Disclaimer: El Origen de los Guardianes no me pertenece y esta historia está hecha sin ningún fin de lucro.
N/A: Muchas gracias por los reviews del capítulo pasado. Respondiendo a uno, sí, esto claramente es un AU. Lo tengo pensado para ser algo dramático y triste... no sé, me gusta torturar personajes...
"La caja de Pandora"
Capítulo 2: Los cuatro prisioneros
Caminaba por un páramo desolado. Estaba nublado y se sentía abochornado, pero para él era un clima casi insoportable. Las primeras veces que le pasó le parecieron extrañas, puesto que si bien él prefería los climas fríos podía soportar el calor como cualquier persona, pero con el paso de los meses terminó por tomarlo como algo normal y no se lo cuestionó más. Solía atribuirlo a las secuelas de su accidente, como a todo lo extraño que lo rodeaba desde entonces, y se obligaba a no pensar en eso aunque la duda y la curiosidad lo carcomían.
Respiraba agitadamente. Pese a no poder sentir los rayos del sol sobre su pálida piel podía sentir su calor y no había sombra que lograra cobijarlo y darle un mínimo de frescor que su cuerpo deseaba fervientemente. No había nadie a su alrededor, pero no se sentía solo. Tenía miedo, sí, pero algo en aquella sensación de no encontrarse solo lo calmaba de manera extraña y algo aterradora. Volteó repetidas veces, pero no hubo figura humana que pudiera divisarse a la lejanía. Estaba completamente solo, pero la sensación no le abandonaba.
— ¿Hola? —llamó por enésima vez—. ¿Hay alguien? —sólo silencio—. ¿Papá? ¿Mamá? ¿Pippa? ¿Jamie? ¿Sophie? ¿Señores Bennett? —todo esto le resultaba inquietante—. ¿Viento del Norte? ¿Estás ahí?
Ni siquiera el viento, quien nunca lo dejaba solo, respondió.
Soltando un suspiro que parecía jadeo se dejó caer sentado, con las piernas temblando por el cansancio que suponía el haber caminado sin rumbo por kilómetros. Tenía demasiado calor, el sudor caía por su piel y la cubría como un fino manto perlado que le hacía sentir más cansancio, más agotamiento. Ansiaba una mínima sombra, una pequeña brisa helada, lo que fuera para aliviar esa sensación de ahogo y calor que lo rodeaba. Estaba cansado y no sabía qué ocurría, dónde estaba ni por qué.
Jack…
Alzó la cabeza y volteó a los lados. Seguía solo.
Jack…
La voz –no, decir voz era mucho, lo que oía era menos que un susurro– le era lejana, pero acogedora.
Jack…
Cuando abrió la boca para poder responder, un vórtice negro de consciencia lo tragó y antes de poder gritar, se vio despierto en su celda. Se sentó en ella con lentitud, temiendo que algún malestar le golpeara dolorosamente el cuerpo o la mente si se apresuraba, pero al no ocurrir nada se llevó una mano al pecho y lo sintió latir. Estaba acelerado, como si hubiera corrido una maratón, pero no se sentía cansado. No había ningún rastro de sudor en su rostro o en sus manos y el aire que lo rodeaba era frío, dándole una sensación agradable de frescor. Se observó las manos, viendo las heridas aún abiertas de sus nudillos, pero no había otro cambio apreciable. Estaba tal y como recordaba –si es que recordaba– antes de haberse echado a dormir.
Quiso hablar, pero por algún motivo no pudo emitir palabra tras separar sus labios. No encontraba expresión que pudiera abarcar la extraña sensación que lo embargaba. Era rara y algo turbadora, pero mucho mejor a la que sintió los primeros días que amaneció en esa celda, solo y confundido.
Bajó de la cama con parsimonia, viendo al suelo y buscando cierto objeto que durante el paso de los días se había acostumbrado a ver. Pese a la poca luz, nunca era difícil encontrarlo; ridículamente fácil, si había de admitir, puesto que la arena dorada brillaba con luz propia y parecía tener más intensidad por la oscuridad de su habitación. No obstante, para su sorpresa no halló ningún rastro de la arena y algo en su interior se preocupó. Quizás no era la mejor señal de que no estaba loco, pero le hacía sentirse menos solo en aquella horrible prisión donde aún no podía ver a su carcelero o a nadie que le indicara que seguía en la Tierra. Más de una vez sopesó la posibilidad de estar dormido, quizás en coma, pero al ver que los días pasaban y nada cambiaba sus teorías comenzaban a volverse más estrafalarias e imposibles, rayando en la desesperación de quien es ignorante de su situación. Jack intentaba controlar el miedo, pero éste se le aferraba al corazón como una garrapata y pronto comenzó a sentirlo como un amigo, puesto que lo mantenía alerta dentro de lo posible.
Exhaló un vaho frío y se acercó hasta la pared donde los restos secos de su sangre seguían impregnados. Al estar frente al muro, estiró su brazo y apenas posó sus dedos sobre la fría y sucia superficie, acariciándola con toques mariposa como si estuviera tanteando para comprobar que realmente existía. Para su sorpresa y sobresalto, apenas las yemas de sus dedos se deslizaron sobre la pared ésta emitió un ruido y un brillo que enmarcaba una puerta inexistente lo cegó. Retrocedió asustado, con el corazón latiendo a mil, y observó como la pared comenzaba a desaparecer de manera extraña, casi digital, permitiendo que una luz tenue invadiera el interior de la austera habitación.
Es tu oportunidad. ¡Huye! Le gritaba su mente, pero Jack estaba congelado en su lugar. Observaba con ojos incrédulos la puerta, que literalmente se materializó de la nada, y el miedo que le había acompañado durante aquellos últimos días incrementó de manera exponencial, prácticamente ahogándolo.
Escuchó un susurro y literalmente dio un salto, pegándose inmediatamente a la pared junto a la puerta como si pudiera esconderse de lo que fuera que emitía aquel sonido. Intentó mantener su respiración al mínimo, pero era difícil. Estaba hiperventilándose debido al estrés de la situación y eso transformaba sus inspiraciones en audibles jadeos.
— Jack… Jack, no tengas miedo, no te haremos daño —habló una voz tras la pared. Era suave y dulce, tan delicada que Jack imaginaba que provenía de una bailarina, pero él no se atrevía a salir de su escondite—. Jack… por favor, no somos malos. Somos como tú, así que no nos temas, por favor —pero él estaba hundido en miedo y no podía hacer más que quedarse quieto, temblar y aferrarse a la imagen de su familia, orando porque lo despertaran y le hicieran ver que todo había sido una horrible pesadilla.
Más susurros, que pronto Jack distinguió como otras voces, y de la nada un sonido suave y apenas audible llegó a él, tocando sus oídos etéreamente. Una pequeña luz cálida y dorada se asomó por la recientemente abierta (y descubierta) puerta y Jack pudo contemplar como un pequeño delfín de arena color oro se asomó, nadando en el aire y la arena que lo guiaba grácilmente. ¡Era el delfín de sus sueños!
El sentimiento de algo conocido le hizo aplazar momentáneamente el miedo e intentando aferrarse al delfín se acercó hasta él, viendo con deleite como éste revoloteaba a su alrededor de manera alegre, haciendo con que una sonrisa amenazara por salir de sus propios labios. El delfín lo incitó a jugar con él y comenzó a dar vueltas por la habitación, siendo seguido por Jack, quien no notaba que a su alrededor comenzaba a nevar ligeramente. No sonreía, pero un brillo en sus ojos delataba sus sentimientos; estaba cegado por el delfín, por el sentimiento de familiaridad y seguridad que le producía, dejándose llevar por él. Así, sin darse cuenta, el delfín lo guió hacia afuera de su habitación y Jack salió tras de él, con pasos temerosos, buscando al mamífero de arena que le confería tal tranquilidad.
— Jack…
Se detuvo en seco, saliendo de su ensoñación. Se descubrió a sí mismo en un amplio pasillo, un poco más iluminado que su propia habitación, pero de todos modos en penumbra. Pudo distinguir una figura luminosa, igual de dorada que el delfín, de pie a unos pocos metros de él; estaba sonriendo amorosamente, como un padre, mientras dejaba que el delfín revoloteara a su alrededor. Era pequeño y todo su ser irradiaba luz, la cual bañaba tenuemente otras figuras más grandes que él mismo y cuyos cuerpos se escondían en las sombras. Aún así, eso fue suficiente para hacer volver el miedo que el delfín había aplazado y Jack retrocedió varios pasos de manera inconsciente, viéndolos con ojos bañados en terror.
— Jack —otra vez la voz melodiosa, que provenía de una de esas figuras—, no tengas miedo, no te haremos daño —dio un paso hacia enfrente, permitiendo que la penumbra fuera menos profunda sobre ella y la vista de Jack, acostumbrándose rápidamente a las sombras, pronto pudo delinear con casi completa exactitud la apariencia de quien le hablaba—. No tengas miedo, Jack.
La figura resultó ser una mujer no muy alta, delicada como su voz se lo indicaba, con un rostro hermoso y colores exóticos y alocados. Sus ojos eran violeta, aunque la poca luz no dejaba apreciar lo realmente bello de su tono, y poseía pestañas largas y encrespadas. Una nariz pequeña y algo respingada y una boca de labios ligeramente gruesos terminaban de adornar su rostro de piel bronceada que era enmarcado por largo cabello castaño que poseía mechas de verdes, azules, amarillas y violeta. Vestía de blanco, sencillo, como él mismo luego que se cambió por las ropas que estaban dispuestas para él. No se veía amenazante, pero Jack no podía confiar. No en ese preciso instante.
— Somos tus amigos, Jack. Te prometo que no te haremos nada —dijo con una sonrisa dulce, sin acercarse al muchacho. No había que ser muy agudo para ver el miedo poblando sus facciones y ella temía que si se acercaba un poco, él podía atacarla para defenderse—. Mira Jack, él es Sandy. Él es quien ha enviado a sus delfines de arena a acompañarte estos días —siguió hablando, sabiendo que el joven no se movería por el miedo y que, alertado, escucharía todo lo que ella dijera. El susodicho, quien resultaba ser el hombrecito de luz, sonrió afablemente a Jack y permitió que el delfín volviera con él. Esta vez Jack se mostró reacio a aceptarlo, pero la alegría e inocencia del animal de arena terminó por contagiarlo y permitió que se quedara a su lado mientras él observaba a aquellas personas desconocidas, atento a todo y preparado para atacar si era necesario.
»Yo soy Toothiana y estos dos de atrás son nuestros amigos. Él más alto es Aster y el de barba blanca es North —siguió hablando, apuntando a las otras dos figuras ensombrecidas mientras Sandy permitía que su luz se intensificara, dejando así que Jack pudiera ver con más detalles a los recién presentados.
North, que si mal no recordaba significaba "Norte", era un hombre corpulento con cara de bonachón, cuyo rostro era adornado por una larga barba blanca y cuyos brazos estaban completamente tatuados. Parecía un leñador en la opinión de Jack y esos escrutiñadores ojos azules causaban cierto temor en Jack, pero la sonrisa amable y la calidez que su aura expelía le detuvo de convocar una tormenta sólo para alejarlo de él. Parecía ser un buen hombre, casi como esos padres que miman mucho a sus hijos o, de ser un poco más viejo, de esos abuelos que te daban dulces cuando tus padres no estaban viendo. Daba buena espina pese a su aspecto intimidador y Jack, sorpresivamente, se sintió calmado al verlo. Dentro de lo posible, claro.
Aster era alto. Muy alto. Jack no recordaba haber visto a alguien tan alto en su vida, aunque tampoco era que él conociera a tantas personas. Podía arriesgarse en decir que debía ser veinteañero, pasados los veinticinco años. Su piel ligeramente bronceada, un poco más blanca que la de Toothiana, poseía algunos tatuajes que resaltaban bastante sobre sus músculos, pero era su cabello grisáceo azulado era lo que más llamaba la atención (además de su altura). Si hubiera podido verlo de espaldas hubiera notado que no era completamente corto como él lo apreciaba y combinaba muy bien con sus pobladas cejas oscuras y ojos profundos ojos verdes.
Jack estaba anonadado. Observó a las cuatro personas frente a él, observándolo con ojos cautelosos y con un tinte de amabilidad que incitaba a no asustarlo. Después de la introducción de Toothiana, ninguno de los cinco pronunció palabra por largo rato; sólo el ruido que producía el delfín rompía el silencio de manera agradable, pese a la tensión que podía aún sentirse en el ambiente. Todavía asustado, pero dejándose llevar por el sentimiento por por fin ver a otro ser humano después de todo ese tiempo encerrado, Jack dio dos pasos temerosos hacia adelante, sin despegar la vista de las cuatro figuras. Éstas, a su vez, se dedicaban a observar al muchacho, intentando ver con detenimiento todas sus facciones. Cabello blanco y cejas oscuras; extraño. Grandes y atemorizados ojos azules, piel imposiblemente blanca e incluso con un débil tinte azulado North se atrevería a señalar. Era delgado, muy delgado, y no muy alto; más que Toothiana, eso sí. No podía superar los veinte años, pero más de quince sí tenía. Apostaban entre dieciséis y dieciocho por sus facciones.
Entonces una voz rompió el ambiente, sobresaltando a todos los presentes.
— Buenas tardes.
Jack se volteó con rapidez y los demás no tuvieron necesidad de hacerlo. Frente a ellos había un hombre alto, más o menos de la altura de North, vestido con ropas verde militar y con expresión severa. Inconscientemente Jack se encogió sobre sí mismo, sintiendo nuevamente el temor ascender por su garganta e intentando escudarse inútilmente tras el delfín que ahora ya no parecía tan amigable como antes. No tenía idea de dónde había salido, cuánto tiempo había estado tras de él ni qué quería, pero al parecer los otros sí lo supieron al instante, puesto que sus rostros se desfiguraron en una expresión de desolación y pánico.
— No. No a él, por favor —rogó Toothiana sorprendiendo (y asustando más) a Jack. La dulzura de su voz fue reemplazada completamente por la desesperación.
— No es mi elección —respondió el hombre con parsimonia.
— ¡Es un niño, maldición! —exclamó Aster y Jack se sobresaltó al oírlo. Se escuchaba muy molesto y la agresividad de su voz le asustaba.
— Ustedes no tienen voz ni voto en esto. Agradezcan que les permitimos contacto con él antes de llevarlo al laboratorio —ante aquella última palabra el corazón de Jack se detuvo. ¿Laboratorio? ¿Por qué un laboratorio? ¿Dónde diablos estaban y qué rayos querían de él?
El hombre dio un paso hacia adelante, estirando el brazo para tomar a Jack por el hombro cuando el delfín decidió chocar violentamente contra su rostro, haciéndolo toser y sentir sus fuerzas desapareciendo. No alcanzó a caer dormido antes que una alarma sonara por todo el lugar, ensordeciendo a todos, y más hombres con vestimentas similares emergieron literalmente de la nada, lanzándose hacia ellos.
Jack, congelado en su lugar, observaba todo con grandes ojos incrédulos, no entiendo qué diablos pasaba. No obstante, pronto fue violentamente movido de su lugar y distinguió a North tomándolo del brazo y lanzándolo hacia quién sabe dónde antes de detener un golpe que le iba dirigido con su antebrazo. No alcanzó a caer, puesto que otros brazos lo atraparon y al alzar la vista vio a Aster escudándolo con su cuerpo de quienes intentaban llevárselo, soportando los golpes y las patadas sin emitir un solo grito de dolor.
— Escucha —le dijo, llamando su atención—, pase lo que pase no digas nada. Nosotros te protegeremos de todo lo que podamos, ¿está bien? —Jack estaba confundido. ¿Qué estaba ocurriendo y por qué Aster le decía eso?
No alcanzó a asentir cuando el mayor gritó de dolor, retorciéndose y casi aplastándolo entre sus brazos. Una mano lo tomó bruscamente del hombro, separándolo del abrazo de Aster, y entonces lo arrastraron lejos de los cuatro, quienes habían sido reducidos y lo observaban con ojos implorantes mientras lo veían marchar contra su voluntad, infundiéndole cada vez más y más temor al joven.
¿Qué le iban a hacer?
Continuará~
