Disclaimer: El Origen de los Guardianes no me pertenece y esta historia está hecha sin ningún fin de lucro.
"La caja de Pandora"
Capítulo 5: Un amigo
No supo cuánto tiempo estuvo así, abrazándose a sí mismo, perdido en la rabia y el miedo hasta que el cansancio lo consumió. En su mente, los recuerdos de su familia y amigos se repetían una y otra vez, intentando encontrar algún rastro de calma en ellos. La risa de su hermana, los besos amorosos de su madre, las palmaditas en su espalda de su padre, la voz de Jamie y los abrazos espontáneos de Sophie, las galletas de la señora Bennett y el periódico que leía todos los días el señor Bennett. El gracioso acento escocés de Merida, las maldades de sus hermanos trillizos; el aroma a flores permanente en el cabello de Rapunzel, la obsesión de Flynn por su nariz; las exóticas mascotas de Hiccup y la rudeza poco femenina de Astrid. Echaba de menos su casa, su barrio e incluso su escuela.
¿Lo extrañarían? ¿Lo estarían buscando? Se había hecho esas preguntas tantas veces, intentando aferrarse a la esperanza de que su familia lo buscaba, pero cada día resultaba más desolador la mera idea.
Incluso si lo buscaran, no habría manera que lo encontraran… todo era inútil…
No, Jack. No es inútil.
Con un respingo se volteó violentamente, cayendo sobre su trasero en el proceso. Un colchón de nieve lo atajó, evitándole cualquier dolor, mas no pudo darle ninguna importancia al paisaje pues estaba completamente concentrado en lo que estaba frente a él, irguiéndose con aquel porte majestuoso que él recordaba.
Era el caballo negro. El mismo del sueño anterior, con aquellas crines que parecían deshacerse al viento y esos penetrantes ojos amarillo ámbar que resaltaban entre toda la oscuridad que conformaba al equino. Ante la falta de viento gélido, de sus fosas ya no se formaban vahos visibles, pero su respirar era pesado y Jack podía oírlo con demasiada claridad.
No temas, Jack. Soy tu amigo…
No se había dado cuenta, pero su cuerpo temblaba. La voz del equino –porque suponía que provenía del animal– era profunda y sedosa, con un tono grave y masculino que él nunca había oído. La falta de hostilidad en ella le calmaba, pero aún más la falta de aquella nota condescendiente que poblaba constantemente las voces de North y Toothiana, y en la arena de Sandy. El caballo se agachó, acercándole la nariz al rostro e inmediatamente acariciándole la mejilla con cuidado, ganándose un nuevo respingo de parte del albino el cual murió rápidamente al sentir el suave pelaje del animal.
Tentativamente alzó una mano y permitió que ésta reposara en la mejilla del equino. Éste no rechazó el contacto y permitió que el menor le diera algunas caricias, como invitándolo así a confiar mínimamente en él. Jack, sintiéndose un poco más seguro, se levantó con lentitud y observó fijamente al caballo, el cual se mantenía completamente quieto frente a él.
¿Tienes miedo, Jack?
Jack dudó, pero las palabras salieron solas y temblorosas.
— Sí —apenas se oía su voz.
Lo sé. Él me atrajo a ti.
Se sorprendió al oír la nota alegre en la voz. ¿Debía sentirse ofendido acaso? Estaba confundido, pero no lograba percibir algún peligro en aquella voz, por lo que simplemente calló, indeciso de cómo reaccionar.
No es malo sentir miedo. Él nos mantiene vivos como ya habrás notado.
Le parecía extraño como el caballo se refería al miedo, como si fuera una persona o, al menos, un ser vivo.
Sin embargo, no es necesario que lo sientas. Yo estoy aquí para protegerte.
— ¿Protegerme? —preguntó él, ladeando ligeramente la cabeza—. ¿Quién eres? —no lo había preguntado hasta ahora, pero tampoco había sentido la necesidad.
El caballo relinchó despacio y sacudió un poco la cabeza, permitiendo que sus crines bailaran con la acción. Para Jack seguía siendo fascinante el cómo las crines se deshacían, especialmente porque no tenía ni idea de cómo diablos ocurría aquello.
Un amigo.
Lo escuchó lejos y cuando volvió a mirar al caballo con total atención, notó que éste estaba lejos sin siquiera moverse. Aquella desesperación que le causaba la soledad lo invadió tan violentamente, que el grito mudo que profirió inútilmente le desgarró la garganta mientras intentaba correr hacia él sin éxito, sintiendo sus músculos arder ante el vano esfuerzo. Aunque de su boca no salían sonidos, seguía intentando e intentando, contemplando cómo el caballo simplemente se alejaba sin que él pudiera evitarlo, deshaciéndose en el aire y en la oscuridad que manchaba su visión, perdiéndose sin que él pudiera acercarse siquiera un poco.
Mientras el sueño se desvanecía con una extraña textura rasposa, Jack podía oír el susurro de las últimas palabras del equino acariciándole los oídos amablemente, despidiéndose de él con palabras tranquilizadoras que lo llevó a un buen despertar.
Te protegeré desde las sombras… si me llamas, ahí estaré.
La acostumbrada oscuridad de su celda lo recibió apenas su consciencia pisó la realidad. Aunque despertó emocionalmente exaltado y con un grito muerto en su garganta, no sentía ni su cuerpo agarrotado tras la infructífera carrera onírica ni su corazón latiendo desembocado por el esfuerzo vano. Se quedó quieto en su cama, esperando a que algo ocurriera. Cuando nada ocurrió, se sentó con lentitud apreciando el inexistente brillo que la oscuridad arrancaba al hielo que cubría toda la extensión de su cuarto, pero entonces algo diferente llamo su atención.
Arena. Tenía arena en las manos y volteó la vista buscando al delfín de arena dorada que Sandy creaba para él, logrando siempre calmarlo en cierto grado. No obstante, el delfín no estaba por ninguna parte y entonces notó la ausencia del tenue brillo de sol que emanaba la arena de oro. Alzó su mano, observando su palma, pero no pudo ver nada; sólo podía sentir la arena sobre ella, pero era incapaz de ver su color.
— ¿Arena oscura? —habló en susurros para sí, intentando ver más allá sin notar nada más que negro en aquellos granos.
Empero, el característico ruido de la arena deslizándose por el suelo llamó su atención, cortando el hilo de sus pensamientos. La arena dorada de Sandy entraba discretamente a su celda, arrastrándose por el suelo y las paredes como si quisiera pasar desapercibida. Olvidando completamente la arena oscura, Jack observó con interés la arena color oro y se acomodó de modo que sus pies tocaran el suelo helado, permitiéndole a la arena ascender por ellos, causándole cosquillas.
Juntó los labios, intentando no reír, pero los delicados toques de la arena sólo aumentaban sus cosquillas.
— P-Para —le dijo intentando contener sus pequeñas carcajadas, logrando (sorprendentemente) que la arena se despegara de su fría piel.
Acumulándose en el aire, la arena comenzó a flotar como una masa uniforme y sin forma definida, cambiando constantemente como si no se decidiera por qué forma adoptar. Jack esperaba ver al gracioso delfín que Sandy siempre le enviaba, pero grande fue su sorpresa al ver la forma de una pequeña ave que no tardó en reconocer como un colibrí.
Sumó dos más dos y su ceño se frunció.
— No me disculparé si eso sugieres —le dijo cruzándose de brazos. La arena pronto cambió nuevamente de forma y adoptó la imagen de un pequeño hombre que asumió que era North—. No lo haré, no intentes convencerme —la arena volvió a cambiar y cuando tomó la forma de un conejo, Jack deshizo la figura de arena de un manotazo y le dio la espalda—. Sólo lo empeoras, ¿sabes?
Un breve silencio antes que pudiera oír a la arena arremolinándose otra vez. Pensó que Sandy intentaría otra vez con sus estúpidas figuras, pero cuando oyó demasiado movimiento de arena, volteó a ver, para su sorpresa estaba allí el mismísimo Sandy terminando de formar su cuerpo con lo último de arena necesario. El hombrecillo dorado lo veía con una expresión que podría catalogarse justo en medio de tristeza y comprensión que era tan honesta que Jack sintió un mínimo de culpa. No obstante, era más fuerte su enojo por los otros tres, por lo que volvió a darle la espalda a Sandy y bufó por lo bajo, dándole a entender que no daría su brazo a torcer.
No contaba con que Sandy podía ser igual de testarudo que él.
Al sentir la arena rodearlo, iba a alejarla de un manotazo, pero ésta simplemente pasó a través de sus dedos sin problema alguno. Sin que pudiera evitarlo, Sandy volvió a formarse con su arena, esta vez frente a él, y lo observaba con una expresión que sólo podía catalogarse como de regaño. Un breve flashback llenó la mente de Jack y pudo ver a su madre mirándolo con los mismos ojos luego que lo atrapara saliendo a hurtadillas de su casa para irse a patinar con sus amigos, luego de ser castigado por una broma que hizo en la escuela. Los ojos castaños de su madre cambiaron a dorados y rápidamente Sandy volvió a estar frente a él.
Con su arena, volvió a formar las figuras que representaban a Toothiana, North y Aster y observó intensamente a Jack, comunicándole sólo con sus ojos lo que quería decirle.
Ellos no tienen la culpa.
Jack chasqueó la lengua.
— Pues yo tampoco —no quiso sonar como niño caprichoso, pero no pudo evitarlo. Aún estaba demasiado enojado (y al mismo tiempo asustado), por lo que no podía evitarlo.
Con más arena, creó una nueva figura: un poco de nieve. Era un solo, pero con tanto detalle que Jack no pudo verlo como nada más que un copo de nieve dorado. Quiso tocarlo, pero unas rejas de arena lo separaron del copo y de las otras tres figuras y unas pequeñas batas doradas estaban del otro lado, moviéndose mientras las otras cuatro figuras detrás de las rejas parecían temblar.
Jack, al entender el mensaje, sintió renovado miedo al recordar lo ocurrido en el laboratorio y desvió la mirada sin atreverse a darle un manotazo a aquellas figuras.
Sintió una mano cálida y algo rasposa sobre la suya y al alzar la mirada se encontró con Sandy, sin esa expresión de regaño sino con una de resignada comprensión. No entendía cómo era que lograba sentirse más a gusto con Sandy que con cualquiera de los otros tres, especialmente porque llevaba de conocerlos exactamente el mismo tiempo; simplemente el hombrecillo de arena le hacía sentir más tranquilo, alejando su miedo y su soledad. Volteó su mano y tomó la de Sandy delicadamente, pero el susodicho pudo sentir el verdadero significado de aquel agarre: era un agarre desesperado hacia la cordura, cosa que él entendía muy bien.
Le dio unas palmaditas a Jack en la cabeza y, extrañamente, el albino no sintió ganas de llorar. Eso era algo nuevo dentro de tanto miedo y tanta confusión, pero definitivamente bien recibido. Sandy volvió a formar figuras con su arena, recreando el copo de nieve, unas letras "z" alrededor y unos signos de interrogación junto. Jack lo observó, tardando un poco en entender, pero al hacerlo asintió, ganándose una sonrisa amable del hombrecillo.
Rápidamente el delfín dorado emergió, esta vez acompañado por otros dos más pequeños, y a medida que chapoteaban en el agua de arena, salpicando a Jack en el proceso, éste se iba sumiendo en un tranquilo sueño lleno de dulces recuerdos causados por la arena mágica de Sandy. Este último lo vigiló hasta que Jack estuvo completamente dormido y decidió retirarse dejando descansar a Jack; sabía que su cuerpo ya no necesitaba tanto aquel descanso, pero su mente sí, por lo que él se esforzaría por darle aquello a Jack hasta que estuviera listo para enfrentar la realidad nuevamente.
Iba a retirarse, comunicándole a los demás sus pequeños progresos con el nuevo integrante de la "familia", cuando su pie pisó algo extraño. Se agachó para tocar el suelo, buscando lo que sea que hubiera pisado, pero cuando se llevó la palma frente al rostro su cuerpo se heló y no fue precisamente por el estado de congelación de la celda del menor.
Arena oscura. Arena negra.
¿Cómo era posible?
Volteó a ver con alarma a Jack, pero lo vio tan tranquilamente durmiendo que no quiso importunarlo. Volvió a contemplar la arena en su palma, sintiendo las desagradables cosquillas que le producían, y la sacudió con vehemencia para no dejar rastro en sí de ella. Sabía que debía avisarle a los otros "guardianes", pero decidió callar. No quería que su mal inicio con Jack empeorara, por lo que consideró sabio guardar silencio por el momento.
Eso no significaba que no le quitaría el ojo encima a Jack. O no, claro que no.
Continuará~
