beckett, la nueva, la que tú sacaste a la luz sólo quiere decir: te quiero, te amo, gracias por todos estos años, gracias por enseñarme a vivir, gracias por demostrarme lo que era el amor. Nuestro hijo, crecerá feliz, sabré quien fue su padre, sabrá que eras el hombre más dulce, tierno y cariñoso que existió. Te amo Richard Castle – depositó un beso en los labios sin vida de su amado.

Caminaba hacia la salida, se giró para ver por última vez a su amado.

-La vidente tenía razón, existió un Alexander que me salvó la vida, y ahora existirá otro – dijo posando su mano sobre su vientre.

Espo y Ryan llegaron corriendo a la morgue.

-Lo tenemos, le hemos pillado, ha confesado – dijeron ambos a la vez.

Kate regresó a la sala, se acercó nuevamente a Castle, le volvió a acariciar.

-Lo han cogido, descansa tranquilo, no habrá nunca una venganza.

FIN