Disclaimer: El Origen de los Guardianes no me pertenece y esta historia está hecha sin ningún fin de lucro.
"La caja de Pandora"
Capítulo 4: El hombre de la Luna
La tormenta era feroz, los árboles a su alrededor tenían el tronco congelado y estaban completamente desprovistos de las hojas que abrigaban sus ramas. La nieve caía por doquier, depositándose en el suelo engrosando la capa que ocultaba la tierra a sus pies. El viento rugía, un lastimero gemido de dolor que Jack podía sentir como propio; el viento clamaba por venganza contra quienes habían osado lastimarlo. Jack, encogido en sí mismo, abrazaba sus piernas mientras ocultaba su rostro entre sus rodillas, negándose a observar el cruel escenario que se extendía a sus pies. Innumerables animales del bosque, pequeños y grandes, yacían muertos por culpa de su toque helado, inmóviles para siempre. Los pocos que eran capaces de resistir al frío asesino del joven adolescente se mantenían a su alrededor, observándolo con cierto aire triste, sin lograr entender cabalmente el sentimiento de culpa que inundaba el pecho del albino.
Jack no quería llorar. Se negaba, pero era difícil no hacerlo. No cuando todo lo que tocaba perecía.
Jack…
Escuchó aquella voz que solía oír en sus sueños. Intentó ignorarla, pero nuevamente resonó en el furioso viento, llegando a sus oídos. Indeciso, alzó la cabeza y contempló a los osos polares, zorros árticos y pingüinos que lo rodeaban, buscando la fuente de origen de la voz. Mas no había ningún humano en las cercanías y él se sentía cada vez más loco y paranoico.
Jack…
La voz sonó fuerte, demasiado cerca. Se exaltó y volteó con un salto a ver qué estaba tras de él.
Un caballo. Un caballo negro con crines que parecían deshacerse al ser tocadas por el viento, pero aún así sedosas a la vista. Los pequeños ojos amarillos del equino observaban escrutadoramente a Jack, quien en cierto sentido estaba prendado de la mística belleza del animal. Nunca había visto un caballo como este, que parecía que cada fibra de su ser era del más profundo negro a excepción de sus ojos, que brillaban como los de un búho en la oscuridad.
El caballo dio un paso hacia adelante, relinchando bajo y permitiendo que un vaho abandonara sus grandes fosas nasales, pero Jack inmediatamente retrocedió.
— No… si te acercas… m-morirás —le dijo, pero el caballo hacía oídos sordos—. No… por favor aléjate —le rogaba, retrocediendo mientras el caballo avanzaba hacia él con el mismo paso lento, pero seguro.
El pánico aumentó al notar que su espalda chocaba contra uno de los congelados troncos, siendo literalmente acorralado por el equino. Pegó sus manos al árbol, sintiendo como el hielo bajo sus palmas se engrosaban por culpa de sus poderes. Cerró los ojos al ver la cabeza del animal casi rozándole la nariz propia y desvió el rostro, rogando interna y silenciosamente que el caballo se retirara y no perecería como los otros animales que habían osado acercársele, encontrando solo la muerte a su alrededor. Una lágrima que rápidamente se convirtió en una hermosa lágrima de hielo cayó al momento en que sintió el morro del animal tocándole la mejilla y supo que pronto escucharía el pesado sonido del gran cuerpo del caballo cayendo muerto al suelo cubierto de nieve.
No obstante, no fue así.
Al oír el relincho del animal, Jack se atrevió a abrir un ojo y encontró, para su sorpresa, al animal completamente sano y vivo. Vivo. Jack no cabía en su sorpresa y, viendo como el equino le daba cierto espacio que antes había violado irrespetuosamente, con cautela se alejó mínimamente del árbol y se dedicó a observar al animal, el cual simplemente le devolvía la mirada mientras movía su larga cola negra y su crin danzaba y se disolvía con el fiero viento.
— ¿…Cómo…? —se preguntaba.
Temerosamente, alzó una mano y sin siquiera necesitar acercarla a la nariz del caballo, éste se acercó para posar su morro en la palma del albino, sorprendiéndolo al notar que su frío tacto no lo mataba al instante. De hecho, la negrura de su pelaje apenas era perturbada por el hielo que emergía de sus dedos. Era como si sus poderes se mezclaran perfectamente con el caballo, quien no hacía realmente mucho más que estar ahí, como demostrándole que no podía hacerle ningún daño.
Jack…
Jack… no temas…
No puedes hacerme daño, Jack…
Al abrir los ojos, Jack recordaba el sueño de manera clara y detallista. Se sentó con cuidado, viendo su mano derecha como si estuviera el Santo Grial posado en su palma. Sabía que había sido solo un sueño, los animales muertos y el caballo negro, pero la extraña sensación que le produjo permanecía. El sentimiento de miedo y alivio entremezclados estaba demasiado presente en su interior como para ser algo tan simple y banal como un sueño.
¿O no?
— ¿Jack?
La voz lo sobresaltó. Empuñó su mano derecha y la abrazó con la izquierda, acercándola a su pecho como intentando evitar que se la quitaran. Volteó con premura su cabeza, dirigiéndola hacia donde recordaba que había aparecido (o mejor dicho, desaparecido) la misteriosa puerta momentos antes que lo hubieran arrastrado al laboratorio, encontrando allí la silueta pequeña y delicada de Toothiana asomándose por el marco. Jack la observó por un momento sin reconocerla, pero al hacerlo inmediatamente retrocedió hasta que su espalda chocó contra la muralla. Afortunadamente, la oscuridad otra vez imperaba en aquellas celdas, pues de otro modo Toothiana hubiera visto con claridad el terror colmándole los ojos al adolescente.
— Jack… ¿podemos pasar? —preguntó ella en voz baja, esperando no seguir espantando al muchacho. No obstante, recibió sólo silencio, y en su rostro se reflejó claramente el dolor que le provocaba el entender que Jack le tenía miedo ahora.
— Jack —la voz de North resonó gruesa y grave, pero también paternal, en la habitación. Jack aún no podía ver su silueta, pero era imposible no oírlo entre tanto silencio—, no temas, no somos tus enemigos —decía, pero Jack seguía sin responder—. Por favor Jack… danos una oportunidad para explicarte todo —pidió, pero el silencio del menor era su única respuesta.
Permitieron que unos minutos más pasaran, esperando algún cambio, pero nada. Desde el marco de la puerta Tooth volteó a ver a North con rostro triste y él, con la misma expresión, simplemente negó y le hizo una seña para que se alejara. Jack aún necesitaba tiempo para digerir lo que había visto en el laboratorio y quizás simplemente no era el momento para que ellos intentaran acercársele; después de todo, entendían su miedo.
La mujer iba a acatar al señal de North, cuando una voz pequeña y temblorosa llegó a sus oídos. Era Jack.
— …quiero saber… quiero… —murmuraba, aún pegado a la muralla como si la vida se le fuera en ello—, pero… desde ahí… —Tooth entendió y asintió, pero al recordar que probablemente Jack no estaba aún tan acostumbrado a la oscuridad como ellos y, por ende, no podría ver bien sus gestos, verbalizó su asentimiento e invitó a North a que se acercara, quedando así ambos en el marco de la puerta.
Podían ver claramente la mayoría de las facciones de Jack, exceptuando pequeños detalles en él. Pudieron verlo sobre su cama, abrazando sus rodillas y escondiendo una de sus manos contra su pecho como queriendo ocultarla de ellos. No mantenía la cabeza alzada, pero suponían que era normal. Después de todo, el pobre estaba asustado. Se miraron entre ellos, discutiendo sin palabras quién comenzaría, pero aquello no fue necesario. Jack fue el primero en hablar, aunque aún no les dirigía la mirada.
— ¿Por qué… por qué… yo? —preguntó, pensando en lo que había ocurrido hacía pocas horas.
Ambos adultos lo vieron con ojos tristes y fue North quien tomó la palabra, al notar que Tooth parecía tener problemas para encontrar las palabras adecuadas ante la triste visión del albino.
— Verás… Jack… hay alguien, muy importante, que nos vigila a todos todo el tiempo… siempre está ahí, aunque nosotros no lo veamos… y él te vio a ti y él te eligió —intentaba explicar, pero inclusive en el silencio podía captar la confusión de Jack. Sus palabras no lo alcanzaban y Tooth decidió intervenir.
— La luna, Jack —respondió a su pregunta silente.
Más silencio.
— …¿la… luna?
— Así es. La luna nos observa y hay alguien, que llamamos el hombre de la luna, que es quien nos vigila día y noche, cuidándonos y cuidando de las esperanzas de los niños del mundo —explicó y a Jack le sonó como un cuento de hadas, nada real, pero podía creerlo. A estas alturas, se creía cualquier cosa que le dijeran—. Todos nosotros, en algún momento de nuestras vidas, estuvimos al borde de la muerte… sin embargo… cuando estuvimos por dar nuestro último respiro, el hombre de la luna…
Dejó la frase inconclusa. Por la mente de Jack, las vivencias de su accidente se repetían una y otra vez. Un día frío, pero hermoso y sin muchas nubes. La insistencia de Pippa por salir a patinar en hielo al lago congelado a la salida de Burgess y su madre diciéndoles que tuvieran cuidado. Los juegos que se detuvieron abruptamente ante el ruido del hielo resquebrajándose. El miedo de su hermanita, aterrada ante el hielo que se rompía bajo sus patines, el miedo de sí mismo al verla tan cerca de la muerta. El amor y la estúpida valentía llevándolo a tomar el lugar de Pippa, cayendo a las aguas heladas mientras oía a su hermana gritar su nombre desesperadamente. El pánico. El frío de la muerte arrebatándole la vida.
— Él nos salvó, Jack… a todos nosotros —la voz de Toothiana lo sacó de sus memorias, causando que algo se encendiera en su interior—, pero a cambio, nosotros… —no necesitaba completar la frase. Jack entendía perfectamente a qué se refería.
Y la helada rabia comenzaba a nublar la mente de Jack, bajando inmediatamente la temperatura del lugar varios grados centígrados con demasiada rapidez. Por supuesto, ambos adultos lo notaron y quisieron entrar a la habitación para calmar al muchacho, pero una ráfaga helada se los impidió.
— Espera, Jack…
— ¡¿Y cuándo le pedí que me salvara?! ¡AH! —les gritó, levantándose inmediatamente para encararlos como si ellos tuvieran la culpa de algo—. ¡Yo estaba completamente dispuesto a morir por Pippa! ¡Si hubiera muerto ahí mismo no me hubiera arrepentido! ¡¿Por qué me salvó entonces?! ¡POR QUÉ! —exigía saber. ¿Qué se creía ese hombre de la luna para decidir sobre su destino?
— Jack, escucha, por favor…
— ¡NO! —la escarcha que cubría las paredes se transformó en hielo sólido y el cuerpo de Tooth comenzó a temblar ante la baja temperatura. North, acostumbrado, apenas sintió sus vellos erizarse, pero estaba más preocupado por Jack como para notar aquello—. Él me convirtió en esto… ¡POR SU CULPA SOY UN FENÓMENO!
— Jack, el hombre de la luna no toma decisiones a la ligera. Si él te ha escogido, es porque tu corazón puro y bondadoso merecía una segunda oportunidad para vivir —pero Jack no lo escuchaba, pensando en todas las cosas inexplicables que le habían sucedido desde entonces, todo lo que había vivido desde que se había salvado "milagrosamente" de una muerte segura.
— Entonces… todo era mentira… los médicos decían que el trauma había causado que mi cabello se cayera y volviera blanco, que mis ojos comenzaran a perder su color… ¡QUÉ MIERDA SOY ENTONCES! —parecía estar sufriendo algo entre una crisis de ansiedad y de identidad, pero las ráfagas que emergían de su cuerpo impedían que los mayores fueran a darle algún consuelo.
North y Tooth no sabían qué hacer. Sabían que hablar con él ahora era arriesgado, pero siempre lo sería. Era un adolescente y, por ende, sus emociones serían mucho más inestables que las de ellos mismo y las noticias sobre lo que realmente era ahora nunca causarían un menor impacto en su mente y corazón joven. Empero, al mismo tiempo les dolía verlo de esa manera y ambos, con instintos paternales bastante desarrollados, querían protegerlo de alguna manera de la verdad y el mismo Jack no se los permitía. Les rompía el corazón.
— Tch —oyeron a sus espaldas y la figura alta de Aster apareció. Inmediatamente vieron el profundo ceño fruncido que su rostro poseía y, a sabiendas del corto genio del más alto, simplemente se hicieron a un lado. Si Aster era conocido por algo, era por su "amor rudo". Él no era de los que decoraban las noticias con algodón de azúcar para hacerlas más suaves ni las que consolaban con abrazos; él hablaba con verdades y sin filtro, y quizás eso era lo que necesitaba Jack en ese momento.
Aunque las ráfagas golpeaban con fuerza el cuerpo de Aster y éste temblaba violentamente por el frío que se pegaba a su piel poco cubierta, no dejaba de avanzar. Protegiéndose con sus brazos, avanzó hasta donde estaba Jack y sin siquiera pensarlo dos veces lo golpeó en la cabeza, sacando de su ensimismamiento al albino de manera tan abrupta, que las ráfagas se detuvieron, aunque el progresivo congelamiento de la habitación no.
— Óyeme bien niño, todo lo dicho es verdad, lo quieras aceptar o no —le dijo secamente, viéndolo con dagas por ojos—, me da igual si te dices fenómeno o monstruo o lo que quieras, pero no nos encierres a todos en el mismo saco. Hemos hecho más de lo que crees por el mundo por más tiempo del que puedas imaginar, así que seremos cualquier cosa menos monstruos. Los monstruos son los que nos tienen acá encerrados, experimentando con nosotros como si no fuéramos más que ratas, así que más vale que dejes la autocompasión pronto y pienses con la cabeza fría —le sermoneó, consiguiendo lo que quería: que Jack lo escuchara.
El susodicho observaba con enojo, pero cierta confusión, al más alto. Lentamente dejó que sus manos cayeran a sus costados, descubriendo el sitio donde había recibido el golpe, y observó el suelo congelado sin decir nada. Un silencio se instauró alrededor de los tres y ni siquiera el delicado andar de la arena de Sandy lograba romperlo. El aire se tornó pesado y tras digerir las palabras de Aster, Jack se dio cuenta de por qué la tensión comenzaba a aumentar en el lugar de manera tan rápida y exponencial.
— Hay algo… aún hay algo que no te hemos dicho, Jack…
El miedo comenzó a crecer dentro de Jack y alzó el rostro hacia los dos que aún permanecían en la puerta. Aster, que estaba frente a él, vio sin siquiera cambiar de expresión el rostro de pánico de Jack y decidió que debía de ser él quien dejara caer la bomba, a sabiendas que el menor no lo tomaría bien.
— Q-Que…
— Jack, por favor, tranquilízate —pedía Tooth, pero era inútil.
— Jack, nosotros…
Pero Aster interrumpió a North, soltando la verdad crudamente sobre Jack.
— Somos inmortales. Y desde que el hombre de la luna te salvó, tú también lo eres.
Punto final. Todo lo que temía Jack se materializó apenas Aster abrió la boca y como si el frío por fin le afectara (cosa que no ocurrió), su cuerpo comenzó a temblar mientras abría y cerraba la boca como un pez fuera del agua.
Inmortal.
Inmortal.
Inmortal.
— Fuera…
— ¿Jack?
— ¡FUERA! ¡ALÉJENSE DE MÍ! ¡DÉJENME SOLO! —gritó fuera de sí, permitiendo que una vez más sus poderes se salieran de control, desatando una tormenta a escala que logró golpear tan fuertemente a Aster que lo lanzó hacia atrás, siendo North quien lo atajó con cierta dificultad. Tooth salió volando hasta la pared a sus espaldas y tuvieron que ser los dos hombres quienes le ayudaran a salir del rango de ataque de Jack, mientras ella intentaba llegar a él gritando su nombre.
Sin embargo, a él no le importaba nada. La tormenta se hacía más fuerte y él simplemente permitía que su enojo, rabia y miedo se expresara de esa manera, mientras pensaba en todo lo que había perdido simplemente al saber que desde que había sido sacado del lago, inconsciente y al borde de la muerte, aquellas últimas palabras habían perdido significado para él.
Papá, mamá, Pippa… perdónenme…
Continuará~
